Capítulo 2. EL JUEGO COMIENZA
Ya habían transcurrido seis meses desde que el patriarca Malfoy desposara a su flamante y joven esposa. Dos años y algo más, desde que la guerra acabara, llevándose con ella, la vida de muchas personas. Dos años y algo más, desde que Narcisa Malfoy abandonara el mundo de los vivos.
Y ahí estaba Draco, dueño de una elegancia única y de unos exquisitos modales, sello inequívoco de la crianza de Narcisa Black, sentado el sofá de un risueño Blaise. Bebía una copa de vino,y trataba inútilmente de recordar el nombre de la última chica que había pasado por su cama, mientras relataba al moreno, sus aventuras de la noche pasada.
- ¡Te lo juro Blaise! Esa chica era fuego puro, no te imaginas amigo.
- ¿Por Merlín Draco, cuando te tranquilizarás? Sé que ayer fue una fecha difícil, pero de verdad rubio… si Narcisa estuviera aquí, no creo que sintiese orgullo de ver a su hijo convertido casi en un vividor, arriesgando su puesto en la selección de quidditch de su país – Dijo el moreno, abandonando su sonrisa y observando a su amigo con seriedad.
- Blaise, dejaré pasar el que hayas mencionado a mi madre, sólo porque para ella fuiste un hijo más – Decía el rubio mientras hacía el esfuerzo de recordar algo importante – Dos años Blaise, tan sólo dos años tuvieron que pasar para que mi padre se casara otra vez… Y no con cualquier mujer... no! ¡Se casó con una chiquilla Blaise! Por Merlín… con una chiquilla de mi edad, con la sádica de Daphne Greengass, que cuando vio que no llegaría a más conmigo, fue a por mi padre… y vaya que el idiota cayó redondo en sus redes.
- ¿Qué puedo decirte viejo? Ya no hay nada que puedas hacer. Es un hecho, la Greengass mayor es tu madrastra y eso no cambiará… Ahora… creo que es mejor que te duermas amigo. Sólo espero que mañana cuando despertemos, tus ideas se hayan aclarado.
- Está bien Blaise, gracias por recibirme otra vez en tu casa.
- ¡No hay problema amigo! Serpientes, pero leales, ¿lo recuerdas? ¡Ya duérmete Malfoy!
- Oooh, por supuesto cariño, buenas noches! – Exclamó el rubio, burlándose de su amigo.
- Buenas noches primor, y lo siento, pero lo nuestro no puede ser. ¡Ya amo a tu mejor amiga! – Contestó el moreno, soltando una carcajada.
- Auch Blaise! ¡Has roto mi corazón, pero sé que Pansy sabrá quererte tanto como yo!
- Jajajajaja.. ya descansa rubito… adiós!
- Jajajaja…Hasta mañana Blaise!
Y acomodándose en el sofá, el rubio trató de dormirse, pero las ideas para vengarse de su padre por haber olvidado tan rápidamente a su madre, no lo dejaban conciliar el sueño. Sabía que ya no era un niño, sin embargo, si había algo que pudiera hacer para molestar a su padre, lo haría. Ya se le ocurriría algo. Ahora debía dormirse, porque si no se despertaba a la hora, habría una castaña muy, pero muy molesta con él.
- Granger – murmuró recordando a su nueva amiga.
Sí, su amiga. Habían transcurrido algunos meses desde que se la encontrara aquella tarde en Bell Beach, prometiéndose mutuamente, que una vez establecidos en Londres, se reunirían a conversar sobre sus tiempos en Hogwarts. Y eso hicieron, se reunieron una semana después de su encuentro de verano, y a ese primer encuentro, le siguieron muchos más.
Tuvieron la conversación de rigor, donde ambos se perdonaron, donde el rubio expuso sus motivos para actuar como lo hizo, de cómo fue coaccionado para convertirse en mortífago y tratar de matar a Dumbledore, por temor de que asesinaran a su madre. Cosa que finalmente, sucedió.
La conversación en la cual la castaña, le expresó el odio que sintió por él cuando fue torturada en la Mansión Malfoy, ante sus ojos y nula reacción.
Una conversación en la cual Malfoy, agradeció haber sido salvado en la sala de menesteres.
Una conversación en la cual la castaña, prometió darle la oportunidad de conocerse nuevamente, y de comenzar desde cero, como si jamás se hubiesen visto antes de ese día.
Y así fue como logró dormirse, con la imagen de una risueña castaña en la mente.
- ¡Vamos Malfoy! ¡Despierta!
- Rrrrgggg… mmmmm…. No quiero… rrgggg…
- ¡Ya Draco! ¡Tienes exactamente 1 hora, para levantar tu trasero de mi sillón, darte un baño, y llegar a tu desayuno con Granger!
- ¡Demonios Blaise! ¿Por qué no me lo recordaste antes?! – Dijo exaltado el rubio, mientras saltaba del sofá directo a la ducha.
- Jajajajaja.. diablos amigo, quien diría que la castañita lograría domarte?
