El universo de InuYasha pertenece a Rumiko Takahashi

Los derechos de la imagen de portada no me pertenecen.

Nansei

«Suroeste»

Parte I. Relatos del Sur

¿Cómo puedo alejarte cuando estás tan dentro de mi?

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V. III Diferente

La noticia de la muerte de Inu no Taisho se expandió rápidamente, no solo porque era el gran general perro del Oeste y quizá el demonio más poderoso que había existido, sino también por lo que lo llevó a su trágico final.

Su unión con una humana había llegado tan lejos como para tener un hijo con ella. Un hibrido que sería rechazado tanto por los demonios como por los humanos.

Había condenado a ese niño por sus ridículos actos egoístas, sin mencionar que había manchado de forma permanente su estirpe, o por lo menos eso era lo que pensaban los demonios de clases más altas cuando discutían sobre el tema.

En el Sur, lo único que preocupaba a Kagome era ver a Sesshōmaru para poder mostrarle sus respetos y estar con él en lo que suponía era un tiempo difícil.

Con Toga caído, Sesshōmaru era el legitimo Lord del Oeste y aunque no era necesariamente una obligación, no tardaría en encontrar una pareja para que esta adoptara el titulo de señora del Oeste.

Kagome no era capaz de darle nombre al sentimiento amargo que la embargaba solo con pensarlo, pues ni siquiera lo entendía. Toda ella repudiaba la idea de que Sesshōmaru pudiera estar con alguien más.

Había estado con él toda su vida, así que una parte de ella lo atribuía a que por eso mismo le resultaba tan doloroso el pensar en perderlo y que este estuviera en los brazos de alguien más.

La mera imagen del demonio con otra mujer le quemaba de una forma que la confundía, quitándole el sueño por las noches.

El camino al Oeste fue bastante rápido con la sacerdotisa montada en Kirara dejándose llevar por sus pensamientos, mientras a su lado su padre volaba acompañado de unos cuantos de sus hombres para saludar al nuevo señor de las tierras vecinas y brindar sus respetos a la reciente viuda del Oeste.

Al llegar al palacio de la Luna fueron recibidos por uno de los guerreros perros que ahí habitaban quien se ecargó de llevarlos a la sala principal donde encontraron a una estoica Irasue, quien a pesar de todo lo que había sucedido sentía un enorme respeto por su esposo y señor de las tierras que habitaba, por lo que su muerte le dolía mucho más de lo que aparentaba.

Los presentes hicieron una reverencia a la que todavía era la señora del Oeste y al momento de hacerlo, Kagome sintió la mirada penetrante de la demonio sobre ella. La incomodidad no se hizo esperar, por lo que la joven considero el si no hubiera sido mejor que se quedara en casa, pues con todo lo que había sucedido quizá lo ultimo que quería ver la señora era una hembra humana.

–¿Por qué la has traído a mi hogar, Eiji? –Cuestionó molesta, diciendo en voz alta lo que sus gestos claramente denotaban.

Kagome tragó duro.

–Sé que no es necesario recordarte que es mi heredera. –Respondió el jefe Tengu con dureza, absteniéndose de mencionar el gran afecto que Toga sentía por su adorada hija, temiendo tocar algún nervio sensible dado la reciente situación.

Irasue alzó una ceja ante la replica, pero no dijo más al respecto, pues realmente no era conveniente para sus tierras el crear cualquier clase de enemistad con el Sur, pues la caída repentina de un señor cardinal siempre era causante de cierta inestabilidad para sus terrenos.

– Sesshōmaru llegará pronto–indicó, para después girarse hacia la pequeña mujer Kitsune que estaba a su lado–: Shizuna, indícales dónde pueden esperarlo.

Con una inclinación de cabeza los hombres y Kagome se dispusieron a seguir a la dama.

–Muchacha –detuvo el andar de la sacerdotisa con ese llamado.

Kagome se giró para ver qué requería esa mujer de ella, inquiriendo con respeto:

–¿Sí, mi señora?

–No pienses que porque Sesshōmaru tiene la misma sangre extraña de su padre, lograras obtener algo de él.

Irasue era consiente del trato que había hecho su imprudente pareja con el guardián del Viento Sur, estaba por de más decir que estaba en contra de semejante ridiculez.

Quizá de entre todas las humanas, la niña hija del Sur era la que menos le desagradaba puesto que Toga la había traído un par de veces con él cuando Eiji tenía que salir por temporadas muy largas. Era dulce y conocía su lugar. Sin embargo, lo que más gustaba Irasue de ella era que no le temía a ninguno de ellos, no se dejaba amedrentar por el enorme poder que poseían, y actuaba con la mayor naturalidad a su alrededor, sin buscar la aprobación de ninguno de ellos.

Aún así, eso no eliminaba su sangre humana, y de ninguna manera permitiría que su hijo siguiera los pasos de su padre con semejante acto vergonzoso.

Kagome no permitió que ese comentario la molestara, pues dentro de ella comprendía el inmenso dolor que esa mujer debía estar pasando en ese momento. Conocía a Irasue, había pasado un tiempo con ella cuando era más pequeña e incluso había sido la demonio quien le había enseñado todo lo que sabía sobre distintos tipos de flores, sabía que el apreció que ella sentía debía ser mucho mayor al que Irasue sentía hacia ella, sin embargo, eso era suficiente para dejar pasar sus palabras.

Kagome sonrió de la forma más sincera que podía y con otro asentimiento de cabeza abandonó la habitación, sin saber el enorme impacto que había dejado en la poderosa yokai, quien deseaba enormemente que la pequeña tuviera sangre de demonio en ella para de esa forma permitirse quererla.


Cuando Sesshōmaru llegó a sus tierras la esencia sureña de Kagome lo llenó por completo en un abrazo inesperado a sus fosas nasales.

Su presencia en el Palacio de la Luna le resultó extraña, y no fue hasta que sintió la presencia de Eiji y unos cuantos cuervos más que la resolución lo golpeó.

Estaban buscando saludarlo formalmente como señor del Oeste.

En su mente, Sesshōmaru maldijo todos los protocolos ridículos de las casas cardinales.

Caminó rápidamente al interior de su casa mientras recordaba lo que le había llevado a realizar su improvisado viaje.

Tenía que satisfacer esa necesidad por ver aquello que le había costado la vida a un demonio poderoso como Inu no Taisho así que impulsivamente emprendió el vuelo a donde el anciano Totosai le había dicho que se encontraba el pequeño bastardo el día que había ido a llevarle la Tenseiga de su padre.

Tenseiga.

Parecía que Toga había encontrado una ultima forma de humillarlo antes de morir.

Cuando llegó a la aldea observó a la humana cargando al hijo hibrido de su padre, tenía las hebras plateadas características de los demonios perro adornando su cabeza, pero no era similar a él en ningún sentido y la más clara de las evidencias se encontraba en el par de orejas que sobresalían de su cuero cabelludo.

La criatura era inferior a él y todo lo que su legado suponía.

Estaba más que dispuesto a matarle ahí mismo y ahorrarle la vergüenza de vivir, pero su atención fue atrapada por el dulce canto de la mujer cuyos largos cabellos oscuros inevitablemente le recordaban a Kagome.

Al igual que la sacerdotisa, la mujer desbordaba un aura de calidez que no hizo más que desagradar aún más a Sesshomaru, que se marchó dándole la espalda a la conmovedora escena.

Mientras caminaba al interior observó a la figura familiar de Kagome sentada en el jardín de su madre y no pudo hacer otra cosa más que detenerse a apreciar lo tranquila que se veía.

Kagome se había hartado de la situación tan formal mientras esperaban el regreso de Sesshōmaru, así que excusándose con los presentes pidió permiso para retirarse en busca de aire fresco, claro está que Eiji no la dejó ir sin una advertencia de que tuviera cuidado, a pesar de ser consiente de que lo más probable era que su hija estuviera más segura en las tierras de Sesshōmaru que en las propias.

Las rosas del jardín de Irasue eran especialmente hermosas y a Kagome le traía preciosos recuerdos de su infancia, fueron un par las veces en que su padre tuvo que ausentarse por largas temporadas antes de que ella iniciara su entrenamiento como sacerdotisa, así que paranoico como era su padre, la dejaba al cuidado de los amigos vecinos del Oeste, normalmente Sesshōmaru estaba ahí con ella simplemente brindando su presencia bajo la sombra de un árbol, como si estuvieran en casa, pero las veces en que se hallaba sola, se permitía realmente explorar el jardín, metiéndose en los lugares más pequeños y buscando toda clase de criaturas entre los arbustos.

