Capítulo 11: Cita frustrada y una noticia importante
―Bella ¿Has visto mi perfume nuevo? ―Grito Fiorella mientras caminaba impaciente a la habitación de la pelirroja.
― ¿Qué? ―Pregunto Bella desde otra habitación.
―¡Mi perfume! ―Grito― Como quieren que salga a una cita si no me hecho mi perfume ―Se quejó al entrar a la habitación de Bella, quien vestía un sencillo vestido azul entallado con un ligero escote.
―Así que tú lo tenías ―Comento Fiorella recibiendo la caja, rápidamente saco el perfume y se dirige al espejo, se roció un poco del perfume en el cuello mientras observaba su reflejo, un elegante vestido negro hasta los tobillos sin escote, acaricio su cabello con los rizos que se acabó de hacer.
―Dices que no te importa, pero has tardado cuatro horas en arreglarte y hacerte esos risos ―Menciono Bella obteniendo únicamente silencio― Neal está en el balcón, dice que quiere hablar contigo ¿Estas nerviosa?
―¿Nerviosa? ¿Yo? ―Rio con sarcasmo― ¿Enserio piensas que puedo sentir eso?
Y luego de agregar una sonrisa coqueta se marchó de la habitación y se dirigió al balcón de la mansión, claro que no eran nervios lo que sentía, tal vez incomodidad porque prácticamente la obligaron a asistir a esta doble cita, pero aun así sus ojos verdes brillaron cuando reconoció la figura del moreno apoyado en la pared del balcón, con una mirada serena. Y a quien quería engañar, se veía malditamente seductor en medio de la oscuridad del balcón, donde sus ojos parecen brillar.
―Buenas noches, mi flor salvaje ―Saludo con tono juguetón.
―¿Me buscabas? ―Murmuro. Neal supuso que no debió decir eso, se había entusiasmado con la idea de salir con ella, pero pudo ver en su mirada incomodidad.
―Quería charlar contigo un poco antes de estar con la pareja.
―Bien―Contesto la pelirroja― También yo, solo vayamos al grano ¿Porque yo? Estoy segura que hay miles de mujeres que aceptarían tu oferta sin dudarlo.
―Pero es a ti a quien quiero ―Dijo simplemente― Porque me encantas, porque eres sincera, porque no tienes máscaras, por tu forma de ser tan...
―Diferente a tu ex ―Le interrumpió con una sonrisa burlona.
―Eres diferente a todas las chicas que he conocido ―Acerco su rostro al de la pelirroja, pensó que se apartaría, pero ella permaneció mirándolo fijamente― ¿Quieres ir al grano? Yo no quiero jugar a las citas, como si fuéramos niños, quiero una mujer que sepa lo que quiere.
―¿Y tú crees que soy yo? ―Inquirió con una ladina sonrisa.
―Me gustaría que lo seas ―Admitió en voz baja― Fiore, enserio me gustas mucho.
La pelirroja sonrió.
―También me gustas.
―¿Entonces porque te haces la difícil? ¿Porque no me das una respuesta?
Sus rostros estaban muy cerca, ella sonrió y quiso rodearle el cuello pero se quedó paralizada, una parte de ella sabía que si lo hacía ya no podía echarse para atrás. El moreno noto que se había puesto nerviosa, así que se alejó de ella.
―No hay prisas, Fiore ―Dijo con voz suave― Puedo esperarte toda la vida.
―Toda la vida es mucho tiempo, solo dame un par de semanas, juguemos a las citas ―Pidió desviando la mirada avergonzada― Entiéndeme, es una decisión que cambiara mi vida.
―Te entiendo, créeme.
Fiorella esbozo una sonrisa, el la miraba tiernamente, como si en verdad la comprendiera. Y esto fue suficiente para que ella se sintiera cómoda.
La pareja de pelirrojos observaron la escena desde la puerta del balcón, escondiéndose entre las cortinas y sonrieron.
―Parece que al fin se están entendiendo ―Murmuro Bella con una sonrisa
―¿Ves? Solo hacía falta un empujón ―Sonrió, Johan. Ambos guardaron silencio para poder seguir espiando, pero la conversación ya había acabado y ellos regresaban.
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En un lujoso restaurante de Chicago, una mesera rubia anotaba las órdenes de una pareja de esposos.
―Está bien, todo está anotado ―Dijo en voz baja.
―No olvides que no quiero tocino en mi plato, poca sal y la salsa tradicional ―Le recordó la joven.
―Y agua con hielo ―Agrego el caballero― ¿Algo más querida?
―No se me ocurre nada ahora ―Dijo inclinando la cabeza― ¿Que vino nos recomiendas?
La mesera se acercó a la carta que el caballero tenía en su mano y le enseño las diferentes opciones, y la mujer observo fijamente a la rubia al notar algo extraño.
