Si bien Draco no pudo quedarse en la oficina de Harry hasta que este dejara de trabajar, el auror le dijo que a las siete lo fuera a buscar. A las siete estuvo esperando frente a la misma puerta de la oficina, pero esa vez no tuvo que pedirle a ninguna secretaria que mandara a llamar a Harry ni tampoco estuvo custodiado por algún auror de mirada guardián. A lo mejor Harry les había dicho que él iba a ir, se sonrojó pensándolo, ¿Cómo diría el tipo de relación que tenía con Harry? No, peor aún, ¿Qué tipo de relación tenía con Harry? Un beso no era el sello de un noviazgo, ¿o sí?, que al idiota del auror no se le ocurra pensar que Malfoy iba a querer salir con él, aunque sí quisiera, sería muy vergozoso que se notara mucho. Ya podía ver el título de la portada de la próxima prensa del Profeta "Harry Potter, el Héroe del mundo mágico sale a escondidas con un ex mortífago gay", lo leerían todos, Nott, hijos de ex mortífagos, cada mago y bruja incluyendo sus padres. Todos. Aunque tampoco es que Harry le haya dicho que iban a salir, sólo se habían besado, no había que pensarlo tanto… Iba a relajarse, Harry le había dicho que fuera, tal vez para decirle que no era gay y que no pensaba salir con un ex mortífago, no, no, NO. Draco Malfoy había escuchado de los labios del auror que él le gustaba, sólo tenía que confiar en lo que oyó.

Antes de poder entrar vio salir a Ron Weasley, tan pelirrojo y de aspecto hastiado como cuando lo ayudó a escapar en la sala de menesteres, no completamente por su voluntad, sino la de Harry. Él no pensaba saludarlo o hablarle si el pelirrojo tampoco lo hacía primero, así que esperó a que se vaya echando humos antes de entrar a la oficina de Potter. Harry no parecía tan afectado como Weasley por lo que sea que hayan hablado, parecía contento y ya estaba listo para salir.

-¿Me invitaste a ver cómo te vas?

-A menos que quieras ir a mi casa solo.

-Yo nunca dije que iría a tu casa, niño que vivió –dijo con tono sarcástico.

Harry tomó la maleta y se acercó a la puerta, justo donde aún estaba Draco parado, tuvo que agacharse un poco, y con la sonrisa extendida le robó un beso.

-Yo no le hablaría así al hombre del que estoy muy enamorado desde Hogwarts –Draco estaba completamente avergonzado, se planteó no volver a hablarle al jefe de aurores.- Me alegra que vuelvas a ser el Draco Malfoy de hace siete años. Pensaba que habías perdido tu humor para siempre.

Cuando Harry dijo eso tenía una sinceridad opaca en la voz, apesadumbrada. Empezó a pensar que tal vez era Harry, tal vez volvía a sentirse como en Hogwarts, como alguien que no es mortífago o no carga muertes, misiones o tristezas tras él, el Draco que no tenía un padre con pesadillas sobre azkaban o una madre que había perdido un hijo feliz. Una vez su psicóloga vampiro le había dicho que su manera sarcástica de mostrar su inteligencia la manifestaba cuando se sentía más él, más seguro, más a gusto… Era fácil ser sarcástico con Potter, porque con Harry se olvidaba de la guerra mágica, de los bandos buenos y malos y de todo lo que los separaban. Hablando así Harry y él estaban al mismo nivel.

Antes de llegar a la casa de Harry fueron a comprar dulces a Honeydukes, compraron bolsas con meigas fritas, plumas de azúcar, varitas de regaliz y bolas de chocolates. Como la vez anterior cuando entraron estaba Ginny cuidando a Teddy, estaban ambos dibujando sobre la mesa de la sala de estar.

-¡Papá!

El chico con cabello rojo saltó hasta los brazos del auror, que soltó las bolsas con golosinas que tenía en las manos para sostenerlo. Ginny desde el sofá, aún sentada y poniéndose un abrigo saludó con un gesto amable a Draco, que respondió un poco sorprendido y avergonzado. Parecía que tanto Hermione como Ginny no tomaban en cuenta su pasado a la hora de saludarlo o incluso hablarle. Tal vez Ron fuesa el único ser coherente que no olvidaba que se apellidaba Malfoy.

-Ya que llegaron me iré.

Ginny se paró del sofá con una gran sonrisa y fue hasta la cocina. Draco se sentía algo incómodo estando parado tanto tiempo, así que decidió sentarse, y creyó que Harry lo imitaría.

-La tía Ginny me ayudó a hacer un regalo a tía Luna, papá –dijo Ted. Aún estaba en brazos de su padre, y su pelo había vuelto a ser azul-, ¿quieres verlo?

-Claro, ¿dónde está?

-Tenemos que subir porque está secando.

Harry comenzó a subir las escaleras con cuidado cargando a Ted. Cuando Ginny volvió a aparecer tenía la cartera colgada en el hombro y le preguntó a Draco si no la acompañaba hasta la chimenea.

-Generalmente dejo comida pero Harry me dijo que hoy vendrías así que creí que podría cocinar él. –Se estaba poniendo lápiz labial mientras sonreía.- No creas que es un castigo, aunque tampoco tuve mucho tiempo. Le dije a Harry que se apurara porque tenía que salir temprano, pero como vez hace lo que quiere.

-¿Saldrás? –preguntó, aunque no le importaba, era cuestión de decir algo.

Ginny guardó el lápiz labial en la cartera y extendió la sonrisa.

-Saldré con Dean Tomas.

-Ahh –no sabía qué contestar, aunque Ginny parecía muy emocionada con la voz chillona-, es un gran artista, una vez fui a una muestra suya en Escocia.

-Es un artista maravilloso, incluso fue a verme jugar en un partido amistoso de las Arpías de Holyhead disfrazado para que no me diera cuenta, cuando lo descubrieron me invitó a salir… ¡Y ahora estoy llegando tarde! –Ginny parecía debatirse si entrar a la chimenea o no hacerlo-. Draco, estoy contenta de que hayas venido.

-Gracias.

-Lamento todo lo que hice en Hogwarts –Empezó a cambiar el ambiente, era más tenso e incómodo.- Cuando te fuiste fue duro no solo para Harry, sino para todos. Con Ron y Hermione nos turnábamos para ayudarlo a cuidar a Ted, y le costó poder dormir bien y ser el padre que es… Teddy lo ayudó a ser el hombre que ves ahora, y le dio la felicidad que no pudimos, pero siempre le faltaste. Espero verte en la fiesta la próxima semana.

Se metió en la chimenea y se fue. Antes también había acompañado a Hermione hasta la chimenea y había pasado algo similar.

Qué suerte la suya.

-Así que todavía estás aquí –dijo Potter-. No tenías que acompañarla, podía irse sola. En cambio ven a ver esto.

Draco lo siguió subiendo las escaleras, con la mano en el barandal.

-Aún no –dijo Teddy con las mejillas rojas cuando vio que Harry y él estaban en el marco de su habitación.

Teddy estaba dibujando en una hoja gigante extendida a lo largo del suelo, con muchos crayones esparsidos alrededor. Después de un rato se secó la frente con la mano y con un gesto invitó a pasar a los chicos.

Harry se adelantó y se arrodilló junto al chico con pelo azul, acariciándolo con paternal ternura. Ted aún tenía las mejillas rojas de esfuerzo.

Draco se acercó a la gran hoja. Pudo ver un princesa en la cima de un gran arbol, como estrella de navidad, con corona y el cabello rubio en dos largas trenzas que terminaban donde terminaba la hoja, y bajo la princesa habían dos bebés, Draco miró extrañado a Harry, y volvió la vista al dibujo. Cada bebé igual al otro, con colores azules y amarillos tanto en la ropa como en los ojos y ninguno tenía pelo, como recién nacidos, bajo ellos también había un hombre tan rubio como la princesa, bueno, no tanto, pero sí alto y con brazos largos, que sostenían los bebés.

Era una familia feliz, rodeadas de criaturas mágicas con nombres bajo ellas: "Pandora, Newt, Albus, Señor Ensueño, Fred, Lily, y James Sirius". Draco hubiera pensado que Harry le había leído un gran cuento a Ted antes de dormir, sino fuese porque bajo en gran y colorido dibujo había una descripción "Feliz cumpleaños, tía Luna".

-Apuesto a que le encantará –felicitó el auror.

Draco observó la escena en tercera persona y repasó las palabras de Ginny, seguro que Ted había hecho de Harry Potter un gran padre. El niño que vivió había crecido.

Después de eso tuvo que ayudar a Harry a hacer pollo con curry y arroz, y el chico con lentes lo intentaba tan desastrosamente que terminó todo él solo. El pollo en el horno y el curry cocinándose, podían estar solos en silencio.

-Este sábado cumple años Luna, estás invitado.

-¿Por quién? ¿Por ti? –rió.

-Aunque no lo creas no soy tan reservado como tú –dijo-, no hay amigo de Harry Potter que no sepa que volvimos a vernos.

Draco se sonrojó.

-Sólo por eso iré menos que antes, Potter. No se te ocurra imaginar que iré a una fiesta rodeado de personas que no quiero ni ver, y menos si andas soltando la lengua sobre cosas que no te autoricé a decir. Por Salazar, no quiero saber qué dijiste de mí.

