Disclaimer: creo que la misma palabra lo define todo: fanfiction
(Nada de Naruto y sus personajes me pertenece, míos son sólo esta historia… y Shikamaru)


Fractured Moonlight

5. La isla Ama


El mar se encontraba en una sorprendente calma a su alrededor. No había corrientes de viento por ningún lado y era como si hasta la misma vida se encontrara en estado de latencia bajo las aguas que surcaban en esos momentos. Sólo la luz de la luna sobre su cabeza parecía romper la quietud del agua, su reflejo fracturándose ante el paso del barco por el que se desplazaban.

Al no estar seguros de la distancia a navegar, el grupo del que formaba parte había dejado la costa del País del Fuego varias horas antes del amanecer. Incluso cuando ninguno había tomado con seriedad la advertencia del viejo pescador que habían contratado para transportarlos, no estaban en posición de desdeñar la advertencia sobre un posible percance que retrasara aún más su ya de por sí retrasada misión. Dos días más de lo planeado era mucho tiempo, aunque Itachi confiaba en que no se convirtiera en un inconveniente que no pudieran resolver como equipo una vez que llegaran a la isla.

El barco pesquero que los llevaba era uno de tamaño medio y cuyos mejores años estaban por concluir en un futuro próximo, quizás algo grande para las nueve personas que viajaban en él, pero la mejor opción considerando la distancia que debían recorrer. Todos, con excepción del dueño y su hijo, se encontraban descansando en el par de camarotes que había debajo de sus pies e Itachi se había ofrecido a ser el vigía nocturno.

No es que necesitara dormir, de cualquier forma.

En realidad, había pocas cosas que necesitara últimamente.

Ser un no-muerto era un asunto lleno de curiosidades y sorpresas, muchas que ya había tenido oportunidad de comprobar en los últimos años.

Las había descubierto en los primeros días después de haber sido resucitado, cuando la guerra había terminado y había esperado a que la Quinta Hokage reuniera al equipo que sellaría su alma y lo enviaría de vuelta al mundo de los muertos. La necesidad de dormir y descansar no parecían estar presentes en su cuerpo, no más de lo que hubieran estado al recién despertarse una mañana después de haber estado en cama la noche anterior completa. Tampoco lo habían hecho la necesidad de comer o beber algo; era como si su estómago se encontrara en un estado latente de tensión, uno que le impedía notar el vacío que tenía. Y finalmente, días más tarde, luego de que el sellado de su alma hubiera fallado en dos intentos consecutivos, Itachi había decidido tomar el asunto en sus propias manos y poner a prueba los alcances de su nueva existencia: no existían en lo absoluto.

Y ahora comía, dormía y respiraba más por hábito que por cualquier cosa. Sin mencionar que ninguna herida, por más profunda que fuera, duraba mucho tiempo sobre su cuerpo sin curarse sola.

Lo único que realmente necesitaba era paz, pero hasta eso le había sido arrancado cuando había sido despertado del sueño de la muerte.

No es que recordara a la perfección lo que era estar muerto; pero estaba seguro de que era mucho mejor que estar como estaba ahora.

Podía recordar el momento en que su corazón emitió su último latido y la oscuridad que le siguió a su alrededor, el silencio. Más que eso, recordaba la calma, la ligereza de ya no cargar con el peso de sus acciones, con las consecuencias de sus decisiones y omisiones.

De alguna manera, mientras su mirada se perdía en las profundas aguas ante él, podía recordar con un poco más de claridad lo que había sido aquel descanso absoluto. El alivio la nada.

Pero luego había sido forzado a abrir los ojos y entonces todo volvió a él. Cada carga que creyó olvidada, cada recuerdo que había quedado olvidado en el fondo de su memoria, el hueco de cada ausencia que se había llevado una parte importante de él.

Su inesperada resurrección le había hecho descubrir que el infierno del que tanto había escuchado hablar realmente existía, que había un lugar especialmente reservado para él y que su verdadero castigo recién empezaba. Uno que por lo visto, no tendría fin.

No es como si creyera que no lo mereciera, por el contrario, siempre fue muy consciente del camino que estaba labrando para sí mismo, del final que acaecería sobre él cuando el momento preciso llegara. Incluso cuando había creído que todas sus acciones valían la pena porque las había tomado en pro de un deseo mayor.

"No tiene nada de malo hacer cualquier cosa por proteger a las personas que amamos, Itachi-kun…"

Esas habían sido las últimas palabras que Nira le había dedicado antes de morir en sus brazos. Incluso en un momento como aquél, ella no le había guardado rencor sino que, por el contrario, había comprendido el motivo de sus acciones sin que él tuviera el valor de expresárselo en voz alta. Había bastado un vistazo a su intensa mirada torturada para que ella lo supiera todo.

Pero Nira se había equivocado.

Él se había equivocado.

Había abrazado su deber como shinobi porque realmente había creído que era lo correcto, que así se aseguraría que la vida de las personas que amaba fuera mejor que la que les esperaba y que la estabilidad de la aldea coronaría sus acciones; pero pronto se había dado cuenta de que un deseo tan grande requería de un sacrificio aún mayor. Había tenido que elegir entre las dos personas que habían dado un sentido a su existencia, había puesto la vida de una sobre la otra y al final el sacrificio no había servido de nada. Había errado y las consecuencias seguían regresando a patearle el trasero.

El sonido nítido de la voz de Nira había quedado grabado en lo más profundo de su mente como un eco que no le permitiría conocer la paz nunca, uno que siempre emergía cuando menos lo deseaba y su espíritu más débil se sentía. Quiso detenerlo, pero una vez que aquellas palabras llegaron a su presente, lo hicieron también el resto de sus memorias, de sus padres, sus amigos, su hermano menor. Cada mancha de sangre en sus manos, cada mentira dicha quemando su lengua. La culpa de saberse un imán de la destrucción de todo aquello que en algún momento había considerado cercano a su corazón.

El corazón de un condenado.

Morir había sido sencillo. Se había preparado para ello durante toda su vida, no sólo como un shinobi, sino como un miembro de un clan que había nacido de ella.

Estar muerto lo había sido aún más.

Lo difícil era no hacerlo. Era esta existencia a la que había sido arrastrado.

Frunció ligeramente el ceño y cerró los ojos, tomándose un segundo para retomar el control de sus pensamientos y devolver todo al oscuro rincón del que había escapado.

—Deja de hacerlo. —Ordenó con firmeza cuando supo que ya no estaba solo en la proa del barco.

No tenía que mirar hacía su izquierda para saber de quién se trataba, ella comenzaba a hacerse una presencia recurrente a su alrededor. Una que en este par de días había aprendido a identificar incluso sin darse cuenta realmente.

Que su largo cabello rubio se moviera al ritmo de la ligera brisa que los envolvió tampoco había hecho mucho por mantener su posición oculta, aunque algo le decía que no era como si ella lo hubiese querido en primer lugar.

—Tengo tanto derecho de estar aquí arriba como tú, la cubierta de este barco es libre.

Aquel tono desenfadado continuaba siendo toda una novedad para él, especialmente porque estaba dirigido a su persona. Había estado acostumbrado a que cesara cada vez que las personas se enteraban de que él estaba cerca, tanto en el pasado como en su presente, y podía contar con los dedos de una mano a quienes nunca habían tenido el inconveniente de tratarlo con tal familiaridad.

—No me refiero a eso… sensor.

La sonrisa en los labios de Ino murió de repente cuando sintió que un balde de agua helada le caía encima una y otra vez ante la mención de aquella palabra. Sensor.

"¿Cómo lo…?"

No había sido su intención espiar a Itachi, de hecho, ni siquiera había recordado que Shikamaru lo había asignado para montar guardia mientras llegaban a su destino. En estos últimos días el sueño parecía ser algo negado a ella, así que tras su último intento fallido por descansar aunque fuera unos cuantos minutos, finalmente había desistido y prefirió dar un pequeño paseo sobre la cubierta.

Entonces lo había visto, su expresión por primera vez dejando entrever una emoción nítida en su rostro: el tormento. Con la mirada fija en el océano ante ellos, él parecía haber estado reviviendo algo en el interior de su mente, tal vez una memoria o un sentimiento lo bastante fuerte como para quebrantar aquella firme máscara que constituían sus rasgos.

Sus nuevas habilidades se habían activado como reflejo ante la posibilidad de tener un vistazo claro de las emociones de Uchiha Itachi finalmente. Había sido una fugaz intrusión, algo indetectable para cualquiera, o al menos así lo había creído porque en estos años jamás había sucedido algo que le hiciera pensar lo contrario.

Hasta ahora.

Había hecho eso cientos de veces, en decenas de personas con niveles de habilidad variados, a una diversidad de distancias y el resultado siempre había sido el mismo: nadie lo había notado. Ella y Shikamaru habían dado por hecho que el nivel al que trabajaba su percepción extra sensorial era lo bastante bajo como para ser completamente indetectable, incluso por aquellos que compartían habilidades similares o que poseían un talento propio, como el Byakugan avanzado de Hinata o la fuente de chakra de Naruto.

Pero se habían equivocado.

Por un instante no supo qué hacer o cómo reaccionar. Su mente se quedó total y absolutamente en blanco mientras rehuía la mirada de aquellos inescrutables ojos oscuros al otro lado de la cubierta.

