Disclaimer: creo que la misma palabra lo define todo: fanfiction
(Nada de Naruto y sus personajes me pertenece, míos son sólo esta historia… y Shikamaru)


4. Uno de nosotros

Conforme las horas pasaron, Ino fue sintiéndose más tranquila y menos paranoica.

Nunca había visitado la villa antes pero pudo comprobar que, tal y como deducido la tarde anterior en medio de la intensa tormenta, no era un lugar muy grande en realidad. Tan sólo unos cientos de pobladores la conformaban, entre pescadores, agricultores y comerciantes de paso. Todos parecían llevar vidas sencillas y sin preocupaciones, y una parte de ella comprendía bien la sensación.

Luego de la Cuarta Guerra, a las aldeas ninja les había tomado algo de tiempo recoger los pedazos, en especial a la suya que había tenido que sobreponerse de la invasión previa, y también habían tenido que replantearse el camino por seguir ahora que la paz parecía haber llegado al mundo entero.

Por eso esta misión la dejaba con el gusto de ser su primera misión en mucho tiempo. Habían pasado meses desde que ella realmente se había visto involucrada en algo más que su aprendizaje como ninja médico y el lustrado de sus habilidades empáticas. No quería tentar al destino, pero no podía negar la pizca de expectación que le salpicaba el pecho al pensar que tal vez pronto volvería a entrar en modus espía.

Había comenzado a pensar que todo su talento se vería desperdiciado en intentar adivinar la estrategia de Shikamaru mientras jugaban sus aburridos juegos de mesa como un par de ancianos.

"Así de simple se ha vuelto la vida…", suspiró para sus adentros.

La visita al mercado local transcurrió en una tensa paz que compartió con Hinata y Kiba. Teniendo a la novia de Naruto como la jefa no oficial de la incursión, compraron las provisiones que creyeron necesarias para un par de días de viaje, resistiéndose a adquirir algunos alimentos tales como carne de cualquier tipo, debido a que no sabían cuánto tiempo les tomaría llegar a la isla Ama. Si bien Ino no tenía nada en contra de la heredera del clan Hyūga e, incluso, la consideraba una amiga debido al montón de cosas que habían vivido juntas, pasar casi dos horas con Kiba fue un asunto completamente distinto.

De vez en cuando, mientras esperaban a que Hinata se decidiera por cuales cosas comprar y de cuales podían prescindir, el chico no había dejado de dedicarle miradas ácidas o comentarios cargados de su respectiva buena dosis de amargura al estilo de "el peor ex novio del mundo". Akamaru parecía más civilizado que él, pues incluso se acercaba a ella para que le rascara detrás de las orejas, cosa que terminaba por poner de peor humor a su dueño.

Para cuando regresaron a la posada para reunirse con el resto de su equipo, Ino había tenido que resistir el impulso de entrar en su mente y obligarlo a golpearse a sí mismo sin importar que así se ganara una paliza de igual calibre.

Itachi y Naruto habían regresado luego de encargarse de enviar una misiva a la Hokage para informarle del desarrollo de la misión mientras que Sakura y Shikamaru permanecían sentados en una mesa cerca de la puerta, conversando con dos hombres que, gracias a las humildes vestiduras que portaban, le hicieron suponer que se trataba de pescadores.

Al verlos de vuelta, el portador del kyūbi prácticamente corrió para abrazar a su novia y besarla, sin importarle que estuviera dando semejante espectáculo en medio del pequeño establecimiento. Hinata se sonrojó al instante hasta las orejas, haciendo que Ino riera un poco sin poder evitarlo. A pesar del tiempo que llevaban juntos, todo parecía indicar que la pobre muchacha aún no estaba del todo acostumbrada a las efusivas muestras de afecto por parte de su novio.

Shikamaru les dio un breve asentimiento con la cabeza desde lejos y minutos más tarde él y Sakura se levantaron de la mesa y se acercaron al grupo.

—Debemos pasar otra noche en la villa —anunció con descontento.

