Disclaimer: creo que la misma palabra lo define todo: fanfiction
(Nada de Naruto y sus personajes me pertenece, míos son sólo esta historia… y Shikamaru)


Fractured Moonlight

6. Los hijos de la Luna


No hubo tiempo de preguntarse qué eran esas cosas.

El cielo rojo sobre sus cabezas le otorgaba un brillo lúgubre a la coraza que les cubría y de repente estaban por todas partes. Daba la impresión de que hubieran emergido de las paredes, del suelo, de cada rincón de aquella lúgubre villa, y como una masa amorfa de sombras comenzaron a rodearlos.

Itachi recorrió su entorno con mirada analítica, incapaz de encontrar algo que pudiera confirmar que se encontraban atrapados en un genjutsu, incluso cuando aquello era una imposibilidad por sí misma. Especialmente para él y su Sharingan.

El problema era que, si esto no era algún tipo de ilusión, entonces significaba que estaban envueltos en una extraña realidad y sólo iba a empeorar a partir de ese momento.

Entonces un grito desgarrador rompió el silencio que les rodeaba y lo siguiente que vio fue el destello dorado del cabello de Yamanaka Ino mientras era arrastrada hacia lo más profundo del bosque.

El ataque contra ellos inició antes de que su capitán de equipo pudiera dar siquiera un paso en su auxilio.

Como un solo ser, aquella masa amofa de criaturas los atacó al unísono desde distintos puntos. Itachi dio un salto ágil para esquivar el golpe que venía desde su izquierda e intercambió una mirada con Naruto, quien también había hecho lo mismo. Sacó entonces un kunai y con él se dispuso a cortar la extensión de la criatura que iba a toda velocidad hacia el ninken que los acompañaba, pero la hoja de su arma se detuvo con un chirrido agudo al hacer contacto. Había sonado como metal chocando contra cristal.

—¡Sakura, cuidado!

El Byakugan de Hinata le había hecho posible ver el momento en que una de las criaturas se lanzaba contra la médico mientras ésta intentaba mantener a otros dos enemigos a raya. El suelo se sacudió bajo sus pies al recibir la increíble fuerza contenida en su puño. Hinata emprendió la carrera a toda velocidad y adoptando una postura de combate, soltó un golpe directo con su palma estirada en contra del agresor.

Retrocedió de un salto y soltó un quejido.

—Es… es imposible tocarlos —musitó.

Bajó la mirada y se dio cuenta de que su palma estaba sangrando más no tuvo tiempo de procesar la sensación de ardor que empezó a aquejarla, pues recibió otro golpe directo en el abdomen que la lanzó por los aires.

—¡Hinata!

Naruto lanzó varias shuriken hacia el enemigo y logró atrapar el cuerpo de la morena antes de que impactara contra la pared de una vivienda cercana. El muro se fracturó a sus espaldas, pero la construcción se mantuvo estoica en su sitio.

Hinata abrió los ojos al notar la ausencia del dolor a causa del golpe esperado y al alzar la mirada, se encontró con la de su novio, reflejando ira y preocupación a partes iguales.

—Na-Naruto-kun…

El resplandor entorno al cuerpo del shinobi pasó del naranja al brillante amarillo conforme cambiaba su apariencia debido al flujo libre del chakra del Kyūbi.

—¡Kiba, cubre a Hinata! —ordenó Shikamaru, de alguna manera arreglándoselas para ser testigo de aquello mientras estaba en su propio combate—. ¡Y hagan lo que hagan, no toquen esas cosas!

Inuzuka Kiba se acercó rápidamente a la pareja para ayudar a Hinata a reincorporarse y así darle oportunidad a Naruto de preparar su técnica, pero tan pronto como estuvo de pie, las piernas de la kunoichi flaquearon, teniendo que ser auxiliada por el muchacho y Sakura.

Itachi se tomó un segundo para mirar hacia Naruto, su chakra iluminaba el entorno de manera casi antinatural. No lo había visto así desde la guerra.

Pero, por otra parte, jamás se había topado con un enemigo como el que tenían replegándose ligeramente a su alrededor.

No tenía una forma definida, o al menos un rostro identificable, pero desde su interior podían escucharse múltiples murmullos y, por la forma en que atacaba en diversos puntos de manera simultánea e independiente, parecía evidente que se trataba de más de uno. Al contacto con su kunai, se sintió como algo sólido, incluso se atrevió a comparar su textura con la obsidiana destellando a la luz, pero tan pronto como recibían un golpe, se deformaban mostrando una fluidez similar a la de alguna sustancia viscosa de color oscuro. Aunque no tardaban ni un segundo en volver a solidificarse y atacar de nuevo, siendo tan duros como una roca.

Pero el mayor problema no era ése, sino que quemaban peor que carbón ardiendo. Lo había sentido en el mango de su kunai tras su primer ataque, un aumento de temperatura tan drástico como si hubiera puesto la hoja en el interior de un horno.

Rápidamente había supuesto que de haber sido humano, probablemente su mano habría terminado con una seria quemadura, y entonces había visto a lo lejos la herida que había en las palmas de la heredera de los Hyūga comprobando así su hipótesis. Y no era la única, el pelaje de Akamaru humeaba en la porción distal de su cola y Sakura había tenido una herida similar en el brazo, muy cerca del hombro, antes de que la quemadura sanara en cuestión de segundos.

Aquello planteaba un gran obstáculo: ¿cómo iban a vencer a un enemigo que no podían tocar, pero que sí podía atacarlos? Además, tenían que incluir el factor de la fuerza y la velocidad que esbozaba. Una que rivalizaba con la propia.

Si el fuego era parte de la naturaleza enemiga, entonces sus técnicas Katon no iban a servir de mucho, ni tampoco lo harían las Fūton de Naruto. El enemigo era demasiado rápido como para que Shikamaru lograra fijarlos con su sombra. Y el resto del equipo eran especialistas en el combate de corto alcance.

Hubo un chillido como respuesta al aumento exponencial del chakra de Naruto cuando el característico sonido de su Rasen Shuriken comenzó a hacer eco a su alrededor.

—¡Rasen-!

Antes de que Itachi pudiera pensar siquiera en la posibilidad de que hubieran hallado un punto débil en el enemigo, la oscura masa amorfa se lanzó a toda velocidad en contra de Naruto. Como guiada por el resplandor en la mano del shinobi, empezó a cubrirlo desde los pies hacia arriba, inmovilizándolo al instante hasta quedó rodeado por una especie de capullo que se lo tragó por completo.

—¿Qué diablos…? —escuchó musitar a Kiba.

—¡Naruto! —gritó Sakura.

A la misma velocidad sobrenatural, el capullo comenzó a solidificarse nuevamente mostrando esa turbia apariencia cristalina, sin dejar ver nada de lo que había en su interior y, por un largo instante, nadie fue capaz de moverse o de respirar.

El primero en acercarse fue Shikamaru, quien con kunai en mano trató de romper aquella cubierta.

—Hay que sacarlo de ahí ya.

Le preocupaba que la cosa que envolvía a Naruto se sintiera más tibia conforme los segundos pasaban. El descenso en la temperatura no podía ser una buena señal.

Itachi se acercó imitando a su capitán asignado, pero no pudieron sacar más que unas cuantas esquilas antes de que las hojas de sus kunais quedaran inservibles.

—Es demasiado duro.

—Hinata, usa tu Byakugan —ordenó Shikamaru con la respiración agitada debido al esfuerzo previo—. Trata de identifi-

Un crujido lo interrumpió.

Los ojos de Itachi se enfocaron en el capullo ante ellos cuando más crujidos se hicieron presentes y pudo sentir la estructura temblar bajo sus manos. Si bien la temperatura había disminuido, podía sentir movimiento en el interior.

—Retrocedan —dijo tomando distancia.

El capullo empezó a cuartearse ante la vista de todos. Primero siendo pequeñas fisuras que poco a poco dieron paso a fracturas cada vez más pronunciadas que lo cubrieron como un rompecabezas a punto de desquebrajarse. Del interior de las fisuras empezó a colarse un resplandor dorado y un segundo después un aullido ensordecedor taladró sus oídos cuando el capullo explotó lanzando cientos de pequeños fragmentos por los aires y revelando la figura de Naruto.

Su manto del chakra del Zorro había desaparecido, pero de alguna manera él conseguía mantenerse en pie.

—Naruto, ¿estás bien?

Asintió.

—Yo… No siento el chakra del Kyūbi… —murmuró el rubio más para sí mismo que como una respuesta a la pregunta de Itachi.

El alivio de ver a su compañero ileso no duró mucho tiempo en las caras de todos cuando el murmullo de algo acercándose volvió a hacerse presente. El enemigo estaba reagrupándose, podían sentirlo.

—¡Hay que irnos, muévanse!

Shikamaru no tuvo que repetirlo. Kiba se acomodó a Hinata en la espalda y, tras comprobar que Naruto podía moverse por su cuenta, el grupo echó a andar a toda prisa, saliendo de los límites de la aldea para internarse en el bosque, lejos del murmullo incansable de las criaturas que les habían atacado.

No sólo tenían que escapar, también debían encontrar a Ino.

Con esa idea en mente, Itachi apresuró el paso, colocándose al frente del grupo.

A pesar de que no era del tipo de persona que entraba en pánico con facilidad, la desesperación había tomado control del cuerpo de Ino. Sentía el corazón latiéndole en las sienes y cada vez era más difícil que el aire entrara en sus pulmones.

Su primer intento por resistirse al implacable arrastre del que era presa terminó con la hoja de su tantō hecha pedazos cuando intentó clavarlo contra el suelo para sostenerse. Lo intentó con un kunai también, pero el resultado fue el mismo. No podía verlo, pero Ino sabía que había perdido un par de uñas cuando trató de aferrarse al suelo una última vez. Dolorosos raspones habían expuesto la carne de sus brazos, abdomen y piernas debido a la velocidad y fuerza con que había sido arrastrada por el suelo, pero lo peor fue cuando sintió algo clavándose en su muslo, tal vez la raíz saliente de un árbol que desgarró su músculo profundamente.

No tuvo tiempo de procesar aquel intenso dolor.

La cosa que la agarraba la elevó entonces por los aires, haciéndola pasar a través de las ramas de los árboles, siendo golpeada por el follaje y los troncos como si fuera una muñeca de trapo. Intentar cubrirse el rostro con los brazos fue inútil. Una rama especialmente gruesa la golpeó en el costado izquierdo de su cara, logrando ponerla a un paso de la inconsciencia.

Súbitamente, y después de lo que le pareció una eternidad, el bosque terminó y el aire frío acarició las heridas abiertas en su cuerpo haciéndola gritar de dolor mientras iba en caída libre.

El impacto contra el agua fría la tomó por sorpresa activando su reflejo para comenzar a nadar, pero aquella criatura continuó arrastrándola hacia el fondo.

Ino era una buena nadadora, pero no iba a poder contener la respiración por mucho tiempo, mucho menos en agua tan helada. Necesitaba liberarse, necesitaba salir a la superficie, necesitaba...

"Ino…"

Un escalofrío le recorrió la columna al escuchar su nombre como un susurro que se coló directamente a su cerebro.

Era la voz que había escuchado en la playa antes de zarpar.

"Ven, Ino…"

En medio de la oscuridad que le rodeaba fue capaz de identificar una silueta espectral acercándose a ella desde el fondo del agua. Al principio fue una diminuta mancha resplandeciente, pero al cabo de unos segundos, empezó a tomar una forma cada vez más humana. Ino se horrorizó cuando reconoció los rasgos en aquel rostro pálido, el largo cabello claro flotando como un halo en el agua y los oscuros ojos como un par de cuencas vacías.

Se parecía a ella… No, corrección, era idéntica a ella. En una antinatural y absolutamente aterradora manera.

Una risa cruel resonó a su alrededor.

"Ven conmigo, Ino…"

Los delgados dedos fantasmales se acercaron a ella, que seguía incapaz de moverse, y se posaron encima de su pecho, justo en el lugar donde estaba su corazón, cerrándose poco a poco, como si quisieran traspasar su piel para arrancárselo.

Ino reinició su lucha por liberarse, pero poco podía hacer. El dolor se coló en su cuerpo como una frialdad tan cruel que la hizo perder el control de sus habilidades sensoriales. De repente todo lo que podía sentir era un potente odio consumiéndola. Y dolor, mucho dolor.

Sin poder contenerlo, soltó un grito dejando salir sus pocas reservas de oxígeno y el agua empezó a inundar sus pulmones mientras continuaba hundiéndose. Pequeños espasmos sacudieron su cuerpo conforme iba perdiendo la consciencia. En cuestión de segundos ya no sentía las piernas ni las manos y sus párpados estaban cerrándose.

Tuvo la certeza de que iba a morir. Justo en ese lugar.

