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03# ¿Dónde?
Un hombre como él no creía en las visiones.
El mundo era real en tanto se palpaba, en tanto las esencias y los cosmos vibraban en sintonía con el suyo, justo como la viva manifestación de su ser presentándose ante él.
Las visiones, en cambio, le parecían producto de una imaginación exaltada, soñadora, que tenía la gran convicción de creer en algo aún si no estaba allí. Aún si no era real.
Por los acontecimientos en su infancia, sabía que era imposible vivir de sueños e ilusiones. Solo existía un medio para sobrevivir en el mundo, y ese era luchando sin descanso. Olvidó con ello, entonces, las posibilidades de lo imaginario, de la magia, de las visiones que contaban en historias y los mitos griegos del Santuario.
… hasta que lo vio.
Al principio fue un recuerdo borroso, casi dudando que hubiese sucedido, pero ahora era muy claro.
Fue durante una visita secreta a ese lugar ya que quería ver a Aspros luego de varios meses separados. No se quejaba, de esto se trataba la relación que acordaron desde niños, mas la nostalgia fue mayor aquella ocasión.
No estaba en la casa de Géminis, revisó primero allí así que decidió buscar en el bosque cercano luego de meditar sus opciones.
Escuchando el sonido de un río, de un inusual pero tranquilo canto de los pájaros, se acercó lo suficiente a los árboles en la primera fila.
Allí distinguió la figura un hombre rubio tomando un baño, que solo vestía una manta pequeña en su cintura; era más o menos de su edad, con los ojos cerrados y las manos ocupadas acariciando el agua… con la piel tan blanca que parecía mármol, poseedor de una silueta perfectamente delineada por el largo cabello que brillaba bajo el sol.
Era… tan hermoso… como una visión contada por los poetas andantes que hablaban de la belleza y de las rarezas que solo los afortunados presenciaban.
Entonces, pensó que fue la magia lo que formó aquella imagen… pero conforme observó, le pareció más y más real que casi podía tocarlo con los dedos…
Como en aquel momento, donde lo tenía entre sus brazos durmiendo después de unir sus cuerpos.
Asmita era real, como en ese bosque, como en ese instante… y era para él.
