Disclaimer: creo que la misma palabra lo define todo: fanfiction
(Nada de Naruto y sus personajes me pertenece, míos son sólo esta historia… y Shikamaru)


2. Se acerca la tormenta

Estás demasiado callado, Itachi-kun.

El sonido de su voz le obligó a dejar de prestarle atención a la calma del pequeño estanque frente a ellos y mirar a la joven sentada junto a él.

¿Eso es algo malo, Nira?

No —respondió ella. —Pero a veces me gustaría saber qué pasa dentro de tu cabeza y que tu boca se empeña tanto en ocultar. —Definitivamente era la segunda persona más sabia que había conocido.

Ahí estaba esa sonrisa que siempre había sido capaz de hacer brillar el sol en medio de los nubarrones que solían aparecer en su mente durante los últimos días. Mirarla ahora de inmediato traía a su mente los recuerdos de meses atrás, cuando sin quererlo realmente se había convertido en el centro de sus afectos gracias a la silenciosa bondad que siempre le había caracterizado. Algo que se había mantenido incluso ahora que su clan ya ni siquiera lo consideraba un miembro. Una bondad que lo había tocado tan profundo que ahora estaba grabada en lo más hondo de su alma.

Bajo la luz del atardecer, Nira se veía incluso más hermosa que de costumbre. Con su largo cabello de color negro brillante, sus mejillas sonrojadas y sus ojos que, a pesar de compartir la misma tonalidad con los suyos, destellaban con calidez y ternura. Era una adolescente y los rasgos de su rostro todavía conservaban algo que le recordaba a una niña, pero también era posible notar una ligera vista de la hermosa mujer en la que se convertiría… o, mejor dicho, en que se hubiera convertido si su padre no lo hubiese puesto en tan terrible posición.

El día estaba muriendo junto con el ocaso frente a ellos y el momento más difícil de su vida no tardaría en llegar. El manto de la oscuridad de la noche sería lo único que lo ampararía de aquí en adelante. Ya no habría nunca un después para ambos. Estaba condenado a destruir lo que tanto amaba.

Entonces ella dejó de abrazar sus propias rodillas y se inclinó sobre él, recostando su cabeza sobre su pecho, justo en el lugar donde su corazón latía. Cada pulsación era una dolorosa aguja que perforaba profundo en él, desangrándolo ante la idea de la pérdida.

Al menos esto es sincero… —suspiró mientras lo abrazaba.

Él inhaló profundo, forzando a sus brazos a envolverla como siempre lo hacía, sabiendo que era un bastardo por estar aquí, por intentar recurrir a la calma que siempre le ofrecía cuando pronto su destino iba a ser destruido por mano propia. Itachi sabía que no debería estar ahí. No debería hacerse más difícil el camino hacia la tarea que le había sido encomendada. Debía ser objetivo, un verdadero shinobi, y aceptar la carga que conllevaba el significado del verdadero sacrificio.

Sin embargo, por ahora su alma se conformaba con este pequeño pedazo de eternidad donde, estando los dos solos en medio del bosque, pudo aferrarse al calor de su abrazo, al sonido de su voz y al aroma de su cabello.

Después de esa noche… todo cambiaría.

La muerte le haría compañía llevándose cada cosa valiosa para él, incluido su propio latido. Pronto esos pequeños detalles a los que tanto se aferraba se desvanecerían, pereciendo junto con todo lo que iba muriendo en su interior.

La incertidumbre de su futuro cuando el sol se levantara de nuevo sobre el horizonte lo devoró en un estremecimiento, sumiéndolo en el desconsuelo. Pocas cosas estaban claras para él, pero sólo una era verdad absoluta desde ese momento: su corazón no volvería a latir así por nadie más.

Nunca más…

Llevaban horas viajando cuando Shikamaru los dejó tomar un respiro. Habían pasado tres días desde que habían dejado Konoha y todavía no conseguían salir del País del Fuego; era probable que no lo hicieran sino hasta muy entrada la noche. Habían encontrado un pequeño claro en medio de los bosques y casi de inmediato concluyeron que sería un buen lugar para descansar. Ya que la carta de auxilio de la isla misteriosa había llegado gracias a un halcón, no había ningún motivo para suponer que deberían encontrarse con obstáculos sino hasta llegar a su destino.

