Disclaimer: Los nombres de Eithan y Alba son de mi propiedad, pero sus espíritus pertenecen a Meyer, al igual que la mayoría de los personajes de la historia.


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SEGUNDA PARTE

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Chapter 18:

New Born

E.

Mi mente se había reducido a una espesa neblina, pues el golpeteo punzante en mi cabeza no me permitía analizar bien. Pero esa falta de lucidez no era un obstáculo para mi sistema nervioso, el cual se empeñaba en agudizar el insoportable dolor que había convertido mi cuerpo en añicos.

Se me dificultaba la capacidad de tomar oxígeno, y no sólo por el obvio esfuerzo que aquello implicaba en mis condiciones, sino también porque, en cada respiro, miles de agujas perforaban mis costados y un ardor agobiante se distribuía a lo largo de mi interior, como si mis órganos se hubiesen esparcido por dentro. No tenía idea de cómo había llegado aquí. No podía comprender nada. ¿Dónde estaba?

Ayuda, intenté hablar, aunque la conmoción me había arrebatado todas las fuerzas. Y cada porción de mi cuerpo dolía con la mera intención de alzar un brazo.

En medio de la confusión, intenté concentrarme en recuperar mis últimos actos, atravesando con esfuerzo los grumos borrosos y el evidente daño en mi adolorida cabeza. Sabía que me dirigía a Forks, sosteniendo una conversación casual con el taxista, música blues sonaba en el reproductor de música del auto. Recuerdo que tuve tiempo de girar la cabeza, a duras penas lo suficiente como para cegarme con la incandescente luz de unos faros antes de sentir el impacto del choque. Alguien nos había chocado.

Creo que en ese momento me perdí a la deriva, porque lo siguiente que supe es que me movía. O bueno, que alguien me movía. Y en algún punto entre la consciencia e inconsciencia, entendí que me quedé quieto.

Aprovechando este subidón en mi estado de alerta, retomé la tarea de analizar los hechos. Tuve un accidente. Afortunadamente no me había roto la columna, dado que podía sentir con suma claridad el malestar que se distribuía desde la cima de mi cabeza hasta la punta de los pies. ¿Me habría fracturado varios huesos? ¿Me habría perforado algún órgano vital? ¿Sería irreparable? ¿Iba a morir?

Sentí un pinchazo en el brazo, seguido de una sensación de alivio. Conforme la pesadez de mi cuerpo se intensificaba, se fue mitigando el dolor.

—¿Crees que funcione? —escuché a una mujer decir de forma encantadora, más no me pareció familiar.

Una voz masculina, igualmente desconocida, respondió a su pregunta.

—Con Emmett no fue así. Pero en ese entonces fue demasiado tarde para cuando se me ocurrió administrar la dosis. Este muchacho ha recibido suficientes analgésicos durante las últimas horas, tal vez el proceso se le haga más soportable. No lo sé. Supongo que lo sabremos cuando despierte.

Algo atravesó la piel de mi garganta. Apenas expulsé un gemido de dolor, y luego lo sentí en ambas muñecas. El filo era similar al de unos dientes. Esto no tenía sentido. ¿Acababan de morderme?

Un contacto helado me acarició el cabello.

—Lo siento. Te prometo que pronto acabará. Te quiero, Edward —dijo la chica lastimeramente, pero no abrí los ojos para saber a quién se refería.

El hombre suspiró.

—Alice, insisto, Edward…

—No, Carlisle. Confía en mí. Sé lo que vi.

Un calorcillo inició justo en los puntos en los que se perforó mi piel. En un principio resultó agradable, pero entonces se extendió hasta mi pecho, consiguiendo sofocarme, como si, además, estuviese inhalando vapor. ¿En dónde rayos me tenían metido? ¿En un horno de mierda?

En un intento de encontrar el alivio me esforcé por inhalar más deprisa, pero parecía que esto sólo iba en aumento. Entonces el calor se convirtió en un verdadero ardor que me destrozaba las muñecas y reventaba mi garganta, como si me atacaran directamente con la llama de un soplete. El dolor era tan inaguantable que desee poder arrancarme las muñecas con un cuchillo y cortarme el cuello, no me importaba en lo más mínimo. Pero mis extremidades yacían inertes a los lados, mi cuerpo completamente inmovilizado.

La quemazón del fuego se abría paso a través de mis venas, distribuyéndose en cada esquina de mi cuerpo, y se hacía cada vez más caliente. Y más. Y más.

En pocos minutos, mi cuerpo entero se había prendido en llamas.

¡Algún desgraciado me estaba quemando vivo!

Quise gritar, arrancarme la piel a tiras, arrojarme de bruces contra una pared de cemento y partirme la cabeza en dos. Pero mis pensamientos se limitaron a la fantasía, porque no tuve otra opción más que soportar el suplicio en silencio, completamente inmóvil mientras me calcinaban en un mar de llamas tan intenso como Antares. Completamente solo.

No tenía cabeza para otra cosa más que para suplicar mi muerte. ¿Cuánto tiempo podría tomar perder la vida a causa de un incendio? ¿Por qué coño se tardaba tanto? ¿Ya no debería haberme asfixiado, que se me hubiese derretido el cerebro o algo así? ¿Cuánto más tendría que soportarlo antes de morirme de una vez por todas?

No sé si me encontraba demasiado absorto con la agonía como para atender a otros sentidos, o si es que no existió ninguno. Lo único que sé es que de un momento a otro empecé a prestar atención a los sonidos, aunque el dolor me impedía construir una historia relativamente coherente. Mucho menos comprender los susurros y conversaciones. Con lo poco que logré asumir mediante la audición, es que durante todo este tiempo estuve volando en un avión, y que me habían trasladado a una vía de transporte terrestre.

Me dejé sucumbir nuevamente al dolor, haciendo que todo desapareciera a mi alrededor. Luché por no sentir tanto, pero aquello resultaba prácticamente imposible. Después de resignarme a que no existía nada que pudiese hacer para desprenderme de mi inmerecido destino, me di por vencido. No tenía caso luchar más.

Sólo yo y las llamas.

Por primera vez en toda esta experiencia, mis pensamientos se trasladaron brevemente a las dos mujeres de mi vida, los objetos de mi amor. Las echaría tanto de menos… Si es que eso es posible cuando se está muerto. No podía creer que se me arrebataba mi vida tan pronto, sin tener la oportunidad de despedirme ni si quiera. Sin tener la oportunidad de vivir de verdad.

Lo lamento tanto por todo, Alba, mamá. Las amo.

Me dediqué a pensar en ellas mientras mi cerebro me lo permitió, lo cual no fue mucho. Y cuando por fin había logrado habituarme a la presencia del fuego ardiente, dos cosas sucedieron: la primera, es que comencé a retomar la movilidad de mis extremidades. La segunda, es que el ardor se multiplicó a puntos que hasta ahora consideraba imposibles. Si anteriormente quise morir, para esta ocasión deseé no haber nacido nunca.

Finalmente, las conversaciones adquirieron significado.

—Ya casi no percibo la morfina —la voz nerviosa de la chica volvió a colarse en mis sentidos, un hermoso y solitario sonido en medio de todo este calvario.

Ah. ¿Es que acaso había estado anestesiado? Bueno, eso explicaba el por qué previamente no había podido mover ni un solo músculo. O por qué de pronto el dolor había pasado a ser tan angustiantemente inigualable que ni si quiera podía describirlo. En fin.

El efecto de la morfina fue pasando, y con ello, el calor se intensificó mucho más, cada vez más. Después de permanecer petrificado durante tanto tiempo, actos como mover el cuello, alzar el pecho o clavar las uñas en la superficie en la que me hallaba servían como una especie de consuelo, una única vía para exteriorizar todo el sufrimiento contenido.

—¡Carlisle! ¡Alice! —una mujer exclamó, en medio de un sonido similar a un jadeo. No me atreví a abrir los ojos.