Fue en una de esas ocasiones en que conoció a Irasue, por lo general la señora nunca estaba a la vista cuando ella llegaba y Kagome había escuchado por ahí que era porque detestaba a los humanos.

Mientras la niña seguía a una pequeña oruga reconoció los rasgos de Sesshōmaru en una hermosa y alta mujer, por lo que no podría ser otra más que su madre, pequeña como era, sintió mucho miedo de que la señora la viera y se molestara con ella por andar de entrometida donde no le llamaban por lo que se quedó muy quieta apretando los ojos, con la esperanza de no ser vista.

Irasue le dedicó una mirada gélida por el rabillo del ojo.

–¿Qué estás haciendo ahí, niña?

Kagome se sobresaltó al haber sido pillada sin embargo, en cuánto abrió los ojos para excusarse se topó con las rosas más bonitas que había visto en su vida, provocando que tanto su boca como sus ojos se abrieran ante la grata sorpresa. Eran tan blancas que casi despedían luz propia, además tenía unos tenues reflejos morados en las esquinas que Kagome no había visto en ninguna rosa jamas.

–¡Que bonitas! –No pudo evitar exclamar.

La señora del Oeste quedó sorprendida por el brillo sobrenatural en los ojos de la niña del Sur. Había escuchado a su esposo contarle fervientemente sobre la belleza de estos, sin embargo siempre pensó que eran exageraciones de su marido fruto de la fascinación que sentía por los humanos.

Sin embargo, en ese momento, viéndolos por si misma, lo comprendió.

–Son rosas de luna llena –explicó Irasue mientras acariciaba los petalos.

Olvidando su temor anterior, Kagome se acercó a la rosas situándose a un lado de la señora mientras ella le contaba más sobre esas extrañas y fascinantes flores.

Después de recordar el momento tan agradable, la joven tuvo un momento difícil decidiéndose a no tomar una para llevársela de recuerdo, pues eran tan bellas que no quería ser la causante de la muerte de ninguna de ellas, por lo que se limito a observarlas con admiración hasta que sintió la presencia de alguien más.

Con el paso de los años y su entrenamiento como sacerdotisa había aprendido a distinguir las distintas energías de los demonios a su alrededor, y estaba tan acostumbrada a la de Sesshōmaru que ni siquiera tenia que concentrarse para reconocerla, solo con sentirla sabía quien era.

Giró emocionada para ir a su encuentro y fue recibida con la mirada más gélida que había recibido de un demonio en su vida. Y realmente había recibido muchas.

Kagome se petrificó en su lugar, extrañada, y se preguntó si el nuevo estatus de Sesshōmaru incluía algún protocolo que indicara que no podía ser comportarse igual que siempre con ella. Lo dudaba mucho pues Inu no Taisho siempre fue sumamente cálido e informal con ella, pero no sabía que más podría desencadenar semejante comportamiento extraño en Sesshōmaru de forma tan repentina.

La sacerdotisa, presentando el respeto que sabía debía presentar, se inclinó ante él, reconociéndolo como el señor por derecho del Oeste.

–Milord. –Murmuro Kagome con la cabeza gacha.

Sesshōmaru detestó el sentimiento cálido que brotó en su pecho al verla sana y salva frente él. No necesitaba esa clase de cosas. Todo lo que no le llevara a obtener más poder era innecesario.

Estar al lado de Kagome era innecesario.

No permitiría que su estirpe volviera a caer en la desgracia de esa forma tan baja. Una vez era más que suficiente. Cometerlo dos veces sería convertirse voluntariamente en la burla de las cuatro casas cardinales.

Apartó su mirada de la sacerdotisa y se marchó dejándola inclinada, sin decir nada más.


¡Hola!

La actualización semanal es más difícil de lo que pensé D:

Pero, hey, aquí estoy. No he abandonado esto y seguiré intentando mantener una actualización semanal sin morir en el intento jeje.

Como siempre muchas gracias por sus reviews, trataré de tomar en cuenta algunos detallitos que mencionaron por ahí pero sin perder mi esencia, ¿vale? c:

¡Todas sus criticas son bienvenidas!

Nos leemos pronto c;