El universo de InuYasha pertenece a Rumiko Takahashi
Los derechos de la imagen de portada no me pertenecen.
Nansei
«Suroeste»
Parte I. Relatos del Sur
¿Cómo puedo alejarte cuando estás tan dentro de mi?
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I.V Entrenamiento
–Hoy no estás concentrada, Kagome.
No era la primera vez en el día que Kagome recibía un regaño por parte de su maestra, pero es que sabía que Sesshōmaru debía llegar ese día y no podía estar tranquila. Por eso mismo le costaba tanto dar al blanco. Tenía más de tres ciclos lunares sin verle, por lo que no podía contener la emoción que le embargaba. Realmente lo extrañaba mucho cuando se ausentaba por largas temporadas.
Midoriko soltó un suspiro, buscando paciencia dentro de si misma. La niña siempre se entusiasmaba cuando llegaba el tiempo en que Sesshōmaru venia a verla y eso inevitablemente le crispaba los nervios.
Tenía casi dos años entrenando a Kagome y en ese periodo le había tomado un cariño enorme pues no podía evitar el verse a si misma dentro de ella. Ambas poseían un enorme poder espiritual nato que no había hecho más que causar problemas con demonios debido a la atracción que estos sienten hacia el sin saberlo.
En el tiempo que llevaba a su lado, la pequeña aprendiz había tenido un buen ritmo en su progreso, era capaz de crear barreras para protegerse a si misma y dominaba el uso de pergaminos. También recientemente había aprendido a canalizar su poder espiritual en objetos, por lo que ahora le enseñaba a utilizar el arco para que pudiera concentrar ese poder en las flechas y de esa forma poder defenderse en caso de que lo necesitase, cosa que siempre sucedía.
Los ataques esporádicos que solian darse contra la heredera habían cesado desde que ella se había instalado en el palacio del Sur, pues ningún yokai era lo suficientemente estúpido como para desafiarla después de que su reputación se hubiese expandido como fuego en bosque seco.
Kagome era malísima para el tiro al blanco, pero también era muy obstinada, por lo que un día no descansó hasta que fue capaz de dar en el centro y desde entonces sus habilidades habían mejorado mucho.
Sin embargo, la llegada de Sesshōmaru la entorpecía enormemente, cosa que frustraba enormemente a Midoriko.
La sacerdotisa mayor sabía que al principio el demonio perro no quería que Kagome entrenara, pues consideraba que él era lo suficientemente fuerte para protegerla en todo momento, y temía que la niña se volviera más temeraria si sentía la confianza del poder. Sin embargo con el paso de los meses, después de comprobar su satisfactorio avance, fue capaz de aceptarlo.
–Lo siento mucho, Midoriko-sama –dijo Kagome al momento en que hacía una reverencia después de haber fallado de nueva cuenta–¡Lo haré de nuevo!
–Claro que lo harás –respondió la sacerdotisa, autoritaria–, pero esta vez asegúrate de dar en el blanco.
Justo cuando Kagome tensó la cuerda para su siguiente tiro, la figura de Sesshōmaru se hizo presente, provocando que la cuerda resbalara de sus dedos y la flecha fuera dar bastantes centímetros fuera del tronco al que apuntaba.
–Ve a merendar –musitó la sacerdotisa a regañadientes sabiendo que su concentración ahora sería un campo imposible, sin embargo, estaba obligada a agregar–: vuelve en cuanto termines para continuar con tu lección.
Pues el camino de una poderosa sacerdotisa requería un entrenamiento duro y constante.
Kagome asintió con alegría y dejó el arco en su lugar, acarició con cariño la cabeza de Kirara quien observaba tranquilamente su entrenamiento para después correr hacia Sesshōmaru con una obvia felicidad dibujada en el rostro.
–¡Sesshōmaru-sama! –saludó al tiempo que el demonio revolvía sus cabellos con una mano, notando que había crecido un poco más desde la ultima vez que la vio, preguntándose qué rayos hacían los humanos con el tiempo, pues lo que parecía ser un segundo para él, para Kagome era un importante tramo de su vida.
–¿Cómo estuvo el entrenamiento? –Preguntó al ver el desastre de flechas.
Una gota incomoda rodó por la frente de Kagome.
–Solo es un mal día –se excusó Kagome cruzando los brazos tras su espalda.
Sesshōmaru alzó una ceja en su dirección ante eso, pues las últimas cartas que había recibido claramente relataban con emoción su mejora en el manejo del arco. Sin embargo la dejó ser y ambos caminaron dentro para que la niña pudiera darle a su cuerpo humano la comida que le pedía.
–¡…y casi purifico a la pobre Chioko! –Terminó su relato Kagome entre carcajadas para después tomar más arroz entre sus palillos.
Lo cierto era que en su momento se había sentido muy avergonzada, pues la señora Chioko le había lanzado una mirada de advertencia tan mortífera que no pudo ni gesticular una disculpa. Kagome adoraba a Chioko, y sabía que su cariño era correspondido, sin embargo, la mujer demonio era muy estricta en cuanto a disciplina se trataba.
Siempre que Sesshomaru le visitaba era igual, ella le contaba todo lo que pasaba y las cosas graciosas que le sucedían debido a uno de sus ataques de torpeza. El demonio siempre le escuchaba en silencio, llenándose con su alegría antes de tener que marcharse otra vez.
