Cosechas D2, D5, D6, D10 y D12
Dahlia Fey — D2— 17 años
Pearly me ayuda a cubrir los moretones en mis piernas, mientras yo hago lo propio con los de mi rostro, los de los brazos tendrán que ir cubiertos por un vestido con mangas largas que la misma Pearly escogió para mí. Ver mi cara en tan mal estado me hace recordar las constantes insistencias de Iris, mi hermana mayor, sobre como nunca encontraría nadie que quisiera casarse conmigo por lo fea y aburrida que soy.
Todo lo que Iris dijera antes da igual, ahora soy más fuerte e inteligente que ella. A diferencia de ella yo iré a los juegos del hambre y venceré, no importan las palabras de Ray, ya cambiara de opinión.
—¿Pero qué te dijo después?—preguntó mi hermanita.
—Qué no me recomendaría para voluntario el próximo año, porque: un duelo no acaba hasta que se acaba le respondo poniendo una mueca extraña en mi rostro y haciendo un remedio de voz.
—No puedo creerlo, si eres la mejor de todas.
—Lo sé, y lo peor es que no deja de tratarme como una niñita.
—¡Que idiota!—dice Pearly para sacarme una sonrisa.
Hablamos de Ray Bashet, el más reciente vencedor que tiene el distrito y mi instructor en la academia. Ray es apodado el martillo, no solo porque venció con una maza en sus juegos del hambre, todos saben que como instructor en la academia es implacable y a todos sus pupilos si no los moldea los rompe.
Hace años que me entrenó con él púes conoce mi potencial y con el tiempo he mejorado bastante hasta ser una de las mejores. Pero él no deja de menospreciarme llamándome niña cada que se presenta la ocasión, ofreciéndome caramelos de café en lugar de una taza de los que él tanto bebe.
Anoche mientras entrenábamos me retó a un duelo mientras se burlaba de mi como suele hacer, eso me hizo enfadar y accedí. Fue uno de los enfrentamientos más largos e intensos que alguna vez hayamos tenido y gané al colocarle mi espada en la garganta, si esta hubiese estado afilada podría haberlo matado. Cuando la retire estaba orgullosa y feliz por haberlo vencido y fue entonces que el sacó un cuchillo que tenía escondido en una de sus mangas y se aprovecho para colocarlo en mi estómago, fue entonces cuando burlonamente me dijo que no era una buena candidata para ir a los juegos, un duelo no acaba hasta que se acaba. Estaba acabado, él habría muerto si así lo hubiese querido. Estaba más enojada y no pude evitar irme a los golpes y así fue que comenzamos una verdadera pelea. Termine con golpes por todo mi cuerpo, pero Ray tampoco se fue limpio.
—Creo que es todo lo que podemos hacer.
Suspiro y abrazo a mi hermanita para agradecerle que me ayudara a arreglarme. Cuando salimos de mi habitación ya está el resto de mi familia esperándonos. Mi padre corre a abrazarme y decirnos lo bien que nos vemos a lo que mi mamá responde:
—Ay, por favor. No seas ridículo.
—Y si nos vamos ya.
Esa es Iris, mi poco amorosa hermana. Somos tres y de todas yo soy la única en edad de cosecha. Iris tiene 19 pero ni siquiera fue entrenada. Mis padres ya no se llevan bien, pero hacen lo que pueden para que tanto Pearly y yo asistamos a la academia. Pearly recién esta comenzando, tiene diez años, y cada que puedo la ayudo a mejorar sus movimientos y recordarle lo buena que es, no quiero ser una hermana igual de amargada y despectiva como Iris.
En la ceremonia de cosecha escucho atentamente cada una de las palabras del alcalde, es un discurso que ya tengo memorizado pero que escucho con respeto. Cuando finaliza la escolta, Camelia Vlad, quien además de su ya característica piel rosa pálido y su cabello de colores blancuzcos, rosas y negros, este año trae también unos cuernos retorcidos a los lados de su cabeza. Se acerca a la urna con los nombres de las chicas, más que nada como parte de la ceremonia, y con su sensual voz pronuncia:
—Dhalia Fey
Me quedo paralizada, abro grandes mis ojos y acomodo mis lentes. ¡Esta es mi oportunidad!, pienso, si Ray me amenazó con que no podría ir el año entrante no puede quitarme esta oportunidad. Camino decidida al escenario y ya estoy subiendo a este cuando Analyss Grey, quien haría de voluntaria este año, grita para presentarse a lo que inmediatamente niego en dirección a Camelia quien parece no saber que hacer por primera vez en su vida.