—Así que Carlisle dijo la verdad —le siguió alguien más, un agrio siseo que provenía de alguna chica a mi derecha.

—Por supuesto que así lo hizo —respondió amargamente una voz conocida.

—Simplemente no podía creerlo. ¿De dónde sacaste a este tipo? ¡Perdiste completamente la cabeza!

Se escuchó un suave gruñido en respuesta.

—Rosalie, estoy demasiado frustrada como para soportar tus quejas en este momento. Hay que llevar a Edward al segundo piso.

La sala estalló en una serie de protestas, insultos y reclamos, aunque la rapidez con la que pronunciaban las palabras me dificultaba seguir el hilo de la conversación.

—¿Qué estás frustrada? ¿Edward? ¡Suéltame, Emmett!

Se escuchó un estruendo alto y seco, como el sonido una roca colisionando con otra. La percepción de mi cuerpo en el espacio volvió. Me sentí ser desplazado a otro sitio.

—Concuerdo con Rosalie, Alice. Lo que dices es una locura —intervino otro sujeto. Su voz era gruesa y profunda.

—No lo es. Y todos ustedes podrán comprobarlo cuando abra los ojos, dentro de dos días. Él es Edward.

—¡Esto es ridículo!

—¿A dónde fue Jasper?

—¡Oh! —sollozó alguien.

No quise escuchar nada más. El dolor aumentó, concentrándose en mi centro. No conseguí retenerlo. Lo estuve haciendo durante demasiado tiempo.

Grité.

...

De un momento a otro, sólo percibí una carencia absoluta de dolor, adornada con una sensación de frescura. Mis últimos y agónicos minutos con vida parecían haberse esfumado de mi mente, como si todo se tratara de un mal sueño.

Abrí los ojos, siendo abstraído por los contornos marcados de cada mota de polvo bailando en el aire, seguido de la textura irregular y agrietada de la pintura en el techo. El espectro de colores del arcoíris, integrado por un octavo color, imperceptible para los ojos humanos, acompañaban los halos de luz expulsados por los bombillos de un antiguo candelabro. Los sonidos de las respiraciones de los presentes se mezclaban con el peculiar agitar de las hojas a causa del viento, con las corrientes del aire, con alar de los insectos, incluso con la vibración estática de los electrodomésticos, de los enchufes, de cualquier fuente de electricidad en general. Mis renovados y agudizados sentidos absorbían cada insignificante estímulo del entorno con suma precisión. La experiencia me resultaba… extraña. Una mezcla entre lo nuevo y lo conocido. Como cuando se le retira a alguien una venda en los ojos, después de habérsele limitado la visión durante años.

Había transcurrido un segundo desde que abrí los ojos, mi organismo apenas adaptándose a las primeras fuentes estimulatorias del ambiente, cuando el ruido inició, tan auténtico y similar a la primera vez. Tan atorrante como una avivada colmena de avispas, el fluido conglomerado de voces y susurros no hacían más que agotarme la paciencia por su incesante constancia. Debería haberme acostumbrado a su presencia, pero mi renacimiento lo convertía en una novedad, tras un silencio de tantos años.

Ya despertó.

¿Qué debo hacer?

Espero que no arruine demasiado la casa.

Gracias a Dios que no hay nadie cerca.

Hombre, esto se pondrá feo.

Los infomerciales son tan inútiles.

¿Alice estará en lo cierto?

Son todos unos imbéciles.

¿Será verdad? ¿Edward?

Si bien no había despegado los ojos del techo, sabía que aquél irritante sonido provenía de las seis entidades presentes en la casa. Cinco de ellas se hallaban conmigo, a tan solo un metro de distancia, mientras que la sexta se encontraba en el piso de abajo, alternando aceleradamente los canales de la televisión por el control remoto. Me detuve lo suficiente para reconocer uno de los diálogos de la película Casablanca.

Bienvenido de nuevo, Edward. Los pensamientos de Alice estaban plagados de dicha.

Una mueca de disgusto deformó mi expresión. Sabía que ese era mi nombre, pero por algún motivo detestaba ser llamado de ese modo.

