Me subo en el coche, arranco y me largo de allí en sentido contrario. Tengo que dar más vuelta, pero tampoco me importa demasiado: Estoy de bastante buen humor. Meto un CD de música tratando de no quitar la vista de la carretera y comienzo a silbar la canción de ABBA. No pude creer mi suerte cuando encontré ese CD en una de nuestras excursiones.
De vez en cuando recuerdo mi antigua vida. A Lily, a la que nunca tuve ocasión de llevar de vacaciones. Al profesor Laufeyson...debí besarle cuando tuve ocasión. ¿Qué me habría podido pasar? ¿Me hubiesen expulsado? ¿No habría vuelto a hablarme? ¿Acaso importa? Ahora está muerto, como todos.
Y debí haberme ido de fiesta todos los malditos fines de semana.
Me río con ganas. Una de las cosas que jamás les perdonaré a los zombies es haberme dejado sin poder terminar mi carrera.
Hablando de mi carrera, tengo que hacerle más petardos a Jesús. Me ha parecido que los ha gastado todos en ese cubo de basura.
Me quedo unos segundos con expresión soñadora, imaginando la situación. Un taller de petardos en Hilltop. Soy de gran ayuda para la comunidad. Cuando vuelvo mis ojos a la carretera los abro mucho por la sorpresa y pego un frenazo sin pensar. A pesar de llevar el cinturón me pego un golpe en la frente contra el volante.
La música sigue sonando contra mis oídos, al igual que unos golpes secos en la puerta. Cierro los ojos unos segundos para acostumbrarme al latido de dolor de mi frente y levanto la mirada, girándola para clavarla en los ojos de Simon, que está justo frente a mi puerta con ese bigote suyo luciendo una maldita sonrisa de satisfacción. Apago la música. Se acabó la paz.
Miro al frente encontrándome una hilera de coches cortándome el paso.
Pidiéndole a mi interior paciencia, bajo la ventanilla, sonriendo amablemente al hombre. Siento un líquido caliente recorrer mi frente hacia mis mejillas. Supongo que, por el dolor latente de mi frente y la sangre chorreando por mi barbilla, me he hecho una herida.
- ¡Mira quién tenemos aquí! - exclama con sorpresa - La preciosa víbora de ayer a la que le ordené mantenerse en Hilltop.
- Simon - saludo, apoyando mi antebrazo en la puerta sin llegar a abrir los pestillos - No creo que sea lo más seguro del mundo colocar una hilera de coches en la maldita carretera - inquiero de mala gana - Alguien importante podría sufrir un accidente.
Él eleva las cejas. Al parecer un comentario sarcástico le entretiene, pero muchos le ponen de bastante mal humor.
- Y debo también contradecirte - sonrío de medio lado - No recuerdo que me prohibieses en ningún momento salir de Hilltop...más bien estar allí presente tres días después de nuestra charla.
- Sal del coche - ya no hay ni rastro de humor en su voz.
De mala gana abro la puerta y Simon me agarra del antebrazo, lanzándome fuera del coche.
- ¡ ! - exclama una voz entre la multitud y Simon se queda estático en el sitio - Pero joder Simon. ¿Qué forma es esa de tratar a una jodida y preciosa dama?
¿Hay tres palabras derivadas de "joder" en una misma frase?
Apoyo las manos contra el suelo, dolorida. La cabeza me duele como mil demonios. Levanto la mirada hacia Simon que parece bastante disconforme, pero me deja en paz. Giro la mirada esta vez hacia los coches de los Salvadores, donde los hombres armados se apartan dejando paso a otro.
Un hombre bastante alto, fornido, de pelo castaño oscuro, barba blanca y sonrisa juguetona. Viste una chaqueta de cuero negra, un pañuelo rojo y lleva un bate con un alambre de púas en lo alto, enrollado con ganas. Quién se habrá entretenido en hacer semejante estupidez.
Él se acerca a mí y parece fijarse en la dirección de mi mirada, porque eleva el bate, apoyándolo en el suelo, cerca de mi cara.
- Veo que te gusta Lucille - comenta mirando cariñosamente a su bate, aunque devuelve su mirada a mi cuerpo moribundo - Estás hecha una... ¡COMPLETA MIERDA! ...princesa.
Me entrega su mano inclinando levemente la espalda hacia delante, lanzándome una mirada juguetona. Sin muchas opciones, la acepto. El hombre tira de mí con fuerza, poniéndome en pie. Doy un leve traspiés y me sujeta del brazo.
- En serio, tienes que tener más cuidado carajo - se queda mirando mi frente. Se pasa la lengua por el labio, mordiéndosela después sin que desaparezca su sonrisa.
¿Quién es este tío?
- Así que tú eres la jodida mujer que respondió a mi mano derecha - mira de reojo a Simon y luego vuelve su atención hacia mí - Tenía ganas de conocerte. Ningún capullo insulta a mis hombres y, si les insultan, se mean en los pantalones - lanza las caderas hacia delante, sonriente - Pero tú... - se acerca a mí, dejando su rostro a centímetros del mío. No puedo evitar echarme un poco para atrás - tú, preciosa, la has jodido ¡Una linda víbora! ¿Tienes colmillos? ¡Los colecciono, joder!
Su sonrisa seductora pasa a ser una sonrisa amenazadora en segundos. Entrecierro los ojos apretando la mandíbula.
- Me llamo María - es lo primero que se me ocurre - Ni preciosa, ni linda, ni bonita ni mucho menos víbora. Ya estoy harta de vuestros motes. Parecéis Gregory.
El hombre trata de no sonreír, pero se nota que está conteniendo la sonrisa a duras penas. Finalmente se rinde, mostrándome todos los dientes.
- Joder, creo que ese es el insulto más jodidamente grande que me ha hecho nadie en mi puta vida - lo dice con voz seria, a pesar de la sonrisa de su cara - y ahora María - hace hincapié en mi nombre - Creo que vas a decirme qué cojones haces aquí.
Parece que las risas se han terminado. Me cruzo de brazos, levantando una ceja.
- ¿Ahora el contrato implica no salir del recinto establecido? - pregunto de forma irónica. El hombre frente a mí pierde su sonrisa, colocando el bate de púas sobre sus hombros de nuevo - Soy la que busca provisiones para Hilltop. Estoy, como bien indica mi cargo, buscando provisiones para llevarlas a mi comunidad y que el cobarde de Gregory os las entregue a vosotros - le sonrío, imitando su sonrisa previa. A él no parece hacerle mucha gracia.
- ¿Sabes quién soy María?
- ¿Negan? - ruedo los ojos, divertida - No es que sea muy difícil de averiguar...
El hombre vuelve a enseñar todos sus dientes y saca la lengua, pasándosela sobre el labio inferior. Mi mirada se desvía directamente hacia allí. Después del tortuoso paso de su lengua se muerde el labio, haciendo que me retuerza en mi lugar.
¿De dónde narices ha salido este tío?
- Joder preciosa, ya voy en serio - se echa un poco hacia atrás, balanceando el bate y doblando la espalda - Como sigas hablándome así la tienda de campaña entre mis piernas se va a convertir en la puta torre Eiffel - abro mucho los ojos, sorprendida ante lo tremendamente sinvergüenza que es el hombre. - Por ahora ya está tan dura como el acero... Pero sí, soy Negan - señala a todos los demás - Y ellos son Negan, al igual que yo.
- Me encantaría conocer al Negan original - me aclaro la garganta antes de hablar. Ese hombre tiene que alejarse de mí. YA.
- Pero cariño - abre los brazos - Si lo tienes delante.
En ese momento empalidezco. Al parecer ese es el hombre que asesinó a sangre fría a un adolescente antes de que yo llegase a Hilltop. Y parece un motero casanova.
- Creía que lo de Negan era para...indicar colectividad. Un ente imaginario - susurro.
- Un ente imaginario - repite entretenido. Vuelve a acercarse a mí y me acaricia la barbilla, levantando mi mirada para que conecte con la suya. Su pulgar roza mi labio inferior en el proceso. Maldita sea, ahora mismo me siento como un perro en celo. - Soy bastante real - responde con voz grave - Y Lucille parece estar dispuesta a probártelo... - hace una pausa - Pero no hará nada.
Entreabre los labios, sin dejar de mirarme. Creo que es la primera vez que estoy sin palabras.
- Si eres tan amable de responderme a mi pregunta. ¿Qué cojones haces aquí?
Me quedo unos segundos perdida en sus ojos, respirando de forma acelerada. Ahora mismo, en esa posición, me siento completamente sumisa delante de ese hombre. Se me quitan las ganas de ser sarcástica.
- Vuelvo a Hilltop después de buscar provisiones - a él parece complacerle que vaya directamente al punto.
- Y... - se acerca más a mí, esta vez para asomarse por uno de mis hombros, aunque por su altura realmente no lo necesita - ¿Dónde narices están las provisiones?