—No sé de qué estás hablando. —Su garganta repentinamente seca como la arena de desierto apenas pudo pronunciar aquellas palabras con un tono poco convincente, pero que esperaba que fuera suficiente como para desentenderse y así tener la oportunidad de alejarse.

Sin embargo, a una velocidad sobrehumana, Itachi había aparecido en la dirección contraria, poniéndola con la espalda contra la baranda y obstruyendo con su propio cuerpo cualquier opción de escapatoria de su parte.

—Yo creo que sí.

El Sharingan súbitamente activado en sus ojos adquirió el reflejo metálico de la determinación que los hacía ver incluso más antinaturales bajo la escasa iluminación de la luna mientras la miraban fijamente haciéndola preguntarse qué estaba buscando realmente. Sin mencionar que él no parecía preocupado en lo más mínimo por la escasa distancia entre ambos.

—N-no…

—¿Creíste que no notaría las intrusiones de tu chakra sobre el mío?

No respondió porque no pudo hacerlo. Jamás se había preparado para afrontar este escenario.

Todo lo que podía pensar era que tenía que huir de él, cada fibra de su cuerpo comenzó a gritarle que lo hiciera.

No podía confirmar sus sospechas porque no estaba segura de que pudiera confiar que mantendría en secreto sus habilidades. Pero entonces, quizás tenía una oportunidad. Tal vez ni siquiera sabía a ciencia cierta de lo que se trataba, tal vez él sólo estaba faroleando porque la había descubierto espiándolo. Sólo tenía que convencerlo de que estaba viendo cosas donde no las había, que alguien como ella no tenía la capacidad de usar el chakra a ese nivel.

Pero Itachi era implacable en su escrutinio y bajo la intensidad de su mirada le era imposible articular alguna frase de defensa.

—Admito que me tomó un tiempo descubrir que sucedía, pero sólo fue cuestión de juntar los puntos. Ese pequeño gesto que haces cuando te concentras y dejas fluir la onda de chakra, tu estupor durante una fracción de segundo cuando sientes algo de repente en contra de voluntad, el asunto de los indigentes… eres una Yamanaka, después de todo. Y si algún clan tiene la facultad de conseguir indagar tan profundo en el alma de alguien, esos son ustedes.

Entonces… él realmente sabía lo que ella hacía. Maldición.

Pocas veces Ino se había sentido tan estúpida en toda su vida.

Había estado tan confiada en que sus habilidades eran imperceptibles que nunca se había preocupado por cuidar su rastro cuando las utilizaba. Ni siquiera había pensado en la posibilidad de que su cuerpo delatara el momento en que lo hacía. Para ser una de las mejores espías de Konoha y una perfecta maestra del disimulo, realmente había caído como una novata ante él que había estado estudiándola incluso cuando parecía mirar a otro lado.

Sus dedos se aferraron con un poco más de fuerza en el tubo metálico contra el que tenía la espalda y agachó un poco el rostro para ocultar la pequeña sonrisa irónica que aparecía en sus labios mientras se reprochaba en su fuero interno aquel grado de negligencia.

—Sólo intento conocerte un poco mejor —admitió finalmente.

—No hay nada más que conocer. Deja de invadir mi privacidad o sino me veré obligado a hacer lo mismo y devolverte el favor. Es la última vez que lo pediré amablemente.

Ino estuvo a punto de soltar un bufido burlón y asegurarle que no habría nada en su mente que pudiera hacerla avergonzarse o que pudiera ser usado en su contra; pero entonces pensó en las verdaderas virtudes del kekkei genkai del clan Uchiha. Nunca había oído que pudieran leer mentes con el Sharingan, pero tampoco era como si fuese necesario. ¿Qué tal si no indagaba en su mente? ¿Y si a lo que se refería era a jugar con ella? ¿Volver realidad sus peores temores, quebrar su cordura a base de ilusiones perversas?

Itachi era un prodigio en el genjutsu después de todo, sería pan comido para él.

La verdadera pregunta era si él realmente le haría eso a ella, su propia compañera de equipo. Ino le había dicho a Shikamaru que estaba dándole el beneficio de la duda al Uchiha, que por esa misma razón estaba dispuesta a proteger su espalda; pero lo cierto era que no lo conocía lo suficiente como para confiar del todo en él, debía admitirse eso a sí misma.

"No, no lo haría…", concluyó de repente. Debía confiar en lo que sus instintos le dictaban y en ese momento lo que decían era que Uchiha Itachi no era una amenaza.

La voz de Sakura llamándola desde el otro lado de la cubierta pareció romper el extraño momento en que se encontraban.

—Por aquí. —Respondió ella alzando un poco la voz.