Mientras todos se dedicaban a comer sus respectivos almuerzos, Ino quiso aprovechar la ocasión para aclarar unas cuantas cosas con su mejor amigo y ahora capitán. Se levantó del sitio donde había permanecido sentada entre Sakura y Hinata, dejando su caja de almuerzo ahí antes de encaminarse hacia donde se encontraba Shikamaru con la vista clavada en uno de los pergaminos que contenía los detalles de la misión. Ya que habían tenido que partir casi de inmediato, asumía que no le había dado tiempo suficiente para analizar todo a consciencia y armar un verdadero plan.

—Hola. ¿Estás bien? —le preguntó Shika cuando ella se sentó a su lado.

—Es lo que yo iba a preguntarte. Has estado de mal humor desde que nos asignaron esta misión.

Casi de inmediato supo porqué había escogido ese sitio para sentarse: desde ahí tenía una vista completa de todos los miembros del escuadrón. Sakura hablaba enérgica con Naruto mientras Kiba permanecía recostado sobre Akamaru y el enorme perro recibía los mimos de Hinata. Entonces sus ojos recayeron en Uchiha Itachi, quien se encontraba sentado con la espalda apoyada en un árbol, lejos del grupo.

—No es por la misión. —Ella dejó de pasear la mirada entre sus compañeros y se encontró con el rostro de Shikamaru.

—Lo sé.

Él soltó una exhalación un poco irónica y continuó jugueteando con el cigarrillo entre sus dedos. Lo había estado haciendo prácticamente desde que se habían detenido a descansar, aunque no lo había encendido. Al parecer no sólo había heredado el hábito de fumar de su difunto sensei sino también el hecho de no hacerlo cuando algo realmente lo preocupaba.

—¿Te importaría dejar de leer mi chakra?

Ella alzó las manos en señal de rendición.

—Oye, no es mi culpa que tu energía sea un enorme anuncio iluminado que diga: "Estoy enfurruñado".

Como miembro del clan Yamanaka, Ino había nacido con cualidades de un ninja sensor que le habían ayudado en más de una ocasión para saber lo que necesitaba sobre las personas. También era una de las grandes prodigios de su familia, así que durante los últimos años llenos de paz había pulido esas cualidades a niveles realmente increíbles. No podía ubicar a las personas con la misma destreza como lo hacía esa chica Karin que una vez había conocido, pero el uso que le había dado a su naciente talento era mucho más valioso para ella: no sólo podía leer las emociones de las personas a su alrededor sino también percibirlas como propias si se concentraba lo suficiente. No importaba lo tenue que fuera la fluctuación de chakra causada por la emoción, ella podía sentirla sin ninguna dificultad.

En suma, su reciente empatía combinada con sus otras habilidades —entiéndase entrar en la mente de los demás— la convertía en una de las mejores lectoras de personas que existían. No podía ser engañada con facilidad.

Y pocos sabían de los verdaderos alcances de sus talentos, entre ellos, Shikamaru.

—¿Enfurruñado? —Ignoró la ironía que él le había impreso a la palabra y lo miró con firmeza.

—No quieres que lea tu chakra entonces habla conmigo, Shika. —Una diminuta sonrisa apareció en el rostro del joven Nara al escuchar su usual tono mandón.

Ella no tenía la intención de husmear en sus emociones, pero ahora era como un reflejo involuntario cuando el exterior de las personas no le daba algo con qué trabajar. Sin mencionar que ella sabía a la perfección que rara vez las acciones y las emociones de alguien podían llegar a coincidir.

—No estoy enfurruñado; estoy preocupado. Todo esto es muy problemático —respondió Shikamaru. El rastro de sonrisa seguía presente en sus labios, pero el gesto estaba lejos de alcanzar sus ojos. —Para que una misión tenga éxito, debe haber confianza ciega entre el equipo. Todos deben estar dispuestos a proteger a los otros y confiar plenamente en que ellos cuidarán sus espaldas.

