Capítulo 10: Decisión por amor

Apenas ingreso a la mansión sintió que su estómago se revolvía, detestaba este tipo de eventos sociales, las personas charlaban, reían y parecían disfrutar de la fiesta pero en realidad solo se dedicaban a criticar a los demás, ella lo sabía bien, sabía que a pesar de estar casada con William Albert Andley por siete años todas las amistades que tenían en Chicago la consideraban la huérfana que enamoro al patriarca. Luego de la boda entendió que todas esas sonrisas amables que le dirigían eran falsas, que apenas volteara murmuraban de ella. Se empeñó en obedecer a la tía Elroy para ganarse el respeto de los demás pero más adelante entendería que solo eran mascaras hipócritas, no había nada que hacer o tal vez no fue tan persistente como Annie.

En realidad, no se sentía intranquila solo por asistir a esta fiesta de compromiso, el dolor de cabeza era por volver a pisar el mismo salón del baile de máscaras. Si hubiera prestado atención a la tía Elroy se hubiera enterado que la dichosa reunión se encontraba al lado de su casa y pudo haber inventado una excusa para no asistir. Pero ahí estaba, del brazo de su esposo saludando parejas, fingiendo estar feliz y tranquila aunque no lo estaba.

Albert se había retirado hacia el despacho del anfitrión de la fiesta, recordó que era el hombre con el que bailo Annie, pero no vio a su esposa. Miro a su alrededor con cansancio, la decoración había cambiado un poco pero esta vez no habían mozos ofreciendo copas. Algo se retorció en su estómago al distinguir al castaño en la multitud, no supo como pero sabía que era él. Estaba de espaldas platicando con una joven morena. Se acercó lentamente, esta situación era parecida a su primer encuentro con Terry, cuando lo vio de espaldas y pensó que era Anthony. Pero a la vez diferente, al acercarse unos metros lo vio de perfil y confirmo lo que temía. Desvió la mirada avergonzada ¿Porque se acercó? Debía buscar a su esposo y pedirle que regresaran lo antes posible. Pero en vez de eso no se movió al ver que la mujer le rodeo con los brazos y le susurro algo en su oído. Le pareció que ella le vio de reojo.

Aparto la mirada al ver que le hizo el mismo truco, le acaricio la oreja y le ofreció una rosa de papel, luego ambos rieron. Esta vez tampoco se dio cuenta como hizo ese truco, pero supuso que lo hacía con todas las mujeres ebrias en las fiestas. De reojo observo que el moreno se dirigía hacia ella con un aire de indiferencia. Se maldijo por reaccionar tarde y no haberse alejado, pero ahora se encontraba frente a ella con una ladina sonrisa.

―Te gusta mirar ¿No, Candy? ―Dice sin mirarla― ¿Qué pasa?

―No, yo... solo...

Su voz fue temblorosa delatando lo intimidada que se sentía, decidió no hablar hasta que estar segura de que su voz no sonara débil.

―¿Me tienes miedo?

―No ―Masculla Candy recuperando la compostura, levanto la mirada encarando a Neal, quedando a centímetros de distancia, quería demostrarle que no le tenía miedo pero Neal sonrió con burla, solo necesitaba ver los ojos verdes de la rubia para comprobar que estaba nerviosa.

―Me prometiste no aparecerte más.

―Y cómo demonios iba a saber que estabas aquí ―Mascullo Neal― La que estuvo mirándome fuiste tú.

―Yo no estaba mirándote.

―¿Porque no te apartas? Si tanto me detestas ―Pregunto, sonriendo pícaramente.

Candy se apartó unos pasos sin apartar su mirada, trato de controlar su respiración.

―No has cambiado ―Murmuro Candy― Pude jurar que por fin habías ablandado tu corazón― Dicho esto dio media vuelta dispuesta a irse pero Neal no pudo evitar tomar su brazo y jalarla para que volviera. Ella volteo para mirarlo fríamente, ya cansada de este juego.

―Te lo dije antes ¿No? ―Pregunto con voz neutra― Soy peor de lo que piensas.

―Te devolví tu collar ―Le recordo Candy aparentando calma― Prometiste no hacer esto.

―No estoy haciendo nada ―Mascullo enojado― Pero si no quieres que me acerque entonces no te me quedes viendo.

―Neal, ven aquí ―Exclamo un joven pelirrojo quien estaba rodeado de otros socios. Neal le sonrió burlonamente a Candy antes de caminar hacia ellos dejándola sola con las palabras en la boca.

Cálmate Pensó respirando hondo Solo quiso molestarte, siempre lo hizo, no te alteres.

Apenas llego Albert le pidió regresar a la mansión, excusándose con un terrible dolor de cabeza.

Sentía mucha frustración y no hizo ningún esfuerzo en ocultarlo, apenas llego a la habitación se puso la pijama y se acomodó en la cama, tapándose todo el rostro con las sabanas.

William observo esto pero no le pregunto nada, solo se dirigió al baño y cerró la puerta.

Cuando escucho la perilla de la puerta sonar se quitó las sabanas del rostro y se acomodó de lado. Sentía que lo detestaba más que antes, esa mirada burlona le había sacado de quicio, se sintió desarmada en un segundo, tuvo tanto miedo de que se acercara a Albert y le dijera lo que paso entre ellos…

Antes de volverlo a ver, creyó que había cambiado, recordaba que en el baile era una persona diferente, inclusive producto de las copas llegaron a coquetear, fuera de lo que sucedió ella creyó haber visto su alma noble cuando creyó comprender la sinceridad de sus palabras, cuando dijo que tenía miedo, aunque a veces lo negara. Esta noche comprobó que Neal Leagan no había cambiado.

Escucho la puerta del baño abrirse y unos pasos dirigirse a ella, pero no abrió los ojos, no quería charlar con el sintiendo tantas emociones. Sintió que se sentó al borde de la cama, ella solo espero que apagara la luz lo más rápido posible.

―Candy, sé que no duermes ―Dijo Albert con voz suave.

Ella resignada abrió lentamente los ojos y enrojeció al ver sus ojos azules. Se sentó a su lado fingiendo un bostezo.

―¿No quieres hablar? Siento que no he tenido mucho tiempo para ti desde que llegue.

―Tengo mucho sueño ―Contesto agachando la mirada― Mejor mañana.

―Mañana viajo a Europa –Le recordó el rubio― No hemos hablado casi nada.

―Albert, me duele la cabeza, por favor ¿Si? ―Pide con voz cansada.

―Quería preguntarte... Neal te acosa de nuevo ¿No?

―¿Qué? ―Murmuro.

―Vi que hablaron durante la fiesta de compromiso.

En ese momento sintió que su estómago se revolvió, pero la mirada de Albert no parecía molesta, de hecho la miraba divertido.

