Inuyasha no me pertenece.
Capitulo 18: Reencuentro I
Sesshomaru entró por la puerta principal de su castillo, provocando la reverencia de los guardias. Caminando lentamente por el pasillo se encontró a su mujer que salía de la habitación.
'¿Ya has vuelto?' Su marido no contestó pero asintió muy lentamente con la cabeza. Dirigiéndose a la habitación de su hijo, Shiromaru escribía sobre una mesa. Al sentir la presencia de su padre, dejó el pincel sobre la madera.
'Padre'
Sesshomaru se sentó frente a su hijo, Kagura se mantuvo apoyada en la pared de la habitación. Sacó lentamente la nueva espada de su hijo y la colocó frente al pequeño.
Había pasado un año desde que Sesshomaru encargó la espada de su hijo. Aquella que le acompañaría hasta que fuera suficientemente fuerte para aceptar a Tenseiga o Bakusaiga. Shiromaru analizó la espada con cuidado. Una funda granate y la empuñadura plateada. Su padre desenvainó el arma y una hoja reluciente les saludó, al igual que Bakusaiga, una mitad de la hoja estaba decorada con pequeñas ondas. No cuadrados como la de su padre. Ondas y curvas. Como el viento.
'Una vez la toques, tendrás que aguantar la energía demoníaca. Si no lo soportas, tendrás que esperar un año más para volver a empuñarla' informó Sesshomaru mirando a Shiromaru a los ojos. El niño asintió. Kagura se mantuvo en silencio, curiosa por parte.
Su hijo estiró el brazo derecho y agarró la empuñadura de la espada. Al segundo, un pálpito resonó por toda la habitación, procedente de la espada. Shiromaru gimió mientras una energía fluía hacia él. Un dolor le subió por el brazo hasta los dedos de los pies y cerró los ojos fuertemente. Kagura, sorprendida, se quiso acercar a su hijo, siendo parada por Sesshomaru, quien no quitaba los ojos del pequeño. Su madre lo fulminó con la mirada y su marido sólo señaló a su hijo. Cuando Kagura volvió a mirar al pequeño yacía jadeante, con la frente llena de sudor, los ojos se le pusieron rojos y turquesas y las marcas de las mejillas crecieron más de lo habitual. El cabello del niño se elevó unos segundos mientras una aura demoníaca crecía alrededor de sus hombros.
Sesshomaru sonrió orgullosamente mientras Kagura se sentaba más tranquila a su lado. Shiromaru volvió a la normalidad, jadeante mientras soltaba el arma ahora tranquila y se apoyaba sobre sus rodillas con las manos en el suelo. La mano de su padre se posó sobre la cabeza del niño, quién levantó la mirada fruncida hacia su padre.
'Bien hecho, Shiromaru'
El arma lo había aceptado. La energía demoníaca del niño había superado la de la espada..
Kagura no avisó a su marido al salir del castillo. Tampoco debía. Ella era libre y podía ir donde quisiera cuando quisiera. Expandiendo su pluma hacia el aire desde el jardín, voló varios kilómetros antes de aterrizar sobre un pequeño lago con cascada cerca. El verano acabaría pronto pero ella decidió aprovechar los últimos rayos de calor del atardecer para relajarse mojando los pies descalzos en el agua.
Suspiró y apoyó las manos detrás suyo, encogiendo los hombros por el peso y deleitándose del agua fría. Agradeció algo de tiempo libre para disfrutarlo ella. Shiromaru y su marido se habían quedado en casa, el niño empezando a entrenar con la espada.
Sonrió recordando a su hijo con una espada que casi le sacaba tres cabezas antes de que una aura demoníaca hiciera prestar atención a sus espaldas. Se mantuvo sentada, incorporando la espalda mientras sacaba el abanico de su manga y lo abría lentamente.
Un demonio de cola de caballo negra y ojos azules como el cielo la sorprendió. Recordó el olor del hombre y su esbelta figura. Mirándolo a la cara, Kagura cerró el abanico.
'Ha pasado un tiempo' su voz ronca resonó por el aire y por un momento pareció que la cascada se había silenciado. Kagura lo miró a los ojos.
'Tomoe'
El hombre sonrió levemente mientras se acercaba, Kagura se levantó con normalidad y cubrió la boca con el abanico. Sabía que el hombre no iba con malas intenciones, pero la sonrisa que le dió la hizo temblar.
Su gran hacha descansaba de la misma manera detrás de su espalda, tal y como recordaba.
'¿Qué haces por aquí?' preguntó ella. 'Estas no son tus tierras'. Y era verdad, si Sesshomaru decidía olfatear el aire y descubrir el demonio zorro por aquí cerca su cabeza rodaría por el suelo.
'Tenía cosas que hacer en el norte y volviendo de camino me he cruzado contigo' sonrió de nuevo. A dos metros de distancia Kagura juró que los ojos le brillaban de diferente manera.
