Disclaimer: creo que la misma palabra lo define todo: fanfiction
(Nada de Naruto y sus personajes me pertenece, míos son sólo esta historia… y Shikamaru)


3. Aclarando dudas a la luz del día

Su pierna fue bloqueada por una mano experta.

De inmediato Ino levantó su otra extremidad de la arena y giró para dar una nueva patada pero al ver que era interceptada de nuevo, desenfundó su tantō y lo apuntó directamente contra el cuello del intruso.

Todo había sucedido a la velocidad del rayo.

Para cuando fue capaz de procesar lo que ocurría, sus ojos se abrieron sorprendidos al encontrarse cara a cara con Uchiha Itachi, quien tenía sus dedos firmemente cerrados alrededor de la mano con la que ella sostenía la hoja afilada por encima de su arteria carótida.

Los dos permanecieron estáticos durante un par de segundos en esa posición. Estaban muy cerca el uno del otro, la mano derecha de Itachi seguía sosteniendo la de Ino en su cuello y la otra aferraba un puño de la tela de su yukata en su espalda. El susurro de las olas de nuevo calmas se escuchaba extremadamente lejano, como si estuviera al otro lado de un largo túnel. Ino apenas podía respirar mientras un escalofrío bajaba por su columna.

Él no era la amenaza que había detectado.

—Lo siento, me asustaste —se disculpó, desviando la mirada mientras retrocedía un paso. —No deberías andar a hurtadillas detrás de la gente.

Regresó la hoja de su arma a su funda e inhaló profundo, dándose cuenta de que había expulsado todo el aire de sus pulmones en aquellas simples frases. Su mirada recorrió la extensión de mar que se abría ante ella, sólo para asegurarse de que lo que fuera que la había alterado ya no estaba.

Ella no creía en fantasmas, pero esa cosa que se había levantado sobre el mar le había dado un susto de muerte.

—No andaba a hurtadillas, sólo caminaba.

La voz de Itachi hizo que regresara su atención a él, sorprendida. Ésta era la primera vez que tenían un verdadero contacto.

A pesar de que habían interactuado dos veces antes, jamás le había hablado.

La primera ocasión había sido cuando él la había salvado de la Danza de los sauces de Kimimaro durante la guerra. Ino iba en el grupo al encuentro de Naruto, cuando había visto a un equipo de samuráis y un clon de sombras del rubio siendo víctimas de la invocación de Kabuto, así que se había unido a ellos con el fin de sellarlo. Sin embargo, la pelea se complicó más de lo esperado y cuando parecía que ella sucumbiría ante la ejecución de la técnica del portador del shikotsumyaku, Itachi -recién resucitado- había aparecido de la nada y la había salvado. Después había desaparecido tan rápido como había llegado, sin detenerse siquiera para asegurarse que ellos estuvieran bien o para que tuviera oportunidad de darle las gracias.

La segunda vez había sido diez días después, cuando había sido asignada al grupo que lo sellaría de nuevo luego de que la guerra se diera por concluida. Habían sido cinco shinobis, incluyendo a Sakura y a Shizune, pero algo había salido mal y no habían podido realizar el sellado de su alma.

Nadie supo la razón de aquel fallo, su técnica había sido perfecta. Lo intentaron una vez más y el resultado fue incluso peor: casi habían muerto ellas en el proceso. Entonces la Hokage había decidido no provocar al destino con un tercer intento que pudiera comprometer la vida de sus ninjas y había optado por restituir a Itachi como uno de los miembros de la aldea.

Habían pasado más de tres años desde eso e Ino continuaba preguntándose porqué su alma no había podido ser sellada como las de los demás resucitados. Shikamaru tenía la teoría de que, tal vez, algo diferente había ocurrido con Itachi después de que él se liberara del control de Kabuto por cuenta propia en combinación con el hecho de que éste último muriera antes de que pudieran deshacer su Edo Tensei por completo; aunque qué era eso diferente, ellos no habían conseguido definirlo.

En la escasa iluminación que los rodeaba, fue capaz de distinguirlo sin ninguna dificultad y tuvo que admitir que el hombre era realmente apuesto. Algo en él lo hacía ver casi majestuoso, peligroso, como la clase de persona a la que no te gustaría tener en tu contra… pero aún así apuesto. Como eran los Uchiha. Al menos los que ella había conocido. Los mechones de su largo cabello negro le cubrían el rostro al ritmo de la brisa que se balanceaba entre ellos y la luz de la luna proyectaba sombras en sus rasgos casi perfectos. Lo único que lo hacía ver diferente era el color de la esclerótica en sus ojos que era de un sombrío gris en lugar del normal color blanco, lo que resaltaba el escarlata de su sharingan activado.

