Capítulo 5. FUTURA SEÑORA MALFOY
Ya habían pasado cuatro días desde la fiesta, y Hermione aún no aceptaba las visitas de Draco. Lo que nadie sabía es que la chica ya lo había disculpado. Sin embargo, su situación actual iba mucho más allá de un enojo, y es que aún rondaba en su cabeza la discusión con la nueva señora Malfoy. Si Pansy y Theo fueron capaces de enfrentar a Daphne para defenderla, por qué Draco, siendo su novio, no había sido capaz de pronunciar palabra.
Y lo peor de todo… aquel frío "te lo dije" que le enrostró Harry al día siguiente de la fiesta. Se sentía dolida y confundida, no sabía qué pensar. Sería que Draco aún no superaba completamente su complejo de sangre pura, será que de verdad la consideraría poca cosa para formar parte de su selecto grupo social.
- ¡Maldición Alicia!, ¿qué es ese ruido ahí fuera que no me permite concentrarme? – Preguntó a su asistente, mientras salía de su oficina.
- Lo siento señorita Granger, pero no hemos podido contener el escándalo del señor Malfoy - Contestó nerviosa su asistente – El señor Malfoy lleva dos horas aquí e insiste que no se irá sin hablar con usted.
- Muy bien Malfoy – Dijo la castaña volteándose hacia el rubio – Sígueme a mí oficina, por favor.
- Hermione caminó lentamente hacia su sillón, puso sus brazos sobre el escritorio, no sin antes acariciar lentamente su sien, y le dirigió al rubio una mirada indescifrable.
- Bien Draco, qué significa todo ese escándalo y qué quieres aquí. Y te pido que por favor te apresures porque en un par de horas almorzaré con Ginny.
- Vamos Hermione, sabes por qué estoy aquí. En estos cuatro días no has contestado a ni una de mis lechuzas, has devuelto los arreglos florales que te he enviado, y tampoco has contestado a las llamadas que he hecho a tu celular.
- ¿Y por qué habría de aceptarlas? Sabes Draco, no estoy segura de que seguir con esto sea una buena idea. Dime qué puedo esperar de ti, si a la primera ocasión que tu madrastra viene y me insulta, tú sólo te quedas ahí, congelado como una momia.
- Lo sé Hermione, pero entiéndeme… No podía hacer mucho más...
- ¿Mucho más? ¿Mucho más, dices? Jajajajaja.. por favor Draco no me hagas reír. Te recuerdo que no hiciste nada, sólo te quedaste ahí tieso mientras tus amigos, intervenían por ti. No Draco, te amo, lo sabes, pero no es esto lo que yo espero de una relación.
El rubio se quedó pasmado, no sabía qué decir, no lograba entender por qué de pronto se sentía como si lo hubieran golpeado con un mazo. Quizás sólo se debía a que se estaba acostumbrando a la compañía de la castaña, y lógicamente no había nadie mejor para ayudarlo a fastidiar a su padre. Eso era, y no podía perder su oportunidad.
- Es cierto Mione, me porté como un idiota, y lo fastidié todo. Sólo dame una oportunidad ¿sí? Vamos Leona… te extraño – decía el rubio, mientras formaba un pequeño puchero – Te juro que seré el novio ejemplar – Y se acercó a la castaña, acariciando su mejilla – Vamos preciosa, sé que también me extrañas – Y acercándose a su rostro, la besó tiernamente.
- Por Merlín Hurón, te odio, ¿sabes? – Decía una risueña castaña – No puedo creer que te cueste tan poco convencerme.
- Eso es porque me quieres Granger – Dijo sonriendo de lado
- Maldito hurón ególatra, mejor ya vete, que debo terminar mi trabajo y luego almorzar con Ginny.
- Muy bien castaña, pero no te librarás tan fácilmente de mí. Pasaré por ti a las ocho, ponte algo lindo.
- Está bien Draco, ya vete.
- Adiós princesa – Y después de darle un tierno beso en la frente, salió de la oficina con ese aire de altivez que sólo un Malfoy podía llevar.
Después de ese día, el rubio cumplió cabalmente su promesa, y para la castaña fueron unos meses maravillosos. El rubio la llevó nuevamente a la mansión Malfoy, pero esta vez exigió para su novia respeto, y dejó claro que ella iría allí cada vez que él la invitara y nadie podría decir nada, puesto que él era tan dueño como su padre, al ser el heredero absoluto de la fortuna Black.
A los cinco meses, el rubio conoció a los padres de la castaña, quienes lo amaron desde el primer momento. El encanto Malfoy, decía el rubio, cada vez que Hermione le preguntaba cómo era que sus padres lo habían aceptado tan fácilmente.
El noviazgo entre la heroína de guerra y el mortifago redimido, ya era vox populi para toda la comunidad mágica. Para los más románticos, era la eterna historia de romeo y Julieta, para los más escépticos, era sólo un arreglo con el que la familia Malfoy terminaría de limpiar su apellido. Para otros, simplemente era una más de las tantas obras de caridad que hacía la castaña.
Sin embargo, había alguien que no estaba muy contenta con esa relación. Daphne Greengass, ahora Malfoy, aún no digería la relación de su hijastro con la impura, como solía llamarla. Si bien, en algún momento de su vida, había sido una más de las conquistas del rubio, nunca llegó a tener sentimientos por él. Lo suyo sólo era una atracción física, sin embargo, Astoria, su hermana menor, siempre había estado enamorada del chico, y Daphne ya estaba agotada de verla llorar cada vez que veía juntos a la feliz pareja. Además, ella era ahora la señora Malfoy, y no permitiría que esa relación se transformara en algo más. Su hermana Astoria era hermosa, y una sangre pura de tomo y lomo, no había nadie mejor para esposa del rubio. Debía hacer algo para separar a Draco de la sangre sucia. Cómo la odiaba, siempre la preferida de los profesores, premio anual, heroína de guerra. Siempre ella, opacándola. Siempre la maldita sangre sucia, ahora quitándole a sus amigos, y robándole las sonrisas de su querido Theo.
Sí, porque Pansy, Theo y Blaise, habían sido también sus amigos, pero dejaron de serlo el día que se pusieron de parte de la sangre sucia para enfrentarse a ella. En especial, quién más le dolia era Theo. Siempre fue su mejor amigo, pero en su quinto año en Hogwarts algo cambió. Ya no le prestaba la atención ni el tiempo de antes, y ella desconociendo el motivo sólo se conformaba con lo que el castaño quería darle, hasta que un día, accidentalmente, lo vio en la biblioteca, conversando y riendo con la sangre sucia, como nunca lo había visto hacerlo, ni siquiera con ella. Sus ojos se obscurecieron de rabia, y se dio media vuelta emprendiendo el camino hacia su sala común. Después de ese día las cosas nunca volvieron a lo que eran, y es que la rubia no podía entender cómo Theo, hijo de mortifago, y heredero de un linaje puro tan antiguo como la magia, podía ser amigo de una impura. Granger le había arrebatado a Theo, y él, por su debilidad, ya no se merecía ser su amigo. El castaño la buscó por un tiempo, queriendo saber qué sucedía, pero nunca obtuvo respuesta de la rubia. Después de un tiempo, Nott dejó todo intento, y siguió adelante. Pero ahora tenía poder, y dinero, y haría todo lo que estuviera a su alcance para que Granger pagara todo el mal que le había causado, y en unos días, cuando Draco estuviera lejos de Londres, de gira con su equipo de quidditch, sería la oportunidad perfecta.
Lejos de la mansión Malfoy, y de los obscuros pensamientos de Daphne, la joven pareja se dedicaba a darse mimos, mientras compartían la cena preparada por la castaña.
- ¿Por cuánto tiempo te irás dragón? – Preguntaba una triste castaña – ¿sabes que te extrañaré verdad?
- Lo sé princesa – decía el rubio mientras la besaba – pero es mi trabajo, sabíamos que esta gira se daría pronto.
- Mmmm…. Lo sé Draco – contestaba la castaña mientras respondía a los besos del rubio – pero no puedo evitar extrañarte.
- Eeeh… También yo pequeña – Los besos ya no eran tiernos como al principio, ahora se habían vuelto apasionados y necesitados.
- Oh Draco - Decía la castaña, soltando un pequeño gemido, mientras unas manos traviesas se colaban por su blusa.
- Eres tan suave Mione – Decía el rubio, acariciando la piel de su novia – Dime que me detenga y lo haré, pero hazlo ahora, porque después no podré detenerme princesa.
- No te detengas Draco, por favor, no lo hagas – Respondió la castaña con la respiración agitada, mientras desabotonaba la camisa del chico.
- ¿Estás segura Hermione? – Preguntó el rubio, mirando a la chica a los ojos.
- Estoy segura Draco. Quiero entregarme a ti.
Y eso fue todo lo que Draco necesito para desatar su pasión contenida. No sabía desde cuándo, pero la deseaba. Y esa noche sería perfecta.
La tomó en sus brazos y se dirigió con ella hacia la habitación. La depositó suavemente en la cama, mientras se desvestía lentamente. Cuando estuvo listo, se recostó con cuidado sobre la chica, que comenzaba a acariciar delicadamente los brazos y espalda de Draco.
- Eres hermosa Mione – Susurraba Draco mientras desnudaba lentamente a la castaña.
Y es que la imagen de la castaña en ese momento, sólo en ropa interior, con su cabello esparcido en la cama, con sus mejillas sonrojadas, y sus pechos que subían y bajaban rápidamente por lo acelerado de su respiración, no hacían más que volverlo loco de deseo.
Acarició cada rincón su cuerpo, al igual que la castaña lo hizo con él. Y por Merlín cómo lo encendían aquellas caricias. Por su parte, la castaña no podía creer cómo se había perdido de disfrutar esas sensaciones por tanto tiempo. No sabía si lo que hacía estaba bien o no, sólo obedecía a sus instintos, y a juzgar por los gemidos del rubio, no lo estaba haciendo tan mal. De pronto sintió una intromisión entre sus piernas, y abrió los ojos asustada.
- Tranquila princesa, sólo respira profundo y confía en mí – Dijo seductoramente el rubio – Estás tan exquisitamente estrecha allí abajo.
- Draco… por favor… - La castaña sabía que necesitaba algo con urgencia, pero no lograba saber qué
- Por favor qué Leona – Contestaba el rubio, mientras acariciaba el sexo de la chica, con sus dedos.
- Oooh... Draco… vamos!
- Vente para mí pequeña – Y tras este último comentario, el rubio aceleró el movimiento de sus dedos en el sexo de la chica, mientras besaba sus senos con ardiente pasión.
- Aaaah… ¡Draco! ¡Por Merlín! – Exclamó la chica, mientras sentía que su cuerpo se desbordaba de placer, alcanzando su primer orgasmo.
- Sólo Draco, princesa, sólo Draco – Contestaba el rubio, sonriente, mientras la besaba dulcemente.
- Eso fue…. Uffff… Te quiero dragón
- Ídem leona, ídem.
- Bien – decía la chica mientras se recostaba sobre él – creo que es su turno señor Malfoy.
Y así comenzó con caricias dulces por todo su cuerpo, hasta llegar a sus muslos, y subiendo por estos, hasta llegar a su entrepierna. Liberó al rubio de su bóxer, y comenzó con lentas caricias ascendentes en el miembro del chico.
- ¡Oh Hermione!
- ¿Qué sucede cariño?
- Aaah... veo que aprendes rápido leona
- Claro, he aprendido del mejor.
- Cariño, termina con eso, quiero acabar en ti – y diciendo esto último, volvió a la castaña a su lugar, y la penetró suavemente. Sabía que era la primera vez de la chica, y no quería dañarla, por lo que fue lo más suave que su pasión se lo permitió – ¿Estás bien preciosa?
- Sí Draco, ya puedes continuar.
- Te amo pequeña.
- Y yo a ti dragón.
Y así prosiguió aquella noche. Ambos amándose, entregándose el uno al otro, sin pensar en nada, esclavos de la pasión que habían descubierto en el cuerpo del otro. Sintiéndose completos, por primera vez.
Al día siguiente, Draco se despertó primero, y al ver lo temprano que era aún, decidió quedarse en la cama por unos minutos más. Sólo quería admirar a la chica que dormía a su lado. Su castaña, su ratona. Si bien, todo eso había iniciado sólo como una forma de disgustar a su padre, ya no podía engañarse. Hermione Granger, había echado abajo sus barreras, y se había adjudicado su corazón. Jamás pensó que llegaría a enamorarse, y mucho menos de una hija de muggles. Y es que la amaba, Draco Malfoy amaba a la sabelotodo Granger, y sólo esperaba que el mes que duraría su gira, pasara rápido para volver con su castaña. De pronto, el movimiento a su lado, lo sacó de sus pensamientos.
- Buenos días amor – Dijo una sonriente castaña
- Buenos días dormilona – Contestó el rubio dándole un suave beso en los labios.
- ¿Creo que es hora de levantarnos verdad? – Dijo mirando el reloj – tu vuelo saldrá en tres horas.
- Así es princesa, pero verás cómo este mes se pasará volando.
- Eso espero Draco, eso espero – Dijo la chica haciendo un tierno puchero, mientras ocultaba su cara en el cuello de su novio.
Ya en la oficina de trasladores, los amigos del rubio y la castaña, estaban despidiendo a Draco. Pansy, Theo y Blaise, le juraban por quinta vez al rubio, que cuidarían a su ratona, y no dejarían que ella lo extrañara en su ausencia.
Cuando los amigos, se hubieron despedido, Draco les pidió que les dejarán unos minutos a solas con la castaña. Debía decirle algo importante.
- Hermione, no sé si este sea el mejor momento, pero hay algo que quiero preguntarte.
- Qué sucede Draco, sabes que puedes decirme lo que sea.
- Te amo, leona.
- Eso ya lo sabía, dragón. Pensé que dirías algo que no supiera.
- Jajajajaja... vaya señorita Granger, veo que soy una mala influencia para ti.
- Jajajaja… ya dime amor, qué es eso tan importante que quieres decirme.
- Princesa, tú…. Mmm… gggrr… aceptaríassermiesposayfuturamadredemishijos? – preguntó rápidamente el rubio.
- Eeein? Perdona Draco, pero no entendí nada de lo que dijiste.
- Bien, esto es más difícil de lo que imaginé – Murmuró el rubio, sacando una pequeña caja de su bolsillo. Y poniéndose de rodillas repitió la pregunta ante una emocionada castaña y tres sorprendidas serpientes – Hermione Jane Granger, ¿aceptarías ser mi esposa y futura madre de mis hijos?
- Oooh Draco, claro que acepto mi amor, ¡te amo!
- Me haces muy feliz castaña, aunque ya sabía que aceptarías. Nadie se resiste a mi encanto Malfoy – Dijo el rubio, levantando una ceja, mientras ponía el anillo en el dedo de la castaña.
- Cuidado con ese ego Sr. Malfoy, creo que aún puedo arrepentirme.
- Sabemos que no lo harás, princesa. Me amas… - Y antes de que la castaña pudiera objetar algo, la besó – Me amas tanto como yo te amo a ti preciosa. Bien – dijo tomando su maleta – Mi traslador se activará en unos minutos. Te extrañaré, contaré los días para verte. Adiós leona.
- Adiós mi amor, enséñales cómo se atrapa una snitch.
Y tras una última sonrisa de Draco, Hermione lo vio desaparecer por el efecto del traslador. Sin duda sería un mes muy muy largo. Pero, ¿qué tanto podría pasar en un mes?. Se dijo que nada, y despidiéndose de los chicos que la acompañaban, se dirigió a su oficina.