Incluso cuando su mirada seguía en contacto con la del hombre, pudo distinguir el brazo ajeno separándose de la baranda mientras retrocedía un paso, dejándola por fin en libertad de seguir su camino. Ino por fin rompió el contacto visual y pasó junto a él, no logrando reprimir el estremecimiento que recorrió su columna e hizo temblar sus piernas cuando fue al encuentro de su amiga.

No pasó mucho tiempo antes de que el resto del equipo terminara de reunirse alrededor del timón, cada uno atento a cualquier cosa que pudiera aparecer ahora que el cielo había empezado a aclarar conforme el amanecer llegaba. O al menos eso esperaban que indicara el cambio de tonalidad en la bruma que los rodeaba, una que era completamente inusual para la parte del océano en la que se encontraban y que les impedía ver más allá de un par de metros de distancia.

Cerca de ella escuchó un gruñido por parte de Kiba, y por la forma en que su chakra reflejaba descontento, fue fácil para Ino suponer que tampoco podía olfatear mucho.

—Hinata, por favor…

Shikamaru miró en dirección a la heredera de los Hyūga y ella no tuvo que escuchar más para saber lo que debía hacer. Ino siempre había sentido el cambio en su chakra cada vez que activaba el Byakugan, pero en los últimos años aquello se volvió más notorio, lo que le había hecho preguntarse en más de una ocasión los verdaderos alcances que tenía ahora.

Todos aguardaron pacientemente, pero tras un largo instante, Shikamaru volvió a romper el silencio que comenzaba a asentarse entre ellos.

—¿Y bien?

—Yo… —Hinata frunció el ceño y un nuevo aumento en su chakra fue perceptible para Ino antes de que desistiera y centrara la atención en Shikamaru. —Yo no… no puedo ver nada.

—¿Dices que no hay ninguna isla cerca?

—N-no… no es eso. —La vio mirar brevemente a Naruto y después a Itachi, cuyo Sharingan también se encontraba activado. Hubo un intercambio silencioso entre ambas miradas antes de que la joven volviera a hablar. —La niebla no me permite ver nada más que el agua ante nosotros.

Eso no era una buena señal.

—Le dije que tenemos que esperar hasta que el sol salga, señor. Debe ser en cualquier momento. —Apostilló el dueño del barco que hasta ese momento se había mantenido en silencio tras el timón.

Incluso sin sus nuevas habilidades, Ino habría podido notar las enormes ganas que tenía Shikamaru de entornar la mirada y soltar un bufido irónico.

—Si no hay más remedio —pronunció en cambio, volviendo a mirar con hastío hacia la espesa capa grisácea que se abría ante ellos.

Tan espesa como les había parecido la niebla, ésta comenzó a despejarse poco a poco en cuestión de un par de minutos permitiéndoles distinguir donde el cielo tocaba el océano en el horizonte. La anticipación que había anidado en el pecho de Ino creció a cada segundo a la espera de ver lo que el capitán del barco les había anunciado el día anterior antes de partir.

Entonces fue que sucedió.

A lo lejos como un reflejo irregular que danzaba al ritmo de la bruma desvaneciéndose, apareció un destello por encima del nivel del mar. Después otro y otro más. Pronto los destellos comenzaron a adquirir una forma más definida y el punto en el que el cielo y el océano se encontraban hizo visible la extensión de tierra que no habían conseguido ubicar antes, cuando se habían dado cuenta de que las agujas de sus brújulas estaban congeladas apuntando hacia el este.

—¿Cuánto tiempo nos llevará llegar hasta ahí?

—Un par de horas más a lo sumo, señor.

Ahora que realmente no les faltaba mucho para alcanzar su destino, Ino estuvo a punto de dedicarle a Shikamaru una de sus típicas miradas que decían "te lo dije"; sin embargo, tan pronto como hizo contacto visual con su amigo, la mirada inquieta de éste se desvió y con las manos hundidas en los bolsillos se aproximó al límite del barco para seguir vigilando el curso en dirección a la isla.

Ésa era señal inequívoca de que Nara Shikamaru estaba ocultando algo. Algo muy, muy importante.

—De verdad, lamento que no podamos esperar por ustedes. —Lo escuchó disculparse otra vez haciendo una sentida reverencia. —Mi padre… él realmente está muy nervioso por encontrarse aquí.

La mortificación de aquel joven pescador resultaba evidente para Ino. Parecía que realmente le hacía sentir mal el dejarlos solos en aquella isla sin posibilidad alguna de embarcarse, a pesar de que los siete integrantes del equipo eran shinobis del más alto nivel.

—No se preocupe, lo entendemos. Muchas gracias por su servicio y buena suerte. —escuchó decir a Sakura mientras le entregaba un pequeño montón de billetes acompañados de una sonrisa comprensiva. Le parecía curioso que Shikamaru le delegara el interactuar con los desconocidos, pero considerando la constante flojera que aún seguía presente en su amigo y lo tedioso que le resultaban las interacciones convencionales, parecía a su vez una decisión sensata.

—Andando —Dijo Shikamaru pasando junto a ella para encabezar la marcha.

Ino apartó la mirada de la bruma ante ellos para darle un vistazo detallado a su alrededor.

La isla Ama parecía más común de lo que su leyenda —o falta de ella— le había hecho suponer. En realidad, se veía tal y como se veía cualquier otra isla que hubiera pisado antes.

A primera vista, nada parecía fuera de lugar en aquel muelle. Los tablones de la plataforma debían haber tenido mejores días hacía mucho tiempo, se sentían frágiles y crujían sonoros ante el menor movimiento de sus pies. A unos cuantos metros de donde se encontraban, el inicio del muelle marcaba el límite de un alto despeñadero a través del cual bajaba una escalinata tallada en la roca del mismo y que tras el primer descanso, a Ino le pareció casi infinita. No había rastro de ninguna otra embarcación atracada.

Una vez en la cima, tampoco hubo rastro de alguna villa o aldea, sólo una densa extensión de bosque que junto a la neblina impedía ver más que unos cuantos pasos de distancia. De hecho, no había vivienda alguna que indicara actividad humana en las cercanías con excepción de un sendero apenas dibujado en la tierra que partía de donde ellos se encontraban serpenteando a lo largo del borde del acantilado y que, tras algunos minutos de consideración, decidieron seguir.

—Pensé que la aldea estaría cerca del muelle… —Murmuró Ino acercándose a Shikamaru e ignorando al mismo tiempo la mirada de Itachi puesta en ella, aunque no por eso consiguió reprimir el impulso de encogerse y así rehuir el contacto.

—Debe estar por aquí. En todo caso, si no alguna aldea entonces el templo desde el que enviaron el mensaje.

El razonamiento de su amigo era lógico, como de costumbre; sin embargo, conforme los minutos se alargaron hasta hacerse poco más de una hora, Ino no pudo quitarse la sensación de que ir tan a ciegas era un riesgo demasiado alto para correr. Sí, contaban con el Byakugan de Hinata, el olfato de Kiba y Akamaru, además de sus propias habilidades como sensor para así tener la oportunidad de anticipar cualquier tipo de amenaza y entonces reaccionar a tiempo; pero algo le decía que incluso así podían estar caminando directos hacia una trampa.

—¿Escuchan eso? —Preguntó Kiba de repente haciendo que todos se congelaran en su sitio y quedaran en el más absoluto de los silencios.

—¿Qué cosa?

—Yo no oigo nada.

—Exacto —murmuró el castaño, sus ojos agudos recorriendo la maleza a su alrededor. —No hay ni un solo animal cerca.

Ino aguardó un instante más con la esperanza de percibir algo, pero cuando no hubo más que silencio y vacío, sacudió la cabeza y entornó la mirada.

"Somos unos paranoicos…", se reprochó tratando de no sugestionarse. Aunque una parte de ella no dejó ir el detalle, en especial, considerando que se encontraban inmersos en un profundo bosque.

Afortunadamente, justo cuando estaba a punto de sugerir que ya debían tomar un descanso después de toda esa caminata, un viejo marco compuesto por gruesos postes de madera les anunció el inicio de una pequeña villa a las faldas de la colina donde se encontraban. La neblina no dejaba ver con demasiada claridad a la distancia, pero aun así era reconocible la sombra de tejados rojizos y la distribución de las viviendas delimitadas por unas cuantas calles angostas que se veían desde su posición ligeramente más alta.

—Ése es el símbolo que venía en el pergamino, ¿no? —Sus ojos aguamarina estaban fijos en el grabado del marco. Si no hubiera prestado atención, Ino habría jurado que parecía decir 'entrada'.

—No, éste es diferente. —Le respondió Shikamaru mientras fruncía ligeramente el ceño antes de atreverse a pasar por el umbral. —Veamos si podemos encontrar a alguien que nos pueda indicar hacia dónde ir.

Sin dudarlo, Ino caminó detrás de él junto con el resto del grupo.

Entonces fue toda una sorpresa la repentina dispersión de la neblina que no había dejado de seguirlos desde que se habían adentrado en altamar tan pronto como habían iniciado el descenso hacia la villa.

Había algo mal con el lugar e Ino lo notó al instante.