―¿De dónde eres, mesera?
―Querida, no le preguntes eso ―Le regaño suavemente a su esposa.
―Es que mírala, es idéntica a la señora Andley ―Expreso la joven esposa señalándola. El caballero la observo y asintió.
―Es verdad
―S...se equivocan, yo vengo de Mexico y mi apellido no es Andley ―Dijo rápidamente la rubia.
―Hay gente parecida, eso debe ser.
―Pero quien sabe, la señora Andley es huérfana, quien sabe, podría ser su pariente ―Dijo con una sonrisa burlona- En fin, que importa.
―Ah, cierto, la huerfanita que enamoro a su tutor ―Menciona el caballero― Al parecer al señor Andley le gusta cualquier cosa.
―Gracias a ella mis sirvientas piensan que tienen alguna posibilidad con mi hermano ―Menciona con voz suave― Se creen el cuento de la cenicienta.
La mirada de la mesera se endureció, pero la pareja estaba tan absorta en su conversación que no lo noto, así que ella se alejó de la mesa y una vez lejos trato de calmarse, se repitió mentalmente que no valían la pena. Pensar en eso solo la agotaría mas, que pensarían ahora, cuando se enteren de la última noticia. Mientras ella se dirigía a la cocina a dejar las ordenes un par de caballeros con sus respectivas parejas entraban al restaurante riendo. Neal estaba feliz porque la pelirroja logro soltarse luego de la charla.
―Bonita decoración ―Dijo Bella encantada.
―Es porque nunca has estado en parís ―Dijo Fiorella.
Se acercaron a la mesa que estaba al rincón del lugar, donde la luz tenue del lugar lo hacía parecer más romántico. Neal y Fiorella se sentaron frente a la pareja de pelirrojos. Todos de buen humor.
―Si lo estuve, pero era muy niña, no lo recuerdo ―Dijo Bella encogiéndose de hombros.
―Aquí preparan una langosta riquísima ―Dijo Johan.
―Pero este lugar es agradable, que buena idea tuviste al elegir este restaurante, Daniel ―Dijo Fiorella con una sonrisa, ella rodeo el brazo de Neal y se apoyó en él.
―Solíamos venir aquí todo el tiempo ―Menciona Neal devolviéndole la sonrisa.
―Es verdad ―Dijo Bella con una sonrisa nostálgica― Siempre cenábamos aquí cuando salíamos de la universidad.
―Que les parece si después de esto nos vamos a otro lado ―Propone Fiorella mientras apoya sus manos en el hombro de Neal y se acurrucaba en él.
―¿A dónde? ―Pregunta divertido Neal mirando a la pelirroja.
―Que opinan si nos vamos a bailar.
―Ay si, vamos a bailar ―Estuvo de acuerdo la pelirroja de ojos azules― Conozco un buen lugar.
Todos rieron y parecían estar de acuerdo con la idea.
―¿Y qué tal si en lugar de eso vamos a un bar o un casino? ―Soltó Johan.
―¿A apostar? ―Pregunto Fiorella extrañada.
―No, vamos a una misa ―Dijo el pelirrojo con sarcasmo. Todos rieron y continuaron la plática muy animados. Neal estaba feliz de que la pelirroja este tan tranquila ahora, de hecho resulto ser más agradable y divertida de lo que pensó.
―Voy al tocador ―Musito Fiorella. Ella se levantó y se alejó observando la decoración. Sonríe al recordar el momento en el balcón, esa pícara sonrisa le había gustado y la incomodidad había desaparecido cuando le siguió el juego, de hecho lo empezó a disfrutar, podía acostumbrarse a eso. Se queda paralizada al sentir que alguien choco con ella y le mojo el vestido. Había estado tan distraída en sus pensamientos que no noto que una distraída mesera iba en su dirección y choco con ella. La mesera negaba asustada y ella la miro enfadada, lamentaba no poder gritarle en este momento, sabía que había gente importante cenando y no podía permitirse que la vean así.
―Lo siento, señorita, yo...
―Tus excusas no me interesan ―Espeto con voz contenida― Quiero hablar con el dueño.
―No, por favor...
Ella bufo, enfadada por la asustada mirada de la joven rubia.
―Mi vestido cuesta más que tu salario por un año, como se te ocurre mancharlo.
Bella noto esto y se levantó excusándose con ir al tocador, era una suerte que Neal este de espaldas y Johan, bueno, estaba entretenido mirando.
―Prima, solo es un poco de agua, vamos te ayudo a limpiarte, no te preocupes, chica ―Dijo Bella calmadamente.
―Tienes suerte que el vestido sea oscuro ―Mascullo antes de seguir a Bella a regañadientes hasta el baño.
La mesera asintió y se retiró sin creerlo, el primer día y ya había enojado a un cliente.
