El universo de InuYasha pertenece a Rumiko Takahashi
Los derechos de la imagen de portada no me pertenecen.
Nansei
«Suroeste»
Parte I. Relatos del Sur
¿Cómo puedo alejarte cuando estás tan dentro de mi?
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I. VII Débil
Sesshōmaru detestaba estar en el Oeste últimamente, su madre estaba insufrible y su padre desaparecía constantemente por lo que el lugar tenía una atmosfera pesada.
No era ningún secreto que el Lord mayor mantenía una aventura con una humana que lo tenía embelesado, cosa que le era completamente indiferente, pues siempre supo que su padre había tenido una fascinación fuera de lo común con esas criaturas, siendo la evidencia más clara el pacto al que había accedido a enredar a su propio heredero.
El joven demonio perro no entendía que era lo que su padre veía en esas criaturas y es que él jamás había detestado realmente a los humanos, simplemente pensaba en ellos de la misma forma en que pensaba de los animales: le parecían seres irracionales con una inteligencia menor a la de su raza.
Por eso mismo le resultaba tan complejo el comprender por qué su madre se obsesionaba tanto con ellos. Muchas veces le había escuchado relatar que había pasado un tiempo observando una aldea humana sin ser detectado, fascinándose con su peculiar comportamiento y el cómo se las ingeniaban para lograr ciertas cosas que su limitada capacidad física les complicaba.
Sin embargo, lo que más contrariaba a Sesshōmaru era que lo que más le gustaba a Inu no Taisho de los humanos pues era lo mismo que le parecía los hacía más patéticos: el cómo se dejaban llevar por sus emociones.
Conforme seguía pasando el tiempo su irritación iba en aumento, si fuera otra época se marcharía a entrenar o simplemente a divagar a cualquier lugar que le diera paz, inmediatamente vino a su mente el árbol bajo el que se sentaba en el Sur a observar a Kagome entrenar sin descanso, ahuyentando solo con una mirada cada que el entrometido de Haru intentaba meter sus narices donde no le llamaban.
No sabía por qué, pero desde que había conocido a Haru, el demonio zorro le había parecido tremendamente insufrible, le irritaba de sobre manera la forma en la que miraba a Kagome, cómo si fuera capaz de hacer cualquier cosa que ella pidiera.
Su molestia incrementó solo de imaginarlos entrenando juntos en ese momento.
Sin embargo, por más que deseara estar en otro lado, la situación estaba tensa en el Oeste y no podía mostrar a los demás Lores cardinales algún tipo de debilidad en su terreno pues a pesar de los falsos términos de paz, la realidad era que cualquiera de ellos se lanzaría a atacar el cuello del otro por cualquier abertura para obtener más poder que vieran y eso realmente no le molestaba, pues sabía que él también aprovecharía cualquier oportunidad, de no ser por que no quería involucrar al Sur en ningún tipo de conflicto mientras Kagome residiera ahí pues no quería llamarla al foco de atención y que demonios poderosos fueran consientes de que ella era la guardiana de una perla poderosa.
Debía darle crédito, hacia casi cinco años que ella era la guardiana de la nombrada famosamente como Perla de Shikon y se había desempeñado bastante bien.
Entrenaba sin descanso con Kirara, con él o con Eiji mismo en cuanto a combate cuerpo a cuerpo se trataba, mientras que cuando estaba sola se dedicaba a conocer y expandir el poder espiritual que residía dentro de ella.
Tanto Eiji como él estaban seguros de que el poder de Kagome no tenía nada que pedirle al de Midoriko, y que en efecto, no había guardiana más apta para la perla que ella.
Sin embargo, eso no quitaba el hecho de que ambos detestaban verla envuelta en peligros que atentaban contra su vida como ya había pasado un par de veces con demonios que habían intentado tomar la perla por la fuerza y ella había resultado considerablemente herida a pesar de haber logrado purificarlos.
Estaba seguro que jamás olvidaría la sensación tan amarga que le invadió cuando vio a la pequeña y frágil humana cubierta de heridas sosteniéndose el brazo derecho dislocado.
La muy idiota se había presentado sonriendo a pesar de lucir un estado tan deplorable, asegurándose de no preocuparlos ni a él ni a su padre, restándole importancia al dolor tan inmenso que debía sentir.
Quizá lo que más odiaba Sesshōmaru de estar en el Oeste era el sentimiento de incertidumbre sobre la seguridad de Kagome.
Pero eso último jamás lo admitiría.
El olor a la sangre de su padre le sacó de sus cavilaciones y se apresuró a salir para ir a su encuentro.
–Déjale –lo detuvo Irasue, su madre, con amargura después de haber sentido ella misma la clara señal de su marido herido–. Él ha decidido hundirse. Su unión con esa humana le ha traído la desgracia.
