Capítulo 13: Un poco más cerca
Lo primero que notaron los hermanos Leagan al entrar al amplio estudio con cámaras fue que la socia ya se encontraba junto con Johan.
―Buenas tardes, Donna ―Saludo Elisa.
―Todo esta listo, cheri ―Dijo la socia con voz alegre
―¿El fotógrafo? ―Pregunto Elisa y la socia negó con la cabeza― ¿El maquillaje? ―Volvió a preguntar y ella solo volvió a negar con expresión preocupada, así que Elisa volvió a intentar con voz más amarga obteniendo solo negativas― ¿La modelo principal? ¿Las otras están cambiadas? Demonios, porque tengo que hacer todo yo― Mascullo antes de alejarse para dar indicaciones.
―Que genio, el de tu hermanita ―Comenta el pelirrojo abrazando a la castaña y robándole un beso rápidamente― Como va a hablarle así a mi hermosa francesa.
―Tardaron mucho, cher ―Dijo la socia sonriendo.
―Tengan cuidado con lo que hacen, hay gente ―Murmuro Neal.
―Bien, bien ―Dijo divertida― Anda, cher, sonríe un poco o la enana también se llevó tu sentido del humor.
Neal sonrió falsamente antes de alejarse de ellos.
―¿Dije algo malo?
―No lo creo ―Dice el pelirrojo.
Neal volvió al lado de Elisa y noto como ella podía manejar todo sola, llego la pelirroja vestida de blanco y el cabello lacio suelto. Neal la saludo con un beso en la mejilla y ella se mostró amable, ya habían hablado y quedaron como amigos, porque de todas formas su familia era muy cercana a él y se verían mas adelante. Elisa empezó a hablar con la socia de Neal, ambas miraban a Fiorella como si de un adorno se tratara, ella prefirió callar y mostrar su mejor sonrisa.
―¿No te lo dije? Su rostro es muy armonioso, es perfecta ―Dijo Elisa.
―El blanco es un color muy hermoso, significa pureza ―Comento la socia observando el bello vestido que llevaba.
―Pero mi primita no tiene nada de eso ―Dijo Johan recibiendo una mirada asesina de la pelirroja.
―Creo que los aretes de esmeralda le irán bien con sus ojazos verdes ―Comenta Neal y la pelirroja fuerza una sonrisa. Luego de esto Elisa indico al fotógrafo cuando tomar las fotos, entonces una traviesa sonrisa se le formo a Elisa, ella se acercó a Neal y le susurro algo al oído.
―Elisa... ―Dijo en tono serio.
―Te prometo que solo será una, es para la última página.
Neal no pudo objetar porque el tiempo se acababa, así que se limitó a hacer rápidamente lo que su hermana quería, Elisa le indico que mirara a la pelirroja mientras ella sujetaba su rostro con ambas manos mirándolo intensamente, por poco pudo liberarse al argumentar que se vería mal ante los ojos de los socios y de la gente rica pero Elisa al parecer ya lo tenía preparado y contraataco diciéndole que solo era publicidad. Cuando acabo la sesión, la pelirroja le sonrió y le pidió que la llamen para trabajo más adelante. Elisa terminaría la sesión con la socia y él se acercó a un rincón del salón al reconocer a Candy.
―No tenías que venir ―Mascullo Neal― Cris se quedara un par de horas más, aun no acaba la sesión.
―Tengo que hablar contigo, Neal ―Dijo Candy.
―Bien, vamos.
Y con esto, Candy se retiró seguida por Neal un poco alejado de ella. La rubia noto esto, pero supuso que aún no le había dicho a su hermana, caminaron un poco hasta llegar a un banco de un pequeño parque cercano para hablar mejor antes de dirigirse al auto.
―Vi a Annie ―Dijo finalmente.
―¿Que tanto sabe?
―No lo sé, solo me vio con Stephan mientras lo paseaba en el coche, no pude acercarme a ella porque estaba en el auto con George pero por su mirada sé que ya sabe de quién es ese niño.
―¿Tú crees que ella está enojada porque llevaste al bebe de Cris? ―Inquirió.
―No te hagas ―Candy sonrió débilmente― Se enojó porque sabe que soy amiga de Cris.
Neal sonrió al ver la reacción de Candy, al parecer le había hecho un poco de gracia su pregunta aunque esta no fue su intención. Pero estaba bien, ella estaba haciendo un esfuerzo por llevarse bien, de todas formas en Florida se verán la cara todos los días, llevarse mal no serviría de nada.
―Escribe una carta.
―¿Qué? ―Pregunto Candy.
―Para Annie, explícale todo lo que quieras, yo se la daré a Daisy para que se la entregue a su debido tiempo ―Se esforzó por ser amable pese a que no estaba de ánimo, pero ella había ido a buscarlo, lo mínimo que podía hacer era intentarlo.
―¿Enserio harías eso? ―Parecía sorprendida.