–Te he traído algo –dijo repentinamente Sesshōmaru, sorprendiendo a Kagome.
A la pequeña le brillaron los ojos, emocionada.
No era la primera vez que Sesshōmaru le llevaba regalos, pero eso no evitaba el hecho de que se emocionara cada que lo hacia.
Fue entonces cuando de entre sus ropas sacó un envoltorio largo para entregárselo a Kagome.
La niña lo aceptó feliz, empezando a desenrollarlo rápidamente.
Una vez abierto, le fue difícil contener las lagrimas de alegría que se acumularon en sus ojos. Una hermosa espada corta con la hoja de plata y una piedra azul en el mango brillaba ante ella.
–Es una espada especial –explicó Sesshomaru–, le he pedido a Totosai que la haga para ti. Ella crecerá contigo y se adaptará a tus nuevas habilidades. Siéntete libre de canalizar en ella todo el poder que quieras, pues lo resistirá.
El Lord recordó lo difícil que fue conseguir los materiales sagrados para esa espada, sobre todo el zafiro azul, pues fue una larga expedición para poder encontrar una piedra que pudiera adaptarse a ella.
–Es importante que seas capaz de combatir cuerpo a cuerpo–continuó–, pues no puedes confiarte de tu arco y flechas.
El demonio sabía que a pesar de que la niña se convirtiera en la arquera más rápida de sus tierras, no sería suficiente contra la velocidad de un demonio que aprovecharía cualquier error para cerrar espacio entre ellos para atacarla y terminar con ella. Era por eso que debía ser capaz de dominar una espada que le diera ventaja en el combate cuerpo a cuerpo.
Por su parte, Kagome no cabía en si de la emoción, pues sentía que con esto él le mostraba su reconocimiento como aprendiz de sacerdotisa.
–Yo…–inició Kagome, sin saber exactamente que decir.
–Debes nombrarla –indicó serio Sesshōmaru.
La niña apretó los labios, al tiempo que pensaba en un nombre adecuado para tal obra. Debía ser un nombre exquisito para que fuera acorde a lo que sus ojos veían. Algo…algo que la hiciera sentir en casa cada que la utilizara.
–Viento del Sur.
Sesshōmaru asintió, conforme con su elección y Kagome sintió como la espada palpitó sobre la mesa, exigiendo ser tomada. Le obedeció, por lo que abrazó el mango delicadamente con sus dedos sintiendo como la espada se unía a ella ante el contacto. Se asustó un poco al sentirse repentinamente invadida y sintió el impulso de gritar.
–Te está reconociendo como su propietaria–se apresuró a explicar Sesshōmaru, colocando protectoramente una mano sobre sus hombros al ver el mido en sus ojos–. Deja que se una a ti.
Como si sus palabras fueran mágicas, Kagome se tranquilizó y se dejó llevar por su nueva espada, sintiendo como la energía de su nueva compañera se adentraba sin reparo dentro de ella, llenándola con su poder, familiarizándose con su espiritualidad y su alma de sacerdotisa. Era una danza hermosa donde su poder y el que poseía la espada se fusionaban en la misma sintonía, como si desde su nacimiento hubieran sido uno mismo.
El cosquilleo que se presentó en la parte baja de su estomago fue creciendo conforme más familiarizada se sentía la espada con ella, como si le saludara.
Cuando la unión se completó, la niña soltó un suspiro largo, embelesada por la sensación.
–Eso…fue hermoso–hizo una pausa –. Gracias, Sesshōmaru-sama.
El agradable momento fue interrumpido por el llamado de Midoriko desde el jardín donde solían entrenar ella y Kagome.
–¡Voy! –Respondió la menor con urgencia, apresurándose a terminar lo que le quedaba de comida en el plato.
Midoriko observó con verdadera fascinación el regalo hecho por Sesshomaru a su pequeña aprendiz, admirando el impecable trabajo detrás de esa espada.
–Muy bien Kagome–habló de pronto la sacerdotisa, saliendo de la ensoñación que le provocó la espada–¿Por qué no iniciamos hoy con tu primera lección?
Los ojos de la niña brillaron enormemente cuando respondió:
–¡Sí!
Desde la sombra de su árbol habitual, el demonio de largos cabellos plateados se encontraba observando el desempeño de su pequeña prometida, contemplando casi con diversión las correcciones de postura que hacia Midoriko con la niña, reconociendo que la mujer realmente sabía lo que hacía.
Sintiendo su mirada, la sacerdotisa mayor le observó de reojo y Sesshōmaru le sostuvo la mirada, la mujer le dedicó un asentimiento de cabeza, aprobando con honores el obsequio que había efectuado obteniendo el mismo gesto por parte del heredero, quién a su vez estaba agradecido por todo lo que había hecho por Kagome.
¡Hola!
Este capitulo fue muy difícil de escribir, pero de alguna forma lo he logrado Dx
Quiero hacer un agradecimiento especial a Faby Sama, Serenity usagi y Chikanime por sus lindos reviews, tuve una semana algo dura y leerlos realmente me subió el ánimo ¡Gracias, chicas!
Nos leemos pronto c:
