Lo sé! Antes que nada, debo decirlo... Todo el universo Harry Potter, así como también sus personajes, le pertenecen a nuestra querida J.K Rowling.
Esta historia es mi primer fic, así que espero de todo corazón que disfruten leyendo, tanto como yo he disfrutado escribiendo. Y ahora, los dejo con el primer capítulo.
Capítulo 1. BELL BEACH
- ¡Corre Crookshanks! … ¡Ahhhhh!… ¡corre que Ron nos atrapará!
Una castaña de 22 años corría por Bell Beach, acompañada de un feo gato que a momentos se detenía para observar a su dueña mientras jugaba como una niña.
- Oh vamos Hermione… Sabes que te atraparé! Jajajaja… te atraparé castaña y habrás corrido en vano!
- ¡No lo harás Ron! Sabes bien que ya no soy esa flacucha que Harry y tú vencían de buenas a primeras.
Y así era, porque de aquella niña flacucha y de pelo enmarañado ya no quedaba mucho. La debilucha ratona de biblioteca se había retirado, dando paso a una atractiva joven, de curvas definidas que, sin ser exageradas, formaban una hermosa figura. Su rostro seguía siendo el mismo, de rasgos finos y hermosas facciones, pero ya no era más el de una niña, era el rostro de una joven mujer que había madurado entre duelos y peligros. De una niña que se vio obligada, como muchos de sus amigos, a olvidar los libros y los juegos para dar cabida en su vida a una guerra en la que, si bien resultaron vencedores, sólo hubo pérdidas y derrotas.
- Por Merlín Mione…. Si no llegamos en 10 minutos con tus padres, enviarán a Harry y Ginny por nosotros – Murmuró el pelirrojo entre divertido e irritado, deteniéndose a unos metros de la castaña, observándola mientras ésta admiraba el atardecer.
- ¿No es bello, Ron? – Decía mientras giraba el rostro hacia su amigo – ¿No es maravilloso que, a pesar de todos los deseos de exterminio de un grupo de desquiciados puristas, tengamos el placer de admirar lo que la vida nos da sin preocuparnos por cuidar de nuestras vidas a cada paso que damos?
- Es hermoso Mione… Sí que lo es – Mencionó el pelirrojo sin apartar los ojos del rostro de su amiga, mientras suspiraba hondamente.
- ¡Muy bien Ron, tú ganas! ¡Creo que ya te he vencido muchas veces por hoy!… vamos Crookshanks… Caminemos a casa - Y tomando el brazo de su amigo pelirrojo, emprendieron camino a la casa de playa que los señores Granger mantenían en Australia.
Ya habían pasado dos años desde todo el horror que vivieron en la guerra. Después de la batalla final y de haber acompañado a los Weasley en todo el dolor que significó la perdida de Fred, decidió ir en busca de sus padres. Ya estaba perdiendo las esperanzas, cuando un día de invierno después de 3 meses en Sidney, dio con la consulta odontológica de los doctores Wilkins, nueva identidad que ella misma otorgara a sus padres el día que decidió hechizarlos. De ahí en adelante, fue una vertiginosa carrera por ayudarles a recobrar su memoria, y con ello, la familia que tanto extrañó durante la guerra. Finalmente, luego de numerosos exámenes, y exhaustivos tratamientos, los mejores especialistas de San Mungo en enfermedades causadas por hechizos, lograron revertir el poderoso obliviate aplicado por la castaña, regresándole así a sus padres. Sin una gota de rencor, los Granger entendieron y disculparon el actuar de su pequeña, haciéndole prometer que jamás volvería a decidir por ellos. Ellos eran sus padres, y eran quienes debían protegerla y no al revés. No importaba cuantos años tuviera, ella siempre sería su pequeña ratoncita.
- Al fin llegas Mione… tus padres ya estaban algo nerviosos – Saludó Ginny, su mejor amiga – Creo que aún sienten que en cualquier momento los abandonarás nuevamente – Agregó en suaves murmullos, que sólo fueron oídos por la castaña.
- Oh Ginny… lo sé... ¿Creo que sólo debo dejar que pase el tiempo no? – Preguntó esperanzada.
- ¡Así es amiga, ya verás como el tiempo lo curará todo!... ¡Ahora, vamos por esa lasagna que ha cocinado tu madre! – Dijo tomándola de la mano, mientras cruzaban el umbral de la casa – ¡Vamos Mione, entremos de una vez, antes que Harry y mi hermano acaben con toda la comida!
- Jajajajaja… Ay Ginny, los chicos jamás cambiarán, ¿verdad?
- ¡Jamás Mione… jamás!
Y así fue como los cuatro leones pasaron el verano en Australia, acompañados de los señores Granger, en la casa de Bell Beach. Era una casa pequeña, pero no por ello menos acogedora, y los padres de la castaña disfrutaban de la compañía de su hija y sus amigos. Se habían prometido que jamás se separarían de ella mientras ella así lo deseara. No eran ciegos y sabían que su niña, su ratona como amorosamente la llamaban, se había convertido en una hermosa jovencita que ya levantaba pasiones entre los jóvenes, aunque ella aún no lo notara, especialmente en su amigo pelirrojo. Sin embargo, ellos podían ver que su hija solo veía en Ron, a uno más de sus mejores amigos. Y es que estaban seguros que de no haber sido por Harry, Ron y Ginny, su hija no habría podido sortear la guerra sola… y ellos sin ella tampoco.
Aquel sábado era el último día de sus vacaciones. Ya por la tarde, habían recogido todas sus cosas y se encontraban preparando sus maletas para el viaje de retorno a Londres. Después de todo, ya no eran unos niños y el momento de regresar a sus trabajos había llegado con el inevitable final del verano.
Ginny y Hermione se encontraban preparando sus maletas en el cuarto que compartían en el primer piso de la casa, cuando un chico azabache asomó la cabeza tímidamente por la puerta.
- ¡Hola chicas! Vengo a ver si ya se encuentran listas. Con Ron queremos ir a la feria de artesanía a comprar algunos obsequios.
- ¡Hola Harry! Pero pasa… no te quedes en la puerta. Ya estamos casi listas, ¿verdad Mione? ¡Ven acá elegido! Ven y dale un beso a tu novia que ya te estaba extrañando – Dijo la pelirroja, guiñándole un ojo en tono coqueto.
- Jajajaja.. ay chicos, de verdad que ustedes nunca cambiarán – pronunció la castaña mientras observaba cariñosamente a sus amigos.
- Lo sabes Mione….esta pelirroja y yo jamás nos volveremos a alejar – Dijo el azabache mirando a su novia con amor infinito.
- ¡Bien babosos!… Creo que no los acompañaré a la feria. Esta es nuestra última tarde aquí y aprovecharé de disfrutar del atardecer en la playa… Son las 6 de la tarde... Mmmm… ¿les parece si nos vemos aquí en dos horas?
- ¡En dos horas será ratona! – Dijo Harry cariñosamente.
- En dos horas, entonces – Dijo la castaña guiñándoles un ojo, mientras se dirigía hacia la puerta.
Amaba esa playa, y amaba también sus atardeceres. Bell Beach, era su lugar, cada año iba allí de vacaciones con sus padres. Para ella era un lugar místico, y no precisamente por la magia que podía conseguirse con hechizos, no. Era su lugar mágico, porque era donde podía disfrutar del amor de su familia, de sus padres, sin mayores preocupaciones. Porque el verano, sus veranos, eran su momento, el momento en el que podían disfrutar libremente y sin más responsabilidades que divertirse.
Comenzó a caminar hacia un pequeño roquerío, desde donde podía admirar sin bullicios, cada puesta de sol. Era su momento y nada podía borrar la sonrisa que asomaba en ese instante en su rostro… Nada, excepto una pequeña snitch dorada que revoloteaba a su alrededor, una pequeña snitch, volando en una playa repleta de muggles que desconocían la existencia de la magia. Una pequeña snitch, poniendo en peligro el tan resguardado Estatuto Secreto de la Magia.
