Capítulo 7. LEONES Y SERPIENTES
Habían pasado diez minutos desde que Hermione había salido por aquella puerta, y Draco aún no lograba digerir todo lo que había pasado. Su cabeza daba vueltas, y caminaba de un lado a otro de la habitación analizando todo lo ocurrido. No podía creer que en tan sólo unos minutos, su vida se hubiese transformado en una mierda.
- Ya vuelve a la cama cariño, lo estábamos pasando tan bien – Lo llamaba una melosa Astoria, mirando sus uñas, como si no hubiera nada más importante.
- Creí haberte dicho que te largaras Astoria. ¡Ya vete de aquí y déjame en paz! – Gritó furibundo el rubio - ¡No te quiero! NO-TE-QUIERO. ¿Puedes procesar eso, o acaso tu estúpido cerebro no da para más? – Y hecho una furia se dirigió hacia la rubia, la tomó de un brazo y la sacó de su cama.
- Vaya cariño, cualquiera diría que la sangre sucia de verdad te importa.
- Te lo advertí Astoria – Dijo en un siseo – Estaré redimido, pero fui un mortífago, no lo olvides, querida… Y si no te vas de aquí, al momento de ya, no dudaré en recordar algún hechizo contigo.
- Jajajaja.. No me asustas Draco Malfoy, me das pena. Sabes que la sangre sucia en este momento te odia, ¿verdad?
- Astoria… - Dijo en una sutil advertencia.
- Vamos amor, yo puedo darte más que esa mojigata.
- ¿Y tú de verdad piensas, que cambiaría a Hermione por una zorra como tú? Estás desquiciada Greengass – Y diciendo esto último, la sacó de su habitación a la fuerza, arrojándole su ropa a la cara.
- ¿Qué te hice Hermione? – Se susurraba a sí mismo, ya más calmado - ¿Qué te hice, princesa? – Y con esta última pregunta, se permitió derramar una lágrima de dolor.
Una hora después, en Londres, un sulfurado Theodore, le explicaba a Harry y a Ron, todo lo que había pasado. Luego de acompañar a Hermione a su departamento, y proporcionarle nuevamente una poción que calmara sus nervios, esperó a que la chica se durmiera y envió una carta a Potter. No fue necesario enviarle una carta también a Ron, ya que ambos estaban juntos en la madriguera. En la carta no había explicado detalles. Sólo les comunicaba que Hermione no se encontraba bien y que necesitaba hablar de forma urgente con ellos. También eran sus amigos, y creía que debían estar al tanto de lo que ocurría. Además, por su trabajo, él partiría en un par de días a Australia, y muy a su pesar, se trataba de un viaje impostergable. Necesitaba tener la seguridad de que la castaña no estaría sola en su ausencia. Sólo se reservó para él, la información del embarazo. Consideraba que era un tema demasiado importante, y que era a Hermione a quien le correspondía hacerlo saber a sus amigos.
Harry y Ron, pasaron por todas las reacciones posibles. Luego de mucho esfuerzo y dos hechizos petrificantes, Theo pudo tranquilizarlos y evitar que corrieran a torturar a Draco. Los chicos contactaron a Ginny, y le pidieron que fuera también al departamento de Hermione. Una vez que la pequeña pelirroja estuvo con ellos, Theo decidió que era tiempo de marcharse a su mansión. Sabía que Hermione no estaría mejor con nadie que no fueran ellos, sus amigos de toda la vida. Él necesitaba despejarse un poco y analizar lo que había pasado.
Su rabia hacia Draco era casi incontrolable, y necesitaba tranquilizarse porque de caso contrario, sería él quien torturaría al rubio hasta que rogara clemencia.
Theo estaba en la labor de despedirse de los chicos, cuando se percató de un golpeteó en la ventana. Se asomó al ver de qué se trataba y vio frente a él la lechuza de Pansy. Tomó el pergamino con rapidez. Sabía que se trataba de un asunto realmente importante, pues la slytherin no se caracterizaba por buscar muy a menudo a sus amigos. Solía decir que, al ser la única dama de grupo, eran sus amigos quienes debían buscarla. Theo desenrolló el pergamino con rapidez. En escasas líneas, Pansy le pedía con urgencia que se presentara en su apartamento, porque necesitaba verlos a Blaise y a él con urgencia.
- Chicos – Decía la morena en un suspiro - Tenemos un asunto.
- ¡Vaya Pansy! Creo que esto va para largo. ¿Necesitaré un whisky?
- Creo que sí Blaise, yo también necesito de uno.
- ¿Qué pasa Pansy? – Preguntó Theo, diplomáticamente, mientras recostaba su cabeza en el sofá y cerraba los ojos, en clara señal de cansancio – Ya nada puede sorprenderme hoy.
- Es Draco – La morena se caracterizaba por ser una persona directa – No sé qué sucedió, pero nos necesita.
- ¿Draco? Dudo que ese idiota necesite a alguien más que no sea él – Replico un molesto Theo, mientras sentía tensarse todo su cuerpo – Esta mañana lo visité en Suiza, y creeme Pansy, no parecía necesitarnos.
- ¿Puede alguien explicarme qué está pasando con el dragón? – Preguntaba un confuso Blaise – ¿Qué es eso de que lo viste esta mañana, viejo?...
- Acompáñenme.
Y dejando la sala, se dirigieron al dormitorio de la morena. Allí, en la cama de la chica, en un profundo sueño inducido por una fuerte poción tranquilizante, se encontraba el rubio, quien, por su apariencia, parecía haber sido aplastado por una manada de centauros.
- Esta mañana llegó tan alterado, balbuceaba algo sobre su matrimonio, Granger, Astoria, y un sinfín de cosas que no logré entender. Chicos, no sé qué sucedió, pero jamás lo había visto así, ni siquiera cuando tía Cissy murió.
Theo no podía explicarse cómo podía estar ahí, durmiendo como un niño, soñando sin sueños, después de todo el dolor que había ocasionado a Hermione. De pronto, sintió como la ira lo desbordaba, y antes que alguien pudiera reaccionar, ya tenía su varita en alto.
- ¡Maldito idiota! ¡Aguamenti! – El rubio recibió el chorro de agua en su rostro y se despertó sorpresivamente. No tuvo tiempo de reaccionar cuando se vio atacado otra vez - ¡Everte Statum! – Y al momento, salió elevado por los aires para chocar contra el muro.
- ¡Por Salazar Theo! ¿Qué demonios ocurre contigo? Ya déjalo en paz.
- ¡Déjame darle su merecido Pansy! – Gritaba un descontrolado Theo
- ¡Incarcerous! – Intervino Blaise, lanzando un hechizo a Theo - ¡Petrificus totalus! – Exclamó hechizando a Draco – Muy bien niños, ahora que ya estamos más tranquilos, y dado que el dragón aún está algo aturdido, necesito que tú, querido Theo, me expliques qué demonios sucede con ustedes.
Pansy miraba la escena sin creer lo que veía. Jamás había visto a Theo de esa forma. Lo conocía de toda la vida, y nunca había perdido los papeles con nadie, mucho menos con sus amigos. Algo muy grande debía estar cocinándose allí, y como buena serpiente que era, llegaría al fondo del asunto. Fue a la sala y a los minutos volvió con dos vasos de whisky de fuego. Les hizo jurar a sus chicos que no se atacarían y los liberó de sus hechizos.
- Beban sus vasos de whisky. Los tranquilizará.
Las dos serpientes obedecieron. Cuando Pansy utilizaba ese tono, nada podía negársele.
Bastó que Pansy y Blaise hicieran las preguntas precisas, y tanto Theo como Draco, prácticamente escupieron la verdad. Blaise se contenía en ganas de lanzarse sobre Draco. Por un demonio, se lo había advertido, y el muy idiota no sólo se conformó con utilizar a Hermione Granger para sus fines egoístas, sino que luego de pedirle matrimonio e ilusionarla jurándole amor, va y la engaña con Astoria. Por Merlín, por qué nadie lo escuchaba. ¿Y Granger? Ella había estado advertida, pero no, su maldito corazón griffindor guardaba la esperanza de enamorar al rubio, y por Salazar que hasta él se creyó por un tiempo la versión de un Draco enamorado. Pero no, como buen Malfoy tenía que cagarlo todo, y a lo grande.
- Escúchame bien Pansy. Sólo por esta única vez te perdonaré que hayas usado veritaserum conmigo - Decía un agotado Draco.
- Y quien te podría creer algo si no es a través del veritaserum, Malfoy - contestó un cansadísimo Theo
- No puedo creerlo Draco – Decía una pensativa Pansy - Te creí cuando dijiste que todo había dejado de ser un plan para molestar a tu padre, porque te habías dado cuenta de que la amabas. Te creí cuando me pediste que te diera el beneficio de la duda. ¡Te creí Draco!... Por primera vez una chica confía en mí lo suficiente para ofrecerme su amistad… ¿y qué clase de amiga soy yo? ¿Eh? ¡Permito que venga el niñito mimado de papi y le haga desgraciada la existencia, por una maldita segunda vez!
- Pansy… yo…
- Tú nada Draco – Dijo la chica haciendo una pausa – Saldré un momento, y en cuánto regrese, espero que ninguno de ustedes esté todavía en mi departamento.
- Escucha Pansy, yo… de verdad la amo. Tienes que ayudarme – Pidió Draco en tono suplicante.
- Sólo vete Draco… ahora no quiero verte. Prometo enviarte una lechuza luego.
Y diciendo esto último, salió del departamento seguida por Blaise.
- Yo también me largo – Se puso de pie un Theo más calmado.
- Theo… escúchame, por favor.
- No Draco, tuviste tu oportunidad y la desperdiciaste, y yo, ya no me ocultaré. Primero me hice a un lado por el maldito Weasley, luego, me hice a un lado por ti. Que sepas que la amo Malfoy – Dijo dándole la espalda al rubio – Y lucharé por ella – Y diciendo esto último, se dirigió hacia la puerta.
- Con que Daphne decía la verdad ¿no? – Respondió el rubio con rencor – Ustedes son amantes. ¡Todo este tiempo me engañaron!
- Escúchame bien Draco. Haré como que nunca dijiste eso, porque en caso contrario, me vería obligado a lanzarte una imperdonable. Mione es una mujer de alma pura, jamás te habría engañado porque… ¡Maldición Draco! ¡Te ama! A pesar de todo, de tu sangre, de tu apellido, de tus mentiras, de tus antiguos insultos… Ella te ama – Decía el castaño, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos – Pero te juro que me encargaré de que eso cambie. Adiós Malfoy.
Como pudo, Draco se puso de pie, y se desapareció a la Mansión Malfoy. Necesitaba recuperar a su castaña, pero para hacerlo antes debía reponer sus energías y recuperar la confianza de Pansy y Blaise.
Por su parte, Hermione había pedido unos días de vacaciones en el Ministerio. Debía admitir que no había tenido tiempo para la depresión. Sus amigos y sus padres no la habían dejado ningún momento, pero ya se estaba cansando de tanta atención. Sabía que los primeros días de su rompimiento con Draco habían sido dolorosos, pero al cuarto día, se dio cuenta que todo lo que ella sintiera, lo sentiría también su bebe, y por su hijo decidió ponerse de pie. Lo superaría, de un día a la vez. Además, nunca había sido de esas chicas que perdían la cordura por un hombre, y no lo sería ahora. Quisera Godric que eso nunca ocurriera. Ella era una valiente griffindor y esa era la única forma posible de afrontar las cosas.
