Disclaimer: Los nombres de Eithan y Alba son de mi propiedad, pero sus espíritus pertenecen a Stephenie Meyer, al igual que la mayoría de los personajes de la historia.
Chapter 22:
Bella
E.
Carlisle y Esme fueron los siguientes integrantes en escena en ofrecer su bienvenida Alba y a su acompañante, puesto que fueron los primeros a quienes Jasper le pareció adecuado contactar. En cuanto colgó la llamada, los susodichos se organizaron para abandonar sus oficios con la intención de alcanzar a Alba en el trayecto. Emmett se encontraba con ellos, a causa de que por amabilidad le había ofrecido a Esme el gesto de acompañarla en su jornada laboral en lugar de estar en la escuela. En cuanto a Alice, se encontraba presentando un examen de cálculo que valía cerca del sesenta por ciento de la materia y del cual no había conseguido zafarse mediante los métodos tradicionales, por lo que tendríamos que esperar cerca de veinticinco minutos para que nos iluminara con su presencia. Rosalie vendría con ella.
Ciertamente, el espionaje siempre había sido una de mis habilidades más acentuadas. O al menos, así solía ser cuando era el desgarbado y larguirucho cuerpo de Edward Cullen el que tomaba las riendas del asunto en cuestión. El cuerpo de Eithan Grant no era tal delgado, ni tampoco así de liviano, por lo que el grado de sigilo que me singularizó y que se expresó con espontaneidad sólo podía surgir ahora con una buena dosis de concentración.
Cuando me aseguré de que mi presencia no había sido advertida por nadie -con excepción de Jasper, quien estaba destinado a soportar en silencio una cucharada del desastre emocional que se desataba en mi fuero interno-, me oculté detrás de un árbol y me quedé inmovilizado. Esta distancia me proporcionaba la libertad de atender a toda la conversación sin que sospecharan mi presencia, especialmente Jacob Black, sin duda alguna mi potencial asesino. Desde que Alba se vio en la obligación de confesar el resto de la historia después de la escenita pública que ambos montamos, en la mente de Jacob había florecido el más puro deseo de venganza. Si me arriesgaba a asomarme en esa casa se originaría una masacre. Y Alba jamás me perdonaría si matábamos a su amigo.
Si es que el perdón era una opción para mí.
Jacob y Alba se encontraban de pie frente a la entrada. Al mismo tiempo, Jasper estaba absorto regulando las emociones del licántropo, y parte de su atención se centraba en vigilar cada uno de sus movimientos. Esa precaución era claramente un asunto recíproco, a juzgar por la expresión calculadora del hombre lobo.
Que siga esa asquerosidad mirándome de esa manera… amenazó para sus adentros.
—Tranquilízate, Jacob —Alba le recordó, con una entonación en la voz que hacía un desagradable juego con su mirada desganada.
—Vas a matarme, niña. Al carajo estos chupasangre. Tú vas a acabarme —graznó Jacob, sin perder de vista a Jasper un solo segundo.
—Sé que esto parece irreal, pero…
—¿Irreal? ¿Te estás escuchando? Acabas de decirme que tu maldito prometido es… ese maldito chupasangre que te destruyó la vida. ¡Y tú has convivido con él durante todos estos años como si nada!
—Técnicamente no conviví con él, sino con Eithan.
—Es la misma mierda. Debí saberlo. Debí matarlo.
—Eithan no tenía la menor idea de nada. Él no recordaba nada… hasta ahora. Así que supongo que ahora sí tendría sentido que lo mates —agregó con una risita, similar a que la hubiese atacado algún pensamiento que le causase gracia.
Sus palabras me desencajaron tanto como su risa siniestra, puesto que sobrellevaba un diálogo sobre mi muerte con la misma serenidad con la que se ejecuta un comentario acerca del efecto climático. El comentario se prestaba para que cualquiera asumiera que le ocasionaba alguna especie de mórbido placer la idea de que me arrancaran por partes.