Ino frunció el ceño extrañada por sus palabras y enfocó su atención en los hombres que estaban parados detrás de su amigo mientras éste les daba algunos detalles de la conversación que había entablado en los últimos minutos. La extrañeza fue en aumento cuando notó el vestigio de inquietud a través de los chakras de aquellos desconocidos. Lo que fuera que habían estado hablando con Shikamaru antes de que llegaran parecía haberlos dejado algo nerviosos.

—Partiremos mañana antes de que amanezca —finalizó.

—Sigo sin entender —dijo Kiba—, ¿no pueden navegar de noche?

Uno de los pescadores, el de mayor edad, se aproximó para responder.

—Podría, señor, pero me temo que no llegaríamos a ningún lado. Verá, sólo se puede llegar a la isla al alba. Es como si el mismo océano la protegiera.

Shikamaru dejó escapar una diminuta exhalación incrédula ante sus palabras. Nunca había sido gran adepto a las historias de misterio y fantasmas, pero Ino de alguna manera sentía que había un alto grado de verdad en aquella historia. Haber sido atacada por un ente invisible la noche anterior le hacía replantearse su propio escepticismo.

Luego de ver el desconcierto y la incomprensión en las caras de todos, el otro pescador sonrió un poco y aclaró:

—Una espesa capa de neblina gobierna esa parte del mar y sólo se dispersa con los primeros rayos del sol, después de eso ya no es posible llegar a ningún sitio cerca de la isla.

Shikamaru volvió a alejarse acompañado de los pescadores para intercambiar unas cuantas palabras más con ellos, y después regresó con el grupo para ordenarles revisar de nuevo que sus respectivos equipos de viaje estuvieran en óptimas condiciones. Ino pudo sentir la creciente insatisfacción y molestia que avanzaba en el interior de su amigo y eso la hizo sentir mal con él y por él.

Dos días de retraso eran demasiado tiempo.

Los retrasos en las misiones no sólo representaban costes del viaje que la aldea –y más concretamente él- tendría que asumir sino que además tenían un efecto psicológico en los shinobis que se mantenían en 'estado de espera' por tiempo innecesario, lo que provocaba ansiedad y distracciones que podrían resultar catastróficas, sobre todo en una misión tan a ciegas como la que tenían en ese momento. Así que ella podía entender que él se sintiera tan frustrado en esos momentos.

Sin mencionar que era la primera misión de alto rango que Shikamaru lideraba desde que la guerra había terminado.

Luego de ver que los demás subían a las habitaciones que ocupaban en la posada, Ino cambió de lugar y se sentó junto a Shikamaru, deslizando su mano debajo de la mesa para tomar la del shinobi y apretarla para brindarle algo de ánimo.

—Lo estás haciendo bien —susurró, sabiendo que en esos momentos ninguna otra cosa que pudiera decir realmente serviría.

Shikamaru la miró por el rabillo del ojo, devolviéndole el pequeño apretón antes de dejar ir su mano. Se recostó sobre el respaldo de la silla y sacó la cajetilla de cigarros que guardaba en uno de los bolsillos frontales de su chaleco.

—No se siente así —admitió él, sacando un cigarrillo y el encendedor. —Todo esto es tan…

Problemático —completó ella, sabiendo aquello de memoria—. Sí, lo sé. Es parte de tu itinerario quejarte al menos una docena de veces sobre cualquier misión, y últimamente no sólo te quejas en voz alta sino que también me lo haces saber con las alteraciones en tu chakra; pero ya estamos aquí, así que sea lo que sea que tengamos que hacer lo haremos en cuanto el bendito barco zarpe, ¿de acuerdo?

Él sacudió la cabeza y le dio una calada a su cigarrillo.

—No deberías hablar sobre eso tan a la ligera —le advirtió dejando que el humo saliera de entre sus labios con cada palabra.

—¿Eso es lo único que captaste de todo lo que te dije?

La incredulidad en su tono recibió a cambio una sonrisa de lado.