Me arriesgaré a atacarlo primero antes de que se lance sobre nosotros.

Acto reflejo, me agazapé a la defensiva en un extremo de la habitación, levantando una lluvia de escombros cuando en el proceso atravesé la pared con mis manos. Jasper se acopló al movimiento, danzando en sincronía conmigo hasta posicionarse unos cuantos centímetros frente a mí, flaqueado por Emmett. Ya todos habían elegido con anterioridad quienes se encargarían de derribarme una vez que despertara, por lo que los demás permanecieron en su sitio, contemplando la escena en silencio.

¿Derribarme?

Le enseñé los dientes.

Está perdiendo el control. Más le vale a Emmett ser capaz de contenerlo. Pensó Jasper con preocupada amargura, ajustando su posición desde una defensiva a una de ataque. En su cabeza circulaba un conjunto de estrategias específicamente coordinadas para retenerme, puesto que yo había sido clasificado como altamente peligroso. Sus intentos para apaciguar mis emociones con su habilidad no estaban funcionando en lo absoluto. Era demasiado impulsivo para recibirla.

De esta manera, ver mi inestabilidad reflejada en sus pensamiento me hizo comprender con una excelente claridad hasta que punto mi humanidad había sido aniquilada por completo.

Ese pensamiento desencadenó la reacción física que ya venía anticipando. De hecho, me sentía bastante sorprendido conmigo mismo por no haber perdido los estribos cuando abrí los ojos, casi tres segundos atrás.

Inhalé por primera vez.

Tenía sed.

Sólo eso bastó para que ambos se arrojaran sobre mí. Lo había visto venir a través de sus pensamientos por lo que los esquivé con facilidad, terminando a parar al otro extremo de la sala, al tiempo en que mi mano viajaba a mi cuello y lo presionaba con fuerza. No era capaz de pensar en otra cosa más que en la sequedad, el dolor de la quemazón concentrado en mi garganta, ligeramente similar a las llamas que me consumían segundos atrás. No percibía el olor de la sangre en el aire, pero sabía a ciencia cierta que se encontraba allí afuera, en alguna parte, y yo sólo tenía que ir en su búsqueda. El planeta entero era para mí. Toda la sangre del mundo a mi disposición… Si es que estos intrusos no la alcanzaban primero.

Mía, sentencié en mi fuero interno, dispuesto a marcar territorio. Me dominó una ferviente necesidad de matarlos, de matarlos a los dos.

Arremetí primero contra Emmett, por ser el más fuerte, y ambos destrozamos la camilla en la que segundos atrás permanecí inerte. Jasper apareció detrás de mí, sujetándome con sus brazos, pero le escurrí desde abajo y le propiné una golpiza que lo derribó y dibujó un hoyo con su cuerpo en la pared de la habitación.

Nos detuvimos, atentos a los movimientos del otro, y por primera vez, hice contacto visual con Jasper. Si bien todos y cada uno de los vampiros presentes eran amenazas potenciales que debían ser destruidas, sin lugar a dudas él era el más peligroso de todos, dado su arduo entrenamiento militar y su larga experiencia con neonatos. Sus cicatrices lo comprobaban.

Mi conducta estaba subyugada a la necesidad de satisfacer mis deseos. En este momento no me importaba mi lazo afectivo con ninguno de ellos, pues no eran más que obstáculos que entorpecían mi camino. Si quería que me dejaran en paz, tenía que asegurarme de eliminarlos a todos. Empezando por Jasper.

Chocamos en el aire y rodamos sobre toda superficie hasta que terminamos a dar en el bosque. Cuando pensó que había llegado a someterme, me escapé de su jaula y lo golpeé en el rostro, mandándolo a volar varios metros de distancia. Cuando recobró la postura, me observó con el asombro plasmado en su semblante, puesto que él no esperaba que se le dificultaría en lo más mínimo mantenerme bajo control. No pensó que yo sabría huir de sus ataques.

Le sonreí.