Aunque, pensándolo bien, creo que así era.
Bella es una psicópata, Jasper me concedió.
—Carlisle Cullen es la última persona en el mundo que me haría daño —Alba prosiguió—. Pórtate bien, Jacob, ¿de acuerdo?
Extendió la mano con la intención de alcanzar su brazo, pero él la rechazó con una brusca sacudida.
—Ya no soy un maldito adolescente, Bella,así que deja esa mierda —cortó él, arrojándole una mirada enfurecida cuyo contenido se centraba en cuánto la culpabilizaba por someterlo a abandonar a su familia y a arriesgarse a sufrir una muerte probable con el fin de reunirla con el responsable de su muerte. No se hubiese atrevido a aceptar ayudarla de haberlo sabido.
Alba se encogió como si la hubiesen electrocutado, pero asintió con obediencia y guardó silencio, ladeando discretamente la cabeza para ocultar sus lágrimas de él.
Aquello casi me hace explotar. ¿Con qué derecho él le gritaba de esa forma? ¿Y por qué ella se lo permitía? ¿Qué la impulsaba a respetarlo tanto?
Entonces Esme, Carlisle y Emmett aparecieron en el auto de Carlisle. Alba no se inmutó en lo absoluto. A través de la mente de Jasper apreciaba su semblante distante, como si parte de su mente se encontrase vagando en otras ideas más dignas de su interés. Pero en cuanto Esme se aproximó a ella, portando su intachable porte de ternura modesta, el rostro de Alba flaqueó en una mueca de malestar, y pude por fin entender que estaba deseando con todas sus fuerzas salir huyendo de ahí.
—Buenas tardes, Esme —Alba musitó cohibidamente—. Lamento importunarlos, apareciendo así de improvisto.
—En lo absoluto, querida. ¡Oh! necesito que me disculpes, me siento tan avergonzada, pero me temo que no sé cómo llamarte.
Alba sonrió.
No era una sonrisa honesta.
—No es necesario tanto formalismo. Puedes llamarme Bella. Ya nos conocemos, después de todo.
—Por supuesto —Esme asintió, sin molestarse en ocultar su expresión maravillada. Por algún extraño motivo observarlas tan juntas me parecía una experiencia alucinante, ya que ambas compartían prácticamente la misma edad biológica y sin embargo, Alba lucía físicamente más joven frente a Esme.
Carlisle interrumpió mis divagaciones al acercarse. Estaba sumergido en una nube de anticipación que superaba a la fascinación, ante la extraordinaria suerte de encontrarse frente a frente con el espíritu de una mujer fallecida. Su escepticismo no lo convertía en un hombre muy impresionable, pero desde mi reaparición en su vida, su perspectiva filosófica de la vida y el alma estaba sufriendo una transformación radical. El hecho de estar en presencia de alguien cuyo cuerpo físico estaba enterrado era tan extraordinario que debía controlar sus expresiones para no parecer irrespetuoso frente a Alba.
—Buenas tardes, Bella —saludó cortésmente, regalándole una sonrisa de disculpa.
—Carlisle… —Alba sonrió, al tiempo en que alzaba la cabeza para toparse con Emmett—. Hola, Emmett.
—Hola, ¿Bella? Estás más… pequeña —respondió el muy impertinente, rompiendo en una sonrisa de oreja a oreja. La verdad es que él no se estaba tomando en serio nada de esto. Tanto la formalidad como la teatralidad con la que estábamos manejado la situación parecían estúpidas bajo su juicio, pero era lo suficientemente cortés como para no inmiscuirse en el asunto.
—No podría decir lo mismo de ti —contestó ella con un bosquejo de humor en su sonrisa. A ella siempre le agradó Emmett.
—Carajo. ¿Me entenderías si te dijese que todavía no puedo creer que estoy conversando contigo?
