Negan se fue de allí bien entrada la noche. El resto de mujeres se habían ido a sus respectivos cuartos. Yo, al no tener uno, había tenido que quedarme allí, tirada en uno de los sillones de la sala, planteándome el cambio tan grande que había dado mi vida en las últimas horas.

Negan no me lanzó ninguna mirada al salir de la habitación, yéndose a sabe Dios dónde. Frankie sí se detuvo, con una toalla alrededor de su cuerpo y mirada somnolienta.

- Se lo has negado - asiento - Eso es tener ganas de problemas. Ni siquiera por ese tal Daryl...

- ¿Sabes lo de Daryl? - bosteza.

- Claro, Negan se ha quejado bastante hoy. Debía de tener bastantes ganas de que aceptases su propuesta. Cuando le da por algo... - bufa - De todas formas, supongo que respetará tu decisión.

He estado cambiando sábanas dos semanas, además de recoger y lavar los platos de los distintos altos cargos de los Salvadores y organizar sus habitaciones: trabajo para todo el día. Para colmo, tampoco tengo una cama a mi disposición y Negan no me ha dado órdenes, así que todas las noches duermo en uno de los sillones de la sala de las chicas. Terminé por encontrar a Daryl unos días después de lo de Negan. Está en una habitación herméticamente cerrada, escuchando música horrible todo el día sin tener posibilidad de dormir ni ver la luz del sol. Nunca he tenido tantas ganas de matar a alguien como de matar a Negan. Por suerte, Dwight se encarga de él y lo mantiene alimentado, así que sé que no va a morir de hambre. Ya se me ocurrirá algo para sacarle de ahí.

- Oye - me llama Dwight cuando estoy saliendo de su cuarto con ropa sucia en los brazos - Hoy quiero un sándwich para comer y que sea uno en condiciones. Nada de mierdas - Asiento rodando los ojos.

- ¿Cómo está Daryl? - Dwight hace una mueca de asco.

- ¿De verdad crees que te lo voy a decir? - se sienta en una silla frente a una mesa llena de figuritas a medio pintar. En su espalda veo el chaleco de alas de ángel de Daryl. Maldito cerdo.

- Sherry dice que eres un buen hombre - se gira de inmediato - Solo probaba suerte.

- Estás muy complaciente en comparación con aquella noche - sisea molesto.

- No quiero que me planchen media cara - le sonrío - Y odio estar ociosa, la verdad sea dicha - su cara se sonroja un poco por la ira.

- No puedes hablarme así.

- Creo que te he hablado con educación, no me parece que merezca la plancha por mis palabras - me burlo otra vez - Ahora, si me disculpas, tengo colada que hacer.

Cierro la puerta antes de que Dwight pueda decir nada más. Estar encerrada a las órdenes de Negan no es tan horrible si puedo ser venenosa con sus lugartenientes...y que Dwight tenga media cara planchada me da bastante juego. Bajo las escaleras del Santuario hacia la zona de los obreros. Este lugar no tiene nada que ver con Alexandría o Hilltop. Es cerrado, oscuro y da cierta sensación claustrofóbica. Por suerte mi miedo es a la oscuridad, no a los espacios cerrados.

- Buenos días María - me saluda Gina, una anciana de pelo blanco, largo y aspecto enérgico, mientras va entregando comida asquerosa a los obreros a cambio de puntos. Termina con el último de la fila - ¿Otro día de servicio?

- Un día más en el Santuario - bromero, dejando la colada en un montón más grande - Tú pareces haber terminado - me apoyo en la mesa - ¿Algo barato que llevarme a la boca?

- ¿Negan te ha dado los puntos? - le sonrío, dándole a entender que no - Pues ya sabes cómo van las cosas aquí. Sin excepciones.

- Solo bromeaba - saco el taco de puntos que había estado acumulando a lo largo de la semana. Ella se ríe.

- ¿No has venido a comer? Es imposible que tengas tanto - elevo los hombros.

- Las chicas me han echado una mano con eso a cambio de trueques, cosas ilegales que no quieres que tus oídos escuchen - rueda los ojos - Fuera bromas, ¿Tienes ropa? - me fijo por si veo mi arco. Sería una estupidez dejarlo ahí para que cualquiera lo comprase, es cierto, pero no puedo perder la esperanza. Como supuse, no está. ¿Dónde habrá metido ese cerdo mi precioso arco?

- Hace poco saquearon una tienda de ropa - asiente. Miro la camiseta que me había dado Negan semanas atrás asqueada. Ropa. Bendita ropa - Pero no tienes suficientes puntos para una camiseta y unos pantalones. La verdad es que es cómico verte con esas botas puestas y la camiseta de Negan llena de mierda.

- A mí no me parece cómico. Si la camiseta fuese negra no se notaría tanto la mierda - gruño. - Aunque debo dar las gracias porque cogiesen mis botas. Ir descalza por aquí podría haberme acarreado hongos - comento. No le voy a decir que hace tiempo, en mi antiguo apartamento, coloqué unos preciosos cuchillitos en la punta de mis botas. Ese secreto permanecería siéndolo hasta que lo necesitase - ¿Nada a mi alcance?

- Negan se llevó un par de guantes nuevos, tengo los viejos - se gira y rebusca en un montón, sacando un par de guantes negros con los dedos al aire. Algo era algo - Te los puedes permitir.

- Utilizando ropa de ese idiota... - susurro. En fin, todo era mejor que seguir tocando sábanas y ropa sucia de desconocidos guarros con las manos - ¿Cuánto?

- Todos tus puntos.

- ¡Me estás vacilando Gina! Son dos semanas de trabajo y sin gastar en comida...¡Por unos guantes usados hechos un asco! Que además seguro que me quedan enormes - Gina eleva los hombros - Creí que éramos amigas - se ríe.

- Yo no tengo amigos aquí, yo sobrevivo - ruedo los ojos.

- Dámelos. Qué demonios - me los lanza con una mano mientras que con la otra me quita todos mis puntos - Podrías haberme hecho una rebaja con alguna camiseta.

- Si te duchas hoy quizá me lo piense - sonrío.

- ¿En serio?

- No. Vete a trabajar.

De mala gana vuelvo a mi montón de colada. En la esquina de la zona de los obreros hay un enorme barreño lleno de agua asquerosa que a mí me toca cambiar de cuando en cuando. Ahora mismo no tengo demasiada gana. Total, dudo que nadie me llame la atención.

- ¡María! - Frankie se me acerca mientras estoy restregando, echando miradas de asco a sus alrededores. Contrasta bastante una chica pelirroja, alta, guapa y con un vestido negro corto comparando la miseria a su alrededor. Me levanto, agarro mis guantes y me los pongo - Vaya...

- Bienvenida a mi lugar de trabajo - estoy de bastante buen humor esa mañana.

- Es...asqueroso - niega un poco - A veces, cuando me harto de Negan, bajo por aquí para recordarme por qué estoy con él.

- Sí, no es muy agradable pero no me quejo - en muchos aspectos Frankie me recuerda a Lily, tanto en aspecto como en comportamiento. No sé si eso es bueno o malo pero nos llevamos bien. Eso no significa que me guste alguien que se vende así, pero lo entiendo. A Amber, sin embargo, no la trago - ¿Esos son los guantes de Negan?

- Sí - los miro - Es todo lo que he podido conseguir - chasqueo la lengua sintiendo cierta envidia de su vestido negro. Echo un poco de menos el ponerme guapa, a pesar de que nunca me ha importado demasiado mi aspecto físico - Me quedan enormes pero...

- ¡María! - me giro hacia Gina con los ojos entornados - ¿¡Por qué no estás trabajando!?

- ¡Estoy en el descanso! ¡Voy a ducharme! - me vuelvo de nuevo hacia Frankie - Me voy pitando. Tengo media hora, me queda media colada por lavar y tiene que estar todo en sus respectivas habitaciones antes de las ocho.

- No sé cómo lo soportas.

Me voy corriendo hacia las duchas comunes. Obviamente no es que soporte esta vida, simplemente veo el lado positivo de las cosas: estoy protegida de dormir de noche a la intemperie con los infectados y gano confianza en el lugar día tras día. En algún momento cogeré un coche y me esconderé en un sótano de Alexandría o Hilltop.

Llego al lugar, un montón de sumideros y duchas llenas de cal que echan agua fría. Suspiro. Me quito las botas, quedándome con los calcetines puestos. Me niego a pisar ese suelo lleno de...sabe Dios qué es eso. Luego la camiseta, el sujetador y las braguitas.

No quiero encuentros extraños como en Hilltop, más vale que me dé prisa. Un escalofrío me recorre la espalda cuando el agua helada impacta contra mi piel. Me restriego con fuerza, utilizando la camiseta vieja para rascar lo máximo posible. Cojo un poco de jabón - por suerte hay jabón, huele regular pero es jabón - y me doy por todas partes asqueada. Cuando consigo que mi piel esté roja apago la ducha y escurro el pelo. Tanteo inconscientemente el coletero en mi muñeca. Como lo pierda me va a tocar cortarme el pelo y no me hace mucha gracia que digamos.