Y el espectro frente a ella sonreía indolente como si pudiera leer sus pensamientos mientras la veía ahogarse.

Pero entonces, justo cuando su cuerpo se dejaba devorar por la oscuridad, algo tomó con fuerza su antebrazo herido.

Sentía que ascendía, como si estuviera flotando contra corriente, a pesar de que ni siquiera podía mover sus extremidades.

Golpeó su espalda contra algo duro.

Estaba siendo arrastrada de nuevo y el chispazo de dolor que sintió logró devolverla a un estado de consciencia. Sus pulmones ardieron como si estuvieran en llamas cuando el aire exigió paso hacia su interior y una potente tos logró sacar el agua de sus vías respiratorias.

Algo le impidió doblarse de dolor y ella forcejeó tratando de alejarse.

—¡No, suéltame! ¡Suéltame! —Su voz salió como un graznido apenas entendible, pero incluso cuando no podía ver con claridad, no dejó de manotear—. ¡Déjame ir!

—Detente… Soy yo, soy yo. ¡Mírame, Ino! —El agarre en sus muñecas fue firme cuando la acercó y por fin sus ojos se enfocaron en el rostro ajeno—. Está bien, soy yo, Itachi. Tranquila, estás a salvo.

Incluso cuando se encontraba despierta, no podía deshacerse de las emociones que habían saturado su cabeza y le tomó dos segundos completos darse cuenta de que ya no era sostenida por esa criatura amorfa y que ya no se encontraba en el fondo del lago frente a ellos.

Su labio inferior temblaba sin control en medio de su respiración errática mientras buscaba aferrarse al tibio tacto de los dedos ajenos en su piel completamente fría.

—¿I-I…?

—¡Itachi! —Exclamó Naruto dándoles alcance.

Sin dudarlo se arrodilló a su lado e Ino tuvo que encogerse cuando su preocupación la golpeó como una pesada losa de concreto. Intentó bloquear sus emociones, pero fue imposible. A ellas se unieron las emociones del resto de sus compañeros y de nuevo sintió que se estaba ahogando. Todo llegaba a ella sin ningún filtro, y estaba segura de que la cabeza le iba a explotar en cualquier momento.

La sensación empeoró cuando Sakura posó la mano en su hombro para comenzar a evaluar sus heridas.

Ino se encogió, volviéndose un ovillo que buscaba alejarse del contacto, pero se encontró con el cuerpo de Itachi impidiéndoselo. Él continuaba sosteniéndola en sus brazos y fue imposible para ella no acurrucarse más contra su pecho al descubrir que no sentía nada proveniente del shinobi.

Ni el más mínimo rastro de emoción. Sólo claro y tranquilizante vacío.

—Maldición, aquí vienen de nuevo…

El gruñido entre dientes de Inuzuka Kiba puso a Itachi en alerta.

Escuchó las copas de los árboles moverse en un murmullo cada vez más cercano y entonces bajó la mirada hacia la chica que sostenía contra su cuerpo. Incluso bajo la precaria luz rojiza del sol sobre sus cabezas, era posible reconocer los pequeños ríos de sangre que emanaban sus heridas abiertas, combinándose con el agua que chorreaban sus ropas y que dejaban al descubierto las numerosas magulladuras que había en su cuerpo. Ella se había acurrucado contra él, tal vez para recuperar algo de calor pues estaba helada, e Itachi la atrajo hacia su pecho en un acto reflejo.

No pudo obviar la incomodidad que le provocó la idea de dejarla sobre el áspero suelo terroso estando tan herida, pero sabía que tampoco había tiempo para ponerla a salvo en algún otro lugar.

—Prepárense —ordenó con Shikamaru y el equipo de manera automática se colocó alrededor de ambos. Un intercambio de miradas con su capitán le hizo saber que el muchacho estaba pensando lo mismo que él.

Itachi cerró los ojos y al abrirlos de nuevo reveló su Sharingan activado, dejando fluir su chakra con libertad. La silueta de su Susano'o comenzó a tomar forma alrededor del grupo, elevándose sobre sus cabezas a varios metros hasta definirse como un esqueleto en cuestión de segundos.

El espectro de chakra blandió su espada listo para defender al equipo.

Podía estar imposibilitado a pelear cuerpo a cuerpo mientras sostenía a Ino, pero podía hacer uso de las técnicas de su dojutsu sin ningún límite de chakra ahora que había sido resucitado.

