Rick y los suyos nos siguen mientras caminamos, tanto Gregory como Jesús y yo, hacia la puerta de la colonia. Veo a Ethan junto con otras dos personas que no reconozco a lo lejos.

- Ethan - Gregory se acerca a él - ¿Qué ha pasado? ¿Y Tim y Marsha?

- Han muerto - es lo único que responde. Me da un escalofrío de pensarlo.

- ¿Negan? - es lo único que pregunta él. Oh Dios.

- Sí.

- Mierda - susurro - Yo misma cargué parte de la mercancía, yo...

- Silencio María - me corta Gregory. Miro hacia otro lado, incómoda - Esto es, en primer lugar, culpa tuya por todo ese asunto de Simon.

- Tienen a Cale. Dijeron que no era suficiente.

- ¡Era suficiente! - exclama Gregory, pasándose la mano por el pelo - Maldita sea. El trato era la mitad.

- Lo mantendrán vivo - Ethan se va acercando a Gregory. Entorno los ojos - Y lo devolverán...si entrego un mensaje.

- Dime - Ethan coloca la mano sobre el hombro de Gregory.

- Lo siento.

Sin que nadie pueda reaccionar clava un cuchillo en el estómago de nuestro líder. Rick se acerca rápidamente, seguido de la mujer negra y agarran a Ethan de los brazos.

Yo estoy estática, mirando la escena sin poder reaccionar.

Rick comienza a golpear a puñetazo limpio a Ethan en la cara, mientras que el pelirrojo se lanza a por Dante. Dante consigue sobreponerse, apretando con fuerza el cuello del pelirrojo. Su cara comienza a ponerse del color de su cabello.

- ¡Alto! - exclama Ethan, con un cuchillo en el cuello de Rick. Yo aguanto la respiración - ¡Si no lo hago matará a mi hermano!

La mujer negra coloca la mano sobre su katana sin dejar de mirar al hombre, tirado en el suelo. Yo solo puedo mirar a mi alrededor, conteniendo la respiración.

Suficiente.

Agarro el cuchillo de mi bota y lo lanzo contra Ethan, dándole en el hombro. El hombre se gira hacia mí, claramente sorprendido por lo que he hecho. Rick aprovecha la confusión para quitarle el cuchillo y clavárselo en la garganta, bañándolo en sangre. Aparto la mirada. No soporto ver morir personas a manos de personas. En este mundo eso no debería ser así.

- Gracias - susurra Rick entre suspiros. Me acerco y le tiendo la mano sin mirarle. Cuando está en pie me agacho para recuperar mi cuchillo.

Toda la comunidad está mirando a Rick, que tiene la mandíbula llena de sangre. Da una vuelta sobre sí mismo, observando todas las miradas.

- ¿Qué? - inquiere. La gente vuelve a sus quehaceres.

Crystal me pega un puñetazo en la cara y la mujer negra se interpone, empujándola.

Kal apunta con la lanza a Daryl.

- ¡Suéltalo!

- ¡Ya basta! - grita Jesús, poniéndose entre medias - ¡Por favor! ¡Ethan era nuestro amigo, pero él provocó esto! - me mira. - ¡Él atacó a Gregory y él ha empezado!

- ¡María le ha atacado! - exclama una voz de mujer a mis espaldas. No la reconozco. Tampoco me giro.

- He hecho lo que he considerado correcto - paso el cuchillo por la tierra, tratando de limpiarlo.

- ¡A ti no te importa nadie! - me grita Crystal - Has decidido defender a un...

- Ethan apuñaló a Gregory.

- No pongas esa excusa - la mujer se me acerca - Ni se te ocurra. Puedes ser todo lo dura que quieras pero tú no has perdido a alguien a quien quieres. ¡Odias a Gregory! ¿Me voy a creer que le has puesto por delante?

Decido no responderle y me giro, viendo cómo Rick guarda su arma y me mira. Sin mucho más que añadir camino hacia la casa tratando de que la culpabilidad no me condene.

- Si matamos a Negan y traemos a vuestro hombre - inquiere Daryl - Nos daréis alimento, medicinas y una vaca.

Jesús y yo nos miramos. Luego miramos a Rick, buscando su opinión.

- Los enfrentamientos no son algo que nos preocupe.

Me acaricio la barbilla, mirando hacia el techo y cerrando los ojos. Tampoco debería preocuparme que haya un casanova menos en el mundo.

- Hablaremos con Gregory.

Sin mucho que opinar ante lo dicho por Jesús, ambos subimos la escalera para dirigirnos al cuarto de nuestro líder.

- Has atacado a Ethan - comenta frente a la puerta, mirándome.

- No era mortal - me excuso - trataba de terminar todo. No esperaba que Rick...