—¡Vuelve a tu asiento, Fey! ¡Deja que suba ella!— grita Ray Bashet el Martillo.
Decido ignorarlo y tanto él como el resto de vencedores me miran estupefactos porque nunca he desafiado ninguna orden antes. Anndré Sanders, uno de los fundadores de la academia esta furioso, detesta que las cosas no salgan como él quiere.
Camelia ante mi decisión anuncia que este año no se aceptan voluntarias
—¡Me quitaste la oportunidad de mi vida, perra! ¡Espero que te mueras allí!— Grita Analyss. Pero la ignoro por completo y doy mi mejor cara a la cámara. Esta es mi momento y nadie va a arruinarlo.
Nathan Stevens — D5 — 14 años
Hoy padre y yo somos los únicos que estamos en casa. Es día de cosechas y los empleados pasan la mañana preocupados en sus casas con el temor de que sus hijos salgan cosechados. Anoche iba a decirles que no se preocuparan pues sería yo quien iría a los juegos, pero escuche a la más nueva hablar con la señora Selene:
—Tengo la sensación de que el niño me odia, ¿Acaso no estoy haciendo las cosas bien?
—No le des importancia, está loco— respondió la señora Selene dando círculos con el dedo Su madre lo abandonó de niño y el pobre perdió la cabeza. Pero mientras le hables solo lo necesario estará bien, no te van a echar solo porque se esconde de tu mirada.
—Vale, entonces entre más lejos mejor.
Lo he escuchado antes, si eso es lo que piensan mejor no decirles nada, además no es a mi a quien persiguen los fantasmas de sus hijos, el que murió de neumonía y el otro, el que tiene los brazos arañados y la cara mordida, el que se comieron los mutos en la edición 22 de los juegos del hambre. Mi mamá no esta y punto.
En lugar de tranquilizarlas salí a la calle, tenia otras cosas más importantes que hacer como visitar al profesor Nathan Lodge, visitar no es la palabra exacta, pero a quien le importa. Para cuando llegué era más de media noche y todas las luces estaban apagadas. Me cole por la ventana de siempre, la que tiene el seguro descompuesto y da a la cocina. Lo había hecho antes cientos de veces y sabía bien donde pisar por lo que no provoque ningún ruido. En lugar de tomar el camino de siempre a su habitación, esta vez me detuve en la pequeña estancia, ahí entre sus tantos libros de historia había una foto de él, debieron sacársela cuando lo nombraron profesor, la tome como un tesoro, muy cuidadosamente y después de admirarla durante varios minutos la guarde en el bolsillo del pantalón. Finalmente pude verlo dormir tranquilamente, el subir y bajar de su pecho siempre me hacen sentir tranquilo y es el único rostro que puedo ver sin inquietarme.
Que más hubiera querido que quedarme más tiempo, pero tengo que prepararme para mi maldita cosecha. Tomo la ropa que me dejo preparada la chica nueva, a ella solo la persigue su madre, quiere asegurarse que no sea una despreocupada y que cuide bien de sus hijos.
Cuando estoy listo, antes de bajar me aseguro de tomar la fotografía del profesor Lodge, no quiero despegarme de ella por ningún motivo. Su rostro me traerá fuerzas.
Kevin, mi primo viene a buscarme para que entremos juntos a la plaza como todos los años, solo quiere ver mi reacción cuando salgan los cosechados de este año. Es el único que no teme acercarse a mí, además de mi padre, y es únicamente porque le divierte, da igual no es como si lo necesitara.
—Entonces, según tus predicciones, ¿quién toca este año? — pregunta divertido—. Otra vez la chica, ¿Cómo se llamaba? ¿Marla?, No esa no era, esa murió en la presa.
—Tanya, pero ya cumplió los 19.
—¿Y de los chicos?, ¿Alguna idea? Solo no me digas que seré yo.
Pensaba responderle que aún no le tocaba, pero el alcalde toma la palabra, después escuchamos el mismo discurso de todos los años sobre los días oscuros, un tema que únicamente es interesante cuando es el profesor Lodge quien lo da.
