Capítulo 14: Viejo amor, nuevo amor ― Parte 1

Candy miro de reojo a Neal mientras dormía en el asiento de al lado, estaba claro que había sido un viaje agotador para ambos. Viajar sentados al lado del otro había sido una mala idea, se notaba la tensión en ambos, admitía que no se había esforzado por ser amable con él, pero no podía evitar ponerse nerviosa, desde el baile de máscaras había visto su lado grosero de siempre y un lado amable que nunca conoció. Tenía miedo de haber tomado una mala decisión al aceptar vivir con Neal... y Elisa. Ella la amenazo de una manera tan fría y natural que la dejo tensa aunque no lo mostro en ese momento. Tenía que estar atenta y tratar de llevarse bien con ella.

Neal le había comentado que de hecho, Elisa se había mudado con su esposo hace siete años atrás, apenas volvió a vivir con ella hace un año y medio, aunque no podría llamarse vivir en si, pues el vivía en Florida pero se quedaba en Fox por algunas temporadas y que tenía un niño de cuatro años llamado Luke que era muy alegre y energético.

Sacudió la cabeza al percatarse que el moreno despertó y prefirió mirar a la ventanilla hasta que llegaran a su destino.

―Candy ―Escucho un suave susurro― ¿Estabas despierta?

―Desde hace un rato ―Dijo volteándolo a ver encontrándose con sus ojos avellana.

―Hay algo que olvide mencionarte, que es importante que sepas, como vas a vivir con nosotros.

―¿Qué?

―Como decírtelo sin que te asustes ―Empezó a decirle el, mirándola fijamente con nervios.

―Solo dijo, me estas asustando.

―Veras, además de la familia de Elisa, hay alguien más viviendo con nosotros ―Empezó con voz neutra― Es alguien muy importante en mi vida y no sé cómo se vaya a tomar esta noticia, temo que se ponga celosa, así que necesito pedirte que te lleves bien con ella...

Candy parece querer contestar, pero calla al ver los ojos de Neal.

¿Estaba hablando enserio? No podía hablar enserio. No puede evitar mirar de reojo su cuello, cubierto con un saco negro, sintió mucha rabia al pensar que se trataba de la dueña del collar.

―¿Es enserio? ―Dijo con voz débil― ¿Tienes una novia en Florida y me invitaste a vivir contigo?

La rubia le aparto la mirada totalmente enojada, pero sus mejillas se pusieron rojas al escucharlo reír.

―¿Es enserio? ―El rio y Candy volteo de inmediato para encararlo.

―¿Que es tan gracioso?

―Que pienses que tengo una novia en cada ciudad ―Dijo divertido― No, querida, no sería tan descarado de llevarte a vivir conmigo si fuera así.

―No me digas querida ―Espeto Candy con voz dura.

―No es nada de eso, es una niña ―Murmuro Neal― Mi niña.

Candy lo miro esperando a que se le escape una risa que lo delate, pero estaba hablando enserio. Bien, podría decirse que también le molesto escuchar esto. Pero la sensación en su pecho había desaparecido.

¿Neal tenía una hija? Una niña, por un segundo pensó en que esto no podía estar pasando. Si era verdad, entonces no debió haber aceptado venir.

―Tienes que verla, te va a gustar mucho ―Dijo Neal inexpresivo― Pero... es difícil de explicarte.

Ella le dio una sarcástica sonrisa.

―No me tienes que explicar nada, ni a ella ―Mascullo― Me hubiera gustado saberlo antes, pero en fin, solo estaré un tiempo, no tienes que decirle que este hijo es tuyo.

Sabía que debía comportarse, volverse muy hostil solo haría mas incomodo el viaje, pero se sentía muy extraña. Sobre todo porque la llamo querida, la había puesto más nerviosa de lo que le estaba y se le antojaba algo agridulce, a lo mejor solo era por el embarazo, pero prefirió no volver a mirarlo por unas horas, antes de perder el control sin razón alguna.

El viaje transcurrió sin inconvenientes, sin embargo ella se percató al bajar del tren junto al moreno que no se encontraban donde le dijo.

Pero apenas bajo del tren, solo pudo seguir a Neal que llevaba las maletas de ambos y dirigirse hacia un auto, que al parecer los esperaba.

―Buenos días, señor Leagan ―Saludo el chofer.

―Jang ―Dijo Neal de mala gana― ¿Qué tal el viaje?

―Todo bien, llegamos ayer en la noche...

Candy observo sin moverse que el moreno guardo las maletas en la parte de atrás del coche y luego le abrió la puerta del coche. Ella lo miro nerviosa antes de sentarse.