—Está vacío…—Susurró para sí misma cuando no pudo sentir la presencia de ni un solo chakra a la redonda. Si bien la precisión de su percepción se limitaba proporcionalmente con la amplitud del radio de alcance, aquel pueblo se encontraba a menos de cincuenta metros de donde ellos estaban; pero aún así no podía sentir a nadie más que a sus compañeros de equipo.

—No, no puede ser. —Comentó Kiba situándose a su lado cuando la vio detenerse, tal vez creyendo que había expresado una duda y no la certeza que le daban sus habilidades. Tenía los ojos entrecerrados y por la manera en que fruncía el ceño, Ino sabía que estaba extendiendo sus sentidos justo de la misma manera en que ella lo había hecho hacía un instante. —Huelo a comida y madera ardiendo en alguna parte.

El equipo avanzó con cautela, todos puestos en alerta ante la contradicción que les representaba el pueblo en aquel instante; sin embargo, tan pronto como pusieron un pie en la calle principal, las sospechas iniciales de Ino parecieron comprobarse: no había ni una sola alma cerca. Podían verse algunas ventanas abiertas en varias casas, pero nada que indicara que hubiera alguien en su interior; aunque tampoco parecía haber ningún rastro de algún ataque o evidencia alguna de que algo estuviera fuera de lugar. De hecho, no había mas que un sofocante silencio a su alrededor, sin sonidos de animales o el murmullo del viento susurrando entre los árboles que rodeaban la villa. Daba la impresión de que todo se encontraba en pausa y los únicos que fueran capaces de moverse fueran ellos.

—Bien, separémonos para ahorrar tiempo. —Ordenó Shikamaru después de un largo instante de consideración inicial. —Hinata, Naruto, Sakura y Kiba, ustedes vayan en esa dirección. Itachi, Ino y yo seguiremos por aquí. Presten atención, mantengan la guardia en alto y no se separen demasiado. En veinte minutos volvemos aquí, ¿entendido?

Recibió un asentimiento colectivo y entonces Ino aprovechó para reiniciar el camino a través de aquella calle. Definitivamente debía ser la principal porque las que le cruzaban parecían más bien pequeñas callejuelas donde apenas cabían dos personas sin mucho espacio para hacerse a un lado. No debían de vivir más que unas cuantas decenas de personas en aquel lugar.

También notó que ahora cada detalle de la villa ante ellos se distinguía con una nitidez casi sobrenatural. Vibrantes colores pintaban los muros de las docenas de casas que la componían y los tejados de apariencia descompuesta que había distinguido desde lo alto de la colina ahora relucían como si sus tejas hubieran sido puestas en aquel mismo instante. Para no haber nadie cerca, tampoco había señal alguna de polvo o suciedad que indicara su abandono.

—¡Hola! ¿Hay alguien aquí? —Preguntó en voz alta cuando, tras cruzar el último entronque, no encontraron a nadie.

—No tienes que gritar, Ino. —La reprendió Shikamaru entre dientes.

La rubia nunca se había caracterizado por ser una persona paciente y tanto silencio no había hecho más que agrandar el enorme hueco que comenzó a sentir en la boca del estómago desde que pusieron un pie en el lugar.

—¿Quieres que vayamos casa por casa y derribemos puertas? —replicó con una de sus mejores miradas irónicas. Aquello le valió un bufido por parte de Shikamaru. —No siento ninguna presencia además de las nuestras, si eso es lo que preguntas.

Ino…

El marcado tono de advertencia junto con la mirada significativa que le dirigió a Itachi fueron suficientes para hacerla poner los ojos en blanco. Podía ignorarlo y continuar como si nada, pero tarde o temprano debía lidiar con esto y prefería hacerlo ahora que no había tanto público a su alrededor.

—Él ya lo sabe, Shika. —Aceptó en un suspiro resignado mientras paseaba la mirada por las casas que los rodeaban.

Sus intentos por rehuir la expresión interrogante en el rostro de su amigo resultaron más que inútiles.

—¡No me mires así! ¡Yo no le dije nada, él lo descubrió solo! —Intentó desentenderse mientras acusaba a Itachi con su dedo índice, como si así pudiera apaciguar el juicio en la mirada del Nara.

Sin embargo, conocía a Shikamaru y sabía que Shikamaru la conocía más que suficiente para saber que si Itachi había descubierto su secreto no había sido por arte de magia. No por nada le había advertido en muchas ocasiones sobre el hablar o utilizar sus habilidades empáticas sin ninguna precaución.

—Sabía que esto pasaría… —murmuró Shikamaru soltando un bufido exasperado. —Más tarde hablaremos sobre eso. Debemos volver con los demás.

No esperó a respuesta alguna por parte de Ino o Itachi, simplemente regresó sobre sus pasos asumiendo que ellos irían detrás de él.