Era lo único que le recordaba que él realmente estaba muerto. Aunque respiraba y su mano se había sentido cálida envolviendo la suya.

Hubo un incómodo silencio entre ellos. Ino no sabía qué decirle. Era raro estar a solas con este hombre cuando había oído tanto sobre él.

Y nada bueno, por supuesto.

Además, todavía seguía asombrada por la manera en la que había bloqueado sus ataques con tal eficacia. Su taijutsu había mejorado considerablemente en los últimos años, cosa que se había hecho patente al haberse puesto mano a mano contra Asuma cuando Kabuto lo había resucitado, y ahora incluso Shikamaru tenía problemas para seguirle el ritmo cuando entrenaban si no estaba completamente concentrado. Pero Itachi la había bloqueado como si se tratase de un juego de niños. No cabía duda de que seguía siendo uno de los grandes prodigios del clan Uchiha.

Era gracioso que a ella no le pareciese tan malo como escuchaba decir a todo el mundo. Poderoso, por supuesto que sí; pero malo… tenía sus dudas. Sobre todo después de que él salvara su vida en la guerra.

"Nadie es villano si no sale del corazón…", recordó la línea de aquel poema antiguo. Y eso, de alguna manera, le hizo pensar que había algo más en él. Podía sentirlo.

Su mirada buscó otra cosa en qué concentrarse cuando se dio cuenta de que lo había estado observando fijamente como si fuera un fenómeno de circo y entonces notó el pequeño hilo de sangre que corría por su cuello, donde había descansado la navaja de su tantō.

"Así que no fue lo bastante rápido para realmente bloquear mi ataque…"

—Déjame ver eso —pidió acercándose a él.

—Es un simple corte. No me matará.

Eso no la detuvo. De inmediato su mano comenzó a resplandecer en un pálido tono verde haciendo desaparecer el pequeño corte que él sabía que se hubiese curado por sí sólo si le hubiese dado unos cuantos segundos más.

—Deberías estar durmiendo. Partiremos mañana temprano —le reprochó ella mientras seguía inmersa revisando su cuello en busca de cualquier otro daño.

Itachi frunció el ceño al escuchar aquel sorpresivo tono mandón dirigido hacia su persona. Nadie le había hablado así antes.

—Yo podría decirte lo mismo.

Ino echó la cabeza hacia atrás para mirarlo directamente a los ojos, completamente atónita por haber escuchado su profunda voz tan cerca. Era hasta ahora que notaba la poca distancia que había entre ambos, y le sorprendía que hubiese sido ella quien se hubiera acercado. Lo único que había visto había sido la herida y de inmediato sus ganas de ayudar habían tomado el control de sus movimientos.

La garganta se le secó de golpe mientras algo ocurría entre ellos.

El sharingan se desvaneció en sus ojos, regresándolos a su tonalidad habitual y dejándole una horrible desazón cuando fue capaz de reconocer, por una fracción de segundo, la soledad y el dolor reflejado fugazmente en ellos. La sensación la atravesó igual que la hoja de una katana al rojo vivo. Fue como una fría corriente chocando contra cada centímetro de su cuerpo, haciéndola sentir débil y desprotegida.

No era algo que esperaría sentir proveniente de alguien con su reputación.

El hombre que tenía enfrente era una rígida estatua, ni siquiera podía decirse que estuviera respirando, pero no hubo equivocación en las emociones que llegaban hasta ella mientras seguían parados el uno frente al otro, con el oleaje del mar cubriendo sus pies al ritmo de la marea.

—Sí, yo… ya me voy. —Apartó su mano con un movimiento rápido tan pronto como sus emociones quedaron bloqueadas para ella de nuevo, y dio un paso hacia atrás. —Descansa, Itachi-kun —Se despidió en un susurro, pasando junto a él para regresar a la posada, incapaz de encontrarse de nuevo con su mirada.

Durante el camino hacia su habitación, no pudo dejar de pensar en lo que había sentido. Antes y después de la aparición de Itachi. Intentó convencerse a sí misma de que tal vez había imaginado una o dos cosas pero, entre más lo pensaba, llegó a la conclusión de que no era posible. Sus habilidades nunca le habían fallado. No había motivo para que comenzara a dudar de ellas ahora.

Tan pronto como los primeros rayos del alba se asomaron por el horizonte, Ino se levantó y comenzó a preparar todas sus pertenencias para partir en cuanto tuvieran oportunidad.