—Después de tantos años, por alguna razón mis oídos se quedan sordos en cuanto empiezas a gritarme.

Ino rodó los ojos mientras reprimía las enormes ganas que tenía de gritarle hasta dejarlo realmente sordo. No sabía si el hecho de que él tuviera ganas de bromear con ella era algo bueno o si sólo lo hacía porque quería desviar su atención de algo más importante.

Como fuera, sabía que tarde o temprano Shikamaru terminaría diciéndole aquello que estaba callándose desde que habían dejado Konoha. Sólo esperaba que no se tratara de algo realmente malo.

Tan pronto como la noche volvió a caer en la villa, el primer piso de la pequeña posada se vio repleta de todos aquellos huéspedes y comensales de paso que aguardaban la cena.

Al igual que la noche anterior, Itachi habría preferido sentarse en el rincón más alejado, pero esta vez Naruto le reservó un asiento en la mesa, prácticamente obligándolo a quedarse con el grupo. Itachi habría preferido sacarse los ojos con un par de palillos, pero ante la voluntad del hijo del Yondaime, incluso eso no habría sido suficiente para hacerlo desistir.

Las conversaciones fluían a su alrededor sin que él tuviera la oportunidad –o el ánimo– de intervenir. La misión se estaba retrasando más de lo debido y, de acuerdo con la información que Tsunade le había entregado antes de partir, eso no podía ser nada bueno.

El nombre de la isla a la que irían había sido parte de un mito, uno que había perdido cualquier rastro de realidad con el paso del tiempo hasta quedar relegado a ser una breve mención en las historias que los ancianos contaban a los niños sobre los orígenes de las cosas. Aquella isla no formaba parte de ningún país, no había ninguna información sobre sus pobladores o sus actividades. Incluso se había creído que había sido tragada por una ola gigante y desaparecido en medio del mar hacía siglos. Según las leyendas que había escuchado de niño, era en su templo donde el cielo y la tierra se unían y donde el bien y el mal habían surgido.

Casi sonríe para sus adentros de no ser porque un movimiento captado por el rabillo del ojo lo alejó de sus pensamientos.

Al otro extremo de la mesa, la joven kunoichi Yamanaka se levantó de su asiento y comenzó a alejarse en dirección a las escaleras. Ver a aquella muchacha trajo a su mente el recuerdo de lo sucedido la noche anterior y de nuevo la sensación de advertencia hizo eco en el interior de su cerebro. Algo no andaba del todo bien. Aún no podía decir si era con la misión, los integrantes de su equipo o con esa villa en la que llevaban dos días varados, pero definitivamente no todo estaba en orden.

Itachi frunció el ceño cuando notó que la joven cambiaba de dirección hacia la cocina de la posada. Su mirada recorrió a los demás miembros del equipo, pero ninguno parecía haber reparado en aquello. Claro, él tampoco lo habría hecho si no fuera condenadamente bueno en su trabajo. Había sido entrenado al grado de la perfección para notar hasta el más pequeño movimiento a su alrededor, incluso si era algo tan irrelevante como aquella kunoichi escabulléndose igual que lo había hecho la noche anterior.

Sin embargo, y para su desgracia, a pesar de considerarla 'irrelevante', Itachi no pudo resistirse cuando la vio salir de la posada cargando un par de bolsas en las manos. Dejó su asiento junto a Naruto, sabiendo que no le importaría a nadie que se levantara de la mesa, y se movió con sigilo para seguirla.

Fuera de la posada, la brillante luz de la luna llena iluminaba todo a su alrededor, cubriéndolo de un halo plateado que añadía un toque irreal al entorno. La temperatura había descendido considerablemente desde la calurosa tarde de horas antes y el sonido de las olas del mar quebrándose contra las rocas era el único ruido que llenaba aquella noche silenciosa.

