Amigos y amigas, llegamos al final! Espero que disfruten leerlo como yo al escribirlo. Estaré subiendo otras historias, pero como ya dije, no suelo subir nada que no esté terminado o cerca de estarlo. Gracias por el apoyo y la paciencia. Saludos! (Dbs y dbz junto a sus personajes no me pertenecen, son obra de Akira Toriyama)
Capitulo 5
Sus manos recorrían la suave y blanca piel de la mujer que frente a él se ubicaba. Conocía esas curvas de memoria, como si se tratara de su propio cuerpo. Conocía la forma de su ombligo, el tamaño de sus pechos, la firmeza de sus hombros, la sensación de sus propios labios al besarla completa. Tenía miedo de tratarla con fiereza. La había extrañado.
Acarició su sedoso pelo corto y cerró los ojos para perderse en la delicadeza de su piel.
- Bulma- la llamó en un susurró con su voz vibrante.
El dulce perfume que desprendía el cuerpo de la mujer lo inundó. Nada olía como ella en ningún rincón del universo.
- ¿Quién es Bulma? – escuchó que respondía la mujer frente a él.
Abruptamente abrió los ojos y su esposa no estaba allí. Todo aquello que era conocido para él desapareció y ya nada le resultaba familiar. Ante él, una mujer de largo cabello negro y ojos oscuros lo miraba extrañada.
Miró la desconocida habitación rocosa que los cubría, la cama en la que estaba sentado, las largas y oscuras cortinas y los extraños cuadros y símbolos que lo rodeaban.
- ¿Sucede algo, Príncipe Vegeta?- le preguntó con respeto y distancia aquella mujer.
Sintió que el aire lo ahogaba. Se miró las manos y se tocó el rostro, intentando darle sentido a lo que sucedía a su alrededor. La mujer seguía hablando pero su voz sonaba lejana. Un dolor en el pecho lo mareó, cerró los ojos y al abrirlos de repente, se encontró en su propia habitación. Estaba agitado y sudando mucho.
Vegeta acarició las sábanas blancas con desesperación. Miró las fotos de su familia y las cosas que se ubicaban en esos familiares muebles.
Todo había sido un mal sueño. Bulma no estaba allí.
- Ya fue suficiente. Es hora de ordenar las cosas – se dijo mientras salía de la cama para vestirse.
Vegeta pensó que se levantaría y podría solucionar las cosas fácilmente, pero nada salió según la planeado. En la casa no había nadie. La madre de Bulma estaba cuidando de Bulla en la cocina y le había explicado que todos habían salido temprano en la mañana. Sin embargo, como buena noticia, también le dijo que Bulma estaba regresando.
Vegeta miró a Bulla y cayó en la cuenta de que no había estado pendiente de ella en todos esos días caóticos. Pensaba ir en busca de su padre, pero antes de eso decidió cuidar de la pequeña.
En la tarde, su padre regresó. Para su sorpresa, el Rey Saiyayin no estaba solo: su hijo Trunks había estado con él. Vegeta tuvo sentimientos contradictorios al entender que no corría ningún riesgo por ser más fuerte que su abuelo, y al mismo tiempo, preocuparse por él como todo padre haría. Se asombró mucho al verlo reír y al notar la leve sonrisa del Rey.
Trunks saludó a su padre y voló a ducharse sin dar ninguna explicación.
Vegeta miró a su padre, como si esperase que dijera algo sobre lo que estuvieron haciendo juntos.
- Se le metió en la cabeza que me debía enseñar a convertirme en súper Saiyayin.- explicó el Rey.
Vegeta rió para sus adentros y no hizo comentarios. Después le preguntaría a Trunks.
- Necesito hablar contigo- dijo el príncipe.
De repente, en la habitación apareció Bulma con ropa casual, al parecer se había tomado un descanso del laboratorio. Ella se sorprendió de que ambos saiyayines estuviesen allí.
- Lo siento. Ya me voy- se disculpó.
- ¡Espera! – gritó Vegeta. – Quédate.
El príncipe volvió la vista a su expectante padre.
- Tenias razón. – le dijo – Si las cosas hubiesen seguido su curso natural, nunca hubiese elegido la vida que tengo hoy en día. Hubiese sido una locura pensarlo. Hubiese hecho todo lo que esperaban de mi. Convertirme en su gobernante, elegir una mujer Saiyayin, criar a mis hijos de otra manera, conquistar otros planetas y si me hubiesen ofrecido cambiar esa realidad hubiese dicho que "no". Nunca hubiese deseado vivir como vivo hoy.