Me quedo en silencio. Él no dice nada más, simplemente entra a la habitación. Encontramos a Gregory en la cama con una venda alrededor de la zona donde le han apuñalado.

- Se ofrecen a acabar con Negan - es lo primero que dice Jesús, acercando una silla para sentarse junto a la cama. Yo me quedo de pie.

Gregory abre mucho los ojos.

- No lo dices en serio - tose.

- Parecen hablar bastante en serio - responde Jesús. Se hace el silencio en la habitación, solo roto por la costosa respiración de Gregory.

- Puede que... - interrumpo, pasándome la mano por la nuca. Ya era hora de que me hiciese mi coleta - Puede que esto sea culpa mía. Quizá no. No lo sé.

Gregory se vuelve lentamente, fijando sus ojos en los míos. Jesús también me mira sin entender. Me da un escalofrío.

- María, sabes que lo del cuchillo lo has hecho siguiendo tu instinto. Lo que ha pasado ahí abajo...

- No me refiero a eso - no quiero oír las palabras de Jesús, solo me hacen sentir peor - Hablo de lo de Negan.

- Qué sabes tú de Negan - inquiere Gregory. Es una orden directa.

- Le conocí el otro día - admito. No tengo muy claro si la cara de Gregory empalidece por mis palabras o por la falta de sangre en sí - Cuando volvía él y sus hombres bloqueaban la carretera. Buscaban gente que había huido. Yo... le hablé de que Jesús traía un camión lleno de provisiones, debieron esperar...más. - balanceo un poco, nerviosa - Claro, si tenemos un camión de provisiones más supuestamente tenemos más y no les hemos dado la mitad...

Ahora la cara de Gregory está roja.

- ¡Me estás diciendo que hablaste con Negan! - asiento - ¡Le dijiste que teníamos un camión lleno de provisiones! - asiento - ¡Y no me lo informaste INMEDIATAMENTE!

- ¡Estaba asustada! - me cruzo de brazos. Ya había soltado bastantes excusas ese día - Ni siquiera pude ser sarcástica, tú no le has...no lo has tenido a centímetros de la cara con ese bate que tiene. ¡No pensé en la posibilidad de que Jesús no tuviese las provisiones! ¡No me planteé que sucedería esto!

- Quedas expulsada de esta comunidad - sentencia Gregory.

- No puedes... - interviene Jesús, que se había mantenido callado hasta entonces.

- Nos ha condenado. ¡CASI ME MATAN POR SU CULPA! - exclama impulsándose en la cama y tosiendo por el grito - JAMÁS volverá a entrar en Hilltop mientras yo siga aquí - se vuelve a recostar - Quiero hablar con Maggie.

Enfadada, abro la puerta y salgo de allí sin esperar a Jesús, pasando por delante del grupo de Rick. Parecen comentarme algo pero les ignoro y sigo mi camino hacia mi casa... nuestra casa, mía y de Jesús. Saco una bolsa de debajo de la cama y comienzo a meter mis cosas dentro. Agarro mi libreta negra de una de las estanterías. Hacía ya tiempo que la mantenía ahí, olvidada, olvidando mis sueños. Sin pensar demasiado la lanzo también dentro de la bolsa junto con algunos libros de Lily y unos trozos de cuero que Earl me había regalado para hacerme unos brazaletes. No voy a rogarle a Gregory para quedarme. Si es necesario viviré en el bosque antes que pedirle nada a ese imbécil.

He hecho tanto por Hilltop...y Hilltop ha hecho tanto por mí. Ya no aguantaba más sola en aquel piso, condenada a un infierno junto con los muertos. Con la llegada de Jesús la esperanza había vuelto a brotar en mi pecho junto con miles de sentimientos: compañía, cariño, felicidad. Jamás podría haberme imaginado que sucedería esto y, a pesar de todo, considero este castigo increíblemente desproporcionado. De todas formas mi enemistad con Gregory debía saltar tarde o temprano.

- Ey - me giro encontrándome a Daryl. Me muerdo el cachete para evitar el llanto. Él parece revisar toda la habitación, incluyendo el desorden alrededor de la bolsa de viaje sobre mi cama - Nos vamos ya.

- Buen viaje - es lo único que se me ocurre decir - ¿Habéis conseguido que os escuche?

Daryl asiente.

- Mataremos a esos hijos de puta - se apoya en el marco de la puerta - Jesús nos ha contado lo que ha pasado - se rasca la barbilla - Rick acepta que te unas a nosotros en Alexandría - esta vez sí me giro hacia él - Tiene que hacerte unas preguntas pero no creo que haya problema.

Asiento un tanto confusa y él se va sin añadir nada más. Clavo mi mirada en la bolsa de viaje y sonrío. Quizá mi suerte no se ha acabado aún.