—¡Ahí vienen!

La masa amorfa de criaturas enemigas salió del bosque y su Susano'o la recibió con un golpe que la obligó a retroceder emitiendo un chillido. Todos sus compañeros adquirieron una posición de combate.

Un objeto brillante voló por los aires aterrizando entre la armadura del Susano'o y el enemigo.

—¿Qué es…?

La esfera de cristal explotó antes de que Sakura pudiera completar su pregunta y de repente una intensa luz plateada cubrió con su resplandor aquel sector del bosque. El alarido de las criaturas a su alrededor hizo eco en lo más profundo de sus oídos mientras se alejaban.

Itachi tuvo que cerrar los ojos ante aquella luz cegadora y el Susano'o se desvaneció súbitamente. Escuchó pasos apresurados a su alrededor.

Había media docena de desconocidos rodeándolos y de cada uno emergía un resplandor similar al que acababa de estallar.

—Eso no los detendrá por mucho tiempo. ¡Muévanse! —La voz del desconocido parado frente a él lo obligó a mirarlo.

Tuvo que darle la razón.

Sin perder un segundo, alzó a Ino en brazos, ignorando el quejido de dolor que soltó la kunoichi y echó a correr siguiendo al grupo que se internaba de nuevo en el bosque.

A lo lejos, el chillido de las criaturas aún era audible.

Corrieron por lo que pareció una eternidad, no entre las ramas de los árboles, como usualmente harían de ir sólo shinobi, sino serpenteando entre los troncos, sorteando ramas salientes y arbustos. Únicamente guiados entre el espeso follaje que casi los mantenía a oscuras por el grupo de individuos que habían aparecido tan súbitamente.

—¿Quiénes son? —preguntó Shikamaru una vez que la frenética carrera se detuvo.

Itachi apoyó la espalda contra un muro de roca cercano y miró hacia arriba para darse cuenta de que se encontraban al pie de lo que parecía un pequeño risco. Tal vez el inicio de la elevación que habían visto desde el barco mientras se acercaban, una pequeña montaña que coronaba la isla a la distancia.

Al mirar hacia abajo, se dio cuenta de que Ino estaba inconsciente. Y aunque por una fracción de segundo temió que el esfuerzo previo hubiera agravado sus heridas, el superficial pero cadente ritmo de su respiración podía ser tomado como una buena señal.

—¿Quiénes somos? —Repitió el hombre que había liderado el trayecto hasta entonces—. ¿Quiénes son ustedes? ¿Cómo han llegado aquí?

Su mirada azul celeste destellaba con indignación mientras recorría los rostros de su equipo. Shikamaru hizo lo mismo, aunque Itachi supuso que en su caso era para comprobar que todos siguieran en una sola pieza.

—Somos shinobi de Konoha. —Rebuscó en uno de los bolsillos de su chaleco táctico y sacó un pergamino enrollado—. Alguien envió un llamado de auxilio a nuestra aldea desde esta isla. Venimos a ayudar.

—¿Un llamado? —Shikamaru le entregó el pergamino. El hombre prácticamente se lo arrebató de las manos, pero su capitán pareció ignorar el gesto. Estaba más ocupado en notar aquel ceño fruncido—. Ōtonoji… —Chasqueó la lengua. Le entregó el pergamino al descendiente de los Nara y volvió a mirarlos a todos—. Deben irse de aquí. No necesitamos de su ayuda, vuelvan a su aldea.

Itachi no pudo ignorar la nota apremiante que había en su tono, enmascarada con la indignación y el hastío.

Ahora que estaban fuera de las penumbras del bosque, y que habían dejado de emitir aquel extraño destello, estudió al grupo que los había rescatado. Ninguno de los cuatro hombres que estaban ante él parecían mucho mayores que cualquiera de sus compañeros, tal vez el supuesto líder siendo el más viejo. Aunque, claro, decir 'viejo' era sólo para usar un adjetivo. No parecía tener ni siquiera treinta años, a pesar de que su lenguaje corporal denotaba una larga experiencia en la cima de una jerarquía.

Además, pudo notar que todos ellos iban con las manos vacías y bajo sus ropas extremadamente tradicionales no había ningún indicio de funda o arma alguna. Si habían sobrevivido a lo que sea que los había perseguido a ellos en aquella villa, Itachi no podía comenzar a imaginar cómo lo habían logrado.