- ¡No digas idioteces Blaise, sólo somos amigos!
- Pues eso no es lo que dicen sus ojos, cada vez que brillan al verte, viejo.
- Olvídalo… ni siquiera es mi tipo. Es más, ¿te imaginas lo que diría mi padre, si un día llego y la presento como mi novia?
- Lucius Malfoy moriría pequeño hurón… sí que lo haría…
- Así es… nada podría ser más terrible para padre, que su pura sangre se mezclara con la sangre de una muggle – Dijo el rubio pensativo – ¿verdad Blaise?
- Ooh no, para ahí Draco, detente ahora! – Dijo el moreno, cambiando su cara de relajo a una de pavor absoluto – No sé qué estarás pensando, pero esa cara que pones no me gusta nada. Es evidentemente que los engranajes de tu mente han comenzado a funcionar, y nada bueno resulta cuando eso ocurre.
- ¡Vamos Blaise, llevas meses diciéndome que debo sentar cabeza… que ya va siendo hora de estabilizarme con una buena chica, pues qué crees, la encontré!
- Draco? No alcanzo a entenderte. Acabas de decirme que Granger no es tu tipo. ¡Eres un mentiroso Malfoy!... ¡Vamos rubio! Ábrele tu corazón al viejo Blaise – Decía el moreno esbozando una sonrisa cómplice hacia su amigo – Siempre la he considerado mona, es suspicaz, divertida y tierna, además de inteligente, ¡y hermosa… mira que los años la han favorecido ehh! … ¿Desde cuándo Draco? Cuéntame… ¿desde cuándo notaste que amas a nuestra castañita?
- ¿Nuestra castañita? – Dijo el rubio, mientras una extraña sensación de molestia hacía eco en su estómago – Olvídalo Blaise, tú ya tienes a Pansy. Además, a Hermione sólo la quiero como una amiga… Por Merlín Blaise, de verdad la quiero, pero la castaña está a años luz de encajar en nuestros círculos sociales. Es cierto que ha mejorado con el tiempo, y que he aprendido a apreciarla, pero sabes tan bien como yo, que jamás podría enamorarme de ella – dijo pensativo – Ella no es como nosotros.
- ¡Vaya Draco! Sólo escúchate, suenas tan snob y purista como en tus mejores tiempos – Dijo molesto el moreno – Qué tiene de malo Hermione? ¡Es una chica maravillosa! Y te ama Draco, contra todo pronóstico, esa chica te ama, sólo hay que observar el brillo de sus ojos cuando te tiene en frente, y tú, maldito purista, sólo estás ahí parado, haciendo un monologo sobre el por qué Hermione Granger no podría pertenecer jamás a nuestra "alta y pura sociedad" – Replicaba el moreno, haciendo comilla mientras pronunciaba esto último.
- Oooh vamos Blaise. Ya te dije que no la amo y que sólo nos une algo fraternal, además no sé por qué tanto instinto defensor para con ella, después de todo Blaise, es MI amiga - Refutaba el rubio, en tono posesivo – Y tú, sólo eres un chico que le agrada y al que tolera, por extensión de nuestra amistad. Te lo advierto, Blaise, no te metas en mi relación con Mione.
- Y diciendo esto último, el rubio abandonó el departamento de su amigo, no sin antes despedirse con un seco apretón de manos.
- Adiós Draco – Se despidió Blaise, aunque el rubio ya había cerrado la puerta tras él, y no podía oírlo – Sólo espero que cuando abras los ojos, no sea demasiado tarde para tu corazón de hielo.
Una hora después, y a 5 manzanas de allí, una linda castaña, enfundada en un elegante vestido azul eléctrico, que se amoldaba como guante a sus finas curvas, entraba a una pequeña cafetería de Londres. Sus largos, y aparentemente suaves bucles castaños, su menuda y liviana figura, sus grácil caminar sobre unos bellos zapatos de diseñador, todo ello acompañado de una radiante sonrisa, atraían sobre ella todas las miradas. Y la castaña, ajena e ignorante de todo lo que provocaba a su alrededor, saludaba en un efusivo abrazo a su rubio amigo, que ya la esperaba bebiendo un café, y repasando mentalmente, todas las formas posibles de tortura para aquellos estúpidos que observaban a la castaña con cara de lobos hambrientos.
- Vaya Mione… luces hermosa! – la saludó haciendo uso de sus ya conocidos modales de don Juan, esbozando aquella sonrisa ladeada, marca registrada de los hombres Malfoy.
- Te lo agradezco Draco, pero no es necesario que apliques tus tretas de Casanova conmigo, recuerda que sólo somos amigos – Dijo la castaña, con un casi imperceptible tinte de tristeza en su voz, aunque no pasó desapercibido para el rubio.
- Mmm…Quizás eso podría cambiar – Dijo el rubio en un murmullo apenas audible.
- ¿Qué dices Draco? Si no hablas fuerte, no puedo escucharte.
- ¡Demonios Granger! No es mi culpa que esa hermosa cabecita de risos no pueda dejar de pensar en mí – Mencionó Draco, en tono coqueto, elevando una ceja.