―Claro que si ―Respondió Neal con una ligera sonrisa que le contagio a Candy.
―¿Y ahora porque sonríes?
―Nada solo recordé algo.
―Pero cuéntame ―Insistió Candy con voz suave.
―Como sea, vamos, Candy ―Neal al ver que la rubia no quería avanzar hasta que hable le paso uno de sus brazos por sus hombros para hacerla caminar.
―Que estarás pensando que no me quieres decir ―Murmuro Candy y lo aparto con un ligero codazo en el estómago.
―Vamos ―Dijo Neal divertido, Candy resoplo antes de seguirle el paso.
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Cuando acabo la sesión, Elisa noto que su hermano ya había escapado. Se extrañó al ver que no había ninguna cercanía entre Fiorella y Neal mas que incomodidad pero estaba segura que Candy tenía que ver, aunque él se lo negara. El único que podía hacerle olvidar estos problemas, que por cierto no tenían que ver con ella, era su esposo, su sonrisa y su manera de tratarla le hacían sentir bien.
Caminaban tomados de la mano mirando tiendas en la ciudad de Chicago.
―Hace mucho que no paseamos, es como una cita ―Comento Elisa― Te acuerdas cuando paseábamos por el parque cuando regresabas del trabajo.
―Extraño eso ―Lee sonrió, recordando que llegaba agotado de trabajar pero aun así insistía en pasear con su esposa a solas en la noche.
―Mira Lee ―Dijo Elisa con felicidad notable en su rostro al observar una tienda con un sombrero muy lindo.
―Se verá bien en ti ―Comento Lee divertido― Te espero aquí, no te demores mucho.
―Sí, sí, lo prometo ―Dijo Elisa rápidamente antes de entrar a la tienda. El joven solo suspiro al ver en su reloj que habían pasado veinte minutos.
―Lee ―Dijo una voz femenina. El joven asiático volteo para encontrarse con una mujer bajita con rasgos orientales.
―¿Jo? Cuanto tiempo ―Dice Lee al reconocerla, ella quiso darle un abrazo a su amigo pero este se alejó con una ligera sonrisa- ¿Cómo estás?
―Bah, solo unos meses, necesito contarte algo ―Ella sonrió.
―Vine con Elisa, esta probándose un vestido en la tienda, claro, tenemos todo el tiempo del mundo ―Dice divertido.
―¿Qué haces aquí?
Ambos voltean para encontrarse con Elisa muy seria con una bolsa en la mano.
―Elisa, que alegría volver a verte ―Le interrumpió Jo con una sonrisa maliciosa― Bueno, le quería contar a tu esposo de lo que hablamos.
―¿Ya se habían visto? ―Pregunto extrañado.
―Sí, Lee, de eso quería hablarte ―Empezó de nuevo la asiática.
―Así es, nos encontramos antes ―Elisa forzó una sonrisa― Pero bueno, amor, guarda la bolsa mientras hablo con Jo.
Lee asintió y tomo la bolsa que su esposa llevaba.
―Me alegra que estés bien, Jo ―Dijo antes de girar hacia el auto a unos metros.
―Que le ibas a decir a mi esposo, rata ―Mascullo Elisa cuando estuvo segura que su esposo se encontraba lejos.
―Nada, si me das una buena cantidad de nuevo.
―No juegues conmigo, ya te di mucho dinero.
―Lo harás ―Afirmo Jo― Si no le diré a tu esposo y quien sabe, también a la prensa, al parecer tienes muchas entrevistas últimamente.
―Si lo haces vas a cavar tu propia tumba, tú no sabes de lo que soy capaz de hacer ―Amenazo con una expresión encolerizada en el rostro.
Jo sonrió y antes de que Elisa reaccionara corrió hacia Lee, quien acabo de cerrar la puerta del auto.
―Lee tu esposa me acaba de amenazar ―Dijo con una expresión temerosa― Dice que es capaz de matarme si vuelvo a aparecerme delante de ustedes, ella se avergüenza de mí y es capaz de todo.
Lee la miro confuso antes de que Elisa corriera a su lado.
―Lo que sea que te diga, está mintiendo ―Aseguro Elisa mirándola con desprecio.
―Jo, no digas eso, Elisa no es capaz de amenazar a alguien…
―Abre los ojos, Lee ―Dijo con voz seria― Sabes cómo es ella, lo sabes.
―Jo, no sigas por favor.
―Ya vete, no dejare que causes problemas con mi esposo ―Dijo Elisa conteniendo lo mejor que pudo su rabia. La asiatica le sonrió maliciosamente antes de asentir y girar en dirección contraria a ellos. La castaña se calmó solo cuando la vio girar la calle, pero la expresión de su esposo aún era neutra.
―Tu... no crees que le dije eso ¿No?
―Si lo dijiste, porque te conozco, porque sé que no te agrada Jo ―Responde Lee― Pero no creo que seas capaz de hacerlo ¿Verdad, amor?