Sesshōmaru la ignoró y continuó su camino, pues podía sentir como la muerte ya había marcado la esencia de su padre.
Voló hacia donde lo sentía y lo encontró solo sobre un risco en la costa, con una importante herida en el corazón.
Acababa de pelear con Ryukotsusei de eso no había duda. Sesshomaru sabía que era un Daiyokai muy poderoso, quizá el único capaz de darle una batalla real a su padre, sin embargo, la única forma de que resultara herido de muerte de esa forma, era que estuviera lo suficientemente distraído pensando en volver al lado de su compañera humana.
Sesshōmaru sabía que desde que la aventura de su padre había comenzado había estado actuando diferente, con la mirada perdida todo el tiempo y una sonrisa estúpida. El poderoso y temido General Perro bien podía ser comparado a un cachorro domesticado.
Un sentimiento de aversión comenzó a crecer dentro de él ante los sentimientos de su padre que le habían llevado a la inferioridad.
¿Dónde dejaba el honor de su estirpe? ¿La búsqueda del poder?
Estaba acabado, su antigua gloria se estaba apagando, no sobreviviría mucho tiempo más.
–¿Tienes que ir, padre? –Preguntó el heredero, sabiendo que esa mirada perdida solo buscaba una cosa para ser encontrada. En sus ojos brillaban sus ansias de ver a la mujer humana una ultima vez.
–¿Acaso lo evitarás, Sesshōmaru?
–No deseo evitarlo –las palabras de Sesshōmaru eran duras y cargadas de recelo ante las acciones de su progenitor–, pero antes de que algo te suceda espero que Songa y Tessaiga me sean entregadas.
–Eso no es posible–Respondió Toga decidido, sabiendo que su travesía con esas espadas aún no concluía pues tenían una ultima misión juntos, así que esperaba que ambas le prestaran su poder.
–¿Con lo que he dicho…matarías a tu propio padre? –agregó con un tono más suave.
Sesshōmaru no respondió.
–¿Qué harías con semejante poder? ¿Para qué quieres más fuerza?
La respuesta era obvia para el joven, más en esos tiempos en que sus tierras peligraban de la forma en que lo hacían. Más ahora que con la debilidad de su padre algunos demonios los verían como un blanco.
Además, nunca se tenía algo como demasiado poder, eso lo tenía claro, y si es que ese limite existía, él, Sesshōmaru, se aseguraría de alcanzarlo.
–El camino de la supremacía solo señala hacia delante –aseguró–. Solo obteniéndolo podré seguir ese camino.
Inu no Taisho cerró los ojos, tratando de encontrar la forma de darle una ultima lección a su hijo, buscando una forma de hacerle entender que su enfoque estaba tan errado como lo había estado el suyo alguna vez.
–¿Supremacía? –Preguntó, restándole importancia, tratando de que su hijo viera que existía un vacío en cada ser que ningún poder podría llenar– Sesshōmaru, ¿tienes algo que proteger?
–¿Algo que proteger? –La primera imagen en su mente fueron los inocentes ojos de Kagome.
Se dio cuenta que había estado juzgando a su padre por lo mismo que había estado haciendo él: andar revoloteando con una humana.
Kagome le hacia débil. Y jamás permitiría ningún tipo de debilidad en un ser superior como él.
–Soy Sesshomaru –afirmó con dureza–, para mi es algo totalmente innecesario.
Decepcionado, el Daiyokai liberó todo su poder, provocando que su energía deshiciera su alta coleta al tiempo que sus extremidades humanoides se deformaban para dar paso a su forma real.
Su forma de bestia.
Herido como estaba emprendió el vuelo hacia Izayoi, pues no permitiría que ningún ser se interpusiera entre ella y la vida.
Le dedicó una ultima mirada a su primogénito, anhelando que un día él pudiera sentir el ferviente deseo de proteger aquello importante para él.
Porque solamente ese día se convertiría en el poderoso demonio que tanto anhelaba ser.
Todo dependía de la heredera de su querido amigo del Sur, confiaba en que esa hermosa y amable muchacha pudiera cuidar del obstinado Sesshōmaru.
Te lo encargo…Kagome
Estoy taaaan enferma Dx
Este capitulo fue demasiado difícil de escribir para mí, de hecho cuando lo terminé y vi la extensión total fue como de What?! solo eso me salió?!
En fin, en mi zona horaria ya es media noche, así que no lo subí a tiempo en viernes ;-;
Pero bueno, como siempre muchísimas gracias por sus reviews, me gusta mucho leerlos c: *corazón*
(Con esto de la hora y de que estoy muriendo de gripa no me dio tiempo, ni energías, para corregir el capitulo, así que cualquier detallito que vea fuera de lugar lo corregiré y actualizaré junto al capitulo del siguiente viernes)
¡Se cuidan! :D