Itachi tuvo que caminar unos cuantos metros antes de poder localizar el chakra de la joven, el cual mantenía muy bien oculto mientras se movía por las calles de la aldea. Avanzaba con demasiada cautela como para ser un simple paseo nocturno y eso disparó las alarmas de sospecha en él. No cualquiera tenía la habilidad de esconder su chakra de las prodigiosas habilidades que él poseía. Y era casi una sorpresa que aquella chica, que a pesar de ser una jōnin seguía poseyendo una apariencia frágil y delicada, tuviera tal poder.

Conocía lo suficiente del clan Yamanaka como para suponer que ella debía ser una de sus miembros más talentosos.

Estaba a punto de darle alcance cuando ella se detuvo al inicio de un callejón cerca de donde se encontraba el mercado local. Itachi tuvo que mezclarse entre las sombras del techo de una de las casas para evitar que lo viera cuando miró en todas direcciones para asegurarse de que nadie la seguía. Su actitud se hacía cada vez más sospechosa y él conocía bastante del mundo como para saber que cualquiera era capaz de ejecutar las peores traiciones.

Sin embargo, cuando ella entró en el callejón las cosas cobraron sentido para él y la especulación abandonó su cuerpo. La vio poner las bolsas en el suelo y de ellas sacó media docena de pequeños recipientes que colocó sobre un barril sucio y oxidado.

—Lamento no poder hacer más por ustedes —dijo en un susurro cargado de compasión tan sincera que logró colarse en él.

No tuvo tiempo de preguntarse sobre a quiénes se refería. Un grupo de sombras comenzó a moverse en medio de la oscuridad del callejón, pero no fue hasta que ella se dio media vuelta y se alejó algunos pasos que aquellas personas se abalanzaron sobre los recipientes llenos de comida. La chica no se detuvo ni se giró, sencillamente reinició su camino de vuelta a la posada como si nada hubiera pasado.

Vaya… eso jamás se lo habría esperado.

Itachi continuó siguiéndola a la distancia aún sin poder comprender del todo lo que había visto. Era la primera vez desde que podía recordar que él realmente se encontraba sorprendido por las acciones de alguien.

—Vaya, vaya, vaya… el mar no suele atraer a hermosas sirenas como ésta.

Ino se detuvo de golpe al escuchar aquella voz a sus espaldas. Lentamente giró sobre sus talones y se encontró con un trío de hombres parados a escasos metros de donde ella se encontraba. Seguramente habían salido de la taberna que había dejado un par de locales atrás. El único sitio que parecía tener actividad a esa hora de la noche. Y por la manera en que dos de ellos se sostenían fácilmente pudo darse cuenta de que se les habían pasado las copas.

Ino volvió a darse vuelta y comenzó a caminar.

No obstante, los hombres fueron persistentes. El que le había hablado avanzó casi corriendo y le bloqueó el paso.

—Oh, ¿a dónde vas, preciosa?

—Apártate de mi camino —ordenó tajante mientras apretaba los puños intentando contener las ganas que tenía de darles su merecido.

No podía armar un alboroto porque entonces Shikamaru se molestaría porque ella se hubiese escabullido para hacer algo que no entraba dentro de los planes de la misión encomendada. De nuevo.

—Así que la sirena tiene garras, eh.

Un par de risas apagadas se escucharon detrás de ella y pronto los otros dos hombres la rodearon. La grotesca lujuria que emanaban se coló entre los poros de su piel, provocándole nauseas. No tenía que ser empática para saber cuáles eran sus intenciones. Antes de salir de la posada, la esposa del dueño de la posada le había advertido sobre el grupo de piratas que cada cierto tiempo llegaba a la villa para causar desmanes y le recomendó quedarse dentro, pero ella no había tenido más opción.

Su mirada se ensombreció.

—No lo repetiré otra vez: mué-ve-te.

Hubo más risas en respuesta.

Ino había dejado la posada completamente desarmada, pero si ellos querían que trapeara el suelo con sus traseros entonces ella se aseguraría de dejarlo reluciente, incluso si tenía que hacerlo con sus propias manos.

Avanzó un par de pasos y empujó al que obstruía su camino. Los otros dos se abalanzaron sobre ella y la tomaron de los brazos para inmovilizarla.