Elisa se quedó petrificada sin saber que decirle y antes de que se dé cuenta los brazos de su esposo la rodeaban en un protector abrazo y le roba un corto beso.
―Llevamos casados siete años y aún no puedo creer que seas mi esposa ―Dice con voz suave.
―Qué cosas dices ―Murmuro Elisa rodeando su cuello con sus brazos.
―Cuando era niño, recuerdo que pasabas las vacaciones en Florida con tus padres y hermano... y yo te veía de lejos, me parecías una linda princesa, cuando se lo decía a mi padre él se burlaba de mí diciendo que eras una especie de niña demonio.
―Mi suegro, cuando no, tan adulador conmigo ―Dijo Elisa con sarcasmo.
―No lo puedes culpar ―Dice Lee juguetonamente acercándola más― Eras muy traviesa ¿O me lo vas a negar?
―Mmm… admito que a me gustaba jugarle bromas a los sirvientes junto a Neal.
Lee sonrió y acaricio el rostro de Elisa.
―Pensar que te convertirías en el amor de mi vida, que me ibas a mirar así algún día.
Elisa no puede evitar sonreír, su esposo siempre sacaba lo mejor de ella y por supuesto, le hacía olvidar cualquier problema.
―Te miro así porque te amo ―Dice Elisa mirando sus ojos rasgados― Estoy segura que antes lo hice también y en mi próxima vida te amare también.
―Espero que en la próxima el niño rico sea yo ―Dice un poco burlón.
―Me gusta cuando eres cariñoso conmigo.
―Volvamos a la mansión ―Sugiere mirándola con una sonrisa traviesa― Te mostrare lo cariñoso que puedo ser contigo.
Elisa sonrió y Lee le abrió la puerta del copiloto. Pero aun con la agradable conversación con su esposo en el auto, ella no puede evitar sentir un gran vacío en ella, que le estruja el corazón y solo quiere destruirlo, no le gusta sentir eso cuando se siente amenazada. Porque tenían que meterse con ella cuando solo quería paz. Mientras ve a su esposo dormido en la cama luego de beber una infusión caliente, llego a la conclusión de que debía hacer algo al respecto, no podía solo esperar a que Jo cumpla su amenaza, así que se amarra el cabello en una coleta.
―Lo siento, Lee ―Murmura― Lo hare por nosotros.
Lo mira por última vez antes de salir de la habitación y dirigirse a la cochera de la mansión, toma una de las llaves colgadas y se acercó a su auto.
―¿A dónde vas? ―La voz cerca de ella le hizo dar un brinco, pero al ver de quien se trataba volvió a su semblante serio.
―A la mansión Rousset.
―¿A ver a quién? ―Interrogo con voz fría.
―No seas impertinente, mayordomo.
―Me preocupas, nuera ―Dice Jang entrecerrando los ojos― Tú odias a los Rousset.
―No es verdad, además tengo amigas ahí.
―La señorita Bella y Fiorella se encuentran en la mansión por el almuerzo que el señor Neal organizo ―Le recordó Jang cruzando los brazos― ¿A qué vas?
Elisa gruño.
―Sabes que, enciende el auto, me acompañaras para que veas que no hago nada.
Se subieron al coche y Elisa miraba a través de la ventana esperando que el camino a la mansión vecina se realizara en silencio.
―Espero que no estés planeando algo que nos perjudique a todos ―Dice Jang conduciendo recibiendo un gruñido― Nada bueno sale cuando se te ocurre algo.
―Solo conduce quieres ―Masculla Elisa.
―Ni se te ocurra hacer negocios con ellos ―Le advierte, en tono neutral― Lee estarí― muy decepcionado de ti.
―Solo hare una visita, nada más, por dios ―Elisa entrecerró los ojos con enfado.
―¿Y mi hijo sabe de esa visita? Porque apenas llegaron lo hiciste dormir con las hierbas de Ruth.
―Él estaba cansado y necesitaba dormir.
―¿Y aprovechas para salir?
―Mira, suegro ―Dijo con aparente calma― Yo nunca le escondería nada a Lee, lo amo.
Jang la vio de reojo sin dejar de conducir, viendo el rostro sonrojado de Elisa, posiblemente por las provocaciones.
―Sé qué crees que causo problemas, que Lee merece una tonta y simple esposa y no una niña rica, pero yo solo hago lo que es mejor para mi familia, mira, Luke será el heredero, Lee y yo estaremos felices de ver a nuestro hijo triunfar en la vida y hasta tu estas mejor aquí que trabajando en una fábrica, lo hago por la familia.
―No, lo haces por ti misma ―Murmuro Jang― Además olvidaste mencionar a alguien en tu lista de favoritos.
Elisa lo miro negando con la cabeza.
―Mi hermano no necesita que haga algo por él, es feliz, no tuvo que pasar lo que pasamos nosotros.
―¿Y acaso fue feliz cuando lo dejaste para casarte con mi hijo? O cuando lo alejaron de...