La escolta se adelanta hacia las urnas y nuestra última vencedora se emociona al verla. De la urna de las niñas saca un nombre que tanto Kevin y yo reconocemos y me golpea con el codo. Finalmente, la mujer dice:
—Nathan Stevens
Y no puedo evitarlo, comienzo a reír sin parar hasta llegar al escenario, al oír mis risas el resto de chicos se apartan para darme paso y cuando llego al escenario tanto Ayako, la escolta, como Junko, nuestra mentora, ríen conmigo.
Chenoa Tenya — D6 — 15 años
Mi padre no ha parado de despotricar contra el capitolio toda la mañana. Es algo de todos los días, pero al ser hoy día de cosecha su rencor contra el capitolio se siente al doble.
Desde que yo era pequeña él forma parte de una pequeña facción rebelde. Yo jamás me había visto involucrada, pero en cuanto fui más consiente comencé a temer por él y también por mi madre. Si el capitolio es capaz de mandar a morir a 23 jóvenes todos los años solo para recordarnos lo que pasa cuando luchamos, que no será capaz de hacer con todos los grupos que se organizan para derrocarlos. Es por eso que comencé a filtrar información, conocía a la gente que frecuentaba mi padre y de cuando en cuando le soltaba a un agente de la paz un nombre, un lugar y actividades sospechosas. Varios han caído por mi culpa, pero mientras mi información siga siendo valiosa nosotros estaremos a salvo.
Mi padre desde luego no lo sabe, de ser así no me habría obligado a formar parte de uno de estos grupos rebeldes. Aunque reconozco que llevan razón las ideas que comparten los rebeldes, no hay nada que podamos hacer, ya se intento y hubo muchas muertes. Lo único que logramos fue más opresión. No tiene mayor sentido luchar una pelea que se, no podemos ganar.
—Maldita presidenta, cree que con sus estúpidos juegos va a lograr doblegarnos— comenta mi padre cuando estamos camino a la plaza.
—Ahora no Wagen le responde mi madre apretando fuertemente su brazo.
—Qué se piensan, Amelia. Qué ya nos dimos por vencidos, están muy equivocados.
—Quieres pensar en tu hija. Chenoa aun esta en edad de cosecha. Por favor, guárdatelo para cuando estemos en casa.
—Tranquila mamá, nos vemos más tarde me despido de ambos antes de dirigirme a la fila en donde llevan a cabo los registros.
El agente de la paz me dirige una mirada extraña antes de pincharme el dedo, no recuerdo haberlo visto antes, desde luego no es uno con quien haya tratado información antes.
Me coloco en mi posición, rodeada de varias chicas de mi edad, no trato con ninguna, es imposible saber si alguna de ellas realiza el mismo tipo de actividades que yo.
Y ahí está, como cada año, el recordatorio de que es mejor bajar los brazos. Que ellos tienen más poder que nosotros y que tenemos que hacer lo que nos digan o nos destruirán como hicieron con el trece. La escolta por fin aparece en el escenario y antes de comenzar hace todo un desfile de manera que podemos apreciar lo lujoso que es el capitolio mientras en el distrito la gente muere de hambre. Este año viste en morado, un top cruzado, una falda y tanto guantes como calcetas muy largas, además carga con una especie de bastón o báculo con una estrella en la punta. Su cabello es del amarillo más antinatural que haya visto y además tiene una joya en la frente.
—Estoy tan emocionada de estar con ustedes este año —comienza—. Soy nueva en esto. ¡Oh! Es cierto, aun no me he presentado. Mi nombre es Goldie Starlet y seré vuestra escolta este año.
Podría ir directo al punto. La mayoría estamos conteniendo el aire y esperando que nuestro nombre no salga de esa urna y ella solo le da más rodeos a la situación.
—Estoy ansiosa de conocer quiénes serán los afortunados que representarán al distrito 6 este año. Creo que debemos comenzar por las señoritas— modela esta vez en dirección a la urna con los nombres de las chicas y guiñe un ojo al momento de sacar un papel—. Veamos, que nombre tenemos aquí: Chenoa Tenya. Ven aquí linda, todos queremos conocerte.
Escuche bien, fue mi nombre el que salió de esa urna. Iré a los juegos del hambre. He dejado de tener importancia para el capitolio, ya saben que mis padres son rebeldes y la información que comparto ya no es suficiente, ahora no soy más que un estorbo para ellos y quieren deshacerse de mí.