La joven kunoichi sonrió.

Debían ser realmente idiotas si creían que con algo así lograrían detenerla. No sólo era una shinobi, ni tampoco era sólo una jōnin; era una de "los 11 de Konoha", una heroína de la guerra. Y estaba a punto de darles una lección que jamás olvidarían. Con suerte, incluso lograría que nunca volvieran a molestar a los habitantes de la villa.

Aquél al que había empujado sacó un cuchillo de su cinto y avanzó hacia ella para amenazarla. Ino lo miró fijamente. La escasa iluminación le hacía imposible reconocer alguna facción de su rostro, pero eso no importaba. Simplemente aguardó el momento preciso.

Entonces un par de sonidos huecos rompieron el tenso silencio y de manera súbita sus brazos quedaron liberados. Los dos hombres cayeron al suelo inconscientes. El tercero se lanzó contra ella, pero antes de que pudiera acercarse, una gigantesca sombra se interpuso en su camino.

A Ino le tomó un segundo completo reconocer a Itachi.

El recién llegado tomó la mano del hombre y la apretó hasta que lo obligó a soltar el cuchillo y escuchó sus huesos crujir sonoramente. El otro hombre gimoteó de dolor, pero Itachi no parecía querer mostrar compasión. De una patada en el rostro lo mandó volando por los aires hasta impactar de espaldas contra el muro de una casa cercana.

Todo sucedió tan rápido que Ino no tuvo tiempo para parpadear.

Cuando logró salir del estupor causado por aquella inesperada interrupción, no pudo sentir más que molestia.

—Lo tenía bajo control —gruñó descontenta.

Itachi se sorprendió al escuchar la frase cargada de desagrado. Dejó de prestar atención al hombre desmayado a unos metros de distancia y se giró para mirarla. La joven estaba parada a sus espaldas, con los brazos cruzados sobre su pecho, y la mirada irritada fija en él.

—A mí no me pareció eso.

—A mí no me pareció que fuera tu asunto —respondió ella con sequedad.

Sus palabras no hicieron más que desconcertarlo.

Si había intervenido no había sido porque dudara de su capacidad para defenderse y poner a esos tres en sus sitios, sino porque no había soportado aquel deplorable comportamiento y su manera de tratarla.

Y aun así, ella estaba molesta… ¿con él? ¿por haberla ayudado?

—Podrías simplemente decir: "gracias".

—"Piérdete" me parece más apropiado —contraatacó pasando junto a él con pasos fuertes.

Itachi echó la cabeza ligeramente hacia atrás.

¿Qué tenía ella con llevarle la contraria siempre?

Ino parpadeó sorprendida cuando, de nuevo, tuvo un breve vistazo de las emociones de Itachi. No había sido tan fuerte como cuando lo había acusado de querer matarla en la mañana, pero aun así fue bastante claro. Sus pies se detuvieron al instante. Sabía que era irracional sentirse molesta por su ayuda, pero no había podido evitarlo. Su orgullo y ansias frustradas de darle su merecido a los chicos malos la obligaban a replicar. Además, estaba el hecho de haber sido descubierta en un asunto que ella procuraba mantener en el más absoluto de los secretos.

No tuvo más remedio que respirar profundo. Reinició su camino de regreso a la posada siendo seguida, para su sorpresa, por Itachi.

Ahora que andaba con calma, no pudo evitar darse cuenta de lo tranquilo y silencioso que estaba a su alrededor. Y eso la llevó a pensar en lo que había ocurrido la noche anterior. Justo en la playa que veía al otro lado del camino que recorrían en ese momento, frente al mar que parecía un inmenso espejo que reflejaba la luz de la luna llena en su superficie. Una parte de ella medio esperaba a que volviera a ocurrir lo mismo, que las aguas comenzaran a agitarse y que una voz susurrara su nombre de tal manera que terminara erizándole cada centímetro de su piel.

—Alimentas a los indigentes —escuchó de repente a su lado, logrando que diera un respingo. Itachi la miraba inexpresivo sin dejar de caminar.

De inmediato Ino recordó lo que la había llevado a escabullirse de la posada en medio de la noche y sintió una inesperada vergüenza calentar sus mejillas.

El hambre era una de las sensaciones más desgarradoras a las que era extremadamente sensible. Y no se refería al hambre por no haber desayunado o la que sentías luego de un largo entrenamiento. Era la mordaz sensación de no haber probado bocado alguno en días, el frío estremecimiento que retorcía tu estómago y que te daba la sensación de que comenzabas a devorarte tú mismo internamente. Pero también era más que eso, era la cruda desesperación, el desaliento y la falta de esperanza que acompañaban al hambre. Sentir todo eso a la vez ponía a prueba la fortaleza de cualquiera, lo hacía sentir débil, indefenso. Fuera un shinobi o no.

Pero sentirlo proveniente de al menos cinco personas a la vez era… demasiado. Sencillamente insoportable.

Algo que le recordaba que la paz no significaba felicidad absoluta. Al menos no para todos.

—No es asunto tuyo —respondió con un gruñido que contrastó con la manera en que intentó ocultar su cabeza entre los hombros.

Aceleró el paso. La posada estaba al final de esa calle, si lograba llegar podría librarse de la incómoda conversación que seguiría.

Sin embargo, el andar calmado de Itachi logró darle alcance.

—¿Por qué lo haces?

Ino se detuvo en seco y se giró para mirarlo.

—Mira, sé lo que vas a decir: que por qué van a querer trabajar si hay idiotas como yo que los alimentan gratis. Que cada quien debe rascarse con sus propias uñas. Que es tonto. Lo sé, ¿si? Me lo han dicho muchas veces, pero este es el punto: sé que están ahí, puedo sentir que sufren y no puedo simplemente ignorarlo.

—¿Sientes? —inquirió él suspicaz.

Ino abrió los ojos de par en par al escuchar que había revelado cosas de más.

Ni siquiera Tsunade, Sakura o su propia madre sabían sobre sus habilidades empáticas. Era el mayor de sus secretos. Uno que sólo había compartido con su padre y que Shikamaru y Chouji sabían porque antes de morir su progenitor les había hecho prometer que la ayudarían y que la protegerían con sus propias vidas. En medio de la guerra, y sin saber si podrían vencer al final, su padre había temido que algún enemigo decidiera ir tras ella a causa de las extrañas habilidades que comenzaban a despertar en su interior.

Y cuando todo había terminado, ese temor siguió presente, al menos en la mente de Shikamaru. Así que su amigo le había sugerido mantener el secreto durante un tiempo más y no hablar a la ligera sobre ello con nadie más.

¡Se lo había advertido esa misma mañana!

—Sentir, saber, imaginar, como quieras decirle —repuso, intentando sonar convincente. —Mi punto es…

—No hace falta que te justifiques —le dijo él con calma. —Creo que lo que haces es algo realmente noble.

—Oh… —Ino parpadeó sorprendida y le ofreció una débil sonrisa. —Ah… lo siento. Estoy acostumbrada a que la gente desapruebe el ochenta por ciento de las cosas que hago —aceptó con algo de vergüenza.

—Eres una persona muy extraña, Yamanaka Ino. Realmente extraña.

Ino quedó desconcertada ante su inesperado comentario. Aunque no fue por eso en realidad. Era la primera vez que lo escuchaba decir su nombre y la extraña cadencia que le imprimió hizo que ella quisiera oírlo de nuevo.

Su sonrisa se hizo más amplia mientras comenzaban a caminar de nuevo. Tal parecía que la barrera de Itachi comenzaba a caer frente a ella.

—Oye, no me hables de extrañezas. ¿Quién es el que resucitó de entre los muertos, eh? Desde donde yo lo veo, tu rareza le gana a la mía —comentó a la ligera, ocasionando que él se tensara.

—No estoy aquí por gusto.

Su rostro no reflejaba nada, pero ella pudo sentir la cruda agonía que crecía dentro de él mientras gruñía esas palabras. Antes de poder detenerse, Ino se estiró para poner la mano en su antebrazo.

—Lo sé.

Él pasó la mirada de su mano hacia su rostro un par de veces antes de mirarla fijamente a los ojos. Conservando la rigidez de su postura, retiró el brazo mientras, de la misma manera en que había ocurrido anteriormente, sus emociones se desvanecían hasta quedar fuera de su alcance. Esas emociones que ella no esperaba percibir de alguien como él, pero que cada vez la convencían de que había algo más en Itachi. Mucho más.

Bien, tal vez la barrera no estuviera cayendo, tal vez sólo eran diminutas partículas de polvo apenas visibles, pero era algo.

Y en su interior anidaron las profundas ganas de querer atravesar esa muralla para saberlo todo.

Horas antes de que el sol se asomara por el horizonte, todo estaba listo para que partieran hacia la bendita isla por fin.

Desde muy temprano, Shikamaru discutió con todo el equipo sobre el plan al llegar a la isla y su estrategia para evitar que los dos días de retraso influyeran en el resto del curso de su misión, que oficialmente empezaría en cuanto se adentraran en el mar. La emoción y las ansias de finalmente entrar en acción habían sacudido el cansancio del cuerpo de Ino incluso antes de que la hora de levantarse llegara, y ahora no quería más que poner los pies en aquella isla para resolver lo que tuvieran que resolver de una vez por todas.

Mientras todos terminaban de alistarse, subió las escaleras para ayudar a Sakura a empacar las cosas que tenían aún en la habitación que compartían. Dobló en el estrecho corredor que había entre las habitaciones y entonces se detuvo de golpe cuando una mano se cerró alrededor de su brazo.

Antes de que pudiera saber qué pasaba, fue arrastrada al interior de una de las habitaciones donde terminó acorralada con la espalda contra el muro cercano.

—¿Qué crees que estás haciendo, Ino?

Ella frunció el ceño ante el tono amenazador de Kiba.

—¿Disculpa?

—Fraternizas con el enemigo.

—¿De qué estás hablando? —Cada vez entendía menos.

—Te vi anoche, platicando con el Uchiha en la playa.

La extrañeza, junto con cualquier otra emoción, abandonó el rostro de Ino.

—Eso no es asunto tuyo, Kiba —le dijo apartándolo para seguir su camino mientras intentaba sofocar su propio temperamento, ya que sólo aumentaría la ira de él si comenzaba a decirle lo estúpidamente infantil que se estaba comportando.

El desprecio de Kiba fluyó libremente sobre su piel haciéndola detenerse bajo el marco de la puerta. ¡Qué diablos! Nunca había sido de las personas que se callaban las cosas y no comenzaría a serlo ahora.

—Y de cualquier manera… —comenzó, volviéndose hacia él. —Uchiha Itachi no es el enemigo. Es parte de este equipo, es uno de…

—No te atrevas a decirlo, Ino —le gruñó Kiba, entrecerrando los ojos. —Él no es como nosotros.

—¿Por qué no? Desde donde yo lo veo, es un shinobi dispuesto a hacer todo por proteger a los suyos. No creo que haya mucha diferencia entre él y tú.

Su mandíbula tembló al escucharla.

—¿Acaso ya olvidaste todo lo que hizo? Asesinó a todo su clan, por su culpa perdimos a Sasuke, Akatsuki destruyó la aldea, provocó la guerra… ¡por todo lo sagrado, Ino, no puedes ignorar eso!

