Capítulo 4. LA FIESTA

Aquella noche, la Mansión Malfoy estaba reluciente, tanto que a Draco le vinieron a la memoria, las fiestas que su madre organizaba cuando él era un niño. Llenas de brillo, de clase, y del encanto Black.

Observó a Hermione a su lado. La castaña dirigía su mirada hacia la entrada de la mansión con cierta aprehensión, mientras, inconscientemente pasaba una mano por la cicatriz en su brazo. Y entonces, se castigó mentalmente. Cómo había podido ser tan estúpido y egoísta, olvidando todo lo vivido por Hermione, cuando estuvo atrapada en su casa. La euforia de saber que lograría hacer pasar un mal rato a su padre, lo había segado completamente. Tomó la barbilla de la chica y esta vez fue él quien la beso. Sin embargo, fue un beso distinto al anterior, este beso estaba cargado de pasión, anhelo y necesidad. Esta vez, era él quien dirigía el beso, y que Merlín lo perdonara, pero su cuerpo estaba reaccionado como nunca antes. Esos labios le sabían a chocolate, y temía que fueran igual de adictivos. Como le fue posible se separó de la chica y la miró de forma cálida.

- Hermione, sé que fui yo quien prácticamente te obligó a que me acompañaras esta noche, pero… en serio, pequeña – le hablaba mirándola a los ojos – si no te sientes segura de querer entrar ahí, no lo haremos.

- Draco, sí… digo… no – Producto del beso, aún no lograba hilar bien sus ideas – Es decir, no te preocupes, en algún momento debo superarlo, y después de todo, soy una griffindor ¿no? No puedo defraudar a mi casa – Y diciendo esto último, esbozó una radiante sonrisa

- Muy bien, señorita Granger, ¿me concedería el honor de entrar de mi brazo? – Dijo el rubio coquetamente, con la sonrisa ladeada que lo caracterizaba.

- Oh joven Malfoy, claro que sí. No queremos que tan apuesto caballero ingrese sin compañía a la cena, ¿verdad?

- Muy bien, preciosa, que empiece la función

Y tomados del brazo, ingresaron por las enormes puertas de la Mansión. Hermione, aún se sentía un poco nerviosa, pero sabía que mientras tuviera cerca a Draco, nada malo pasaría.

- Buenas noches padre, ¿cómo has estado?, veo que esta vez la nueva señora Malfoy se ha esmerado – Draco saludó a su padre, recuperando su constante mueca de soberbia.

- Buenas noches hijo, veo que traes compañía - El patriarca Malfoy, desvió su mirada hacia la castaña, observándola despectivamente.

- Así es padre, no sé si la recuerdes – Dijo irónicamente – Hermione Granger, ex compañera de Hogwarts.

- Señorita Granger, buenas noches, me alegro que mi hijo esté expandiendo sus horizontes en cuanto a sus … mmm… ¿amistades? Jamás pensé que Draco se dedicara a hacer caridad.

- Buenas noches señor Malfoy. Debo decir que, admiro el trabajo de remodelación que su nueva esposa ha hecho con la mansión. Nadie podría decir que este sitio haya sido alguna vez, el albergue de un maniático purista de la sangre ¿verdad? ¿Qué opina su esposa al respecto? ¡Oh! – Exclamó la castaña, cubriendo su boca con su mano – Había olvidado que la nueva señora Malfoy, era apenas una adolescente cuando eso ocurrió, aunque no podemos decir que haya pasado mucho tiempo desde entonces, ¿verdad? Sí me permite, saludaré a los otros invitados – Y adoptando una postura erguida, se dirigió con elegancia hacia Pansy, que le hacía señas desde una esquina del salón, junto a Blaise.

- ¿Pero qué se ha creído esa chiquilla? – Preguntó Lucius, con la cara desencajada de rabia contenida.

- ¿Qué esperabas padre? Ella sólo respondió a tu bienvenida. Espero que de ahora en adelante la respetes padre, acabas de tener frente a ti a mi novia. Con permiso – Y con una pequeña sonrisa en su rostro, dejó a su padre solo en la entrada, y tomó la misma dirección de su novia.