—Mucho más de lo que piensas. Yo aun no termino de acostumbrarme —se rió, deteniéndose en abrupto al recordar que no se encontraban solos—. Discúlpenme. Este es Jacob Black, un amigo. Vino para hacerme compañía. Supongo que es innecesario que diga más, ¿no? Seguramente Alice los ha puesto al corriente con cada detalle —añadió, arqueando una ceja.
Y así es como la amabilidad terminaba.
—Por supuesto —Carlisle ignoró la pulla, mirando a Jacob—. ¿Por qué no pasan adelante? Son nuestros invitados. Alice llegará en cualquier momento.
Entro. No entro. Entro. No entro...Jacob meditaba, pensando en sus probabilidades frente Emmett y Jasper juntos.
—Puedes esperar dentro del auto, si así lo prefieres —Alba sugirió.
¡Maldición! A la mierda con esto.
—No. Entraré contigo, si no es mucha molestia —Jacob rebatió, obligándose a mirar a Carlisle.
Dejé que mi don se colara dentro del recibidor, capturando a la primera persona que complaciera mis propósitos. Decidí absorber la mente de Emmett, la cual me otorgó la libertad de convertirme en sus ojos y en sus oídos.
Alba se sentó sobre uno de los sofás del recibidor, con las manos enguantadas en su regazo y la espalda erguida con la dignidad del las bailarinas. Se había deshecho de los dos kilos de tela, cargando solamente un suéter de mangas y sus jeans. No observaba a nadie en particular, ya que su mirada yacía sobre algún objeto de la casa, dada la concentración en su rostro. Deseé que Emmett fuese un sujeto más curioso y se virara para captar qué era lo que atrapaba tanto su atención, pero estaba inmerso en escanear la bomba a punto de estallar que era Jacob Black, y ninguno de los otros parecía interesarse en prestar atención a lo que ella estaba observando.
—¿Les apetecería un poco de chocolate caliente? —Esme habló, y automáticamente salté sobre sus pensamientos.
Alba se giró hacia ella, y me pareció observar un destello de malicia en sus ojos que nos sorprendió tanto a Esme como a mí.
Nos odia, Esme pensó, acongojada.
—Es muy amable de tu parte, Esme, pero no me gustaría que ensuciaras tu impecable cocina por nuestra causa.
—En lo absoluto, querida. Más de una vez me ha tocado cocinar, cuando recibimos visitas. ¿No es así, Carlisle?
—En efecto —Carlisle sonrió con amabilidad, una sonrisa cargada de ansiedad—. Ustedes dos estaban congelándose allá afuera. Estoy seguro de que algo caliente les sentará bien.
Preferiría meterme una bala en la cabeza yo mismo.
—No, gracias —respondió Jacob secamente, de pie a un lado de Alba. No había aceptado la invitación a tomar asiento. También le repugnaba la idea de hacer contacto con cualquier objeto que hubiese pasado por nosotros. Tengo que admitirlo; al menos tiene la amabilidad de fingir un poco de decencia.
Viene alguien, pensó, escuchando el chirrido furioso de los frenos de un auto mientras patinaba sobre la nieve hacia nuestra dirección.
Alice y Rosalie se aparecieron exactamente un minuto después, internándose en el recibidor sin contemplación alguna. Los ojos de Rosalie cayeron de inmediato sobre Alba, recorriéndola en una rápida excursión, y frunció tenuemente la boca al juzgar que era menos bonita de lo que Alice le garantizó. En esta ocasión no me sentí acorralado por el impulso de enfadarme por su criterio. No es como si fuese una sorpresa para mí que su pobre mente no contara con los componentes para preocuparse por algo que no fuesen las superficialidades.
Me pregunté cómo se sentiría Alba al encontrarse con Rosalie, por lo que me concentré en estudiarla desde la mente de quienes la seguían con la mirada, y todo indicio de preocupación desapareció.
En estas mismas circunstancias, Bella se habría sentido intimidada frente a ella y habría esquivado sus ojos, con la cabeza gacha y probablemente retorciendo nerviosamente sus manos. En su lugar, Alba le sostuvo la mirada firmemente y sin acobardarse, como si la idea de provocar a Rosalie no significara nada para ella.
