Este capítulo va dedicado para ti, mi primer y anónimo review.

Capítulo 6. DE ALEGRÍAS Y DOLOR

Ya habían pasado dos semanas desde que Draco había partido de gira con su equipo de quidditch, y no había día que Hermione no lo extrañara. Y aparentemente, Draco se encontraba en la misma situación, puesto que cada noche se enviaban lechuzas relatándose cómo había ido su día.

La castaña había intentado que el rubio manejara el teléfono celular con más destreza, pero le fue imposible. El rubio lo consideraba un gran invento muggle, pero no lo suficiente para utilizarlo de forma constante en su día a día. Por su parte, Hermione estaba casi segura de que el rubio aún no sabía utilizarlo bien, y por eso se rehusaba a incorporarlo en sus comunicaciones. Cada vez que recordaba a su novio, peleándose con su celular, la asaltaba una sonrisa. Si bien Draco había cambiado mucho, y con ella mostraba lo mejor de él, había cosas que jamás cambiarían, como por ejemplo su ego. El rubio jamás admitiría que tenía un pequeño problema con las tecnologías muggles.

- Hermione… Hermione… ¡Hermione! – Exclamó la pequeña Weasley

- ¿Qué pasa Ginny? Te escucho perfectamente si no me gritas, ¿sabes?

- Pues no parece Hermione, llevo cinco minutos hablándote y tú sólo estás ahí sonriendo como colegiala. ¿Acaso el hurón es tan bueno en la cama? – Preguntó en tono pícaro.

- ¡Por Merlín Ginny! Cómo se te ocurre preguntarme eso en un lugar público … cualquiera podría escucharte.

- Jajajaja… vamos Mione! Ya no eres una niña… Ambas sabemos que el hurón ya te quitó cualquier rastro de inocencia.

- ¡Ginny!

- Ya amiga, no te enfades – Decía risueña – ¿te parece si mejor ordenamos la cena?

- Eres una pequeña bruja Ginebra Weasley – Contestó la castaña, sonriendo y mostrando la lengua a su amiga – Mejor ordenemos.

Y así, compartieron su cena, conversando, entre recuerdos, risas y planes de futuro. Ginny sólo sonreía al ver a su amiga tan feliz, sabía que Hermione amaba al hurón, y contrario a cualquier suposición, era totalmente correspondida.

Esa noche Hermione llegó a su departamento, agotada, habían sido unos días terribles en el ministerio, con un cerro de trabajo, expedientes por revisar, y memos que enviar, todo porque en un par de semanas formaría parte de la comisión que representaría al Ministerio de Magia Inglés, en el primer Encuentro de Cooperación Europea.

Abrió las ventanas de su departamento, y tomó asiento en su cómodo sofá. Luego de una hora de estar leyendo, fue vencida por el cansancio y se quedó dormida. Estuvo esperando la lechuza de Draco, pero ésta nunca llegó. El día siguiente, al despertar, se extrañó de no haber recibido carta de su novio, pero no le dio mayor importancia. Quizás sólo había estado ocupado en algún tema del equipo, y se le había hecho demasiado tarde para escribirle.

Esa tarde, luego de ir de compras con Pansy, llegó a su departamento, y lo primero que hizo fue escribir y enviar una carta a Draco. Nuevamente llegó la noche, pero no la carta de Draco. Y así, pasaron cinco días sin tener noticias del rubio. Hermione ya estaba preocupada, había pensado en contactar a Víktor, él era el entrenador del equipo en el que jugaba el rubio, pero no quería parecer desesperada. Esperaría.

Aquel día sábado se despertó temprano, había quedado de reunirse con Theo a desayunar, ya que el castaño quería hablarle de algunos temas legales que estaba tratando con los señores Granger.

Se reunieron en un café del Londres muggle. Theo ya se encontraba ahí cuando la castaña llegó. Mientras ingresaba al local, el castaño no le apartaba la vista de encima, y es que aún recordaba cuando la redescubrió, un día lejano, en su quinto año en Hogwarts. Ella y Malfoy discutían por un libro, en la biblioteca. Como siempre, el rubio le dirigió a la castaña su patentado apodo de sangre sucia, y en el momento en que se había decidido a intervenir, la castaña contestó con un comentario sarcástico e inteligente, haciendo que Draco quedara sin palabras y saliera avergonzado del salón. La chica le había llamado la atención desde su primer día en Hogwarts, pero sólo en ese momento, cinco año después, sabía que su corazón albergaba algo mucho más intenso por ella.