Johan ríe bajo al observan al par de pelirrojas dirigirse al baño. Neal lo miro extrañado, estaba sentado de espaldas y no había visto nada. Pero no pregunto porque pensó que solo era otro de los arranques de locura de su amigo.
―Parece que todo marcha bien, Neal.
―Creo que sí, creo hubiera ido mejor si salía con ella antes de pedirle matrimonio, me evitaba que se pusiera incomoda.
―Te encanta que se haya puesto mansa contigo ―Bromea el pelirrojo― Ni se te ocurra mencionar a Kate, si le dices dile adiós a tu oportunidad de estar con ella.
―¿Doña Ana no le dijo? ¿Bella no le dijo? ―Pregunto desconcertado―Todos los Rousset lo saben.
―Pero ella no, por ahora trata de enamorarte, recuerda, no actúes como un aburrido como Noel pero tampoco como un atrevido como...
―¿Tu?
―Buenas noches, que puedo servirles ―Dijo en voz baja la mesera acercándose a la mesa y cuando el moreno levanto la vista se quedó con expresión neutra, Candy estaba frente a el vestida de mesera.
―Espera un momento, nuestras chicas vendrán en un segundo ―Dijo Johan.
Candy asintió y se iba a retirar pero el pelirrojo hablo de nuevo.
―Mientras tanto, tráenos una botella del mejor vino que tengas.
La rubia asintió y se retiró sintiendo la mirada de Neal.
―Trágame tierra ―Pensó Candy mientras caminaba hacia la cocina― De todas las personas tenía que aparecer el... ya, igual está ocupado ahora, a lo mejor no se da cuenta, o no le importa.
La rubia coge el vino que le entregaron y se acerca de nuevo a la mesa tratando de no agachar la cabeza, pero su expresión cambio al ver a la pelirroja a la que le tiro la bandeja con las copas de vino estaba al lado de él, aferrada a su brazo, al reconocerla la pelirroja la vio con desprecio.
―Esta es la niña tonta que me tiro la bandeja ―Menciono con voz neutra.
―Disculpe, fue culpa mía, no volverá a suceder.
―Eso espero ―Respondió Fiorella con una sonrisa que incomodo a Candy― Un error más y hare que te despidan.
Johan rio al escuchar eso.
―Me hubiera gustado ver eso.
Candy respiro hondo y trato de actuar normal, pero su expresión era incomoda y esto pareció alegrarle a la pelirroja. Neal se mantiene en silencio tratando de entender que hacia ella ahí, y como acabaron en esta situación.
―Haber, apunta ―Ordena Fiorella aferrándose al brazo del moreno con una mirada maliciosa― Yo quiero una ensalada especial con aceite de oliva, pero no le agregues tomate, ni la cebolla.
Candy asintió y empezó a anotar la orden.
―Amor ¿Que vas a pedir? ―Pregunta Bella con una encantadora sonrisa hacia el pelirrojo.
―Pide por mí.
―¿Y, tu? Daniel ―Pregunta Fiorella.
―¿Qué les parece entrecot con salsa a la pimienta? ―Pregunta Bella.
El pelirrojo vio a Neal y sonrió.
―¿No te gusta? ―Pregunta Fiorella extrañada de que de pronto este tan callado.
―No... Si vamos a ir a otro lado entonces cenemos algo más ligero ―Explico.
―Tiene razón -Dijo Bella.
―Y yo que quería un lomo a las tres pimientas ―Se lamentó el pelirrojo.
―Para el señor una ensalada Coob -Dijo Bella― Pero en lugar de agregar queso roquefort agrégale queso parmesano.
Candy asintió y escribió en su libreta.
―Para mí ensalada especial ―Dijo Bella con un sonrisa maliciosa― Pero sin pimiento, sin tomate, poca sal, aceite de oliva y agua con hielo ¿Pedimos champan?
―A mí lo mismo que a la señorita ―Dijo Neal con voz neutra.
―Pero ya le pedí un vino ―Dijo Johan.
―Yo quiero champan ―Repitió Fiorella mirando a Neal con un puchero.
―Agrégale queso roqueford a mi pedido.
―Pero amor, tu odias el quedo roqueford ―Dice Bella extrañada.
―Ah, cierto ―Recordó divertido― Parmesano, agrégale mucho parmesano.
Candy sonrió incomoda y tacho lo que había dicho el pelirrojo para volver a escribir la orden. No sabía como iba a entender la orden con tantos garabatos.
―Cambie de opinión ―Dijo Fiorella con una sonrisa maliciosa― tráeme una ensañada primavera, pero en lugar de la salsa tradicional, ponle dijon, aceite de oliva, ajo y orégano.
La rubia escribía con dificultad, todos hablaban al mismo tiempo y ver a Neal ahí la ponía nerviosa.
