El aroma a tarta de melaza inundó la habitación, cuando abrió los ojos se encontraba en el mismo bulto del colchón de la cama de Potter, pero sin Potter. Se veía que había dormido muy mal, le dolía la cabeza y aunque no sentía sueño por la ventana entraba el sol entre las rendijas de las persianas. Con dificultad se bajó de la cama, y pisó uno de los muchos juguetes que estaban tirados en el suelo, se sonrió preguntándose si el auror al despertar siempre pisaba uno de esos. A pesar de parecer ser muy tarde, por el inmenso sol que penetró la habitación, Harry parecía ser el único despierto, porque cuando bajó las escaleras lo vio en la cocina calentando la tarta de melaza de ayer con mucha serenidad. En sus manos tenía el profeta, y como Draco lo veía desde el umbral sólo alcanzaba a ver a Harry frente al horno con la mano en la nuca. Le daba un poco de vergüenza saludarlo en la mañana, como si vivieran juntos, y recordando que habían dormido en la misma cama, pero la tranquilidad con la que el auror hacía el desayuno le hizo perder la incomodidad, apaciguándolo un poco.
-Buenos días.
-Buenos días –respondió Potter, desde que Draco vivía solo había dejado de escuchar eso para sí-, ¿te quedas a desayunar?
Draco asintió.
-Le dije a Ginny que no viniera hoy, y avisé a la oficina que no iría, así que si despiertas a Ted, podemos desayunar todos juntos.
Subió las escaleras recordando como se sentía vivir en una casa con otras personas, cuando abrió la puerta de la habitación de Ted se dejó llevar por las estrellas que tenía en el techo, titilando suavemente, parecía demasiado grande esa habitación para un chico de cinco años. Tenía muebles de color rojo y dorado, una cama dorada con sábanas rojas, y muchos juguetes tirados por todas partes, fotografías de Remus y Tonks de jóvenes sobre un placar café, y más fotografías de Ted colgadas en las paredes, en algunas estaba Harry. La casa entera estaba repleta de fotos, Harry parecía muy afectuoso y obsesionado. Ted estaba bajo un montón de sábanas apiladas formado una carpa sobre la cama, y Draco supuso que debajo tenía algo parecido a una linterna porque brillaba. Estaba jugando con dragones, y lo supo por las cosas que decía.
-Ted, ¿si estabas despierto porqué no bajaste? –preguntó-. Tu padre está preparando el desayuno.
Ted se sacó las sábanas de encima y corrió hasta Draco con una sonrisa. Tenía demasiada energía para un cuerpo tan chiquito.
-¿Papá no trabaja? –infló los cachetes confundido.- Hoy viene tía Ginny a cuidarme.
-No, hoy no. Tu papá no trabaja. –Lo miró sonriendo.- Ven, bajemos.
Ted tomó la mano que él le extendió y bajó las escaleras saltando de una en una. El pijama celeste con estrellas le quedaba grande, y se pisaba las puntas del pantalón con los pies descalzos. Deseó que Aria al llegar a esa edad tenga la mitad de las energías que Ted, o no sería él quien la cuidara cuando sus padres necesitaran tomar vacaciones. Harry ya estaba sentado sin el diario, despeinado y con la musculosa blanca manchada con melaza. Tenía pantalones de jogging, con los que durmió, y cada vez que Ted le contaba algo sonreía de tal forma que los ojos se les convertían en finas líneas verdes que le traspasaban los lentes torcidos.
La mesa en la que desayunaron estaba en el comedor, y desde ahí podían ver la cocina por el umbral, como en su casa estas estaban conectadas por la entrada de la otra. Harry había exprimido naranja, había hecho café y licuado de banana para Ted, y parecía muy saludable aunque se quejaba cada tanto de dolores musculares.
-Papi, yo te hice tu tarta. Draco me enseñó.
-¿Ah, sí? Es la más rica que comí –Harry se acercó a Ted y le revolvió el pelo-. Es mejor que la que hace la tía Hermione, pero no le digas –Harry le susurró lo último al oído, y Ted se tapó la boca con ambas manos.
-Es porque la hice yo –respondió Ted. Y Harry volvió a asentir con los ojos hechos finas líneas.- También le mostré el árbol de la abuela.
Draco casi se atraganta con el café, miró a Harry hecho un tomate y éste negó con la cabeza y volvió a sonreír de manera amable.
-Draco está ahí, y dijo que era mi p… -Ted miró a Draco confundido e hinchando los cachetes otra vez, se había olvidado la palabra.
-Quieres decir primo, pero no dije que era tu primo, sino tu tío.
-Sí, eso.
Ted volvió a beber de la taza con licuado. Harry y Ted hablaban de las reuniones familiares, hablaban de Hermione, de Ron, de George y otros Weasleys, también de Andrómeda y Ted, el esposo de su tía. Nunca lo había visto por ser hijo de muggles, sólo lo había escuchado de la boca de su madre o su tía Bella. Draco estaba más perdido en las tostadas que en no entender el contexto de nada de lo que hablaban Harry y su hijo.
