El universo de InuYasha pertenece a Rumiko Takahashi
Los derechos de la imagen de portada no me pertenecen.
Nansei
«Suroeste»
Parte I. Relatos del Sur
¿Cómo puedo alejarte cuando estás tan dentro de mi?
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I. VI Guardiana
Kagome acababa de cumplir los quince años cuando una de sus responsabilidades más grandes cayó sobre ella.
Había entrenado arduamente con Midoriko por cinco años, llevando a su humano cuerpo al limite con tal de ser lo suficientemente poderosa para sobrevivir como humana en un mundo de demonios donde la mitad de ellos la adoraba y la otra mitad estaba más que dispuesto a tomar su cabeza.
Nunca podría terminar de expresar el enorme afecto que sentía por Midoriko, su compañía la llenaba de una forma única.
Era muy diferente al efecto que tenía Sesshōmaru en ella.
Sabía que a ambos los amaba, pero el afecto que sentía hacia la sacerdotisa mayor era distinto. Akira, quien le había cuidado desde pequeña, le había explicado que ese sentimiento era lo que alguien sentía hacia una madre. Cosa que por supuesto la desconcertó pues ella jamás había tenido una.
Estaba tan acostumbrada a la presencia de su maestra en el Sur que sintió una profunda tristeza cuando ella tuvo que marcharse a realizar una misión de alto riesgo que le habían encomendado los exterminadores.
Por supuesto que ella había insistido en ir, no sería la primera vez que le acompañaría a alguna misión, pero esta vez algo se sentía diferente pues Midoriko se mostró extremadamente renuente a llevarla a pesar de reconocer que tenía un enorme potencial.
Incluso en su despedida, la joven sacerdotisa sintió que algo no andaba bien, por lo que se aferró con fuerza al abrazo de su maestra añorando verla de nuevo, mientras Midoriko murmuraba tiernamente en su oído:
–Eres fuerte, Kagome –susurró mientras la apretaba con fuerza–. Nunca lo olvides.
Hacía ya más de un ciclo lunar de eso y por supuesto la extrañaba mucho.
Era terriblemente aburrido entrenar sola sin escuchar los regaños de la perfeccionista sacerdotisa.
Tampoco Sesshōmaru estaba cerca esos días.
Lo último que había sabido de él era que estaba liderando un ejercito de Inu no Taisho para erradicar una pequeña rebelión de los gatos leopardo del Oeste.
Así que el único consuelo de Kagome era poder cenar con su adorado padre todas las noches, pues su compañía era lo que más la confortaba en ese momento. Además siempre le tenía noticias sobre el Oeste, y a ella le encantaba escuchar sobre eso.
Sin embargo, sus momentos de felicidad eran demasiado efímeros, pues una vez acabada la cena, Eiji debía retomar sus obligaciones como líder cardinal, lo que significaba que no le vería hasta la siguiente noche.
Guardó su arco en el lugar que le correspondía y enfundó su espada al tiempo que se adentraba para poder cambiarse la ropa de sacerdotisa y la armadura por un kimono más cómodo para ir a cenar.
Una vez lista sabía que su padre ya estaría esperándolo en el salón comedor, por lo que hizo una reverencia al entrar y tomó su lugar delante de su adorado padre.
–¿Cómo estuvo el entrenamiento? –Preguntó Eiji al tiempo que hacía una seña para que trajeran los platillos.
Si bien él como demonio no requería de tantas comidas seguidas, Kagome sí, y desde que Midoriko había llegado a sus vidas había tomado como costumbre el unirse a ellas a la hora de la cena para poder pasar tiempo de calidad con su heredera.
–Hice mucho tiro con arco –contó Kagome mientras se sobaba ligeramente el hombro cansado. –¿Has tenido noticias de Midoriko-sama?
Eiji detuvo los palillos a medio camino, preocupado.
Al igual que Kagome no sabía nada de la sacerdotisa, por más ojos y oídos que tuviera en los cuatro puntos cardinales.
La joven reconoció el gesto de preocupación que brilló en los ojos de su padre, por lo que optó por cambiar el tema, aún con la incomodidad por no saber de su maestra se hiciera presente en su pecho.
–¿Cómo está el Oeste?
–Oh –dijo con un tono más alegre–, me han informado que la revuelta fue callada de forma eficaz por Sesshōmaru.
El tono orgulloso de Eiji era notorio, cualquiera podía ver que su apreció por Sesshōmaru era grande, ya sea porque era el heredero de su más grande amigo o porque le había tomado estima en sus tantas visitas a sus tierras.