―¿Me puedes repetir, por favor? ―Pregunta Candy en voz baja. Bella bufo.
―¿Qué pasa? ¿No puedes retener una simple orden? ―Reclama Fiorella con un tono lleno de indignación.
―¿Quieres que llamemos al administrador? ―Amenaza Johan― Conocemos al dueño.
―Pareces nueva, debes ser más rápida ―Dijo Bella impaciente.
―A parte de torpe eres lenta ―Dijo la pelirroja fastidiada― ¿Lo llamamos?
―No, ya está anotado ―Contesto Candy en voz baja.
―Llévate este vino y tráenos champan ―Dice la pelirroja mirándola con aire superior.
―¿Champan? ¿Cuál pedimos? ―Pregunta Bella.
―Mejor vino... ¿Neal, cual era ese vino que me diste el otro dia?
―No recuerdo.
―Yo quiero champan ―Vuelve a decir Fiorella con un puchero a Neal.
―Champan entonces -Dice Neal mirando a la pelirroja.
―Y rápido ―Ordena Fiorella sonriendo maliciosamente.
―¿Puedes apurarte con el pedido? ―Exclama Johan impaciente.
―Por dios, que chica tan lenta ―Se queja la pelirroja de ojos azules― hablare con el administrador.
―Voy a hacer que la despidan... ―Dijo Fiorella sin terminar, al notar que su cita miraba fijamente a la rubia. Se quedó en silencio pensando cómo es posible que Candy este ahí, acaso no pensaba en nada.
―¿Y a ti que te pasa? ―Pregunta Fiorella.
―Ya vuelvo ―Dicho esto, se levantó del asiento y camino a paso rápido hacia la mesera, ve a Candy hablando con uno de los cocineros que parece darle indicaciones, ella asiente y sale de la cocina y Neal la jala del brazo hacia un rincón oscuro del restaurante, la rubia se aleja de el con indignación.
―¿Que estás haciendo aquí y trabajando? ―Interrogo con el ceño fruncido.
―No vuelvas a hacer es...-―Candy no pudo terminar su frase ya que fue interrumpida.
―¿Qué haces aquí? ―Volvió a preguntar pero con voz más severa.
―No tengo porque decirte ―Dijo con voz aparente calma― No te importa por ultimo.
Neal suspira para no enfurecer, claro, a ella nunca pudo controlarla y claro que no podía ahora.
―Bien ―Dijo rodando los ojos― No me lo digas, pero si alguien te reconoce vas a tener muchos problemas por hacer esta gracia.
La expresión de Candy parecía dolida, y pensó que esto podía ser grave.
―No te metas en mi camino ―Dijo Candy con voz firme― Ya bastante has hecho antes.
―George está en la mesa detrás de ti ―Le aviso.
Candy no pudo evitar sobresaltarse y voltear exageradamente, entonces entendió que esto era grave.
―¿Te escondes de los Andley?
Neal observa el rostro afligido de Candy y estuvo a punto de preguntarle de nuevo pero siente que alguien toca su brazo, al virar, ahí estaba la pelirroja observándolo recelosa y Candy se alejó al ver que estaba enojada.
―¿Qué haces aquí?
El moreno la observo sin poder responder, no sabía porque pero no quería mentirle.
―¿Quieres que me case contigo?
―Claro que si ―Dijo con voz suave.
―Entonces no vuelvas a hacer eso ―Dijo Fiorella mirándolo sería― Una más y no dudare en alejarme, si vamos a salir enserio no quiero que hagas estas cosas, yo no soy estúpida como Bella.
―Perdón ―Dijo Neal en voz baja.
―Vamos a la mesa, solo no lo vuelvas a hacer.
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―Por favor, lleva tú las ordenes ―Pidió Candy a una de las meseras. No habia notado que George estaba ahí y no quería ver a la pelirroja de nuevo, fue una mala idea.
―Lo siento, no puedo ―Murmuro la chica― Tengo que llevar esto.
Candy se rindió y salió de la cocina.
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―Oigan, deberíamos ir a las vegas de vacaciones ―Propone Bella.
―Ni lo pienses, volveremos a Florida en una semana ―Le recuerda Johan.
―Ah, cierto, no veo las horas de desaparecer de Chicago ―Responde Bella― Creo que vas a venir con nosotros, Fiore.
―Además tenemos mucho trabajo por hacer ―Comenta Neal.
―¿También vas? ―Pregunta Fiorella.
―Claro, yo vivo en Florida ―Dice Neal divertido― llevare a mi hermana también.
―Pero ella trabaja aquí ¿no?
―Bueno, le preguntare pero lo más probable es que diga que sí.
―¿Y si mejor vamos a Paris? ―Dice Bella.
―Yo digo que sí, deberíamos ir ―Dijo Fiorella― Quiero comprarme lo último de...
