- Maldito hurón ególatra… Arrrgggg – Pensaba una castaña mientras admiraba los Campos Elíseos desde el gran ventanal que poseía su oficina – ¡¿Cómo se atreve siquiera a mirarme de esa forma tan descarada?! – Concluyó en voz alta sin darse cuenta que alguien más había entrado a su oficina.
- Vaya princesa, veo que después de todo no lograste salir completamente airosa de aquella reunión, ¿verdad?... Después de todo, Malfoy logró colarse en tus pensamientos – Decía Theo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Y es que ya no era un secreto para nadie sus sentimientos hacia la castaña, quien con dolorosa sinceridad sólo fue capaz de ofrecerle su cariño y amistad sin condiciones. Si bien, ya no estaba segura de su amor por el platinado, había alguien más que ocupaba todo su tiempo y que en sólo segundos se había adueñado completamente de su corazón. Y contra todo pronóstico, aun así, el chico decidió radicarse en Francia, y dejar el bufete de abogados para estar al lado de Jane Leblanc.
- ¿De qué hablas Theo? ya sabes que después de todo lo que ha pasado ni siquiera sigo segura de mis sentimientos hacia él. Mejor cambiemos el tema y cuéntame, ¿tenemos algo importante para hoy? Quisiera irme pronto a casa, siento que, si no estoy a su lado, es como si me faltara el aire – Concluyó la castaña mientras acariciaba el portarretratos sobre su escritorio.
- Sólo una entrevista, pequeña. Pero en esta ocasión no es de negocios.
- ¿Y entonces? Sabes que no me prestaré para dar de comer al periodismo de farándula
- No, pequeña. Bien sabes que, en el mundo mágico, es de conocimiento público la gran cantidad de dinero que esta empresa aporta a las causas en pro de las criaturas mágicas, y la editora de una revista especializada nos contactó para entrevistarte y dar a conocer tu labor en la cruzada. De hecho, creo que será una agradable sorpresa para ti – Dijo esto último guiñándole un ojo, y saliendo de la oficina, antes de que la castaña alcanzara a preguntar de quien se trataba.
- Ay mi amor – Decía suspirando mientras volvía a acariciar la foto sobre su escritorio – No sabes cuánto me cuesta separarme de ti cada mañana - De pronto sintió a alguien golpear su puerta y recompuso su postura - ¡Adelante!
- Señorita Leblanc, está aquí la editora que le comenté antes para realizar la entrevista – Decía Nott, mientras la castaña mantenía su vista en el escritorio al tiempo que firmaba algunos documentos.
- Muy bien señoritas, las dejaré solas mientras se realiza la entrevista, con permiso – Y bajo la atenta mirada de una rubia y divertida editora, se retiró de la oficina.
- ¡Buenas tardes Hermione! ¿Levantarás tus ojos de esos documentos en algún momento? – En ese instante, la castaña sintió su cuerpo tensarse por completo, y lentamente levantó la vista del escritorio. Hacía mucho tiempo que, a petición de ella, casi nadie la llamaba así.
- ¡¿Luna!? ¡Oh Luna, de verdad eres tú! – Y olvidándose de toda la compostura que su rango como ejecutiva le exigía, se paró de su escritorio para saludar a su querida amiga con un efusivo abrazo.
- ¡Qué bueno verte Hermione! No sabes cuánto te he extrañado, a todos en realidad, hace unos meses concluí el viaje con mi padre, y me he dedicado a sacar adelante El Quisquilloso – Decía la chica mientras observaba a su amiga con esos ojos soñadores que tanto la caracterizaban – ¿Hermione, por qué aclaraste tu cabello? ¿Por qué hiciste esos cambios en tus facciones? ¿Sabes?, para alguien que realmente sepa observar más allá, la Hermione de siempre aún sigue allí – Opinó la rubia, esbozando una dulce sonrisa.
- Jajajajaja – Reía emocionada la chica – Sólo tú tienes la capacidad de ver más allá Luna, eres la única persona a la que jamás podría engañar… ¡Por Merlín! Tanto tiempo sin verte Loonie… Han pasado tantas cosas desde que te marchaste a ese viaje… me has hecho tanta falta amiga…
- Pues aquí estoy señorita Griffindor… y nadie me alejará otra vez. ¿Te parece si vamos por un café?
- Mmmm… - Murmuraba la castaña mientras veía su reloj – Haremos algo mejor Lu, vamos a mi casa. Hay alguien muy especial para mí a quién quiero que conozcas, y de paso tenemos esa conversación, ¿te parece?
- ¡No hay problemas Hermy! Vamos entonces.
- ¡Vamos!
Y así fue cómo por unos momentos, Hermione Granger, volvió a ser ella, y se sintió una vez más en casa. Tomó a su amiga del brazo, y se dirigieron hacia la red flu para aparecerse en la mansión Leblanc donde su abuela ya la esperaba.
- ¡Abuelita Charlotte! ¿Cómo has estado hoy? – Saludó a la anciana con alegría mientras ingresaba al salón – Hoy he venido con alguien a quien quiero que conozcas… Luna te presento a mi abuela, Charlotte Leblanc… Abuelita, te presento a Luna Lovegood, una de mis mejores amigas en Hogwarts.
