Desde el gran ventanal de su apartamento, situado en el último piso de una de las torres más altas de Paris, se encontraba Theo, silencioso, observando el paisaje que le brindaba la privilegiada ubicación de su hogar. Ya no recordaba exactamente cuánto tiempo llevaba allí. Llegó a Paris, persiguiendo un sueño, aunque algo dentro de él supo desde siempre que jamás lo conseguiría.
Sin embargo, lo había intentado… Oh sí, porque el discreto y reservado Theodore Nott había puesto en práctica todos sus encantos para obtener el corazón de su leona, pero pronto cayó en la cuenta de que ella seguía amando a su rubio amigo, por mucho que lo negara. Y mientras Draco, no lograra romper otra vez sus barreras, en su corazón no habría lugar para nadie más que la pequeña Helena.
Sostenía en sus manos una carpeta con importante información. El resultado de la investigación que él mismo realizó en paralelo sobre las circunstancias que rodearon la muerte de los señores Granger. Unas amenazas por aquí, un poco de dinero por allá, y recordarles a algunos que por mucho que fuera un mortífago arrepentido, seguía poseyendo el conocimiento de una poderosa magia obscura, fueron aliciente suficiente para hacer hablar a las personas indicadas. Por Merlín que no sabía cómo pudo haber ocurrido algo así, cómo pudo pasar por alto los pequeños detalles, cómo pudo dejar cabos sueltos sin darse cuenta. Y es que, cómo podría pensar en lo que, en ese momento, para él eran detalles sin importancia, si la mujer que quería estaba sufriendo por la pérdida de sus padres y el engaño del hombre que amaba.
Y no sólo estaba la muerte de los señores Granger, sino el resurgimiento mortífago que todo ese tiempo se había estado gestando bajo sus narices, y bajo las narices del mismo ministerio, sin que nadie demostrara la inteligencia suficiente para descubrirlo, o, mejor dicho, más bien para querer descubrirlo. Tener a Potter y Weasley como amigos, lo mantenía al tanto de sus misiones, por lo que estaba enterado de que algunas células mortífagas estaban causando estragos. Sin embargo, no supieron ser lo suficientemente previsores para darse cuenta de que algo grande se cocinaba.
Su reunión de aquella mañana era con Hermione, pues era la primera que debería enterarse de todo lo sucedido con sus padres. El resto del pastel, lo descubriría cuando todos sus amigos llegaran desde Londres a reunirse con él para ser informados de todo lo que había descubierto. Quizás ya era hora de resucitar a ese ED del que tanto había oído hablar. Sí, porque él era un Nott, slytherin y miembro de los sagrados veintiocho, pertenecía a la realeza mágica al igual que Malfoy, y de la misma forma que él, sabía usar sus influencias para enterarse de todo lo que se mantenía oculto en Hogwarts. Jamás pensó que un grupo de tontos chiquillos idealistas fuese capaz de lograr algo, pero cuando la guerra estalló, supo reconocer y aceptar que esos chicos a los que había creído unos idiotas sin el mínimo instinto de supervivencia habían salvado el día y se habían convertido en los héroes del mundo mágico. Incluso él, secretamente, agradecía que de una vez por todas se pusiera fin a aquella amenaza de una nueva época obscura.
Debía advertir a Hermione, cerciorarse de que ella, su abuela y la pequeña Helena huyeran a un lugar seguro hasta que todo pasara – Sonrió ante este último pensamiento, pues sabía que, antes que nada, ella era una griffindor y jamás abandonaría una pelea por decisión propia. Pero, ahora estaba Helena, y sabía que la pequeña Malfoy era un recurso lo suficientemente poderoso para obligarla a ser prudente. Dejó la carpeta sobre la mesa de centro y se dirigió al pequeño bar que poseía para servirse una copa de whisky – Nada mal para ser muggles – pensó con ironía.
Observó su reloj y supo que Hermione estaba a punto de tocar su puerta. Siempre se caracterizó por ser una persona puntual. Y de pronto, su pensamiento fue interrumpido por unos suaves golpes en su puerta.
Buenos días, princesa – Saludó esbozando una sonrisa
Hola Theo – contestó Hermione, de la misma forma.
Por favor, pasa. ¿Te sirves algo?
Si tienes jugo de calabaza, por favor – Dijo ella, riendo como una niña. Sabía que era un gusto infantil, pero a ella le gustaba porque su sabor la llevaba de vuelta a su querido Hogwarts.
Jajajajaja… ya madura, pequeña - Ella le mostró la lengua en una mueca divertida.
Theo era feliz viéndola así. Le demostraba que la dulce castaña que había conocido en la escuela aún estaba ahí. Le llevó un vaso con jugo de calabaza y le pidió que tomara asiento, poniéndose serio.
