El universo de InuYasha pertenece a Rumiko Takahashi
Los derechos de la imagen de portada no me pertenecen.
Nansei
«Suroeste»
Parte I. Relatos del Sur
¿Cómo puedo alejarte cuando estás tan dentro de mi?
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I. III Protección
–¡Padre! –Fue el recibimiento que obtuvo Eiji en cuanto cruzÓ las puertas de su castillo en el sur.
Todos los Lores cardinales habían sido llamados al Norte por el nacimiento de la nieta del líder de los lobos blancos de la montaña, lo cual forzosamente lo incluía a él para no levantar hostilidades y mantener las buenas relaciones.
Como odiaba los protocolos.
Se sintió tan aliviado cuando observó como Kagome se soltaba de la mano de Akira, su guardiana desde que había sido una bebé, para correr a abrazarlo enfundada en su adorable kimono azul con estampados de flor de cerezo.
Desde que había tomado a Kagome como su hija hacia ya ocho años, no había tenido un minuto de paz, pues siempre sentía esa ansiedad constante de que resultara herida debido al recelo que mantenían algunos demonios ante su decisión. No es que su personal fuera incompetente al momento de protegerla, pero sabía que había demonios lo suficientemente poderosos como para lastimarla si él no estaba ahí.
–¡Kagome! –Respondió con alegría mientras se inclinaba para recibirla entre sus brazos, cuidando que no resultara herida con su armadura.
Se separó un poco de la pequeña para acariciar sus cabellos y fue entonces cuando sintió la presencia del heredero del Oeste.
No se mostró sorprendido, pues si el joven sabia que todos los Daiyokai cardinales habían sido llamados seguramente había intuido el peligro por el que Kagome podría pasar sin su presencia.
Incluso, había ocasiones en que le pedía que la llevara con él al Oeste cuando debía marcharse a expediciones muy largas, para de esta forma asegurar su seguridad.
Además, a Kagome le encantaba el Palacio de la Luna y los rumores decían que Irasue solía disfrutar la compañía de la niña, a pesar de ser conocida por aversión a los humanos, siendo todo lo contrario a su esposo.
El Lord del Sur le dedicó un asentimiento de cabeza a modo de saludo al hijo de su gran amigo, mismo que fue correspondido con la seriedad característica del joven.
–¿Estuviste bien, Kagome? –preguntó mientras caminaba hacia el interior al tiempo que tomaba de la mano a su heredera.
–¡Sí! –respondió con efusividad– Sesshōmaru-sama fue muy bueno conmigo, jugamos juntos en el jardín…
Mientras Kagome seguía hablando Eiji soltó una carcajada mental, pues cada que su hija hablaba sobre sus juegos con Sesshōmaru, solía referirse a que ella jugaba y el joven heredero solo la miraba sentado bajo la sombra de un árbol.
–…y me protegió cuando un demonio forastero entró en nuestras tierras –continuó relatando con inocencia la menor.
Curioso ante eso último, notó la mirada inquieta de Sesshōmaru.
–¿Qué ocurrió? –Inquirió.
–Un incidente.
Las garras de la mano libre del sureño se crisparon ante este hecho por lo que envió a Kagome con Akira para que pudiera seguir jugando, gesto que no hizo muy feliz a la pequeña pues odiaba ser excluida de las "cosas de adultos".
–Acompáñame –murmuró Eiji una vez se encontró solo con Sesshōmaru.
Ambos se adentraron al castillo, dónde podrían hablar del asunto en privado. Lejos de oídos curiosos.
Cuando Toga comunicó a Sesshōmaru que debía marcharse al Norte debido al nacimiento de un nuevo miembro de la estirpe, el heredero supo que Kagome correría enorme peligro –siempre lo hacía– es por eso que apenas su padre de marchó, también lo hizo él, pues la indefensa humana siempre era una presa fácil cada que el Lord del Sur tenía que dejar sus tierras.