Aunque había conseguido dormir por fin tras regresar a su habitación después de lo ocurrido en la playa, no había descansado mucho en realidad. Las pocas horas que había conciliado el sueño habían estado repletas de sueños extraños que carecían de todo sentido para ella. Y siempre habían sido lo mismo: un bosque, una gruta repleta de símbolos que no reconocía, un lago cubierto de bruma, ella agonizando por dentro… Al final se despertó un par de veces, cubierta de sudor, con lágrimas en los ojos y un terrible dolor en el pecho que lograba traspasar la barrera entre lo onírico y lo real.

Tenía que haber algo mal con ella. O tal vez sólo se estaba sugestionando.

"Un paso más cerca de la locura. ¡Vas por buen camino, Ino!", se reprochó a sí misma.

Fuera como fuera, el día se abría con claridad esa mañana y era una buena señal para continuar con su misión, por lo que tenía que enfocarse en ello.

—¿Mala noche?

Parte de ella se sorprendió al escuchar la voz de Shikamaru a su lado tan temprano. Por regla general su amigo era más del tipo que dormía hasta mediodía siempre que le era posible. Aunque, claro, estando de misión sus hábitos solían cambiar drásticamente.

—No tienes idea cuánto —respondió Ino, antes de beber un poco más del té que tenía sobre la mesa en ese momento.

La esposa del dueño de la posada apareció con otra taza para Shikamaru y un plato lleno de pequeños bocadillos para acompañar la bebida.

Durante algunos minutos el silencio se hizo entre ellos. Tal vez Shika esperaba que ella le dijera el motivo por el cual no había podido dormir, pero Ino prefirió no contarle. No quería esparcir su paranoia de malos presentimientos, ataques invisibles y pesadillas sin sentido. Además, estaba segura de que a Shikamaru no le haría ninguna gracia saber que ella había estado a punto de cortarle la garganta a Uchiha Itachi cuando le había prometido hacer precisamente lo opuesto ese mismo día.

Aunque Ino podría argumentar que no es como si hubiera podido matarlo, de cualquier manera.

En vez de eso, decidió discutir otras cosas con su capitán y mejor amigo.

—Sabes Shika, he estado pensando sobre esta misión y, no sé, creo que…

—Algo no cuadra —completó él, mirando fijamente el té que había en su taza. —Sí, también lo estuve pensando. Somos siete jōnins, demasiados para una misión que tal vez no requeriría más de la mitad de nosotros en otras circunstancias.

—¿A qué te refieres con "en otras circunstancias"?

—¿No se te hace extraño que el mensaje haya llegado desde una isla que no pertenece a ninguna nación y que tampoco figura en ningún mapa?

Ino frunció el ceño al escucharlo. Sí, era cierto que nunca había escuchado hablar de la isla de Ama, pero había supuesto que se debía al hecho de que casi nunca había dejado el continente para realizar misiones en altamar.

—Pero Tsunade-sama parecía muy preocupada por el asunto de sus sacerdotisas —Comentó ella. —¿Tienes alguna idea del por qué?

Shikamaru respiró profundo, dejándose caer en el respaldo de la silla antes de cruzar los brazos sobre su pecho. Ino no tuvo que ser una genio para darse cuenta de que su amigo sabía algo que no estaba del todo seguro de querer compartir con ella.

Uno de los grandes problemas de Shikamaru era que prefería guardarse las cosas hasta después de considerar seriamente todos los elementos y tener una visión más clara del siguiente paso a dar. O hasta esperar que el resto se diera cuenta de todo lo que él veía con facilidad todo el tiempo

Y eso la volvía loca.

Conforme el silencio se prolongó, la creciente tensión comenzó a exasperarla así que no tuvo más remedio que rendirse. Shikamaru no iba a decirle nada más.

—Entiendo —dijo en un suspiro que sonó más a un gruñido inconforme cuando vio a Sakura aparecer por las escaleras. —Supongo que, como Tsunade-sama dijo, tenemos que cubrir todas las probabilidades ¿no?

La única respuesta que recibió fue la clara percepción de alivio proveniente de Shikamaru ahora que ella era quien dejaba el tema de lado, y tuvo que conformarse con eso.

Rayos, ¡a veces ser empático realmente apestaba!

Sobre todo cuando lidiaba con alguien que sabía que lo era y optaba por una comunicación no verbal y menos franca. Ella siempre había sido directa y odiaba tener que dejar de serlo por el bien de otra persona.

Doble rayos.

