Hola amigas y amigos. gracias por esperar y dejar comentarios. me alegra mucho que les este gustando. queria avisarles que el proximo capitulo será el final. pronto lo voy a estar enviando y va a ser mas largo que los capitulos anteriores. gracias! (dbs y dbz y sus personajes no me pertencen, son obra de akira toriyama)
Capitulo 4
Trunks le enseñaba a Bulla las diferentes flores que los rodeaban. Tenía la sensación de que había heredado el gusto por las flores de su abuela, y ya que aún era pequeña para explorar por ella misma, él decidió acercarle la naturaleza.
Ella sonreía y extendía sus brazos en dirección a las flores. Él iba colocándolas a su alrededor una a una, llenando la manta sobre la que la bebé descansaba. De repente, sus abuelo aterrizó junto a ellos.
- ¡Hola, abuelito! – dijo alegremente Trunks. - ¿Vienes a jugar con nosotros?
El Rey odiaba que lo llamaran abuelo. Ese no era su título. Su título era el de Rey. No importa que fuese su nieto, no podía dirigirse a él con tanta informalidad.
"No me extraña. Después de todo es criado por esa mujer vulgar", pensó. Sin embargo, debía ser inteligente si quería obtener resultados. No era momento de reprimendas.
- ¿Por qué no tienes tu cola de Saiyayin?- empezó la conversación el soberano.
- No lo sé. Creo que mi papá la arranco cuando nací.- respondió dubitativamente Trunks.
- Pero es una parte importante de nuestro cuerpo.
- Papá dice que no es necesaria. Él es muy fuerte y no tiene cola.
- Eres muy fuerte para ser un niño, ¿lo sabías?
- Por supuesto. Mi papá dice que soy más fuerte que él a su edad, y también que el viejo Freezer. El Freezer actual es más fuerte que yo.
El Rey Vegeta sintió que se le helaba la sangre. Había olvidado a Freezer. La calma y la realidad de su hijo lo habían cegado.
- ¿Freezer aún está vivo? – preguntó con la voz temblorosa.
- Si. Fue revivido hace poco- respondió el niño con tranquilidad mientras acomodaba flores alrededor de su hermana.
- Sabes la historia de Freezer y nuestro planeta, ¿Verdad? Eres un príncipe de nuestra raza, después de todo.
- Si. Mi mamá me la contó.
- ¿Tu madre?
- Si. A mi papá no le gusta hablar demasiado sobre ese tema. – explicó Trunks.
- ¿Tu padre no te enseño nada saiyayin?- dijo con fastidio.
- ¡Si! Me enseñó a pelear y un poco del idioma.
- ¿Nada más?
- No. ¿Hay algo más para saber?
- Al fin y al cabo eres el heredero de nuestra raza. Deberías saber todos lo necesario para convertirte en gobernante.- señaló con seriedad.
- Ay abuelito, eres muy gracioso- contestó riendo.- ¡Âmi apanara rasikáta bhalasaba!
- ¡No es una broma! Claramente tu padre no quiere continuar el legado de nuestra raza, pero tú eres muy fuerte, puedes hacerlo. Aún eres muy joven. Serás grande y derrotaras a Vegeta.
- Gracias, abuelo, pero papá es mi maestro y… mi padre. Quiero ser como él algún día. Mi mamá y mi papá son mis héroes.
- ¿Qué puedes admirar de esa mujer? – bufó sin pensar el Saiyayin.
- Mamá es muy fuerte a su manera. También es una genio, y hace que mi papá sea más genial.
El Rey Vegeta se molestó. Sabía que esa zorra tenía culpa en la situación de su hijo. A pesar de que fuera fuerte, ese niño tenía mucho de esa mujer. Le llevaría años encaminarlo correctamente, y no tenía ese tiempo, ni en quien encomendar esa tarea. Sin mediar palabra se marchó rápidamente en busca de Vegeta.
El príncipe estaba por entrar a entrenar cuando sintió que su padre se aproximaba. Sabía muy bien que no eran buenas noticias.
- Ya he sido lo suficientemente paciente, Vegeta. Pero se acabó.
- ¿Qué quieres ahora?- preguntó con resignación el Saiyayin.
- Quiero que me hables claro. ¿Por qué estás aquí?
- No quiero tener esta conversación contigo. – bufó Vegeta.
- Tal vez no quieres porque en el fondo sabes que tengo razón. Dime el por qué. Quiero entender por qué estás aquí en particular, en esta vida, con estas personas.
- Las cosas se dieron así,¿Qué quieres que te diga?- señaló evasivamente.- tienes demasiadas pretensiones para estar muerto y no haber podido derrotar a nuestros enemigos, condenando a nuestra raza.
Vegeta empezaba a exasperarse. Lo fastidiaba grandemente seguir dando vueltas sobre eso y su padre insistía una y otra vez sobre lo mismo.
- ¿Querías esto para tu vida? – preguntó con una calma poco característica del Rey.
- No lo sé.
- ¿Pensabas que así sería tu futuro?
- No lo sé- respondió Vegeta mientras intentaba alejarse del Rey, sin éxito alguno.
- Eres un principe. Mis responsabilidades ahora son tus responsabilidades. ¿Las vas a evadir?
- No lo sé.- volvió a responder elevando el tono.
- ¿Realmente elegirías esta realidad por sobre todas las demás?
- ¡No lo se!- gritó con enojo el príncipe, sin percatarse de que Bulma había entrado en la habitación.
Vegeta sintió un escalofrío. Ella lo miró fríamente un instante, tomó las cosas que había ido a buscar y se volteó para marcharse.
- ¡Espera!- le gritó para evitar que se fuera- No es lo que intentaba decir…- susurró al ver que ella no se había detenido ante su llamado.
El Rey Vegeta sintió por primera vez un leve sabor a triunfo.
- Tu actualidad es muy atractiva, Vegeta. Vives en paz, en un buen lugar, eres muy fuerte. Pero has estás evadiendo tu destino por mucho tiempo ya. Las dudas son la prueba de ello. Sabes muy bien que como príncipe no puedes tener la misma libertad que otras personas. – explicaba el Rey con seguridad – No quisiera volver a morir sabiendo que te estás engañando a ti mismo y arruinando la única posibilidad de restaurar nuestra raza a causa de ello.
El Rey le tocó el hombro a su hijo y se alejó pacíficamente. La semilla estaba plantada y parecía germinar.
Vegeta se quedó allí, sabiendo que estaba cometiendo error tras error. Los ojos de Bulma le decían todo. No estaba dolida, no estaba enojada. No sabía qué pensar. Él no había querido decir lo que había dicho. La conversación lo había presionado mucho hasta llegar a ese punto. Debía buscarla y aclarar las cosas, pero cuando encontró a su hijo Trunks, él le explicó que ella se había marchado y no le había dicho cuándo volvería.
Vegeta espero ansioso que su esposa volviera, y salió disparado cuando la puerta se abrió, sin embargo, no era ella.
- ¡Cariño! – gritó la madre de Bulma. - ¿Por qué no me dijiste que tu padre estaba de visita? Hubiese preparado algo muy especial para cenar y me hubiese arreglado más.
El principe la miró esperando que llegara a la parte importante de la conversación: que le dijera dónde estaba Bulma y cuándo volvería.
- Bulma me explicó que debía resolver algunos asuntos y que necesitaba irse unos días. Dice que nos encarguemos tú y yo de los niños. ¿No crees que será divertido? – dijo con entusiasmo.
Vegeta no quería preocuparse, pero no podía evitar pensar que ella se había marchado por su causa. ¿Qué estaba pasando por la cabeza de la mujer?
¿Qué debía hacer? Ir en su búsqueda no parecía buena. Solo podía esperar.
Trunks y Bulla ocuparían su tiempo. Ambos eran muy demandantes y eso lo ayudaría a mantener la cabeza ocupada, sin embargo, las noches eran distintas. La cama vacía traía los peores sentimientos. Solo en una oportunidad Bulma se había marchado de su lado por un varios días. Pero aquella vez ella se había ido enojada. Esta vez no comprendía qué le estaría sucediendo a la peliazul.
Durante la noche daba vueltas entre las sábanas y se perdía en sus pensamientos.