Todo el recorrido hasta el palacio del Sur fue carcomido por una ansiedad desconocida ante la idea de que ella fuera lastimada. Y es que ni el mismo se podía explicar ese extraño sentimiento que bullía en su interior.
Por mucho tiempo trató de resistirse a el, pues lo veía como algo absurdo e innecesario.
Se convenció a si mismo que no había podida matarla debido a que hubiera sido un acto sumamente cobarde e indigno. Algo que apenas un humano o un demonio de baja categoría haría.
La promesa hecha por su padre convertía a la humana en algo suyo, por lo tanto estaba en la obligación de destruir a cualquiera que se atreviera a lastimar lo que le pertenecía.
Nunca admitiría, lo aliviado que estaba de que el camino entre la frontera Oeste y Sur no fuera tan largo, menos cuando lo hacía volando.
En cuanto arribó en terrenos sureños, se concentró en localizar la esencia de la niña, y su alarma se disparó en cuanto la sintió fuera de los limites del palacio, pues ningún sirviente tenia autorización de sacarla, mucho menos cuando Eiji estaba en alguna expedición.
Se apresuró a llegar a ella, tanto que no se molesto en moderar su aterrizaje ansioso por poner distancia entre ella y el ogro que la llevaba cargando inconsciente como una mercancía sin importancia.
–Suéltala –advirtió.
Sabía que podría matarlo en instante, sin embargo tenía qué saber quien lo había enviado por ella.
El ogro, que parecía un yokai de tan bajo nivel que incluso podría llamársele estúpido, no le reconoció, por lo que solo se rio del heredero.
–¿Y qué podría hacerme tú, pequeñín?
El único signo de molestia representado en la mirada de Sesshōmaru fue la forma en que entrecerró los ojos con amenaza, por lo que si el ogro hubiera sido más listo, habría sentido la alarma de peligro dispararse.
En un segundo, cercenó el brazo del demonio inferior y atrapó a Kagome antes de que está pudiera hacerse daño con la caída.
El chillido de dolor del ogro no se hizo esperar, cayendo sobre sus rodillas maldiciéndolo de mil maneras.
–¿Sesshōmaru-sama? –Susurró Kagome volviendo en sí, reconociendo las hebras plateadas del cabello de su salvador.
Sesshōmaru soltó un suspiro interno de alivio al comprobar que se encontraba bien, pero eso no evitó que aún quisiera saber quién se había atrevido a intentar dañarla de forma tan cobarde, cuando supo que se encontraba desprotegida.
Mientras cargaba a Kagome con un brazo, liberó su lazo de energía con la mano libre, se acercó al ogro herido y lo envolvió del cuello con él, sorprendiendo a la niña.
–¡Sesshōmaru-sama! –No pudo evitar gritar horrorizada, pero fue ignorada.
–¿Quién te envió?
Las palabras de Sesshōmaru sonaban mortíferas, cargadas con la más pesada de las advertencias, por lo que el yokai supo que era momento de hablar.
En cuanto el demonio abrió la boca una daga rebosante de miasma salió disparada hacia su pecho desde los arboles, silenciándole antes de que Sesshōmaru pudiera obtener respuestas.
Molesto, el Daiyokai buscó rápidamente con la mirada al causante pero solo fue capaz de ver el rastro de plumas negras que dejó tras de si el vuelo de un cuervo.
Dispuesto ya a seguirlo, se detuvo abruptamente al sentir el olor a agua salada característico de las lagrimas.
Sesshōmaru miró a Kagome buscando alguna herida, y al no encontrarla asumió que todo había sido demasiado para ella por lo que decidió llevarla de regreso.
Colocó a la niña en el suelo y le ofreció su mano para llevarla de regreso.
–Sesshōmaru-sama es aterrador –Fue la confesión de la niña mientras frotaba sus ojos con sus manos, retirando las lagrimas.
La declaración heló al demonio, pues recordó que esa era la primera vez que Kagome había visto en primera fila ese lado suyo.