―Buenas tardes, señora ―Saludo cortésmente.

―Buenas tardes ―Respondió. Observo como el moreno se sentó en el asiento del copiloto y cerro de un portazo el coche.

―Así que ella es Candy ―Murmuro en voz baja.

Candy sonrió incomoda, lo miro por el espejo, al parecer era un hombre alto, de aspecto serio, con traje oscuro y con rasgos orientales.

―Sí, ella es -Respondió Neal, de mala gana.

―Mucho gusto ―Dijo Candy forzando una sonrisa.

―Soy Jang, el mayordomo de la familia Leagan ―Dijo tratando de sonar amable― Si necesita algo siempre puede buscarme.

―Está bien, gracias.

Mientras el coche avanzaba, Candy observo por la ventana y comprobó que no se encontraban en Florida.

Cuando se estacionaron frente a un gran hotel, Candy le pidió a Jang llevar las maletas, ya que quería hablar con Neal a solas.

―Dijiste que íbamos a Florida ¿Porque estamos aquí? ―Interrogo.

―El tren llega hasta aquí ―Respondió extrañado― Vamos a Florida, pero tengo unos negocios aquí, tenía que pasar antes, te lo mencione en el tren.

―¿Entonces?

―Entonces, porque mejor no descansas en el hotel mientras me encargo de algo, estaríamos viajando en la mañana.

―Pero, si alguien me reconoce.

―Es poco probable ―Dijo Neal, restándole importancia― No hago negocios con los Andley y la verdad, ellos no tienen muchas conexiones en el sur.

―Dices que nadie que trabaje o se hospede aquí me reconocerá ―Inquiere Candy.

―Si no llamas la atención no lo creo, vamos, te dejo en tu habitación mientras hablo con el administrador.

―Mejor voy a dar una vuelta.

―No deberías caminar en tu estado, sobre todo después de un largo viaje.

―Estuvimos sentados todo el tiempo ―Rebatió Candy con fastidio― Solo quiero estar un rato sola.

―Podrías hacerlo en tu habitación ―Insistio.

―Quiero respirar aire fresco.

―Está bien ―Neal se rindió y Candy sonrió.

Por un segundo, pensó en ordenarle que deje de darle la contra y que obedezca, pero recordó que Candy era muy impulsiva, ante la primera pelea podía intentar regresar sola, no debía provocarla, menos si quería conquistarla. Pero aun así le molesto que le diera la contra, el solo se había preocupado por ella, pero se rindió, después de todo era adulta y sabía lo que hacía, siempre supo cuidarse sola.

Luego de esta charla, llegaron a la conclusión de que Candy pasearía por el centro y Jang la recogería en una hora, Neal estaría en el último piso del hotel hablando con el administrador, por si Candy lo buscaba.

Neal luego de verla subir a un taxi, tomo las maletas, caminando hacia el hotel, no era necesario registrarse en el hotel pues era suyo pero lo hacía por formalidad. Pregunto al recepcionista por su hermana antes de subir las escaleras rápidamente, luego de que un empleado se ofreciera a llevarle las maletas. Al llegar a la habitación que quería, la puerta se abrió dejando ver a un pequeño niño con ojos rasgados.

―Qué raro, no hay nadie ―Dijo Neal con voz juguetona.

―Estoy aquí, tío Neal ―Murmuro Luke mirándolo desde abajo.

―Lo sé, solo era una broma.

Luke se acercó a recibir su abrazo y tomo su mano para hacerlo pasar. Mientras era guiado hacia adentro por el pequeño, observo a su hermana sentada en la cama, no estaba nada contenta.

―Tío, acompáñame a colorear.

―Luke, anda a jugar con Ruth ―Pide Elisa con voz seria― Quiero hablar con tu tío de cosas de grandes.

El pequeño al percatarse que su madre estaba a punto de gritar, solo asintió antes de salir de ahí, le encantaría preguntar porque su madre estaba tan enojada y si Neal tenía la culpa, pero no pudo hacerlo, temía hacer sentir mal a su tío por preguntar eso, así que sonrió antes de dirigirse a la habitación de la sirvienta.

Elisa tenía toda la ira reflejada en su rostro, no sabía por dónde comenzar.

―Así que la trajiste ―Dijo con voz amarga.

―Sé que te enoja, pero entiende, tengo que ayudarla ―Mascullo― Tomar esta decisión fue difícil, pero es lo mejor, tengo que hacerlo porque es mi responsabilidad.