Subo al escenario lo más tranquila que puedo sin dejar que algún agente de la paz me toque, que ni siquiera se acerque y me quedo seca, en la plaza busco la mirada de mis padres, cuando los encuentro puedo ver a mi mamá llorar, mientras que el rostro de mi papá esta rojo de ira. Después escucho a la escolta decir el nombre del chico, a pesar de su vestimenta, más cara que la del resto, me parece que lo he visto por las calles, pero podría equivocarme. El chico exige a la escolta ver su nombre en el papel y cuando finalmente se convence no le queda otra que aceptar su destino. El capitolio nos tiene a todos en la palma de su mano.
En el edificio de justicia mi padre se pone a gritar tanta cosa que se le viene a la mente y aunque mi madre trata de tranquilizarlo porque las cámaras podrían estarnos viendo a él le da igual. De cualquier forma, ya no hay nada que ocultar. Estamos muertos los tres, aunque ellos no lo sepan.
—Te puedes llevar algo, ¿No? —me pregunta finalmente mi padre—. Toma, es solo un pequeño engrane, pero te recordara al distrito.
Es un anillo, que en efecto tiene forma de engrane. No tengo realmente aprecio por el distrito, pero lo acepto de todas formas, me recordara a mis padres y lo mucho que los quiero, espero que sepan que todo lo que hice lo hice por ellos. Y si regreso, de verdad espero encontrarme nuevamente con ellos.
Lana Stewart— D10 — 17 años
—Y bien, ¿Qué opinas?— le pregunto a Jeph sobre mi nuevo vestido. No es gran cosa, pero el que usaba antes para el día de cosechas ya no me queda. Los cambios en mi cuerpo suelen ser imperceptibles, y aunque mis curvas comenzaron a marcarse desde que tenía 15 ahora soy más alta.
—Es lindo, aunque yo habría elegido algo más colorido. Además, sabes que papá se molestara al saber que gastaste para arreglarte justamente hoy.
—Lo sé, lo sé… ni siquiera es por el día, es por el vestido— llevó ahorrando mucho tiempo por un buen vestido, desde luego no esta a la altura de los que usa la mujer del alcalde, mucho menos de alguien del capitolio, pero estoy satisfecha por mi logro . Odio esto, la cosecha me asusta, pero no hay nada que podamos hacer. Tienes suerte, este año ya no tienes que preocuparte por nada.
Mi hermano cumplió ya los 19 y ahora vuelve a ser libre de salir cosechado, en cambio yo tengo que aguantar por otros dos años más.
—Yo no diría que por nada, me preocupas tu tontita.
—Ya, pero sabes que no tienes que ir a los juegos.
—Lana, Jeph. ¿Ya les dieron de comer a los animales? —pregunta mi mamá desde la cocina.
Volteo a ver a Jeph quien niega con la cabeza, claramente los dos nos hemos olvidado.
—Yo les doy y recojo los huevos si tú les limpias— le digo susurrando.
—Solo por hoy, toda la próxima semana te toca a ti.
No es el mejor trato, pero ya conseguí que lo hiciera por dos semanas consecutivas cuando por lo general turnamos cada tres días.
En el resto de los distritos el día de cosechas por lo general no se trabaja. En el caso del distrito 10 es una excepción. Nuestro trabajo es con los animales, y si bien los mataderos paran, quienes tenemos una granja, por más pequeña que sea, tenemos que trabajar. Los animales tienen que comer, todos los días las gallinas dan huevos y las vacas no se pueden dejar sin ordeñar.
En mi familia contamos con un criadero pequeño de aves. La mayoría son gallinas, un gallo bastante grande, dos pavos machos y 5 hembras, algunos patos y media docena de codornices y el macho correspondiente, una de ellas esta incubando.
—Mierda— susurro por lo bajo—. ¡Jeph! ¿Cuántos días lleva la codorniz?
vNo me acuerdo, ya son las dos semanas, ¿no?
Eso pienso, lo olvide por completo. Me dirijo corriendo al corral del ave y en efecto, al alcanzar uno de sus huevos puedo ver como ya ha comenzado a romperse.
—Están naciendo. Ven a ver Jeph.
Son una cosa tan linda y asquerosa. Tan pequeños con su piel rosada y sin plumas.
Entre los dos ayudamos a salir al último del cascaron, y lo primero que vemos es su pico, sus ojos están cerrados y su piel toda arrugada. Cuando hemos quitado todo el cascaron, la pequeña ave se estira en mis manos.