Cuando estaba a punto de saltar sobre él con la intención de arrancarle la cabeza, un flujo de aire trajo consigo el exquisito sabor de lo que tanto anhelaba, y mis músculos se agarrotaron, la ponzoña inundó mi boca y mis colmillos se expusieron de una forma casi involuntaria, como un simple reflejo. La sed volvió.

Bueno, la masacre podía esperar.

Corrí a lo largo del bosque directo a la fuente de sangre, escuchando el sonido de las pisadas de quienes me seguían, lo cual me puso en alerta. Los deseos de volverme y atacarlos a todos para defender mi presa me hicieron vacilar durante una décima de segundo, pero estaba demasiado impaciente como para detenerme. Cuando localicé a aquél solitario bisonte, lo atajé con las manos, silenciando su quejido de miedo cuando rompí su cuello y clavé mis colmillos en su carne suave. Me tomó menos de quince segundos dejarlo completamente seco.

Enojado, arrojé el cadáver un lado, la sed ardiendo con la misma intensidad de antes. Conocía por mi experiencia previa que necesitaría a dos más de estos si quería sentir el más mínimo alivio. Afortunadamente, podía reparar la presencia de un rebaño de caribúes a varios kilómetros al norte.

Sólo un microsegundo de distracción bastó para verme rodeado por la familia, incluyendo Rosalie, quien había decidido sumarse al grupo. Mis labios se retiraron para exponer mis dientes y un salvaje rugido emergió de mi pecho, preparándome para atacar antes de que Alice, como previendo mis movimientos, apareciera con dos caribúes vivos, cada uno siendo sostenido por cada brazo. Los arrojó despreocupadamente al suelo y me concedió suficiente espacio para que yo me alimentara.

No me interesó en lo absoluto darles la espalda. No podía pensar en nada más que en ese olor irresistible, así que acabé con ambos sin la más mínima paciencia. Durante el proceso, percibí a Rosalie desaparecer y reaparecer con otro bisonte, antes de ofrecérmelo a regañadientes. El bisonte murió antes de que yo pudiese terminar.

Si bien la sangre de los herbívoros era algo amarga, en lo absoluto tan atractiva como la humana, poseía un calor y una humedad que alivió la sed aguda y que recibí casi con agradecimiento. Casi. Sintiéndome lleno, con la calidez de la sangre recorriendo mi cuerpo, seguía con sed. No de forma desenfrenada al grado de desquiciarme por completo, por ahora, pero el dolor si era bastante molesto. Sabía que era normal en los neófitos como yo jamás sentirse saciados.

Esa resolución me ocasionó una incertidumbre. Tenía mucha experiencia con respecto al vampiro neonato, puesto que ya había atravesado por esa etapa una vez. Estaba convencido de que yo era uno de ellos, pero, ¿de nuevo? ¿Significaba que esta era la segunda? ¿Cómo era posible?

Mi concentración se vio interrumpida tanto por el ardor en mi garganta como por el ruido de los pensamientos, a los cuales comencé a prestar atención.

Qué asqueroso, pensó Rosalie con desprecio, en rechazo a mi salpicado atuendo y al desastre a mi alrededor. Hasta este momento, no me había percatado de que traía ropa.

Al menos se ve más calmado. Pobre, ha de sentirse tan desorientado… pensaba Esme con aflicción.

¿Será prudente continuar haciéndole caso a Alice? Tendríamos que haberlo inmovilizado ya. Necesito convencer a Esme de mantenerse al margen… Carlisle no hacía más que preocuparse por la seguridad de sus queridos.

Esto no tiene sentido, solo nos pondremos a todos en peligro. Alice está muy mal. Tendré que matarlo antes de que ella lo vea.

El pensamiento de Emmett despertó nuevamente mi instinto de ataque. Me giré exclusivamente hacia él, permaneciendo en cunclillas y amenazándolo con mis dientes.

Inténtalo —rugí en voz baja, apreciando por primera vez mi voz. Era igual que la de antes, pero más pulcra y melódica.

