Disclaimer: Los nombres de Eithan y Alba son de mi propiedad, pero sus espíritus pertenecen a Stephenie Meyer, al igual que la mayoría de los personajes de la historia.
Chapter 20:
Mistakes
E.
¿Sería prudente acercarme? No deseo atosigarlo. Tal vez podría inventar una excusa…
Las esquinas de mi boca se doblaron hacia arriba conforme los nerviosos pensamientos de Esme me invadían. No me parecían molestos en lo absoluto. Esa malsana preocupación que casi rayaba en lo obsesivo era demasiado enternecedora como para serme obstinante.
Sin dejar de sonreír, arrastré los dedos sobre las teclas, alterando el curso de aquella vieja pieza de Beethoven y reemplazándola por una sencilla composición que se me había ocurrido hace como una semana. Personalmente, la consideraba una de mis creaciones más insípidas y carentes de profundidad, pero Esme se había sentido encantada con el sonido, por lo que procuraba tocarla de vez en cuando para ella.
De hecho, tocar el piano era la única actividad que me provocaba hacer últimamente, además de cazar. Me tranquilizaba. Era eso, o terminar en una pelea con Emmett o con Jasper. Tomar ventaja de mi temperamento de neófito y sacarme de mis casillas se había convertido en un pasatiempo para ellos, y ya habíamos destrozado la parrillera decorativa del jardín en una de nuestras contiendas. Carlisle no había estado nada contento con ello.
Está interpretando algo para mí de nuevo, seguía pensando Esme, suspirando como una enamorada. Es tan considerado. ¡Y se ve tan guapo cuando se concentra…! Cuanto agradezco que me permita tocarlo….
Apreté los labios para disimular mi humor, pero ella no lo pasó desapercibido. Se detuvo al pie de las escaleras con sus brazos apoyados en sus caderas como jarras. A dos meses de haber sido convertido de nuevo en vampiro, había dejado de sorprenderme la naturalidad con la que mis viejas memorias calzaban entre sí y configuraban todas esas intuitivas recreaciones que formaban parte de mi imaginación; justo como ocurría ahora, que casi podía imaginármela frunciendo el ceño desde su postura, con su mirada suspicaz puesta estáticamente sobre mí.
¿Eso fue...? ¿Se está burlando de mí? Pensó, indignada.
Esta vez no pude contener la risa.
—Lo siento —le respondí, empleando a propósito mi típica mirada de disculpa mientras alzaba la cabeza para observar sus lindos -y parcialmente enojados- ojos, lo cual la conmovió de inmediato.
Era curioso. Daba lo mismo el rostro al cual pertenecieran mis tácticas de manipulación. Siempre funcionaban.
—Puedo dejarte a solas, si eso prefieres —sugirió con timidez, con algunos restos de la vergüenza de haber sido pillada pensando en mí. En otras circunstancias, jamás se hubiese sentido avergonzada con algo tan insignificante como eso, pero esta nueva situación comprometía esa naturalidad. Tenía sus dudas en cuanto a la forma más apropiada de relacionarse conmigo, y eso la hacía vacilar incluso para un acto tan superficial como acariciar mi cabello.
—Eso es ridículo, sólo estoy siendo maleducado. Sabes que no tienes por qué limitarte conmigo, Esme. Jamás podrías molestarme.
Me dedicó una sonrisa forzada, y casi se me escapa una mueca de preocupación ante la mueca. Percibía lo mucho que le costaba desviar la dirección de sus pensamientos para no ofenderme, pero Esme era demasiado emocional como para sostener esa determinación por demasiado tiempo. Ella no podía evitarlo. Quería ser mi madre de nuevo.
Pero ya no podía serlo. Yo la amaba, pero muchas cosas habían cambiado y esta era una de ellas. No me sentía cómodo dirigiéndome a Esme como mamá tal como lo hacía en antaño en mis andares de Edward Cullen, porque ya no lo era. Y aunque podía sentir lo mucho que eso la lastimaba, no estaba entre mis opciones sacrificar mis principios y fingir mi comportamiento por el simple hecho de complacerla. Muchas cosas habían cambiado en mi vida, así como existían otras que no estaba dispuesto a reemplazar, y mi fidelidad y mi amor por Elizabeth era uno de ellos. Y Esme lo sabía.