No pude contener mi sonrisa, sintiendo algo similar al orgullo instaurándose en mi pecho. Así era Alba, la mujer que no se doblegaba ante nadie, y que nunca permitió ser pisoteada por ninguno. Creo que llegaba a entender por qué nunca me motivé a demostrar un comportamiento tan protector con ella en mi rol de Eithan. ¿Para qué proteger a una mujer que podía protegerse a sí misma?
Rosalie no podía ocultar la evidente sorpresa en su rostro. Ningún humano hasta ahora había tenido el atrevimiento de desafiarla de aquella manera. Por otra parte, Alice sólo tenía ojos y cabeza para Alba. Ni si quiera se molestó en dedicarle al hombre lobo una mirada de reconocimiento cuando se aproximó hacia ella.
—Bella…
—Ahórratelo —Alba atajó, lanzando chispas por su ojos.
—De acuerdo —convino Alice con derrota.
—Me dijiste que… Eithanestaba teniendo un mal rato —el énfasis con el que pronunciaba mi nombre destilaba sarcasmo—; me dijiste que los neófitos necesitaban tiempo para adaptarse, y que si él no me llamaba era porque aun no era lo suficientemente racional para recordarme, y que aquello era normal, que pronto se acostumbraría y que volvería a mí. Me dijiste que los Cullen sabían sobre Edward y que finalmente te habían creído. Se supone que nosotros éramos los únicos en saberlo. Todos menos él.
—No quise hacerlo —Alice respondió a solo segundos de desvanecerse del pánico, sujetando las manos de Alba entre las suyas con una súplica silenciosa.
—¿Que no querías hacerlo? ¡Me mentiste, Alice! —Alba se libró de su agarre y se puso de pie, descargando todo el peso de su ira sobre Alice—. ¡Lloré día y noche, todos los días, durante seis meses, tú lo sabías y no hiciste absolutamente nada! Y ahora vengo aquí y ¿con qué me encuentro? ¡Que todos saben quién soy yo, cuando tú me dijiste que habías preferido no contarles que soy Bella! Ustedes… —se interrumpió para respirar, sin poder contener del todo su gemido de dolor—. Ustedes siempre supieron todo. Y al igual que la primera vez, no les importó para nada lo que pudiera sucederme.
—Oh, querida, nosotros si nos preocupábamos por ti —interfirió Esme, lidiando con un torbellino de remordimientos y de culpa en su interior.
Alba la observó, y asumo que la expresión desesperada de Esme fue suficiente para ablandar su mueca de disgusto.
—Tienes todo el derecho de estar enojada, Bella —Carlisle añadió—. Hicimos todo lo que pudimos para convencer a Edward de que se había equivocado, incluso ahora. Ninguno de nosotros estuvo de acuerdo con que te mintiera todos estos meses, pero debes entender que tampoco es nuestra responsabilidad inmiscuirnos en los asuntos de Edward. Lo que menos deseábamos era que se sintiera traicionado por nosotros y se marchara. No estábamos dispuestos a perderlo de nuevo.
Alba se mordió el labio, sin despegar su mirada iracunda de la apacible de Carlisle. Conocía muy bien ese rostro. Era el rostro que portaba cuando ponía todo su esfuerzo en no mandar a la mierda a alguien.
Finalmente, respiró, soltando la tensión en las líneas de su rostro.
—Yo… lamento haber sido irrespetuosa —Alba admitió, observando tímidamente a Carlisle y a Esme desde sus pestañas—. No quisiera que se aflijan por mis palabras, y lamento haber dicho lo que acabo de decir. Ustedes no tuvieron nunca nada que ver en esto. Lo que pasó entre Edward y yo… —cerró los ojos, desordenando nerviosamente sus cabellos—. No importa. En todo caso, mi problema es con Alice, no con ustedes.
