Hola! ¿Como estais? Siento mucho este retraso de varios dias; estuve de viaje justo cuando debía subir el nuevo capitulo y no estuve en mi ciudad para poder hacerlo.
Muchas gracias por los reviews! Contesto por aquí a algunos;
"AmorPorSiempre" : Gracias! A veces me es dificil escribir que partes, pero me alegro que te guste. Sobre el tema "lemon" realmente lo estuve replanteando pero es un tema taan intimo que cada uno tendrá su forma de imaginarselo! Aún así siempre veo a Sesshomaru al mando en ese tema, aunque Kagura pueda llegar a ser juguetona. :-) El tema de que tengan otro hijo tal vez será posible, según vaya escribiendo, pero si he de añadir familia me gustaía que fuera otro niño! Siempre he pensado que Sesshomaru tendría dos heredos masculinos y a Kagura en parte tambien le quedan bien :P (En caso de Inuyasha y Kagome en ese caso si que veo a la heredera como la niña, Inuyasha lo veo muy padre sobreprotector y algo tierno).
"NuriChany" Muchas gracias! Me alegro que te guste! De momento seguiré escribiendo hasta poder acabarlo.
Capítulo 20 : Importancia
Seis años atrás.
Sesshomaru aterrizó sobre una de las colinas cercanas al pueblo de su hermano. Una gruesa capa de nieve cubría toda la aldea. Estaba atardeciendo y el gran demonio vio cómo la gente volvía a sus casa después de trabajar árduamente la tierra fría. Cuando la gran mayoría de los aldeanos desaparecieron y la nieve volvió a caer, Sesshomaru se acercó a la cabaña de Rin, que compartía con Kaede. Inuyasha y Kagome, con Yuka de un año, vivían en otra choza.
'Señor Sesshomaru!' Rin apareció saliendo de su casa, un abrigo de paja a su alrededor, los pies cubiertos. '¡Hacía muchas semanas que no venía, mi señor!"
Sesshomaru asintió, mientras le entregaba un lujoso kimono violeta, algo más grueso para el invierno. Rin abrazó a su protector, recibiendo una palmada en su cabeza. El olor a su hermano hizo apartarse lentamente de la niña.
'Sesshomaru'
'Inuyasha' saludó. Kagome apareció detrás de su marido, abrigada con la parte de arriba de la túnica de rata de Inuyasha.
'Hola, Sesshomaru' saludó la sacerdotisa '¿Has venido a dar otro regalo a Rin?' Él asintió en silencio.
'¿Cómo está Kagura?' Inuyasha colocó las manos entre sus mangas, buscando el calor.
'Bien' comentó.
'Pero no le quedará mucho ¿no?' habló Kagome, sonriendo. Sesshomaru volvió a asentir. Haciendo ademán de despedirse, voló hacia casa sin decir una palabra.
Había estado fuera tres días, ocupándose de unos asuntos del sudoeste; un molesto clan rata había atacado una parte de sus tierras. Acabando con un movimiento de Bakusaiga con el debilucho jefe, Sesshomaru había ido a buscar un kimono para Rin y ahora volvía hacia casa.
La noche cayó y la nieve apareció como suaves copos que se derretían con el mínimo contacto de la piel.
Las luces del castillo iluminaron sus ojos desde la lejanía. Los techos negros de la construcción se volvieron blancos y el jardín albergaba un río casi congelado. Cuando Sesshomaru aterrizó los dos guardias se arrodillaron frente a él.
'Señor, su mujer está en la habitación' habló el primero, mirándole los pies. Sesshomaru frunció el ceño.
'¿Y qué?'
El otro demonio tragó saliva. 'Tenemos órdenes de la señora para no dejarle pasar, señor'
Una mueca de confusión apareció en el impasible rostro de Sesshomaru. Olfateó el lugar, sin recibir ninguna señal extraña. O eso, o la fría nieve y el helado ambiente le cubrieron la nariz.
'¿Qué queréis decir?' preguntó, con voz seria.
'La señora está de parto, señor' susurró. Sesshomaru notó como los pelos de la nuca se le erizaban y tragó saliva. 'Ha empezado esta mañana'
'He de entrar' Dando un paso adelante, los guardias se levantaron para correr hacia él, quien los ignoró. Entrando hacia el pasillo, dos mujeres se posaron frente a él, inclinando ligeramente la cabeza. Su habitación estaba al fondo, pero lograba oír algún que otro gimoteo de su mujer.