El Rey Vegeta se sorprendió de que reconociera todo eso con tanta tranquilidad y frente a su esposa.
- Pero…nunca hubiese elegido esta vida por sobre otra, porque nunca me hubiese dado la oportunidad de conocer otra cosa. Hubiese vivido toda mi vida siendo alguien que en realidad no soy, y ni siquiera me lo hubiese cuestionado porque no habría sido consciente de ello. Nunca hubiese podido lograr ser tan feliz como lo puedo ser en esta vida. Tal vez no lo entiendas porque la felicidad es muy banal para los saiyayines, y lo sé porque vivo en esta realidad y ahora lo comprendo.
Hubiese vivido siendo una persona que en realidad no soy. Hoy entiendo que soy el verdadero Vegeta, y eso es suficiente para mi. Otros podrían burlarse porque me tildarían de débil, pero sé que no soy débil por ser quien soy y elegir a mi familia.
- Pasaste demasiado tiempo con humanos…- señaló su padre.
- Si, es exactamente lo que pensaría un Saiyayin.
- ¿Acaso ya no te consideras un Saiyayin?- preguntó el Rey con cierta ironía.
- Por supuesto que me considero. Sigo siendo su príncipe y no reniego por ello. Me siento orgulloso. Hay miles de cosas que haría por mi raza, pero negar o abandonar a mi familia no es una de ellas.
El Rey suspiró. Lo que decía Vegeta era verdad. Como Saiyayin no lograba entender lo que le decía su hijo.
- Pienso que eres débil – le respondió.
- No me importa.
- Y patético
- No me importa- insistió Vegeta.- Sé quien soy. Nada de lo que me digas va a hacerme dudar.
- Estúpido- lo insultó el Rey.
Vegeta se molestó con su padre, pero repentinamente una columna de luz atravesó el cielo, cegándolos y desconcertándolos. La luz fue desapareciendo y Bills y Whiss aparecieron ante ellos.
- Buenas noches- saludó con soberbia el dios de la destrucción.
El Rey Vegeta sintió pánico al verlo. El ser más poderoso que había conocido alguna vez. Alguien que lo había humillado y no había podido hacer nada para evitarlo.
- Que sorpresa, Rey Vegeta. No sabía que estabas vivo.
- No lo estaré mucho tiempo, señor. – respondió el Saiyayin mientras se ponía de rodillas y hacía una reverencia.
Miró a Vegeta y a su esposa y se percató de que ninguno se inclinaba ante el dios de la destrucción y eso lo espantó. Tal vez no sabían quién era. ¿Por qué estaría ahi?
- Tal vez debería jugar contigo antes de que pierda esa oportunidad- sugirió Bills.
Vegeta se paró frente al dios, interponiéndose entre él y su padre.
- No puedo dejarte hacer eso- le dijo el príncipe.
- ¿Qué estás haciendo Vegeta?- le preguntó su padre con desesperación.
- Te protejo – contestó.
- Me queda poco tiempo. No vale la pena que te expongas por mi.
- Eres mi padre. Cuando te dije que no niego ni abandono a mi familia, te incluye a ti. – explicó el príncipe mientras empezaba a caminar hacia el dios de la destrucción.
En solo un segundo, Vegeta se convirtió en súper Saiyayin y elevándose junto a Bills empezó su pelea en pleno cielo oscuro.
El Rey sentía el sudor frío que le recorría la nuca y odió tener que volver a experimentar ese tipo de miedo. No despegaba ni un segundo la vista del cielo.
Vegeta peleaba con destreza contra Bills, pero este era más fuerte. No tardó mucho en pasar a su estado de súper Saiyayin blue, iluminándose de ese brillo azul y ese aura superior. De esa forma podría seguirle mejor el ritmo al dios. Estaba decidido y había entrenado mucho para tener la capacidad de pelear contra los dioses.
- ¿Qué… Qué es eso? – preguntó el Rey sin comprender qué sucedía y porqué Vegeta podía pelear con Bills.
- Es un nivel de pelea muy superior al del súper Saiyayin común. El señor Vegeta y el señor Goku han estado entrenando muy duro para alcanzarlo.- explicó el sirviente de Bills.
El Rey Vegeta sentía que estaba soñando. Su hijo no podía ser tan fuerte. Era imposible, sin embargo, la escena frente a sus ojos le demostraban otra cosa.
- ¡Fue suficiente! – gritó Bulma- ¡La cena ya está lista, a punto de ser servida, bajen de ahí!
El Rey la miró con evidente sorpresa. Ella estaba tranquila. ¿No tenía miedo de que algo le ocurriera a Vegeta?
Bulma miró al padre de su esposo y él sonrió.
- Siempre se inventan alguna excusa para pelear. Son tan orgullosos que no pueden admitir que les gusta hacerlo. – bufó Bulma. – No te preocupes, ya bajarán.
Por la puerta a sus espaldas Goku hizo su aparición.
- ¿Ya empezaron a pelear sin mi? – se quejó el torpe Saiyayin.
- Ni se te ocurra sumarte. Ya comida está siendo servida. – lo regañó la peliazul.
Bills y Vegeta se miraron, observaron de reojo que la fiesta estaba por comenzar, por lo que empezaron a descender.
- Los demás ya están en el otro balcón esperándolos a ustedes- explicó Bulma.
Todos empezaron a dirigirse al otro balcón, pero el Rey Vegeta se sentía desconcertado. Su hijo lo miró y lo llamó para que también fuera.
Al otro lado de la casa todo el grupo aguardaba en largas mesas puestas para la ocasión. Había comida de diferentes orígenes y de diversas formas de elaboración. Bills y Whiss estaban encantados.
- Luego veré qué hacer contigo- le dijo el dios al Rey Vegeta.
- Mandé a prepararte algo muy especial para ti, pero si le haces algo, ¡olvídalo!- amenazó Bulma.
- ¡¿Qué preparaste?!- preguntó exaltado Bills.
- Ya te dije que lo olvidaras…
- Te prometo que no le haré nada- rogó el dios de la destrucción.
- ¿Quién es el hombre de barba? – preguntó Goku mientras perdía su mirada en las fuertes de comida que inundaban la mesa.
Bulma golpeó a su amigo y tiró de su oreja para acercarlo a su rostro.
- Es el padre de Vegeta. No seas irrespetuoso.- le dijo.
- Hola señor, es un gusto conocerlo- saludó mientras agitaba su mano y empezaba a agarrar comida.
- ¡Goku! ¡Búscate un plato! – le ordenó su esposa que lo estaba observando.
El Rey miraba todo y a todos y cada vez comprendía menos lo que ocurría. Bills y Whiss ya están sentado comiendo y hablando con todos esos seres de clase baja. La esposa de Vegeta podía retar al dios de la destrucción. Ese ser que lo había marcado para siempre. ¿Quién era Bulma en realidad?
- ¿Por qué están aquí?- preguntó a su hijo.
- Es muy largo de explicar, pero… Bulma siempre los invita a comer.
Vegeta se acercó a la mesa. El Rey miraba la escena y no sabía si aún continuaba con vida. Se alejó del bullicio y se acomodó sobre la barandilla del balcón para mirar las estrellas. A sus espaldas las risas y las peleas por comida continuaban. Miró a Vegeta en su nuevo mundo y comprendió que en realidad no sabía quién era su hijo. Sus miradas se encontraron y el príncipe no tardó en acercarse a él.
- Deberías arrimarte a la mesa.- le sugirió.
Su padre suspiró.
- Lo siento- le dijo.
- ¿Por qué? – preguntó confundido, Vegeta.
- Te llamé débil. – explicó antes de hacer una pausa.- Eres más fuerte de lo que nunca imaginé que se podía llegar a ser. Tu esposa es especial de formas impensables para mi, y tus hijos son los niños más completos y profundos que conocí en mi vida. Tu realidad al lado de la que yo podía ofrecerte es envidiable y única. Es totalmente diferente de lo que un Saiyayin podría idealizar, pero es mejor. Ya no importan las suposiciones. Todo fue como debía ser. Este era tu destino.
Vegeta se sorprendió de las palabras de su padre. Sin dudarlo le tocó el hombro y empujó su cuerpo para que lo acompañara a la mesa.
- Dice Trunks que está guardándote un lugar junto al suyo.
El Rey rió levemente.
- Es muy demandante- opinó.
- Si, igual que su madre- agregó Vegeta.
- No la culpes solo a ella. Tú también eras muy demandante de niño.- lo regañó antes de ir a ver a su nieto, a quien se le iluminó la mirada al notar que el Rey iba en dirección a él.
- Es mi abuelito "el Rey" – le explicaba a Goten y a la familia de Gohan, quienes estaba sentados cerca de él.
Vegeta entró nuevamente a la casa. Bulma estaba buscando algo en los cajones de una gran mesada cuando se encontraron. Ella lo miró y luego siguió con lo suyo.
El Saiyayin se acercó tímidamente y se paró junto a ella, esperando que interrumpiera su búsqueda y le regalara unos minutos.
Bulma se dio vuelta, tomó un objeto de un cajón y se lo entregó a Vegeta.
- ¿Qué es esto?- preguntó.
- El regalo de Trunks.
- ¿Por qué te fuiste?
- Tenía que preparar las cosas para la cena. – explicaba ella mientras continuaba moviendo papeles, objetos y miraba de aquí para allá, como si estuviese nerviosa.
- ¿Por qué no me lo dijiste?
- Estaba un poco molesta contigo, lo admito.
- ¿Solo un poco?- bromeó el Saiyayin.
- Bueno, tal vez un poco más que eso. – respondió mientras guardaba unos paquetes que había sacado.
Vegeta la tomó de las muñecas para que solo se centrara en la conversación.
- ¿De verdad creíste que sería capaz de abandonarte?
- "No lo sé"- se burló Bulma.
- Muy gracioso – dijo Vegeta mientras soltaba las manos de la peliazul para acercarla por la cintura. - ¿Me hubieses dejado marchar?
- ¡Por supuesto que no!- respondió rápidamente Bulma.- ¿eso es lo que te gustaría escuchar? Me sorprende que me preguntes eso. Me hubiese muerto deseando convencerte de que te quedes conmigo, pero nosotros no somos así.
Ella lo miró con sus ojos profundos. Cada vez que la veía, recordaba cuando él había empezado a vivir en su casa. Él se parecía mucho a su padre en esa época. Nunca había sido tan libre como cuando conoció a Bulma y empezó la vida junto a ella.
Su esposa estaba por deshacer el abrazo para volver a la cena.
- ¿A dónde vas?- le preguntó mientras la mantenía junto a él.
- Ya me ausenté mucho. Tengo que volver.
- ¿No podemos irnos de la reunión?- sugirió el Saiyayin.
- Vegeta…- bufó Bulma. – No me des ideas.
El príncipe se acercó y besó los labios de su mujer. Esta vez sí era ella. Bulma lo tomó de la mano y lo arrastró tras ella. Pensándolo bien, tal vez no eran tan libre como pensaba, o tal vez si. Pero eso no importaba, porque las cosas le gustaba así.
Vegeta volvió junto a su padre. Trunks lo invadía con sus charlas. Ya había tomado confianza y ahora nada lo detendría.
- Dame un minuto con él- le ordenó Vegeta a su hijo.
- Gracias. Ya no comprendía del todo de qué me estaba hablando- confesó el Rey.
- ¿Sabias que puedes revivir de forma permanente?
- Si. Me contaron de las esferas del dragón, pero no quiero hacerlo.
- ¿Estás seguro? Mi esposa creó el radar para encontrarlas fácilmente. No tardaría más que unos minutos.
- No importa.- respondió el Rey- Ya no pertenezco a este mundo, y no me refiero al mundo de los vivos. Quiero decir que todo está tan cambiado que me parece irreal. No es un buen lugar para mi.
- ¿Estás seguro? Me parece una tontería lo que dices.
- Si. Estoy seguro. No creo poder pasar las tardes tomando té con el dios de la destrucción.
A Vegeta le pareció graciosa la idea, pero al mismo tiempo le resultaba extraño pensar en que pronto ya no estaría.
- No sé exactamente cuánto tiempo tenga todavía, pero sé que lo suficiente como para ir a ver a tu hermano Tarble.
- ¿Te iras?
- Si, pero primero debo hacer no sé qué con tu hijo.
- ¿Acampar? De seguro te quiere llevar a acampar.
Ambos saiyayines sonrieron y volvieron a centrarse en la cena.
Todos estaban comiendo y riendo, inclusive Bills, quien ya estaba buscando motivos para pelear con Goku. Piccolo le mostraba a Krilin cómo preparar el plato de comida para que le resultara más atractivo a Maron. retenía a Boo, quien quería ir a robar la bebida de Whiss. Milk continuaba regañando a Goku por su mala influencia a Goten y el resto de sus amigos reían por ello.
El presente era una suma de millones de pequeñas casualidades que confluían en solo un instante. Ese momento no era un capricho. Era el resultado de muchas decisiones, de mucho dolor, de muchos buenos momentos. En ese segundo, Vegeta y Bulma comprendieron que sí existe el destino, y estaba allí, frente a ellos, diciéndoles que eran capaces de construir lo que quisieran, que solo debían ponerse manos a la obra.