—Alba, el motivo por el que guardé silencio es que quería protegerte —Alice retomó su discurso, tratando de persuadirla con un dulce tono de voz.
—No esperaba esta traición de tu parte, Alice. No de ti, después de todo lo que pasó —Alba rompió en llanto, negando delicadamente con la cabeza—. De Edward… supongo que de Edward no debería sorprenderme —espetó, sin molestarse en esconder el veneno que la sola idea le producía—. Él siempre fue un excelente actor, y un mentiroso nato. Por eso estamos aquí, ¿no? No le tembló ni le temblará el pulso para abandonarme de nuevo.
¡Jamás lo haré!Deseé tener la oportunidad de gritarle con todas mis fuerzas. Nunca, mientras el mundo siga siendo mundo. Acabaré con lo que sea, mataré a quien sea, antes de dejarte de nuevo.
—Bella, Edward iba a matarte. Lo vi hacerlo.
Alba desprendió su mirada del suelo para fruncirle el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Tuve una visión de él asesinándote, hace varios meses. Vino a mí cuando Edward tomó mi teléfono para llamarte y decirte la verdad. Él tenía tan solo semanas de haber renacido, y era demasiado joven, Bella. Edward iba a matarte porque era demasiado joven para controlar sus impulsos.
Detallé el rostro impasible de mi prometida mediante siete diferentes puntos de vista, y las siete perspectivas me informaban acerca de una ceja inquisitiva curvada hacia arriba, pero nada más.
—Ah. ¿Y cómo era la visión?
Me fue imposible no rodar los ojos. Era ridículo que el que acabaran de decirle que su pareja iba a matarla no hubiese sido suficiente para vulnerar una pizca de su zona de confort. La confesión de Alice apenas consiguió modificar su expresión tan fría, y soy capaz de asegurar que fue la curiosidad y no la indignación lo que la animó a preguntarle a Alice sobre los detalles.
Era imposible contradecir el hecho de que nos encontrábamos en presencia de Isabella Swan, la imprudencia personificada y cuyo instinto de supervivencia era cero.
Y eso me enfurecía.
—Bueno… —Alice vaciló, mirándola extrañada porque se encontraba tan perpleja como yo por la indiferencia con la que presuntamente Alba digería la noticia—. Él viajó a Nueva York, aparentemente. Tú estabas en el apartamento, saliendo de la ducha. Y él…
—Se hizo la cena conmigo, ¿verdad?
—Por la forma en que lo planteas, no suena tan mal.
—Es que no suena tan mal —Alba bufó, cubriéndose el rostro con las manos—. Maldita sea, Alice, ¿tanto escándalo por esto? Díganme, ¿desde cuándo el que Edward quiera matarme ha sido una noticia nueva? ¿Creen que no sé en qué demonios me estaba involucrando cuando estuve dispuesta a abandonar toda mi vida por él, hace más de dos décadas? ¿Acaso creen que yo no percibía la sed en su mirada cada segundo que estaba a mi lado? ¿No se les ocurrió pensar que esa era una de las principales razones por las cuales yo quería que me transformara? ¡Les aseguro que no me agradaba la idea de que mi novio deseara matarme!
—Bella, estás siendo irracional. ¿De qué sirven todos tus planes si estás muerta? Es evidente que no conoces lo absolutamente peligrosos que los neófitos pueden llegar a ser —Alice comenzaba a salirse de quicio.
Alba le echó una mirada a todos los presentes, desde Rosalie hasta Emmett, deteniéndose en Jasper, quien se hallaba a la expectación mientras ésta lo analizaba. Él no percibía ninguna emoción de rabia o de tristeza emanando de ella en su contra. Incluso, se atrevía a asegurar que no estaba experimentando ninguna emoción particular mientras lo contemplaba. Simplemente… parecía sentir curiosidad por él.
