El universo de InuYasha pertenece a Rumiko Takahashi

Los derechos de la imagen de portada no me pertenecen.

Nansei

«Suroeste»

Parte I. Relatos del Sur

¿Cómo puedo alejarte cuando estás tan dentro de mí?

.

.

.

I.X Confrontación

Ni siquiera los soldados cuervos más cercanos al recién fallecido Lord del Sur pudieron despegar a Kagome del cuerpo inerte de su padre. Se había quedado abrazada al cuerpo mientras lloraba desconsoladamente su pérdida.

Una barrera espiritual la protegía de cualquier intruso que intentara perturbarla y por más que Chioko y Akira juntas habían intentado calmarla verbalmente, nada de lo que decían parecía llegar a oídos de la sacerdotisa, por eso mismo no habían tenido otra opción más que usar la fuerza bruta para deshacer la barrera.

Como era de esperarse de la guardiana de la perla de Shikon, su barrera era impenetrable.

No fue hasta que Kagome sintió la energía con la que estaba más familiarizada en el mundo que volvió en sí.

Bajó lentamente sus protecciones y con voz gélida ordenó que se hicieran las preparaciones necesarias para la tumba de su padre.

El personal alrededor se acercó con cautela, temerosos de hacer un movimiento erróneo que terminara en una purificación inminente.

Sabiendo que el dueño de la energía que había sentido llegaría pronto, enderezó la espalda y se limpió las lágrimas de la cara para presentar un rostro digno al señor de las tierras vecinas.

Le esperó personalmente en la entrada, pues quería ser ella quien comunicara las noticias y de paso confrontarlo por jamás haberle mencionado nada del acuerdo del Suroeste.

Naturalmente, el demonio venía volando por lo que descendió con gracia frente a la sacerdotisa.

Ambos intercambiando miradas gélidas como glaciares, no dejando que el estoicismo del otro les opacara en una lucha por mostrar el orgullo que ambos poseían.

–Tu padre me mandó a llamar con urgencia. – Sesshōmaru jamás admitiría que tuvo miedo por un instante que la urgencia fuera algo referente a ella y su bienestar. Después de todo, era consciente de que una parte de él siempre estaría preocupada por su estado.

–Ha muerto.

Sus palabras eran frías. Jamás la había escuchado utilizar ese tono de voz, mucho menos con él. Lo único que denotaba en su persona el enorme dolor por el que estaba pasando en ese momento eran los enormes círculos oscuros bajos sus ojos y la nariz enrojecida.

El demonio había visto ese rostro muchísimas veces, pues esa era la evidencia que quedaba en ella cuando lloraba.

–Ya veo –fue lo único que dijo, a pesar de que dentro de él lamentaba la perdida de alguien que fue como un hermano para su padre y que él respetaba profundamente. De entre todos los demonios que había conocido en su larga vida, Eiji era de los más honorables que había conocido. No podía decir que le sorprendía la muerte del cuervo, porque desde hacía algún tiempo había sentido la marca de la muerte en él por más que se esforzaba en ocultarlo.

—No pareces sorprendido —recriminó Kagome, mirándole con recelo.

Sesshōmaru no respondió.

La chica apretó los puños conteniendo las ganas enormes que burbujeaban dentro de ella con la urgencia de lanzarse a su pecho para que consolara el enorme dolor que sentía en ese momento, sin embargo, ella sabía que algo andaba mal con él desde hacía algún tiempo, la única vez que visitó el Sur después de la muerte de Inu no Taisho ni siquiera la había mirado, mucho menos le dirigió la palabra.

El aura de recelo que despedía hacia ella era evidente y le frustraba que él no se tomará la molestia de explicarle el por qué.

La sacerdotisa le dio la espalda, comenzando a caminar al interior del castillo, por inercia Sesshōmaru fue detrás de ella.

Mientras caminaban Kagome fue la primera en hablar, no pudiendo contenerse de soltar lo que tanto le molestaba en ese momento.

—¿Qué es lo que te ha molestado?

El Lord sabía que tarde o temprano ella le encararía al respecto pues rara vez callaba cuando algo le inquietaba, sin embargo, lo único que otorgó como respuesta fue un silencio prolongado.

Conociéndole como lo hacía, Kagome no dejó que el silencio la molestara, pues de cualquier forma sabía que lo más probable era que él no dijera nada.

Ella pensó que él siempre había sido abierto con ella, que jamás le había ocultado nada. Sin embargo, las resoluciones de los últimos días habían llegado para demostrarle cuan equivocada estaba y cuan inocente era todavía.