La respuesta a la pregunta no formulada llegó a Ino cuando sus ojos siguieron la misma línea a donde miraban los de su amigo y se encontró con la figura del único sobreviviente de los Uchiha. Si estuvieran en un lugar menos iluminado, ella casi dudaría de que estuviera vivo. El hombre realmente no se movía ni un milímetro.

—¿Crees que él no lo haga?

—No creo que ellos lo hagan —declaró Shika, apuntando con la cabeza al grupo y ella no pudo hacer nada más que darle la razón ante tal suposición.

El asunto con la masacre del clan Uchiha había sido zanjado después de que se hubiera culpado al falso Uchiha Madara, alias Tobi, en realidad Uchiha Obito, de haberlo orquestado todo para inculpar a Uchiha Itachi a cambio de mantener a Sasuke con vida. Sin embargo, en lo que respectaba a lo demás…

Miró a cada uno de sus compañeros. Y tanto como sabía que todos ellos eran shinobis del más alto nivel que ejecutarían a la perfección cualquier misión que se les pusiera en frente, cada uno tenía motivo para detestarlo, algunos más de uno.

Shika no terminaba de confiar en él por haber pertenecido a Akatsuki, cuyos miembros habían asesinado a Asuma, destruido la aldea y haber hecho que él fallara en una de sus misiones más importantes: traer a Uchiha Sasuke de vuelta. Kiba lo odiaba y culpaba de haber causado todos los males del mundo, lo cual ella creía que era irracional. Hinata no lo expresaba, pero estaba segura de que también le guardaba alguna clase de recelo, sólo que era demasiado buena y gentil como para externarlo. Mientras que Sakura le tenía demasiado rencor por todo en lo que Sasuke se había convertido durante su búsqueda. E Ino no podía culparla.

De ahí en fuera, sólo Naruto parecía estar de su lado.

En cuanto a ella… bueno, tenía que reconocer que Uchiha Itachi no estaba entre sus personas favoritas, pero prefería darle el beneficio de la duda después de lo que él había hecho durante la guerra. Salvar su vida siendo el motivo más importante para su decisión.

—Por eso no quería que él viniera con nosotros. No sabemos qué tendremos que enfrentar en esa isla y no puedo dejar de pensar que…

—No deberías preocuparte por eso —le interrumpió con una sonrisa comprensiva. —Estoy segura de que Naruto también piensa al respecto y no dejará de cubrir su espalda. Incluso también lo haré yo si es necesario.

—¿Por qué lo harías? —preguntó Shika alzando una ceja, extrañado.

Ino entornó la mirada.

—Porque haré todo lo que esté en mis manos con tal de que te calmes —le respondió como si fuera la cosa más obvia del mundo, ampliando su sonrisa. —Tu preocupación me está dando dolor de estómago. ¡No puedo creer que Asuma-sensei haya dicho que yo era la neurótica del equipo! —Bromeó apuntándole con el dedo índice. —"Recuerda, dejamos la aldea vivos…"

—"…Regresamos a ella igual" —Completó la vieja frase que habían repetido cientos de veces desde que habían comenzado su vida como shinobis.

La sonrisa en el rostro de Shika fue más sincera esta vez y eso se tradujo en el creciente alivio que Ino sintió proveniente de él. Era prácticamente imposible no leer las emociones de su mejor amigo, en especial, considerando que había sido el primero con quien había practicado en su búsqueda por perfeccionarse como sensor.

Para ser alguien que decía que sólo aspiraba a ser un ninja mediocre, Shikamaru se había convertido en un pilar fundamental en la vida de la aldea y en la de muchos de sus habitantes, incluyéndola. Los rasgos más profundos de su personalidad le habían hecho imposible no asumir todas las responsabilidades que se había echado encima debido a su potencial y ella, como era extremadamente sensible a él, ahora lo comprendía de primera mano. Así que se había fijado como meta constante el ayudarlo en todo cuanto le fuera posible. Aunque a veces no era sencillo.

—¿Qué ocurre, Kiba? —preguntó Shikamaru, sacándola de su abstracción. El chico Inuzuka estaba parado frente a ellos, con su perro a lado.