¡Esto era tan frustrante! ¿Por qué miraba a Jasper de esa forma? ¿Qué pasaba por su cabeza? Era sumamente desesperante encontrarme aquí, sin poder acceder a ni uno solo de sus pensamientos para eventualmente poder reconfortarla de alguna manera. Era agobiante observar su apariencia tan cínica y cargada de desprecio sin poder llevar a cabo una acción inmediata para remediarlo.
¿Qué es lo que estás pensando?
—Carlisle —Alba lo miró—. Si yo te pidiera que me transformaras, hoy, ahora mismo. ¿Lo harías?
¡No!Sentí como todo mi cuerpo se quedaba helado. Sabía muy bien de dónde provenía esta sensación tan aguda en la que tierra acababa de perder su órbita. Estaba más que familiarizado con ella.
¡No!Me preparé para saltar.
¡No!Volví a pensar, cegado por el sabor amargo del miedo y la locura más atroz que me remontaban a una época gobernada por estas emociones, a un mundo donde el destino se aseguraría de que Bella fuera arrebatada de mis brazos para siempre. Y antes de que me atreviese a arruinarlo todo, me detuve, desconcertado y desconociéndome a mí mismo y a toda la historia que me había cambiado.
Porque ya yo no era el mismo hombre que fui en otro tiempo. Esa criatura de antaño había desaparecido, y este instinto masoquista de desolación no era más que un reflejo, un hábito, una sombra del pasado que condenó y acabó con la historia de un iluso que se hizo llamar Edward Cullen. No podía seguir permitiendo que todas mis intenciones estuviesen sometidas a la merced de sus caprichos. No podía cederle el poder de controlar mis ideales y mis propias pretensiones, despojando a Eithan de toda voluntad y de toda identidad, como si su existencia ya había aportado lo que tenía que aportar y ahora era condenada a desaparecer en el olvido.
Isabella. No podría vivir en paz conmigo mismo si te causara daño alguno. La idea de verte inmóvil, pálida, helada… No volver a ver cómo te ruborizas, no ver jamás esa chispa de intuición en tus ojos cuando sospechas mis intenciones… Sería insoportable. Ahora eres lo más importante para mí, lo más importante que he tenido jamás.
Isabella yace ahora inmóvil, pálida y helada para siempre. Sus ojos se encuentran apagados y su cuerpo se descompone dentro de un ataúd en el cementerio de Forks. Ella ha tenido que encarar ese destino para poder convertirse en algo más, algo distinto, algo único y tangible, algo que perdura por encima de mis caprichos y de mi egoísmo y de mi más puro egocentrismo. Ella ha vuelto para estar conmigo.
Y yo le he fallado de nuevo.
Mis manos se apretaron en puños. Me negaba a continuar con el papel de ese iluso. Me negaba a acabar con la vida que con tanto esfuerzo Eithan Grant había construido. Me negaba a perder lo único que me quedaba de Bella. ¿Cómo pude tardar tanto tiempo en entenderlo?
—¡De ninguna manera! —Jacob se pronunció, sujetándola del brazo —. Ya tuve suficiente de este circo. ¿Me escuchaste? ¡Es jodidamente suficiente! ¡Nos vamos!
—Cuidado.
Emmett descruzó los brazos, dando un paso al frente. Si Jacob Black llegaba a importunar a Alba en lo más mínimo, la participación de Emmett no sería necesaria: yo mismo le arrancaré la mandíbula.
—Está bien, Jake. Tranquilízate, ¿sí? —Alba acarició su antebrazo, lanzándole una especie de aviso con la mirada—. Sólo quiero conocer la respuesta de Carlisle, y entonces nos iremos. ¿Y bien, Carlisle?
Carlisle parpadeó, demasiado sorprendido como para ocultar su incomodidad.
—Conmigo no correrías ningún riesgo. Personalmente, no siento nada que me impida hacerlo. Sin embargo, Edward…
—Por supuesto —Alba lo interrumpió, soltando un bufido—. Aquí siempre se tiene que hacer lo que Edward quiere. Honestamente, Carlisle, en nuestra relación, mi opinión nunca fue tomada en cuenta. Nunca se me concedió el derecho de vos ni de voto. De haberlo tenido, les aseguro que toda esta tragedia pudo ser evitada. Y ahora me he quedado sin nada.
Algo en mi interior se desmoronó. De eso se trató siempre, ¿no? De los sueños. Siempre los sueños. Edward Masen, Edward Cullen, Eithan Grant. La realidad es que los sueños y aspiraciones que los conformaron nunca debieron tener el derecho de existir; no si éstos fueron los responsables de arrebatarle a ella cada uno de sus sueños.
Sus sueños. Ella tenía tanta razón. ¿Cuándo me tomé la molestia de dedicarme a considerar sus sueños? ¿Cuándo respeté sus peticiones, por más mínimas o insignificantes que fuesen? ¿Cuándo me importó lo que ella quería?
"Ya sabes lo que quiero".
"Sueño con poder estar contigo para siempre".
"¡Bájame! ¡Déjame otra vez en la acera!"
"Esto es tan totalmente innecesario…".
"No puedo ser siempre Lois Lane. Yo también quiero ser Superman".
"¿Quieres un estéreo que funcione bien? Pues conduce tu propio coche".
"Quiero que me beses otra vez".
"No me dejes"
"¿Te quedarás?"
"Quédate".
"No. No lo hagas".
"¡Espera!".
"¿Juras que no me vas a dejar?"
"Lo juro".
Abrí los ojos.
Alba seguía hablando.
—En fin, lo hecho, hecho está. Edward me demostró lo que yo represento para él cuando decidió mentirme de nuevo. Será mejor que me retire ahora. Lamento haber sido tan inoportuna al venir aquí. Les estoy muy agradecida por haberme recibido, Carlisle, Esme.
—No tienes por qué marcharte, Bella —Carlisle replicó.
¿Qué puedo hacer? Todo esto es una locura. No puedo dejar que se vaya así. Edward se va a volver loco. Carlisle pensaba con alarma, arrojándole a Alice una mirada de auxilio.
—No tiene sentido que me quede —Alba murmuró, con la vista clavada en el suelo—. Lo que Edward y yo… lo que nosotros… —gimió, volviendo a ocultar sus ojos de mí con sus manos—. Esto se acabó
Me quedé frío.
Ella no podía estar hablando en serio.
—¡Bella! —Alice se precipitó hacia ella, ocasionando que en un acto reflejo, Jacob se interpusiera en su camino.
Jasper estuvo a su lado en menos de un parpadeo, dispuesto a asesinarlo por amenazar a Alice, pero antes de que Emmett se sumara a la rencilla y el derramamiento de sangre comenzara, Alice inclinó la cabeza hasta donde su cuello se lo permitió, atravesándolo con la más colérica de sus miradas.
—Te arrancaré todas tus uñas.
—Adelante —sonrió él.
—Ay, por el amor de… Jacob—Alba se afincó de sus hombros, luchando en vano por apartarlo hacia atrás—. Ya nos estamos yendo. Alice no me hará nada.
—Bella, ¿perdiste la cabeza? No puedes dejar a Edward. Él te ama —Alice discrepó con incredulidad.
—¡Me mintió! ¡Ese bastardo me abandonó, me engañó, arruinó mi vida, y me ha mentido de nuevo! —chilló, tan furiosa que Jacob tuvo que sostenerla del brazo para que no se lanzara sobre Alice—. ¡El muy infeliz no me respetó! ¡He vivido por él y para él todo este tiempo, él sabe quién soy yo, y aun así no me respetó porque se atrevió a tratarme como una estúpida al mentirme de nuevo! He estado sola… tan sumamente sola. Deseando todos los días que él despertara, que me recordara, que recuperáramos algo de lo que alguna vez fuimos, ¡y él prefirió apartarme antes que estar conmigo! Tenías que haber visto su rostro, Alice. Su nostálgico rostro de mierda. Era exactamente el mismo rostro que tenía en el hospital, cuando me salvó de James, cuando le rogué que nunca me dejara. Él se estaba despidiendo —lloró, enjugando sus lágrimas—. Él me mintió. Y no me quedaré aquí para que termine de pisotear la poca estima que me queda. No me echaré a morir como lo hice en un pasado. No terminaré con mi vida por él.