Mejor me retiro antes de incomodarlo. No debería sentirme de esta manera. No debo… Dios, no puedo evitarlo. Yo soy su madre. Yo…
Con su dignidad convertida en trizas, se marchó antes de que pudiese decir algo más.
Contrariamente al peso de la culpa que comenzaba a aplastarme de nuevo, la tensión de mis hombros disminuyó en cuanto desapareció por las escaleras, y no pude evitar pensar en mi llegada.
Había sido un día largo. Muy, muy largo. Esme fue, por mucho, la más efusiva de todos. Desde el momento en que se acurrucó en mis brazos no existió fuerza sobrenatural que la soltara en lo que restó del día aunque, irónicamente, ella fue la que mejor se comportó.
Mi pequeña demostración había despertado una especie de histeria en la casa que casi termina en violencia cuando Jasper intercedió con su don para tratar de tranquilizarlos a todos, y Emmett amenazó con mandarlo a volar si no se detenía, sin dejar de repetir en voz alta como un mantra que "esto no es posible". Así que Jasper se limitó a arrinconarse con Alice en el mueble, observando con irritación el comportamiento desorganizado de los demás, incluyendo a Carlisle, quien no dejaba de dar vueltas en círculo por la sala sin despegar sus ojos de mí.
Cuando Rosalie terminó en estado catatónico en un extremo de la habitación, Jasper y yo decidimos que era suficiente. Arrastrando a Esme conmigo, los induje a sentarse sobre los sofás de la sala de estar, esperando que ese acto social de educación que aprendimos a imitar con los años los obligase a permanecer calmados. Y funcionó, porque la ronda de preguntas se extendió casi hasta la madrugada. Relatar mi historia fue una tarea particularmente tediosa con Esme ceñida a mi cuerpo y su llanto descontrolado opacando mis palabras, pero ningún miembro de la familia se atrevió a interrumpir su desahogo. Todo parecía absurdamente ficticio incluso para nuestros estándares. Incluso para mí.
Les hablé de un Eithan que no tenía la menor idea de toda la vida que llevaba a cuestas. Les hablé de mis padres, de mi infancia y mi adolescencia. Cada pequeño fragmento de experiencia era un deleite para los maternales oídos de Esme, quien alzaba la cabeza de su escondite esporádicamente para preguntarme cuál era mi comida favorita, cuál fue mi promedio en la escuela, mi primera novia, o algo tan insignificante como cuándo aprendí a atar los cordones de mis zapatos. Me extendí respondiendo esas trivialidades en un intento de retrasar la parte crucial de la historia, pero la tensión que flotaba en la habitación era casi palpable con mis dedos. Yo sabía lo que ellos querían escuchar, el único pensamiento que los atormentaba.
Esme comenzó a sollozar más fuerte cuando comencé a contarles cómo había muerto, y fue ahí cuando me di cuenta de que morir no había sido tan traumático para mí como ellos lo imaginaban. Había sido tan rápido que el dolor no estuvo presente durante muchos minutos, aunque si recordaba la desorientación, ese momento en el que mi posición en el mundo se perdió cuando mi cuerpo fue descompuesto en pequeños miembros. Tan veloz, que estoy seguro de que jamás hubiese comprendido que me habían convertido en pedazos de no ser por el sonido, por las risas, por el sádico placer de mis verdugos cuando me arrojaron al fuego. Mi don se convirtió en el narrador omnipresente de mi muerte, paso por paso.
Ahora sabía que mi comportamiento fóbico hacia el fuego cuando era un niño tenía una razón de ser bastante coherente. La última imagen, la última sensación que conservo de esa vida antes de desvanecerme, eran las llamas a mi alrededor. El único recuerdo que me llevé conmigo.
El dolor se instauró en mi pecho, haciendo que casi me equivoque de tecla. No, la fobia no había sido la única cosa que me traje conmigo, porque existió otra más, un fantasma que se las arregló para permanecer a mi lado durante mi infancia antes de que la sociedad me condicionara a bloquearlo de mi mente. Porque, aunque yo no lo recuerde, en el fondo, ahí estuvo Bella.
Siempre estuvo Bella.