Pensó que Hermione necesitaría de su ayuda para pasar el trago amargo de la conversación con su padre, pero vaya que la castaña lo había sorprendido. Sin duda, tenía potencial para ser una buena slytherin. Sonrió ante su pensamiento. Llevaba unos segundos buscándola entre la gente cuando de pronto la divisó conversando amenamente con Blaise y Pansy.

No supo por qué, pero decidió quedarse a cierta distancia, admirándola, observándola, estudiándola. Si él no la conociera, y no supiera que era una nacida de muggles, fácilmente podría confundirla como una sangre pura más, los años la habían favorecido, había crecido unos centímetros, su postura ahora era más erguida, su cuerpo había adquirido algunas curvas, y su cabello ya no era la mata de pelos que llevaba en la escuela, ahora era una suave cascada de risos castaños, que caían de forma ordenada hasta su cintura.

- Vaya, si no supiera que eres Draco Malfoy, y que tu lema es "Soy un Malfoy, y no me enamoro", diría que estás realmente jodido amigo – Una voz conocida se escuchó a sus espaldas.

- Y lo sigo siendo Nott, lo sigo siendo.

- Jajajajaja… pues recuérdalo Malfoy. No hay nada peor que engañarte a ti mismo.

- Ya extrañaba tu sabiduría amigo – Dijo el rubio mientras se giraba para dar un cálido abrazo a su amigo.

- Yo no te extrañaba nada Draco. Sólo vine a ponerle un poco de elegancia a esta fiesta – Dijo con sarcasmo.

- Oh Theo, ¡creo que mucho tiempo conmigo te está haciendo daño!

- Yo también lo creo dragón.. jajajaja... también lo creo. Mejor vamos donde los chicos y me presentas a esa preciosura castaña.

- Vamos Nott, no te hagamos esperar.

Y juntos se dirigieron hacia donde estaba Hermione en compañía de los dos slytherins.

- ¿Puede alguien decirme que hacen dos hermosas damas en compañía de un payaso como Blaise? – Preguntó el castaño mientras se unía a la conversación

- ¡Theo! ¿Dónde has estado estas semanas? Nunca vuelvas a abandonarme con estos dos idiotas – Decía Pansy mientras señalaba a Draco y a Blaise – Me volverán loca.

- Vamos mujer, ya sabes que no puedes resistirte al encanto Zabbini.

- Claro que eres encantador querido, pero sigues siendo un idiota.

- Lo sé pequeña Pansy… pero ya sabes, la firma de abogados está en expansión y debo trabajar duro.

- Hola Theo – Dijo una suave voz a su derecha – ¿Cómo te fue en tu viaje a América? Mis padres te mandan sus saludos, y están muy agradecidos de tu ayuda – Concluyó la castaña, mientras le sonreía dulcemente.

- Vaya, veo que ustedes no necesitan de presentaciones – El rubio se incorporó a la conversación, con cierto recelo, mientras abrazaba a la castaña por la espalda, cruzando los brazos en su cintura. No sabía por qué, pero no le gustaba que ella sonriera así para otro hombre que no fuera él, y mucho menos, esa complicidad que tenían.

- Con la leona somos amigos desde nuestro quinto año en Hogwarts. Siempre coincidíamos en la biblioteca, y de un momento a otro, comenzamos a conversar, y entre una conversación y otra, fuimos ganando confianza y terminamos convirtiéndonos en amigos.

- Así es Draco, pero decidimos mantenerlo en secreto porque al ser yo una griffindor, y además hija de muggles, y él, una serpiente, pensamos que el resto de nuestros amigos no estaba preparado para nuestra amistad.

- Y esa es la historia que une a la señorita con este humilde servidor – Concluyó el castaño con una sonrisa.

- Además, él es abogado de mis padres. Ellos quisieron que fuera alguien que manejara las leyes en ambos mundos.