―Lamento la tardanza ―Murmuro Candy llegando a la mesa con los platillos. Todos observan cómo le costaba tomar los platos, mostrando claramente que no tenía práctica.
―Nos hiciste esperar media hora― Se quejó Johan.
―Lo que sucede es que hubo un problema en la cocina pero ya está solucionado ―Dice Candy suavemente.
―Haber, te ayudo ―Dice Neal tomando el platillo que Candy tenía en la mano derecha.
―Gracias ―Agradece forzando una sonrisa.
―Te ayudo ―Dice Johan con mofa y pasándolo a su novia― También soy un caballero ¿No, mi Bella?
Candy sintiéndose intimidada se acerca a la pelirroja que se apoyaba en Neal y le coloco el platillo restante frente a ella. Neal mira el plato de su pareja y suspira.
―Esto no es lo que te pedí.
―Te dije que no me gustaba el queso roqueford ―Reclama Johan mirando su platillo.
―Mmh el mío si está bien, tengo hambre ―Dijo Bella restándole importancia y empezando a tomar el tenedor para comer.
Un silencio incomodo se formó antes de que Fiorella se levantara del asiento fingiendo indignación.
―¿No puedes traer la orden como te pedimos?
La rubia s asusto al ver la reacción de la pelirroja quien al no obtener respuesta y se dirigió hacia al administrador quien pasaba por ahí. Neal solo pudo quedarse quieto, la pelirroja podía enojarse aún más si el intervenía y George estaba ahí, Candy se estaba escondiendo.
Luego de unos segundos la pelirroja volvió con el administrador quien no parecía muy feliz.
―Candice, tienes diez minutos para dejar tu uniforme y salir de mi restaurante ―Dijo con voz severa― hiciste enfadar a mis clientes y no te quiero en mi restaurante.
La rubia solo asintió y se dirigió a la cocina, Neal se sorprendió que lo haya aceptado así nada más, sabía que cuando Candy consideraba algo injusto luchaba, pero esta vez acepto que no tenía oportunidad de ganar sin siquiera intentar defenderse,
―Lamento lo ocurrido, la contrataron sin mi consentimiento, no voy a cobrarles la cuenta, así que pidan lo que quieran ―Menciono el administrador amablemente antes de retirarse.
Neal se quedó en silencio al observar a Candy con un sencillo vestido y el cabello atado en una coleta fuera del restaurante. Pensó que lo más probable era que haya salido por la parte trasera del restaurante.
―¿Pasa algo? ―Pregunta Fiorella.
―Voy al auto, olvide algo ―Murmuro Neal antes de salir ante la mirada extrañada de los pelirrojos. La encontró caminando en el estacionamiento, así que acelero el paso para alcanzarla. Candy se sorprendió al verlo frente a él.
―¿Que hacías trabajando ahí?
―Te dije que te alejes de mi ―Neal miro a Candy asombrado, noto que las lágrimas amenazaban con salir― ¿No tienes algo que hacer? ¡Vuelve a tu cita!
―Estas escondiéndote de los Andley, pero estabas trabajando en un restaurante que frecuentas ―Dijo y el rostro de la rubia empezaba a mostrar enfado.
―No tengo porque contarte ―Dice Candy agachando la mirada, inconscientemente se abrazó a sí misma, Neal lo noto y se quitó el saco, se lo puso en los hombros antes de que Candy protestara.
―No necesito eso.
―Tienes frio ―Murmuro el moreno― Mi auto está cerca, te llevo mientras me explicas todo.
―Ya te dije, que no tengo porque contarte ―Replico molesta, pero no tenía fuerzas, solo se dejó guiar hacia el coche por temor a desmayarse por todas las emociones del día. El coche avanzo silenciosamente, Neal trataba de encontrar el modo de que le cuente y ella, sin ninguna expresión en su rostro pensaba, que, porque de todas las personas tenía que encontrarse a él, el hombre que la embarazo. Candy le dio las indicaciones de donde vivía y cuando ella iba a bajar la detuvo.
―Este hotel es peligroso ―Menciono.
―Solo estoy viviendo aquí por unos días.
―No creo que debas vivir sola aquí.
―Yo decido donde vivir ―Respondió molesta.
―En esta calle venden drogas, Candy ―Menciono Neal como si nada― Me sorprende que sigas en una pieza puesto que en ese hotel, pasan cosas que no quieres saber.
―Solo lo dices para asustarme ―Candy se detuvo porque un escalofrió le recorrió el cuerpo y Neal suspiro, cansado.
―Saca tus cosas.
―¿Qué?
―Arreglaremos tu situación ―Dijo sin mirarla― El departamento de una amiga esta vacío, es seguro y discreto.
―No gracias ―Dijo Candy rápidamente― No puedo aceptarlo.
―¿Porque? ―Mascullo Neal conteniéndose de no perder la paciencia― Este lugar es peligroso y te estoy ofreciendo un sitio seguro ―Candy iba a decir algo pero Neal le interrumpió rápidamente― Ella vive ahora con su prometido, así que esta vacío, si quieres puedes rentarlo, hablare con ella.
Candy escucho lo escucho atentamente, no tenía mucho dinero y lo más sensato sería aceptar, de hecho si había visto algunas cosas que no le gustaron y prefería irse cuanto antes.
―Si me lo rentara, está bien ―Acepto la rubia.
―Te espero.
Candy asintió y salió del vehículo para sacar sus cosas. Se sentía enfadado, era tan difícil hablar con ella, siempre estaba a la defensiva. ¿Sería posible que Candy sea tan tonta de contárselo a William? El moreno negó con la cabeza, aun si fuera así dudaba que el la haya echado, no solo porque a pesar que lo negara, sabía que era demasiado bueno, también porque sabía que los Andley no lo permitirían y no por Candy, sino por el que dirán de sus amistades, pero entonces no entendía porque estuvo de mesera y vivía en ese hotel. A los pocos minutos Candy salió con una maleta muy ligera y Neal condujo de nuevo al restaurante.
―Me parece... o estamos volviendo al restaurante ―Candy rompió el silencio incómodo.
―Sí, mi amiga tiene las llaves del departamento ―Dijo Neal con voz neutra.
―¿Tu novia? ―Pregunto Candy incomoda.
―La prometida de mi amigo ―Respondió estacionando el auto.
―Pero... no creo que quiera.
―No te preocupes, no es mala persona ―Dijo Neal. Detuvo el coche frente al gran edificio― Se lo explicare, solo quédate aquí.
Abrió la puerta del vehículo y bajo de prisa. Se encontraba muy nervioso de como explicárselo a sus amigos y a Fiorella. · Ella tenía que entenderlo, no podía dejar a Candy sola cuando podía haber sido su culpa de que se encuentre en esta situación. A lo mejor si se lo explicaba ella podía entender, solo tenía que explicarle de la manera más tranquila lo que había pasado, desde luego podía omitir lo de la noche de máscaras, después de todo con Candy no iba a pasar nada, pero a la vez sentía que no quería mentirle, ella misma dijo que no quería pasar por esa situación. Volvió al restaurante para verificar si los pelirrojos se habían ido, pero seguían ahí. Cuando se acerco pudo ver que Fiorella no estaba nada feliz.
―¿Y a que volviste al auto? ―Pregunto con semblante serio.
Pero no pudo decir nada y ella sonrió.
―No puedes negarlo, verdad ―Dijo Fiorella con mirada seria― Eres peor que este tipo ―Menciono señalando al pelirrojo― Esta es la peor cita que he tenido, vete al demonio.
Dicho esto se levantó y camino a paso rápido hacia la puerta del restaurante, la pelirroja de ojos azules sintió que debía seguirla, así que cogió su cartera.
―Te pasaste, Neal ―Le reprocho Bella― No debiste seguir a la mesera ¿De dónde la conoces?... ya hablaremos luego, debo seguirla.
―Necesito que me prestes las llaves del departamento ―Pidió Neal en voz baja.
―¿Qué? ¿Porque?
―Por favor, te lo explicare mañana.
Bella dudo un segundo, tenía la sospecha de para que lo quería, pero lo conocía, así que reviso su cartera hasta que encontró una llave y se la dio en la mano.
―Esta es la copia de ella ―Dijo Bella antes de ir tras la pelirroja.
―¿Enserio corriste tras la mesera? ―Dijo Johan divertido― Mi prima estaba que se moría de rabia.
―Llévalas a la mansión, te contare luego
―¿A mi también? ―Dijo sorprendido.
Johan decidió hacerle caso porque Neal parecía realmente preocupado. Tras unos minutos salió del restaurante y llego al estacionamiento donde Candy estaba esperándolo, en silencio encendió el auto y empezó a conducir en dirección al departamento.
―Tu novia paso frente al auto ―Menciono Candy incomoda― Estaba muy enojada.
―¿Te dijo algo?
―No, solo me reconoció, pero siguió caminando.
Candy escucho el suspiro de amargura de Neal, pero decidió no decir nada más. Neal se maldijo por el mal rato que le hizo pasar a la pelirroja, claro que no debió acercarse mientras estaba en una cita y su prioridad debió ser ella, pero que podía hacer, Candy estaba ahí actuando de manera sospechosa, no podía dejarla sola ahora. Sabía que Fiorella era muy orgullosa y estaba seguro que no iba a perdonar esto, pretendientes no le faltaban así que porque tolerar algo así.
Candy también estaba perdida en sus pensamientos, debió haberse negado pero accedió, se había intimidado cuando le dijo eso, antes era más temeraria, pero había estado tanto tiempo encerrada que tal vez perdió ¿Valor? Tal vez porque antes era más joven, pero ahora, ella iba a traer una vida a este mundo y no quería arriesgarse a ponerse en peligro. Subieron el departamento en silencio, donde una mujer con edad avanzada saludo a Neal como si lo conociera hace mucho y llegaron a la puerta diecisiete, segundo piso.
―Por aquí ―Indico Neal abriendo la puerta. La rubia entro recelosa y se quedó en la sala por un momento, como Neal se lo pidió.
Era un espacioso pero sencillo departamento, con paredes blancas y pocos adornos, tenía un par de habitaciones de igual tamaño, una cocina pequeña y la sala de estar. Nadie pensaría que Bella Setti la hija de alguien poderoso vivió ahí, pero así lo hizo, pues siempre fue así.
El moreno entro a la habitación de la izquierda para cerciorarse que todo esté en orden, el departamento estaba limpio pues la casera lo limpiaba una vez a la semana a pesar de que no esté habitado. Luego de eso volvió a la pequeña sala de estar.
―Usa el cuarto de la izquierda, el de la derecha es de Bella y bueno, sus cosas siguen ahí ―Indica Neal― Este está desocupado, puedes usar desde los cajones hasta la cocina.
―Está bien ―Dijo Candy, entro a la habitación y dejo su maleta allí, Neal se había sentado en la sala esperando a que ella salga, cuando regreso ella se sentó en un sofá cercano― ¿Y tu amiga no le molestara que me quede aquí?
―Como te dije, vive con su prometido, no necesita el departamento.
Candy se quedó en silencio pensando en si decirle o no.
―No tienes que decirme nada ―Le recordó Neal en voz baja― Entiendo tus motivos para no hacerlo, no entiendo porque te escondes o porque trabajabas en ese restaurante, pero este departamento es seguro, quédate todo el tiempo que sea necesario, hasta que puedas arreglar tus problemas.
Candy asintió nada más, prefiriendo callar. Sus problemas no se iban a arreglar, no quería contarle sus problemas, no quería su ayuda, pero por otro lado, él estaba involucrado en esto también ¿Podía confiar en él? ¿Tenía derecho a saberlo?
―Le dije lo que paso en el baile de máscaras ―Murmuro por lo bajo― Y por supuesto, se molestó.
Ya había pensado en eso, era lo más lógico.
―Se me hace difícil creer que te echara por eso...
―Fue a buscarte luego de que le dije ―Le interrumpió la ojiverde.
Neal pareció sorprendido al escuchar esto.
―No volví a casa hace varios días ―Menciono Neal.
―Elisa va a matarme ―Pensó.
El moreno observo la mirada triste de Candy y quiso tocar su mano, involuntariamente coloco la palma de su mano sobre el dorso de la de la rubia y ella sintió el calor de su mano.
―Candy ―Dijo mirándola con expresión triste― Lo siento en verdad, nunca quise que pasara esto, sé que siempre te hice daño, pero esta vez te juro que no quise hacerlo.
Ella solo se quedó callada mirando su expresión.
―Hablare con William y volverán a estar juntos.
―¿Qué quieres decir?
―Le diré que me aproveche de ti, que estabas ebria y te engañe, si le dijo eso va a regresar contigo.
―No me forzaste, habíamos bebido ―Dijo Candy agachando la mirada― Y tendrías problemas ¿verdad? ¿Porque le dirías eso?
―Porque quiero que seas feliz, Candy ―Le respondió mirándola con remordimiento. Y ella sintió que hablaba enserio, lo sintió en el alma. El moreno la miro desconcertado, claro que siempre quiso su felicidad, por eso se alejó cuando se enteró que se casaría, porque siempre fue motivo de su desdicha y ella sería feliz si se alejaba para siempre, iba a ser la esposa de William Andley, que mayor felicidad que esa, iba a poder tener todo lo que quisiera y sobretodo estar alejada de él.
―Albert no me echo ―Dudaba en decirle― Yo me fui.
―¿Porque? ―Pregunto sorprendido y Candy lo miro tensa sin saber cómo decirlo. Pero respiro hondo antes de hablar.
―Estoy embarazada.
Neal abrió los ojos, sorprendidos pensando que no había escuchado bien, pero no quería parecer tonto preguntando algo así. La mirada de la rubia lo observaba con un poco de pena.
―¿Es mío?
Ella agacha la mirada y asiente, sin poder evitarlo el moreno se lleva una mano para tocarse la cien, respirando con fuerza evitando exaltarse. Se quedó sin habla tratando de asimilar eso, tenía demasiadas emociones, remordimiento, temor y sobretodo, odio, odio a sí mismo. Y Candy sintió que debía continuar.