El sonido de unos pasos llamó mi atención. Había estado tan absorto en mis pensamientos que no me percaté de que Rosalie bajaba las escaleras junto con Emmett, tomados de la mano.
—Iremos de caza. ¿Te apuntas Edward? —él preguntó juguetonamente, notando que mis ojos ya comenzaban a oscurecerse.
Eithan, Edward, me daba lo mismo como me llamaran. De todos modos ambos nombres me parecían horribles.
Negué con la cabeza. Era cierto que la sed que cargaba en este momento estaba transformándose en una situación insoportable, pero si quería remotamente estar cerca de Alba tenía que comenzar a practicar mi autocontrol, empezando por la abstinencia. Y así tal vez, en unos meses…
—Gracias. Mejor en otra ocasión.
Malinterpretando mi negativa como un ataque personal hacia ella misma, Rosalie contuvo una mueca en su rostro y soltó su mano del agarre de Emmett, apresurándose a la salida con el orgullo herido. Ignoré su arrebato agotado de todo este melodrama, hasta que Emmett se volvió hacia mí con una expresión exasperada, culpándome de que ahora ella estuviese lo suficientemente furiosa como para no querer que la tocaran durante el resto de la noche.
Casi sentí lastima por él, pero casi, casi. Ya sufría bastante con mi propia frustración sexual como para tener que compadecerme de la suya.
—No tienes que ser un cretino. ¿Lo sabes, no? Ella lo está intentando.
—Lo sé.
—¿Cuándo te volviste tan rencoroso? Entiendo que puedas seguir enojado, pero creo que ya estás exagerando.
Bufé.
—¿Me hablas tú de rencor?
Ahora me había puesto de pie frente a su imponente figura, y por primera vez en mi vida moderna me sentí acomplejado por mi estatura, ya que este cuerpo físico tenía cinco centímetros de altura menos que el anterior.
—Actúas como si ella fuese la culpable de tus decisiones de mierda. Ella jamás quiso que murieras. Ninguno de nosotros imaginó que serías capaz de irte corriendo con los Vulturis y armar todo ese berrinche para que te mataran. Ha estado arrepintiéndose durante todos estos años por habértelo dicho. ¿Por qué no puedes perdonarla?
—No tengo nada que perdonarle. He asumido la responsabilidad de mis decisiones y he pagado muy caro por ellas —grazné, apretando los dientes para conservar la paciencia. Los superficiales remordimientos de Rosalie no podrían importarme menos.
—Entonces, ¿cuál es todo el alboroto? ¿Qué importa todo lo que pasó si al final obtuviste lo que querías? Después de todo Bella está viva, y está contigo, ¿no?
Estreché mis ojos en una mortífera mirada de advertencia. Él sabía perfectamente que el tema de Bella era un tabú en esta casa.
Pero hablábamos de Emmett. No era parte de su carácter mantener su maldita boca cerrada.
—Si no estás enojado con ella por haberte dicho lo que pasó con Bella, ¿entonces qué es? ¿Es por Bella? ¿Es porque ella no significaba nada para Rosalie y por eso te llamó para…?
Eso fue suficiente para hacerme estallar. Terminamos en el suelo casi arrancándonos por partes, destruyendo la puerta corrediza de cristal en el proceso y persiguiéndonos el uno por el jardín hasta llegar bosque. A lo lejos, podía escuchar las reprimendas de Esme exigiéndonos que nos detuviéramos y sonido del teléfono de la casa chillando sin cesar, pero estábamos demasiado furiosos como para dejar de golpearnos.
Un puñetazo en mi quijada me hizo caer de bruces hacia atrás, pero antes de poder alzarme para contraatacar a mi oponente, un delicioso aroma se coló en el aire y me dejó paralizado.
—¿Edward? —apenas escuché la alerta en la voz de Emmett. Mientras él no logró reaccionar a tiempo, yo ya estaba corriendo en dirección al olor, ese exquisito olor, y todo a mi alrededor perdió significado.
¿Valía la pena tanto sacrificio, todo para terminar privado de una delicia como aquella por el resto de mi existencia? Tanta disciplina, tanta constancia, ¿valía la pena? ¿De verdad valía la pena?
No, no lo valía.