La chica ya estaba cerca y le hacía señas con su mano, mientras esbozaba una dulce sonrisa. Verla sonreír, sonreírle a él, era como un bálsamo para su atormentada alma. Y es que sabía que no tenía esperanzas con ella. Era la novia de uno de sus mejores amigos, y aunque él la amaba desde mucho antes, jamás haría algo que pudiera dañar su relación.

Ya habían terminado su desayuno, cuando al ponerse de pie, la castaña sintió un pequeño mareo y se vio obligada a sentarse nuevamente.

- ¡Hermione! ¿Qué sucede?, ¿Estás bien? – preguntó el castaño, preocupado.

- Sí Theo, tranquilo. Sólo fue un pequeño mareo. Creo que me puse de pie demasiado rápido, pero ya estoy bien – Dijo, parándose nuevamente – Prometí visitar a mis padres, y ya se me está haciendo un poco tarde.

- ¿Estás segura, leona? Estás un poco pálida

- Ah, no le des importancia, sólo se debe al mareo. En serio Theo, estoy bien – Afirmó sonriendo.

- Muy bien, señorita. Entonces, vamos – Dijo el castaño, ofreciéndole su brazo – Tú ordenas y yo obedezco.

- Jajajaja.. Vaya! Creo que me he convertido en una encantadora de serpientes.

- Jajajajajaja – Estalló Theo en una carcajada – Ni que lo digas castaña, ni que lo digas.

Habían andado una cuadra, cuando Hermione sintió un nuevo mareo y Theo la vio palidecer más aún. La miró preocupado cuando ella apretó su brazo con fuerza.

- Theo, creo que…

La castaña no alcanzó a decir lo que pensaba. De un momento a otro, todo se volvió negro, y cayó desmayada. Afortunadamente, Theo alcanzó a sostenerla y sin pensar nada más, visualizó San Mungo, y se desapareció con ella en brazos.

Había pasado media hora, cuando el doctor le indicó que podía pasar a ver a la chica. Entró y la vio recostada en una camilla, con el rostro sonriente.

- ¿Qué tal leona?

- ¡Oh Theo! Siento haberte preocupado.

- Tranquila Hermione. Somos amigos, siempre estaré para ayudarte, lo sabes. ¿Te dijo tu doctor cuál era el problema?

- Sí Theo – Dijo esbozando una gran sonrisa - Y es el problema más maravilloso que podría tener.

- No te entiendo leona.

- Estoy esperando un bebe Theo, Draco y yo seremos padres… Por Merlín, ¿puedes creerlo? – Decía emocionada.

- ¡Oh! Pues, ¡felicitaciones futura señora Malfoy! – La abrazó mientras sentía su corazón estallar en mil pedazos – Debes hablar con Draco - Y entonces, su sonrisa mutó a un rostro serio – Qué pasa, ¿está todo bien?

- La verdad es que no lo sé Theo, hace una semana que no sé nada de él, le he enviado cartas, pero no he tenido respuesta. Primero pensé que tenía mucho trabajo con el equipo, y luego comencé a preocuparme pensando que quizá había sucedido algo, pero. Sin embargo, ayer recibí una carta de Víktor, y me comentó que todo estaba bien con el equipo, y que estaba muy complacido con el desempeño de Draco. La verdad es que no quiero parecer desesperada Theo, pero … no sé qué puede estar pasando.

- Tranquila Hermione, se comunicará, sabes que te ama – Dijo tratando de convencerse más a él, que a la castaña. Sólo esperaba que el rubio no hubiese vuelto a las andadas. Todo Londres sabía que el rubio era un mujeriego, y a pesar de que su noviazgo con Hermione, no era desconocido para nadie, había muchas mujeres que no le daban importancia al compromiso, y sabía que la resistencia del rubio a los encantos femeninos, era prácticamente nula – Sólo espero que no la estés cagando dragón - Y con este último pensamiento, le tendió su brazo a la castaña, para salir de aquella sala y abandonar el hospital.

Mientras caminaban por los pasillos de San Mungo se encontraron con quien menos querían ver en ese momento.

- ¡Vaya! Pero si es la zorra sangre sucia, y su amante. ¿Qué pasa Granger, Draco te deja y corres a los brazos de Theo? – Dijo, casi en un susurro, llena de ira.

- Buenas tardes señora Malfoy – contestó educadamente la castaña – pero lo que yo haga aquí y con quién esté no es de su incumbencia. Con permiso – Quiso pasar por su lado, pero la rubia la tomó fuertemente de la muñeca.

- ¡¿Qué te crees sangre sucia?! Soy Daphne Greengass, esposa de Lucius Malfoy, y debes tratarme como lo que soy, tu superior, ¿has entendido?

- Suéltame Greengass, me lastimas.

- Ya basta Daphne, déjala en paz.

- Ooooh, pero si Teddy Buu defiende a su pequeña amante sangre sucia. Afortunadamente, a Draco ya se le pasó el amor por esta – Dijo de forma despectiva, y las alarmas de Hermione comenzaron a encenderse.

- Draco y yo no hemos terminado Greengass. De hecho, no sé si te habrás enterado que vamos a casarnos.

- Jajajajaja… No me hagas reír sangre sucia, de verdad creías que Draco se mantendría célibe y fiel. Porque si es así, dime Granger, ¿cuándo fue la última vez que supiste de él? – La castaña la miró confusa.

- ¿Qué quieres decir Daphne?, habla ya – La presionaba Theo.

- Nada que no sea cierto querido, que Draco se burló de la sangre sucia, y en estos momentos está disfrutando de la vida, con quien siempre debió estar… con Astoria – Esto último lo dijo, destilando todo el veneno que le fue posible.

- ¡No es verdad! – Exclamó la castaña - Draco y yo nos casaremos. Ya suéltame loca.

- Cómo quieras estúpida – y la soltó tan bruscamente que Hermione resbaló y cayó de rodillas al suelo – Vaya Granger, te ves bien, ahí es tu lugar, donde siempre deberías estar, arrastrándote por el suelo que pisa una sangre pura – Se burlaba la rubia, mostrando una sonrisa cínica.

- !Hermione! ¿Estás bien? - Theo corrió a ayudarla – Ya basta Daphne, has hablado mucho por hoy, ya vete y déjanos en paz – La recriminó el castaño. Sus ojos brillaban con un destello de furia.

- ¡Incarcerous! – atacó Daphne, y una soga apareció de la nada, atando manos y pies de la castaña, haciendo que cayera por completo al piso. Al no ver venir el ataque, no alcanzó a tomar su varita para protegerse o repeler el hechizo. Ya varias personas se habían congregado a su alrededor.

- ¡Expeliarmus! – Grito el castaño, con toda la fuerza que le fue posible, lanzando lejos a la rubia – Jamás Daphne, jamás en tu maldita vida te vuelvas a acercar a ella, jamás vuelvas a hablarle, y jamás te atrevas siquiera a respirar su mismo aire, porque no responderé de mis actos Greengass – Le habló a la rubia, en un tono que erizó la piel de todos los presentes, luego dirigiéndose a la castaña, lanzó el hechizo para liberarla - ¡Finite Incantatem!

- Sácame de aquí Theo – Decía Hermione llorando – Sólo quiero ir a casa, por favor, Theo, ¡ya vámonos de aquí! - Y con un pequeño "plop" se desaparecieron al departamento de la castaña.

- Maldita sangre sucia inmunda, me las pagarás. Jamás dejaré que seas feliz, y haré que te arrepientas a cada minuto de haberme arrebatado a mi Theo – Se decía Daphne, mientras se ponía de pie con elegancia, y retomaba su camino. Todos a su alrededor la observaban, pero ella, como buena serpiente, sólo miraba a todos por encima de su hombro, mientras su mente comenzaba a idear el plan que acabaría de una vez por todas con la sangre sucia. Haría que terminara deseando morir, la haría comer el polvo, jamás permitiría que fuera feliz. Porque la maldita, acababa de firmar, su propia sentencia.

Theo la hizo beber una poción para dormir, y la castaña cayó rendida en su cama. Decidió quedarse a acompañarla, y velar sus sueños. Unas cuantas horas después, Hermione despertó y se sorprendió al encontrar al castaño, aún en su departamento.

- ¿Qué haces aquí, serpiente? – preguntó a su amigo, obsequiándole una hermosa sonrisa.