La tenue risita de Alice hizo que ambos nos volviéramos hacia ella. Emmett la observó con el entrecejo fruncido, alternando la mirada entre nosotros, tan confundido por su reacción como por mi respuesta. No obstante, yo si lo supe. La visión de Alice era una réplica de que lo estaba pasando y lo que estaba por suceder.

Jasper estaba maquinando la manera de abordarme desde mi costado izquierdo. Estaba considerando esperar a que mi mirada se fuera nuevamente a mi derecha, de modo que me sorprendiera con la guardia baja. Anticipando el movimiento, retrocedí dos pasos y me giré en su dirección, fulminándolo con la mirada. Le arrancaría el cuello antes de que se atreviera a ponerme un dedo encima.

Me abalancé precipitadamente sobre él, pero para esta ocasión, producto del enojo, no coordiné bien mis movimientos y terminé apresado entre sus brazos, justo como Alice previó. Antes de que pudiese escapar, Carlisle y Emmett se incorporaron y se hicieron cargo de mis extremidades, dejándome boca arriba en el aire, con Jasper y Emmett presionando mis miembros superiores y Carlisle los inferiores. Yo reconocía mi superioridad en cuanto a fuerza en comparación con alguno de ellos, pero cuando los tres se ponían de acuerdo para someterme mis sacudidas eran intentos en vano. Me superaban en número.

Vamos, Edward, te necesito cuerdo para que se los expliques, o nadie me va a creer. Pensó Alice con impaciencia, de pie frente a mí. No hice más que arrugar la frente. ¿Que explicara qué?

—¿De qué hablas? —musité entre dientes. Me sentía irracionalmente presionado por su postura tranquila y calmada, y su mirada desaprobatoria en mi dirección. Deseé empujarla lejos por el simple hecho de asumir una apariencia tan soberbia.

Fue allí cuando Carlisle comprendió la situación. Sosteniendo aún mis piernas, y con el rostro iluminado de curiosidad, se dirigió a Alice ladeando la cabeza.

—¿Puede leer nuestros pensamientos? ¿Al igual que Edward?

Todos manifestaron su desconcierto, sus mentes en torno al hecho de que yo fuese igual que su Edward. No entendía por qué tanto alboroto. ¿Su Edward? ¿Acaso no me tenían al frente?

—Por supuesto que lo hace —Alice empezaba a exasperarse—. Él es Edward. ¿Por qué no se lo preguntan?

Todos clavaron sus intimidantes ojos en mí, lo cual me hizo sentir profundamente furioso, porque la sed estaba comenzando a repotenciarse y ellos insistían obstinadamente en no dejarme escapar para continuar cazando.

—¿En qué estoy pensando? —una prepotente Rosalie se detuvo frente a mí con las manos en la cadera, divertida ante la escena.

Me tomó muchísimo esfuerzo no escupirle en la cara.

—Estás traduciendo el libro del Génesis de la Biblia al japonés. Y tú también me pareces una imbécil.

Un rastro de sorpresa surcó su rostro perfecto, apenas un segundo. Terminó lanzando un resoplido, apartando la mirada.

—Lo del don podría tratarse de una coincidencia.

—¿Podrías decirnos cómo te llamas? —preguntó esperanzadamente Esme, haciéndome fijar mi mirada en ella.

Un sentimiento extraño se arremolinó en mi pecho, una emoción que reconocí como cariño. Era la primera vez que me tomaba la molestia de detenerme en su amable rostro, pintado por la ansiedad. Su mirada yacía sobre la mía, y sus manos estaban enredadas entre ellas, puestas sobre su corazón. Ella estaba deseando con todas sus fuerzas que Alice estuviese en lo correcto, que su hijo hubiese vuelto a casa.