Bien Theo, me dirás ahora lo que te preocupa. Anoche, cuando me hablaste de esta reunión era evidente que algo te perturbaba – Dijo con ese tono mandón que tanto la caracterizaba
Siempre directa castaña, no podía esperar que fuera de otra forma.
Me conoces serpiente.
Princesa, seré sincero. Realicé una investigación paralela sobre la muerte de tus padres, y aquí en esta carpeta, está todo lo que siempre quisiste saber y más – Dijo con seriedad, mientras acercaba la carpeta hasta las manos de la castaña.
Hermione lo observó con recelo, mientras miles de pensamientos se arremolinaban en su mente. Creyó que todo había terminado con la desaparición de Voldemort. Sin embargo, había sido una ilusa, todos esos ideales sangre pura estaban tan arraigados en los cimientos de la sociedad mágica que siempre habría personas dispuestas a continuar con ese maldito legado, transmitiéndolo de generación en generación, creando un eterno espiral de odio e intolerancia.
De un momento a otro se sintió débil, sentía cómo sus piernas fallaban y agradeció no haber estado de pie. Tantas luchas, sufrimiento, torturas y muertes. ¿Para qué? Mientras tanto, Theo la observaba atentamente, podía imaginarse los engranajes de su mente funcionando. Le hubiese gustado ser un legeremante para descubrir lo que la perturbaba.
¡Hermione! – Decidió interrumpir sus pensamientos.
Eeehh… sí Theo, discúlpame, por favor – Dijo tomando la carpeta.
Comenzó a leer con concentración. Las expresiones de su rostro eran un libro abierto. Sorpresa, rabia, miedo, desesperación, indignación. Todas emociones fáciles de leer al mismo tiempo que pasaba una hoja tras otra.
¡Esto no puede ser Theo! Creí que ya habíamos pasado por esto… y mis padres… ¿Cómo pude equivocarme tanto con el culpable de sus muertes? … pero, todo apuntaba a ella, a Daphne. ¡Maldición!
Hermione… escucha… Esta vez no estás sola pequeña – Le dijo mientras acariciaba su mejilla con cariño. De pronto se escuchó el sonido de una aparición y ambos se pusieron en guardia, sacando sus varitas.
¡Bravo! ¿Qué se siente equivocarse Granger? ¡Creo que esta ve te gané sangre sucia!
Estás demente
Oh sí, estoy demente, pero esta vez fui más inteligente que tú, pequeña zorra. En serio que no entiendo que pueden ver en ti un par de grandiosos slytherins.
¡No te atrevas a insultarla así! ¿Cómo entraste a mi casa? – Theo trataba de desviar su atención mientras analizaba el escenario y sus variantes.
Psst….psstt… no grites Theo, los vecinos pueden oírte – Decía en voz baja mientras los observaba con cara desquiciada - ¡Expelliarmus! ¡Incarcerous! – Atacó rápidamente a Theo, quitándole su varita - ¡Expelliarmus! ¡Crucio! ¡Crucio!
¡Déjala en paz maldita loca! – Theo gritaba desesperado mientras veía a Hermione retorcerse de dolor - ¿Qué es lo que quieres?
Jajajajaja… aún no es tiempo. Lo sabrán en su debido momento – Y mientras decía esto último, se desapareció de allí con una malherida Hermione.
No, no, ¡Nooooooo! ¡Hermione! ¡Hemioneeeeee!
De pronto, se escuchó una pequeña explosión en su puerta. Era Draco que acababa de aparecerse en su pasillo y decidió expulsar la puerta cuando oyó los gritos de Theo.
¡Finite Incatatem! – Draco lanzó el hechizo y le entregó su varita. De pronto vio la varita de Hermione unos metros más allá y luego de hacer un rápido barrido visual, no la encontró - ¿Qué demonios pasó Theo? – preguntó desesperado – ¡Maldita sea! ¿Dime dónde está Hermione? – le preguntó mientras lo sostenía del cuello de su camisa.
Se la llevó Draco, esa maldita loca la torturó frente a mis ojos y huyó con ella – Theo lucía destruido, se la habían llevado y el no pudo hacer nada para evitarlo.
¿Cómo demonios se la llevaron frente a tus narices estúpido? – En ese momento, Draco recogió la carpeta con la investigación y los colores abandonaron su rostro.
No puede ser.
Pero lo es Draco. Fue ella, todo este tiempo lo fue – Decía con desesperación, mientras pasaba la mano por su cabello
Todo esto es obra de una mente enferma – Argumentaba Draco mientras observaba una fotografía tras otra. Todas de muggles torturados de las formas más aberrantes posibles.
Lo es Draco. Ella… Astoria está demente… Ella está demente y tiene a Hermione.