Ya habían pasado dos semanas desde lo ocurrido, y muchas cosas habían cambiado. Draco había renunciado al equipo de quidditch, para establecerse en Londres y hacerse cargo del negocio familiar. Malfoy & Greegass Corporation había escogido un nuevo directorio y su nuevo presidente era ni más ni menos que Draco Malfoy, quien, junto a su vicepresidenta, Astoria Greengass, quedaban a cargo del negocio para inyectar a éste, la energía, fuerza y grandes proyectos que sólo la sangre joven podía conseguir. Cada día se encontraba con noticias como esas en El Profeta, hasta que de un momento a otro, decidió cancelar su suscripción. Nadie quiso preguntar el por qué, y ella se los agradecía. Y agradecía a Merlín, cada día, por sus padres, por su bebe, y por sus amigos… Harry, Ron, Ginny, Neville, Theo e incluso Blaise y Pansy, habían demostrado que los antiguos conflictos escolares habían quedado atrás. Si bien conformaban un grupo de lo más variopinto, tenían un común denominador que los unía: Ella. Aquel día había decido salir a pasear por un parque cercano a su edificio, en compañía de Pansy. Sonreía mientras recordaba el último domingo cuando se habían reunido todos en la madriguera. Las diferencias aún estaban ahí, siempre serían serpientes y leones, pero la enorgullecía saber que sus chicos habían madurado lo suficiente como para darle a las serpientes la oportunidad de llegar a ellos. Por su lado, aquellas serpientes jamás dejarían de ser unos fríos slytherins, pero ella se daba cuenta de que lentamente estaban bajando sus muros. Sabía que llegarían a ser amigos, y eso la alegraba. Como siempre decía su abuela Charlotte, de todo lo malo que nos ocurre, siempre lograremos sacar algo bueno.
Y en cuanto a Draco, aún su piel se erizaba al pensar en él. Y tampoco es que hubiese tenido mucho tiempo para olvidarlo. No había día en que el rubio no la llenara de lechuzas con cartas suplicando su perdón, diciéndole que tenía que escucharlo, que todo había ocurrido en un momento de confusión. Cada día cuando despertaba, se encontraba en su habitación con un enorme arreglo de orquídeas blancas. Estaba segura que era Draco quien las enviaba, puesto que sólo él sabía que eran sus favoritas. Ni siquiera sus padres lo sabían.
Sonrió recordando aquellos detalles, mientras acariciaba dulcemente su aún inexistente pancita. Pero de pronto, los recuerdos de aquella mañana volvían a ella como un torbellino y su sonrisa desaparecía.
- Estás recordando aquella mañana, ¿no es así Hermione? – Preguntaba una preocupada Pansy
- Lo siento Pansy… Yo, no puedo evitarlo… pero vamos – Dijo recomponiendo su sonrisa - ¡mejor caminemos por el parque!
Pansy le sonrió y decidió seguirla.
- Hermione, ¿no has pensado en perdonar a Draco?
- Por favor, Pansy, no quiero hablar de él en este momento.
- Está bien leona, sólo te diré lo que pienso, y juro que no volveré a tocar el tema. ¿De acuerdo?
- De acuerdo Pansy, te escucho.
- Sabes que Draco también es mi amigo, y si bien al principio lo odié por lo que te había hecho, creo que… No pierdes nada al escucharlo, Hermione. Mira… Sé que te engañó con Astoria, y entiendo tu resentimiento. No hubo imperios, ni confundus, ni pociones extrañas, ni nada de por medio, y eso lo hace aún peor. Draco cometió un inmenso error y lo más espantoso de todo es que sólo obedeció a su condición de hombre, más exactamente, a su maldita condición de sin vergüenza. ¿Crees que algún día puedas perdonarlo Hermione? ¿Crees que puedas darle siquiera la oportunidad maravillosa de saber que será padre?
- Por Merlín Pansy, yo… yo lo amaba, aún lo amo… y sé que él debe saber que será padre. Es sólo que… aún duele Pansy – decía la castaña mientras ponía una mano en su corazón – Pero, yo también he estado dándole vueltas, y creo que sí, tienes razón – Ante esto último, una sonrisa comenzaba a tomar forma en el rostro de la morena – No sé si aún lo perdone como pareja Pansy, quizás es que simplemente somos demasiado distintos para intentarlo, pero no puedo quitarle la oportunidad de ser padre. Te prometo que lo intentaré.
- ¡Oh Hemy! – Pansy se abalanzó sobre ella chillando - ¡Yo sabía que entrarías en razón! – Gritaba mientras la abrazaba feliz y casi le cortaba el aire.
- Jajajajajaja.. ya Pansy, la gente comienza a mirarnos raro. Mejor sigamos con nuestro paseo.
- Oooh, sí, perdón. Fue la adrenalina del momento. ¿Qué miran muggles? ¿Nunca han visto un abrazo entre dos amigas? ¡Ya sigan en lo que estaban!
Y luego de obsequiarse mutuamente una sonrisa, siguieron caminando por aquel parque, acompañadas de un hermoso día soleado.
