Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Sin embargo, la historia si es de mi propiedad.


Advertencia:

Capítulo MUY largo. Procuren leer en un momento en el que aseguren que tengan tiempo libre.

Disfruten!


Chapter 28:

Third Look

(Año 2054).

E.

La he encontrado.

Las palabras de Alice me amedrantaron en un patrón cíclico conforme se reducía la distancia que me separaba de mi destino. Incapaz de mantener la calma, mis dedos tamborileaban sobre el apoyabrazos de mi asiento, y si no me dominaba lo suficiente corría el riesgo de abollar el suelo del avión con la fuerza de mis talones.

Una de las azafatas que cruzaba el pasillo detectó mi impaciencia, atribuyéndola al nerviosismo que muchos pasajeros presentaban durante vuelos tan largos. Siendo parte de su trabajo tranquilizar la actitud de los más ansiosos, consideró esta una oportunidad para acercarse hacia mí, interesada por mi apariencia.

—¿Desea una copa de champán, señor? —me preguntó en su perfecto irlandés, su lengua materna. No tuve que alzar la mirada para descubrir el calor que encendía sus mejillas. Podría sentirlo a metros de distancia.

—No, gracias —contesté en su idioma, haciendo un intento por ocultar mi irritabilidad.

Decepcionada por mi falta de interés, sonrió con educación, antes de acudir al llamado de otro de los pasajeros de primera clase que deseaba que su vaso de whisky fuese llenado.

La he encontrado.

A la velocidad de los aviones modernos estándares, el tiempo estimado de vuelo desde Dublín a Los Ángeles era de siete horas con veinte minutos, pero yo lo percibí como una eternidad.

La he encontrado.

La he encontrado, Edward.

El torrente de imágenes parecía rebotar dentro de las paredes de mi cráneo. En ningún momento las consideré una tortura; no durante los últimos años, al menos. ¿Cómo serlo? Era gracias a ellas que yo podía sobrevivir durante el día sin caer en la demencia. Era así como había saboreado todos mis días. Cada día, hasta el más efímero, durante diecisiete años.

Bella, Bella, Bella.

Mi amor, mi Bella. Mi dulce Bella.

Alice asegura que la visión nació de repente, como si se hubiese chocado contra ésta. En ella pudo vislumbrar una confrontación, algo similar a una pelea escolar, y un breve vistazo a sus ojos fue suficiente para descubrir de quien se trataba. Para saber que Bella había vuelto.

Agaché la mirada hacia la pantalla de mi móvil, donde se plasmaba la dirección de una vivienda ubicada en uno de los barrios de la ciudad de Pasadena, en el condado de Los Ángeles. Mi memoria fotográfica la había archivado de inmediato, pero no podía evitar releerla una y otra vez, como si con el hecho de hacerlo conseguiría materializarme allí en un parpadeo. Más abajo, había un nombre y un apellido:

DARICE ROGERS

Repasé su nombre tantas veces que en algún punto llegó a convertirse en una canción. Las notas sonaban perfectamente dentro de mi mente, como una acumulación armoniosa de casi dos décadas de tristeza y soledad.

Eran las seis y media de la noche cuando aterricé en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles. Traspasé el protocolo de seguridad y caminé en dirección a la salida, sosteniendo tan solo mi equipaje de mano. Era una maleta discreta que contenía el equipo tecnológico que mi trabajo me exigía, disfrazado de manera que pareciera tan solo ordenadores y dispositivos corrientes. No malgasté tiempo esperando a que descargaran el resto de mi equipaje. No era más que ropa y baratijas para mezclarme con los humanos.

Varias personas se detuvieron para mirarme. No por la atracción que podría generar en ellos, sino porque era imposible para casi nadie ignorar al hombre que atravesaba los pasillos como alma que lleva el diablo.

Para cuando renté un automóvil en la primera agencia de vehículos que encontré frente a la salida principal del aeropuerto, mi reloj de muñeca marcaba las siete de la noche para esta región, y puede que haya sido la segunda mejor noticia de las últimas horas que me provocara deseos de ponerme a aplaudir como un lunático. El tráfico no debería ser tan insufrible a esta hora, y mi tiempo para encontrarme con Bella se iba a acortando, acortando…

Atendí la llamada de Alice en manos libres antes de que el primer repique pudiese terminar de sonar.

No cruces a la derecha en el siguiente semáforo —advirtió calmadamente—. Acaban de chocar dos autos y te quedarás atascado durante un buen tiempo.

—Gracias —contesté, girando hacia la izquierda.

Ella estará en casa. Está sola.

—¿Ya has conseguido seguir sus movimientos?

Alice había estado intentando rastrearla durante el último día, pero hacerlo solo le conseguía una fuerte jaqueca. Más bien había sido un completo milagro haber dado de casualidad con ella, en una situación en la que Alice estaba compartiendo un momento solas con Jasper, sin ni si quiera esforzarse en concentrarse en algo. Al igual que su experiencia con Alba, a quien había contactado nueve años después de su renacimiento sin motivo aparente, Alice no había sabido descifrar cuáles fueron las condiciones necesarias para que pudiese volver a encontrar a Bella después de todos estos años. Los eventos que determinaban que Bella apareciera en nuestro radar en cualquiera de sus vidas, aparentemente, siempre sería un misterio.

Difícilmente —contestó—. Pero puedo ver los tuyos, y sé que ella estará en su habitación. No te precipites. Se llevará un gran susto si solo te cuelas por su ventana como si nada.

—¿Me viste hacerlo?

¿De verdad estás tan sorprendido?

Gruñí.

No te angusties, no es tu culpa. Es injusto pedirte que la veas y no sientas deseos de ir hacia ella. No ha sido fácil.

Apreté los párpados, advirtiendo que estaba peligrosamente cerca de perder los estribos. Si me permitía explotar en este momento para exponerme tan irresponsablemente frente al mundo, los Vulturis acabarían conmigo. Después de mi accidente de hace unos diez años, cuando en un arrebato de locura acabé con la vida de un despreciable humano que intentó abusar de una mujer indefensa en un callejón de mala muerte en Nevada, los había puesto sobre mi pista. No solo por los testigos que dejé detrás, sino por los videos captados por el sinnúmero de cámaras de seguridad en Las Vegas que circularon por las redes sociales durante meses, antes de que desaparecieran misteriosamente del radar.