Cuando levanto la mirada me encuentro a un soldado de los Salvadores mirándome con los ojos entrecerrados. ¿¡Por qué siempre hay alguien mirándome mientras me ducho!?

- No sabía que había chicas tan jóvenes y bonitas trabajando de obreras - me comenta con coquetería, apoyándose contra la pared frente a mí. Me tapo con el pecho asqueada.

- Yo no sabía que había pervertidos - busco mi camiseta con la mirada. La encuentro hecha un ovillo en el suelo. Vaya. Me niego a agacharme - Cosas que descubres día a día - me acerco hacia la pared, tratando de llegar hasta la camiseta.

- Ahhh - se ríe - Eres la víbora ¿eh? Simon habla de ti. Escucha - sonríe acercándose. Yo me pego aún más a la pared - Si te traigo ropa nueva...¿Tú harías algo por mí? - se lame los labios - Algo que no deberías hacer...¿Lo harás?

Alarga la mano hacia mi pecho, le doy un golpe.

- Que te den - le doy una patada en el paquete y trato de salir corriendo pero me agarra de la muñeca y me lanza contra la pared de nuevo.

- Joder... - susurra adolorido - Peleando harás que esto sea más largo. Y que conste... - se pega más a mí. Respiro aceleradamente, buscando alguna salida a mi alrededor - Por mí estupendo.

Cierro los ojos con fuerza. Respira María. Cuando va a agarrarme de nuevo salto sobre él, tratando de ahogarle con mis piernas.

- ¡Maldita zo...! - comienza a ahogarse. Aprieto con más fuerza para que se desmaye pero consigue apretarme la pierna y suelto el agarre, lanzando un grito de dolor. El imbécil me estrella contra la pared y esta vez creo que no puedo levantarme. Cierro los ojos, esperándome lo peor.

- Ahora sí que no voy a ser amable maldita...

- ¡EH! - se escucha un golpe contra la pared de enfrente nuestra. Abro los ojos, encontrándome con Negan. Está desarreglado, con el pelo despeinado y una camiseta blanca de manga corta. Ni siquiera lleva puesta su chaqueta de cuero.

Cuando el soldado le mira con los ojos abiertos por la sorpresa, yo aprovecho para escapar alejándome lo máximo posible de ambos hombres y tratando de cubrirme. Negan no me mira, su mirada está centrada en el otro idiota.

- ¿Qué coño haces tú aquí? - comenta con parsimonia. Esta vez sí pasa su mirada por mí durante unos segundos pero es eso, una simple mirada de reconocimiento - ¿No sabes que esto es el baño de la mierda?

- Negan yo... - comienza a hablar con voz temerosa. Negan le acalla.

- ¿De verdad crees que quiero que me contestes? - se acerca a él - Acabo de ver que intentabas violar a esta mujer - me señala. Me acurruco más en la esquina - Ibas a intentar violarla ¿No es cierto? - pregunta juguetón, echando su espalda hacia atrás y acercándose aún más a él, dejando su cara a centímetros de la de mi agresor - Esa conducta resulta inaceptable. Violar va contra las reglas - le riñe.

Levanta a Lucille de sus hombros y la coloca a poca distancia de la cara del hombre.

- David - eleva las cejas - Te has pasado de la raya ¿Umh?

- Lo siento señor - solloza David. Negan sonríe con comprensión, yo aprieto los labios. ¿Cómo iba a hacer ese hombre algo por mí? Aleja un poco a Lucille del hombre. - No volverá a pasar, se lo juro. Yo...yo no pretendía...

Aleja el bate lo suficiente para coger impulso y estrellarlo contra la cabeza del hombre. Lanzo un pequeño grito, agachándome y quedándome en cuclillas, tapándome de los borbotones de sangre. Realmente no esperaba eso. Le da una vez, otra vez. Sigue golpeándole con una sonrisa incluso después de que el cuerpo de David haya colapsado sin vida en el suelo.

- ¿Sabes qué? - sonríe ampliamente, lanzando un suspiro y colocando a Lucille, llena de trozos de...sesos, contra la pared - No acepto tus disculpas - Miro el cuerpo del hombre muerto. Su sangre se cuela por los desagües de las duchas.

Se gira hacia sus hombres.

- ¡Eh! Traedle a María algo de ropa- ordena. Se acerca a mí y se agacha, poniéndose a mi altura, apoyándose en Lucille - Siento que hayas visto esto - ladea un poco la cabeza, mirándome. Se pasa la lengua por los dientes, pensativo.

- Ya. - él gira la mirada hacia el cuerpo de David, luego la pasea por su camiseta vieja hecha un ovillo, sus viejos guantes y finalmente de nuevo en mí. Me tiende la mano.

- No soporto las violaciones - se pasa la lengua por el labio, haciendo una pausa. Le gusta juguetear con la lengua al parecer. - De ninguna clase - mueve un poco su mano - Vamos joder, cójela, no voy a tocarte.

- Solo vas a disfrutar de la vista - ironizo pero me levanto, ignorando su mano. Trastabillo un poco por el dolor de la pierna. Él me sigue con la mirada. Me agacho para coger la camiseta vieja pero ya está desechable. El labio me tiembla mientras trato de controlarme.

- Señor ya... - Negan se pone entre el soldado y yo, tapándole la vista.

- ¿Estabas mirando algo Dean?

- No no, por supuesto que no - se excusa rápidamente - Aquí tiene la ropa. Voy a...eh...seguir con mi guardia.

Negan chasquea la lengua, acercándose a mí. Me tiende la ropa. Unos pantalones largos similares a los que llevaba en Hilltop, una camiseta de tirantes azul, braguitas y calcetines. Lo tomo todo, empezando por cambiarme los calcetines.

- ¿Y bien? - pregunto, poniéndome las braguitas y el sujetador. Él mira hacia otro lado. Comienza a silbar y me tenso instantáneamente.

- ¿Te pone nerviosa? - me mira de reojo y sonríe. Me pongo la camiseta sin responderle. - Bien joder, volvemos a la ley del hielo - se pone serio dejando otro breve silencio incómodo entre ambos. Aprovecho para ponerme el pantalón - ¿Estás bien? ¿Te ha...tocado? - se fija en mi pierna, ya cubierta, tratando de ver a través de la ropa mi herida.

Elevo la mirada para clavarla en la suya. Por primera vez desde que le conozco le noto arrepentido, realmente preocupado.

- ¿Te importa? - me pongo las botas sin mirarle, ignorando su tono preocupado.

- Sí - se cruza de brazos. Elevo una ceja - Ya te he dicho que no soporto la violación y hablo totalmente en serio. Soy el jefe de este lugar, esas cosas NO pasan - me acerco a él y subo la mirada para conectarla con la suya. - No somos monstruos joder.

Me siento un poco mal. No puedo simplemente irme e ignorarle. Me ha salvado al fin y al cabo y ha matado al hombre que iba a...No puedo ignorarle por muy cerdo que sea.

- Gracias - respondo simplemente. Él asiente un poco apenado, parece no creer mis palabras. Bufo - Hablo en serio. Gracias. Si no hubieses llegado... - elevo los hombros - Bueno, habría sido una primera vez bastante poco agradable, quizá me habría matado - doy una patada contra la nada, conteniendo lágrimas que ya son incontenibles - Así que gracias.

Me acerco a la puerta pasando por su lado. No me puedo creer que esté llorando. Soy suficientemente fuerte para aguantar esta tensión ¿no? El miedo. Antes de poder salir me agarra del hombro sin apretar. No se ríe, simplemente está serio. Me tenso instantáneamente bajo su contacto.

- Creo que necesitas cariñitos ¿eh? - pone una mano en mi cintura y abro mucho los ojos. ¿Me da un discurso sobre las violaciones y me toca sin permiso? Cuando estoy a punto de desdoblarle la cara me levanta en volandas - Vamos a darte una jodida ducha en condiciones, no esta mierda. Supongo que dada la situación y si por ti fuera no volverías a ducharte aquí...además de que quiero ver esa jodida pierna. - alarga una mano y coge a Lucille como puede.

No me quejo. Es cierto. Podría estar sin ducharme con tal de no volver a ese lugar. Termino por echarme a llorar del todo, escondiendo mi cara en su hombro. Él no hace ningún comentario al respecto. Generalmente me escudo en mis comentarios y en mi posición de gallita pero Dios, he pasado tanto miedo, me he sentido tan indefensa. Sin armas, sin nada para defenderme... salvo mi cuerpo desnudo. El recuerdo solo hace que llore más y me apriete más contra su hombro. Prefiero no pensar de quién es el hombro en este momento.

Escucho un portazo detrás de nosotros y en pocos segundos Negan se sienta, aún conmigo en brazos. Aparto las lágrimas de mis ojos. Coloca a Lucille a un lado del sofá.

- Lo siento - él eleva una ceja y me mira cuando me separo. No debo estar muy guapa que digamos después de una llantera - Ya me voy, no pretendía...

- ¿Cuántos años tienes? - la pregunta me sorprende un poco. Cuando trato de levantarme para responder me devuelve a su regazo.

- No lo sé. Entre veinte y veintiuno - ya que no me deja levantarme me quedo allí, apoyando mi cabeza contra su pecho. Los latidos de su corazón me relajan un poco.

- Joder, me levanta la polla una cría - me río. Menudo bruto - Soy un asalta cunas - me sonríe. Yo me río más. Echaba tanto de menos el contacto humano. Me acurruco contra él.

- Ya soy mayorcita - pasea la mano por mi pelo mojado. El miedo inicial se me pasa y me voy olvidando de lo ocurrido mientras hablo - Estaba a punto de acabar la carrera de química, me quedaba un año. Entonces llegó la apocalipsis.

- ¿Química? - pregunta, jugueteando con mi pelo - Mierda, esperaba algo así como asesina de hombres o quizá algo deportivo. Después de ver esa llave que le has hecho en el cuello a David.

- ¿Estabas mirando?

- Estaba comprobando mis sospechas. En un principio parecía que tú querías matarle a él - asiento.

- Hacía gimnasia artística desde pequeña. Todo el mundo piensa eso del deporte cuando me ve los abdominales. - La imagen de David va desapareciendo de mi mente conforme hablo.

- Con razón esas volteretas mortales - me sonríe, bajando la mano - ¿Todo el mundo? Mierda, creía que era el primero - se queja. Deja un silencio entre ambos. Yo cierro los ojos suspirando - ¿Mejor? - asiento. Es sorprendente, pero es cierto. El asesino a sangre fría, cerdo, imbécil...y mil insultos más ha conseguido que me sienta...mejor - Bien... - echa la cabeza hacia atrás, recostándose cómodamente - Te buscaba. Frankie me dijo que estabas duchándote.

- ¿Y entraste como un pervertido? - se ríe.

- Cariño...¡Soy un jodido pervertido! pero no - acaricia mi espalda - Escuché hablar a David - me da un escalofrío al recordar al hombre - ya no le escucharemos hablar más.

- No me he olvidado de todo - me alejo de él - de lo que hiciste - se pone serio.

- No sabía que la mujer estaba teniendo un aborto, ni que estaba embarazada - eleva los brazos moviendo un poco las caderas debajo mía. Entrecierro los ojos taladrándome. El cerdo me devuelve una mirada de ángel - Ni que el padre era el chino joder. Puedes juzgarme lo que quieras, puedes no hablarme, pero pareces demasiado moralista para el mundo en el que vivimos. Sabes que no soy tan capullo - baja los brazos - Lo sabes. Vosotros matásteis muchos de los míos y yo... - se queda pensativo - Dos de los vuestros. No me salen las cuentas.

Me quedo unos segundos en silencio. Tiene razón, por supuesto que tiene razón. Dos, Glenn y Abraham. No mató a nadie después de mi rabieta. Aún así me levanto. Siento un extraño vacío al alejarme de él.

- Creo que me has prometido una ducha - miro a mi alrededor, se nota que está decepcionado. Estoy en una habitación oscura, increíblemente elegante y Negan está sentado en un sillón de piel. ¿Las sábanas de la cama son de seda?

- Vuelve la víbora - sonríe, poniéndose en pie - esa puerta. Juro no entrar si no quieres. Si me lo pides entonces podría...

- No, gracias - decido no pensar en lo que podría hacer. Prefiero cortarle antes de que me lo describa. Voy hacia la puerta que me ha señalado cojeando un poco. Él coge a Lucille y juguetea con ella en el sofá.

- ¿Negan? - se gira hacia mí, colocando a Lucille sobre sus hombros y sonriéndome. Le miro a los ojos. Quizá le he juzgado mal, quizá realmente no es solo un asesino que disfruta de la muerte. Me ha salvado la vida, me ha consolado, ha sido paciente conmigo... No es un buen hombre, claro que no, pero puede llegar a serlo. Quizá antes de todo esto lo era. - Gracias - sonríe complacido, colocando los pies sobre la mesa.

- De nada, joder.

Entro al baño cerrando la puerta detrás de mí. Lanzo un suspiro. Sin pensar demasiado me desnudo y entro en la ducha mirando de reojo la bañera. ¿Le importará? Parece de bastante buen humor y me duele la pierna una barbaridad. Un moratón comienza a aparecer en mi piel.

Al final termino llenando la bañera de agua y metiéndome dentro con un gemido de alivio. Cojo un poco de gel, pasándomelo suavemente por los brazos.

Huele a Negan.

Todo el maldito baño huele a él.