Si bien se sentía avergonzado de su compotamiento débil no podía no decir que no estaba más aliviado, por fin podía ir a visitar a Pansy y no hablar de Potter, y podía visitar a sus padres con los ojos libres de ojeras. Dormía bien y actúaba con normalidad, podía entablar conversaciones coherentes y centrarse en los libros de alquimia que leía después de merendar. Por cálida que haya podido parecer su casa –ese era el objetivo de su tamaño-, no le gustaba dejar entrar la luz, y por eso siempre tenía prendida la chimenea. Los tonos que había elegido para pintar las paredez no eran los verdes y plateados que caracterizaban las mansiones Malfoy, sino colores otoñales como el castaño, el café y tonos ocres, y aunque al elegirlos le haya causado algo de rechazo la similitud con los tejones de Hogwarts, el resultado era agradable.
Tenía mejor relación con Pansy que con Blaise, aunque a veces se reunían a solas sin ella, como ese día. No es que hablaran de algo muy interesante, de hecho, rara vez se convertía todo en algo incómodo, aunque era difícil no tener de qué hablar últimamente, Blaise cambió bastante desde el nacimiento de su hija, se notaba más alegre y hablaba mucho más que antes. Llevaba una billetera con fotos de Aria y Pansy y la sacaba siempre que podía, hablaba de quidditch y de recetas de comidas sacadas de una revista de cocina mágica para principiantes, y la compraba semanalmente como si no fuera una revista para chicos, él solía burlarse de eso, aunque a Blaise no le importara.
Zabini ya no hacía más que hablar del mundial de quidditcch al que había llevado a su hija por primera vez, Aria estaba empezando a decir sus primeras palabras sin sentido, y Draco dudaba de la contextualización consciente de las pocas palabras que decía, pero Zabini no hacía más que repetirlas una y otra vez.
-Podríamos hablar de otra cosa que no sea tu paternidad –dijo ya hastiado.
Blaise estaba acostado en el sofá comiendo pastel de calabaza hecho por él mismo, cuando Draco habló no hizo más que ensanchar su sonrisa de lado a lado.
-No dirías lo mismo si fueras padre.
-Para eso necesito una esposa, y sexo –respondió burlón. Zabini sonrió.
-Qué raro… -dijo- Pansy me dijo que Potter tenía un lindo chico.
Draco tomó un almohadón y se lo tiró con fuerza a Blaise, con el rostro hirviendo.
-Vuelve a molestarme y te revoleo el sillón.
Así dejó de pelear contra la paternidad obsesiva de su amigo, y lo ayudó a elegir ropa del catálogo de Madam Malkin para los más pequeños. Era difícil ver a Blaise e imaginar lo que era realmente en Hogwarts, pero Draco lo entendía, por como él era influenciado por Voldemort y sus seguidores, era más fácil actuar como malo que intentar ser feliz. Pansy tampoco era muy buen ejemplo, Nott era aún mejor amigo y más sereno, parecía no hablar mucho pero sabía demasiado como para no decir cosas interesantes. En Hogwarts, cuando Draco era amigo de Harry, éste no se veía muy contento de su relación con Therodore, ya que decía que eran demasiados cercanos, y que hablaban muy diferente a como lo hacía con Blaise, Crabbe o Goyle. La familia de Nott era sangre pura, sus padres mortífagos tenían mucho prestigio, y eso a los señores Malfoy les encantaba, lo invitaban en navidad y para el cumpleaños de Draco tenía guardado un lugar especial.
A diferencia de ellos, Theodore no fingía ser algo que no era, en su época en Hogwarts podía parecer muy cruel, pero sus malas aptitudes no pasaban de comentarios malafortunados. Era estudioso, leía con mucha avidez y era muy cálido, a Draco le proporcionaba mucha paz estar a su lado.
Una vez que Blaise se volvió a casa, dejó como regalo unas porciones de pastel de calabaza y también unas fotos de Aria que estaba obligado a colgar para la próxima vez que vaya.