–Padre me dijo sobre el acuerdo.

El Lord del Oeste no se sorprendió, pues sabía que Eiji no hubiera partido tranquilo sin la seguridad de que su obstinada heredera conociera todos sus derechos. Se sintió traicionado, pues sentía que el cuervo no confiaba lo suficientemente en él como para estar seguro de que él cumpliría el acuerdo sin necesidad de que Kagome estuviera enterada del mismo.

De hecho, una parte de él tenía esperanzas de que no le contara los términos exactos, pues no haría más que complicar sus planes.

–¿Qué piensas tú al respecto? –La pregunta le tomó desprevenido, pues desde que había estado involucrado en el ridículo trato era la primera vez que alguien realmente preguntaba su opinión, puesto que todos asumían que estaría en contra.

Pero en realidad, ¿qué pensaba él al respecto?

Claro, al principio detestó enormemente a su padre, al Lord del Sur y a la mismísima Kagome solo por existir, pero después, visita tras visita a la caprichosa pero cálida cría humana, la idea se fue plantando más y más hondo en su mente.

Sin embargo, la muerte de su padre atrapado en las redes de una mujer humana, le hicieron regresar a su antigua apatía.

No quería relacionarse de ninguna forma con esos manipuladores e inestables seres.

Observó el andar de Kagome frente a él, sus cabellos negros hasta más allá de la cintura eran revueltos por el viento.

Se sorprendía de que una figura tan pequeña y frágil como la suya no saliera volando arrastrada por las ráfagas que corrían sin tregua en ese momento.

Sí, estaba seguro de que no quería relacionarse con esos seres. Pero estaba más seguro que no podía permitir que ella saliera herida de ninguna forma.

Ante el silencio, Kagome volvió a hablar:

–Tú…–hizo una pausa, tratando de controlar el temblor en su voz – ¿quieres estar conmigo?

–No –la respuesta automática emitida por él la lastimo más de lo que podría haber pensado–. No estoy dispuesto a arriesgar mi estirpe.

Lo cierto es que Sesshōmaru había pensado tanto en el tema que lo único que había hecho era repetir las mismas palabras que había usado para convencerse de que estar con ella no traía nada bueno.

Kagome apretó ambas manos en puño.

–Entiendo…–fue lo único que atinó a decir.

–Pero este Sesshōmaru tiene honor–continuó con voz pausada–. Fue un acuerdo formal entre casas cardinales, y como señor del oeste estoy obligado a cumplirlo…bajo mis términos.

La sacerdotisa detuvo su andar y se giró a encararlo, confundida.

–¿Tus términos?

–No serás mi pareja ni nos relacionaremos de ninguna forma –aclaró–, pero para tu padre tu seguridad siempre fue prioridad, así que yo, Sesshōmaru guardián del viento del Oeste, te prometo protección en lo que respecta a ti y a tus tierras.

Una vez terminó de hablar, dio media vuelta dispuesto a marcharse, dando con eso la conversación por finalizada.

¿Protección? –casi escupió Kagome entre dientes, odiando al demonio por menospreciarla de esa forma aún después de haber contemplado el mismo sus avances como sacerdotisa, como si solamente estuviera buscando más formas de lastimarla como había venido haciendo con su indiferencia desde la muerte de Inu no Taisho.

Invadida por las emociones acumuladas, su cuerpo comenzó a temblar debido a la rabia, la impotencia, la humillación…

Desenfundó su espada, esa hermosa espada que había sido un obsequio del mismo que le estaba dando la espalda en ese momento, y corrió furiosa en dirección a Sesshōmaru, sin importarle lo cobarde que era atacarle por detrás.

En ese momento no podía pensar con claridad.

El demonio más que evitar el ataque, lo detuvo con sus manos desnudas, sintiendo el dolor de más de la mitad del filo atravesar su mano derecha. Sabía que le había atacado con poder espiritual, por lo que tardaría en sanar y muy probablemente le dejaría una cicatriz.

Kagome no se inmutó, ni trató de atacarle nuevamente, solo se quedó quieta mirando al piso, mientras sostenía su espada aún dentro de la herida de Sesshōmaru.

–Mi padre me dio el poder de no tomar el trato –confesó entre susurros, apretando los dientes sin levantar la vista–. Soy libre de hacer lo que quiera, sin estar atada a ningún compromiso.

Sus palabras sorprendieron a Sesshōmaru, ¿por qué se sentiría ella en un compromiso? ¿por qué siquiera consideraría el rechazarlo? ¿acaso no era ella la que salía ganando con el trato? Estaría protegida y sería señora de un terreno basto. Era lo que toda mujer, humana o demonio, podía pedir.

