Inuyasha no me pertenece.

Capítulo 8: Nueva vida.

Seis años después.

"¡Madre, llegaremos tarde!"

Kagura suspiró entre sabanas blancas. Unas manos pequeñas le quitaron la sábana que yacía sobre su cabeza en un intento de reprimir la luz del sol. Maldijo mentalmente que su marido no estuviera presente. Incorporándose, los ojos rojos se toparon con la seria cara de su hijo de cinco años.

"¿Tu padre se ha ido hoy también?" El niño asintió y su madre se levantó, abriendo el armario para elegir un kimono. "¿Te ha dicho dónde iba?" preguntó.

Shiromaru negó con la cabeza mientras se sentaba en el suelo de la habitación. Una vez vestida con un kimono de rayas rojas y blancas, salió con su hijo del castillo. Los sirvientes que vigilaban la puerta principal hicieron una reverencia y Kagura cogió a Shiromaru antes de abrir su pluma y sentarse sobre ella con su hijo delante.

"Cuando me levanté padre no estaba" el niño de pelo blanco miró hacia su madre. Ella solo bufó. Apoyando la pequeña espalda en las rodillas de su madre, Shiromaru se mantuvo tranquilo mientras se dirigían a la aldea de Inuyasha. Acomodándose en la pluma, Kagura suspiró mientras sonreía y acariciaba la cabeza de su hijo. La viva imagen de su padre reflejada en el niño frente suyo. La tez pálida y la misma forma de ojos. A diferencia del color dorado, Shiromaru tenía los ojos anaranjados. Una luna en la frente y tan solo una línea en ambas mejillas. El pelo blanco y liso hasta media espalda, pero con el alborotado flequillo de su madre.

"Esta noche cuando volvamos estará en casa" sonrió su madre mientras cerraba los ojos y dejaba que la brisa les acariciara.

Cuando aterrizaron frente la casa de Inuyasha y Kagome, Shiromaru se mantuvo cerca de Kagura. Kagome salió enseguida.

"Ah! Hola!" volvió a entrar en su cabaña "Yuka! Ha venido tu primo" Escasos segundos después, una niña semi-demonio de pelo negro y ojos dorados salió detrás de su madre.

"Shiro!" se acercó al hijo de Kagura y ambos corrieron por las calles de la aldea. Kagome sonrió al lado de Kagura.

"Me alegro que hayas venido, así Yuka deja un poco más en paz a Inuyasha"

"¿Cómo está Dai?" preguntó Kagura entrando con Kagome a la cabaña. Una fogata apagada en el centro y una habitación aparte.

"De momento duerme" suspiró sirviendo un poco de té en dos vasos de cerámica. " llevamos unos meses…" Kagura la miró con simpatía.

"Tuve suerte de que Shiro durmiera de un tirón" declaró la oji-rubí "agradezco que sea como su padre."

Kagome entregó a Kagura uno de los vasos y se sentó delante de ella. Kagura miró por la ventana de la cabaña.

"¿No está Inuyasha?"

Kagome negó.

"Ha ido con Miroku a la aldea de al lado, había un templo ocupado por un par de demonios" explicó. "¿Sesshomaru no ha querido venir?"

Kagura suspiró, dejando el vaso sobre la mesa. "Últimamente desaparece por las mañanas, sobretodo cuando Shiro me pide venir aquí"

Kagome rió. "Intenta evitar a su hermano a toda costa"

"En el fondo no le molestaría venir, pero tiene un orgullo difícil."

La puerta de la casa se abrió de golpe, revelando al marido de Kagome con Yuka encima.

'Ya hemos vuelto Miroku y yo' informó agarrando a su hija y dejándola en el suelo. Mirando a Kagura asintió 'Hey'

'¿Shiromaru está contigo?" Preguntó Kagura. InuYasha entró en la cabaña y Yuka salió.

'Si, está fuera jugando'

Unos caballos relinchando llamaron la atención del grupo. Kagome se levantó junto con InuYasha y salieron de la cabaña, Kagura les acompañó.

"Sacerdotisa! Sacerdotisa!" Un grupo de hombres heridos con dos caballos corrieron hacia la aldea "necesitamos una sacerdotisa!"

Cuando estuvieron frente la casa de Kagome, Yuka y Shiromaru se acercaron a sus padres.

'Yo soy sacerdotisa, explicarme ¿Qué ha ocurrido?' Kagome dio un paso adelante y dos hombres heridos en brazos y piernas extendieron el cuerpo de un hombre muerto en el suelo.

'No lo sabemos, señora. Estábamos de travesía, cazando, cuando un grupo de hombres con pesadas armaduras nos atacaron'

'pero no llevaban ni espadas ni lanzas!' otro gritó.' No sabemos cómo nos pudieron atacar desde la distancia y herirnos así'

Kagome examinó las heridas. InuYasha se acercó al cadáver y con las uñas raspó la herida mortal.

'Aquí dentro hay algo' dijo, retirando la mano. ' mira Kagome' en la palma de InuYasha, un objeto de color ocre, en forma redonda con la punta ovalada.

'Es una bala' comentó la sacerdotisa.

'¿Una bala? ¿Qué es eso?' Kagura se acercó a InuYasha, Shiromaru se mantuvo cerca.

'Es un objeto que se lanza a mucha velocidad y se incrusta en el cuerpo. Se utilizan pistolas o armas de fuego para disparar estas balas' pero estamos en el año 1500, en Japón aún no hay pistolas pensó Kagome.'¿De dónde venís?'

'Del oeste, señora, a cuatro días caminando desde aquí' informó un hombre.

Miroku y Sango con sus hijos se acercaron. Una vez explicado todo, Miroku decidió darle un entierro digno al muerto y comida y agua a los heridos.

'Si pasáis por casa os podré ayudar con las heridas' Kagome sonrió.

'Muchisimas gracias' los hombres dejaron los caballos en el exterior y fueron entrando uno a uno. Kagura se quedó hablando con Sango mientras Shiromaru hablaba con Yuka cerca. Pasadas un par de horas, cuando se ponía el sol, Kagura se acercó a su hijo.

'Es tarde, vamos a casa' Agachándose a la altura de su hijo, lo llevó en brazos hasta la cabaña de Kagome.

'Kagome, nosotros nos vamos, que andas bastante ocupada' Kagome le sonrió desde la ventana.

'Vale! El próximo día nos acercaremos nosotros al castillo, que Yuka tendrá ganas de ir, si a Sesshomaru no le importa"

'Claro, podéis venir cuando queráis' Y dicho esto soltó la pluma de su cabeza dejando un fuerte viento como rastro.