Después de haber recordado a Nott, se dejó pensar en Harry por primera vez desde que lo vió hace dos días, y se dio vergüenza a sí mismo. Aún no podía creer que haya llorado frente a Harry, que lo haya abrazado y que haya dicho cosas tan penosas como no haber querido dejarlo atrás. Se quería hundir en el suelo de su propia casa por lo idiota que fue. Y aún así poco se arrepentía, supuso que después de todo lo que hablaron habían vuelto a ser amigos, ¿no? Harry ni siquiera lo había vuelto a visitar. Pensando en eso pasó minutos enteros lavando los platos, incluso una vez terminó dejó las manos bajo el agua caliente.
-¿Si le escribo? –se dijo en voz alta.
Cerró la canilla y se fue a dormir.
Estaba sentado en el Caldero chorreante, había pedido una cerveza de mantequilla y estaba esperando que Harry llegue cansado del trabajo, cada vez que alguien entraba a la taberna imaginaba al auror con la capa llena de polvo y la bufanda mal tejida. Se hizo de noche cuando se debatió entre pedir un wisky de fuego o pagar e irse, y pagó y se fue. Pensó en ir a buscarlo a la casa, podría decir que iría a buscar algo olvidado o solo a tomar un té y hablar como amigos, y aunque pareciera desubicado Harry lo había hecho, y lo hizo de un día al otro después de no verse cinco años.
Una vez parado frente a la entrada de la casa de Potter se arrepintió, y sabía que lo haría, así que no lo pensó mucho y golpeó antes de que pudiera pensarlo mejor. Pasó un rato largo frente a la puerta, y justo cuando iba a darse la vuelta escuchó la puerta abrirse.
-¿Ted, por qué abres tú la puerta?
-Papá está enfermo –respondió cuando escuchó a Draco asustado.
-¿No hay nadie además de ustedes? –preguntó.
-Tía Ginny vino a cocinar. Ya se fue.
Draco pasó sin que Ted dijera algo, no podía dejar que le abriera la puerta a cualquiera que toque, menos sin que nadie pueda cuidarlo. Ted lo guió hasta el cuarto de Harry, escaleras arriba, y cuando entró vio al auror acostado en una cama grande, arrimado a un lado, y al otro un bulto de almohadas donde seguramente estaba Ted sentado antes de que le abriera la puerta.
Harry tenía un paño húmedo en la cabeza, seguramente Ginny lo había dejado ahí antes de irse. Sobre la cómoda habían dos platos sucios y exparsidos en el suelo estaba lleno de juguetes. Como Potter estaba dormido Draco se acercó para cambiar el paño, cuando lo retiró de la frente de este, notó cómo hervía.
-¡Por Salazar, Potter, estás hiviendo!
Harry despertó cuando escuchó los gritos, estaba tan delirante que lo primero que hizo fue sonreír.
-¿Draco?, ¿qué haces aquí?
-Yo… Eso no importa, ¿cómo dejas a Ted solo abriendo la puerta?
Harry se desperezó y comenzó a acomodarse de forma que pueda sentarse en la cama, pero Draco lo detuvo muy bruzcamente.
-No te muevas, voy a comprar algo para que te baje eso, y tú, Ted, -dijo mirándolo fijamente- no se te ocurra abrir la puerta a nadie. Dame las llaves, Potter.
-Por si no lo notaste, están en la puerta.
Draco se dio la vuelta intentando no parecer muy ofendido frente a Ted, ¿quién se creía el idiota de Potter como para creer que él quería ir a su casa, con todo lo que tenía para hacer, en vez de perder el tiempo con un auror volando en fiebre? Tuvo que ir a una farmacia muggle, los muggles tenían buenos remedios para las enfermedades no mágicas, incluso algunos ingredientes del mundo no mago se usaban en pociones curativas. Seguramente Potter no tenía sus conocimientos sobre pociones mágicas e ingredientes del mundo muggle, no lo culpaba, él siempre fue mejor que el auror en pociones.