—Se aproxima una tormenta.

—¿Estás seguro?

Ino frunció el ceño. El cielo se veía realmente soleado, incluso la temperatura estaba ligeramente elevada. No había ninguna señal que indicara que pronto llovería.

—Akamaru puede olerlas a kilómetros —le respondió él, dejándola sentir un breve chispazo de molestia. Era obvio que al chico no le hacía gracia que ella precisamente cuestionara sus habilidades olfativas, e Ino tuvo que recordarse que por eso su relación no había funcionado: era demasiado difícil no herir las susceptibilidades de alguien que se tomaba las cosas tan intensas como él, sobre todo para alguien que no se solía callar nada como ella. —Debemos llegar a la costa en las próximas dos horas o no podremos evitarla.

Shikamaru bajó la mirada hacia los pergaminos que tenía frente a él y guardó silencio durante un instante, hundiéndose en sus pensamientos.

—Bien —dijo finalmente, levantándose del césped. —¡Escuchen todos, es hora de movernos!

Para cuando llegaron a la costa este del País del Fuego, un par de horas después del ocaso, la tormenta que había predicho Kiba se encontraba en pleno apogeo sobre aquella pequeña villa de pescadores. Gruesas gotas golpeaban violentamente contra los techos de las sencillas viviendas que bordeaban las orillas de un mar repleto de olas embravecidas. La lluvia ni siquiera dejaba ver donde el cielo y el océano se unían, todo frente a ellos era una pálida pantalla borrosa de color gris oscuro.

Al inicio del muelle se encontraba reunido el equipo de shinobis de Konoha bajo dos paraguas que sostenían Ino y Hinata. Las furiosas corrientes de aire tironeaban de sus capas, amenazando con arrancárselas de sus cuerpos si no encontraban un refugio pronto.

Sakura salió de un cuartucho cercano, tratando de mantener el gorro de su capa cubriendo su característica cabellera rosada que parecía destellar en medio de aquella ensombrecida atmósfera.

—¿Qué dijeron? —preguntó Shikamaru cuando ella se acercó a él para atajarse el aguacero.

—Ninguno puede navegar en medio de esta lluvia, tendremos que esperar a que pase. Dicen que tal vez mañana a mediodía.

Shikamaru hizo una mueca apretando los labios.

—No debimos retrasarnos tanto.

—No debiste discutir con Tsunade-sama —le recordó Ino en un susurro, ganándose una mirada ácida por parte de su amigo. Ella le dirigió a cambio una sonrisa abierta que no consiguió apaciguar su molestia. Aunque no era como si le inquietara, el enojo de Shika no solía durar cuando se trataba de ella.

No había mucho que pudieran hacer ahora, así que su capitán soltó un cansado suspiro antes de iniciar el camino hacia el centro de aquella villa. Sólo había una posada y fue un verdadero golpe de suerte que consiguieran alojamiento para todos. A las chicas les dieron una habitación y a los chicos otra en el extremo opuesto del pasillo en el piso superior. Nadie lo dijo, pero Ino estaba segura de que, al igual que ella, agradecían por poder descansar en una habitación cálida después de tan largo viaje.

Pasaron un par de horas y entonces todos se reunieron para cenar en el primer piso de aquella posada. La tormenta no había diezmado ni un poco, pero no se sentía con toda su fuerza ahora que estaban bajo el resguardo de ese lugar con tan buen aire hogareño.

Itachi movió de un lado a otro la cabeza hasta que escuchó su cuello crujir, aliviando un poco la tensión que había mantenido en las últimas horas, y miró discretamente a la distancia.

En un par de mesas que habían sido puestas juntas para que todos pudieran sentarse, estaba el grupo de shinobis con el que compartía misión. Parecían realmente entretenidos con la charla amena que transcurría en ese momento, a veces incluso se escuchaban sus risas alzándose entre los murmullos del resto de los comensales.

Él estaba sentado en la mesa más alejada de ellos. No tenía caso seguir incomodándolos con su presencia, pues sabía de sobra que no era bienvenido con ellos. Aunque tampoco era como si eso le quitara el sueño.

