Hola! ¿Que tal? Muchas gracias de nuevo por algun review y por todas las visitas! Ya tenemos aquí el siguiente capítulo. Como dije unas semanas atrás tengo a medio escribir un AU de esta pareja. Cuando termine esta historia y tenga más avanzada la siguiente, intentaré subirla!

Inuyasha no me pertenece.

Capítulo 21: ¿Paz?

Quince años después.

Caminando entre los bosques cercanos al castillo, Shiromaru bostezó. Sus padres habían tenido que ir a ver a Totosai, ya que el abanico de su madre había sido aniquilado por… un familiar.

'¡Yuka! Eres suficientemente mayor para dejar de hacer esas tonterías' Kagome se acercó a su hija, de diecisiete años, que apuntaba hacia los árboles con unas flechas. ¡Flechas! ¡Flechas purificadoras!

'No te preocupes mamá, sólo estoy acabando de perfeccionar la puntería' Yuka solo sonrió, y apuntando de nuevo entre los árboles dejó ir la flecha cargada de energía espiritual. Hasta que una bruja del viento caminó entre ellos. Yuka jadeó y el único reflejo de Kagura fue levantar el abanico protegiéndose el rostro.

¿Resultado?

Abanico electrizante y completamente nulo de energía demoníaca. Incluso se podían ver manchas de chamusquina.

Kagome se tapó la boca con ambas manos y rezó. Yuka, por otra parte, tembló cómicamente. Cuando Kagura se dió cuenta de lo ocurrido, miró asesinamente a Yuka, quién sonrió rascándose la cabeza.

'Lo siento tía, no sabía que pasabas por aquí'

Y una ventana de aire producido por su misma energía demoníaca hizo volar a Yuka entre los arbustos.

Shiromaru rió, recordando la cara de su madre cuando llegó a casa ese día, explicando todo lo ocurrido mientras su padre escuchaba pacientemente. Habían pasado diez años de completa paz. El hijo de la pareja medía unos centímetros menos que su madre, pero aún mantenía ese rostro inmaduro en pleno crecimiento. El pelo blanco y largo como el de su padre se recogió en una cola alta que le hacía su madre de vez en cuando. Llevando un kimono negro con motivos de bambú blancos en la parte de arriba y en las mangas, carecía de armadura. Aún así, Kazen, su espada, descansaba sobre su obi rojo.

Su padre estaba orgulloso, pensó. Había mejorado mucho en el ámbito de la pelea. Pese a que los combates cuerpo a cuerpo no los había perfeccionado, la habilidad con la espada era casi perfecta. Había aprendido a volar, también, sin necesidad de pluma.

Una energía purificadora apareció en el ambiente. Shiromaru caminó hacia la fuente de poder y llegó a una pequeña casa de madera entre los árboles. Levantó las cejas sorprendido.

Esto es territorio de mi padre, ¿Que hace esto aquí?

Avanzando con cautela, Shiromaru preparó la espada, dispuesto a defenderse si aparecía un monje o una sacerdotisa. Una vez frente la puerta, la abrió lentamente, mostrando en su interior un altar. Levantando una ceja ante tal escena, guardó la espada, acercándose. Un cuenco de cenizas yacía sobre un podio de madera, cuatro velas rodeándolo. Detrás, una gran hacha.

Por el aspecto de la casa parecía que hacía días que no entraba nadie. Encogiéndose de hombros, salió, dispuesto a informarle a su padre sobre eso.

Una vez fuera de la cabaña y caminando lentamente, una energía demoníaca comenzó a emerger del altar, elevándose entre las nubes. Shiromaru se giró, sorprendido, pero la energía y la luz azul procedentes de la casa desaparecieron enseguida. Cuando Shiromaru volvió a adentrarse a la casa, el altar estaba sin cenizas.

Y sin hacha.

Shiromaru llegó al atardecer a su hogar. Kagura ya había vuelto con un nuevo abanico y con algo de mejor humor. Cuando entró a su habitación a dejar a Kanzen descansar sobre una mesa, su madre abrió la puerta.

'Ah, has vuelto'

'Si' haciendo una pausa y quitándose el kimono negro para quedarse en uno blanco, miró a su madre 'Necesito hablar con papá'

'¿Ha pasado algo?' preguntó, levantando una ceja. Shiromaru se encogió de hombros.

'He encontrado un altar en un bosque cercano y salió una energía' resumió, muy simplificadamente. Ella asintió.

'Está en su habitación'

Shiromaru golpeó suavemente la puerta antes de abrirla y pasar. Su padre escribía sobre un par de pergaminos. No levantó la vista del papel hasta que se sentó formalmente frente de la mesa.

'Padre, he de comentarte algo que he visto hoy' Sesshomaru no contestó y volvió a prestar atención a su escritura. Shiromaru continuó. 'He encontrado una casa con un altar de madera cerca de aquí.'

Su padre no contestó, pero le incitó a continuar. Shiromaru suspiró mentalmente. Dios, su padre a veces era realmente difícil de entender. Pese a que ambos eran casi iguales físicamente, el carácter de Shiromaru había cambiado de callado y frío como su padre a más expresivo, como Kagura. Inspirando de nuevo, habló.

'Cuando entré había unas velas con unas cenizas'

'Típico de un altar, habrá muerto algún humano' dijo su padre, sin dejar de escribir. Shiro negó.

'Salió energía demoníaca cuando me fui' su padre dejó de escribir y frunció un poco el ceño.

'¿Energía demoníaca?'

'Sí, cuando volví a entrar habían desaparecido las cenizas y el arma' Sesshomaru volvió a entrecerrar los ojos y dejó el pincel sobre la mesa.

'¿Un arma?' Su hijo asintió. '¿Qué tipo de arma?'

'Una gran hacha, padre'

Su padre le comentó que mañana al amanecer irían juntos hacia la cabaña y Shiromaru asintió, volviendo a su habitación para descansar. Cuando su hijo salió por la puerta, suspiró. Kagura entró a la habitación escasos minutos después, con el pelo húmedo y una toalla sobre sus hombros.

'¿Todo bien?'

'Sí' murmuró, enrollando el papiro. 'Todo bien'