–Te libero de tu promesa, Lord Sesshōmaru.

Ella no le necesitaba en lo más mínimo. No necesitaba la compañía de alguien que no era capaz de verla como un igual y solo pensaba en ella como una carga.

La sacerdotisa no fue capaz de verlo, pero el demonio abrió ligeramente los ojos, en señal de asombro, incrédulo de la situación.

Se había estado haciendo tanto a la idea de que sería él quien rechazaría a la mujer, que nunca contempló la posibilidad de que sería ella la que rompiera el compromiso.

Lentamente, Kagome comenzó a sacar su espada, mirando por primera vez al hombre que le había lastimado tanto con sus acciones.

No podía creer que después haberle regalado años de felicidad, fuera capaz de igualarlo en dolor en tan solo unos pocos días.

–No quiero una guerra innecesaria –continuó hablando la chica, para sorpresa de Sesshōmaru, mientras sacudía la hoja para limpiar la sangre de ella–, mi prioridad justo ahora es la protección de la perla, así que para evitar que otra casa cardinal quiera aprovecharse, el Sur quedará bajo tu guardia.

El demonio no entendía que pretendía con sus acciones, ¿pensaba entregarle aquello que su padre le había dejado? ¿su único legado hacia ella? Por años el Sur había sido la garantía que mantenía viva su promesa de mantener viva a Kagome, entonces ¿por qué…?

—Ambos sabemos —continuó la chica, como si leyera sus pensamientos— que la mayoría de los demonios aquí, arrastrados por su ego, estarán satisfechos solo si tú, un demonio, los lidera.

Sesshōmaru sabía que tenía razón, la muerte de un líder cardinal siempre dejaba inestabilidad en el territorio y sabía de muchos dispuestos a aprovecharse de eso para tomar el poder y de paso asesinar a Kagome tomando la perla en el proceso. El demonio no quería ni pensar en el caos que eso traería.

–¿Qué harás tú? —Fue la pregunta que fue pronunciada por el Lord sin pensarlo, curioso por la decisión de la chica de marcharse del que siempre había sido su hogar.

Kagome tomó una enorme bocanada de aire y estiró los brazos hacia el cielo, mostrándose más tranquila que antes a pesar del frenesí interno de emociones que le atacaba.

–Explorar –aseguró–. De cualquier forma, ya no queda nada en estas tierras para mí.

Y era cierto, sin Midoriko, su padre y sin Sesshōmaru, no había nada que le hiciera querer quedarse. Solo estaba Haru, pero desde hacía un tiempo que había partido a completar su entrenamiento como zorro y rara vez volvía al sur a verla.

También Chioko y Akira, quienes la habían criado desde pequeña, pero ambas tenían sus propias familias y ella solo era la heredera. No era lo mismo.

El demonio le miró inexpresivo, todo lo contrario al descontrol de emociones que había en su interior en ese momento.

–¿Cuándo te marchas?

–Una vez termine el funeral de mi padre –declaró.

Comenzó a caminar hacia el interior del castillo para comenzar a preparar lo que necesitaría, dejando a Sesshōmaru de pie, solo y con la sangre goteando de su mano.

Caminó unos cuantos metros, hasta que se detuvo y volteó sobre su hombro para contemplar al demonio, sintiendo como su corazón que contraía ante la inminente despedida que se acercaba.

–Adiós, Sesshōmaru.


¡Hola! Cuánto tiempo, jezz...

La actualización semanal se convirtió en un reto mayor a lo que esperaba, ¡las semanas son muy cortas!

En este tiempo muchas cosas se cruzaron (proyectos, jornadas académicas, viajes), y mientras estaba ocupada tenía el bichito de "tengo que actualizar Nansei" zumbando en la parte trasera de mi cabeza, pero el tiempo simplemente no ayuda, auxilio.

Pero,bueno, lanzando primero mis quejas, ahora sigue decirles que no estoy segura de poder seguir con la actualización semanal por lo menos en lo que termino el semestre D:

Eso no quiere decir que actualice cada dos meses o algo así, simplemente que quizá esté una semana sí y otra no, según como esté la tarea(?)

De cualquier forma ya estoy en el último mes, así que espero puedan comprenderlo :D

¡En serio ustedes son lo máximo y atesoro cada uno de sus reviews! Aunque suene muy cursi son una motivación enorme para mi vida.

Anyway, ¿Qué piensan de la decisión de nuestra Kagome? ¿Qué piensan que les espera a ella y Sesshōmaru?

¡Nos leemos pronto! :D