―Dime algo ¿La amas? ¿Por eso te meterás en tantos problemas?

La castaña se quedó sin expresión al ver que Neal endureció su mirada.

―No la amo, lo sabes... mira, ella no se encuentra bien, está muy nerviosa y no quiero que le dé un ataque de estrés, ansiedad o lo que sea ―Advirtió con semblante serio― No está bien y hasta que se recupere no quiero que sea molestada.

―¿Crees que conmigo tendrá paz? ―Amenaza con aparente calma.

―Elisa, si le haces daño a Candy puedes olvidarse que tienes hermano ―Advierte Neal con voz contenida.

La castaña lo miro con cólera y sin saber cómo expresar su odio rompió el primer adorno cercano, antes de salir de la habitación hecha una furia.

Neal se quedó inexpresivo mirando los trozos en el suelo, quizá cometió un error al pensar que Elisa podía controlarlo. Tal vez debió ordenarle a Elisa que se quedara en Chicago, pero ya no podía hacer más que vigilar a Elisa.

Luego de aprovechar en usar el lavado, el moreno salió de la habitación. No demoro en subir hasta el último piso del hotel, donde encontró a Lee hablando con el administrador del hotel. Ambos lo saludaron y el administrador se retiró un momento.

―Ya hablaste con Elisa ¿Verdad?

―Si, pensé que estaba contigo... no pienso dejarlas solas ¿Te dijo a dónde iba?

―Sí, llego enojada y me dijo que saldría a dar una vuelta.

El rostro de Neal palideció.

―¿Que sucede? ―Pregunto su cuñado con un dejo de preocupación.

―Candy salió a dar una vuelta también.

Ahora el que se puso pálido, pues conocía a su esposa, incluso más que Neal y estaba preocupado, pues la escucho hablas por horas durante el viaje en tren más de cien razones por las cuales detestaba a la rubia.

―Es una ciudad grande ―Musito Lee tratando de restarle importancia― Además son mujeres… adultas.

―Solo quiero evitarle un mal rato a Candy.

―Gracias por la espera ―Dijo el administrador entrando a la oficina― Traje a los contadores, antes de que se vayan queremos llegar al acuerdo, sobre el embellecimiento del hotel.

El moreno rodo los ojos antes de escucharlos.

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Lee quiso acompañar a buscar a Candy y Elisa, pero Neal le pidió que se quedara con su hijo, que era lo mejor. Cuando llego al inicio del asfalto de una calle, soltó un suspiro, la busco por el muelle pero no la encontró, así que decidió caminar por la ciudad hasta encontrarla, se maldijo por haberla dejado sola, le preocupaba porque en vez de estar descansando luego del viaje se encontraba vagando sola por la ciudad. Esperaba que no se haya cruzado con Elisa, las calles ya estaba oscuras y mientras se para en una tienda, escucha el llanto de un niño, preocupado se dirige hacia un callejón donde se encontraba como supuso, un niño llorando en un rincón, claro que tenía que irse para seguir buscando a Candy, pero al percatarse que el niño estaba solo, se acercó al pequeño, quien al verlo se sobo los ojos.

―¿Te has perdido?

El niño asintió y lo abrazo de la cintura volviendo a llorar, Neal se estremeció ante el contacto, le palmeo la espalda.

―Ya no llores ―Dijo suavemente― Encontraremos a tu mama.

El niño seguía llorando y aferrado a él, así que Neal seco las lágrimas con la yema de sus dedos, antes de llevarlo a una banca cercana para intentar calmarlo.

―Tienes que contestar mis preguntas ―Le explica con calma― ¿Esta bien? Para poder ayudarte.

El niño asintió más tranquilo.

―¿En dónde vives?

―En Teneesee ―Dijo lentamente.

―Pero aquí... donde se quedan.

―No sé ―Musito- No me acuerdo.

Neal suspiro, no podía perder la paciencia con un niño.

―Entiendo, pero donde te perdiste ―Volvio a intentar.

―No sé...

―Trata de recordar algo ¿Esta bien?... ¿Estaba el mar?

El pequeño negó con la cabeza.

―¿Había muchas flores y una fuente?

―¿Que es una fuente?

―Uhm... es como una piscina y hay una estatua en el medio donde sale agua.

El niño asintió y Neal sonrió.

―Ya sé dónde es, vamos, espero que tu mama este ahí.

El niño tomo la mano de Neal y lo siguió en silencio, la mano del niño era muy cálida. Se dirigieron a la plaza central, con suerte la madre del niño aun estaría ahí. Si no era el caso, tendría que llevarlo al hotel y mañana continuar con la búsqueda, lo único que le preocupo es que esto retrasaría el viaje.