Casi podía imaginar el calor que irradiando su cuerpo conforme me acercaba a mi destino. El golpeteo punzante de su yugular bajo mis labios. El pecaminoso placer de saborear esa zona con mi lengua y hundir mis dientes en esa carne suave, dulce y completamente dispuesta para mí. El sabor de su sangre, caliente, húmeda…
Mierda, mierda, mierda. ¿Qué voy a hacer? ¿Por qué justo ahora? Llegaré tan tarde para la reunión. Locomotora del infierno…
La chica se encontraba de puntillas examinando el motor de su vehículo en medio de la carretera cubierta de nieve, con el ceño fruncido y su pequeña lengua sobre sus labios, concentrada en determinar por qué el auto había dejado de arrancar. La alcanzaría antes de que Emmett me alcanzara a mí. Ella no tendría tiempo de gritar. Ni si quiera me vería venir. Al fin y al cabo, una muerte rápida era mejor que nada. Yo tendría lo que quería, y ella dejaría de sufrir los ruines e inevitables acontecimientos de este mundo miserable. Todos ganábamos.
Pero en cuanto me puse a su lado, tomándola delicadamente de la muñeca y el sonido de sus huesos rompiéndose en un instante –supongo que no fui tan delicado como pretendía-, su mirada perdida se posó sobre la mía y vi mi reflejo en sus ojos marrones, tan parecidos a los de Alba.
A los de Bella.
Un grito de dolor rompió en el aire, pero eso no fue suficiente incentivo para perturbarme. Me quedé allí, hundiéndome en esas piscinas marrones que apuntaban hacia a mí y que se negaban a alejarse. Mi aparición había sido tan repentina y la impresión no le permitía hacer otra cosa más que mirarme sin parpadear, demasiado horrorizada como para forcejear o para atender a la muñeca que prácticamente yo había acabado de destrozar con mi agarre.
La sangre comenzó a gorgotear. Sabía que estaba fluyendo de alguna parte de su mano. Sabía que tenía que terminar el trabajo antes de seguir sometiéndola a esta tortura. Yo deseaba matarla, con todas mis fuerzas, pero simplemente no podía moverme, ni si quiera respirar para comprobar que el olor era todavía más increíble de cerca que de lejos. ¿Por qué no podía moverme?
Piensa en Bella, una vocecita irrumpió en mi delirio. Imagínate haciéndole esto a ella.
Piensa en Bella.
Y eso hice.
Recordé con precisión aquella visión que Alice había tenido en un tiempo de mi vida donde no fui capaz de valorar toda la suerte que tenía. Antes de enamorarme perdidamente de ella.
Bella yacía inerte en mis brazos tan pálida como una hoja, la sangre fresca y escarlata salpicada en el suelo y mi mirada fría, indiferente, saciada, puesta sobre su rostro que se había apagado para siempre. No me importaba en ese entonces. Una frágil e insignificante humana del montón, que no era más que un obstáculo que entorpecía la fuerza de voluntad de una criatura sumamente soberbia.
Había logrado salvarla de ese destino, y todo para encaminarla a uno todavía más cruel e implacable. Ahora que miraba hacia atrás, todas las excusas que firmemente defendí para justificar mi comportamiento parecían tan absurdas que me provocaba reír de la pena. Edward Cullen no había sido más que un cobarde, un infeliz demasiado cegado con su fanatismo religioso como para arriesgar todo lo que tenía sin medir consecuencias. Todas esas creencias ahora parecían estúpidas, tan estúpidas que para Eithan Grant era imposible aceptar haber arruinado al amor de su vida a causa de ellas.
Una furia súbita y desgarradora me hizo temblar de impotencia y de odio. Odio hacia mí mismo. Odio hacia la vida por haberme corrompido con su estupidez. Odio hacia esta maldita chica de sangre lo suficientemente apetecible como para querer romper mi promesa, de ojos sufribles e increíblemente parecidos a los de Bella. Como si el universo se encargara de restregarme mis errores en la cara una y otra vez sólo para torturarme. Como si mi propio auto-castigo no fuese suficiente.
Oh, no, merecía eso y mucho más.