No era una sorpresa que el cuerpo de seguridad de los Vulturis se haya armado con sus propios medios tecnológicos para impedir que sospechas sobre nuestra naturaleza filtradas en internet generaran daños colaterales que pudiesen poner en peligro nuestra existencia. Ahora, más que en tiempos remotos, nuestra especie debía ser extremadamente cuidadosa si no quería revelarse a los humanos, y los castigos por infringir la ley eran tres veces más severos de lo que fueron en el pasado. Cualquier vampiro que se atreviera a exponerse en cualquier grado estaba condenado a morir junto con su aquelarre, y no sin antes padecer de una intensa tortura. Los vampiros más viejos y prudentes habían comprendido los riesgos de crear neófitos por simple aburrimiento, por lo que lo evitaban. Si lo hacían, se encargaban de ellos. Y aquellos neófitos que por alguna razón habían sido abandonados por su creador, sin el respaldo de un compañero experimentado que los orientara para que no ocasionaran destrozos, terminaban cayendo tarde o temprano ante la ira de los Vulturis.

Inhalé y exhalé pausadamente, solo para tener algo con lo que distraerme mientras sepultaba mis impulsos bajo tierra. Quería gritar. Quería destrozar todo a mi alrededor, liberar aquella tensión que venía soportando durante tanto tiempo.

No pierdas el control.

No pierdas el control.

Cuando logré encerrar a mis demonios, abrí finalmente los ojos, dándole la razón a Alice internamente.

Porque no, no había sido nada fácil.

—¿Cómo es ella? —la pregunta se deslizó en mi lengua antes de que tuviese tiempo de poner en orden mis reflexiones.

Sentí la leve sonrisa de Alice en cada palabra.

—Lo sabrás cuando la veas.

El aspecto de la casa era del tipo tradicional, con la típica pintura blanca de fachada y un techo de tejas azules. No era demasiado lujosa, pero tampoco ofrecía indicios de desestabilidad económica. Eso me tranquilizó. Significaba que ella no pasaba hambre.

Desde esta distancia apreciaba con perfecta claridad el caluroso sonido del latido de un corazón, rítmico y acompasado. Tal como Alice predijo, ella se encontraba a solas.

Enterré mis uñas en mis palmas con cuidado -si me las rompía, jamás crecerían-.

No te precipites.

Me escabullí hacia el jardín trasero de la vivienda, rodeándola para ubicarme frente al árbol de la casa vecina, apuntando hacia la única habitación cuya ventana yacía abierta y donde sabía que ella se encontraba. Si mi corazón aun latiera, estoy seguro de que no sobreviviría a la mezcla de terror y expectación que casi me deshace cuando trepé sigilosamente el árbol y mis ojos fueron atraídos por la luz que me permitía apreciar cada detalle de este momento. Después de toda esta insaciable búsqueda, de la soga que se cernía en mi pecho durante cada instante de todos los años que fui capaz de soportar, ahí estaba ella.

No iba a negarlo; siempre me generó curiosidad cuál sería su aspecto una vez que me topara con ella. Recordaba lejanamente a qué clase de mujeres me sentía atraído en la edad de oro de Edward Masen, y fue más adelante, cuando mis sentimientos por Bella traspasaron la barrera intelectual para explorar en el plano físico, que percibí mi regocijo al considerar a Bella físicamente atractiva para mi gusto. Con Alba no fue muy diferente. De alguna manera, en cualquiera de mis identidades, me había sentido inclinado hacia las mujeres de piel clara y cabello oscuro, y el azar –o destino- se las había jugado para complacerme en ambas ocasiones. Pero la vida me había enseñado que las diferencias no eran importantes, no realmente.

Por esa causa, no deje de sentir como si hubiese descubierto un hermoso y maravilloso universo de misterios y posibilidades mientras admiraba su silueta de arriba a abajo. No era demasiado alta; me atrevería a decir que su estatura era inferior a la de Alba por centímetros, pero no pude evitar pensar que era un detalle encantador. Sabía que debajo de ese bronceado dorado se ocultaba una piel clara, amarillenta, y algo más oscura que la de Alba. Su cabello estaba atado en una trenza deshecha que se recargaba en su hombro y finalizaba en su espalda baja. Era de un rubio casi dorado, pero a juzgar por la raíz del cuero cabelludo, ese no era su aspecto original. Debajo del tinte me encontraría con un tono casi tan claro como el trigo.

Su cejas claras estaban fruncidas en un gesto reflexivo; sus labios, considerablemente gruesos y rosados, apartados a un lado en una mueca, y su pequeña nariz, decorada por una gran hilera de pecas marrones que se extendía por sus mejillas, se arrugaba adorablemente. Todo su rostro era pura concentración mientras que se alzaba en la punta de sus pies para trazar líneas oscuras con un pincel sobre lienzo frente a ella.

No me di cuenta de la sonrisa que se abrió paso en mi rostro hasta que sentí una leve incomodidad en mi mandíbula.

Darice Rogers era sin duda alguna una adolescente cuyos rasgos faciales serían probablemente comunes para cualquier persona, pero no para mí. Cuando ella relajó su rostro, sus enormes ojos se ampliaron para contemplar su obra, y no había nada remotamente común en ellos. Y nada remotamente desconocido para mí.

Eran exactamente las mismas grandes y brillantes orbes marrones que veía todas las noches.

Eran los ojos de Bella.

Sabía que después de observar esos ojos era improbable que estuviese equivocado, e incluso más tras de la seguridad que Alice me proporcionó acerca de ella. "La conexión fue intrigante" me había dicho. "Era como si estuviese hablando con Bella".

Sería una cruel casualidad que esta chica se pareciera a ella. Que conectara de esa manera con Alice. Había que descartar mediante una última prueba que esclarecería todas mis dudas, y determinaría si se trataba o no de una impostora.