―¿Y solo viniste con tu mama?

―Con mi mama, mi papa y mi abuelita.

―¿Cómo te llamas?

―Louis ―Dijo el niño en tono bajo― ¿Y usted, señor?

―Soy Neal ―Contesto Neal, con una pequeña sonrisa― Encontraremos a tu mama, no te asustes.

―Estoy triste porque seguro le hice llorar a mi mama...

―Tu mama se preocupa mucho, porque te ama ¿Cómo es ella?

―Es muy bonita.

Neal sonrió y no supo porque, se le vino el recuerdo de su madre, ella siempre lo consoló cuando lloraba, siempre lo mimaba y lo protegía de su padre hasta el último día que la vio, ahora sabía que no era lo correcto, pero aun así, recordaba esto con mucho cariño.

Salió de sus pensamientos al escuchar una voz femenina llamar al niño, quien corrió hacia una anciana que le extendió las manos.

―Abuelita, donde estabas.

―No me vuelvas a asustar así... tus padres están muy preocupados ―Dijo la anciana suavemente, el pequeño la abrazo y cuando Neal se acercó se dirigió hacia él.

―El señor Neal me ayudo, es gracias a el ―Dijo Louis.

―Muchas gracias, señor ―Agradeció la anciana― Vinimos a comprar pescado, pero había mucha gente y en un descuido, cuando lo solté de la mano se perdió.

―Eso suele pasar ―Comento Neal― Me alegro que la encontráramos en el mismo lugar donde se perdió, ya es muy tarde y Louis me dijo que no viven aquí.

―Es verdad, sus padres están buscándolo por toda la ciudad porque teníamos que viajar hoy, pero bueno, tuvimos que cancelar y comprar otros boletos para dentro de cinco días, yo decidí quedarme aquí por si acaso... gracias ―Volvió a decir la anciana― Le estaré eternamente agradecida.

―Solo hice lo que cualquier persona hubiera hecho ―Dijo Neal amablemente.

―Muchas gracias, en verdad... vamos Louis, despídete del señor.

El pequeño elevo la cabeza para verlo con una sonrisa tranquila, entonces Neal se agacho hasta quedar del mismo tamaño del niño.

―Pórtate bien, Louis ―Dijo Neal tocando su hombro― A la próxima, si te separas de tu familia, tienes que quedarte en el mismo lugar, ten por seguro que regresaran a buscarte y no te asustaras.

―Gracias, señor Neal ―Dijo Louis― Un día ven a visitarnos, le voy a decir mi mama que te preparare un rico pescado al curry.

―Un día iré ―Dice Neal con voz juguetona.

―¿Me lo prometes?

Neal sonrió y miro a la anciana, quien le sonrió también, así que asintió y se llevó una mano a la espalda, cruzando los dedos. De todas formas, los niños olvidan rápido.

―Te lo prometo ―Dijo con una sonrisa, el pequeño le devolvió la sonrisa y lo abrazo. Neal los miro alejarse sintiendo un nudo en su garganta antes de recordar buscar a Candy.

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La mejor forma de evadir la realidad que Candy encontró fue quedarse mirando el mar desde el muelle, el olor del mar le hacía olvidar sus preocupaciones, pero sintió una mano tocarle el hombro, así que volteo y vio que se trataba de una joven de aspecto frágil, tenía las mejillas coloradas, llevaba un abrigo largo y su cabello oscuro estaba ligeramente despeinado, era mucho más baja que ella.

―Disculpe, señorita ―Dijo la joven con voz dulce― Por casualidad, no vio por aquí a un niño, mire ―La joven le sonrió y le enseño una foto, Candy se acercó para observar― Tiene como esta estatura, cinco años, es moreno, ojos café, cabello castaño, es muy asustadizo...

―Lo siento, no lo he visto ―Dijo Candy apenada al ver la preocupación en el rostro de la joven― Pero si lo veo, te avisare.

―Por favor, no dudes en hacerlo ―Pidió sacando de su bolso, una pequeña libreta, donde arranco una hoja y se la entrego― Esta es la dirección del hotel donde nos hospedamos y un numero de teléfono, están nuestros nombres por si acaso.

―Llamare si lo veo.

―Gracias, enserio ―Dijo la joven con una sonrisa triste, Candy le sonrió tratando de reconfortarla y la vio alejarse hacia un hombre que al parecer era su pareja, pues la beso al verla preocupada.