Aun recuerdo el estupor de su mirada cuando le dije que ya no la amaba, mientras que yo seguía sosteniendo mi falsa careta serenidad y cinismo. ¿En qué momento su sufrimiento dejó de importarme? ¿Cuándo me convertí en aquello que tanto deseaba evitar? Yo de verdad estaba seguro de que estaba siendo un monstruo por querer quedarme a su lado, y eso no podría estar más lejos de la cruda verdad de esta infeliz historia; el monstruo, el verdadero monstruo en mi interior apareció el día en el que decidí abandonarla a la suerte en ese bosque.
¿Sería capaz de arruinar la vida de esta chica también?
Alice, Jasper y Rosalie se ubicaron junto a Emmett. El susodicho no había movido un solo músculo durante los segundos que hice contacto físico con la chica, porque él sabía que en cuanto pusiese mis manos sobre ella ya no iba a valer la pena intentar detenerme.
¿Por qué no sólo la mata de una vez? Se preguntó Jasper, absolutamente confundido. Estaba seguro de que ni si quiera el neonato con el autocontrol más asombroso del planeta dejaría de flaquear en una situación de semejante calibre como esta; con la herida expuesta ante mí y la sangre brotando a borbotones a centímetros de distancia. Él la hubiese devorado hace milenios de estar en mis zapatos. De hecho, estaba teniendo bastantes problemas tratando de no saltarle encima a mi presa.
Pero bueno, él tenía razón. ¿Por qué es que aun no me la había comido, en primer lugar? Estaba tan sediento. ¿Qué era lo que estaba esperando?
Piensa en Bella, la voz me recordó. Piensa en Bella.
Bella.
Alba.
Bella.
Alba.
Solté su brazo.
Ella cayó hacia atrás, perdiendo la conciencia cuando su cabeza chocó contra el pavimento.
No iba a romper mi promesa.
Huí.
…
Carlisle me esperaba bajo el marco de la puerta cuando llegué a casa, después de que hice una parada en el bosque para intentar aplacar mi sed con unos cuantos apestosos animales. Supongo que Alice lo había llamado, aunque en realidad no lo sabía. Él no estaba pensando en eso, sino en Esme, quien se sentía tan intranquila pensando en la chica humana que salió a encontrarse con los otros para ayudar en algo.
—Estoy muy orgulloso de ti —Carlisle garantizó cuando lo vi a los ojos, conteniendo una sonrisa de satisfacción para no faltarme el respeto.
—Casi la mato —diferí.
—Pero no lo hiciste.
—Le quebré todos los huesos de la mano izquierda, es irreparable. Probablemente también le disloqué el hombro —clavé mi mirada en el piso, con la culpa embargándome al recordar lo físicamente atractiva que era esa niña—, su vida normal se acabó.
Él no respondió. Estaba al tanto al igual que yo, de lo superficialmente crueles que podrían ser los humanos, y ese defecto físico jamás pasaría desapercibido entre ellos, sin contar con el trauma y el dolor físico que tendría que enfrentar a partir de ahora. Acababa de arruinar la vida de otra inocente humana.
Yo era un monstruo.
Sus pensamientos se desviaron al enigma que había entretenido sus noches durante las últimas semanas, y me sonrió en disculpa por no poder evitar traer consigo en ese tema en mi presencia. No deseaba ahuyentarme ni mucho menos presionarme, pero la intriga era demasiado irresistible para su vena curiosa.
Asentí con la cabeza, dándole mi aprobación para que continuara.
Sé que no existe gran parentesco físico, tal como ocurrió contigo y con Bella, analizó, con aire dubitativo. Pero son tantas las coincidencias… tan solo mira las coincidencias.
Oh, demonios que lo hacía. ¿Cómo no hacerlo? La vida de Eithan era en gran parte una escalofriante y modernizada réplica de la vida de Edward Masen. Ambos crecimos en Chicago, en Illinois. Ambos sostuvimos una relación deficiente con un padre abogado y un fuerte lazo con una madre cariñosa, cuyo nombre, en ambos casos, era Elizabeth. Aunque honestamente, no poseía demasiados recuerdos de mi primera madre como para hacer la comparación y descifrar si estábamos hablando de la misma persona.
—Tampoco lo sé —accedí a exponer mi punto de vista, elevando mi mirada hacia el cielo—. Supongo que podría tratarse del mismo "espíritu". Me gustaría decirte que me reconforta creer que mi madre se negó a soltarme y regresó para volver conmigo, pero no siento nada —admití sin una pizca de compasión—. Sólo sé que amo a mi madre; a mi Lizzy, porque mi primera madre, la primera Elizabeth, es una extraña para mí. Casi no la recuerdo.
Carlisle asintió, comprendiendo mi argumento.
—Sin embargo… existe algo que no termino de entender.
Su semblante se iluminó, en parte emocionado porque haya decidido al fin a acudir a él como en los viejos tiempo.
—En mi caso —proseguí— se evidencia un arquetipo de padre y madre parecidos, con personalidades aparentemente idénticas, y una ciudad en común. Sin embargo, con Alba no fue así: su padre la abandonó cuando era niña, cuando Charlie fue un hombre que la amaba. Su madre, Emma, lejos de ser irresponsable y algo negligente como Renée, lo hizo todo para sacarla adelante, incluso si eso significaba abandonarla un poco en el proceso. Incluso Edward padre y Richard fueron los primeros de la familia en morir —no soportaba la idea de que Elizabeth podría ser la próxima, asumiendo que existiese algún retorcido patrón de eventos—. ¿A qué se debe que yo haya tenido que repetir tanto de mi vida pasada, mientras que la crianza de Alba parece tan distinta a la de Bella?
"Por otro lado, ambos nacimos el mismo día en que morimos. Supongo que eso tiene sentido. También tiene sentido que Alba naciera en el mismo pueblo de origen de Bella, pero, ¿qué pasa conmigo? ¿Por qué Forks y no Chicago, o Volterra, donde se supone que morí? No tiene sentido. Son demasiadas inconsistencias y consistencias juntas al mismo tiempo.
Carlisle se tomó un tiempo para considerarlo, escaneando mi nuevo rostro como si no deseara olvidarse nunca de él. Los sentimientos bailando en sus ojos solapándose unos con otros eran un reflejo digno de sus pensamientos: la tristeza de no haber estado a mi lado durante todos estos años para verme crecer, la preocupación por mi salud mental después de todo lo que había vivido, la inmensa alegría de tenerme de vuelta, el agradecimiento hacia la mujer que me crió y que me convirtió en el hombre que soy ahora, y finalmente el orgullo, por seguir siendo yo mismo a pesar de las dificultades. No lo merecía.
—Son esas mismas preguntas las que han rondado mi cabeza, pero eso tú ya lo debes saber. ¿Estamos en presencia de la reencarnación tradicionalmente conocida por un sinfín de religiones? ¿Están todos los seres vivos sujetos a las leyes del karma, y nuestras vidas no son más que un compendio de circunstancias regidas por el destino y causadas por nuestras elecciones pasadas? Y de ser así, ¿qué los hace tan diferentes a ti y a Bella que el universo decidió juntarlos de nuevo para recordar el pasado? ¿Por qué nosotros no contamos con esa suerte? Me gustaría tener las respuestas a tus preguntas, hijo. Tal vez la reencarnación no es real y este ha sido un caso excepcional, y debe existir otra razón que explique lo que les está pasando a ustedes. No lo sé. Supongo que eso lo sabremos con un poco más de investigación o exhaustiva, o tal vez en el otro lado, si es que existe.
En el "otro lado" no hay nada más que oscuridad y silencio. Pero no dije nada.
Para ninguno de los dos pasó desapercibido la forma en la que me había llamado, y no pude evitar sonreírle. Él, hinchado de felicidad por mi aprobación, me sonrió de regreso. Carlisle era fundamentalmente distinto a Esme por muchas razones. Él fue mi mentor, mi guía y mi apoyo durante casi cien años. Había decidido salvarme de la gripe española para que fuera su compañero, su amigo, hasta que más adelante descubrí que nuestra relación no se diferenciaba en lo absoluto a la que un padre guardaba con su hijo. El punto era que, a pesar de mis ideas encontradas respecto al tema, si no fuera por toda la compasión que impulsó a Carlisle a convertirme en aquel verano de 1918 jamás hubiese conocido a Bella, ni hubiese descubierto esa felicidad incomparable a ninguna experimentada por los seres pensantes. Pero al mismo tiempo, si él no hubiese tomado esa decisión, Bella aun seguiría viva.
Sacudí la cabeza, ahuyentando ese pensamiento. Bella estaba viva. Alba había tomado su lugar. Emmett tenía razón en algo, y es que al final mi deseo más profundo se había hecho realidad: ser humano, para poder estar con ella. Entonces, ¿por qué seguía sintiéndome como si se hubiese ido?
Alice decidió reunirse con nosotros justo en ese momento, dejando a los otros encargándose de arreglar el desastre que yo acababa de ocasionar. Tenía el rostro deformado por la frustración de no haber podido evitar el accidente a tiempo, expresando su rabia con grandes pisadas mientras se dirigía hacia su computador con la intención de empezar a buscar sitios potenciales a los cuales mudarnos dentro de las siguientes dos semanas.
Ni Carlisle ni yo nos atrevimos a decir una palabra cuando ella pasó frente a nosotros. No éramos tan estúpidos.
—Siempre llego tarde —se quejó, encerrándose en su habitación con un portazo.
Treinta minutos después llegó Rosalie, quien me lanzó otra de sus miradas disgustadas y se fue a su habitación… con un portazo. Emmett iba a matarme.
Los demás regresaron cuando las paredes seguían temblando ante la ira de Rosalie. Esme estaba algo afligida por culpa de la chica, y después de asegurarme que estaba orgullosa de mí y que jamás podría sentirse decepcionada, Carlisle la arrastró cariñosamente al patio trasero para consolarla. Jasper apoyó una mano sobre mi hombro en un gesto de comprensión, y caminó hacia el segundo piso para alcanzar a Alice.
Emmett ni si quiera estaba molesto conmigo cuando encendió el televisor para ver el juego de los rivales de toda la vida, Steelers vs Cowboys. Ya se había resignado a ser ignorado por su compañera en lo que quedaba del día.
—¿Cuál fue el montaje esta vez? —pregunté, ocupando un lugar a su lado en el sofá tranquilamente. Nosotros teníamos esta extraña habilidad de dejar a un lado el hecho de que estuvimos a punto de arrancarnos la cabeza dos horas atrás.
—El auto resbaló en hielo del pavimento y cayó hacia el precipicio por la nieve, y ella salió volando por la puerta del piloto que no cerró con seguro, rodó por la nieve hasta abajo. El auto alborotó una que otras rocas y una de ellas le aplastó la mano y también se golpeó la cabeza. Lo común.
—¿Y el hecho de que me vio?
—Bah, con ese golpe que se dio será suficiente para confundirla cuando despierte —se encogió de hombros, como si no fuese la gran cosa. Eso solo me hizo sentir peor—. En fin. De todos modos, gracias a ti tendremos que mudarnos de nuevo.
—No estás ayudando.
Se rió entre dientes, volviendo su cabeza a la pantalla cuando los Cowboys anotaron. Seguí la dirección de su mirada.
—¡Carajo! —no pude evitar espetar, frunciendo el ceño ante esa tonta jugada de mierda. Malditos Cowboys.
Emmett agrandó los ojos, sin poder creer que acababa de tener una reacción emocional hacia un partido de fútbol americano. Me sonrió complacido.
—Cambié de idea. Me gusta este nuevo Edward.
—Preparen sus cosas —Alice asomó la cabeza desde el segundo piso—. Y Jasper, llama a Jenks. Nos vamos a Alaska.
…
—Lamento tener que arrastrarte a esto.
Emmett se encogió de hombros, demasiado concentrado en admirar lo bien que le lucía su traje de buceo.
No es tan malo, excepto por el frío. En realidad no es gran cosa.
Claro, él ya lo había hecho antes un par de veces, pescando pingüinos. Era uno de sus pasatiempos favoritos. Por mi parte, no me agradaba demasiado la idea de tener que recorrer una buena parte de nuestro camino a Delta Junction a nado, a pesar de que fuese la forma más sencilla de pasar desapercibidos... o casi. Carlisle y yo teníamos esta teoría de que posiblemente nuestra especie era la responsable de fenómenos como el bloop*, el cual atormentó la vida de los científicos hace varias décadas.
No estaba listo ni de cerca a encerrarme en un avión lleno de suculentos pasajeros. Y eso significaba, por ende, que tampoco estaba lo suficientemente entrenado como para arriesgarme a buscar a Alba. De ninguna manera.