Fruncí el ceño, permitiendo el acceso a todos los ruidos a mi alrededor, inclusive aquellos que no podrían ser escuchados por otros. Pensamientos de toda clase llenaron mi cabeza, desde los más lúcidos, incoherentes o ruidosos, hasta los más discretos, extraños, rozando la patología. Sin apartar la vista de la muchacha, intenté colarme dentro de su cabeza para atrapar alguna captura de lo que se encontrara dentro de su campo de visión: la noche a través de su ventana, las formas que dibujaba en vivo sobre el lienzo que me daba la espalda, pensamientos que se asociaran a la expresión de fatiga en su rostro. Cualquier cosa.

No hubo nada.

Mi corazón, silencioso, aumentó con la esperanza más intensa que haya sentido durante los últimos años. Una energía sin nombre se difundió por mi cuerpo. Me empujaba a reducir de un salto la distancia que nos separaba para tenerla entre mis brazos. Luché con todas mis fuerzas contra el impulso de hacer exactamente lo que Alice explícitamente me advirtió que no hiciera, pero los deseos de tenerla cerca… de tocarla, de que guiara esos preciosos ojos hacia mí, eran tan poderosos que terminaría convirtiendo este árbol en astillas si no lograba controlarme.

Se deslizó hacia atrás, cruzándose de brazos para estudiar su obra con un entrecejo tenuemente fruncido. Parecía… ¿Irritada? O exasperada, mejor dicho. Su postura relajada la hacía lucir incluso más pequeña dentro de la camiseta blanca salpicada en antiguas manchas de pintura que acariciaba sus rodillas. Había sido fabricada para un hombre. ¿Quién se la habrá obsequiado?

Suspiró, -ahora sí visiblemente frustrada -, y dio un sobresalto cuando el sonido de su móvil la sorprendió con la guardia baja. La brocha que ahora sostenía salió disparada de su mano e impactó sobre el suelo sonoramente, derramando gotas de pintura a su alrededor.

Lanzó una maldición por lo bajo, y precipitó hacia su móvil, dándome la espalda.

¡Contestar! —gritó. Fue un sonido jadeante y nervioso, pero sentí algo vibrar en mi pecho ante el sonido. Su voz era suave, aguda. Era perfecta para ella—. ¿Hola?

¿Por qué suenas como si no supieses quién soy? —contestó el sujeto. Por la tesitura de su voz, se trataba seguramente de un muchacho contemporáneo a ella en edad.

—Hola para ti también, Lucas. Y perdona, no lo supe. Estaba pintando.

Conversaron brevemente. Aparentemente el chico, Lucas, la llamaba para invitarla a un club nocturno, y mis músculos se tensaron antes de que él pudiese terminar la frase. Un simple instinto de protección, nacido en el mismo instante en que mi mirada aburrida chocó contra unos ojos interesantes particularmente curiosos. No había posibilidad de que el paso del tiempo bastara para arrancarme esos impulsos.

Sin dejar de darme la espalda, se agachó para alcanzar algo, y extrajo de debajo de su cama un pequeño bolso de colores, revolviendo su contenido.

—Eres un jodido grano en el culo. ¿Lo sabías? De acuerdo, iré, pero no hice la cena, y tendré que comprar comida afuera —hizo una pausa, al tiempo en que se levantaba del suelo para inspeccionar un monedero—. ¿Tienes alguna idea de cuál será el presupuesto?

Sabes perfectamente que no tienes que gastar un solo centavo.

Fruncí el ceño. ¿A qué se refería él al decir eso? ¿Estaba ella enfrentando alguna crisis económica? Tendría que hacer algo al respecto, de ser así.

Ese dinero lo has ganado tú, Luke. No es justo que lo derroches en mí.

Sonreí, sin poder evitarlo. Esto que era materia conocida. La humildad de Bella siempre fue un aspecto tan adorable como irritante. Yo lo recordaba con claridad, pues este rasgo formaba parte de la lista de características de Bella –amable, desinteresada, adorable, valiente-, y que Alba enriqueció con otros –atrevida, pasional, alegre y ambiciosa-.

La verdad era que Bella fue buena. Alba fue buena. Y esta chica parecía serlo también. Era de esperarse.

No seas estúpida. Eres tú. No es un derroche.

"Eres tú". Bien. Tendría que averiguar el significado de eso.

¿Estás ahí, Dar?

—¿Qué? Sí, sí —dijo ella distraídamente.

Mueve ese lindo trasero tuyo. Estaré frente a tu puerta en cincuenta minutos.

La llamada finalizó, seguido de unos cuentos insultos de ella hacia el comando de voz de su móvil. Se giró para quedar de nuevo frente a mí, analizando la pintura con mucha profundidad. Podía distinguir la impaciencia adueñarse de su rostro de nuevo, la actitud típica de la autocrítica en el arte, antes de arrojar la brocha emitiendo un sonido de molestia, tomar su toalla, y encerrarse en su cuarto de baño.

En honor a mis viejos hábitos, me escabullí dentro de su habitación en cuanto cerró la puerta, ingresando por la ventana. A simple vista su cuarto estaba tan desordenado como se podría esperar de cualquier chica adolescente, lleno de libros esparcidos en sus muebles y distintos pares de zapatos regados por el piso, aunque no estaba sucio. La cama estaba cubierta por enormes mantos de papel para evitar que la tela se manchara, fácilmente susceptibles a romperse. Me pregunté por qué no usaría protectores de plástico en su lugar.

Puntos brillantes despertaron mi atención, y eché el cuello hacia atrás, encontrándome con que el techo de su habitación era una excelente recreación de las constelaciones.

Dentro del baño, se escuchaban sonido de movimiento, de cosas siendo reubicadas, y el agua comenzó a correr de la ducha. Eso me ofrecería cerca de quince minutos, más que tiempo suficiente para inspeccionar su cuarto, aunque el pensamiento me hizo sentir culpable. Podría ser extremadamente curioso… acosador, inclusive. Pero nunca le falté el respeto a Bella hurgando en su habitación, ni si quiera la primera vez. Sin embargo, deseaba explorar el pequeño mundo que la rodeaba. Necesitaba saber todo en lo que ella se había convertido. Lo que ella era.