- ¡Oh señorita Lovegood! Creo que es la única persona que me faltaba conocer de ese grupo tan especial de muchachitos amigos de mi nieta – decía la anciana con dulzura – Es un placer conocerla… Jane me ha hablado mucho de usted, es usted la novia de ese chico tan guapo ¿verdad?... mmm… ¿cuál era su nombre? – se preguntaba distraída la mujer, tratando de recordar - ¡Ah sí… Neville! ¡Neville Longbotom! … Qué chico tan encantador…
Hermione observó con preocupación a Luna. Sabía que sus amigos se amaban como el primer día, pero hacía unos años sus caminos se habían separado, por lo que habían decidido dar un amigable termino a su especial relación. Grande fue su sorpresa al ver que Luna sólo sonreía. De verdad que jamás lograría entenderla por completo, pero así la quería.
- Bueno señora Leblanc – contestó Luna sonriente – más bien somos ex novios, pero trabajo arduamente en cambiar la situación – Dijo finalmente, sorprendiendo a Hermione.
- Buena decisión Luna querida, muy buena decisión – opinó la anciana mientras le guiñaba un ojo – Bien, creo que me retiraré a descansar, ustedes deben tener mucho que hablar. Jane… Luna, con permiso - Y con esto último se retiró del salón.
- Vaya Hermione – le dijo la rubia acercándose – creo que hoy te rodean muchos torsopolos, debes cuidarte ya que suelen confundir mucho tus ideas – Decía con tranquilidad mientras observaba atentamente a su amiga.
- Eeeh - logró articular una confundida castaña – Luna, ¿cómo es eso de que trabajas en tu relación con Nev?... ¡Debes contármelo todo Lu!
- Claro Hermy, pero eso será luego de que me cuentes qué es lo que ha pasado con tu vida estos años, ¿por qué dejaste a Hermione en Londres y trajiste a Jane a Francia? – la castaña la observó con una sonrisa. Y es que nadie más que Luna podría haber sintetizado mejor la situación.
- Es una laaaaaargaaaa historia Luna, por favor, toma asiento, pediré que nos traigan unas cervezas de mantequilla.
Y así fue como luego de una larga conversación ambas amigas se confesaron lo que había sido de sus vidas desde el día que dejaron de verse.
- Hermy, siento mucho lo de tus padres, pero por favor, dale tiempo al tiempo y no fuerces una venganza que sólo podría traerte más sufrimiento. Tus padres no querrían ver a su hija con un corazón contaminado por el rencor. ¿Y Draco?... ¿has pensado que en todo este juego también él podría salir dañado? – Preguntó la rubia, con cautela.
- Lo he pensado Lu, y aunque puedas no creerme, no quiero que él salga dañado con todo esto – Luna pudo ver en los ojos de su amiga, un pequeño destello. Fue lo único que necesitó para saber que la griffindor seguía enamorada del slytherin - Su único pecado fue no amarme, y no puedo juzgarlo por ello, pero cada vez estoy más cerca de encontrar a los asesinos de mis padres, y como descubra que Greengass estuvo involucrada, te juro por su memoria que no dudaré en utilizar todo el poder que tengo en mis manos, para hacerla pagar – Contestó la castaña con una mirada sombría.
- Sólo no hagas nada precipitado Hermy. Prométeme que antes de actuar o tomar cualquier decisión, nos llamarás, a Harry, Nev, Ron, a mí… o a cualquiera de nosotros. ¡O a todos, serpientes incluidas! ¡Juntos hasta el final Herms! Nunca lo olvides – Pidió la rubia, mientras sostenía las manos de su amiga, entre las suyas.
- Está bien Lu, lo prometo – dijo solemnemente la castaña, mientras esbozaba una auténtica sonrisa.
- ¿Y bien? ¿Dónde está tu hijo Hems? Dijiste que me presentarías a alguien especial y el brillo de tus ojos sólo irradiaba amor puro. A Draco ya lo conozco, por lo que sólo podrías estar hablándome de tu bebé, ¿no es así Hermy? – Dedujo pacientemente la rubia.
- Jajajaja – soltó una carcajada la castaña – De verdad Lu, a veces me asustas. Pero en algo te has equivocado, no es un niño – Y guiñándole un ojo, se dio media vuelta saliendo del salón. Luna sólo esbozó una dulce sonrisa y mientras su amiga regresaba, caminó por el salón observando las obras de arte que allí habían. De pronto, la risa de un bebe la sacó de su ensoñación. Se giró y pudo admirar a su amiga con una hermosa niña en brazos.
- Luna Lovegood, por favor, acércate. Quiero que conozcas a la pequeña Helena Leblanc, el amor de mi vida y dueña de mi tiempo al completo, mi hija – Y en ese instante, como si entendiera que hablaban de ella, la pequeña Helena las obsequió con una sonrisa radiante y estiró sus manitas hacia Luna, para que la tomara entre sus brazos.
- Oh pequeña Helena, ven aquí, eres una bebita muy hermosa, ¿lo sabías?... la mezcla perfecta de tus padres, pequeña Malfoy – Decía dulcemente la rubia, mientras cogía a la niña en brazos. Tras el último comentario, Hermione sólo movió su cabeza de un lado a otro. Sin embargo, no había mucho que pudiera decir en contra del comentario de Luna, porque la pequeña Helena, era lo más perfecto que alguien hubiese visto. Sus expresivos ojos grises, su cabello platinado y ondulado, y su piel como la porcelana, la exaltaban como digna hija de sus padres, aunque uno de ellos, aún desconociera su existencia. Después de todo, nadie podía negarlo, porque definitivamente… Lo que se hereda no se hurta.