Apreté los puños, pensando en su hermoso y desolado rostro surcado de lágrimas. El esfuerzo que requería no salir corriendo hacia ella para tomarla en mis brazos era desgarrador, pero la necesidad de protegerla de mis propios demonios superaba mi egoísmo. Me sentía espantosamente al mantenerla alejada de…
Me quedé de piedra, cayendo en cuenta de lo que acababa de hacer. ¡Maldición! ¿Cómo no lo noté antes? Al desaparecerme de su vida y evitar cualquier contacto con ella bajo la excusa de protegerla de mí mismo, estaba cometiendo los mismos errores del pasado. Los mismos errores que hicieron que Bella… No, esta vez era diferente, tenía que ser diferente. En esta ocasión no estaba huyendo para salvar su humanidad, sino para salvarla de una muerte segura. Si me atrevía a verla en estas condiciones, la mataría. Aun me sentía demasiado joven.
Esa resolución me hizo arrugar la cara. Ahora que lo pensaba, Alice no me había insistido sobre Alba ni una sola vez. Ni si quiera había tocado el tema, en un acto de sutileza extremadamente impropio de ella. Ya habían pasado dos meses. ¿Acaso ella sabía algo que yo no?
—Vamos —la estruendosa voz de Emmett interrumpió mis pensamientos—. Si nos movemos ya, tal vez podamos llegar antes que los otros.
Asentí con la cabeza, tratando de apartar todo el pesimismo de mi mente, y entonces decidí que no tendría nada de malo jugar un poco.
—¿Te apetece una competencia?
Emmett soltó un bufido.
—Suerte ganándome.
*Según Wikipedia, El Bloop fue el nombre que se les dio a unas extrañas ondas de sonido de baja frecuencia detectadas por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) en 1997. El sonido era consistente con los ruidos generados por icequakes de grandes icebergs, o grandes icebergs raspando el fondo del océano, pero en 2002 se dijo que también sería compatible con enormes animales marinos. La NOAA considera que estableció un análisis concluyente y que el ruido estaba relacionado con hielo.
¡Feliz navidad atrasada!
Primero que nada, por favor no me asesinen. No he tenido una época color de rosa últimamente, ya que un familiar padece de una enfermedad terminal y eso ha sido espantoso para todos nosotros, ya que me la he pasado más tiempo atendiéndolo que centrándome en mis actividades. Ha sido una época muy dura, pero me tomé un descanso para entregarles este capítulo como regalo de año nuevo. Espero poder publicar el siguiente pronto, ya que últimamente estoy inspirada.
Así que, cambiando de tema, ¿les gustó el capítulo? ¿Extrañaron a los Cullen? Si es así, dejenmelo saber a través de un REVIEW y tranquilas, porque los Cullen estarán con nosotros en la historia a partir de ahora, y no se van.
Por otro lado, en el siguiente capítulo será el primer encuentro entre Edward y Bella, ahora que ambos han recordado todo. Se narrará el momento en el que Edward se topa con Bella y a Jacob en la carretera, como lo dejamos en el capítulo 17, pero desde el POV de Edward. También habrá una conversación interesante entre Bella y Los Cullen.
Quiero aclarar que a partir de ahora se viene drama. ¿O acaso esperaban que estos dos se reunirían y todo sería azúcar, flores y colores? ¡Para nada! El fic se terminaría en un segundo. Sólo les daré una pista: el amor y el odio vienen de la mano.
Como siempre, muchas gracias por seguir aquí y por todas sus alertas, favoritos y reviews. No podría estar más agradecida. Recuerden que dudas y sugerencias, estoy a la orden, independientemente del tiempo que me tome responder a sus reviews. Gracias por sus reviews a Sharon , Ari Black-18 , EliAnaGisele, V1V1, Stefi Cullen, catabeauvoir , Elena, PCullenIam , A. CULLEN, somas , Alba yasmin, Adriu , PititaMasenSwan, kaja0507 , CecyBlack , arreola061, Galu91, Cullen-21-gladys , Labluegirl Mellark , Pili , Tary Masen Cullen , darky1995 , TsukihimePrincess , Yoliki, y todos los "Guest"!
Hasta la siguiente actualización, ¡y próspero año nuevo!