El mayordomo se calló al ver que la altiva mirada de Elisa decayó y fue incapaz de mirarlo a los ojos.
Claro que a ella tampoco le hizo feliz dejar a su hermano solo luego de la muerte de sus padres, pero en ese momento ella estaba pasando por el peor momento de su vida y querida alejarse de todo, Lee era su ángel, la salvo y le dijo que la amaba. Ella sabía que su hermano seria socio de los Rousset y que llegaría lejos, pero ella no podía estar cerca de ellos, en especial del pelirrojo que tenía un cierto parecido con su padre, aunque no le agradaba ninguno de los hombres que vinieran de esa familia. Pero claro eso era algo que su suegro no sabía, para el solo era una mujer ambiciosa y sin escrúpulos, y puede que no se equivocara después de todo... pero ella amaba a su familia, a Lee, a su hijo, a su hermano y aunque lo negara no dejaría que algo le pase a su suegro, tal vez porque eso pondría triste a Luke y Lee, pero igual. Jang detuvo el coche al llegar frente a la mansión Rousset.
―Nuera, no debí decir eso, lo siento ―Murmuro.
―Pero siempre lo haces, pero da igual, no me ofendes ―Elisa tomo su bolso, caminando hacia la puerta con prisa, pues aprovecharía la culpabilidad de su suegro para ingresar a la mansión sin él, así sería más fácil todo. Una criada la recibe con una sonrisa agradable.
―Busco al señor Franco.
―Espere aquí, señorita.
―Señora ―Corrige sin expresión.
En menos de dos minutos, un atractivo hombre con gafas se acercó a ella con una sonrisa arrogante.
―Mi amor, que sorpresa que me busques ―Dice el castaño con gafas― Sigues tan hermosa como siempre.
―Y tu tan molesto como siempre ―Mascullo Elisa― Y quitame eso de mi amor.
―Vamos a mi despacho.
Elisa lo siguió silenciosamente, se encontró sentada frente a él bebiendo un vino caro, probablemente para impresionarla.
―Mi amor, es una lástima que estés casada, porque sigues tan bonita como la primera vez que te vi en la inauguración de tu joyería.
―Deja las cursilerías ―Pide Elisa fastidiada― Yo vine a hablar de negocios, uno de tus trabajitos, quiero que incendies un local en chicago ¿Cuánto me va a costar la gracia?
―Depende ―Responde Franco con una sonrisa― Son precios muy elevados que puedes pagar, pero una noche contigo seria todo.
―Mira, burro con anteojos, no juegues conmigo.
―Treinta mil, si en un lugar muy público.
―Es una vieja fábrica, tienen más dinero ahí y nuevas máquinas, te voy a dar el doble pero vas a hacer un buen trabajo, no quiero que nada se salve, ni una sola máquina.
―¿Y quién te ha hecho enfadar tanto para que decidas hacer algo así?
Elisa bebió un poco de vino antes de contestar.
―No seas imbécil ―Dice Elisa ante la mirada burlona del sujeto― Coopera, rey de los sicarios, escucha atentamente porque solo lo explicare una vez.
Franco asintió fascinado por la castaña. Cuando la conoció pensó que era una chica tímida, necesitaba una prometida para tener más control que Johan, la quería a ella pero al poco tiempo desapareció y cuando pregunto por ella, Neal le dijo que se había casado. Iba a buscar otra chica pero pronto se dio cuenta que su primo político no planeaba casarse pronto, así que el tampoco. Al poco rato despertó de su ensueño y noto que Elisa seguía dándole instrucciones así que empezó a asentir y sonreír.
―No habrá nadie a esa hora, este es el plano y la dirección ―Continuo Elisa abriendo un plano y señalando con su dedo― La caja fuerte esta de este lado, si te lo llevas no importa, pero que sea rápido, las maquinas están por aquí y tus cómplices pueden escapar por la puerta número nueve, es la que lleva al callejón oscuro para que se pierdan sin dejar rastro.
―¿Conoces ese lugar, mi amor?
―Señora Elisa para ti ―Dice con molestia enseñando su mano con sortija― Cuando se te meterá en la cabeza.
―Me encanta cuando me hablas así.
―¿Crees que tu malogrado cerebro pueda guardar esta información?
―Confía en mí, querida ―Pide divertido― ¿Cuando salimos a cenar?
―Jamás me metería con un tipo como tú ―Dice Elisa sonriendo ligeramente― No eres como mi Lee.
―Está bien, mi amor ―Dijo Franco en voz baja ganándose un gruñido de Elisa.
―Veo que estas muy vengativa, porque mejor no me dices nombre y apellido y los mando al cielo.
―Eso no te importa, Franco ―Elisa lo mira fastidiada― En fin, ya me voy, necesito que lo hagas esta noche.
―Como digas, mi amor.
Elisa puso los ojos en blanco antes de salir y el dejo escapar una risa, hablar con Elisa Leagan siempre le ponía de buen humor..
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Neal se encontraba en su despacho, sentado en su escritorio con papeles frente a él, pero solo podía pensar en que ayer por fin tuvo lo más parecido a una cita con Candy. Por supuesto, solo fue una simple conversación, un paseo por un parque antes de llevarla al departamento, pero sintió que por un momento solo estaban ambos, sin pasado, ni problemas, podía tener una oportunidad con ella si iba con cuidado, sabía que era una locura pensar que Candy podía volver a ser como lo fue esa noche y que aceptara quedarse con él y criar juntos al niño. Ya no iban a haber copas de más pero al menos tenía que intentar llegar a su corazón, claro, ella se lo prohibió, y el también a sí mismo, tenía tanto miedo de hacerlo, así que por ahora podía conformarse con su compañía, esforzarse por cultivar una amistad y tal vez más adelante esta se convierta en amor. Ya había aprendido que ir tan rápido no es bueno, esta vez no lo haría. El sonido del teléfono lo saca de sus pensamientos.
―¿Neal?
―Que quieres, Johan ―Mascullo Neal.
―Ven a la mansión ―Dijo el pelirrojo en voz baja― Un conde está interesado en tu flor salvaje.
―Ya no importa, quedamos como amigos ―Dijo Neal, restándole importancia.
―¿Te gusta sufrir no? ―Pregunto con sarcasmo.
―Y a ti fastidiar ―Gruño y colgó. Lo había sacado de sus pensamientos y aún tenía que terminar sus pendientes, pues se iría pronto a Florida.
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Solo era una pequeña reunión en la mansion Rousset, no había ni veinte personas sin contar a los anfitriones. Bella negó con la cabeza divertida al ver que el heredero de un conde coqueteaba con Fiorella, que tenía una sonrisa risueña, de hecho, nunca la había visto sonreír así lo cual la extraño, pero dejando eso de lado, ya llevaba buscando un buen rato a su prometido, entonces una de las sirvientas se acercó.
―¿Busca al señor?
―Así es ¿Lo has visto? -Pregunto Bella.
―Lo vi entrar a la tercera habitación de invitados ―Contesta la joven en voz baja.
La pelirroja de ojos azules asintió agradecida. Sabía que la socia se había quedado a dormir ahí, tal vez Johan la fue a buscar, así que se dirigió hacia la habitación, pero se quedó atónita al verlos a ambos besándose, el pelirrojo encima de ella sin camisa, la francesa se levantó de la cama al verla y Johan vio sus ojos vidriosos sin saber que decir. La pelirroja con ganas de gritarle y golpearlo respiro hondo, se aguantó las ganas de matarlo ahí mismo y salió de la habitación hecha una furia.
―¿A quién le has dicho? Maldita sea.
―Yo no dije nada, te lo juro ―Dijo la castaña sobresaltada.
El pelirrojo se abotono como pudo la camisa, sin notar que se abotono mal y subió corriendo a la habitación de su prometida ante la mirada de los invitados. Cuando llego ella ya iba de salida con una maleta en la mano.
―Bella, déjame explicarte, ella se me tiro encima.
―Eras tú el que estaba encima, no soy tan idiota como crees, ahora quítate ―Masculla intentando bajar las escaleras.
El pelirrojo se arrodillo y le iba a abrazar las piernas pero ella fue más rápida y un segundo después ya se encontraba corriendo escaleras abajo con la maleta. Él se dio cuenta que la iba a perder para siempre así que bajo las escaleras gritando su nombre sin importar las miradas de los invitados en él. Poco importaba, así que salió desesperado al patio al ver que la pelirroja se estaba alejando en el auto de unos invitados, seguro convenciendo al chofer de llevarla. El solo pudo arrodillarse en el suelo al ver que el auto se alejaba sin saber qué hacer.
Dentro de la mansión la pelirroja de ojos verdes bebió su copa de lo más contenta.
―Te lo advertí, pobre y triste gusano, no te metas conmigo ―Pensó Fiorella con una sonrisa traviesa― Tú me provocas y yo te destruyo.
―Y cómo te decía, llevo tres años estudiando política ―Dijo el joven a su lado con voz ronca y la pelirroja despertó.
―Oh, que interesante.
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Mientras tanto, en la mansión Leagan, Elisa salió de su habitación y camino por los pasillos buscando a su dama de compañía, para su buena suerte se la encontró subiendo las escaleras.
―Estaba buscándote.
―Yo igual señora ―Dijo Ruth con una sonrisa― El señor Franco se encuentra abajo.
Elisa decidió hacerse la loca.
―¿Para qué me busca? ―Pregunto con voz neutra.
―Ni idea señora.
Elisa asiente y baja las escaleras, encontrándose con el castaño con gafas.
―Hola mi amor ―Dice Franco entrando con burla.
―Deja de hablarme así, no soy nada tuyo ―Dice Elisa molesta.
―Tu trabajo está terminado ―Comento orgulloso― Le metimos tanto fuego que no se va a salvar ni una cucaracha que este metida.
―Wau, bueno…. gracias, es más de lo que esperaba ―Dijo con sarcasmo.
―Veo que esperas poco de mi ―Dice Franco― Que no haría por ti.
―¿Perdón? ―Dijo Lee entrando y rodeando a Elisa con su brazo― Porque le hablas así a mi esposa.
―Lee… no te pongas así, el vino a hablar con Neal, él es uno de sus socios, Franco Ruiz, él es…
―Soy el hermano de la novia de Neal ―Dice Franco siguiéndole el juego― Solo estábamos bromeando ¿No, Elisa?
―Bueno, mi hermano seguro está en su despacho, pasa a esperarlo ―Dijo Elisa más calmada al ver que Lee estaba más tranquilo. Franco sonrió antes de entrar donde le indicaron.
―¿No ibas a buscar a Ruth? ―Pregunta Lee con semblante serio.
―¿Qué pasa? ¿Desconfías de mí? ―Pregunta Elisa burlonamente.
―No, claro que no, pero este tipo siempre estuvo ahí, detrás de ti.
―Es un tipo vulgar y sin gracia ―Dijo Elisa restándole importancia― Viene de familia, es un Rousset.
―Igual que la novia de Neal ―Comento divertido.
Elisa sonrió y tomo la mano de su esposo quien al parecer ya estaba tranquilo
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Neal sigue en su despacho ordenando sus asuntos cuando ve entrar a Franco.
―¿Y tú? ― Pregunta al verlo en su oficina.
―Bueno, vine a preguntarte que intenciones tienes con mi hermanita ―Dice con burla.
―Tenia las mejores ―Masculla.
―¿Tenias?
―Bueno, me entere de algo que prefiero no contarte por ahora, pero ahora eso es mi prioridad ―Intenta explicarse.
―¿Otra mujer?
―No creo que vinieras por ella ―Dijo Neal mirándolo con recelo― A ti no te importa la vida de Fiorella, de hecho te conviene que no se case.
Neal observo a Franco y sonrió.
―Si no te conociera bien pensaría que viniste por mi hermana.
―Siempre me gusto pero bueno, tiene marido.
Neal entrecerró los ojos sin saber que decir, no tenía idea de que hacia ahí, pero el mayordomo entro de improviso.
―La señorita Bella está aquí ―Anuncia Jang.
Y antes de que dé la orden, la pelirroja entro al despacho con una maleta en la mano.
―¿Qué sucedió? ¿Por qué estas así? ―Pregunta Neal al ver los ojos rojos de Bella.
―Johan me engañaba con la francesa ―Dijo Bella tratando de sonar tranquila― Yo los vi.
Neal suspiro.
―No tenía a donde ir, era muy tarde para llegar a Chicago por eso…
―Que dices, claro que puedes quedarte aquí ―Dice Neal.
Bella se limpió las lágrimas pues odiaba que la consolaran.
―¿Franco? ¿Qué haces aquí? ―Dijo extrañada por la presencia del joven con gafas.
―Vine a hablar con Neal…. Enserio mi primo es un idiota… ―Dice Franco mostrando su solidaridad― No le intentes perdonar.
―No, claro que no ―Dice Bella.
Franco la abrazo dejándola más calmada, ella correspondió el abrazo y suspiro― No creo que sea buena idea que te quedes aquí, Johan vendrá para mortificarte
-Tienes razón, no había pensado en eso…
―Te aseguro que no dejare que nadie te obligue a volver con él, puedes contar conmigo ―Dijo Franco mirándola con una ligera sonrisa.
―Gracias ―Dice Bella sorprendida pues era la primera vez que "su ex primo político" le decía algo así, él solo sonrió― Yo… siempre confié ciegamente en él y ese fue mi error, ¿Tu viste algo? ―Dijo mirando a Neal.
―No ―Musito el moreno― Pero creo que si lo hace una vez puede hacerlo siempre.
―Mejor me voy al departamento.
―Perfecto, yo te llevo ―Se ofreció el castaño con gafas.
―¿Estas segura? Es que recuerda que te lo pedí para que Candy viva ahí.
―No seré un problema, veré como irme a New York lo más rápido posible.
―Franco, alista el auto, hare una llamada antes de acompañarlos.
Franco asintió y tomo la mano de Bella para llevarla. Cuando los vio salir tomo el teléfono. Candy respondió.
―¿Candy?
―¿Qué pasa, Neal?
―Tengo un favor que pedirte.
―Ahora que.
―Te acuerdas de la dueña del departamento, ella está muy triste y va a vivir contigo unos dias.
―¿Qué? No me dijiste que pasaría esto...
―Es que algo grave le ocurrió ―Le comento en voz baja― Voy en camino y te explicare, solo te llame para no caerte de improviso, por favor, necesito que apoyes a Bella.
―Está bien -Dijo Candy encogiéndose de hombros, pues Neal no le había preguntado su opinión en ningún momento. La rubia suspiro antes de encender la luz nerviosa, no esperaba encontrarse con ella. Pero cuando llego supo que era una buena persona. Le conto que tuvo una relación con su novio desde los once años y que se comprometieron hace siete y este fue un golpe muy bajo, le agrado que la pelirroja no se dejara vencer y no se quedara en la cama llorando, solo estuvo con ella dos días pero le gusto haberla ayudado.
―Entonces esta noche me voy a New York y tu mañana te vas con Neal a Florida.
―Así es , me alegra haberte conocido, me agradas mucho ―Dijo Candy con una sonrisa ligera.
―Y tú a mí ―La pelirroja le devolvió la sonrisa― Siento la travesura del restaurante.
―Ni lo menciones ―Dijo Candy guiñándole el ojo― En fin, solo espero no haberle causado problemas a Neal con su novia.
―Fiore no es su novia ―Dijo Bella divertida
―¿Ah, no? ―Candy parecía sorprendida
―Solo fue una cita, aunque no salió nada bien.
―Prefiero no acordarme.
―Admite que es extraño, muchas coincidencias.
―¿Cómo cuáles?
―Bueno, en el baile de máscaras, fue por ella pero termino contigo y en la cita, termino contigo también, es extraño… ―Comento la pelirroja.
―Solo son coincidencias, ya no creo en esas cosas... créeme, tengo experiencias, pensando que es el destino, que todo estuvo planeado para conocer a tu príncipe, pero no es así, la realidad es diferente ―Dijo restándole importancia.
―Supongo que no existe el príncipe ―Dice Bella encogiéndose de hombros― Rayos, siento que he perdido tantos años al lado de alguien que me iba a ser infeliz.
―Pero al menos ahora lo sabes... hubiera sido peor si se casaban.
Candy no pudo sonreír al ver la expresión de la pelirroja, era una mescla de dolor y culpa.
―Lo peor es que mi mejor amiga me advirtió ―Musito Bella agachando la mirada― Ella me advirtió y no le creí, me dijo que él lo hacía cada vez que podía e incluso intento propasarse con ella…
―Uno se vuelve sordo cuando se enamora.
―Pero es mi mejor amiga, debí escucharla ―Dijo Bella en un murmullo― Yo la trate muy mal, eso que nos conocemos desde chiquitas.
―Estoy segura que te ha perdonado, las amigas lo hacen…
―Yo también creo que lo hizo ―Dijo Bella forzando una sonrisa― Pero que le dolió no haber podido ayudarme.
―Disculpa que te pregunte, pero esa mejor amiga es la misma de la foto que está en tu habitación ―Pregunto Candy sin poder contener su curiosidad.
Bella sonrió― Así es ¿A que es bonita?
―Supongo ―Dijo Candy― Pero en si no te quería preguntar eso, sino que tu amiga tiene una moneda de collar y estoy segura que es la misma que Neal lleva siempre.
―Lo es ―Afirmo Bella― Ella se la regalo cuando eran novios y el tenía que irse a Florida, a ver si le convences de quitársela.
―¿Porque?
―Porque no es bueno aferrarse al pasado ―Contesto Bella― Y más si ese pasado está casado... en fin, como sabes del collar, Neal lo tiene debajo de la camisa y es muy celoso con eso.
Candy sin querer se ruborizo y Bella rio.
―Esa noche lo viste ¿He?
―No quiero hablar de eso
―¿Porque no? Entiendo lo que piensas, pero tienes que ser sincera contigo misma, ya no sientes lo mismo por tu esposo… bueno ex esposo.
―Fui una irresponsable al hacer eso ―Dijo Candy― Mira Bella, el amor se convierte en cariño con los años, es respeto y compromiso.
―Pues sí, supongo -Dijo la pelirroja.
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Por mucho que trataba de justificar a Johan, porque nunca lo había visto tan destrozado en su vida, sabía que fue lo mejor que le pudo pasar a su amiga, por fin Bella abrió los ojos. Sentía un poco de remordimiento de no haber podido tener la valentía de decírselo hace años, pero tal vez era porque miraba a su hermano que en verdad la amaba y mantenía la esperanza que lo deje algún día. Pero de más estaba pensar en eso ahora, sabía que ella era fuerte. Llego al departamento y Candy no tardo en abrir la puerta.
―Te esperaba.
―¿Y Bella? ―Pregunto Neal.
―Esta al teléfono con su padre...en fin, mis maletas ya están listas, ¿Cómo haremos para viajar en tren?
―Todo está arreglado, no te preocupes, nadie se dará cuenta ―Contesto Neal, antes de responder Candy observo que tenía frio al notar que se sobaba las manos, por un momento pensó en dejarlo pasar para que beba café o algo caliente, pues sabía que a Neal su casa le quedaba lejos y hacia frio, pero descarto esto casi al instante.
―Muchas gracias por la ayuda.
―No te preocupes, todo saldrá bien ―Dijo Neal tratando de tranquilizarla.
―Enserio, no quiero causar problemas.
―No causaras ninguno, hable con Elisa.
―¿Y?
―No se lo tomo tan bien, pero le explique las circunstancias.
―Bueno…. Más aun, gracias, enserio ―Dijo Candy.
Neal asintió y se queda quieto al sentir que Candy se acercó a él y le abrazo, acurrucando su cabeza en su pecho, el moreno se preguntó si lo estaba imaginando pero para no incomodarla la rodeo con sus brazos.
Candy cerro los ojos aun aferrada a él aspirando su perfume, era el mismo que tenía esa noche y no pudo evitar sentir calidez en ese abrazo, podía escuchar su respiración tensa, pero no se retiró, era un abrazo sincero que no había sentido hace mucho tiempo. Lo hizo para mostrar su gratitud pero se alejó finalmente cuando sintió su corazón acelerado y comprobó lo que temía.
―Nos vemos mañana, Candy ―Dijo Neal desviando la mirada.
―Si... ―Responde Candy aturdida, cuando el moreno se retiró de la puerta se apresuró a cerrarla y apoyarse en ella, se toca el pecho sintiendo su corazón aun acelerado. Era ese sentimiento de nuevo, el que sintió en algún momento con Albert y Terry. ¿Porque ahora? Se preguntaba sin poder responderse a sí misma, solo esto le faltaba, pensaba que iba a ser fastidioso lidiar con Neal si estaba interesado en ella, pero no, el problema era ella. Pero antes de que empiece a preocuparse mas, alguien volvió a tocar la puerta, pensando que se trataba de Neal abrió rápidamente, pero no, se trataba de Elisa Leagan, Candy no pudo evitar pegar un respingo al verla con la expresión tan dura. Pero respiro hondo antes de poner la misma expresión.
―Así que aquí es donde fuiste a parar
―Que quieres Elisa.
―Tu marido llego a mi casa gritando, que te acostaste con Neal.
―Ya, Elisa ―Dice Candy negándose a escuchar.
―Entonces es verdad ―Elisa esbozo una sonrisa― Vaya, resultaste de lo peor,
―¿A eso has venido? ―Pregunta con molestia.
―Vine a prohibirte que vayas a Florida, mi hermano no tiene por qué cargar contigo.
―Qué pena, no se va a poder ―Dijo Candy de mala gana― ¿Acaso Neal no te dijo porque lo hago?
―No creo que seas tan estúpida para alejarte de tu esposo, mira, mi hermano estaba muy bien hasta que llegaste tú.
―Lo mismo digo ―Dijo Candy con voz seria― Elisa, no quiero pelear, entiendo tu molestia, pero también eres madre, solo es por un tiempo.
―Hay formas más fáciles, para que sigas al lado del señor Andley y criar a tu hijo.
―No voy a mentir
―Pero ya hiciste otras cosas malas, como ser infiel ¿Qué más da algo más?
―Eso lo hice inconsciente, ahora estoy consiente…
―Que excusa ―Dijo Elisa con sarcasmo―¿Enserio iras? ¿Volver a estar al alcance de los Leagan?
―Confió en Neal ―Dijo Candy provocando que el rostro de Elisa se vuelva rojo de la cólera.
―Claro, como ya lo engatusaste ―Masculla Elisa.
―Porque este bebe es de el también ―Le aclara.
―Tú no sabes de lo que soy capaz de hacer, Candy yo me voy a encargar de que tu estadía no sea tan placentera...
―Si lo sé ―Le interrumpió Candy― ¿Te vas a meter conmigo aun si tengo un hijo de tu propio hermano?
―Dudo mucho que sea de él, además aunque si así fuera, he vencido a gente más importante para Neal que tu.
―¿A qué te refieres?
―Quiero que te alejes de Neal, tal vez no haga algo directamente, pero puedo hacer que te den una sorpresa bien fea a ver si te matas tu sola.
Candy no pudo evitar mirarla fríamente al ver la mirada tan seria de Elisa, no podía estar hablando enserio, sabia de lo que era capaz pero no se dejaría intimidar, no de nuevo.
―Iré ―Le aseguro. Se mantuvo firme a pesar de que Elisa levanto la mano parece que para pegarle, pero la bajo cuando vio a alguien a su lado.
―Mi hermosa Elisa ―Saluda Franco con burla.
―Qué haces aquí ―Masculla Elisa.
―Vine a llevar a la linda Bella a New York.
Hola… gracias por los 102 comentarios, estoy muy feliz por eso :') Pero bueno… luego de este capítulo la historia avanzara más rápido pero más corto creo…
Elisa y Lee.
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Candy y Neal.
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Si me dejas un comentario bonito prometo que les va a encantar el próximo capítulo xD