Ella me odia,caí en cuenta, y la sola idea era tan desgarradora que podría partirme en dos.
Ella en serio me odia.
—Escucha, Bella —Carlisle le suplicó—, estoy consciente de que ninguno de nosotros jamás llegará a comprender todo por lo que Edward y tú experimentaron. Esa es una idea inconcebible…
—Exactamente —lo interrumpió—. Puede que Edward les haya contado todo, pero no tienen la menor idea de lo que pasa entre nosotros ni de las condiciones que tenemos en nuestra relación. O mejor dicho, las condiciones entre Eithan y yo. Con él yo era capaz de perdonar todo, todo, inclusive una estúpida infidelidad de humanos. Pero no una mentira.
—Pero Edward ya no es Eithan —Alice discrepó con enfado, levantando el tono de su voz—. Edward es Edward. Y sí, te mintió, algo muy propio de Edward, si me permites decirlo. Y sí, yo también te mentí, pero no quería que ustedes dos hablaran y que convencieras a Edward de ir hacia ti para que te matara.
—¿Desde cuándo te volviste tan cuidadosa y tan meticulosa? Si mal no recuerdo, tú eras la primera que estaba convencida de que no corría ningún peligro estando con Edward —Alba apuntó de forma sardónica.
—Desde que ustedes dos se mataron, par de idiotas, y yo tuve que resolver sus asuntos pendientes. ¿De verdad pensaste que dejaría que te expusieras al más mínimo riesgo, ahora que por un milagro del cielo estamos teniendo esta conversación? Te juro que me arrepiento cada día por no haberte transformado yo misma cuando pude. Hubiese preferido mil veces cargar con el resentimiento eterno de Edward y hacernos un favor a todos que verte metida en un ataúd.
—¡Esto es absurdo! ¡Lo que me dices no tiene sentido! Si tanto piensas así, ¿entonces por qué no me transformaste apenas Edward se volvió vampiro de nuevo? ¡Todas tus mentiras son una pérdida de tiempo!
Alice frunció los labios, vacilando en sí decirle o no lo que pensaba. Terminó optando por la sinceridad.
—Porque sé que ya no lo deseas.
Alba relajó los hombros, ampliando los ojos ante la sorpresa porque Alice había descubierto sus intenciones.
Porque, aparentemente, Alice la conocía mejor que yo.
¡Lamento mucho la tardanza! Perooooo, espero que el capítulo haya gustado :)
Como siempre, me pregunto: ¿qué piensan ahora con la postura de Alba? La situación se acompleja, como verán, ya que Bella no es tan... sumisa como antes. Sólo le puedo decir a Edward: "Suerte con ella, amigo".
En fin. ¿Les gustó el capítulo? ¿Fue lo que esperaban? Déjenme un hermoso REVIEW diciéndome qué piensan. Su opinión ayuda mucho para tomar decisiones en la historia. Es probable que el próximo capítulo saltemos a un POV de Bella. Todavía no lo he decidido. Pero ahí vamos.
Nota de autora corta porque estoy corta de tiempo. Quiero darle las gracias a somas , linda bella , Emma Emmav, Cecy Yoyis , val2901 , ANDY CULLEN, kaja0507 IvrianC (HOLA AMIGUITO MASCULINO, ESPERO SEGUIR SABIENDO DE TI! *lo abraza*), anybella , Sofitkm, Cullen-21-gladys , Chiarat, PititaMasenSwan, Yoliki, Hanna D. L , darky1995, Ale74, Adriu, Iamyuurikatzuki, Ari Black-18 , Dess Cullen, Pili , TsukihimePrincess, bbluelilas, y todos los guest!
Hasta la siguiente actualización.