―No ―Contesta con voz neutra.

―Qué bueno... ¿Entonces que te dijo? Te pregunto esto porque ambos se desafiaban con la mirada.

Sintió sus mejillas enrojecer. Exhalo un suspiro, conteniendo las ganas de taparse con las sabanas sin decir una palabra. Albert la observa con una expresión despreocupada y acerca su rostro para besarla pero ella se aleja.

―Bien, solo empezó a presumir de su éxito en no sé qué y a decir que los Andley apestan ―Dijo rápidamente― Pero no dijo nada grosero acerca de mi o de ti.

―Ya, tranquila ―Albert ríe― Solo que me pareció extraño, nunca vi esa intensa mirada en ti ¿No es la primera vez que te fastidia, no?

―¿Porque lo dices?

―Archie me dijo que vino a la mansión un par de veces.

―No, no me dijo nada ―Dice Candy esforzándose por no perder la paciencia― Buenas noches.

Sin esperar respuesta vuelve a acostarse en la cama, siente que la mano del rubio acaricio su cabello antes de levantarse a apagar la luz. Tenía el presentimiento que había sido muy evidente, probablemente mañana le pregunte que le pasaba pero no quería pensar en eso ahora, quería que regrese a Europa para poder estar sola unos meses, tal vez logre superarlo pero sabía que no iba a ser por ahora, simplemente no podía ser ella misma sintiendo remordimiento.

Afortunadamente al despertar no lo encontró a su lado, pero lo que si encontró es una nota en la mesa de noche.

Mi pequeña, algo te pasa y no me quieres decir, mañana viajare a Europa a primera hora, estaré muchos meses lejos de ti, en verdad quiero saber que te sucede antes de irme, si la tía te ha vuelto a molestar pidiéndote que te cortes el cabello o algo así. Cuando regrese quiero que me lo digas,

La nota fue muy clara, sabía perfectamente que no se encontraba bien. Durante el almuerzo la tía Elroy le dijo que tuvo una reunión importante a primera hora. Por otro lado Annie observo a su mejor amiga varias semanas, sabía que hacia su mejor esfuerzo por aparentar estar normal pero no podía. Sabía que William decidió darle su espacio, estaba consciente que algo la fastidiaba y no entendía porque no se lo decía. Estuvo cerca más de una vez impidiendo que Candy le diga la verdad. Annie observo como su mejor amiga separaba las verduras a un lado del plato. Estaba con pésimo humor.

―Gracias, con permiso ―Dijo Candy levantándose de la mesa.

―Candy, te vez muy pálida ―Menciona la anciana― Termina todo, creo que lo necesitas.

―Esta bien ―Dice en voz baja.

―También me preocupa tu cabello, está demasiado greñudo, creo que un corte más maduro te haría lucir más...

Candy la escucha con una media sonrisa tratando de contener su enojo, había hablado de ese tema miles de veces, no se iba a cortar el cabello por nada del mundo. En estas situaciones Archie la solía salvar pero esta vez no estaba cerca y Annie se limitaba a comer en silencio. Pero siente nauseas cuando traen el segundo platillo, se cubre la boca y sale rápidamente de la habitación dejando a Annie alarmada y a la tía a medio discurso.

―Candy, no he terminado de hablar ―Dice enfadada.

―Discúlpela ―Dice Annie― Candy está mal del estómago desde la mañana, iré a verla.

―Está bien, le diré a una criada que le lleve algo.

Annie asiente y sube las escaleras rápidamente, recorre los pasillos hasta llegar a la habitación principal y sin tocar ingresa, camina lentamente hasta la puerta del baño cerrada y toca suavemente.

―¿Estas bien?

No, no estaba bien. Como supuso no obtuvo respuesta así que se limitó a sentarse en la cama para esperarla, entonces Dorothy entra con una taza.

―Gracias, puedes irte ―Dijo Annie cortantemente. Solía llevarse bien con ella y charlar pero quería privacidad y evitar que le pregunte si Candy se encontraba bien.

Dorothy asiente y se retira de la habitación, luego de unos segundos Candy sale del baño y se sienta al lado con una expresión muy cansada.

―Mi estómago esta revuelto ―Candy observa a la rubia sentada a su costado, su expresión era tranquila.

―Bebe esto ―Dijo con voz suave, la rubia con pecas finalmente observa que Annie sujetaba una taza y en silencio obedece. Da un sorbo pero al olerlo sintió nauseas de nuevo y la taza se resbalo de sus manos rompiéndose al impactar en el suelo.

―Yo... voy por una escoba ―Dice Candy levantándose de la cama pero siente la calidad mano de Annie retenerla.

―No, siéntate.

―Hice un desastre y no puedo... ―Candy deja de hablar al ver la seria expresión de Annie, pero algo le indica que duda en decirle algo― ¿Que sucede?

―Te estuve observando, tú no estás bien.

―Esta situación me tiene muy estresada, ya sabes ―Candy queda sin expresión cuando Annie se acerca a su rostro y lo acuna entre sus manos. Mirándola a los ojos dijo…

―Candy, estas embarazada ―Dijo segura.

Candy se mantuvo en silencio unos segundos observando a Annie quien se alejó un poco de ella lista para cualquier reacción.

―No digas tonterías ―Pide Candy con voz débil― Sabes que es imposible.

―Candy… yo reconozco la cara de las embarazadas y tú lo estás ―Insiste suavemente― Se nota en tu piel, en tu cabello y en tus ojos...

―¡No! ¡No lo repitas! ―La voz le tiembla un poco, Annie solo la observa sintiendo un nudo en su garganta, la rubia de ojos verdes negaba con la cabeza.

―Me temía esto ―Dijo Annie apenada.

Candy baja la mirada, limpiándose un par de lágrimas de sus mejillas. En este momento se sentía tan miserable, no podía entender como su amiga de toda la vida le decía eso tan a la ligera, ella sabía que no podía jugar con eso.

―Es tonto, es ridículo ―Dice en voz baja, casi un murmullo.

Annie mira los ojos verdes de su amiga desesperados, esperando que le diera la razón, pero no podía.

―Eso nunca lo supimos, no fuiste al doctor ―Dijo Annie― Solo seguiste los tratamientos que la tía Elroy te recomendó… que por cierto… no creo que funcionen, después de todos ella nunca los tuvo.

―Annie, deja de decir disparates ―Pide Candy enojada― No estoy embarazada, pase siete años intentándolo ¿Cómo rayos va a pasar? Solo estuve una vez con Neal, ¡Una vez! Esto… esto es por el estrés, yo me muero si es verdad.

No respondió, Annie pensó que lo mejor era esperar que la rubia se calme, solo era cuestión de unos segundos para que se dé cuenta que no era algo imposible.