No quería que Kagome le temiera.
Cuando se recuperó, se inclinó a la altura de la niña, apartó sus manos de su cara para que ella pudiera mirarle.
–Tu también debes serlo –casi sonó a una orden–, los demonios aprovecharan cualquier ventana que les des para matarte. Así que tu debes matarles primero.
Kagome no pudo más que mirarlo con los ojos enormemente abiertos, consternada ante lo dicho, ¿Ella? ¿Aterradora…?
Sesshōmaru entonces empezó a caminar delante de la niña.
–Vamos –dijo para hacer reaccionar a Kagome luego de que ella se quedará reflexionando sobre sus palabras.
Kagome le obedeció y tímidamente, cuando llegó hasta su lado, se dispuso a tomar la mano de Sesshōmaru como solía hacer desde que era una bebé.
Algo dentro de ella se alegró cuando el demonio aceptó su tacto apretando con decisión su pequeña mano, en seña de que siempre estaría ahí para protegerla.
Cuando Sesshōmaru terminó de relatarle a Eiji lo ocurrido –ambos sentados sobre sus pantorrillas, frente a frente–, el Lord no pudo evitar la traición que le atravesó, pues cualquier Cuervo que estuviera en el Sur, forzosamente era de los suyos.
No era como si nunca se hubiera imaginado que alguien de sus tierras sería capaz de hacerlo, pero dentro de él tenia cierta confianza en la lealtad de sus hombres, la suficiente como para respetar sus decisiones, o por lo menos no atentar contra ellas.
–Gracias por protegerla, joven Sesshōmaru.
Y es que el Lord del Sur sabía de que desde que el joven del Oeste había conocido a su pequeña e inusual hija, había caído victima del mismo hechizo que él. Todos los Yokai lo hacían.
Kagome tenia un extraño efecto sobre los demonios; no existía un punto medio, o los demonios sucumbían ante la clara atracción hacia Kagome o le odiaban enormemente por reconocer ese encanto suyo siendo una humana.
–Este Sesshōmaru no acostumbra faltar a su palabra –respondió, refiriéndose al trato hecho años atrás, donde una de las clausulas más importantes establecía que la unión era para mantener protegida Kagome.
–Lo sé –concedió Eiji –. Sin embargo, Kagome también debe fortalecerse. Me temo que habrá algún momento en el que no estemos ni tu, ni yo para ella.
–Es humana –recalcó Sesshōmaru, asumiendo que no había forma en que pudiera derrotar a un demonio.
El Lord sonrío.
–Los humanos han tenido que aprender a defenderse de nosotros, joven Sesshōmaru.
Eiji se puso de pie girando su vista hacia uno de sus jardines por la ventana que tenia en esa habitación, dándole la espalda a Sesshōmaru ofreciéndole un ángulo privilegiado de sus majestuosas alas negras, famosas por el brillo que solían tener en antaño.
–Conozco una humana que es capaz de enseñarle todo lo que necesita, temida aún entre demonios–musitó, aún de espaldas.
–Los humanos no son de confianza.
Los humanos fácilmente se asesinaban entre ellos por lo que no confiaba en que no hicieran lo mismo con Kagome a penas resultara provechoso. Prefería pedirle a uno de sus maestros que le entrenara, o incluso hacerlo él mismo antes de exponerla a la maldad de su misma especie.
Una sonrisa ladeada, imperceptible para Sesshōmaru, invadió el rostro del Lord.
–La sacerdotisa Midoriko es una buena amiga del Sur.
¡Ya es viernes!
¿Cómo estuvo su semana? c:
Así como dato curioso de mí esta fue mi primer semana en la universidad y la disfruté muchísimo (ya saben, la calma antes de la tormenta xD)
Anyway, me gusta mucho leer sus reviews, así que cuéntenme qué les pareció este tercer capitulo :D
Nos leemos en una semana, se cuidan mucho porfi c:
