El universo de InuYasha pertenece a Rumiko Takahashi
Los derechos de la imagen de portada no me pertenecen.
Nansei
«Suroeste»
Parte I. Relatos del Sur
¿Cómo puedo alejarte cuando estás tan dentro de mí?
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I. XI Recuerdos
Las cosas estaban ajetreadas en el Sur. Con la muerte de Eiji y la partida de Kagome, Sesshōmaru no tardó mucho en efectuar su reclamo sobre las tierras, con el soporte de los generales del ejército del demonio cuervo que daban validez al trato del Lord del Oeste con su antiguo señor.
Fue necesaria la presencia de los guardianes del Norte y Este para formalizar el asunto con los protocolos adecuados.
El vasto terreno que poseía ahora Sesshōmaru sería conocido como Suroeste dada la inevitable unión que se llevaría a cabo.
Sin embargo, dado que se sabía que ambas tierras contaban con cierta inestabilidad debido a los recientes decesos de sus señores, era necesario que Sesshōmaru asignara a un representante de su persona en el Sur, para que hubiera orden en ambas tierras y por lo mismo las fronteras con Norte y Este estuvieran tranquilas.
El hijo de Inu no Taisho llamó al lobo del Norte y al dragón del Este al castillo del Sur, pues no consideraba pertinente abandonar el terreno, estando las cosas como estaban.
Se suponía que los cuervos apoyaban su reclamo, pero no confiaba en ellos lo suficiente como para estar seguro de que, si se marchaba, uno de ellos no trataría de hacerse con el control.
Mientras los Lores cardinales discutían junto a sus asesores de confianza sobre posibles candidatos –demonios con el poder de establecer control en el lugar–, Sesshōmaru se dejó llevar por sus recuerdos, pues estar en esa habitación inevitablemente le traía nostalgia, ya que ahí era donde se reunía con Eiji cuando sucedía algo con Kagome.
Siempre que terminaban de hablar, Kagome le esperaba en el jardín para poder jugar un rato bajo su vigilancia hasta que el sueño la venciera.
Al principio odió el momento en que inició su entrenamiento como sacerdotisa, pues ese fue el fin de sus tardes juntos, dado que después Midoriko requería de toda su atención.
Gradualmente se fue acostumbrando a eso, pues de pronto se encontró divertido al observar a Kagome entrenar.
Le gustaba verla enfrentar retos y conocer todas las facetas de su rostro cuando se frustraba al no atinar a la diana, o al no soportar crear barreras durante mucho tiempo.
Le recordaba a los tiempos en que había ayudado a enseñarle a leer y escribir. Se frustraba tanto cuando no conseguía entender algo que fruncía los labios hasta que perdían su tono rosáceo natural.
Ella siempre había sido un libro abierto con sus emociones, y eso de alguna forma le fascinaba pues era todo lo contrario a lo que había estado acostumbrado bajo la crianza de su madre.
El Sur se sentía demasiado callado sin ella haciendo un alboroto por cualquier cosa, sin ella animando a cualquiera que se topara en su camino.
"Adiós, Sesshōmaru" Recordó con dolor la despedida tan fría que había recibido de alguien cuyos ojos había visto brillar solo con verle llegar.
Esa fue la primera vez que Kagome le llamó solo por su nombre, sin usar ningún honorifico. Demostrando así que estaba tan herida que la admiración que sentía por él había desaparecido
Desde ese entonces el demonio perro había intentado ignorar el sentimiento de molestia ante eso. Él mismo había decidido que sería de esa manera, y trató de recordarse los motivos que lo habían llevado a decir no involucrarse con Kagome o ningún otro humano.
Había pasado casi un mes desde que se había marchado con Kirara y desde entonces no sabía nada de ella.
Solo sabía que estaba viva.
Su esencia estaba tan arraigada a él que si se concentraba aún podía sentirla, por lo menos hasta que se alejara lo suficiente de sus tierras como para que el viento causara que le fuera imposible localizarla.
De pronto esa realización le asustó.
¿Qué haría cuando perdiera el rastro de Kagome? ¿Qué haría sin saber si estaba viva o había tenido el mismo destino que Midoriko?
Por un instante maldijo a esa sacerdotisa por haber dejado un objeto tan importante al cuidado de Kagome.
Sabía que nunca tendría paz, pues la maldita perla que protegía atraía a los demonios hacia ella como abejas en busca de miel, anhelando hacerse del gran poder que resguardaba.
La joven sacerdotisa era fuerte, lo sabía. Pero aún le quedaba mucho camino por recorrer para ser capaz de defenderse de demonios de alta categoría como él. Sabía que aún era demasiado frágil para enfrentar ciertos peligros.
La imaginó en cientos de escenarios distintos, pudo ver su cráneo aplastado de formas diferentes, pudo verla sucumbir ante el filo de una espada o ser víctima de una lluvia de flechas.
No solo por parte de demonios, sabía que los humanos también buscarían hacerse de ese poder, y ella era tan buena que casi podía llamarle estúpida porque lo más seguro es que se rehusaría a asesinarlos, acabando herida o algo peor en el proceso.
No podía permitir que algo le sucediera, había hecho un juramente sobre protegerla.
Haberla dejado ir así sin más no hacía más que quebrantar una promesa hecha con alguien a quién le tenía un profundo respeto.
Sintió como su honor se veía manchado por haberla dejado ir y detestó el sentimiento.
Se levantó de golpe, sorprendiendo a los señores del Norte y Este.
–¿Lord Sesshōmaru? –Preguntó el lobo del Norte, buscando una explicación a su conducta.
El nombrado les dirigió una mirada inexpresiva a ambos y sin dar ninguna clase de explicación, abandonó el lugar.
Consternados, los demonios que restaban en la habitación intercambiaron miradas entre ellos. Los líderes cardinales, más que molestos se encontraban divertidos ante el arrebato del joven a quién habían conocido desde cachorro.
–Supongo que eso significa que continuaremos luego –musitó el líder cardinal del Sur, obteniendo un asentimiento por parte del lobo del Norte.
Por su parte, Sesshōmaru salió del lugar apresurado, concentrándose en no perder el efluvio de Kagome, dispuesto a traerla de regreso a su hogar, quisiera o no.
Después de todo, una promesa era una promesa.
No podía tomar el Sur sin cumplir lo que le correspondía. O por lo menos, eso fue lo que se dijo para convencerse de que no era por otros motivos que iba en su búsqueda.
Trató de ignorar el desastre que había en su cabeza al tiempo que sus pies se despegaban del piso para emprender el vuelo que le llevaría de nueva cuenta hacia Kagome.
¡ACTUALIZACION YAAAY!
Es corto, lo sé, no me linchen ;-;
Mi semestre terminó 10/10 así que estoy muy feliz (gracias a las que me enviaron buenos deseos c':)
Disculpen por haber tardado más de lo que dije es solo que tuve muchos dilemas en cuánto a qué rumbo darle a la historia a partir de aquí, así que debía ser cuidadosa con lo que escribía.
En el siguiente capitulo veremos cómo la está pasando nuestra pequeña Kagome en su libertad, y como ya casi tengo terminado ese capitulo espero poder actualizar el siguiente viernes después de haber estado tanto tiempo desaparecida :D
¡Nos leemos pronto! Cuídense :D