Uno a uno, el resto de sus compañeros fue uniéndose a ellos y, cuando el grupo quedó reunido por completo, el té y los bocadillos dieron paso a un vasto desayuno, cortesía de los propietarios de la posada, durante el cual aprovecharon para afinar algunos detalles en torno a cosas de la misión que no habían tenido tiempo de planear.

Mientras escuchaba a Shikamaru, la mirada de Ino viajó inevitablemente hacia Itachi. Los recuerdos de lo ocurrido la noche anterior frente al mar volvieron a atormentar su mente. Sabía que no tenía sentido, pero por alguna loca razón, no podía dejar de pensar en ello. Era casi como si algo la estuviera obligando a hacerlo.

En cuanto todos tuvieron asignadas sus labores para antes de embarcarse, el equipo se dispersó.

Ino tenía como trabajo ir con Hinata y Kiba a comprar unas cuantas provisiones para preparar almuerzos que después pudieran consumir en el barco. En palabras de Shikamaru, les esperaban varias horas de navegación porque, para empezar, ni siquiera tenían una localización precisa de la isla; sólo unas simples coordenadas datadas hace un millón de años que no eran muy fiables.

Pero antes de ir al mercado, Ino tenía que ponerle fin a toda la serie de interrogantes que no dejaban de taladrarle el cerebro. Así que, mientras esperaba a que Kiba y Hinata terminaran sus desayunos, y después de ver que Itachi desaparecía por las escaleras, logró escabullirse para seguirlo. Caminó por el pasillo del piso superior de la posada y se detuvo frente a la puerta de la habitación que habían alquilado la noche anterior para sus compañeros.

"¡Basta, Ino, deja de alucinar cosas!", se regañó a sí misma. Nada malo estaba pasando. Con su cordura, tal vez sí, pero no con la misión.

De todas formas, necesitaba comprobarlo así que abrió la puerta.

Por primera vez desde que habían dejado la aldea, su mente se quedó en blanco. Por completo.

Porque Itachi estaba parado en medio de la habitación, medio desnudo ante ella.

—Oh, yo ah… —Abrió y cerró la boca varias veces pero sólo sonidos inteligibles salieron de entre sus labios.

¿Desde cuándo balbuceaba sin sentido?

Rápidamente se giró para cerrar la puerta tras ella buscando hacer el menor ruido posible, como si no quisiera que los demás se enteraran de lo que estaba haciendo, y después regresó su atención al medio desnudo Uchiha

—Sobre lo de anoche… —Su voz se desvaneció de nuevo. Era difícil concentrarse en articular frases completas con él mirándola de esa manera que parecía que algo se traía entre manos. O que tal vez estaba midiéndola para su ataúd.

Intentó sentir sus emociones, pero se dio de frente contra esa barrera invisible que ya tan usual le resultaba.

¡Qué hombre tan frustrante!

—¿Qué estabas haciendo tan tarde en la playa? —le preguntó él con tono exigente.

Al escucharlo, no se le hizo extraño que los otros shinobis de Konoha hablaran pestes de él. Una suprema superioridad brotaba de cada molécula de ese masculino cuerpo. Era evidente que Itachi era un hombre acostumbrado a tener el poder en sus manos, y no porque fuera arrogante sino porque parecía ser el orden natural de las cosas.

Desdichadamente, Ino no estaba acostumbrada a doblegarse tan fácil. No importaba lo poderoso que fuera él.

—Salí a caminar porque no podía dormir. Aquí el sospechoso eres tú —declaró alzando el mentón desafiante. —¿Acostumbras atacar por la espalda?

Una repentina corriente de furia le llegó proveniente de él al escuchar su acusación haciéndola sentir escalofríos.

—¿Cómo dices?

La letalidad evidente en Itachi aumentó exponencialmente durante un pestañeo pero entonces Ino frunció el ceño en el momento en que la indignación se sobrepuso a la furia, dejándola desconcertada. No podía creer que por fin sus emociones llegaran tan nítidas a ella. Definitivamente sus palabras no le habían hecho ninguna gracia. Su percepción quedó confirmada al ver el puño en el que se había convertido su mano derecha y la dureza que reflejaba su mirada. Parecía que realmente estaba molesto porque ella hubiese desconfiado así de él.

Decidió decirle la verdad y esperar a ver qué pasaba.

—Algo me atacó anoche mientras estaba en la playa —dijo con más calma, dejando atrás cualquier hostilidad impresa en sus palabras. —Aunque no puedo decir qué fue. Sólo sentí una presencia realmente maligna y lo siguiente que supe era que tú estabas detrás de mí. Y ya sabes lo que dicen, "si hace como pato y camina como pato…"

—Yo no te ataqué. —respondió él con sequedad, aunque continuó sin decirle qué hacía en la playa la noche anterior.