-Creo que ya me voy.
Draco se levantó de la mesa, y Harry lo acompañó hasta la chimenea. Ted los siguió hasta que que Harry le dijo que vaya a buscar el abrigo que Draco había dejado en la habitación de Harry.
-Creía que no trabajabas. Ya sabes… tienes padres ricos.
Draco sonrió.
-No lo hago, pero eso no significa que vaya a quedarme a vivir aquí. Además quiero estar en mi casa, tengo que dejar las cosas acomodadas, mañana Nott va a hacer una fiesta…
-¿Un nido de serpientes en su casa? –Cortó.
Draco se molestó.
-Sí, y tengo que estar porque soy una, ¿no es cierto? –respondió enfadado.
-Ay, no quise decir eso –dijo enderezándose los lentes-. Solo que ese chico me dio mala espina siempre.
-Es mi amigo –dijo ya más calmado.
Harry metió las manos en los bolsillos y miró hacia un costado, evitando mirar a Draco a la cara.
-Puedes venir cuando quieras… si no tienes nada que hacer. A Ted le agradas.
-¿Solo a Ted?
-No –gritó espantado de haberse expresado mal.- Bueno,… somos amigos, ¿no?
Draco se sorprendió bastante, si bien la nueva relación que estaba comenzando con Harry no estaba mal, no creía aún que pudiesen ser amigos otra vez. Le alegraba tener la seguridad de que podía volver a estar junto a Harry de esa forma, como en Hogwarts, incluso esta vez no lo podría echar a perder siendo mortífago o tomando las desiciones que había tomado, el alivio que le proporcionó escuchar que podían volver a ser amigos casi lo hace llorar. Se había olvidado de lo triste que había sido perder a Harry y no volver a verlo, la angustia que le dejó eso no la pudo afrontar hasta que pudieron volver a estar juntos.
Asintió, y una vez Ted llegó con el brigo y su bufanda pudo irse con los ojos vidriosos.
Cuando llegó a su casa se sintió más calmado, más aún después de hablar con Pansy por red flu sobre la cena con los Potter, omitiendo sólo lo necesario, como el haber cuidado de Harry o Teddy, y el haber dormido con Potter en la misma cama. Todavía era difícil recordarlo como algo que haya pasado realmente, la cama de Potter no estaba pulcramente extendida, arreglada ni tampoco era fría como la suya. Estaba desacomodada y era muy cálida, más allá del hecho de que su lugar estaba siendo ocupado previamente por Harry, independientemente de eso él imainaba que sería igual de cálida sin importar que Potter haya estado ahí. Las almohadas, las sábanas y la habitación entera olían al auror, era placentero porque no tenía que temer que el aroma a Potter se vaya o se evapore mágicamente, como cuando se saludaban y el cabello de Harry desprendía ese olor tan dulce, como una mezcla a la oficina del ministerio, y la calidez de su casa con la tarta de melaza en el horno, y el shampoo de coco y almendras, era definitivamente un aroma para quedarse dormido sin miedo a las pesadillas, tal vez por eso Teddy casi nunca dormía en su cama, como Harry le había contado. Haber dormido ahí le proporcionaba la idea de sentirse realmente renovado, en la ropa con la que había llegado a su casa aún olía como la casa de Harry, aunque el ambiente frío de su casa le recordase que no era así.
Ahora que había desayuno en familia después de tanto tiempo almorzar solo le parecía deprimente, pero tampoco era muy tentador tener que comer con su madre y su padre, tan callados y tensos. Se le pasó por la cabeza la idea de que hablar con sus padres, y no tener nada para decir, era un paso para mensionaar la amistad con Potter que no salió a la luz en la época de guerra mágica. Las cosas era muy diferentes tantos años después de la caída de Lord Voldemort, pero sus padres seguían siendo mortífagos, y él seguía llevando el mismo apellido Malfoy, no podía simplemente decirles de su amistad con Potter como si se tratase de un simple Slytherin con descendencia mágica normal, o inluso hasta un muggle. Pero el héroe del mundo mágico… era otra cosa.
La tarde pasó muy rápido, entre limpiar la sala de estar, la cocina y sacudir el polvo de las habitaciones para invitados, elegir la ropa para el día de la fiesta de Theodore e irse a dormir. Después de un día entero al lado del auror la idea de pasar tiempo con sus amigos en la mansión Nott le entusiasmaba mucho, aunque no tomara, poder charlar con Blaise y Pansy sin su hija, o hablar de las viejas épocas con Goyle o Millicent Bulstrode, incluso pasar tiempo con Theodore Nott, su preciado amigo de Hogwarts que no veía desde hacía ya mucho tiempo.