Le empezaron a temblar las manos y se quedó congelada, sin poder levantarse de la cama. Siempre pidió quedar embarazada, pero no... No podía tener un hijo de otro. ¡Un niño! No podía controlar esto, podía ser verdad, no debía ser verdad.

―Solo porque tú lo dices no significa que sea cierto ―Murmuro Candy― Necesito estar segura antes de enloquecer.

La calmada voz de Candy la sorprendió, pero se veía tensa y nerviosa.

―No podemos llamar al médico de la familia, todos se enterarían y tampoco un hospital, si alguien nos reconoce...

―Sé a dónde ir ―Murmuro Candy― Andando, yo no estoy embarazada.

Antes de que la rubia de ojos azules reaccionara, Candy ya la había jalado del brazo y la arrastraba escaleras abajo. Tuvo suerte de que nadie preguntara a donde iba, cuando William se encontraba no la controlaban tanto.

Candy la llevo a la clínica feliz, como siempre encontró al doctor Martin con una botella cerca, él se extrañó de ver a Candy tan fría y trato de animarla con algunos comentarios de la poca consideración que tenía con él desde que se casó.

―Felicidades, Candy ―Dijo el doctor Martin― Si estas embarazada, tres semanas, brindemos por esto.

El medico se acercó con emoción a la botella con intención de servirlo en copas pero la rubia le quito bruscamente la botella de la mano y lo voto al tacho.

―El alcohol es lo peor que puede existir ¡Te arruina la vida! ―Mascullo Candy antes de correr fuera del humilde hospital.

―Discúlpela, es por el embarazo ―Dice Annie nerviosa.

―No importa, sé que esto es una sorpresa, porque se había dado por vencida ―Dijo el doctor Martin― El embarazo es muy difícil, va a necesitar el apoyo de todos porque es la primera vez, dile que venga verme cuando quiera, ah y que es mi enfermera favorita.

Annie asintió dulcemente antes de caminar hacia la salida y empezar a correr buscando a su amiga.

.

Mientras corre trata de no llorar, solo quería correr hasta que alguien le diga que no era verdad lo que acabo de confirmar. Sin darse cuenta se dirige a la ciudad, las personas no prestan atención, solo siguen su camino y ella de pronto deja de correr.

¿Que estoy haciendo? No seas tonta, Candy, correr no hará que desaparezca el problema.

No sabe si Annie la está siguiendo pero se detiene. Las personas caminan en la veredas y ella se da cuenta que no conoce esta parte de la ciudad, se queda viendo a una pareja sentada en la acera, sabe que son casados al ver los anillos, la chica se levantó mostrando un desarrollado embarazo, le sentaba bien, con un vestido color rosa pastel, el sujeto parecía feliz, tomo su mano y siguieron su camino.

Sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas al ver esta escena, lágrimas de tristeza porque iba a traer una vida a este mundo, pero este hijo era ilegitimo ¿Cómo se supone que iba a explicar esto? De rabia y tristeza, porque lo que anhelaba era pasar estos tiernos momentos, quería pasarlos con Albert, pero ahora va a odiarla cuando lo sepa.

Sentía como si acabaran de cumplirle un deseo, pero a cambio le tenían que quitar algo. Pero olvida estos pensamientos al sentir una calidad mano tomando la suya pero no voltea.

Candy ahoga un sollozo y voltea. Annie no dice nada, solo la abraza.

―¿Que hare? ―Murmura Candy.

―Todo estará bien ―Aseguro Annie con voz suave― Candy, no te preocupes, todo estará bien, yo te voy a ayudar.

―¿Cómo estará todo bien? Voy a tener un hijo de alguien más.

―Candy… William no tiene por qué saber que ese hijo es de Neal... el deseaba tener un hijo también y lo sabes...

―¿Qué? ―Exclama Candy― Annie, de ninguna manera.

―Se sensata... ―Vacilo Annie― Si le dices que esperas un hijo de Neal te va a odiar, te vera como una cualquiera y la familia también... escúchame, no hay forma de que te respeten si le dices que es hijo de otro.

―¿Crees que me echen?

―No, no lo creo ―Dijo Annie tratando de no darle vueltas a ese tema― Seria un escándalo.

―No puedo vivir esa mentira.

―Candy, eres la señora Andley, si los miembros de la familia se enteran de esto te van a repudiar incluyendo a tu esposo ―Le insiste Annie con preocupación.

―Una cosa era no decirle lo del baile de máscaras... lo acepte, si, lo hice porque nada bueno iba a pasar si le decía, pero esto es diferente, es un bebe ¿Cómo le podría decir que es su hijo? Seria horrible, no puedo decir semejante mentira ¡No puedo!

Candy termino de hablar alterada, no entendía como se le pudo ocurrir eso a Annie, pero al ver la mirada preocupada su amiga decidió respirar hondo y tranquilizarse, ella solo quería ayudarla, lo sabía. El camino hacia la mansión fue silencioso, Candy solo trataba de pensar en que hacer pero no podía, no quería lastimar a Albert, era lo que menos quería. Volvieron al mismo punto, se sentaron en la cama de Candy.

―Ya se lo que haremos ―Dice finalmente.

―¿Y bien? ―La apuro Candy.

―Mira... tu y yo pedimos permiso para quedarnos en la casa Pony unos meses, aprovechamos que William esta aquí y se ira por unos meses a Europa, con suerte se demora como nueve meses... luego lo dejamos con la señorita Pony.

―¿En adopción?

―Exactamente.

―Me quiero morir.

―No digas eso...

―Es la verdad, nunca me he sentido tan impotente como ahora, ya no podía ver a Albert por esa maldita noche, ahora resulta que por eso voy a tener un hijo ¿Por dios, que hice? ¿Porque me tiene que pasar esto a mi? ―Candy se desesperó mirando al techo― Siempre hice lo correcto, ayude a todos, nunca herí a nadie ¿Por qué? Prefiero morir, no voy a poder resistir esto.

―¿Que dices? Sé que ahora sientes mucho dolor pero ni siquiera el dolor dura para siempre, cálmate.

―Es que tu no entiendes, Annie ―Dijo Candy― Siempre tuviste una vida perfecta, eres la tierna, todas las mujeres de la "sociedad" te quieren, te consideran, te respetan, te casaste con tu amor y tuviste un hijo, nunca tuviste que aguantar a los miembros murmurar "huérfana infértil" al consejo, tus "amigas" no te preguntan "¿Y entre nosotras... Como así enamoraste a tu padre adoptivo? Cuéntanos..."

―Tu eres la alegre, la animada ―Murmuro Annie― ¿Por qué dices eso? Yo de niña pensaba así como piensas ahora, pero tú me alegrabas con tus ocurrencias, porque no lo superas como siempre lo hiciste... mi vida no es perfecta, en realidad...

