Pasé dos meses más junto a Jesús y la comunidad de Hilltop. Al principio Gregory se había sorprendido con mi llegada, pero una rápida mirada lasciva recorriéndome el cuerpo le convenció para permitirme quedarme. Cincuentón de pelo blanco lascivo, cobarde y líder de una comunidad en una apocalipsis. Sin duda encantador. Después de salir con Jesús en busca de comunidades y víveres un par de veces, el idiota de mi líder acabó por aceptarme en la comunidad permanentemente.

Jesús y yo prácticamente nos hemos convertido en hermanos en este tiempo compartido. En una de nuestras excursiones, como prueba de nuestra nueva "relación de hermandad", Jesús me regaló un pañuelo rojo similar al suyo marrón. Según él es importante que la sangre de muerto no te entre por la boca.

Un mes después de mi llegada encontramos El Reino, un lugar seguro de fantasía donde se rinde homenaje a Ezequiel, un chiflado con un tigre. Después de hablar un par de veces con él se ve que no es un mal tipo, a pesar de su extraña forma de hablar, como si la vida fuese una obra de teatro.

Terminamos por hacernos unos buenos amigos personales del rey, así como unos aliados para la comunidad vecina. Ellos también se encuentran bajo el yugo de los Salvadores.

Estúpidos Salvadores.

- Vamos Gregory - la voz rasposa del extraño hace que coloque una mueca de asco de forma instantánea. Jesús me pega un codazo para que me comporte, aunque simplemente le ignoro, lanzándole una mirada condescendiente. Sigo teniendo miedo de los muertos y la oscuridad, pero no de un idiota como ese - Ya sabes cómo va esto ¿verdad? Hilltop NUNCA - hace hincapié en la palabra - ha tenido faltas en ninguna entrega y... ¿Qué tenemos aquí? ¡Nos habéis entregado menos de lo acordado! - chasquea la lengua.

- Vamos Simon - trata de tranquilizarle Gregory con voz temerosa, aunque bien podría ser su voz real de idiota asustado ante un imbécil con bigote - Simplemente...

- ¿Sabes qué Gregory? - comenta con una sonrisa falsa, interrumpiéndole - Creo que me he cansado de tu absurdo parloteo. Te he pedido a los recolectores.

- Y aquí estamos - interviene Jesús, provocando que la atención de Simon recaiga sobre nosotros.

El hombre, mano derecha del supuesto líder de los Salvadores al que no hemos visto nunca, se acerca hacia nosotros, mirándonos con desdén. Yo entrecierro los ojos.

- Pedimos medicinas - inquiere, centrando su mirada en Jesús.

-Hemos estado buscando suministros médicos en un radio de 30 km a la redonda - explica, mirándome de reojo.

Consigue que la atención de Simon recaiga sobre mí.

- ¿30 km? - se burla - ¡ALEJAOS MÁS! Eso no es una excusa para no cumplir con el pedido.

La voz de Gregory resuena por la sala, excusándose. Simon lo acalla con un grito.

- ¿Y tú preciosa? ¿Algo que objetar?

Aprieto la mandíbula para no hacer ninguna estupidez.

- Encontramos un lugar con suministros a unos 40 km. Estaba anocheciendo. Mañana teníamos pensado...

- ¿¡MÁS EXCUSAS!? - me grita en la cara y mis ojos brillan de indignación. Jesús me agarra de la mano pero ya es tarde.

- Las medicinas no caen del cielo princesa - siseo, soltando el máximo veneno en cada palabra -Mueve tu culo a buscarlas. No me estoy jugando el cuello cada vez que salgo para que me hables así.

Odio la incompetencia humana.

Jesús aprieta aún más mi mano. Gregory lanza un quejido lastimero ante mis palabras. Simon al principio muestra una mueca sorprendida, como si no pudiese creer lo que acaba de escuchar. Luego se gira hacia Gregory, buscando una explicación, conteniéndose.

- Solo es una puta - es la salida de Gregory. - Ignora sus palabras...

Simon se gira hacia mí con una ceja levantada aunque yo no le estoy prestando atención. Mis ojos están ardiendo de ira, clavados en Gregory. No quería responderle utilizando ese insulto contra su madre, la pobre mujer bastante había tenido con él.

- ¿Y bien? ¿Eso eres? - inquiere Simon.

Jesús relaja mi agarre, dándose cuenta que Simon parece más divertido que enfadado.

- Sí, eso soy - le respondo con voz inocente, sonriéndole. El hombre parece decepcionado.

- Pues como puta tendrás tu castigo por faltarme al respe...

- Soy una puta, según Gregory - le interrumpo, aunque clavo mi mirada en el líder de la comunidad - ¿Verdad? Aunque además, si no recuerdo mal... - me quedo pensativa - soy la puta que te trae medicinas, la puta que te salva el culo estando en lo alto de ese muro, la puta que paga las deudas de los Salvadores, la puta que sabe - me voy acercando a él - ¡Hacer algo más que sentarse en un sillón viendo cómo los demás se parten la espalda por mí! - saco velozmente un cuchillo del pantalón y lo clavo en la chaqueta de Gregory, dejándolo atrapado contra la silla - Pero una puta al fin y al cabo - elevo los brazos.

- ¿¡Cómo te atreves a tratarme así!? - trata de sacar el cuchillo de su chaqueta para ponerse en una posición de autoridad, aunque por mucho que tira no lo consigue - ¡Yo construí este lugar! - consigue zafarse del cuchillo, poniéndose en pie y recolocándose la ropa, aclarando su garganta - ¡Te acepté cuando Jesús te trajo sin hogar! ¡Abrí mis muros a ti!

- Y tus piernas. Ese fue el primer ofrecimiento rechazado, si mal no recuerdo - susurro con las mejillas rojas de ira - ¿Quizá perdura tu ofrecimiento? ¿Tu desesperación?

- ¡Te he oído maldita sinvergüenza! ¡No tienes sentido del agradecimiento!

- Suficiente - interviene Simon. Miro hacia Jesús, que está blanco. Quizá me he pasado - Hablaré con Negan sobre esto.

"Negan..."

- No no - interviene Gregory, peinándose el pelo - Te aseguro que no es necesario...

- Yo soy Negan - proclama con tanto convencimiento que casi le creo - ¿Quién eres tú Gregory?

Se aclara la garganta.

- Soy Negan - responde con un susurro.

- Bien - aprueba Simon complacido, peinándose el bigote - Y quiero a la víbora viva - me señala. ¿Víbora? ¿Este que se ha creído? - Negan posiblemente querrá conocerla.

- Me llamo María - no puedo evitar replicar, bastante disconforme con el mote.

- Pues un placer linda - le quita importancia a mi nombre como si una mosca molesta le revolotease alrededor. - No creas que he olvidado tu comentario. Mis hombres volverán en tres días - lo muestra con los dedos para reafirmar su postura - Y quiero el doble Gregory, o me cobraré esta ofensa con sangre. ¿Claro?

- Como el agua cristalina - susurra, agachando la cabeza.

- Bien - se acerca a la puerta, donde el resto de Salvadores esperan con las armas - Y ni se te ocurra tocar a la mujer. La quiero aquí cuando vuelva - me mira, recorriéndome con la mirada. No puedo evitar echarme hacia atrás para taparme un poco con el cuerpo de Jesús - Ella puede ser la primera en pagar la deuda. Parece tener una lengua juguetona.

Cuando salen nos quedamos unos segundos en silencio, estáticos, hasta que Gregory decide lanzar su ira sobre mí.

- ¿¡Eres consciente de lo que has hecho!? - exclama, recriminándome con la mirada. Elevo las manos.

- Joder, te has pasado tres pueblos - va a discutir pero le corto - Te has pasado. Me da igual a quién tengas delante, no me insultes - vuelve a tratar de hablar, pero prosigo, tratando de calmarme. Realmente no quería tener que pagar nada a precio de sangre - Jesús y yo vimos una gasolinera. Parecía que nadie la había saqueado aún - la ira de Gregory parece menguar, a juzgar por el color de sus mejillas - Traeremos todo. No les daremos el doble, les daremos el triple. ¿Te parece bien?

Gregory parece coger aire varias veces. Jesús se apoya contra la pared a mi lado, mirándome de reojo.

- Como esas provisiones no estén aquí mañana mismo...

- Mañana mismo - prometo - saldremos a por ellas y las traeremos. En las gasolineras suele haber medicinas. Te aseguro que mañana las tendrás aquí.

- Lo que sucedió ayer no puede volver a pasar - comenta Jesús con voz seria, mirando a la carretera - Y lo digo en serio María. Es peligroso. Y tienes que controlar tu lengua.