–No dudes que en un par de días más lo tengamos rondando por aquí –añadió, sabiendo que eso alegraría a su hija, y con suerte le quitaría un poco de la tensión por el asunto de Midoriko.
Como su padre había predicho, Kagome sintió un enorme alivio, pues de esta forma por lo menos una de sus preocupaciones se disipaba.
Sesshōmaru fue el primero en escuchar las noticias, pues Totosai, el encargado de llevar el mensaje, se detuvo a saludar a su padre camino al Sur.
Midoriko había perecido en batalla.
Algo dentro de él se removió incomodo, sabía lo mucho que esa mujer significaba para Kagome, por lo tanto la noticia la entristecería profundamente y él odiaba ver a Kagome triste.
Solamente para si mismo admitiría que la muerte de esa sacerdotisa también le afectaba a él, pues había desarrollado cierto respeto hacia ella pues el poder que emanaba siendo solamente humana era algo para admirar.
Sin decir mucho partió al lado de Totosai rumbo al Sur, lugar al que de todas formas planeaba ir, para poder estar al lado de Kagome cuando recibiera la noticia.
No era raro que Kagome entrenara sus movimientos de espada con Haru, un joven cuervo de confianza al que se padre de vez en cuando designaba para entrenarle, cuando ni Midoriko ni Sesshōmaru estaban cerca, tampoco era raro que lo venciera pues la sacerdotisa estaba acostumbrada al ritmo de pelea de sus poderosos maestros, y era aún menos raro aún que descuidara el combate para correr a recibir a Sesshōmaru cuando este llegaba a sus tierras.
Haru estaba acostumbrado a esto por lo que cuando sucedía simplemente desaparecía sin decir nada más, aunque le doliera profundamente no ser aquel por el que los ojos de Kagome brillaran.
Por supuesto, su lealtad no le permitiría expresar nada abiertamente pues antes que nada era un sirviente del Sur y jamás haría nada para incomodar a su ama o ponerla en una situación complicada. Después de todo, no es como que realmente esperara algo de ella, conocía perfectamente el acuerdo al que estaba atada, por lo que era feliz simplemente entrenando con ella cuando era necesario, o solo viéndola reír en los pasillos del palacio, pues la humana era un ser magnifico, digno de admiración.
Sin ser consiente de lo que corría por la mente del joven demonio a su lado, la sacerdotisa dejó caer la espada para poder ir a la entrada para poder encontrarse con quien tanto había esperado.
–¡Sesshōmaru-sama! –Saludó Kagome apresurándose a él, notando que junto a él venia uno de los amigos de su padre –¡Ah! Totosai-sama, le diré a Akira que...
Antes de que la joven pudiera terminar fue interrumpida.
–En realidad es contigo con quien vengo a hablar hoy, Kagome.
Un mal presentimiento creció dentro de la chica en forma de un agudo dolor en su pecho.
–¿Kagome? –Llamó Sesshōmaru cuando el silenció fue demasiado largo.
–Ah, sí –murmuro la sacerdotisa, mientras colocaba la mano sobre su corazón, incomoda –Sígame por favor, sé donde podemos hablar tranquilamente.
La chica guío a ambos hombre al jardín donde usualmente entrenaba pues era un sitio reservado y agradable para hablar.
–¿Sucede algo? –Inició la conversación Kagome, temerosa.
Sesshōmaru se situó estratégicamente cerca de ella, para brindar apoyo solo con su cercanía, como venia haciéndolo desde que ella era solo una bebé que necesitaba ser tranquilizada.
–La misión a la que fue enviada la sacerdotisa Midoriko fue realizada con éxito.
En otro contexto esas palabras habrían llevado enorme alegría a Kagome, sin embargo, siendo dichas por Totosai de esa forma, si la misión realmente había sido un éxito, ¿por qué aún no regresaba su maestra? ¿Por qué la noticia del éxito debía ser dada por él y no por ella?
Ante la falta de respuesta, el anciano continuó.
–Como sabes, a Midoriko se le ordenó exterminar un centenar de demonios enfurecidos que habían arrasado con toda una aldea. Lucharon durante siete días y siete noches, pero era demasiado para ella –el tono de Totosai era demasiado lúgubre, fácilmente se podía ver venir lo que diría, aún así, eso no evitó que sus palabras calaran profundamente después de ser dichas–: así que utilizó todo el poder de su corazón para purificarlos.
Las piernas de Kagome flaquearon ante la noticia y fue detenida por los brazos de Sesshōmaru al tiempo que llevaba ambas manos a su boca por la sorpresa, la angustia y la enorme pena que bailaban en una mezcla sin forma de emociones dentro de ella.