―¿En realidad qué?

―En realidad Archie y yo... ―Annie intento continuar pero no pudo, así que suspiro― Peleamos a veces, pero hazme caso, esto es lo mejor para todos, ese niño tendrá una familia, la señorita Pony y la hermana Maria lo cuidaran bien...

―¡No puedo hacer eso!

Vio que Annie se quedó paralizada del susto, vio que la observo un poco recelosa.

―Creo que necesitas estar sola un rato, descansa ―Murmuro Annie desviando la mirada― Necesitas tiempo para asimilar todo esto, volveré más tarde.

Annie camino lentamente hasta la puerta.

―Annie, lo siento ―Dijo Candy bajando la voz al percatarse que estuvo gritando todo el tiempo― Es que esto es difícil.

Candy no tiene idea si su amiga llego a escuchar su disculpa pero no tenía cabeza para eso.

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.

La pelirroja esperaba impaciente en una recepción mientras jugaba distraídamente con las puntas de su cabello. Al notar que volvió a adquirir esta manía lo dejo de hacer, pero se sentía nerviosa...

―Ya puede entrar, la señora Elisa la espera ―Aviso la secretaria con una sonrisa amable.

―Bien ―Fiorella se levantó del asiento y rápidamente ingreso a la oficina, sonrió forzadamente al ver a la castaña frente al escritorio― Buenas tardes, Elisa.

―Hola Fiorella, un gusto ―Dijo Elisa con una ancha sonrisa― No creo que lo recuerdes, pero si nos hemos visto en algunas fiestas de Doña Ana.

―Lo sé, eres la hermana de Daniel ―Dijo Fiorella devolviéndole la sonrisa tímidamente.

―Así es, como mi hermano te comento, quiere que seas la imagen de la joyería ¿Qué te parece?

―Él me dijo que solo eran un par de fotos con unos diamantes, pero ser la imagen... ―Aclaro―Pero... es que nunca me han tomado fotos.

―Neal piensa eras perfecta para el puesto ―Elisa sonrió con amabilidad.

―Es que eso es un trabajo de tiempo completo ¿O me equivoco?

―Solo unas cuantas sesiones ―Contesto Elisa― Pero no es solo eso, veras, no solo queremos fotos con nuestras joyas sino también con la línea de Donna Blondeau.

―La francesa ―Murmura Fiorella.

―Exacto ¿La conoces?

―Solo de vista, es esa diseñadora socia de mi primo y Daniel ―Responde Fiorella.

―Bueno ¿Qué te parece? Es que la idea es que toda la colección de ella será de color blanco... mi hermano dice que a ti se te ve bien ese color.

Fiorella enrojeció al escuchar ese comentario. Elisa sonrió y se quedó en silencio dándole tiempo de pensar en su oferta, la pelirroja se puso a mirar un punto inexacto de la habitación olvidándose de que no estaba sola, probablemente no pueda regresar a Europa por ahora, su carrera estaba estancada, querían que la inútil de la familia se case para no ver más por ella, a lo mejor esto podría abrirle algunas puertas.

―Si... está bien, si Daniel piensa que puedo con esto entonces está bien ―Respondió Fiorella animada― Explícame todo con detalle.

Elisa sonrió, paso media hora explicándole lo necesario, más le sorprendió que la pelirroja se encontrara escuchando muy atentamente y haciendo preguntas. Se animó a sacar un maletín y mostrarle las joyas que quería usar en las fotos, así pasaron un par de horas entretenidas, hasta que Elisa no pudo más en preguntar algo que quería desde hace mucho.

―Y dime... ¿Cómo vas con mi hermano, cuñada? ―Dice Elisa con una sonrisa de burla― Es broma, es broma.

La pelirroja sonríe incomoda antes de contestar― Pensé que estaría aquí, después de todo él fue el de la gran idea.

―No tengo ni idea de donde esta ―Menciona Elisa en voz baja― Solo me llamo anoche para decirme que no llegara a dormir... esta medio raro, a veces deprimido o irritable.

―Oh, ya veo ―Respondió desviando la mirada.

―Fiorella, ¿Estas interesada en mi hermano? ¿O no?

Se quedó en silencio un poco, trazando como decirle esto a la castaña que tenía enfrente, era la hermana de Neal después de todo y sabía que no podía exaltarse como con los demás.

―Mira... si me parece guapo, pero entiéndeme, no me siento preparada para ese gran paso... Menos así, presionada.

―Te entiendo ―Elisa esbozo una sonrisa comprensiva― Pero piénsalo un poco, no solo digas que no por contradecir a tu madrastra.

―Sí, eso hare ―Se rindió Fiorella cansada de esta conversación. Elisa la despidió con amabilidad, pero arrepentida de haberle mencionado eso, sintió que solo la presiono y sabía que no iba a cambiar de opinión así. Decidió llamar a la única persona que podía influenciar en ella, aunque sea por las malas, no fue muy difícil convencerlo así que luego de unos minutos se encontró más tranquila, segura que ahora su hermano no seguiría actuando tan extraño.

Daisy le dijo que fue por la pelirroja, tenía que ser por ella porque si era por la anfitriona no iba a soportarlo. Sabía que no debía meterse en los asuntos de su hermano pero si era para ayudarlo entonces si lo haría, igual se lo terminaría agradeciendo algún día. Su secretaria la llamo por teléfono haciéndola sobresaltar.

―Señora, una mujer la está buscando ¿La dejo pasar? Dice que es una amiga suya.

―Sí, ahora tengo libre, déjala pasar.

La secretaria corto y a los pocos segundos la puerta se abrió dejando pasar a la secretaria al lado de una pequeña mujer con rasgos orientales. A simple vista era tierna, pero no lo era en absoluto para la castaña. Trato de no intimidarse y con la mirada altiva murmuro a la secretaria "Déjanos a solas". Cuando la secretaria cerró la puerta Elisa contuvo la respiración para no gritar.

―¿Qué haces aquí? ―Mascullo Elisa indignada.

―Vine a visitarte ―Responde con una sonrisa burlona― ¿Ya te olvidaste de los viejos amigos?

―Jo, tienes un minuto para salir de mi oficina o llamo a seguridad ―Advierte con voz amenazante.

―Llamas a seguridad y le aviso a los periódicos que tú marido solía ser un pobre sirviente ―Jo sonrió maliciosamente.

La castaña se quedó en shock, sin saber cómo actuar en este momento, la joven sonrió al ver que la domino con unas cuantas palabras. Era tan fácil saber cuál era la única debilidad de Elisa Leagan, siempre estuvo escrito en su frente.

―Por lo que veo eres respetada aquí ―La sonrisa de Jo se volvió más ancha― Me pregunto qué clase de mentiras abras inventado para no perder tu "Estatus"

La castaña se llevó una mano a la cien, se limitó a mirarla fríamente ¿Pero a que había venido?

―Sabes, ya me había olvidado de ti, desde que te fuiste del pueblo hace algunos meses y desapareciste, pero un día leí una revista y te reconocí ―Menciono con malicia― Pensé, wow, a mi mejor amiga le está yendo bien en la vida, es administradora de una línea de joyas, tiene un hermano rico, tiene lo mejor, espero que se acuerde de los pobres ―Sonrió, parándose frente a ella― Tenemos tantos anécdotas, como cuando éramos vecinas y te ayudaba, ya que eras una pésima ama de casa o... ¡Ya se! Cuando te metiste a ayudarnos en la fábrica... como una costurerita más.

Jo se calló vacilante, esperaba una respuesta pero había dejado aturdida a Elisa, quien estaba totalmente colérica pero sin poder decir una palabra.

―Entonces pensé en venir a visitarte ―Continuo con una sonrisa― Pero... veo que no te agrado mi visita, te da vergüenza que alguien me vea cerca de ti, que tus estirados amigos se enteren de cosas que no quieres... ―Dijo con falsa tristeza agregando una sonrisa burlona― Puedo alejarme de ti, pero apórtate con algo, ya sabes... para que no me duela tanto tu indiferencia.

Un tenso silencio se apodero de la oficina, Elisa miro a la sonriente y prefirió calmarse. Suspiro de alivio de recordar haber guardado ese maletín lleno de joyas en un lugar seguro. ¿Eso era todo? Dinero, bien, por esta vez aceptaría agachar la cabeza ante esa víbora, claro que detestaba los chantajes, pero si era para cerrarle la boca accedería.

―Está bien ―Mascullo Elisa― Espera, iré a contabilidad.

―En efectivo, por favor ―Dijo la joven, algo burlona― Y recuerda, mientras más dinero me des, más tiempo me alejare de ti.

Jo rio divertida cuando Elisa salió echando humo de la oficina, recorrió un poco la oficina y se sentó descaradamente en la silla frente al escritorio. Sonríe al tres cuadros.

―Vaya, el pequeño Luke tan adorable como siempre ―Menciono Jo― Y este debe ser tu adorado hermano... Oh, tu querido marido ―Dijo mirando el cuadro de Lee― Tu amado e iluso marido, me pregunto si te seguirá teniendo en un pedestal y aguantando todos tus caprichitos, mimada horrorosa.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando un puño aterrizo con fuerza en el escritorio, aplastando un sobre, al levantar la mirada vio que Elisa la miraba con enojo esperando que la joven se levante de su silla. Ella le dio el gusto, tomo el sobre y camino hacia la salida.

―Bien, ahí tienes analfabeta inútil ―Dijo Elisa colérica― Ahora lárgate, no pienso mantenerte, no soy banco.

―No creo que estés en posición de exigir algo ―Le recordó con voz dulce― No me gusto como me hablaste, así que tendrás que darme tu collar, amiga mía.

―Estás loca, es mío ―Dice Elisa frunciendo el entrecejo.

―Eres dueña de toda una línea de joyas, qué más da que tengas un collar menos, no arrugues la cara ―Dice divertida― Te saldrán arrugas, apúrate, ya me quiero ir.

Elisa enojada se sacó el collar lentamente, no por darle el gusto sino para que se vaya, no podía pensar con claridad si seguía aquí martirizándola.

―¿Feliz? ―Se limitó a decir Elisa.

―Me conformo, por ahora ―Dice Jo satisfecha de haberse salido con la suya, con una sonrisa toma el collar y lo mete en su bolso, camina con aire inocente hacia la puerta, pero voltea para agregar con una sonrisa amenazante― Bueno, amiguita, no me extrañes.

Elisa observo como la joven cerró la puerta y ella se quedó inmóvil, definitivamente no debió haber ido a esa entrevista, debió mantenerse discreta por un tiempo más. Se dirigió hacia su escritorio y se dejó caer en él.

―Tráeme algo fuerte -Dijo Elisa.

―¿Un café? ―Pregunta la secretaria por el teléfono.

―Sí, lo que sea ―Gruño.

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.

La rubia respiro, se encontraba sentada en su cama comiendo galletas, intento encontrar un poco de paz interior con el dulce, pero no podía ¿Cómo tenerla después de semejante noticia?

Debería estar feliz, ella espero tanto por este momento por tantos años. ¿Porque? Su mundo se encontraba al revés, tantos años pidiendo esto, porque de pronto de la tranquilidad que tuvo desde que piso esta mansión tuvo que perderla cuando se reencontró con Neal Leagan.

Decir que fue todo su culpa era una tontería, ella cometió el error de beber de más, de dejarse llevar. Sentía que estaba sola ahora, que no merecía el apoyo de nadie, ni menos de Albert.

―Que voy a hacer ―Pensó Candy con ojos llorosos― No puedo tener este hijo aquí, siempre quise ser mama... pero no así... todos van a rechazarme, no puedo criarlo aquí... que hago... mi vida está hecha pedazos.

Candy se dejó caer en la almohada y trato de calmarse pero no podía. Para su mala suerte al acostarse de lado sus ojos se dirigieron al cuadro de la pared, donde Albert le sonreía tiernamente, ella estaba retratada a su lado con una sonrisa cálida ¿Acaso nunca podría volver a sonreírle de verdad?

―Y Albert... como vas a reaccionar, ¿Y el resto de la familia? ¿Me vas a perdonar? Siempre te preocupas por mí y yo no te respondí bien... yo... no debí ir... Ya no te podía ver a los ojos por esa maldita noche, ahora un hijo... No puedo tener este hijo... no si quiero estar contigo.

Candy se limpia las lágrimas, piensa que en su vida, siempre fue tan decidida en lo que hacía, estaba segura que siempre hizo lo correcto, todas las pruebas que paso eran solo hasta que la vida la recompenso, con la verdad del príncipe de la colina, no más problemas con los Leagan.

Pero su mente la llevo a su infancia, cuando ella solía preguntarse porque no tenía padres, que había sido de ellos, si acaso la quisieron, algo, siempre quiso saber algo. La vida le dio dos madres, pero ella tuvo que hacerse a un lado porque no quería ser una carga, había muchos niños. Nunca tuvo un padre, detestaba pensar en Albert de ese modo, lo más cercano que fue para ella fue un hermano mayor en su momento, otro momento donde sintió el calor de un padre fue cuando el señor Brown la abrazo, fue tan cálido que quiso guardar ese momento en su corazón, luego nunca más sintió eso, quizá fue porque ya no era una niña, nunca más iba a tener la oportunidad de sentir el amor de un padre y una madre.