Incluso como olía.

No pude contener la curiosidad, así que respiré por primera vez.

Tomando en cuenta mi historia con Bella, me hubiese echado a reír ante la ironía si mi cuerpo hubiese estado listo para recibir el impacto, pero no lo estaba, evidentemente, por más que las posibilidades de que esta escena se repitiera estuviesen presentes en mi cabeza.

Hacia demasiados años que no me topaba con una sangre tan tentadora como la de Bella. El olor me golpeó, duro, catastrófico. Aprecié la reacción desarrollarse en mí, pero ya había memorizado su orden cronológico, por lo que logré manejarlo. Primero eran los pensamientos: no existía un aroma tan similar a ese, único, inigualable, y derribaría cada obstáculo y a cada enemigo con el fin de poseerlo. Luego los instintos se asentaban. La sed se encendía como el fuego en mi garganta, la boca se me achicharraba, deshidratada, y la ponzoña amargaba el sabor de mi propia lengua. Mi estómago se retorcía de hambre, una sensación muy parecida a la de un ser humano peligrosamente famélico, y mis músculos se contrajeron, listos para atravesar aquella inútil puerta de madera para drenar la sangre de esa chica hasta la muerte.

Tan parecido a un castigo, el olor se arremolinó a mi alrededor, decidido a dispersar mis pensamientos. Objetivamente sabía que lo más sensato era dejar de respirar, pero no lo hice. Confiaba en mi autocontrol lo suficiente como para aceptar el reto. Había peleado y perdido lo suficiente como para permitir que un aroma extremadamente apetecible acabara con todos los pilares con los que me había sostenido durante tantos años.

Así que seguí inhalando. Lento, saboreando cuidadosamente el aire. Mi cuerpo entero ardió, pero la desesperación se había ido. Mis debilidades de neófito se desaparecieron hace más de una década, dejando el fresco recuerdo de todo el entrenamiento mental que tuve que practicar con Bella. Nada que no haya enfrentado antes.

Me tomó varios minutos superar el impacto, pero logré recomponerme, y me esforcé por desviar mi atención de mi instinto de caza para atender a otros olores. Mezclado con la sangre, dulce y apetitosa, un intenso aroma frutal llenaba la habitación, una combinación de productos de limpieza y perfumes. También detecté una fuerte influencia de viejos rastros de pintura. Aquí era el sitio donde ella pintaba con frecuencia.

En las paredes lila colgaban posters que podrían ser de ella, ya que se trataba de arte digitalizado sin ninguna firma. Algunos presentaban a distintos personajes construidos al estilo del anime, aunque la mayoría plasmaba escenarios fantásticos en una época medieval. Parecía tener cierta fijación por los guerreros con facciones y orejas puntiagudas de hada, también.

Tenía una biblioteca repleta de libros -y… ¿manga? ¿Una otaku?-. Escaneé los títulos. Era una romántica, y también fanática de la ciencia ficción y de la astrofísica. Eso explicaba el cielo estrellado en su techo. Y realmente no me sorprendió conseguirme con clásicos como La Odisea y La Ilíada. Y Cumbres Borrascosas.

Sonreí. No podía faltar Cumbres Borrascosas.

Ignorando temporalmente el contenido entero de su habitación, volví hacia el cuadro en el que ella trabajaba hace unos minutos. Mis conocimientos en arte moderno eran extremadamente limitados, ya que la última vez que estudie arte a nivel universitario fue en 1967, pero conocía de técnica básica. El cuadro no de un profesional, pero en lo absoluto de un principiante. En él se plasmaba la imagen de un hombre arrodillado en el suelo que sostenía en brazos al cadáver de una mujer que había muerto desangrada a causa de una abertura de oreja a oreja en su garganta. Por su parte, el hombre no poseía rostro alguno. Probablemente estaba a punto de terminarlo cuando recibió la llamada de su amigo.

El sonido del agua se detuvo. Esa fue mi señal para marcharme, así que me escapé de su habitación y regresé al auto, proporcionándole toda la intimidad para que se cambiase. Escuché cada paso de su proceso, el sonido de sus zapatos en el suelo, el secador de cabello, y el aire trajo consigo el aroma del perfume que se esparció por la habitación.

Al mismo tiempo, el auto de una mujer que rondaba los cuarenta y tantos estacionaba en el garaje de la casa. El portón se cerró antes de que ella saliese del auto, pero pude apreciar ciertos rasgos de Darice en ella: nariz pequeña, labios anchos, aunque cabello castaño en lugar de rubio. Su madre, seguramente.

Ese Ben... ese hombre me va a escuchar. Dios, estoy tan hambrienta. ¿Darice habrá hecho la cena? Espero que no se le haya ocurrido más alitas fritas de pollo con papas. Me tienen subiendo de peso.

Escuché los tacones resonando a lo largo de la casa, y también los pasos de Bella mientras bajaba las escaleras, antes de que chocaran entre ellas.

—¡Niña, pero mira por dónde vas! —exigió la mujer irritada, alargando los brazos para sostenerla antes de que se fuera hacia atrás.

—Hola, tía —tía, no su madre, entonces. La mujer la vio sonreír con timidez y sintió el contacto de sus labios sobre su mejilla. Sacudió la cabeza, porque detestaba que le besaran la cara. Era algo que costatemente le reclamaba a su novio, pero sabía que Darice solo lo hacía por jugarle una travesura—. ¿Cómo te fue en el trabajo? Pensé que hoy saldrías con Ben.

—No es que me entusiasme excesivamente la idea de revisar la boca de pacientes descuidados y antihigiénicos todos los días, pero sí, me fue bien. ¿Y qué te hace pensar que saldría con Ben hoy?

Ese hombre imbécil.

—Eh… por nada —respondió la chica, sin ocultar su diversión.

La mujer frunció la boca ante el demonio que era su sobrina.

—Me canceló —admitió con resignación.

—Oh, qué mal

—Lo que sea. ¿A dónde vas? —inquirió, mirando su apariencia.

Estas niñas deberían dejar de mostrar tanta piel. Atrae demasiados pervertidos.

En eso estábamos de acuerdo.

—Saldré con Luke, iremos al club. Prometo regresar antes de las doce.

—Oh, de acuerdo —mucho mejor así. Él la protegerá si sucede algo—. Avísame que llegaste.

—Lo haré.

La mujer se detuvo a contemplar el rostro de la chica, comparándolo mentalmente con el de una mujer idéntica que difícilmente superaba los veinte años. Su cabello era una combinación de oro y trigo, sus facciones extremadamente similares a las de la chica. Al apreciar la enorme similitud entre ambas, sintió una punzada de dolor por su hermana fallecida.

Oh, Hannah, ella es tan parecida a ti a tu edad. Si tan solo no hubieses sido tan egoísta...

Así que la madre de Bella había muerto, y su tía la había criado. O al menos, lo hacía ahora. Sentí curiosidad de saber más al respecto, pero los pensamientos de la mujer se habían estancado en el rostro de su hermana.

—¿Por qué me miras así? —preguntó Bella, después de una pausa.

—Nada. Es solo que te pareces mucho a tu madre —respondió su tía, negando con la cabeza, y yendo hacia su cuarto para dormir definitivamente. Si su sobrina se sintió afligida por el comentario, no podía hacer nada por ella.

Y lo hizo. Sabía que la relación había perforado algo en ella, porque a juzgar de la ausencia de pasos sobre el suelo, permaneció inmóvil en su sitio durante un rato más innecesario de lo normal. Justo lo que los humanos frecuentaban hacer para poner bajo control sus emociones.

Sentí ganas de gritarle a esa mujer por su insensibilidad.

En la distancia, un ruido captó mi atención. Un auto se acercaba para terminar deteniéndose frente a la casa. El conductor no era más que un chico. Por la voz de sus pensamientos, lo identifiqué inmediatamente como Lucas.

Tocó dos veces la corneta.

—¡Ya voy! —gritó la interpelada desde su hogar. Segundos después, la observé trotando hacia el auto, el pequeño bolso rebotando contra su cadera. No había lágrimas en su rostro.

Pero sus cejas estaban fruncidas en tristeza.

Los seguí durante todo el trayecto desde mi auto para una doble función, protegerla, y descifrar cuales eran las intenciones de este amigo suyo. Me mantuve lo suficientemente cerca como para no perder la voz de sus pensamientos, y me alivió no encontrar nada perverso en ellos. O al menos, nada perverso que la involucrara a ella. A juzgar por la distancia entre ambos y su conversación casual, solo eran amigos.

No iba a fingir que la noticia no me agradaba.

Se detuvieron en un club llamado Cool Salt, e ingresaron al local con un par de identificaciones falsas. Me irrité, ya que se meterían en una gran cantidad de problemas con la autoridad si los descubrían, aunque decidí no juzgarla por eso. Ambos se comportaban como cualquier adolescente ocioso en búsqueda de diversión, y mi viejo carácter me hacía olvidar que yo como Eithan también fui joven imprudente, e invertí una gran proporción de mi tiempo en tonterías.

Pero cuando miraba hacia atrás, hacia aquellos días humanos que cada día se tornaban más borrosos, me sentía como si estuviese viendo la vida de alguien más. Me costaba creer que yo fui esa persona. Que haya podido ser tan feliz.

Me mantuve dentro del auto esperando a una calle de distancia, y encendí la radio, alternando emisoras hasta encontrar alguna donde la música no me hiciera arrepentirme de mi dieta vegetariana. Ya había dejado de seguir los pensamientos de Lucas. El estruendo de la música del club, junto con las voces, las risas y los gritos se mezclaba con el ruido de los pensamientos. Era prácticamente imposible seguirles el hilo. Esforzarme solo me traía un malestar de cabeza que no valía la pena.

Una hora más tarde, ella salió. Caminaba lentamente con sus brazos envueltos alrededor de sí misma. Sin dejar de caminar alzó la mirada hasta el cielo, dejando caer sus brazos para abrirlos ligeramente con las palmas apuntando hacia arriba, y cerró los ojos.

Independientemente de las circunstancias, nunca dejaré de insistir en que Bella fue mil veces más que bonita. La imagen de su rostro quedaría resguardada en mi mente como un tesoro hasta el final de mi existencia, y con Alba la situación era idéntica. Ambas fueron hermosas, inigualables, y estaba tan acostumbrado a sus cuerpos y a sus aromas que temía repeler a su cuerpo renacido.

Pero la verdad era que en este momento lo único que se me ocurría pensar era que nunca había visto algo más hermoso. La luz de la luna bañaba su rostro, proyectando la sombra de sus largas pestañas. Las mujeres de hoy en día gastaban miles de dólares para enmascarar cada vez más sus rostros, pero ella no llevaba una gota de maquillaje. Bastaba con fijarse en la dulzura de sus rasgos para darse cuenta de que no lo necesitaba.

Su pecho se desinfló al suspirar con gusto. ¿En qué podría estar pensando? Ella parecía tan calmada, tranquila. Hacía mucho tiempo que no observaba a alguien tan conciliado con un acto tan simple. Incluso las esquinas de su boca de curvaron hacia arriba. La paz que parecía irradiar su rostro…

Hubiese perdido el aliento de haber estado vivo. Ella era hermosa.

Absoluta, completa, e innegablemente hermosa.

—Hola, Darice.

Ambos no sobresaltamos. Al parecer ella no fue la única ensimismada en sus pensamientos, ya que no me di cuenta en qué momento se había acercado un muchacho que caminaba lentamente en su dirección. El alcohol en su organismo apestaba más que su sangre.

La expresión de Bella pasó drásticamente de pasividad a fastidio, como un espejo rompiéndose en pedazos.

—Hola Ashton. ¿Qué haces aquí? —voz plana, seca, y una mirada que marcaba que este chico era definitivamente indeseable.

En silencio, me bajé del auto.

—Un pajarito me dijo donde encontrarte, y ya que no has devuelto mis llamadas…

—He estado muy ocupada.

—Vamos, no seas así. Solo… no fue suficiente salir contigo una vez. Quisiera que aceptaras tener otra cita conmigo.

Las manos de él ahora acariciaban insinuantemente la curva de su cintura. Hasta ahora ella no lo apartaba, pero era evidente el asco expresado en la línea de su boca. La mente del chico no era particularmente mala, pero tampoco era distinta a la de los jóvenes con hormonas aceleradas. Fue imposible que mi temperamento no hirviera con todas las fantasías que llenaban su cabeza, donde casi todas la involucraban a ella en posiciones muy creativas.

—Ashton, ya te he dicho que no estoy interesada —ella insistió—. Acepté a cenar contigo una vez porque me sentí halagada por tu insistencia, pero de verdad no quiero relacionarme con nadie en este momento.

—Vamos, Darice. Mi desempeño en el tenis no ha sido bueno desde tu rechazo, y eso que soy el mejor del equipo.

—Tus habilidades me abruman.

Ahogué una risa. Ácida, la niña.

—Vale, estás siendo sarcástica ahora.

—Déjalo así, Ashton. Ya te lo dije: quiero que seamos solo amigos.

—¿Cómo serlo si ni si quiera me diriges una mirada en la escuela?

—Prometo ser menos grosera de ahora en adelante —pareció considerarlo.

Él sonrió, convencido de que había logrado persuadirla de abandonar su fachada de chica dura. Patético. ¿Tanto le costaba darse cuenta de lo mucho que ella lo detestaba?

En este punto de la conversación yo me encontraba oculto entre los árboles, mezclándome con las sombras.

—Esto tiene que ver con Stone, ¿verdad? ¿Qué, acaso él no te da permiso para ver a otras personas?

Lucas no es mi novio. ¿Cuántas veces debo repetírselo a todo el mundo?

—Pues no lo parece —enfatizó, y la amenaza en su voz me alertó antes de que lo hicieran propios pensamientos. Las fantasías sexuales se habían marchado. Los celos eran el nuevo propulsor de su ira.

Detecté el ligero movimiento de sus nudillos al presionar el agarre de sus caderas, lo suficientemente molesto como para que ella suprimiera un gemido de dolor.

La rabia nubló mi visión. Estaba a segundos, a solo segundos de intervenir en esta discusión para llevármelo lejos, empujarlo hacia el primer callejón que se me cruzara, y estrellarlo contra la pared hasta que sus huesos crujieran.

—Estás borracho —advirtió ella, haciendo uso de sus manos para apartar sus muñecas de su cuerpo—. Suéltame, Ashton.

Control.

—Solo un beso.

Control.

Te he dicho que me sueltes.

—Eres bellísimo. Vamos, un beso —se encorvó para alcanzar sus labios.

Ya está. Este chico iba a morir

Pero no tuve oportunidad de realizar ningún movimiento, porque ella se me adelantó. La dejé defenderse a sí misma, suponiendo que reaccionaría con una bofetada típica de las mujeres en respuesta a la agresión. Y si él se atrevía a agredirla de regreso, yo intervendría, y él lo lamentaría. Pero ella me sorprendió con un encaje de codo y luego remató con un golpe. Nada del otro mundo, pero sí bastante efectivo.

Arqueé las cejas, impresionado. No por su deseo de desprenderse de ese imbécil, realmente, sino por la fluidez de su defensa. Fue un movimiento calculado, preciso, demostrándome las huellas de clases de defensa personal. Con el puño fuertemente cerrado, flexionó su brazo izquierdo y en un arco horizontal impactó su codo en el bíceps de él, y cuando la sorpresa lo envió hacia atrás, ella remató con arrojando un golpe con el talón de la palma abierta. Se apreciaba claramente el entrenamiento en la manera en que, mientras daba el codazo, la mano del mismo brazo automáticamente subía para proteger su rostro de un posible cabezazo, o como se mantuvo ahí cuando flexionó ligeramente las rodillas y abrió las caderas para coger el impulso de asestar su segundo golpe con la mano derecha. Un simple rodillazo en su entrepierna habría bastado, y algo me decía que ella lo sabía. Creo que en realidad no quería herirlo de gravedad, sino darle un escarmiento.

Después de una serie de exclamaciones incrédulas y de odio crecido de parte del tonto chico, se marchó de regreso al club, casi arrastrando los pies por el pavimento a causa de la furia. Será mejor para él que no tenga el infortunio de encontrarse conmigo a solas en un futuro. No estaba seguro de poder resistir la tentación de enseñarle una lección que incluiría mucho más que un dolorcito en la mandíbula.

A varios metros de distancia, Bella alisaba las arrugas de su ropa. Utilizaba un vestido mostaza corto y ceñido, con medias negras de bajo y una botas de suela baja. Su cabello caía hacia adelante sobre sus hombros hasta su cintura, haciendo contraste con el color del vestido.

No notó cuánto me había acercado hacia ella. Lo cual era una maravilla, pues no creo que le agradaría demasiado la idea de un tipo raro parado aquí, casi comiéndosela con los ojos.

Alzó la mirada, y se congeló. Ambos lo hicimos.

Una ola de anticipación se extendió por mi cuerpo. ¿Me recordaría? Previamente, los sueños y las pesadillas de Alba funcionaron como un portal con acceso limitado hacia el pasado de Bella. Su vida como Bella Swan fue reprimida durante años, hasta que Alice se presentó frente a Alba y todos los recuerdos flotaron hacia su mente consciente. Como si la existencia de Alice hubiese sido tan significativa para Bella que simplemente no pudo seguir ignorando la realidad que se desarrollaba paralelamente a la suya.

¿Habrá sido parecido esta vez? ¿Conservaba ella algún recuerdo, algún vistazo de lo que vivimos? ¿Sentía ella la conexión que sentía yo ahora mismo, esa cuerda invisible que me halaba hacia ella? ¿Aquél fuego que quemaba en mis venas cada vez que mi mirada para nada noble inevitablemente se desviaba a esas partes de ese cuerpo que ese vestido lucía?