—Qué lindo pajarito— le canto al ave.
Sin embargo, no todos los huevos se lograron, hay dos que no pudieron eclosionar. Verlos ahí tan fríos y muertos me da un escalofrío.
Mamá nos llama nuevamente, esta vez para que nos apresuremos a arreglarnos y no llegar tarde a la plaza. Me doy un rápido baño, me pongo mi vestido nuevo y trenzo mi cabello para salir corriendo.
Llegamos y soy de las ultimas en realizar el registro. Me acomodo con las chicas de mi sección y a la carrera saludo a todas mis amigas, es una pena que no alcanzara a verme con los chicos.
El alcalde comienza con su discurso, aunque parece que se le ha olvidado y mejor pasa el micrófono a la escolta. Vulpini se ve tan tierna y adorable en ese vestido blanco con toques de azul pastel y con su cabeza que me recuerda la de una oveja, pero en el fondo no tiene nada de dulce, pues no deja pasar la oportunidad de burlarse de los problemas de memoria del alcalde, nadie en la plaza ríe con ella y deja el tema de lado para dirigirse a la urna de las chicas.
—La afortuna de este año es Lana Steward.
Doy un grito y salto en mi lugar. Estoy segura de que tengo la cara como si acabara de ver un muerto. Busco rápidamente a mi familia con mi mirada, todos preocupados. Jeph es el único que alcanza a hacerme una señal de ánimo y finalmente recupero fuerzas para subir al escenario. Intento dar mi mejor cara, incluso trato de sonreír, pero lo único que consigo es una risa nerviosa. Por suerte la escolta no pregunta nada más y en su lugar se dirige a sacar al tributo masculino.
En el edificio de justicia me despido de mis amigos, algunos de ellos fueron simplemente los chicos de una noche. Incluso Jonah, mi relación más larga, tres meses y un día viene a desearme suerte. Finalmente, mi padre maldice al capitolio mientras mi madre llora abrazada a mí.
—Esta semana te salvaste de limpiar a las gallinas— dice Jeph quitándose la cinta de su cabello y enredándola en mí muñeca—, pero cuando regreses te tocará todo el mes.
Sin que nadie pueda decir algo más los agentes de la paz nos anuncian que se acabó el tiempo y me quedo sola nuevamente.
Gabe Nott — D12 — 17 años
—Metete ya a bañar— pide Larisha a uno de los más chicos mientras ayuda a vestir al otro, no estoy siquiera seguro de sus nombres.
Son mis hermanos, sí, pero por sobre todo son una carga. Lo único que hacen es comer y cagar. Al menos Adam y Nelly ahora pueden pedir teselas, tuve que obligar a Nelly en cuanto cumplió los 12, fue doloroso pero necesario y el año anterior Adam comenzó a ayudar.
—¡Qué te calles y obedezcas, mocoso! —grito golpeando la pared que tengo más cerca y todos se quedan obedecen con miedo a que si me enfado más les toque a ellos, ha pasado antes y podría repetirse hoy. Cada día estoy un paso mas cerca de explotar.
No es mi culpa, es de Larisha, mi madre, por abrirse tantas veces de piernas, es culpa de mi padre por dejarla preñada tantas veces y luego morirse.
Murió cuando yo solo tenía doce y si cinco hijos no eran suficientes para una familia pobre de la Veta, la dejo cargada de otro. Larisha es barrendera, la muy inútil no sabe hacer otra cosa, además tiene que cuidar a los críos. Mientras aquí tienen a su perro que se parte el lomo o se mueren de hambre.
Hoy es uno de esos pocos días que no tengo que ir a la mina y cumplir con un doble turno, malditos desgraciados que se aprovechan de las necesidades de otros, quisiera simplemente descansar un poco y en lugar de eso tengo que soportar los gritos y llantos de los mocosos que tengo por hermanos.
A veces pienso que debí dejarlos antes que dejar la escuela, que estaría mejor por mi cuenta, si solo fuera yo podría arreglármelas. Pero no soy un insensible y no los quiero muertos, por muy duro que sea para mí, al menos ellos tienen que llevarse a la boca.
Cuando todos estamos limpios y vestidos con los mejores trapos que tenemos, nos sentamos a la mesa para comer antes de partir a la plaza.