En su mente, Ino comenzó a contar conforme el silencio se prolongaba. Como si se tratase de magia, las emociones de Itachi volvieron a quedar fuera de su radar en un segundo, absorbidas por completo con tal eficacia como si nunca hubiesen existido.

Fue hasta que llegó a veinticinco que todo tuvo sentido para ella.

—También lo sentiste, ¿no es verdad? —inquirió avanzando un par de pasos hacia él.

Tuvo que tragar saliva mientras él clavaba su indescifrable mirada en ella antes de asentir lentamente con la cabeza.

Bien, tal vez su cordura no estaba tan fuera del alcance como imaginó, aunque… no sabía si sentirse feliz o no por descubrir que no había alucinado nada de lo ocurrido. Por ahora lo único que ocupaba su mente era la minúscula fractura que había descubierto en la barrera de Uchiha Itachi. El hombre realmente tenía emociones.

Cielos, estaba segura de que nadie del equipo le creería si se los dijera. Así que sólo le quedó respirar profundo.

—Ita-kun, Shika dice que ustedes irán al muelle para buscar a alguien que nos lleve a la isla —dijo mientras daba vuelta hacia la salida. —Debes darte prisa.

—¿Cómo me llamaste? —preguntó él haciéndola detenerse antes de alcanzar la puerta.

Ino se giró para mirarlo, extrañada.

—¿Ita-kun?

—Mi nombre es Uchiha Itachi.

Ella lo miró secamente.

—¿En serio? No voy a utilizar el "Uchiha-san" contigo, si eso es lo que buscas porque no eres tan viejo. Ahora, estamos de misión, somos equipo y eso significa que puedo añadirle el "–kun" a tu nombre porque decir "Itachi" todo el tiempo terminará por hacerme sentir que estoy estornudando continuamente. ¿Has notado que tu nombre parece trabalenguas? Es más, dudo que logres pronunciarlo diez veces seguidas lo más rápido que puedas sin trabarte. Así que puedes escoger: Ita-kun o bombón.

Itachi jamás se había sentido tan ofendido y, aún así, extrañamente divertido como se sintió al escuchar su discurso. Nadie jamás se había burlado así de él.

Su mirada se ensombreció.

—No responderé al Ita-kun.

Ella se encogió de hombros despreocupada, ignorando olímpicamente su tono de "estás a punto de conocer mi lado malo".

—Bien, bombón, será a tu modo entonces. Si ves a Naruto dile que nos vemos abajo en quince…

Algo dentro de él sucedió inesperadamente: tenía la imperiosa necesidad de farfullar. Nunca lo había hecho. Siempre había sido diplomático, no le gustaban las confrontaciones intensas ni los parloteos ni nada que pudiera entrar en el nivel de una reacción escandalosa, pero ahora…

Esta debía ser la mujer más extraña con la que se había topado en toda su existencia.

Abrió la boca para protestar pero, por alguna extraña razón, supuso que no le convenía discutir.

—Está bien —aceptó de mala gana luego de un largo instante. —Toleraré el "–kun", pero sólo viniendo de ti.

El brillo que apareció en los ojos de ella, casi a la par de la sonrisa en sus labios, le hizo saber algo que él ya se había imaginado: Ino Yamanaka era del tipo de personas testarudas que tenía un modo de siempre salirse con la suya, y que se fueran al diablo todos los argumentos racionales.

—¿Ves que no duele? —le dijo ella manteniendo la sonrisa de victoria en su rostro. —No deberías tomarte las cosas tan en serio.

Antes de que él pudiera decir algo más, la kunoichi le guiñó un ojo a manera de despedida y salió de la habitación.

En medio del silencio que había dejado aquella intempestiva visita, Itachi seguía sin poder comprender cómo es que ella había pasado de acusarlo de intentar matarla a burlarse de él en cuestión de segundos.

Qué inusual…

Qué terroríficamente placentero.

«Continuará…»


¡Hola, mundo!

Estoy de regreso con un nuevo capítulo para ustedes, espero que haya sido de su agrado. Muchas gracias por sus comentarios, me hace realmente feliz que disfruten esta historia. El capítulo cuatro ya está en proceso de revisión así que estará listo en los próximos días, si el tiempo y mis ocupaciones me lo permiten.

Muchas gracias por leer, cualquier opinión es bien recibida.

¡Hasta la próxima!