- ¿Estás bien, Hermione?

- Tranquilo Theo, ya me siento mucho mejor… Theo.. Mmmm… ¿me ayudarías con algo?

- Claro leona, tú sólo dime lo que necesitas.

- Sé que tienes amigos en el Departamento de Transporte Mágico – Dijo más como una afirmación que como una pregunta – Necesito que me consigas un traslador para mañana a primera hora

- No. No, no y no. Olvídalo Hermione, no permitiré que vayas por Draco. No me digas que le creíste a la loca de Daphne y desconfías de él – Y la verdad, es que no podría reprochárselo, dado que él, también desconfiaba de la fidelidad de su amigo. Pero necesitaba tranquilizarla, no quería verla sufrir.

- No Theo, no se trata de eso. Sé que Draco me ama. Sólo … sólo quiero sorprenderlo y darle la noticia del bebé – Sonrió con ilusión.

- Pero mañana es domingo Hermione.

- Vamos Theo, si hay alguien que puede conseguirlo eres tú.

- ¿No deberías avisarle antes que irás a verlo?

- Oh Theo, ¿desde cuándo debo pedir audiencia para ver a mi novio? – Le preguntó melosamente al castaño, haciendo un adorable puchero.

- Eres una traicionera, pequeña leona, sabes que con esa cara no puedo negarte nada. Déjame hacer unas cuantas llamadas. Sólo tengo una condición, me dejarás acompañarte. Te llevo, te acompaño al encuentro de tu novio, y me regreso a Londres. ¿De acuerdo?

- Vaya Theo, ya veo por qué eres un abogado tan cotizado – Decía mientras le sacaba le mostraba la lengua – Está bien, tú ganas.

Al día siguiente, muy temprano, se dirigieron al ministerio y tomaron el primer traslador rumbo a Suiza. Se aparecieron cerca del hotel donde se hospedaba el equipo de quidditch de Inglaterra. Hermione estaba ansiosa, de verdad extrañaba a Draco, y aunque no sabía cuál sería su reacción al decirle que serían padres, no podía evitar sentirse feliz con la nueva vida que albergaba en su vientre.

Cuando iban ingresando al hall del hotel, se encontraron a Víktor, quien se preparaba para salir a trotar. Sin embargo, al ver a la castaña, la envolvió en un efusivo abrazo y mantuvo una breve conversación con ella y Theo. Con el pasar de los años, y luego de su fallido noviazgo, se habían convertido en muy buenos amigos. El búlgaro decidió ayudar a Hermione para que sorprendiera al rubio, y los acompaño hasta la tercera planta, donde se encontraba su habitación.

En el instante que iba a golpear la puerta de la habitación, unos gemidos se escucharon desde su interior. Theo y Víktor se miraron de inmediato, no necesitaban ser un par de sabios, para saber que sucedía allí dentro.

- Herrrmione, crreo que es mejor que nos vayamos – Dijo el búlgaro mortalmente serio, mientras la castaña sacaba la varita de su cartera.

- Vamos leona, aún estamos a tiempo – Decía Theo, mirándola con preocupación.

- Pues si ustedes quieren irse, están en libertad de acción – dijo decidida – Yo no me iré sin ver qué pasa ahí dentro. No estuve en griffindor por nada – Y apuntó su varita a la entrada de cuarto - ¡Alohomora! – Y en el momento que la puerta se abrió, deseó no haberlo hecho –¡Buenos días Draco! Ya veo lo pesado de tus entrenamientos – Dijo con voz firme, conteniendo el llanto que amenazaba con escapar en cualquier momento.

El rubio, que, en ese momento, estaba desnudo en su cama, siendo devorado por los besos de Astoria Greengas, sintió todo su cuerpo tensarse, y las escenas de la noche anterior vinieron a él cómo un torbellino. Él, bebiendo en el bar del hotel, preguntándose por qué Hermione ya no contestaba sus cartas. Él, bebiendo en su habitación, mientras le daba vueltas a la carta en la que Daphne le advertía que abriera los ojos, porque su novia lo engañaba con su mejor amigo. Él, abriéndole la puerta de su habitación a una despampanante Astoria, que se lanzaba a sus labios, besándolo con pasión. Él, respondiendo a los besos de la rubia, y despojándola de sus ropas, en un momento de embriaguez, pasión y deseos de venganza por un engaño que ni siquiera sabía si era real. Él, en la cama con la rubia, imaginando que era su Hermione a quien besaba.