―Maya, vamos a buscar por el centro ―Dijo su pareja― Y te dije que no des nuestra información.

―Tranquilo, la señorita parecía buena persona ―Le asegura antes de tomar su mano para apresurarle el paso.

Candy vio a la pareja alejarse y sintió pena, perder un hijo debe ser horrible, ella nunca perdería de vista al suyo. Definitivamente si lo veía lo ayudaría, así que guardo el papel en su abrigo.

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Llevaba un buen tiempo con la mandíbula tensa, observando a la rubia mirar el mar, tenía tantas ganas de empujarla hacia ahí, pero sabía que ya no era como antes, Candy no era la niña que llego a su casa y que le aguanto todo lo que le hizo, ella ya no podía ocultar sus malas acciones, esta vez su hermano estaba de lado de ella y eso la enojaba aún más.

―Amor, aquí estabas ―Escucho la voz serena de su esposo. Se sobresaltó volteo al verlo con una expresión preocupada.

―Se cómo te sientes ―Susurro Lee, acariciando el rostro de Elisa con una mano― Pero también sé que eres más fuerte que lo que sientes.

―Si estás conmigo, no me importa si mi mundo se parte en dos ―Murmuro Elisa.

De aquel modo, Elisa se respiró hondo y le hizo caso a su esposo, ambos se acercaron a Candy y ella hizo su mejor esfuerzo por no hacer una mueca, en vez de eso la miro sin expresión.

―¿Eres Candy? ¿Verdad?

―Si...-―Afirmo Candy desviando la mirada de Elisa.

―Soy Lee ―Dijo con voz amigable― Soy cuñado de Neal, te estamos buscando desde hace rato, regresemos al hotel, ya es tarde.

―Está bien.

Lee abrazo a su esposa con un brazo y Candy decidió caminar unos pasos detrás de ellos, pues sentía que Elisa en cualquier momento explotaría de solo verla caminar al otro lado de su esposo.

La calle hacia el hotel estaba despejada y logra distinguir a Neal acercándose hacia ellos, el moreno suspiro de alivio al ver la silueta de Candy y se apresuró a caminar al lado de Candy.

La pareja de esposos se quedó en silencio, pues no había mucho que decir.

―¿Dónde estabas?

―En el muelle ―Respondió Candy― ¿Y tú?

―Te buscaba en el centro ―Comento Neal― Pero... termine ayudando a un niño que se había perdido.

―¿Tu lo encontraste? ―Pregunto Candy sin creerlo.

―¿Sabes de quien hablo?

―Una pareja estaba desesperada preguntando a las personas si habían visto a su hijo.

―Supongo que debe ser el mismo ―Dijo Neal en voz baja― Lo deje con su abuela.

―Y si no encontrabas a los padres seguro te lo quedabas de mascota ―Dice Elisa sin voltearse a ver a su hermano― Como te encantan los niños y más los de la calle.

―Cómo puedes ver ―Le susurro Neal a Candy lo mas bajo que pudo― Ella sigue siendo la malvada y yo me pase al lado del bien.

―Cállate, no digas tonterías -Mascullo Elisa.

Candy no puede evitar sonreír al escuchar eso, caminaron en silencio y Neal decide arriesgarse y rodea los hombros de Candy con un brazo, rogando que no lo aparte, pero para su sorpresa ella solo se tensó, pero no lo aparto.

―Espero que la pareja ya sepa que su hijo está a salvo ―Comento Candy en voz baja.

―Supongo que ya lo saben.

―A mí nunca se me perdería mi hijo ―Murmura mirándolo a los ojos― La verdad es que son algo irresponsables al perderlo de vista en un sitio tan grande y lleno de gente.

―Los niños son traviesos, ante el menor descuido huyen ―Dijo Neal.

―En fin ¿Terminaste lo que tenías que hacer?

―Sí, estaremos viajando mañana…

―Ya, cállense, seguimos aquí ―Se queja Elisa sin voltear a verlos.

Ambos solo se miran incomodos y deciden caminar en silencio, ambos olvidando que estaban muy cerca, con el moreno rodeando sus hombros.

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Buenas noches XD me muero de sueño, así que lo subiré en dos partes, lo siento pero me caigo XD la última parte tal vez haya algo por lo cual les gustara y tal vez algo no les gustara, pero bueno, es necesario para la trama. Pero en fin, tratare de subir el próximo capítulo lo más pronto posible.

Espero que lo disfruten, y si tienen alguna sugerencia, duda o algo pueden hacermelo saber, y que tengan un lindo domindo... ahora si, a dormir xD