Jamás olvidaré ese segundo exacto en el que la estupefacción de su rostro se convirtió en anhelo, y su cuerpo recuperó las fuerzas para de un salto torpe y desesperado lanzarse a mis brazos. O el cúmulo de sensaciones que se dispararon por mis extremidades en el preciso instante en el que su cuerpo, cálido y reconfortante, se aferró al mío. Pero sería sencillamente incapaz de escribir la magnitud de la felicidad que se hinchaba en mi pecho cuando su boca buscó la mía.

Recordando su absoluta fragilidad en contraste con mi fuerza destructiva, la besé con la misma delicadeza y suavidad de costumbre, extremadamente consciente de que cualquier impulso desesperado de mi parte podría romperla. Esperaba sentirme extrañado. Estaba preparado para recibir el desconcierto de besar estos labios –unos nuevos, tan distintos a aquellos a los que estaba acostumbrado-, porque sospechaba de antemano que no se sentiría distinto a besar a una extraña.

Pero esa incomodad nunca llegó. Solo existía ella, su boca llenando la mía, el aroma de su sangre quemando en mi garganta y prendiendo mi cuerpo en llamas. Pero no había manera alguna de que yo perdiera el control. Nunca más.

Te amo. Te adoro. Te he extrañado tanto. Había tanto que deseaba decirle, pero mi mano derecha se posó sobre su mejilla y la otra se enredó en sus hebras suaves y finas, provocando que el movimiento disparara ese perfume a frutas de su champú que también se hallaba en la colonia que sutilmente arropaba su cuerpo. Yo no podía dejar de besarla. Y tampoco quería parar.

Entonces ella se detuvo. Se separó de mi cara con brusquedad, arrastrando sus manos por mi cuello para ubicarlas sobre mis mejillas, su ceño profundamente fruncido en confusión mientras sus ojos desconfiados me estudiaban con recelo. Demasiado hipnóticos como para que mi cuerpo reaccionara.

—¿Qué…? —titubeó, deslizando una de sus uñas cortas sobre mi rostro para arañarlo con fuerza, produciendo el mismo crujido que cuando un objeto es frotado contra una pared de granito.

Un escalofrío la recorrió cuando al fin se dio cuenta de mi temperatura, y no necesitaba de mi don para reconocer los calificativos que acudieron a su mente: Imposible, sobrenatural, inhumano.

Me miró, con los violentos latidos de su corazón y el espanto de sus ojos desmesurados, segundos antes de que rodaran a volverse blancos y su cuerpo se relajara entre mis brazos, su cabeza cayendo hacia atrás, su largo cabello colgando como tela, inmóvil.

No me reconoció.

Con un suspiro de decepción, más doloroso de lo que hubiese esperado, llevé el cuerpo desmayado de Darice a su casa.

...

El día siguiente no tuve más opción que permanecer encerrado en primer hotel que encontré para hospedarme. El sol que calentaba las calles rayaba en lo abrasador. California era exactamente la clase de sitio al que nosotros jamás deberíamos acercarnos, y aquí estaba yo, sentado en el suelo por puro ocio, esperando a que cayera la noche para poder mostrarme de nuevo.

Bella no recuperó la conciencia durante el tiempo que me tomó trasladarla en el auto y llevarla hacia su cuarto. Por un momento, se me ocurrió la idea de quedarme a esperar a que se despertara, pero seguramente se aterraría al encontrar a un extraño dentro de su habitación. Y si es que el desmayo no traía consigo una minúscula amnesia, estaba seguro de que ella recordaría que acaba de besarse con una criatura que no aparentaba ser humana. Que yo fuese la primera cosa que viera al abrir los ojos la pondría a gritar en cuestión de segundos. Me marché cuando comprobé que todo había quedado en orden, encerrándome dentro del auto hasta el amanecer para vigilar su estado. Para mi decepción, no pude estar presente para su reacción al despertar en la mañana, lúcida y consciente. Debía ocultarme antes de que el sol reluciera.

Cerré los ojos, afligido por la desesperación de no saber nada de ella en estos momentos. Era sábado, y seguramente estaba en su casa, pero, ¿qué estaría haciendo? ¿Saldría a alguna parte esta noche? ¿Estaría ese niño idiota llamado Ashton molestándola de nuevo?

Gruñí. Alice no había conseguido conectar con ella de nuevo, y yo no sabía nada, y tampoco lo sabría hasta la noche. Debí haber contactado con Stevan en el momento en que pisé suelo de Los Angeles para solicitarle que acordara con alguna empresa de seguridad privada de la zona que estuviese dispuesta a omitir el papeleo administrativo y legal para asignarme un custodio, pero tenía demasiadas cosas en la cabeza como para pensar en eso. Al menos me había garantizado que para mañana en la mañana ese asunto sería saldado.

Permanecí el resto del día reproduciendo las imágenes de la noche anterior. Sus ojos abiertos, las pecas salpicando su rostro, el grosor de sus labios, su cabello ondulado, sus manos delicadas. Las curvas de su cuerpo...

Me sentía avergonzado de mi mismo y de mi falta de caballerosidad al permitir que pensamientos lascivos me llenaran. Me había enamorado de Bella mucho antes de naturalmente fijarme en aspectos más materialistas y físicos, como su cuerpo. Pero recordaba que con Alba había sido al revés, pero yo era humano, y pensaba más con mis hormonas que con la cabeza. Era extremadamente difícil desprenderme de esos deseos, incluso si no estaba dentro de mi personalidad como Edward Cullen ser tan lujurioso. Después de experimentar los placeres carnales con los sentidos de Eithan, los anhelaba de nuevo.

La espera se sintió eterna, pero al fin se hizo de noche y pude salir de la cueva. Confiaba lo suficiente en mi autocontrol cuando estuviese cerca de ella, y aunque no estaba demasiado sediento, yo tampoco era el señor de los milagros. Mi primera acción fue dirigirme a una carnicería. Era un insulto rebajarme a conformarme con sangre de cerdo coagulada y medio congelada, pero no podía ponerme exigente en plena ciudad, y no me sentía especialmente atraído a la idea de alimentarme de algún animal callejero. Ni a Bella ni a Alba les hubiese gustado.

Para que la gente no sospechara de mi auto, en caso de que lo hubiesen notado y yo hubiese estado muy ocupado para darme cuenta, me dirigí a pie hasta su barrio, manteniendo la cabeza baja para evitar que la gente se animara a mirar dos veces en mi direcció é particular atención a los pensamientos a mi alrededor. Que nadie estuviese asomado por la ventana, que nadie tuviese sus ojos puestos encima de mí cuando doblé la esquina y me escurrí por el patio trasero. Los ronquidos me decían que su tía dormitaba en su habitación y ella estaba en la suya. Sola.

Alcé la cabeza, echando un vistazo hacia su ventana. Estaba cerrada.

Pero sobre ella, desde el interior de la habitación, yacía pegado un cartel con una breve inscripción:

PUEDES ENTRAR

Sonreí abiertamente. Tan impredecible como siempre.

Silenciosamente trepé hacia la ventana de su habitación, la abrí, y con extremo cuidado, me deslicé hacia el interior.


Nota de Autor larga :)

Hola holaaaa. Primero que nada, espero que el capítulo largo haya recompensando la espera. De resto, hay varias cositas que pienso que les podría interesar y que voy a aclarar ahora mismo:

*Primero, cometí un error en la fecha en la que nos encontramos y ya ha sido corregido en el capítulo pasado. En este punto de la historia nos encontramos en el AÑO 2054, no 2049. Sé que algunas se sorprendieron incluso por la fecha que les di, pero no es tan exagerado: Bella muere por primera vez en el 2005, y muere de nuevo el 18 de julio del 2036, antes de renacer casi de inmediato. Darice tiene 17 años. Así que este sería el año 2054, aproximadamente.

*Segundo, un solo capítulo no basta para explicar qué sucedió con Edward todos estos años, qué hizo, a dónde fue. Eso lo reservé para más adelante. Quiero que sea él quien se lo cuente a Bella/Darice.

*Tercero, Darice es considerablemente distinta a lo que fue en sus anteriores vidas, y eso se irá viendo. Pero si tuviese que decidir a quien se parece más, diría que a Bella. Es probable que Alba sería la clase de chica bonita a quien Darice quisiera darle una paliza, jajaja.

*Cuarto, en mi perfil de FF encontrarán la palabra "Darice", que los redireccionará a mi página de Fb. Ahí podrán ver una foto con la apariencia física de nuestra DARICE hipotética.

*Quinto, calculo que al fic le quedan cerca de diez capítulos. Un poco más, un poco menos. Es solo para que tengan un aproximado de lo que se viene. Eso sin contar los Outtakes que pienso publicar una vez que la historia termine. Hasta ahora, los Outakkes que se vienen serán de los siguientes personajes: Jacob, Edward, Alba/Bella, Carlisle, y probablemente Tanya (Sí, Tanya).

*Sexto, quiero que sepan que yo trato de afincarme lo más posible al universo de Meyer. Por fortuna nos hemos centrado en un mundo alternativo y eso me ha permitido jugar con la experiencia de los personajes, pero hay ciertas cosas del pasado de ellos que desconozco. Por ejemplo, sé que Edward estudió varias carreras universitarias, pero Meyer nunca mencionó si "Artes" fue una de ellas. Yo lo agregué ya que es bastante probable que en algún momento Edward haya sentido curiosidad de eso. Tampoco sé en realidad si Alice odiaba a los hippies, aunque por su forma pulcra y elegante de ser, no me parecería raro. Esto es un fanfiction y evidentemente en algún punto tal vez sientan que no le estoy haciendo justicia a los personajes. Y es evidente. Ese mundo no lo creer yo. Pero me he esforzado con todo por hacer que los personajes sigan pareciendo ellos mismos.

*Séptimo, sé que la muerte de Alba fue un shock para la armonía de la historia. Pero mientras más lo pienso, más necesario lo creo. Más adelante descubrirán por qué.

*Octavo, para quienes no lo sepan, FF elimina los correos electrónicos de los reviews. Si quieren contactarme, pueden hacerlo por mi página de Fb. Tampoco puedo responder reviews de cuentas que no estén registradas, ya que FF tampoco lo permite.

*Noveno, no por nada el fic es rating M. Ya tuvimos un LEMMON en el pasado, pero habrá alguna escena caliente por ahí más adelante y OOOTRO lemmon también. Un poco de picante a la cosa nunca está de más.

Y bueno, creo que eso es todo, jaja. Por favor déjenme un REVIEW comentándome que les pareció el capítulo. Todavía no he decidido si el siguiente capítulo será un POV de Bella/Darice o de Edward. ¿Uds. qué piensan?

Quiero darle las gracias a quienes me han acompañado en este viaje que ya lleva casi dos años, no podrían ser más fieles y leales. También quiero agradecerle a las nuevas lectoras por sus alertas y favoritos, y también quiero darle las gracias por sus reviews a Dess Cullen, francinipottercullen, Cris Pattinson , darky1995, Mitzuki19, kkkgsdf, Sylvia N.Y, somas, bbluelilas, Chiarat, kaja0507, Yoliki , Ale74 , Tary Masen Cullen, Adriu , PauBooks , GaByMaY91, shadowgirl3, EugeniaOst32, IvrianC, Mss1-cullen-swan , Nelly, Kookiemonsterh , nelsy, Shandra1, Muy vaga para loguearme (LOL), Elizabeth Swan Cullen , Alexa Hp, catabeauvoir, Hanna D. L, choiamberc , Sofitkm , Cullen-21-gladys, Brenda16 , Pili, Martu Vampira, Valro, Xi0t , Naara Selene, lunaweasleycullen14 , DBMR1, caritoreh, theyddy , EliAnaGisele. valeria3 , val2901, Aleja Maggie , Isis Janet, muse3841, Brenda, Graciela, Almaewalani, TsukihimePrincess , y todos los "Guest"!