'Ya veo'
Tomoe se sentó en una de las grandes rocas e hizo ademán para que Kagura lo imitada, dudando unos segundos se sentó en otra piedra, en frente suyo, manteniendo la distancia.
'Noto tu aura diferente' comentó el zorro. '¿Ya te has casado?'
'Hace unos años' respondió ella, abanicándose suavemente. '¿Tu no lo estás?'
Tomoe entrecerró los ojos y miró profundamente a la mujer.
'Aún no'
Kagura frunció un poco el ceño. En un parpadeo notó a Tomoe detrás suyo, agarrandola de la cintura, aplastandola sobre su pecho. Ella jadeó, forcejeando mientras él sonreía sobre su cuello.
'Llevas los pendientes que te regalé' susurró en su oído. Kagura se dió la vuelta, enfadada, mientras empujaba al hombre lejos de ella con las manos.
'¡¿Se puede saber qué haces?!' gritó ella, abriendo el abanico. Tomoe sonrió y sus ojos volvieron a brillar. Kagura tragó saliva y el hombre se lanzó hacia ella, quien lo esquivó saltando a un lado. Lanzó una cuchillas hacia él, y agarró su hacha de su espalda y contraatacó clavandola en el suelo, creando una onda expansiva hacia ella.
Saltando, Kagura se posó sobre una rama de árbol, jadeante.
'Aún no tengo pareja' murmuró él, apuntando hacia ella con el hacha. Girando el cuerpo hacia atrás con el hacha sobre sus manos, una bola de energía se creó sobre el metal. 'Pero hoy me iré de aquí contigo'
Y la bola de energía voló contra Kagura.
'¡Danza del Dragón!' gritó, moviendo su abanico hacia abajo, creando unos remolinos que frenaron el ataque. Cayó al suelo sobre sus puntillas y corrió hacia el profundo del bosque. Tomoe guardó el arma detrás de su espalda antes de volar, persiguiendola.
'¡No escaparas!'
Kagura frunció el ceño mientras miraba hacia atrás. ¿Que diablos le pasa?. No se dirigió hacia las cercanías del castillo, es más, huyó de él. No quería involucrar a Sesshomaru en esto. Lo derrotaría ella sola, no necesitaba la ayuda de nadie.
Llegando a un pequeño campo abierto de hierba fresca, el anochecer se presentaba lentamente. Frenó su corrida y se mantuvo firme, esperando a su rival. Tomoe apareció al momento, aterrizando a unos metros de ella.
'Me haces un favor alejándote de el perro que vive por aquí' habló el demonio, sonriendo, sacando de nuevo el hacha.
'Sesshomaru te matará' dijo ella, abriendo el abanico. Tomoe rió, tirando la cabeza hacia atrás.
'Dime, Kagura, ¿eres feliz?' Kagura levantó una ceja. 'Sabes' Tomoe flexionó las piernas, cogiendo impulso para salir disparado hacia ella. '¡yo fuí quien mandó a esos hombres para raptarte!'
El hacha colisionó contra una cuchilla creada por Kagura. Ella abrió los ojos sorprendida y extrañada a la vez.
'¿Qué?' saltando hacia atrás, mantuvieron la distancia.
'Esos humanos que hace un año mataban demonios con escopetas de la China' informó, sonriendo orgullosamente. 'No sabía nada de tí desde que nos separamos en ese mercado años atrás, pero mis hombres oyeron tu nombre en una aldea en el sureste' Tomoe guardó el hacha de nuevo. 'Ninguno de esos hombres volvió con vida y cuando fui a buscarlos olí tu aroma y el del demonio perro que te acompaña'
'No ganarías nada raptandome.' murmuró ella, frunciendo el ceño. No parecía que Tomoe iba a atacar en los próximos minutos. Ambos relajaron los hombros y Kagura bajó su arma, sin cerrarla.
'Cuando te ví en el mercado me gustaste mucho, Kagura' susurró él, estrechando los ojos azules hacia ella, un toque de lujuria brillaba en su interior. 'Te quería como mi mujer' hizo una pausa. 'No, te sigo queriendo como mi mujer. Mi heredero será un gran zorro con tus poderes'
'Ya tengo un hijo' Tomoe frunció el ceño, irritado. Kagura lo oyó gruñir y sonrió orgullosa. 'No pienso dejar que me lleves'
Sesshomaru guardó Tenseiga en su funda mientras miraba a su hijo. Shiromaru dejó caer su espada en el suelo mientras jadeaba.
'Ya está bien por hoy' habló su padre, caminando hacia la habitación. El sol se ponía con lentitud y la luna empezaba a mostrarse en el cielo oscuro. Shiromaru suspiró y se dispuso a caminar cuando llegó una brisa con un olor peculiar. Olfateando su alrededor, no logró encontrar una palabra adecuada.
Sesshomaru frunció el ceño y se giró hacia su hijo, olfateando también. Entrecerró los ojos y agarró a Bakusaiga antes de empezar a volar.
Olía a Kagura, a un demonio zorro y al aroma que Shiromaru no había sabido describir.
Lujuria.