–¿Ella ha…?
Totosai asintió lentamente, genuinamente afligido, sabiendo exactamente a qué se refería Kagome.
Él había conocido a la sacerdotisa íntimamente pues mantenía una buena relación con la aldea de exterminadores en la que se crío. Es por eso que cuando supo que la "gran batalla" como le habían llamado los locales de la zona, hubo finalizado, Totosai se aproximó al lugar para asistir a la sacerdotisa de alguna forma, encontrando un único legado: su pequeña nekomata herida, enroscada alrededor de una brillante perla.
–Sin embargo, no es momento de llorar por ella joven Kagome –dijo el anciano mientras caminaba hacia su buey demonio para tomar lo que había estado protegiendo en su enorme bolsa –, Midoriko ha dejado una tarea importante con su partida.
–¿A qué se refiere? –Musitó Kagome confundida.
Es entonces cuando Totosai mostró a una muy herida Kirara a Kagome, misma que aún se mantenía aferrada a la perla rosácea.
–¡Kirara! –Reconoció inmediatamente la sacerdotisa saliendo de los brazos de Sesshōmaru para correr hacia su pequeña amiga.
–Se ha rehusado a soltar esa perla desde que la encontré –explicó el anciano–. La nekomata reconoce el poder de su ama en ella, el enorme poder de Midoriko contra los demonios materializado en un objeto tan poderoso que necesitara de una guardiana que la mantenga pura.
Esa última parte era desconocida para Sesshōmaru, y no le gustaba el rumbo que estaba tomando todo, Kagome era un blanco constante para demonios solo por ser ella, no necesitaba otra carga más.
–¿Me está pidiendo que yo sea la guardiana de la perla?
No gritó dentro de sí Sesshōmaru, odiando todo lo que representara un peligro para su protegida.
–No hay nadie más apto para el cargo.
¡No! Repitió Sesshōmaru, sin embargo, procuro no expresar su ansiedad en voz alta, diciendo en cambio:
–Aún está en entrenamiento.
–Lo haré. –Aceptó Kagome a pesar de sus palabras, sintiéndose dispuesta a defender con su vida si era necesario el ultimo legado de su adorada maestra.
–Kagome…–la voz de Sesshōmaru estaba cargada con advertencia. Lo sabía.
Dirigió sus ojos azules y determinados hacia el demonio que había velado por su seguridad desde que tenia memoria.
–Confía en mi –pidió–. Sé que aún tengo camino por recorrer, pero entrenare arduamente para ser una guardiana digna.
Sesshōmaru no dijo nada más, cosa que Kagome tomó como que la apoyaría.
–Gracias por traerla hasta aquí, Totosai-sama. –Agradeció sinceramente la muchacha.
–Solo cumplo lo que sé que ella hubiera querido –aseguró refiriéndose a Midoriko–. Ahora, si me disculpan, iré a hablar con tu padre sobre esto.
Tanto Kagome como Sesshōmaru le dedicaron un asentimiento de cabeza al tiempo que el viejo se adentraba al castillo.
En cuanto Totosai desapareció de su vista, Kagome se sentó con urgencia para intentar sanar las heridas más profundas de Kirara con su poder espiritual.
Se inclinó sobre la pequeña con las manos extendidas hacia su cuerpo, dejando que la luz violeta tan familiar escapara de sus dedos, mientras sentía como las lagrimas comenzaban a caer sin tregua por sus ojos.
Sesshōmaru colocó una mano sobre sus cabellos, sentándose a su lado, confortándola mientras ella trabajaba sobre Kirara hasta lograr que la pequeña se relajara lo suficiente para soltar la perla.
Solo hasta que el pequeño demonio lucía fuera de peligro y la perla estuvo en sus manos, Kagome se permitió llorar libremente sobre el pecho de Sesshōmaru.
¡Ya es viernes otra vez! ¡¿Qué rayos hago con mi semana?! :O
Pero bueno, ¡muchas gracias por sus reviews dándome ánimos en el capítulo anterior!
Chikanime, princesssakura13, Faby Sama y SoFiLeXa espero que se quedan por aquí hasta el final, no hago esto por los reviews pero realmente la experiencia es distinta cuando tienes personas dándote retroalimentación. Sus opiniones son muy apreciadas, creanme :D
Eeeen fin, en noticias no tan buenas, el siguiente viernes no habrá capítulo, tengo unas cositas que resolver y sé que no podré escribirlo así que no quiero presionarme con ello, espero puedan comprenderme.
Pero, ¡hey! el tiempo pasa volando. Así que nos leemos pronto, se cuidan *corazón*