Una chica de tal vez quince años se acercó para anunciar lo que podía ofrecerle de comer y él aceptó la primera opción, sin prestarle mucha atención. No tenía hambre, en realidad.

Cuando la mesera se fue, el recuerdo de Nira apareció de nuevo en su mente al igual que lo había hecho horas antes, cuando cerró los ojos y su imagen se dibujó nítida tras sus párpados cerrados. Cada fibra de su ser se tensó ante el dolor de la pérdida, no solamente por ella sino por su hermano menor. Había sacrificado demasiadas cosas, demasiadas personas valiosas para él y, al final, ni siquiera había podido conseguir que su hermano tuviera la vida feliz que se merecía. Sasuke estaba muerto ahora y él…

Él seguía siendo un condenado.

—¿No deberías estar con tu novia? —preguntó sin ninguna emoción cuando Naruto se sentó en la silla frente a él, trayendo consigo un enorme tazón repleto de ramen.

El joven rubio le sonrió abiertamente mientras separaba sus palillos, la clase de gesto que esbozaba siempre que alguien mencionaba su relación con la heredera del clan Hyūga.

—Hinata está bien con ellos. ¿Tú cómo estás?

—Igual que como estaba esta tarde cuando me preguntaste.

—¿Sigues buscando respuestas?

Itachi sintió un golpe en el pecho, pero sabía que su exterior no demostraba nada. Se había convertido en un verdadero experto en ello.

—En realidad, se me acabaron las preguntas —aceptó con neutralidad, esperando que eso resultara ser suficiente para que el joven jinchuriki quedara satisfecho.

Tenía que reconocer que Uzumaki Naruto no sólo era la persona en la que había puesto sus esperanzas para rescatar a su hermano de la oscuridad. Cuando lo más temido por ambos había ocurrido, y él no pudo sumergirse de nuevo en el sueño de la muerte, ése hiperactivo ninja se había convertido en algo muy cercano a una familia. Su personalidad le recordaba a Shisui, el único mejor amigo que alguna vez había tenido, y verlo de alguna manera le hacía sentir cerca de su hermano menor.

La joven mesera apareció para dejar lo que él había ordenado además de una botella con vino de arroz y un pequeño vaso, para después alejarse, no sin antes dedicarle una tímida sonrisa que a Itachi no pudo interesarle menos.

"Es inútil permanecer en el pasado", se recordó a sí mismo para dejar de lado sus pensamientos. Lo hecho, hecho estaba y no había posibilidad de cambiarlo.

Ahora estaba aquí para asegurarse de que los seis ninjas que lo acompañaban regresaran en una pieza y respirando a Konoha. Todos se habían convertido en héroes, habían sido amigos de su hermano menor, así que lo menos que podía hacer era concentrarse en hacer bien su trabajo. Ellos podían morir si se descuidaban, él… bueno, era otro cantar.

Un plato más de comida fue dejado con un golpe desenfadado sobre la mesa y la silla a su derecha fue movida hacia atrás por la kunoichi rubia que formaba parte del grupo. Sabía que su nombre era Yamanaka Ino y todo lo que eso conllevaba gracias a la información que él poseía sobre su familia, pero nada más. Le sorprendía que no tuviese ningún inconveniente en compartir mesa con él aunque, claro, supuso que en realidad lo hacía por el chico que tenía sentado en frente.

—¿Qué dijo Shikamaru? —le preguntó Naruto con tono conspirador. La joven giró un poco el cuerpo, parecía que cuidaba no darle la espalda, y miró a Naruto a los ojos antes de centrarse en la tarea de revolver el plato de arroz y vegetales que había traído consigo.

—Que dejes de fastidiarlo. Él no te dirá lo que debes hacer para conseguir ganarle a Kiba en su apuesta por ver quién come más ramen ni tampoco será juez en eso. Además dijo, y cito: "que ni se le ocurra hacerlo ahora porque entonces clavaré su sombra en la arena y lo dejaré ahí hasta que se lo trague la marea". —Se encogió de hombros despreocupada. —Yo te aconsejaría no retarlo porque está de muy mal humor y tal vez lo haga.