De un momento, a otro, pareció reaccionar y dirigió la vista a su novia, confundido. Su ojos iban rápidamente de Hermione a Astoria. La había cagado a fondo, y lo peor de todo, es que sus recuerdos ni siquiera eran claros. Sabía que un principio había cedido a los caprichos de la Greengass, pero también sabía que en el momento en que había imaginado que se trataba de Hermione, había recuperado sus cabales exigiéndole a Astoria que abandonara su habitación y dejara de buscarlo de una vez por todas. Luego de eso, no recordaba más.

- Hermione… yo puedo explicarlo, por favor, hablemos – Le decía mientras, se vestía torpemente.

- Jajajaja.. no me hagas reír Malfoy, salta a la vista que tú y yo ya no tenemos nada que hablar.

- Por favor, Hermione – Decía el rubio, mientras se pasaba las manos por su cabello, en un claro gesto de nerviosismo – Podemos arreglarlo.

Mientras, unos sorprendidos Theo y Víktor, se mantenían al margen de la discusión, pero siempre atentos a Hermione. Si bien, en ese momento, ella se mostraba dura y con una entereza única, ambos sabían que por dentro estaba completamente rota, y terminaría por quebrarse en cualquier momento.

- ¿Ves algo que necesite de un arreglo, Malfoy? Porque yo, no veo nada. Sólo venía a devolverte esto – Dijo, entregándole su anillo de compromiso.

- Por favor, Hermione… No nos hagas esto – Le suplico Draco, en un último y desesperado intento por retenerla.

- Ya no hay un nosotros Malfoy – Dijo casi en un susurro, mirándolo directamente a los ojos – Creo que la señorita Greengass aguarda por ti en tu cama, ya no la hagas esperar.

- Hermione… - Se acercó a ella, tomándola de sus hombros.

- ¡No me toques Malfoy! Jamás vuelvas a hacerlo – Dijo fríamente – Buen número para culminar tu circo Draco. Molestar a tu padre, para vengarte de su nuevo matrimonio, y al mismo tiempo, burlarte de la sangre sucia que odiaste en la escuela. Excelente plan Malfoy – Dijo con ironía – Ni yo habría ideado uno mejor – Y se giró, dirigiéndose hacia la puerta.

El rubio se volvió más pálido aún. Sintió el peso del mundo sobre él. La mujer de su vida lo estaba abandonado. Además, ella sabía que al principio todo había sido un juego para él, y a pesar de que ahora la amaba, sabía que ella sufriría por sus mentiras. Era un desgraciado, lo sabía. Y aún no sabía cómo lo evitaría, pero ella no podía abandonarlo.

- No cruces esa puerta sin mirarme a los ojos y decirme que ya no me amas Hermione – Desesperado el rubio la sostuvo suavemente de una muñeca.

- Suéltame Draco.

- No te dejaré ir.

- ¡Te dije que me sueltes Malfoy!, y de ahora en adelante, para ti soy Granger. Creo que ya molestaste lo suficiente a tu padre, así que a mí déjame en paz de una vez – Y soltándose del agarre del rubio, sin dirigirle ni una sola mirada, caminó hacia la salida con la frente en alto.

Fue escoltada por Theo y Víktor, quienes presenciaron toda la escena, silenciosamente. Ambos hubiesen matado al rubio a golpes, pero sabían que Hermione odiaba la violencia, y era lo suficiente griffindor, para afrontar la situación de forma valiente.

- Volvamos a Londres Theo – Le pidió a su amigo, mientras acariciaba suavemente su vientre – Llévame a casa – Ya no pudo contenerse más y las lágrimas fueron brotando lentamente de su ojos almendrados. El castaño la guió hacia el traslador que en unos minutos se activaría para regresar a Londres, y ambos, despidiéndose del búlgaro, se aferraron firmemente al viejo zapato que los llevaría de regreso.

Me encantaría que quienes están siguiendo mi historia, me obsequiaran algún review con sus comentarios y opiniones. Es mi primer fic, y aceptaría gustosa sus consejos y también sus críticas, ojalá constructivas, para seguir fabricando esta pequeña historia.

Abrazos por mil!