- Vaya Malfoy, ya estaba pensando que habías dejado a tu enorme ego abandonado en Norteamérica… jajajajaja… te parece si pedimos nuestro desayuno?
- ¿Nerviosa Granger? – Decía el chico, mientras se acercaba peligrosamente a la castaña.
- Ni en tus sueños hurón – Dijo la chica algo cohibida. No sabía por qué, pero cada vez que estaba frente al rubio, su carácter grifindor se esfumaba, dejándola a merced de los encantos engañosos de la serpiente. Y, a quien quería engañar, estaba realmente jodida, sólo habían bastado unas semanas de salidas y tiempos compartidos, para que el chico se robara su corazón. Y vaya que había sido difícil mantener su amistad, en especial, lo que le costó que Harry y Ron, sus amigos de toda la vida, pudieran aceptarlo. Dos semanas sin dirigirle ni siquiera el saludo, habían hecho que perdiera la esperanza de recuperarlos, pero gracias a Ginny, eso ya no era un problema. Si bien, no aceptaban su amistad con el rubio, la respetaban y confiaban en su criterio, y con eso era suficiente para ella.
- Hermione – Pronunció delicadamente el rubio, en un estado de ensoñación absoluta – Realmente…eres hermosa - y tomando suavemente su mentón, la beso dulcemente tomándola por sorpresa.
- Draco… qué haces? – Preguntó la castaña en estado de lividez, mientras besaba de vuelta al rubio, sintiéndose en el cielo – Qué hacemos Draco?
- Nos besamos Mione... nos besamos – Le dijo acariciando tiernamente su mejilla, hasta que de un momento a otro pareció recobrar su lucidez y se alejó bruscamente de la castaña – Demonios Draco, piensa fríamente, creo que es momento de comenzar con tu plan de venganza para molestar a Lucius Malfoy – Se dijo mentalmente.
- ¿Y ahora qué Draco? – Preguntó suavemente Hermione, mientras trataba de calmar a su acelerado corazón – Si sabes que los amigos no van por ahí besándose, ¿verdad?
- Mione, sé mi novia – Dijo, como si se tratase de una orden.
- ¿Qué?
- Que seas mi novia, no es tan difícil de procesar ratona. Sólo dices sí o no – Dijo fríamente al darse cuenta de que la castaña dudaba, sintiéndose por primera vez, nervioso. Aunque claro, era un Malfoy, y sus confusas emociones estaban perfectamente ocultas tras una máscara de suficiencia.
- Vamos Draco, no te molestes… es sólo que esta situación me pilla de sorpresa – Contestó dulcemente, pero en tono firme – Pero sí Draco, acepto ser tu novia – Dijo esto último, sonriendo con ilusión.
- Muy bien señorita Granger – Dijo el rubio, sonriendo, mientras soltaba su respiración retenida- este viernes iremos a cenar a la Mansión Malfoy con mi padre y su esposa.
- Pero Draco – Decía mientras acariciaba suavemente su mano – ¿No te parece que es un poco pronto para eso?
- Bueno Mione, entiendo que no quieras cenar en la mansión, ni volver a ver a mi padre – Contestó el rubio, mirándola a los ojos, y poniendo una cara de cordero degollado.
- Ok Draco, ¡está bien! Cenaremos con tu padre. ¡Hurón manipulador! Pero que quede constancia, que sólo lo hago porque así lo quiero… y no porque uses esa ensayada carita de cordero hambriento - Dijo riendo, mientras le mostraba su lengua.
Estaba siendo un maldito desgraciado y lo sabía, tal como Blaise lo había predicho, la castaña lo amaba, lo veía en cada gesto de cariño que le prodigaba, y aunque él la veía sólo como una amiga, y sólo así creía amarla, le había pedido ser su novia, y había desplegado todos sus encantos para convencerla de aceptar la cena en la Mansión Malfoy, sólo porque sabía que esto desagradaría a su padre y de paso a Blaise, ya que aunque no quisiera aceptarlo, le había molestado enormemente la férrea defensa que el moreno había hecho de la castaña. Era su amiga, la amiga de Draco Malfoy, el cariño más puro que poseía en su vida, y no estaba dispuesto a compartirlo ni siquiera con su mejor amigo. Porque la amistad de la leona, le pertenecía, y un Malfoy, no compartía.
El juego ya había comenzado, y sólo esperaba que las cosas no se salieran de control y así nadie saldría lastimado.
Por otro lado, Mione pensaba en todo lo ocurrido en la cafetería, sabía que Draco no la amaba más que como a una amiga. Sabía también que la estaba usando, ya que antes de salir de su casa, una carta de Blaise la había advertido al respecto, pero ella era Hermione Granger, la valiente Hermione, y nunca rechazaría un reto. Menos el reto que Draco Malfoy suponía, porque ella lo amaba, y su inteligencia y cariño lograrían que él la amara de la misma forma. Sólo necesitaba tiempo.