Mientras tanto, su padre se vanagloriaba en su éxito. Estaba cerca de lograr lo que quería. Se dedicó a disfrutar esa sensación de satisfacción. Todo parecía mejor desde aquella conversación con Vegeta. El clima le parecía agradable, la comida más deliciosa y hasta se daba el lujo de tomar siestas en diferentes lados de la casa, y a cualquier hora.
- ¡Hola lindura, es un placer conocerte- escuchó sorpresivamente un día.
Se levantó del sillón donde se había relajado y una mujer muy extraña se ubicaba frente a él.
- Soy la madre de Bulma. Estoy cuidando a los niños, pero debo ir a mi casa a buscar algunas cosas. Necesito que vigiles a Bulla durante unos minutos. Gracias. – explicó sin esperar una respuesta mientras se marchaba.
El Rey no pensaba obedecer las órdenes de otra mujer de clase baja. Miró el corralito donde la pequeña estaba recostada y jugando. Trunks no estaba lejos y dormía profundamente sobre unas colchas. De alguna manera le pareció una escena ya familiar. En el fondo, muy en lo profundo de su ser, él sintió envidia de esos niños. Se los veía relajados y felices. El Rey reconoció que a pesar de no tener rasgos saiyayines, podían ser consideradas lindas criaturas.
Cuando el niño dormía le recodaba mucho a Vegeta. El príncipe solía hacer movimientos con la nariz mientras soñaba y aparentemente su hijo había heredado eso. Sin notarlo, en el rostro del Rey se dibujó una pequeña sonrisa. Sin embargo, de repente, Trunks empezó a moverse como si su sueño ya no fuese tan agradable. Su abuelo no tardó mucho en levarse y acercarse a él.
- Despierta, niño. – le decía mientras le sacudía el brazo.
Trunks abrió los ojos perezosamente y cuando vio al Rey sonrió.
- Gracias, abuelo. Estaba teniendo una pesadilla.
El pequeño Saiyayin se frotó lo ojos, bostezó y miró fijamente a Bulla.
- Abuelo… - le dijo al Rey, que se había sentado a su lado.
- ¿Qué?
- ¿Cuánto tiempo te quedas?
El Rey Vegeta rió para sus adentros. Todos estaban ansiosos por que su tiempo se acabara pronto.
- ¿Tú también estás ansioso de que me vaya?- preguntó
- En realidad quisiera pasar más tiempo contigo. Podemos planificar alguna actividad de abuelo-nieto.
- ¿Actividad de abuelo…nieto?- dijo lentamente intentando comprender el significado.
- ¡Si! Con mi papá tenemos nuestras actividades de padre-hijo. Estuve todos estos días pensando qué podíamos hacer tú y yo pero aún no se me ocurre nada. Acampar es la única idea.
El niño había estado pensando en él todo este tiempo. Eso era algo que no se esperaba. Era algo a lo que no estaba acostumbrado. Tal vez era porque aún pensaba como Saiyayin y creía tratar con otros saiyayines, pero su nieto era un híbrido, y al parecer, eso tenía sus ventajas.
- ¿Por qué?- preguntó el Rey.
- Porque el clima está muy agradable en esta época. Mamá compró hace poco un equipo para acampar y todavía no pudimos usarlo, y…
- No. ¿Por qué quieres pasa tiempo conmigo? ¿Acaso no te diste cuenta que intento quitarte a tu padre?- confesó.
- Porque eres mi abuelito y te quiero.- explicó con simpleza el niño.- Mi mamá me explicó que los saiyayines suelen rechazar las cosas como el cariño y la familia, pero es porque aún no saben de lo que se pierden.
En ese momento Bulla empezó a hacer burbujas con la boca y Trunks fue rápidamente a buscarla.
- ¡Mamá y papá ya te dijeron que no hagas eso? – la regañó suavemente.
El niño volvió al sillón con su hermana en brazos, pero aún estaba aprendiendo cómo sostenerla.
El Rey Vegeta los miró. No eran saiyayines. Eran monstruos como nunca antes había podido detenerse a conocer.
- Ven, debes poner el brazo aquí abajo- le explicó mientras le tomaba el brazo al niño y se lo acomodaba por debajo de la cabeza de su hermana.- Imagina que tus brazos son su cuna. Necesita estar firme.
- ¡Gracias, abuelo!- agradeció Trunks con una enorme sonrisa de niño mestizo.