- Vaya Hermione, entonces, ya tenías trato con serpientes antes de nosotros – Dijo Pansy con una sonrisa.

- Así es Pansy… así es.

- ¡Oh! ¡Pero si es la princesa sangre sucia de Griffindor!

Hermione sintió a sus espaldas como el cuerpo de Draco se tensó y el agarre en su cintura se volvió más fuerte.

- Buenas noches Daphne, no recordaba que tu estúpido cerebro fuera capaz de hilar tantas palabras juntas en una misma oración – Dijo Pansy con todo su veneno

- Oh, pero si es la dulce Pansy. Y los dos idiotas amiguitos de mi querido hijastro también. Olvidé que los había invitado esta noche a mi casa.

- Buenas noches Daphne, si te soy sincero, debo decir que las fiestas en la Mansión Malfoy han perdido su brillo. Sin duda, estas celebraciones jamás serán lo mismo sin Narcisa – Decía Theo, cerrando filas con Pansy.

- Qué te has creído Nott. Estás frente a la señora Malfoy, y te exigo respeto.

- Vamos Daphne, eres una perra que ostenta un apellido que no le pertenece. No importa cuántas fiestas hagas Greengass, jamás serás como Cissy – Continuaba una furibunda Pansy.

Mientras tanto, Hermione sólo observaba la discusión de un lado a otro como si se tratase de un partido de tenis.

- ¿Y tú, Granger? – se dirigía a la castaña mientras la miraba con desdén – de verdad crees que tus nuevas amistades limpiarán tu putrefacta sangre? ¿O sólo eres una zorra más de las tantas que han pasado por la cama de Draco? – Decía la lluvia llena de veneno.

- Creo, señora Greengass, que lo que yo haga o no con mi novio, no es de su incumbencia – Contestó la castaña, conteniéndose de contestar fuertemente a la rubia, para no dejar en vergüenza a Draco, quien, hasta el momento, sólo observaba en silencio lo que ocurría.

- ¿Y a qué te dedicas Granger? Digo, si es que aún trabajas. Quizás lo exótico de tu sangre sucia haya provocado que Draco te qusiera como su zorra a tiempo completo – Al momento que terminó de hablar, la rubia supo que había cumplido con su pequeña misión autoimpuesta, provocar a la castaña hasta que explotara

- ¡Pero qué te crees maldita serpiente elitista! – Exclamó la castaña mientras erguía su cabeza, y la miraba a los ojos, deshaciéndose con violencia del abrazo de Draco.

- Jajajajaja…. Por favor, sangre sucia, no me hagas reír… esto no es Hogwarts, esto es mi casa, y no permitiré que una mujercita como tú, venga a darme órdenes.

- ¡Suficiente Daphne! – Intervino Theo, mientras miraba molesto a Draco, quien aún no abría la boca.

- Por favor, Nott. ¡No me digas que la reina de las zorras también te envolvió! – Fue lo último que logró decir la rubia, antes de sentir una fuerte cachetada por parte de la castaña – ¡Aaaay!, ¿pero la han visto?, ¡la salvaje de la sangre sucia me golpeó! ¡Draco te exijo que la saques de aquí en este instante!

- No se preocupe "señora" – Dijo irónicamente la castaña – Ya me iba.

- Con permiso Pansy… Zabbini, Nott, nos veremos pronto. Adiós – Y despidiéndose se dirigió hacia la puerta sin dar ni siquiera una última mirada a su novio. No podía mirarlo ahora, no después de que él no hubiese abierto la boca en ningún momento. No es que necesitara que la defendieran, pero él era su novio, y como mínimo hubiera esperado que le mostrara su apoyo contra esa mujer que sólo se había parado frente a ella para humillarla. Pero ella era Hermione Granger y nadie nunca volvería a humillarla por su sangre.

Lo que nadie alcanzó a ver en la castaña, fue una lágrima traicionera que caía por su mejilla, mientras se dirigía al punto de desaparición.

- Ay Draco… Debería odiarte... – Y con ese último pensamiento se desapareció hacia su departamento.