―¿Porque me dejaste mama? ―Dijo Candy en voz alta― ¿Tuviste miedo? ¿No podías tenerme?...

Ella se sentó en la cama, mareada por lo que dijo, en su vida había hablado de su madre real, pudo pasar que ella también hubiera sido una hija ilegítima, tal vez no. Pero apreciaba a Albert demasiado, se le partiría el corazón cuando le diga esto.

―No puedo tener este niño...

Se quedó inmóvil al pensar en perderlo, no podía ser tan desalmada, ni su madre de sangre había pensado en eso, no se quedó con ella pero al menos le dio la oportunidad de vivir, la dejo cerca a la casa Pony para que la encontraran y sea feliz, al menos quería creerse eso.

Era un ser vivo, su propio hijo, como pensar tan seriamente en perderlo. Decide calmarse, debía pensar con la cabeza fría, era una decisión que la perseguiría toda la vida. Ella agacha su mirada y va llevando una mano hacia su estómago.

―No... Que estoy pensando ―Murmura Candy descartando la idea― Perdóname bebe, tú no tienes la culpa, me... haces feliz al llegar a este mundo a acompañarme, solo es por el estrés ―Dice con voz suave― Estuve siete años esperándote, eres mi primer familiar de sangre... Me siento muy sensible, vas a ser muy feliz, no te va a faltar nada, menos yo.

La mirada de Candy era suave, se había calmado al decir estas palabras y solo falta que se quite las lágrimas de las mejillas.

Se quedó en silencio un rato pensando en lo mejor que podía hacer, la prioridad era su bebe ahora, ella lo había deseado, lo pidió tanto.

La puerta se abrió y dejo ver a Annie quien se sentó a su lado con una media sonrisa, un poco forzada pero no podía decir que no era sincera. La ojiazul vino a calmarla y a darle más opciones, sin imaginar que Candy ya estaba tranquila.

―Annie, ya lo decidí ―La voz de Candy era firme― Voy a tener este bebe.

―Lo sé ―Contesto Annie― Vamos a tenerlo y luego se lo daremos a la señorita Pony y...

―No... Me refiero a que lo voy a criar yo.

Los ojos azules de la rubia se abrieron de sorpresa, pensó haber escuchado mal, pero...

―Oh, entonces le dirás a William que es suyo.

―No ―Se apresuró a decir― Voy a decirle la verdad, sé que me odiara y que todos se van a poner en mi contra, pero es mi hijo, quiero cuidarlo.

―No digas locuras, hermana ―Pide Annie mirándola preocupada― Solo dile que es de él, no tiene por qué saberlo.

―No voy a mentirle ―Recalco Candy.

―¡Candy, estás loca! -Exclamo Annie― No te van a permitir tener este hijo ilegitimo, además te das cuenta de quién es el padre ¿Lo has pensado siquiera? Es imposible que te dejen criarlo aquí y menos al lado de William.

―Ya lo sé ―Dice Candy agachando la mirada― Pero es mi culpa, no puedo abandonarlo, somos huérfanas, Annie, sabemos mejor que nadie el dolor de no tener una familia.

―Te entiendo ―Aseguro Annie― Pero no te van a dejar tenerlo aquí, entiende.

―Ya tome la decisión, voy a tener este niño, lo hago por amor.

―Tu amas a William ―Intenta Annie provocando que Candy sienta un dolor en su pecho.

―Pero también amo a mi bebe ―Dijo Candy con voz firme pero herida por las palabras de Annie.

―Pero... ¿Qué harás?

Candy observo que el rostro de Annie palideció, estaba segura que cuando le cuente que haría estaría aún más pálido.

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En la mansión Howland de Chicago, dos amigos bebían whisky mientras escuchaban música de opera en la radio.

―No hay nada como esta música ―Bufo Noel extendiendo el dedo índice como si fuera el director de una orquesta― Te hace sentir alguien importante.

―Por si no te has dado cuenta, eres alguien importante ―Masculla Neal― Ahora apágala, me está dando sueño.

―Bien, bien, no te enfades ―Se dirige hacia la radio y presiona un botón, el despacho quedo en silencio y luego se dirigió a llenar las copas de nuevo.

―No lo pienses, mira que me debes un favor por recomendarte a los socios ―Le recordó mientras tomaba la copa de nuevo llena― Si no lo hubiera hecho ellos hubieran corrido al banco de los inútiles de los Andley.

―Mira, si conozco al doctor, el aceptara por una fuerte suma pero no creo que sea necesario, creo que ganarías sin ayuda.

―Necesito estar cien por ciento seguro que ese hotel seria mío.

―Hmmm... No será por tu juego de ganar a los Andley ―Menciona con burla― Si bien recuerdo, el también participara―Al no obtener respuesta, más que una mirada fastidiada, ríe― Lo sabía.

―No lo niego ―Dice restándole importancia.

―Está bien, yo me encargo de las llamaditas del caso y tú del billete.

―Déjame la cuenta del doctor, yo pago bien estos trabajos.

―Así quedamos entonces ―Dice Noel con una sonrisa burlona― ¿Unas copas?

―Mejor no, llevamos bebiendo desde la mañana en tu coctel ―Le recuerda, mientras dejaba la copa vacía en el escritorio, Noel solo sonrió y volvió a llenar ambas copas.

―Vamos, conversemos un poco mi buen amigo ―Insiste divertido― Mi mujer me dijo que hablaste con Candy en el coctel ¿Que paso?

―Nada ―Contesto el moreno con sorna― Solo la asuste un poco, a la muy tonta se le cayó la mandíbula cuando me vio haciendo el mismo truquito bobo de magia a Cris.

―Ten mucho cuidado con lo que haces ―Advierte con tono serio. Si William Andley se entera que acosas a su esposa te va a ir mal.

―No estoy orgulloso de lo que paso ―Admite― Pero el solo manda a los Andley, fuera de los límites no.

―Oh ―Dijo divertido― ¿Y qué tal con Candy? ¿Te afecto mucho verla hoy?

―Para nada ―Respondió rápidamente con una ladina sonrisa― Solo quise molestarla, para recordar viejos tiempos

―Creo que no debiste hacerlo, a lo mejor ella se animaba a ser tu amante, hubieras salido ganando solo por ser amable con ella.

―Ella no es así.

―¿Entonces la violaste o qué? ―Cuestiona divertido.

―No lo hará de nuevo ―Aclara Neal irritado― Además no quiero una amante y si quisiera una, una mujer casada no me sirve.

El señor Horwland sonrió para el mismo, sabía a qué se refería con eso, así como lo que más anhelaba. Lo que envidiaba de él, lo que no tenía.

―Tengo un regalo para ti.

Neal lo miro algo desconfiado, pues conocía a Noel Howland hace años y nada bueno salía, cuando decía "tengo un regalo para ti"

Noel sonrió y dejo una caja blanca del tamaño de un libro mediano.

―Adelante ―Le invita sin contener una risa.

El castaño lo miro receloso antes de abrir la caja esperando que no sea una broma, sino le costaría caro. Al abrirla se da cuenta que solo habían un par de antifaces negros y una flor de papel.

―Eso es todo lo que encontraron mis sirvientas ―Menciona sin perder su buen humor.

―¿Y esto es mi trofeo? ―Pregunta con sarcasmo.

―Si no quieres no te lo lleves ―Contesto Noel― Solo pensé que como antes te gustaba Candy, te gustaría tenerlo como un recuerdo del baile de máscaras.

―No gracias ―Gruño Neal― No necesito esto.

El moreno cerró bruscamente la caja y la empujo hacia un lado del escritorio. Noel soltó una carcajada y le sirvió otra copa, divertido de ver que el moreno en el interior estaba hecho un demonio.

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Se peinaba el cabello anaranjado apreciando como lucia frente al espejo de su habitación. Las puntas estaban algo quebradas y debía cortárselo pronto. Extrañaba estar en Europa, probablemente cuando regrese su puesto ya este ocupado. Aquí no recordaba que nadie este de su lado, salvo su abuela, pero aun así ella pensaba que lo mejor sería que se case.

―Primita ―Escucho una voz insoportable.

La pelirroja ni siquiera volteo a verlo pero podía imaginárselo con una sonrisa socarrona en la puerta.

―¿Qué haces aquí? ―Mascullo, perdiendo la paciencia.

―Debemos hablar ―No era una pregunta, se sentó en su cama y ella volteo a verlo irritada, sus manos se cerraron en puños.

―Sal ―Grita.

―En la cocina ―Responde con sarcasmo.

―¡Ya! Di lo que quieras decir y luego vete, quiero dormir.

―Solo te quería avisar que el viernes por la noche vamos a tener una cita doble ―Dijo Johan ensanchando su sonrisa al ver que su prima quería hacer un berrinche- y yo, Neal y tú.

―¡Perfecto! ―Dijo con sarcasmo― Solo hay un pequeñísimo detalle, yo no quiero ir y no iré.

―¿Tanto temes enamorarte? ―Inquiere divertido.

―No tengo miedo, pero no confió ni en él, ni en ti.

―Jaja, ya déjate de esa escusa, eres peor que yo ―Pide entre risas― Mira, de todos los pretendientes que tienes, es el mejor partido, es el presidente de nuestra asociación y...

―Yo no estoy comprometida Johan -Le recuerda con voz neutra― Estoy soltera y puedo hacer lo que quiera ¿Se te puede meter eso en tu cabeza dura?

Como respuesta, solo recibió carcajadas del pelirrojo. ¿Cómo lograba Bella aguantarlo? No entendía como alguien podia enamorarse de alguien así...

-¿Sabes que me molestaría? Tener a un imbécil mujeriego de futuro esposo como lo tiene tu novia, sin tener idea que tienes una amante.

Las carcajadas cesaron y la pelirroja le agradeció mentalmente, había dado en el blanco.

―Primero, mi amante como la llamas, no se trae el cuento del colegio de monjas, los dos salimos ganando, ella tiene lo que quiere y yo también.

―Pobre infeliz ―Dijo con una ladina sonrisa― Ser la otra y encima de alguien como tu... debe tener en verdad bien baja su autoestima.

―¡Segundo! -―Exclamo Johan para callarla― Neal no es como yo, si quiere casarse contigo en serio.

―¡Por dios, soy joven! ―Eleva la voz perdiendo la paciencia― Quiero vivir, Johan, a lo mejor cuando tenga treinta y este vieja. Además, Neal no me ama, solo quiere una esposa para llevar a presentar a sus socios, él lo deja bien claro.

―Le gustas ―Menciono con voz suave― Pero con el tiempo se enamorara de ti.

―A lo mejor si nos conociéramos mas, poco a poco, no con toda esta presión.

―Mira, te voy a decir algo muy privado sobre el, espero que no se lo cuentes -Dice Johan con tono serio, lo cual hizo que la pelirroja perdiera el enojo por la curiosidad- Neal ve en ti la oportunidad de volver a amar, solo tuvo una novia antes pero ella se casó con otro, eres todo lo contrario a las chicas que le gustan, le gustas mucho, pero él no es estupido.

―Ósea todo es mi culpa ―Fiorella se exalto― Increíble, perfecto entonces.

―Mañana le diré para salir ―Le dijo levantándose de la cama- Piénsalo bien, te diré otra cosa, a los hombres no nos gusta que nos hagan esperar mucho, nos aburrimos.

La pelirroja dejo caer su mandíbula ligeramente por ese comentario tan tonto. Johan sonrió y sin esperar respuesta salió de la habitación dejándola sola. Pero ella quiso responder con otro comentario tonto.

―Tonterías, lo tengo aquí -Dijo Fiorella señalando la palma de su mano exageradamente.

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La criada favorita de Elisa llego a la sala con un vaso y una pastilla, lo coloco en la mesa frente a la castaña, ella se tocaba la frente tratando de apaciguar el dolor.

―Me duele ―Se queja Elisa, sin esperar más toma la pastilla y bebe el agua rápidamente― ¿Mi hijo ya está acostado?

―Aun no, señora.

―Bueno, dale un baño, que se lave los dientes y que rece por su madre, yo no puedo ni verlo, tuve un día de perros ―Dice Elisa con un dejo de sarcasmo.

Ruth sonrió.

―Déjeme traerle mi te especial, para que descanse como un angelito.

―Te aseguro que aunque no lo tome caeré dormida ―Elisa dejo el vaso en la mesa y se levantó.

―Está bien-Dice divertida.

―Ruth, creo que esto pasando por una racha de mala suerte ―Se quejó en voz baja― Necesito saber cómo está mi suerte.

―Todo estará bien, señora ―Dice con una sonrisa amable― Solo descanse y mañana será otro día.

―Bien, mañana ―Dice Elisa. Ruth asiente y sube las escaleras.

Elisa terminaba el resto del líquido del vaso cuando sintió que alguien le veía, al voltear se dio cuenta que el mayordomo la observaba.

―¿Y tú que me ves? ―Pregunto Elisa fastidiada. El mayordomo la miro con expresión neutra― Ya, anda a dormir ―Gruño enojada al no obtener respuesta. Como detestaba que hiciera eso, era como si la vigilara y pidiera explicaciones todo el tiempo. Era inaceptable, solo era el mayordomo.

―¡Neal! ―Un grito fuera de la mansión les hizo saltar un respingo― ¡Si eres hombre sal!

―¿Escuchaste eso? ―Pregunto Elisa.

Se quedó unos segundos quieta, observando como el mayordomo salió y cerró la puerta fuertemente, pero los gritos no cesaban y ella decidió salir. Lo primero que vio fue a William Andley hecho una fiera siendo detenido por los hombres de seguridad y Jang.

―¿Que sucede? ―Elisa camina hacia ellos con la mirada altiva y poniendo las manos en las caderas. Se acercó más para confirmar si era William Andley el que era reducido por los guardias― ¿Qué haces aquí?

―¡Quiero hablar con Neal! ―Recalco muy enojado- ¡Ven aquí, cobarde!― Grito mirando hacia las ventanas.

―No grite ―Ordeno Jang con voz calmada, al mismo tiempo jalaba del brazo a Elisa con intención de llevarla dentro murmurando "entra" pero ella lo empujo y se acercó para encarar a William.

―Escúchame ―Mascullo Elisa mirándolo fríamente― Estas en mi propiedad, fuera de aquí.

―¿Qué? ¿Ahora Neal se esconde en tus faldas? Necesito que venga ¡Neal! ―Grito a todo pulmón, echaba humo y logro zafarse con un brusco movimiento, intento entrar pero se quedó quieto cuando el par de guardias saco un arma― ¿Es enserio?

―¿Que buscas del señor?

―Guarden eso ―Ordena Elisa. Los guardias obedecen pero eso no hizo que William se sintiera más tranquilo, no sabía hasta donde eran capaces de llegar los hermanos Leagan pero no podía confiarse, toda la familia Andley dependía de él. Pero siente tanta ira que entraría ahora mismo y molería a golpes a Neal que seguro se encontraba en una de las habitaciones de esta mansión.

―¡Dile que no vuelva a ver a Candy, de lo contrario juro que lo matare! ―Vocifera señalándola con el dedo, su voz estaba llena de ira.

¿Candy? ―Pensó Elisa sin entender, pero al ver la ira en su rostro puede imaginarse que solo era una escena de celos ¿Pero porque? Si Neal no la había visto, en los siete años sabía que ya no estaba enamorado de ella, además que el rubio era su esposo. Pero en este momento solo le importaba que se vaya.

―¿Quién te crees que eres? ―Espeta― ¡Esta es mi casa! Neal no está, no sé dónde diablos esta ¡Y mi hijo está dormido! No tienes decencia acaso.

―Me hablas de decencia ―Masculla William con sarcasmo― Familia de corruptos, estafadores y mafiosos.

―¡Suficiente! ―Grita Jang perdiendo la paciencia― Fuera de nuestra casa, mira, el señor Neal no está.

―Ni se te ocurra grita ―Advierte Elisa.

―¡Entonces trae aquí al imbécil de tu hermano! ¡Matare a ese maldito bastardo!

La castaña entrecerró los ojos encolerizada antes de abalanzarse hacia él, con la intensión de darle un golpe en la cara pero Jang la detuvo sujetando su muñeca y luego jalándola hacia atrás.

-¡Suéltame!

―Sabes que, pueden irse al diablo ―Masculla William, no sabe porque pero entiende que él no estaba aquí― Me voy solo porque ese niño no tiene que escuchar nada, que el imbécil de tu hermano se vaya al infierno.

Dicho esto el rubio camina hacia la salida mientras Elisa aun intentaba alcanzarlo enojada, pero Jang sujeto sus brazos y las doblo tras su espalda sin hacerle daño, pero esto solo enfureció mas a Elisa, como iba a tratarla así y delante de los guardias, pero William ya había desaparecido.

―Suéltame ―Murmura Elisa dándose por vencida― Está bien, suficiente.

Jang la suelta y Elisa se reincorporan levantando la cabeza y mirando a los guardias fríamente.

―¿Que esperan? Asegúrense que se haya ido, no sean inútiles ―Mascullo Elisa.

Ambos guardias asintieron y caminaron hacia la entrada para cumplir la orden de la castaña. Cuando se fueron ella se dio la vuelta, encarando a Jang.

―Nunca en la vida vuelvas a tratarme así, mayordomo ―Advierte Elisa con voz neutra, sin esperar respuesta camino hacia la mansión. Jang solo la observa sin decir una palabra. Tenía un pésimo carácter y no entendía que le vio su hijo.

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Hola x3 Hice este capítulo largo porque tomare una pausa de fanfiction, tengo que concentrarme mucho para un examen del que depende mi vida xD El siguiente capítulo está escrito, pero falta editarlo. En realidad no iba a escribir nada hasta finales de marzo (no me maten xD) Pero me tome un poco de tiempo cuando me llego un comentario al correo.

Gracias por comentar xD

Gracias, ElsaDeLarios, sayuri1707, Guest (chapter 9 . Jan 6), Lula Sam, lily leagan (De hecho iba a haber al menos un capitulo mas de encuentros de Neal y Candy, ya que ella no lograba encontrar el collar, pero los descarte para ir directo al punto, pero te aseguro que valdra la pena por los siguitentes capitulos, xD, espero que te haya gustado el de arriba, es uno de las escenas que habia borrado, saludos desde Peru n.n), Xochiquetzal (Gracias por comentar, casi siempre sabes lo que estoy pensando xD ignoraba el dato sobre los inmigrantes chinos en estados unidos en esos años, la verdad solo necesitaba que el hijo de Elisa tenga un rasgo diferente y muy notorio a los demas, gracias por el dato, eso cambia un poco el fanfic, pero creo que para mejor), kellyelin y Lula Sam.

Y todos los comentarios de los anteriores capítulos n.n

Díganme ¿Qué creen que le dijo Candy a William?

Ya me dejaron en claro que no les gusta la pelirroja xD Pues la hice chinchosa por esa razón. Pero no es mala xD solo es joven, inmadura y un poco egoísta, pero no es mala xD. No estoy interesada en profundizar en este personaje, pero si es necesaria para la trama.

Por otro lado, si tienen razón Neal estaba muy blando, gracias por avisarme. Las críticas y sugerencias me ayudan a mejorar, sigan haciéndolo x3

Pero recordemos que la muerte de sus padres lo tuvo que hacer madurar, también recordemos que pasaron siete años desde entonces, muchas cosas cambiaron.

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Personajes:

Johan Rousset: Mejor amigo y socio de Neal.

Fiorella Rousset: Prima de Johan, interés amoroso de Neal.

Ruth: Criada favorita de Elisa.

Jang: Mayordomo de los Leagan, padre de Lee.

No importantes. (Enserio xD no son importantes)

Noel Howland: Socio de Neal y Johan. Espeso de Daisy Dillman.

Cris: Modelo, amiga de Neal.

Jo: Ex amiga de Elisa