La incoherencia en su historia me dejó confundido. Sus pensamientos se centraban en una conversación telefónica que Carlisle sostuvo en conferencia con el resto de la familia días atrás, tras haber partido en auxilio de Alice cuando ésta le suplicó que la colaborara con ella en su misión de salvarme. Cuando le exigieron a Carlisle una explicación por el irracional comportamiento de Alice, ella se inmiscuyó en la llamada aludiendo que se trataba de mí, que Edward había reencarnado en otro cuerpo humano, y estaba a punto de morir a causa de un accidente. Si querían tener al verdadero Edward de vuelta, la única solución era transformarlo y entonces él recuperaría su vida. Todo sería como antes. Así Alice lo había visto.

Me sentí completamente desorientado al darme cuenta de que en realidad mi nombre era Eithan y que yo no era el sujeto al cual ellos tanto se referían. Debían estarme confundiendo. Pero, ¿cómo justificaba el hecho de que los conozco a todos desde hace más de cincuenta años? Ellos eran mi familia, sin lugar a dudas. El confundido tenía que ser yo.

—Soy Edward —contesté con cierta vacilación.

—¿Edward qué? —presionó Emmett.

—Cullen. Como ustedes —dije lo evidente.

El giro de sus pensamientos me informó de nuestro nuevo apellido actualmente en uso. ¿Milton?

—Pero intentaste atacarnos.

La voz de Carlisle proyectaba un matiz de decepción, pues este desconfiaba por completo de mis intenciones. No creía que yo era quien decía ser, puesto que consideraba a su Edward un ser incapaz de lastimar intencionalmente a él o a cualquier otro miembro de su familia.

Su acusación me obligó a encogerme de vergüenza en mi ya de por sí bastante humillante postura. "Descuartizarlos" era una mejor descripción para lo que quería hacer con ellos, pero, ¿cómo esperaban que no lo hiciera? Eran ellos quienes no dejaban de pensar en matarme y amordazarme. De cualquier modo, me sentí culpable por mis impulsos asesinos en su contra. No se lo merecían. Yo los amaba.

Decidí dejar de forcejear.

—Ustedes se lo buscaron —me limité a responder, mirando hacia el suelo. Al menos contaba con el silencioso apoyo de Jasper. Él desconfiaba de mi temperamento tanto como yo.

Emmett se hallaba rotundamente en desacuerdo al hecho de incluirme en su gran aquelarre. Seguía planeando en una forma de convencer a los demás de que debían eliminarme por el bien de todos.

—Nada de esto necesariamente significa que se trate del mismo Edward. Podría simplemente estar husmeando en nuestros pensamientos y ya.

—¿Cómo que "el mismo Edward"? —expresé con frustración en dirección a todos. Ninguno dejaba de compararme físicamente con el "otro" Edward. Estaba comenzando a hartarme—. ¿Acaso no me están viendo?

—No. Estamos viendo a Eithan Grant —Alice se acercó para inclinarse sobre mí con una mirada seria, manteniendo una distancia prudencial de mis dientes—. Eithan. Ese eres tú. ¿No lo recuerdas?

Asentí obedientemente con la cabeza, digiriendo este nuevo aspecto de la realidad. Alice estaba en lo correcto, aunque yo difería en el tecnicismo. Solía ser Eithan Grant estando en vida, pero un suceso imprevisto me convirtió permanentemente en esta despreciable criatura. Me parecía absurdo conservar mi nombre porque el verdadero Eithan estaba muerto para siempre, aunque reconocía la practicidad de ser llamado de esa forma.

Acceder a los recuerdos de mi vida humana resultó más difícil que lo que pensé. Era como intentar visualizar a través del agua turbia. Borrosos, pero recuperarlos aún era posible. Tendría que evocarlos con constancia a partir de ahora para que no desaparecieran para siempre.

En medio del escrutinio de mi anterior humanidad, tracé el punto exacto en el que mi vida establecía una continuidad con… la otra. Con mi otra vida.

Con las otras.

Precisé el momento en el que Edward Masen se convirtió en Edward Cullen.

Precisé el momento en el que emergió de las cenizas en su rol como Eithan Grant.

Precisé el momento en el que Eithan Grant se convirtió en esta indestructible criatura, condenada a contener las historias de aquellas cuatro existencias, cuatro personalidades altamente antagónicas… Hasta fundirse en una sola e interminable pesadilla.