Bien, aquello no había salido tan mal como había creído Ino, pero sabía que tarde o temprano habría un sermón más extenso por parte de su capitán, en especial, porque la persona que había descubierto su secreto parecía ser el shinobi menos confiable de todos los presentes.

Casi podía imaginarse cada una de las palabras que recibiría y, aunque normalmente no era del tipo que aceptaba regaños y sermones sin ofrecer algún tipo de resistencia, muy a su pesar sabía que esta vez Shikamaru tendría más razón de la que quería.

Ino contuvo otra exhalación casi resignada cuando una pequeña sombra se movió entre la niebla casi haciéndola soltar un grito antes de reconocer la silueta de Kiba y Hinata tomando forma frente a ellos. ¿Cómo rayos habían llegado ahí tan rápido? Para empezar, ¿cuánto tiempo había pasado desde que se habían separado?

—¿Encontraron algo? —Se apresuró a preguntar Shikamaru.

Kiba negó con la cabeza y miró fugazmente a Hinata, quien estaba mirando sobre su hombro sólo para asegurarse de que Naruto y Sakura seguían tras ellos.

—Parece que la neblina se hace más densa conforme nos alejamos de la villa y de alguna manera neutraliza el Byakugan. —comenzó a explicar Kiba. —Hay comida caliente servida en un par de viviendas y encontramos al menos dos chimeneas encendidas, pero ni un rastro de alguna persona. Es como si… se hubieran desvanecido en la nada.

—O tal vez se fueron muy rápido —Apostilló Itachi mirando a su alrededor con el Sharingan activado y obviando la mirada mordaz que le dedicó el descendiente de los Inuzuka.

La cabeza comenzó a dolerle a Ino mientras concluía que nada de lo que estaba sucediendo tenía sentido y por la manera en que fluctuó el chakra de cada uno de los integrantes del equipo pudo saber que no era la única. Había algo mal con el lugar, eso era obvio; pero no podían definir qué era. Lo peor: cada vez que parecía que algo aclararía una duda, en realidad, terminaba sembrando otra docena más.

—Esto no está bien —gruñó Naruto por lo bajo. —Si el mensaje vino de esta isla, ¿dónde rayos están todos?

—Ojalá lo supiera…

—¿Y si fue una falsa alerta? —Preguntó Sakura, aunque se dirigía a Shikamaru, quien rápidamente negó con un gesto.

—De ser así, Tsunade-sama no habría estado tan inquieta. Sea lo que sea que está pasando en esta isla fue suficiente para alarmar a uno de los legendarios sannin, así que lo mínimo que podemos hacer es averiguar qué es y sino, al menos tener pruebas de que se trató de un falso reporte.

Todos tuvieron que darle la razón y, aunque para Ino resultaba evidente que la incomodidad del grupo iba en aumento con cada segundo que seguían en aquella isla, sabía que no podían irse así como así. Después de todo, Tsunade les pediría detalles sobre la misión que debían aclarar y ni siquiera tenían un medio para embarcarse de nuevo, pues habían dado por hecho que quien los había convocado les proveería de uno cuando la misión terminara.

Además, si todo se había tratado de alguna clase de trampa, ¿por qué seguían vivos? Un enemigo inteligente los habría atacado desde que pisaron el muelle envueltos en aquella bendita neblina, ellos habrían tenido una ventaja difícil de superar. Entonces estaba el misterio de aquella villa. Y odiaba estar de acuerdo con Kiba, pero nada parecía indicar que hubiera habido algo o alguien que hiciera a la gente abandonar sus casas así de rápido.

—¿Qué diablos…?

Las miradas de los shinobi siguieron la línea de su capitán y alzaron la vista hacia el cielo sobre sus cabezas.

De repente, sin que ninguno de ellos lo hubiera notado en realidad, la neblina había comenzado a circular a su alrededor, serpenteando a través de las callejuelas que los rodeaban, aunque no tan densa como antes. A pesar de ella, era posible ver el sol directamente como una esfera dorada que lentamente iba siendo cubierta por una gruesa sombra, dejándolos poco a poco en penumbras.

—¿Qué clase de truco es ése? —preguntó Naruto, repentinamente asomándose algo de inquietud en su chakra.

"¿Un eclipse?", pensó Ino, incapaz de apartar la mirada de aquel fenómeno a la distancia.

En un principio, aquella parecía ser la respuesta más obvia, pero pronto resultó evidente la tonalidad carmesí destacando entre la nueva oscuridad cuando el sol quedó cubierto en su totalidad siendo ahora un disco rojizo definido por un radiante halo negro sobre sus cabezas.

—Qué extraño. Parece…

"Sangre", completó Ino para sus adentros las palabras de Hinata. Definitivamente parecía como si el sol estuviera cubierto con una ligera capa de sangre.

Quizás no era más que una ilusión óptica. Tal vez un genjutsu.

Ino estaba a punto de mirar en dirección de Itachi con la esperanza de tener respuesta a aquella nueva duda que se había sembrado entre los jōnin; pero había bastado devolver la mirada al nivel del suelo para darse cuenta de que una vez que la luz del sol había comenzado a ceder, la verdadera naturaleza de aquel lugar estaba saliendo a flote.

Ahora parecía que la villa había envejecido siglos en cuestión de un parpadeo. Viejos tablones sueltos habían reemplazado las puertas y ventanas de muchas casas, al menos de las afortunadas, mientras que los muros habían sido erosionados al grado de que Ino pensó que el más mínimo movimiento podría echarlos abajo. Lo más preocupante eran las manchas oscuras que salpicaban en lugares al azar y que no necesitaban ser genios para saber lo que era, incluso cuando se encontraban bajo esa precaria iluminación. La sombra de la muerte era palpable en cada rincón, deslizándose entre los poros de su piel como una fría advertencia que crispó cada uno de sus nervios.

—Oigan… —llamó su atención Kiba cuando Akamaru adquirió una posición defensiva. Por el rabillo del ojo, Ino pareció ver una pequeña sombra moviéndose de un lado al otro al final de la calle. —Ya no estamos solos.

Shikamaru emitió rápidamente la orden de replegarse y de inmediato el equipo tomó formación de ataque.

De repente, Ino comenzó a sentirse mareada. Realmente mareada.

Una densa energía se había ceñido sobre ellos y aunque sabía que era apenas perceptible para el resto de sus compañeros, para ella era como una pesada loza oprimiéndole el pecho. Como reflejo llevó la mano con que sostenía su tantō hacia el abdomen, bajando un poco así su defensa, pero no lo suficiente como para ser susceptible a un ataque. Tomó una respiración honda y buscó recuperar el control sobre su percepción sensorial, pero estaba resultando difícil porque parecía que entre más lo intentaba, aquel extraño chakra luchaba por hacerse más presente.

"Bien, si intentar bloquearlo no funciona, entonces busquemos de dónde proviene."

Fuertes corrientes de aire se elevaron entre los árboles que rodeaban la villa haciendo gemir la madera podrida de las viviendas que tenían a su alrededor y la alarma creció en el interior de todos al saber que la amenaza latía a su alrededor, incluso cuando no conseguían identificar presencia alguna.

—Están… cer-… —Buscó alertar a sus compañeros.

Incluso si no sabía qué era realmente la amenaza, sabía que estaba ahí, observándolos, cazándolos.

Todo sucedió en cuestión de un parpadeo.

Amplió el alcance de sus habilidades sólo para descubrir que no había ninguna ubicación de origen porque estaban inmersos en ella, todo el lugar estaba contaminado con aquel chakra. Y tan pronto como aquella conclusión se formó en el interior de su mente, sintió un pesado contacto reptar a toda velocidad hasta envolverse alrededor de su tobillo izquierdo. No tuvo tiempo para preguntarse qué era, una fría sensación saturó cada terminal nerviosa de su pierna y el dolor se disparó en lo más profundo de su cerebro haciéndola soltar un grito.

—¡Ino! —Sintió el roce de los dedos de Shikamaru en la redecilla que decoraba su antebrazo buscando sostenerla, pero fue muy tarde.

La garra tiró de ella con una fuerza y velocidad completamente inhumanas y la arrastró violentamente, alejándola de la villa hacia lo más profundo del bosque. Lo último que vio fue el caos desatándose a la distancia cuando criaturas amorfas saltaron contra sus amigos y entonces sólo le quedó gritar otra vez.

—¡Shikamaru!

«Continuará…»


¡Hola, mundo!

Decir que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que publiqué algo es decir poco pero, bueno, en la vida siempre pasan cosas que de una u otra manera nos alejan de esto. Sin embargo, estoy de vuelta, con todas las ganas e inspiración para seguir escribiendo estas locuras, aunque admito que estoy algo oxidada así que pido algo de paciencia en lo que vuelvo a recuperar el nivel (si es que alguna vez tuve uno jé).

Por lo pronto ya, comenzamos con la acción en "Fractured Moonlight", que es algo a lo que en serio, en serio, quería llegar ya; y si no hay mayores contratiempos, mañana habrá actualización para "Después de la lluvia" también.

En fin, sólo me queda agradecerles infinitamente por sus comentarios, PM's y en general por leer y mantener el fuego avivado para estas locuras a pesar de mi largo período de ausencia.

¡Hasta la próxima!