Miro instantáneamente hacia el coche. Mientras ambos hablábamos sus hombres lo habían registrado y yo, demasiado ocupada mirándole, ni siquiera me he dado cuenta.
- Iba con un compañero...
- El de pelo largo - apunta Simon. Negan le ignora.
- Se llama Jesús - replico venenosa mirando al hombre. A Negan no parece gustarle perder mi atención, porque se pone delante de mí tapándome la vista de Simon.
- ¿Y? - pregunta.
- Encontramos un camión lleno de provisiones - explico - Él decidió llevar el camión a Hilltop y yo devolver el coche - mi sangre empieza a resbalar por el dedo del hombre y ni se inmuta.
- ¿El rodeo? - mierda. No he pensado una excusa sobre eso. De alguna forma, si esos dos hombres estaban llevándose el camión hacia una comunidad, no quiero ser yo la que les delate delante de este chiflado y los convierta también en esclavos.
- ¿Es mucho pedir un tiempo a solas? - eleva una ceja - Sin hombres mirándome - aclaro incómoda.
- Ah, el bueno de Gregory - parece creerse la patraña, porque se aleja de mí y hace un gesto con la mano a sus hombres, que empiezan a subirse a sus respectivos vehículos.
- Has visto mi lado bueno, no quieras ver el malo - se coloca el bate sobre sus hombros - Y sobre todo, no quieras ver el lado malo de Lucille, es un bate vampiro. Iré a visitarte a Hilltop, esta charla me ha...¡encantado! Y entretenido - se da la vuelta hacia el coche, aunque se vuelve a girar hacia mí con una media sonrisa - Por cierto María, amor, no estamos aquí para verte, por mucho que me haya maravillado la casualidad - se pone serio - Buscamos tres personas. Un hombre, su mujer y mi futura esposa - hago una mueca ante eso - Que han decidido huir de mí - me sonríe - Si los encuentras y me los devuelves... le perdonaré la deuda a Hilltop durante dos jodidas semanas. ¿Qué te parece la cosa?
- Muy bien - miro hacia otro lado al responder. No pensaba devolverle a nadie. Sabe Dios qué les haría.
- Espero que estés más convencida que ese tono, y simplemente me hayas respondido así porque vas a echarme muchísimo de menos. A mí y a Lucille, por supuesto - se monta en el coche. - Ah, y límpiate esa sangre de la cara, no queremos que se pierda ese rostro tan jodidamente hermoso ¿eh?
En pocos minutos todos siguen su camino, pasando junto a mí sin dirigirme ni una sola mirada. Al menos eso espero, porque yo simplemente me mantengo mirando al horizonte por la impresión.
O quizá espero que Negan haya girado la cabeza para echarme una ojeada antes de marcharse.
Llego a Hilltop entrada la noche. Necesitaba un tiempo para mí y más después de la impresión de tener a Negan frente a frente, a pocos centímetros...y a su maldito bate acariciándome la cara con sus púas. Aparco junto a la puerta, tengo cuidado de no dar un portazo y me acerco a la entrada jugueteando con las llaves.
- ¿Me abres Kal? - exclamo mirando al centinela desde abajo. En pocos segundos la puerta se abre frente a mí.
- ¡Bienvenida María! - exclama, apoyando el fusil contra la valla - ¿Todo bien? ¿Jesús no viene contigo?
- Inmejorable - respondo, antes de escuchar la segunda pregunta - ¿Jesús? Debería haber llegado. Nos separamos durante la recolección.
- Estará al llegar.
Me preocupa un poco que Jesús no haya llegado aún, pero sabe cuidarse solo, posiblemente diez veces mejor que yo. Antes de informar a Gregory decido ir a la casa del doctor Carson. La frente me duele horrores, no sé si es por estrés o por el golpe. Más vale prevenir que curar. Llamo a la puerta.
A la quinta vez que llamo me desespero, echando la cabeza hacia atrás un segundo antes de abrir la puerta. Ahí dentro no hay nadie.
- Está bien, estará en la enfermería - susurro acariciándome la frente con cuidado de no hacerme daño.
Entro a la enfermería, esta vez sin tocar, pero tampoco hay nadie.
¿Dónde narices está todo el mundo?
Por suerte y gracias a los libros de medicina de Lily sé, al menos en teoría, poner puntos. Me coloco un espejo en las piernas y cojo aguja e hilo.
Benditos puntos dolorosos. Bendita aguja del demonio.