—¿Qué te pasa? —preguntó Jasper, percibiendo en carne viva una réplica de mi propio horror.

Me viré para mirarlo con la locura plasmada en mi rostro.

¡Esto no podía estar sucediendo!

Carlisle, quien se había sentido repentinamente interesado por nuestra comunicación, eligió justo ese momento para evocar intencionalmente la imagen de un rostro que yo conocía muy bien.

Un rostro humano.

Mi mente se hundió en una ola de recuerdos tan cristalinos como el agua y tan precisos como el tiempo, pues estos fueron adquiridos a través de los sentidos de Edward Cullen. Se desplegaron a través de mis ojos en un orden cronológico inequívoco, cada momento a su lado grabados como fuego en todo rincón de mi mente. No existían barreras en el mundo que me impidiesen olvidar la muchacha que había pasado a ser el centro de mi universo, mi razón para existir. El amor de mi vida.

Bella.

Su nombre abandonó mis labios como un suspiro en el viento.

—¿La conoces? —inquiríó Rosalie, con la voz dulcificada por una repentina intriga. Su mente se centraba en rememorar un suceso.

Aquél suceso que acabó con mi vida.

Que acabó con su vida.

Todo a mi alrededor se había desvanecido, inclusive la desesperación causada por la sed en mi garganta. Ya era demasiado tarde para arrepentirme por no haber permitido que me mataran cuando aquella irreparable realidad se cernió sobre mí: irónica, cruel y absolutamente devastadora.

Bella estaba muerta.


¿Qué tal? :)

Me imagino que más de una encontró muchísimas incoherencias en el pensamiento de Edward a lo largo del relato. Quiero aclarar que eso fue intencional. Parecido a como pasó con Bella, su mente es un caos en este momento y toma tiempo que las experiencias y las personalidades de Edward Cullen y Eithan Grant se acoplen entre ellas.

Insisto en que no vean a Eithan como algo APARTE de Edward. Eithan ES Edward y viceversa, independientemente de su forma de ser y su apariencia física. Para la fantasía de esta historia, estamos hablando de un abstracto único e individual que es el ALMA, por lo tanto, esta es flexible y absorbe experiencia. Pero no pierde jamás su esencia.

Les recuerdo que Edward es un neófito ahora, por lo tanto es normal que se comporte de forma distinta a lo que veníamos viendo con Eithan y Edward. Eso se irá arreglando con el pasar de los capítulos.

En fin. ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Extrañaron a Edward? ¿Les gustó la integración de los Cullen a la historia? Sé que lo esperaban con ansias. ¿Si cumplió sus expectativas? ¡Espero que así haya sido!

Por otro lado, ¡GRACIAS GRACIAS GRACIAS por sus reviews! ¡Que emoción, ya estamos cerca de los 500! Son un sol resplandeciente. ¿Me regalarían otro para este capítulo? Sé que no he respondido los reviews del capítulo pasado, pero quiero que sepan que los leí todos. Apenas me desocupe mañana los responderé, al igual que los de este capítulo.

Ya saben, dudas, reclamos y sugerencias, estoy a la orden.

Nos leemos en la siguiente actualización!

Vicky.

PD: Quiero darle la bienvenida a las nuevas lectoras, y darle las gracias por sus rr a Karen, A. CULLEN, darky1995, GPCS. Sonitha Pico, PititaMasenSwan, Pili , Laura olivares, somas, .cabrera.x, ConiLizzy, jessicacarolinanavarro , Isis Janet , arreola061 , labluegirl94, Yoliki , Ale74, Ari Black-18, psialexa , Xi0t, Bitah, Bella Cullen Halliwell , theyddy, Vikkii Cullen , Teffy Cullen Salvatore , Galu91, Krom , chiquillanerd , Cullen-21-gladys, Sarai, TsukihimePrincess , Martu Vampira, bbluelilas , bluesweet, Tary Masen Cullen, y todos los "guest"!