―Me di cuenta cuando tenía tres semanas y Albert había vuelto hace un par de días ―Le explico y se apresuró a continuar cuando vio su expresión desesperada― Yo no le conté lo que paso porque solo traería problemas para todos, pero cuando me di cuenta, no podía quedarme ahí... sé que todos van a rechazarme y no quería que crezca como... el ilegitimo... o que me lo quiten.
El consejo no perimiría un hijo fuera del matrimonio ―Estuvo de acuerdo Neal― Pero también podías convencer a William.
―Es que se lo estaba contando ―Continuo Candy ansiosa― Pero se puso furioso cuando le comencé a contar... salió a buscarte y me... me dio miedo, no pude decirle que estaba embarazada, no pude... ahora está en Europa.
Quería preguntarle como hizo para llegar a todo esto, era imposible que un hombre celoso deje a su esposa así, nada más, pero Candy ya estaba muy tensa y el también se moría de ganas de irse y estar solo.
―No tienes que preocuparte por mí ―Le aseguro aparentando calma― Estoy aquí por mi hijo, continua con tu vida normal, esto no tiene nada que ver contigo.
―Esto es un hijo ―Dijo, entrecerrando los ojos― Y también es mío.
―No lo es ―Negó Candy con voz firme― Solo es mío.
―Está bien ―Acepto― No voy a interferir, pero si lo que quieres es esconderte, procura no llamar la atención, ya sabes, no trabajes en lugares públicos y menos los lugares que frecuentas los Andley y conocidos.
Se preguntó si Candy sabia los lugares que frecuentaban las amistades de los Andley, era la señora Andley después de todo, debería saberlo.
―Lo sé ―Contesto Candy con pena― Estoy trabajando en la clínica feliz, solo conseguí ese trabajo por esa noche, porque una mesera se lastimo y busco un reemplazo.
―No deberías trabajar en tu estado...
―Estoy embarazada, no invalida ―Interrumpió Candy.
Neal asintió sin expresión aunque quiso sonreír, era la misma Candy, con la misma fuerza. Pero en realidad sonrió porque le gustaba eso, que una chica luche y quiera hacerlo por si sola. Tomo la mano de Candy, le dio la llave y lo cerró en un puño.
―Tengo que irme ―Murmuro― Buenas noches.
Sin esperar respuesta salió de la habitación dejándola sola sintiendo la llave que le dejo, sus mejillas enrojecieron al recordar el calor de su mano cuando cerro su mano en un puño con la llave.
Al salir del departamento, se dirigió al de al lado y toco el timbre, en menos de un minuto una joven morena en pijama estaba frente a él.
―Amigo ¿Qué haces aquí?
Neal le explico rápidamente lo que sucedió y ella asintió, entonces, arreglado ese asunto, bajo las escaleras practicamente corriendo, no sabía cómo manejar esta desesperación, sentía que se merecía que un auto lo aplaste en ese momento. Candy estaba pasando por un mal momento, de nuevo, por su culpa. De momento a otro, empieza a llover así que se sube a su auto y acelera. Logro calmarse en unos minutos haciendo ejercicios de respiración, no era normal lo que sucedido con la rubia, pero ya estaba hecho y vería como ayudarla, si para él era difícil para ella lo sería aún más, al menos debía mantenerse cuerdo para poder ayudar a Candy.
Por otro lado, Elisa iba a matarlo, no se había comunicado con ella hace varios días a pesar de que antes lo hacía. Y ahí ve a un hombre en una esquina de la calle, con el rostro y traje mojado por la lluvia, esperando a un coche que probablemente no vendría, por lo tarde y por el clima.
―¿Lee? ―Llamo Neal.
El asiático trato de reconocerlo mientras Neal se estacionaba frente a él.
―Buenas noches ―Musito en voz baja.
―Sube ―Mascullo.
―Pero, no es necesario ―Murmuro incómodo.
―No digas tonterías y sube ―Prácticamente ordeno, Lee asintió y coloco un par de maletas en los asientos traseros antes de sentarse en el asiento del copiloto― Andando, Elisa y Luke te están esperando.
¡Hola!... Siento la demora pero aquí está el capítulo, luego del examen me bloquee y no pude escribir más. Pero ya nada xD Gracias por los comentarios, trate de subirlo antes de acabar marzo pero enserio estaba bloqueada, no sé si a alguien más le ha pasado.
También he notado que hay un problema con los capítulos, algunas palabras se cambian y no sé por qué, pero todo seguirá igual, lo único que quiero arreglar es que Fiorella Rousset tiene dieciocho, no veinte.
Si te gusto déjame un comentario si tienes alguna duda, sugerencia, critica o lo que sea xD Acepto todo, menos comentarios ofensivos uwu aunque no hay ninguno. Tratare de actualizar lo más rápido que pueda. Nos leemos pronto.