Naruto soltó un bufido, recostándose en el respaldo de su silla.

—¡Agh, siempre está de mal humor! Debería conseguirse una novia. —Un brillo travieso cubrió sus ojos al instante de haber dicho aquello. Volvió a apoyar los brazos sobre la mesa para acercarse a la joven. —¿Por qué no le haces el favor, Ino?

Ahora fue ella quien soltó un bufido. Imitó el gesto de recostarse sobre sus antebrazos y miró a Naruto con ironía.

—Mejor hazlo tú. Los dos son el uno para el otro, seguro que harían una pareja de ensueño—respondió con tono cantarín.

Su respuesta rápida le causó gracia a Itachi.

Ino frunció el ceño cuando sintió un cambio en el chakra del Uchiha. Casi podía jurar que se había hecho un poco más ligero. Pero cuando volvió la mirada hacia él, notó que su expresión seguía impertérrita.

La curiosidad se apoderó de ella y de manera discreta intentó profundizar su percepción del chakra ajeno, tratando de comprobar si lo que había sentido había sido real. No obstante, lo único que encontró fue una barrera invisible que le impidió adentrarse un poco más. Parecía que él no sólo bloqueaba sus emociones del exterior sino también de sí mismo.

"Qué extraño…", pensó mientras apartaba la mirada. Tal vez lo había imaginado. Nunca había sentido algo así desde… Sasuke.

Agitó ligeramente la cabeza descartando aquel pensamiento. Si hubiera una palabra que describiera lo último que había sentido proveniente de Sasuke, ésa sería "oscuridad". No podía olvidar la profunda maldad que había emanado de cada milímetro de él cuando se habían reencontrado todos en el final de la Cuarta Guerra. Había sido la más horrible sensación que había experimentado en toda su vida, y también había sido una de las que más la había lastimado.

—Contrario a lo que piensas, Ino-chan, no eres tan graciosa —replicó Naruto con tono herido. Pero sólo su voz, ella sabía que no era más que eso.

—Pero aún así me adoras, admítelo.

Una sonrisa de lado por parte del ninja fue toda la respuesta que ella necesitó.

Se aclaró la garganta y volvió su completa atención hacia Naruto. El hambre se le había esfumado ante el recuerdo de Sasuke, pero se obligó a sí misma a comer porque necesitaba mantener su energía en nivel óptimo durante la misión. Mientras intentaba regresar a la normalidad haciendo plática con Naruto, no pudo evitar mirar de vez en cuando a Uchiha Itachi, quien se mantuvo escuchándolos en silencio.

Había ido a sentarse a esa mesa porque el único lugar que quedaba disponible en la que ocupaban sus compañeros era el que estaba entre Hinata y Kiba. Ya de por sí era bastante difícil tener que ir de misión con el chico con quien había terminado hacía tan sólo unos meses, como para ahora tener que compartir la mesa con él. Podría fingir que no lo sentía, pero le era complicado ignorar la punzada de dolor cada vez que tenía a Kiba cerca; no porque siguiera sintiendo algo por él, sino porque no se encontraban en muy buenos términos y, a pesar de que ahora eran capaces de hablar civilizadamente, el Inuzuka todavía tenía algo de resentimiento hacia ella.

Lo cual no era más que una muestra de locura por parte de aquel amante de las pulgas. ¡¿Acaso olvidaba que había sido él quien la había bateado directo y sin escalas a Villa Botadero?

¡Y todavía se atrevía a indignarse porque ella lo había superado!

"El muy cretino…"

No cabía duda de que a veces los hombres eran unos inmaduros, sobre todo cuando se trataba de sus egos.

Así que había aprovechado el pretexto de terminar con su papel de recadera entre Naruto y Shikamaru, y había ido a comer a la mesa al otro lado de la habitación. El poder de Uchiha Itachi era suficiente para mantener al margen al resto pero, como no sentía ninguna mala intención en él, no había motivo para no compartir mesa.

Una parte de ella pensaba que tal vez el hombre terminaría por hartarse de los disparates de Naruto, pero parecía que realmente les estaba prestando atención. O ésa era la impresión que le daba, era difícil saber cuando el hombre parecía una estatua.