Nelly arrima los platos y se sienta en el lugar más apartado de la mesa. Ha estado distante y escondiéndose constantemente. Sucedió hace apenas un par de semanas, llegué cansado y hambriento como todas las noches, Larisha calentó la poca comida que había sobrado de ese día y se fue a la cama. Solo tenía intención de tomar un baño, quitarme el polvo y suciedad de la mina, pero Nelly estaba ahí, con el agua helada escurriéndole por su cuerpo desnudo. Estaba excitado y la penetré, había lagrimas en su rostro, pero mi mirada fría y amenazadora bastó para evitar que gritara. Terminé fuera, no quiero otro chamaco corriendo por la casa.
—¿Carne?, ¿Por qué gastaste'n carne si apenas nos alcanza?
—Pensé que les gustaría… en caso de que alguno de ustedes…
—Estas loca mujer, el resto de la semana no tendremos que comer si no hierbas y agua— reclamo a mi madre que solo consigue encogerse en su lugar . Mierda, no sé qué voy a hacer con ustedes.
—¿Por qué Gabe siempre tiene el pedazo más grande? Yo quiero más— chilla el de 5 años.
—Porque tu hermano es más grande y nos cuida. Ya saben que él trabaja duro para que nosotros podamos comer — responde ella dedicándome una mirada de disculpa y todos terminan de comer en silencio.
Antes de que se haga más tarde salimos con dirección a la plaza para la ceremonia de cosechas que se realiza cada año. Seguimos los pasos de siempre y termino con los chicos de mi edad, todas son caras desconocidas para mí, y no pudo evitar pensar que aquí estarían mis amigos si las cosas fueran diferentes.
Alguien roza mi brazo y volteo bufando hacia él. No se si es mi reacción o mi rostro quemado lo que lo asusta, pero se aleja todo lo posible. No quiero estar bajo el sol, lastima demasiado mis ojos ya acostumbrados a su escasez en las minas, pero el alcalde habla lo más lento que puede sobre la importancia de los juegos. Cuando termina, es turno de la escolta danzante y con voz cantarina de anunciar a los dos tributos escogidos este año. Qué mas da quien es la chica, de cualquier forma, ya eta muerta. Solo el chico y podre irme de este lugar. Hay demasiada gente.
—Gabe Nott— anuncia la escolta rara con orejas y cristales.
No. No puede ser. Mierda, no voy a ir, no puedo ir. Quien se supone que va a alimentar a los niños.
—Gabe Nott— repite la escolta—. Vamos, ven aquí.
Hasta acá puedo escuchar el llanto desconsolado de Larisha y los niños.
Los chicos de mí alrededor ya se han apartado de mí y los agentes de la paz vienen para llevarme.
—¡Suéltenme! ¡No puedo ir!
Golpeo a varios en el proceso, pero terminan sometiéndome y me arrastran hasta el escenario. No queda otra. Si esto es lo que tengo que hacer, es lo que haré y que se jodan todos. Mi rostro enfadado y mis ojos casi cerrados por la luz del sol son enfocados y transmitidos en la enorme pantalla al centro de la plaza. La escolta da por concluida la ceremonia y los agentes me arrastran de nuevo, esta vez al interior del edificio de justicia.
Varios minutos mas tarde entra toda mi familia llorando, se me pegan y abrazan todos a la vez.
—Déjenme en paz, ¡Carajo! — grito y todos se alejan.
Las lagrimas aun caen por el rostro de mi madre, incluso Nelly esta chillando, yo creí que estaría más feliz estando yo muerto.
—Voy a volver— les aseguro—. Que si no vuelvo ustedes se mueren de hambre.
Larisha asiente y los niños se secan tanto las lagrimas como los mocos. Nelly se acerca y me abraza, es corto y con miedo, pero lo hace.
Voy a volver. Voy a volver. No importa como pero tengo que volver.
Gracias a Soly Ruh, Rebe Marauder, Catvic, Dani Valdez y NicoNicochan por Dhalia, Nate, Chenoa, Lana y Gabe. Espero les guste como quedaron sus niños.
Preguntas
1. Personaje Favorito
2. PErsonaje menos favorito
3. Si tu personaje se aliara con alguno de ellos, ¿con quién lo haría? (decir ninguno es valido también)
Como hay aves y son los animales que mas me dan miedo, en especial las palomas y los pavos, o guajolotes como los llamamos aquí.
4. ¿Cuál es el animal que más miedo te provoca?