Oh, esto era increíble…

—¿Te estás escuchando, Kiba? ¡Hablas de él como si fuera el diablo encarnado! ¿Tú estuviste ahí esa noche cuando todo el clan Uchiha fue asesinado? Dime, ¿fuiste testigo, viste si él realmente lo hizo, cuánto disfrutó al hacerlo? —No esperó a que él respondiera y continuó—: Todo lo que tenemos de esa noche son simples historias, ninguna de ellas es verdad absoluta. Sí, él fue miembro de Akatsuki, y sí, también recuerdo todo, así que no tienes que hacerme un recuento del daño que causó esa organización, pero no lo hizo él solo. ¡Él ni siquiera estuvo allí cuando Nagato destruyó Konoha! En cuanto a Sasuke, no puedes culpar a Itachi por lo que le pasó.

Kiba se puso rígido al escucharla, luego cruzó los brazos y la miró con resentimiento.

—Fue el odio de Sasuke por él lo que lo orilló a…

—No lo orilló a nada, Kiba —le interrumpió Ino—. Sasuke pudo haber regresado a la aldea tan pronto como lo asesinó. Pudo haber hablado con Tsunade-sama y pudo volver a estar con nosotros, pero no lo hizo porque sencillamente no lo quiso. Cada uno de nosotros tomamos nuestras propias decisiones y es una cobardía intentar culpar a alguien más por las consecuencias.

El recuerdo de Sasuke provocó que los músculos de la garganta se le tensaran formando un nudo, pero ella continuó con su discurso.

—Lamento mucho que hubiera muerto de esa manera, pero creo que fue lo mejor. Al menos así existe la posibilidad de que haya encontrado la paz que tanto necesitaba. En algún momento de nuestra vida, todos hemos tenido que hacer algo que no nos agradó ¿o vas a negar que fuiste de los primeros que aceptó que debíamos asesinar a Sasuke nosotros mismos? Me dices que no puedo ignorar lo que Uchiha Itachi hizo en el pasado, entonces yo te diré lo mismo: no puedes ignorar que peleó de nuestro lado en la guerra, que salvó la vida de Naruto y salvó la mía, además detuvo la técnica de Kabuto. Él está de nuestro lado ahora y eso, aunque no quieras aceptarlo, lo hace uno de nosotros.

Sintió la confusión de Kiba cuando no tuvo cómo responderle. Ino inclinó la cabeza y se encaminó hacia la salida sin tener nada más que decir.

Al regresar al pasillo, se detuvo frente a la habitación contigua. Habría querido ignorarlos, pero aquellos chakras eran tan inconfundibles como lo era el cabello de Sakura en medio de un mar de melenas Uchihas.

—Es de mala educación escuchar a escondidas —dijo manteniendo la mirada fija en el final del pasillo. —La próxima vez tal vez podrían hacernos saber que están aquí… Itachi y Naruto.

Finalmente giró el rostro hacia el interior de la habitación y se encontró con dos miradas estupefactas fijas en ella. Todo fue un incómodo silencio entre los tres.

Naruto parpadeó sorprendido. Una. Dos. Tres veces, y entonces una enorme sonrisa se abrió paso entre sus labios hasta alcanzar su máxima expresión.

—Yo sabía que por algo me caías bien, Ino.

«Continuará…»


¡Hola, mundo!

Vaya… ha pasado realmente mucho tiempo desde la última vez que me pasé por aquí y les debo una disculpa por ello. No me excusaré en nada, pero sí diré que el principal motivo para semejante retraso era que no tenía la sinopsis bien escrita para esta historia. Fue un error mío comenzar a publicar sin siquiera saber a dónde iría con todo esto, cosa que comenzó a resultar realmente frustrante; pero ahora que ya lo sé espero no desaparecerme por tanto tiempo.

Por ahora sólo puedo decir que en el próximo capítulo llegaran a la isla –por fin- y la acción comenzará! Hell yeah! jajaja

Muchas gracias a dark'lady'strong, Sifu Sihaya, Yerik, Lolita, Annalizz, Annie, ka18x, Neaa, Arya-80-U y Cane el Lindo Gatito por sus reviews en el capítulo tres. También sean bienvenidos nuevos lectores y lectoras.

Cualquier comentario, duda o sugerencia, siéntanse libres de dejarlo a manera de un review :)

¡Nos leemos pronto!