Definitivamente no podían confiar en ellos.

—¿Qué? No, espera… —Se adelantó Naruto elevando su voz por encima del murmullo que se extendía entre los desconocidos—. ¿Cuál es tu problema? ¡Ustedes hicieron que viniéramos! ¿Tienes idea de todo lo que hemos pasado para llegar hasta aquí? Y además, llegamos y somos atacados por esas… esas…

Kiba se acercó para poner una mano en el hombro del rubio y hacerlo retroceder.

—Naruto…

—¡No! —Exclamó indignado volviéndose hacia Shikamaru—. ¡Casi nos matan esas cosas! ¿Qué diablos son, eh?

—Naruto, basta —Fue el turno de Itachi para interceder. Afortunadamente, el impetuoso jinchūriki se encontró con la firmeza de su mirada y pensó mejor en mantenerse con la boca cerrada.

A Itachi le preocupaba lo que le había escuchado decir cuando había sido liberado de aquel capullo, que no sentía el chakra del Kyūbi, pero podrían tratar ese tema después.

Por ahora debían enfocarse en la situación que tenían enfrente.

Shikamaru se tomó un par de segundos para sopesar sus opciones antes de volver a hablar.

—Escuche, si quiere prescindir de nuestros servicios, está bien. Es su derecho —Comenzó a decir con un aplomo que contrastaba con el exabrupto que había tenido el hijo del Cuarto Hokage—. Pero necesitamos algo de tiempo para, al menos, reagruparnos y atender a nuestros compañeros que resultaron heridos. No podemos hacerlos atravesar por lo que pasamos para llegar aquí estando en estas condiciones —buscó razonar, apuntando vagamente hacia la rubia que él aún sostenía en sus brazos.

Aquel gesto llevó la atención del líder hacia el rostro de Ino, e Itachi estaba seguro de que nadie más habría notado la ligera tensión que cruzó sus facciones durante una fracción de segundo. Pero él lo hizo. Así como también notó el regreso de los murmullos entre los subordinados del hombre.

—De acuerdo. Síganme —accedió tras un largo instante.

Uno de sus subordinados se adelantó con un pequeño salto.

—¡Pero Yashima-sama!

El líder alzó una mano para hacerlo callar, a pesar del pánico evidente en su voz. ¿Acaso era así con todo aquel que llegaba a esa isla?

—Les daremos un lugar para que descansen, pero después tienen que irse. No es una opción.

Shikamaru asintió en silencio una vez y exhaló despacio mientras musitaba un parco agradecimiento. Resultaba obvio que no le había gustado ni un poco el trato que estaba recibiendo su equipo por parte de los lugareños, pero era lo bastante listo como para no intentar discutir al respecto. Las prioridades de un capitán resultaban evidentes en una misión de ese tipo: lo primero que tenía que hacer era asegurar la integridad de sus subordinados. El objetivo de la misión venía después.

El grupo reanudó la marcha hacia una vereda que serpenteaba alrededor de la montaña.

—Yo la llevaré.

—No, está bien. —Vio que Shikamaru estaba a punto de insistir, pero Itachi dedicó una mirada hacia aquel que habían llamado Yashima—. Ve. Yo me encargo.

Incluso cuando antes de esta misión, no había entablado conversación alguna con el nuevo jefe del clan Nara, bastó sólo una mirada para que cada uno comprendiera al otro. Su capitán también se encontraba alerta e Itachi estaba asegurándole que él mantendría a salvo a su compañera -con quien parecía tener una relación más cercana, además- mientras él se encargaba de averiguar qué diablos estaba pasando en esa condenada isla.

«Continuará…»


¡Hola, mundo!

Me tomó más tiempo del esperado, pero por fin aquí está la continuación de Fractured Moonlight. Tuve que reestructurar algunas cosas que iban a pasar aquí y que yo había ideado antes de la conclusión del manga, pero bueno… ya todo tendrá mejor forma, creo yo c:

Muchas gracias por sus comentarios a InoAsakura, Marlen y Alice Styx. Y también un agradecimiento a las personitas que han agregado esta historia a sus alertas y, en general, a quienes se toman el tiempo para leer. ¡Anímense a dejarme un review! Les aseguro que no muerdo *wink wink* y así puedo tener una mejor idea de lo que les está pareciendo esta historia.

¡Hasta la próxima!