Lanzo un suspiro contra el cristal de la ventana, mirándole.

- Lo siento, de verdad lo siento - y se lo pido de corazón - No puedo controlarme. ¿Por qué la gente se piensa que es superior? Y ese Gregory solo consiguió cabrearme.

- Lo sé.

No dice nada más, todo está dicho. Tras unos minutos aparca el coche, poniendo el freno de mano. Me lanza las llaves. Las cojo al vuelo de milagro.

- Hemos llegado - anuncia, aunque es algo evidente - Quédate con las llaves, solo por si acaso. El coche parece tener más feeling contigo que conmigo.

- Muy gracioso - me quejo - Sabes perfectamente que conducir se me da fatal.

- Tenemos que potenciar nuestros puntos débiles - comenta entretenido, caminando hacia la parte de atrás de la gasolinera.

Le agarro de la mano sin pensar, empujándole hacia la pared. Yo me coloco a su lado. Me mira de forma interrogante.

- He oído algo.

Después de meses juntos habíamos terminado por descubrir que mi sentido del oído es una de mis mayores virtudes, una virtud que nos ha salvado la vida a ambos más de una vez.

- ¿Muertos? - me pregunta en un susurro.

- Hombres. Dos. - gruño - Parecen estar intentando abrir una máquina expendedora.

Me asomo, observando a los dos hombres. Uno de ellos tiene una pinta horrible. Pelo castaño sucio hasta los hombros, con un flequillo que le tapa un ojo, chaleco sin mangas con dos alas de ángel por detrás y una pistola en el cinto. Típica imagen de chico rudo. El otro, sin embargo, se mueve con otro aire, como un oficial. Camisa arremangada, pelo rizado castaño y también con una pistola a su disposición. Muy guapo, cabe añadir.

- Efectivamente son dos - confirmo volviéndome a Jesús - Y ambos van armados, de primeras con pistolas. Quizá tengan algún arma blanca escondida...Aunque eso no es lo único.

- ¿Se puede poner peor?

- Mejor - aclaro - Tienen un camión hasta arriba de suministros - sus ojos brillan - Solo hay que robarlo. Creo que las llaves las tiene el de rizos.

Con un quejido de disconformidad, Jesús mira a su alrededor, urdiendo un plan. No parecía gustarle la idea de robarles, pero tampoco tenemos opción. Una comunidad iba a pasar un poco de hambre por nuestra culpa. A lo lejos ve un rebaño de caminantes y sonríe. Yo prefiero no sonreír.

- Voy a chocarme contra ellos - susurra sonriente.

- Pueden ser asesinos - reclamo, cruzándome de brazos - No vas a chocarte contra ellos. - me entrega sus armas - Y mucho menos desarmado.

- Escucha. Tú y tu precioso arco vais a estar implicados en esto. Si algo pasa, les disparas.

- ¡Yo no mato personas!

Jesús se asoma por la esquina. A los pocos segundos se vuelve hacia mí.

- Necesitamos ese camión - hace hincapié en la primera palabra - No te digo que los mates, te digo que hieras al menos a uno de forma que a mi me dé tiempo a deshacerme del otro tío. Cuando le quite las llaves, creas una distracción.

- ¿Qué distracción? - ruedo los ojos - ¿Me quito la camiseta? - inquiero irónica.

- Eres una chica con imaginación, algo se te ocurrirá - lanza un último vistazo - Tú vete en el coche, yo llevo el camión a Hilltop. Esos dos me perseguirán, pero no conseguirán cogerme.

- ¿Y el plan B? - cojo el arco, preparándome.

- Tú a por el de rizos y yo a por el ángel. ¿Tienes mi mechero? - pregunta tapándose la boca con su pañuelo y yo le imito. No creo que describir al del chaleco de alas de ángel como un ángel sea muy acertado.

- Claro que... - antes de que pueda terminar de responder, ha salido corriendo hacia los dos extraños - Claro que tengo tu mechero pedazo de idiota, me lo acabas de dar - termino la frase por pura cabezonería susurrando - A veces le odio.

Observo cómo Jesús le pega un empujón al de los rizos y ambos sacan las armas apuntándole, de espaldas a mi escondrijo. Yo tenso el arco, con una gota de sudor frío cayéndome por el lateral de la cara. Como le maten lo reviviré y le mataré yo por idiota.