Se detuvo en seco, y nerviosa, comenzó a mirar a todos lados, rezando a Merlín y al mismo Dumbledore que ningún muggle se diera cuenta de la pelotita dorada, y mucho menos, que lograran ver lo mismo que ella, un chico irresponsable que sobrevolaba esa parte de la playa, subido en su escoba, sin importarle ser descubierto. Pero ella era Hermione Granger, heroína de guerra, miembro de la Orden del Fénix, condecorada con la primera orden de Merlín, mejor bruja de su generación y de Hogwarts desde Rowena Ravenclav, y ese mago loco, la iba a oír… Ohh sí... la iba a oír y no le quedarían ganas de poner en juego, el secreto de su mundo.
- Ey chico! – Le grito al hombre que hacía piruetas en una moderna Nimbus – Tú! ¡El de la escoba… es a ti a quien le hablo! – Insistió molesta, al ver que era completamente ignorada – Muy bien, tú te lo buscaste – Murmuró sacando la varita de su morral – No digas que no te lo advertí… Accio escoba! – Y la brillante Nimbus voló a sus manos, mientras su dueño caía al suelo en un golpe seco.
- ¿Pero qué demonios? – Murmuró el chico poniéndose de pie, y dirigiéndose raudo hacia la mujer que había convocado su recién estrenada NImbus, último modelo.
- Tú, estúpido niñato, cómo se te ocurre volar una escoba en medio de una playa donde cualquier muggle podría descubrirte? – Producto de la distancia, aún no podía visualizar su rostro, pero por su figura, ya había concluido que se trababa de un chico.
- Oh vamos, nadie viene a este roquerío a esta hora – Decía el chico, mientras se dirigía a esa chica menuda que tenía su escoba en sus manos. Por la distancia, no podía visualizar claramente su rostro, sólo distinguía su figura femenina y delicada - Por lo visto, la loca está de muy buen ver - Pensó mientras sonreía de lado, y seguía caminando hacia la chica.
- Oh no… oh no. No puedo creerlo… no Merlín por qué a mí? – Por fin había logrado distinguir el rostro de chico, y esas facciones eran inolvidables.
- Oh no… Por Salazar... habiendo tantas locas en el mundo, justo tenía que cruzarme con su abeja reina – Murmuraba el chico, mientras reconocía aquellas inconfundibles facciones.
- Malfoy!?
- Granger!?
- La misma. Qué haces aquí Malfoy? Lo último que supe de ti es que estabas en América, jugando por un equipo de quidditch.
- Hola Granger! Bonito vestido – Dijo el rubio con una sonrisa ladeada – Creo que, no tendría por qué contestarte, pero dado que tienes secuestrada mi escoba, te contestaré como una especie de pago por el rescate… He decidido jugar por un equipo de Inglaterra, y estoy disfrutando de unas pequeñas vacaciones antes de incorporarme a los entrenamientos.
- Oh! Creí que jamás querrías volver a Inglaterra Malfoy – Dijo la chica, con calma, mientras le regresaba la escoba al rubio.
- Yo también lo creí Granger, pero me ofrecieron una excelente oportunidad. Además, padre contraerá matrimonio en unas semanas, y quiere que conozca a la desdichada que será su mujer.
- Malfoy, por qué me cuentas todo esto? – Preguntó la castaña observando al chico con cautela – Después de todo, nunca hemos sido amigos… ¡Por Godric, ni siquiera nos hemos tratado nunca como dos compañeros normales!
- ¿Pues qué quieres que te diga Granger? Los tiempos cambian, y la gente se arrepiente. ¿Nunca es tarde para empezar a comportarnos con civilidad, no crees? – Preguntó el rubio mientras estiraba su mano hacia la chica, ofreciendo un tácito acuerdo de paz.
- Tienes razón Malfoy, nunca es tarde para tratarnos con civilidad – Contestó la castaña, mientras respondía al gesto del rubio, esbozando una dulce sonrisa.
- Vaya Granger, veo que aún tienes ese feo gato – Dijo el chico, mientras apuntaba a Crookshanks.
- Vaya Malfoy! Veo que aún sigues siendo un odioso hurón.
- Vaya Hermione… veo que aún no olvidas nuestro cuarto año.
- Jajajaja.. cómo olvidarlo Draco? Cómo olvidarlo?
Y así fue como una sencilla conversación se convirtió en el primer paso de una amistad que sorprendería a muchos, y que los llevaría a ambos a transitar juntos por un camino lleno de inesperadas sorpresas.
