Capítulo 3. DE AMIGOS Y VERDADES
- Muy bien Hermione Granger… ¡Cuéntamelo todo a la cuenta de ya!... ¿Cómo es que eres la novia del hurón y que mañana irás a cenar a la Mansión Malfoy? – Decía una ansiosa pelirroja.
- Por Merlín Ginny, ¿qué quieres que te diga? – Preguntó una exasperada Hermione – Desde el momento en que sentí mis sentimientos cambiar, fuiste la primera en saberlo… y es que todo esto me parece una locura, amiga. ¡Jamás imaginé que sería la novia de Malfoy, es decir, nos odiábamos… Ron y Harry aún lo odian… Maldición Ginny! Los chicos me odiarán.
- ¡Olvídalo Mione! Si no quieren conocer la furia Weasley, no se interpondrán en lo absoluto. ¡De eso me encargo yo! – Exclamaba la pelirroja, al más puro estilo Molly Weasley.
- Jajaajaja… de verdad pelirroja…¡me asustas!
- Jajajaja… ¡anda Mione! mejor vamos de compras, tenemos un vestuario que preparar para la noche de mañana. ¡Haremos que ese hurón babee por tus huesos castaña!
- Oh oh… espero no arrepentirme de esto – Murmuró suavemente Hermione, para que su amiga no pudiera oírla.
A pesar de los deseos de la castaña, el día viernes llegó casi volando. Hermione decidió descansar de su trabajo ese día. Si bien, su puesto como jefa del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, le otorgaba completa autonomía sobre sus tiempos, de todos modos, envió una lechuza al ministro Kingsley, avisando que se tomaría aquel día libre, a cuenta de sus eternas vacaciones pendientes. Para nadie era un secreto que la heroína de guerra, se entregaba completamente a sus cruzadas por las criaturas desvalidas, olvidándose incluso, de sus períodos de descanso.
Ese día, se reuniría a almorzar con sus amigos. Sólo esperaba que todos pudieran llegar a la cita, así soltaría la noticia de su noviazgo de una sola vez y sin anestesia. Sonrío recordando cuánto habían madurado sus chicos desde que cursaron su último año en Hogwarts, luego de la derrota de Voldemort.
Contra todo pronóstico, Harry Potter, se había convertido en un excelente maestro de Defensa Contra las Artes Obscuras, y Neville en el nuevo profesor de Herbología. Juntos, impartían clases en su amado Hogwarts.
Ginny Weasley, decidió continuar con su carrera en el quidditch y jugaba profesionalmente por las Arpías de Holyhead. La distraída Luna, luego de concluir Hogwarts, había emprendido un viaje con su padre, con el fin de buscar nuevas criaturas mágicas.
Y Ron, su impulsivo pelirrojo, se había convertido en un respetable auror, jefe del mejor escuadrón del ministerio, y estaba dedicado a dar caza a los mortífagos renegados que aún vivían bajo la estúpida esperanza de reavivar los ideales del maniático mestizo, que, por mucho tiempo, reverenciaron como su líder.
Entre los recuerdos de sus amigos y los preparativos para esa noche, fueron transcurriendo las horas en un abrir y cerrar de ojos.
Mientras tanto, en el otro extremo de la ciudad, en un lujoso barrio residencial, tres serpientes tenían una acalorada discusión. Draco Malfoy era atacado sin contemplaciones, debido al egoísmo absoluto de sus recientes decisiones.
- ¡Mierda dragón! Te advertí que no lo hicieras.
- Vamos Blaise, tampoco es que para ella sea un sacrificio ser mi novia. Somos amigos, ahora también novios, y cuando todo se termine, seguiremos siendo los amigos de siempre.
- Eres realmente estúpido Draco – decía una elegante pelinegra al borde de estallar en cólera.
- ¡Vamos Pansy! ¿Tú también me sermonearás?
- Draco, Granger nunca ha sido mi amiga, pero somos buenas compañeras de trabajo y hemos aprendido a tolerarnos con el tiempo. Ella es justa, y buena, y honesta…. ¡Demonios dragón! Ella es una maldita griffindor de pie a cabeza, y ha sido la única que nos ha dado la oportunidad de recomenzar desde cero, incluso, aún antes de que tú, maldito hurón egocéntrico, te reaparecieras en su vida.
- Querida Pansy – Acotó el rubio sin mostrar sensación alguna en su pálido rostro – te recuerdo que soy tu amigo desde mucho antes…
- Olvídalo dragón, no quiero volver a escucharte hablar de tu "noviazgo" – dijo de forma irónica, mientras tomaba su bolso para acudir al Ministerio – No seré parte de esto dragón, oh no… no lo seré. Sólo te diré algo Draco, porque sé que tu maldito ego te cubre los ojos, y no te deja ver la realidad. No la dañes dragón, no sigas con ese estúpido plan de joder a tu padre, porque se te puede salir de control, puedes dañarla y con ello a ti mismo, y quizás cuando tu frío corazón comience a romper su hielo, ya sea demasiado tarde – y diciendo esto último, ingresó a la chimenea para dirigirse al Ministerio, a través de la red flu.
- ¡Pansy está loca¡ ¿qué le has hecho Blaise? Soy un Malfoy y no me enamoro, lo saben.
- ¡No viejo! El loco eres tú. Te lo advertimos Draco… - Dijo en un tono que no admitía replicas - No digas después que no lo hicimos – Y diciendo esto último caminó directamente hacia la chimenea, con la elegancia tan típica de todo slytherin.
Algo muy parecido había ocurrido entre la castaña y sus dos amigos. Como era de esperarse, ni Ron ni Harry, estaban de acuerdo con el noviazgo de Hermione. No confiaban en el rubio, y creían que éste sólo jugaba con su amiga. No es que no la consideraran lo suficiente mujer para enamorarlo, al contrario. Sin embargo, aquel instinto tan desarrollado, logrado después de tantas aventuras y peligros, les decía que algo allí no encajaba, pero decidieron callar sus teorías y acabar con la discusión, antes de que a alguno se le escapara algún comentario imprudente que pudiera dañar su amistad.
Ellos sólo querían lo mejor para la castaña. Para Harry, era su hermana, la que siempre había estado ahí para él, y siempre la cuidaría y protegería, ante todo. Para Ron, era su amiga, y la mujer que amaba, aunque hace tiempo se había resignado a quererla desde la distancia, como su mejor amigo; durante su último año en la escuela, lo habían intentado como pareja, pero no habían funcionado.
Neville sólo esbozó una sonrisa y cariñosamente, tomó la pequeña mano de la chica entre las suyas. Le hizo saber que, si bien el rubio no era de su agrado, le daría el beneficio de la duda. Sin embargo, también le advirtió que apenas la viera derramar una lágrima por Malfoy, no habría nada que lo detuviera para unirse a Harry y Ron, y juntos darle su merecido al rubio.
Ginny sólo le sonrío y en un sentido abrazo, le demostró todo lo que no decía en palabras. Era su mejor amiga, parte de su familia, aunque no compartieran la misma sangre, y siempre estaría ahí para ella.
La tarde transcurrió sin mayores altibajos. A las 6 de la tarde, Hermione comenzó a arreglarse con la ayuda de su pelirroja amiga. Si bien, no entendía cómo podría necesitar de tanto tiempo para alistarse, aceptó encantada los consejos de Ginny. Esa era una noche importante y ella quería lucir radiante para su rubio. Dos horas después, la castaña estuvo lista.
- ¡Oh Hermy! Te ves arrebatadoramente hermosa. ¡El Hurón no podrá dejar de babear por ti! – Decía Ginny, mientras le guiñaba un ojo.
- ¡Gracias Ginny! Aún no puedo creer que esta sea yo – Decía, mientras trataba de convencerse que era su propia imagen la que le devolvía la vista desde el espejo.
- ¿Pero qué dices Hermy? Eres hermosa.
- ¡Gracias amiga! Pero creo que jamás había lucido así, tan… tan ¿encantadora?
- Jajajaja…no Mione, no luces encantadora, sino que arrebatadoramente encantadora.
- Jajajajajaja…. Estás loca pelirroja
- Jajajajajaja… pero así me quieres ratona!
Luego de ver cumplida su misión, la pelirroja se marchó a la madriguera.
A pesar de saberse una digna representante de la casa de los leones, la castaña no podía evitar sentirse nerviosa. Era la primera vez que pisaría la Mansión Malfoy luego de ser torturada en la sala de dibujos, y fue entonces, en ese pensamiento, cuando un escalofrío recorrió su espalda. Comenzaba a pensar que toda la situación era una locura, y quizás, aún estaba a tiempo de reconsiderarlo. Sin embargo, no tuvo tiempo de cambiar su decisión, ya que justo en ese momento, alguien golpeó la puerta de su departamento.
POV DRACO
Muy bien Draco, ya estás aquí, sólo debes golpear la puerta, y recoger a Hermione, que debe estar más nerviosa que tú - Pensaba el rubio mientras se paraba frente a la puerta. Dio dos golpes secos, y medio segundo después, vio a una hermosa castaña, sonriendo frente a él.
- ¡Hola Draco!
- Por Merlín… Woooo… Ya sabía que era hermosa, pero enfundada en ese vestido verde, y con ese recogido en el pelo, de verdad que luce preciosa – Pensaba el rubio, mientras recorría a la castaña de pie a cabeza.
- Draco… Draco, ¿te sientes bien?
- Por Salazar, sólo espero que la maldita de Greengas no haya invitado a otros chicos a la cena. No señor, no dejaré que nadie se acerque a Hermione mientras esté vestida así. Sí, eso es, es mi amiga, y debo protegerla de cualquier baboso, eso es – Seguía dialogando mentalmente consigo mismo – ¿Eeh? ¿Por qué Hermione me hace señas como si estuviera loco?... ¡Oh! Estúpido Draco… Vamos di algo.
- Draco… ¡Draco! – Le gritó la castaña, mientras le daba un golpe en el brazo.
- ¡Diablos Hermione! Golpeas como un chico – Decía el rubio, al tiempo que se sobaba el brazo – Sólo creí olvidar algo y estaba tratando de recordarlo, ratona. Ya vámonos, ¿estás lista?
- ¿Te han dicho que eres un idiota, Malfoy? Y sí, ya estoy lista – Le dijo tomando su cartera – Ya vamos, no hagamos esperar al señor Malfoy – Sonrió irónica.
- Muy bien señorita Granger, sosténgase de mi brazo.
- Muchas gracias señor Malfoy – dijo la castaña, al tiempo que sorprendía al rubio con un casto beso en los labios.
Y diciendo esto último, ambos se desaparecieron rumbo a la Mansión Malfoy.