- Hola - saluda Jesús con voz cansada, levantando los brazos.

- ¡Atrás! ¡Ya! - exclama el "ángel" acercándose a Jesús amenazadoramente. Le apunto al hombro del arma.

- ¡Manos arriba! - grita el otro. Definitivamente ese tío es un oficial. ¿Quién grita "manos arriba"?

- Tranquilos tíos - Jesús mantiene las manos en alto - Solo huía de los muertos.

Como un resorte me giro, mirando la distancia a la que se encuentran.

- ¿Cuántos hay? - pregunta el rudo, mientras el otro se echa hacia atrás mirando a los lados. Me escondo más en la esquina por si mira hacia atrás.

- Diez, puede que más - les responde - Cuando llegan a dos cifras salgo corriendo. No me arriesgo.

- ¿A cuánto están? - pregunta el de rizos, volviendo su atención hacia Jesús.

- Como a un kilómetro. Vienen hacia aquí. Así que tenéis unos...Once minutos.

Se quedan unos segundos apuntándole en silencio, segundos que aprovecho para echar un vistazo a mi alrededor y clavar la vista en un cubo de basura con petardos. Maldito chiflado tengo por compañero.

- De acuerdo - vuelvo a prestar atención al conflicto - Gracias por avisarnos - El de rizos guarda la pistola.

- Bueno, son más que nosotros ¿no? - comenta Jesús - debemos ayudarnos - su mirada se clava en el "ángel", que aún le apunta con su pistola - ¿Verdad amigo?

Al final termina por ceder y baja el arma.

- ¿Vais con un grupo? - pregunta Jesús, que bien podría dejar de enrollarse.

- No - responde con voz grave el rudo. Mentiroso.

- ¿Y tú? - pregunta el otro

- No - miente también Jesús, aunque de forma más amable - Siento el empujón - se disculpa dando pasos hacia atrás. Ya me marcho - se gira. Yo coloco el arco de nuevo a mi espalda y meto la flecha en el carcaj - Esto es la otra vida - agarro el mechero - Que os vaya bien.

- Me llamo Rick - se presenta el guapo. Ruedo los ojos cerrando el mechero. Qué pesados - Y este es Daryl - observo las alas de la espalda del recién nombrado - ¿Cómo te llamas tú?

"Por favor Jesús, simplemente lárgate"

- Paul Rovia - se gira quitándose el pañuelo. Claro que sí. No podía simplemente largarse. ¿Le gusta alguno de los dos o qué? - Pero mis amigos me llaman Jesús - abre los brazos - Como prefiráis.

- Has dicho que no ibas con un grupo - inquiere Rick acercándose a él - ¿Estás solo?

Quizá se gustan mutuamente y es ese amor a primera vista imposible que se narra en los libros. ¡DATE PRISA JESÚS!

- Sí - tarda unos segundos en responder Jesús - Pero...mejor no intentéis nada - sus ojos brillan, supongo que imaginando mi arco guardándole las espaldas. ¿Eso había sido un chiste encubierto? ¿De verdad? ¿En esta situación?

- ¿Cuántos caminantes...? - comienza a preguntar Rick, pero Daryl se gira hacia él acallándolo. Rick parece ignorarle - ¿Cuántos caminantes te has cargado?

Por suerte Jesús sale corriendo en dirección contraria. Al fin. Cojo el mechero y enciendo los petardos, echando a correr hacia la parte de atrás del edificio donde está el coche.

- ¡Lo siento, tengo prisa! - escucho gritar a Jesús en respuesta a la pregunta - ¡Deberíais iros, llegarán en siete minutos!

Los petardos comienzan a explotar y yo me aproximo aún más si es posible contra la pared, escuchando a los dos hombres correr hacia el cubo de basura.

- Son petardos - escucho hablar a Rick - joder.

- Te quitó las llaves ¿verdad? - pregunta Daryl. Se forma un segundo de silencio.

- ¡Joder!

Cuando les oigo correr hacia el camión, deshago el camino andado y observo la escena.

- ¡Lo siento! - exclama Jesús desde el camión mientras ambos hombres le siguen corriendo.

Me vuelvo hacia el coche con las llaves en la mano y una sonrisa en la cara. Un plan de diez. Me encanta dejar a la gente como idiotas.