Itachi no pudo hacer más que permanecer en su asiento, encontrando un extraño disfrute en ver discutir a ambos rubios con tal naturalidad. Ninguno era mordaz en sus réplicas, más bien parecían estar acostumbrados a actuar como polemistas expertos que no tomaban a pecho nada de lo que se decían en ese momento y sólo lo hacían para ver quién aguantaba más tiempo el ritmo de aquel intercambio de palabras.

Al final ella pareció cansarse de la conversación y se levantó para retirarse, dejando a Naruto a la mitad de la frase.

—Eres mala, Ino…

—Bueno, depende de lo que entiendas por "mala" —le respondió ella con una sonrisa complacida que se mantuvo incluso cuando lo miró a él antes de alejarse.

Curioso. Había pasado una eternidad desde que se había encontrado con alguien que no lo desdeñaba de manera abierta.

Contra todo criterio, Itachi la siguió con la mirada hasta que desapareció por las escaleras que conducían a las habitaciones de arriba.

La tormenta cesó pasada la medianoche y a pesar de que el ruido de los truenos que tanto la ponía de los nervios se había apagado desde hacía mucho, Ino continuaba sin poder dormir. Aquella ominosa sensación que la había acompañado desde que habían dejado la aldea, volvió a ella con mayor fuerza mientras hacía todo cuanto estaba a su alcance para conciliar el sueño. Su mirada permanecía fija en el techo de madera sobre su cabeza buscando dejar su mente lo suficientemente en blanco como para poder descansar, pero le era imposible. Entonces cerró los ojos, concentrándose en sentir los chakras de todos sus compañeros sólo para asegurarse de que estaba siendo paranoica y que no había nada qué temer.

Reinició con su rodar sobre el futón, pero cuando ni siquiera eso la hizo dormir finalmente desistió de la idea. Se reacomodó el nudo del obi sobre la yukata de algodón que vestía y salió de su habitación sin hacer el menor ruido.

No fue difícil dejar la posada sin que nadie lo notara y sus pasos la guiaron hacia la playa.

En medio de la noche, la pálida luz de la luna emitía un reflejo irregular sobre las apaciguadas aguas del océano y el aire se sentía fresco a su alrededor, ofreciéndole una caricia que fue capaz de aliviar un poco la tensión que sentía en ese momento. Bajo sus pies, la arena seguía completamente húmeda, hecha una mezcla de arcilla que se colaba entre sus dedos, provocándole un ligero cosquilleo.

Definitivamente éste era el verdadero significado de la expresión "la calma después de la tormenta". ¿O tal vez lo era antes de ella?

Cerró los ojos y respiró profundo, llenando sus pulmones al máximo de aquella brisa marina con olor a sal. Y fue entonces que lo sintió de nuevo: el frío estremecimiento reptando por su cuerpo, envolviendo su pecho, atravesándola.

El mar se agitó frente a ella, formando olas que parecían querer atraerla. Hubo un extraño silbido antes de que la suave brisa se convirtiera en un remolino sobre las aguas. El aire se cargó repentinamente de una presencia maligna que no pudo localizar con exactitud. Sus dedos se aferraron al mango del tantō que siempre cargaba con ella y que traía metido en el obi de su yukata.

Ino…

La sangre se le heló al escuchar su nombre susurrado en medio de la oscuridad. El remolino que agitó las aguas tomó una forma muy cercana a la humana antes de desvanecerse, pasando a través de ella, dejándola helada. Era como si algo hubiera tocado su alma.

Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y pánico. Había alguien a sus espaldas.

Antes de poder detenerse a pensar, Ino se giró con maestría y soltó el primer golpe.

«Continuará…»


¡Hola, mundo!

Heme aquí de vuelta con la segunda entrega de esta historia que tan emocionada me tiene de escribir. Muchísimas gracias a dantefox, dark'lady'strong, yerik, Kyraa y Annalizz por darme los primeros reviews para este fic, no saben lo feliz que me hicieron. Espero que este segundo capítulo haya sido de su agrado.

Sin más que decir, es hora de irme. ¡Hasta la próxima!