A Harry le costaba mucho intentar no cerrar los ojos, Draco tuvo que obligarlo casi a dormir, primero alzando la voz, y luego solo le murmuraba que cierre los ojos, que él iba a cuidar a Ted. Y a Ted no se le hacía difícil estar a su cuidado, seguro se acostumbró a las largas horas de trabajo del auror más solicitado del mundo mágico, y de pensarlo ya era muy triste. Ginny antes de irse dejó caldo hirviendo en el fuego, así que tuvo que calentar eso, y con ayuda del chico de cabello –ahora-, rosa hicieron tarta de melaza.
Como Draco solía comer solo no era muy estricto, y Ted era muy chico, así que comieron sentados en el suelo, cara a cara con la mesita redonda y blanca en medio. Ted no usaba la cuchara, sorbía la sopa tomando el plato con ambas manos, y cada que dejaba el plato sobre la mesa, le quedaba un bigote de sopa. A Draco le parecía muy gracioso, y le gustaba comer así, era mil veces mejor que comer solo o con su mamá.
-Yo soy tu tío. ¿Sabías? Tu mamá era mi prima.
-La abuela me mostró el árbol.
Draco se sonrojó, su relación con su tía no era buena, de hecho, nunca se habían visto, al menos no en buenos términos. Y tampoco fue al funeral de Tonks, seguramente él y sus padres no eran el orgullo de su familia, y mucho menos personas dignas de estar en el árbol.
Ted se levantó del suelo y fue hasta la cocina, cuando Draco lo detuvo ya estaba abriendo un cajón de un armario viejo.
-La abuela me regaló el árbol.
Ted le dio un pergamino largo doblado en cuatro partes, y lo condujo de nuevo hasta la mesa redonda en la sala de estar.
-Draco está aquí. –Le señaló el dibujo de él mismo, con sus padres, dibujados con lápices de colores, con un hechizo para moverse-. Aquí estoy yo –señaló el lugar debajo de Remus, Tonks y Harry. Andrómeda había agregado a Harry. Y aunque estuvieran Andrómeda, y Narcissa, Bellatrix no estaba.
Draco se sintió muy incómodo, Bella trix era la única tía con la que había tenido relación y no estaba en el árbol, porque seguía a Voldemort de la misma forma que él. ¿Por qué él sí estaba, siendo igual de tachable que su tía?
Ted ya llevaba rato bostezando.
-Aún no serví la tarta, ¿ya tienes sueño?
-Quiero comerla con papá mañana.
Lo acompañó a la habitación junto a la de Harry, Ted sí que no tenía problemas para dormir, unos segundos después de cerrar los ojos ya estaba roncando. Incluso dormido cambiaba su color de pelo, a negro. Se puso el abrigo mostaza y la bufanda gris, pasó por la habitación de Harry antes de salir.
-Harry, Ted ya está dormido.
-¿Vas a quedarte? –Harry estaba despierto, su pregunta salió con voz firme.
-No puedo, tengo que ir a casa.
Se acercó a Potter para tomarle la fiebre, posó la mano sobre la frente del auror, parecía que había bajado bastante, aunque tenía el sudor tibio y hablaba con los ojos cerrados.
-No te vayas. –Harry abrió los ojos y con una mano libre tomó a Draco del brazo con que le tomó la temperatura, con toda su fuerza de enfermo lo acercó a él.- Hasta que me cure, vas a tener que cuidarme.
Por más enfermo que haya estado el auror era imposible no tomarlo en serio, hablaba con mucha seriedad, y estaban demasiado cerca uno del otro como para fingir que no le importaba lo que delirara Potter, o fingir que no le gustaría quedarse.
-No tendría donde dormir.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, Harry se corrió entre gemidos de dolor al lado derecho de la cama, el lado donde Draco estaba parado, sin hacer ruido alguno, dio la vuelta entera, se quitó los zapatos y después de desasbrigarse se metió en la cama.
-Me contaguias lo enfermo, y te juro por Salazar que te mato, Potter.