'Señor, no puede pasar' murmuró una de las doncellas. Sesshomaru volvió a fruncir el ceño.
'Tonterías, no podéis retenerme aquí'
'No, señor, pero hay que darle cierta intimidad' Una de las mujeres se inclinó de nuevo. 'Es lo que ha pedido la señora' Sesshomaru expiró sonoramente, intentando relajar los hombros sin conseguirlo. Entrecerrando levemente sus orbes doradas, miró a la cara a sus sirvientas.
'¿Está sola en la habitación?'
'Si, señor' Sesshomaru gruño, claramente irritado.
'¿Y porqué no hay ninguna doncella ayudándola?' las dos mujeres retrocedieron levemente ante la peligrosidad del comentario de su superior.
'Ha pedido estar completamente a solas, nosotras estamos aquí por si decide llamarnos'
Mujer terca.
Apretando los dientes, miró desde la lejanía la puerta que aguardaba a Kagura. No debería tener miedo a que el parto fuera mal. Ambos eran demonios y Kagura era suficientemente fuerte como para parir sin problema. Pero aún así, ¿sola?
Un gemido ahogado hizo temblar a su marido, quien apretó el puño. No podía estar parado sin hacer nada.
Gruñendo de nuevo y frunciendo el ceño, avanzó por el pasillo. Las dos criadas corrieron y se posaron frente a él, no dispuestas a tocarlo. Sesshomaru frenó y las fulminó con la mirada. Un grito procedente de la habitación le hizo enseñar los colmillos y volvió a caminar. Inconscientemente, y cumpliendo la orden de Kagura, las dos sirvientas le agarraron de un brazo, dispuestas a morir si hacía falta.
Sesshomaru se giró hacia ellas, levantando las uñas, cuando un llanto lo paralizó.
Los ojos se abrieron con sorpresa y lentamente giró la cabeza hacia el pasillo de nuevo, las mujeres soltando el agarre del kimono. Ambas corrieron y entraron en la habitación, y Sesshomaru no supo qué hacer. Parpadeó cuando una nueva llorera entró por sus oídos. Caminó con dificultad y con la boca seca, hasta pararse frente a la puerta entreabierta de su habitación. El olor a sangre no le molestó en absoluto, y, con cuidado, abrió la puerta, viendo cómo Kagura estaba recostada de lado, dándole la espalda. Una cálida sábana hasta los hombros y el cabello negro desparramado por la almohada. Las dos sirvientas cubrieron al recién nacido con una manta blanca y dejaron la habitación, haciendo una reverencia.
Sesshomaru se acercó a su mujer y, rodeándola, se sentó frente de ella. No parecía cansada pero entrecerró los ojos hacia el niño que tenía tumbado a su lado. Sesshomaru suspiró mientras miraba con curiosidad a su hijo. Un bebé con una media luna en la frente y una pequeña melena blanca en la parte superior de la cabeza sollozaba sin cesar. Pudo notar como el pecho se le inflaba con un extraño sentimiento.
El llanto no le molestó y, embobado, acarició la mejilla del niño, recibiendo un quejido por su parte. Kagura rió suavemente, aún tumbada.
'Tienes que elegir un nombre' dijo ella, cubriendo a su hijo con la sábana. Por un momento, el bebé pareció calmarse y Sesshomaru se acercó a su mujer, arrodillándose, mientras le plantaba un suave beso en la frente.
'Bien hecho'
Ella solo sonrió con ternura, abrazando el niño más hacia ella.
'¿Y bien?' Sesshomaru meditó. Miró alrededor y abrió la puerta exterior, dejando entrar un aire helador que acarició las mejillas de Kagura. 'Hey, que hace frío'
Su marido miró la media luna que se ceñía en el cielo, y luego dirigió la mirada hacia la nieve.
'Shiromaru' murmuró, cerrando la puerta que daba al jardín. Ella sonrió de nuevo, acariciando el niño. 'Se llamará Shiromaru'
'Shiromaru, ¿eh?' susurró ella, besándole en la luna. Sesshomaru se sentó de nuevo frente a ellos y no pudo evitar sonreír interiormente ante las escena.
'Te quiero, Kagura.'