Harry estaba comiendo manzana sentado en la isla de mármol en la cocina.

-Bueno, ¿pero qué crees que ando diciendo? No es como si contara todo lo que hacemos. Sólo dije que volvimos a vernos, no que andamos besándonos de ve…

-¡Cállate! Idiota –Draco tapó la boca de Harry con ambas manos luego de que este quisiera gritar por el cacerolazo que le atinó el rubio en la sien.

-Sólo dí que irás. Por favor.

-No iré –evitó reír ante el puchero que le ofreció Potter-. No insistas. Y si sigues siquiera me vas a ver comiendo aquí.

Cuando el arroz con curry y el pollo estuvieron listos Harry subió a llamar a Ted, y Draco sirvió la comida mientras el chico de pelo azul ponía la mesa sin magia, lo cual él vio como un desperdicio. Luego se sentaron a comer juntos, como si fueran una familia. Ted era muy chico como para entender cómo funcionaban las relaciones de adultos, y aunque fuera lindo que Harry lo dejara pasar tanto tiempo con ellos, Draco no sabía si estaba bien, ni siquiera tenían una relación formal y Ted no podía acostumbrarse a pasar tanto tiempo con alguien de un momento a otro sin que le explicaran nada. No quería preocuparse por esas cosas, pero de una noche a la mañana jugar a ser la familia Ingalls frente a un chico de cinco años que vivió solo con un padre soltero con gente entrando y saliendo de su casa toda su vida… no estaba nada bien.

-¿Por qué tía Ginny no cocinó hoy? –preguntó Teddy con las orejas rojas.

-¿No te gusta? Puedo hacer otra cosa, si quieres pue…

-No –cortó Ted a Draco.- Me gusta.

Ted bajó la cabeza sonrojado, como si hubiese algo vergonzoso que no haya querido decir, y Harry lo miró extrañado.

-Draco irá a la fiesta de la tía Luna mañana. –Harry esquivó el mal de ojo de Draco y comenzó a masticar un trozo de pollo.

-No iré a ningún lado.

-¿No irás? –El chico con pelo azul aún tenía las mejillas coloradas y pareció no entender el que él hablara entre dientes.

Draco casi cede ante el sonrojo del niño, después de todo quería llevarse bien con él, era lindo, gracioso y además era el hijo de Harry Potter. Pero no por eso iba a ir a una fiesta donde esté toda la familia Weasley, y un montón de magos de los que se burlaba en Hogwarts, leones de un linaje no reconocido mundialmente entre magos ricos.

-No, es que no conozco a nadie allí.

-Conoces a todos, sólo que no de la mejor manera.

Draco fulminó al cuatroojos con la mirada más asesina que pudo frente a Ted.

-Me gustaría que conozcas a tía Luna, va a tener dos bebés.

-En realidad va a tener uno, no va a cambiar aunque insistas, Teddy.

-Sí va a tener dos, yo lo sé.

-Aún así, Teddy, ¿no es triste que Draco no quiera ir?

Teddy dejó los cubiertos sobre el plato y miró a Draco con los ojos muy abiertos.

-Ya sé –dijo-, si el problema es que no conoces a nadie cuando vayas te puedo presentar a todo el mundo.

-Buena idea, campeón –alentó Potter.

Draco suspiró hastiado, pero aún así sonrió.

-Está bien, solo prometo que voy a pensarlo.

Harry sonrió con un gesto de satisfacción que por dentro le hizo hervir la sangre al rubio, quien no sólo admiró la jugada perversa de un padre que usa a su hijo, sino que se sorprendió de sí mismo ante la rapidez con la que había aceptado. Ambos habían acompañado a Ted para acostarlo, aunque Draco se había quedado mirando detrás del marco de la puerta, con las luces apagadas no parecía que ninguno de los dos chicos dentro de la habitación notaran que estaba allí, viendo todo con mueca de realización.

-La tía Ginny me dijo que ayudarías a hechizar mi dibujo para que le guste más a la tía luna y sus hijos.

-Su hijo Ted, y con mucho gusto.

Ted se levantó de la cama y prendió la luz de su cuarto, sacó la gran hoja de un cajón donde habían muchos calcetines de colores y la extendió sobre el suelo. De pronto pareció recordar que Draco estaba detrás del marco de la puerta, porque lo miró con un sonrojo similar al que le había mostrado en la tarde.

-S-si quieres… -empezó a decir cuando se pausó- puedes entrar.

Draco asintió con una vergüenza inexplicable y pasó lentamente en silencio, un silencio que les pertenecía a ambos y que el mago de lentes no se atrevió a romper, quien ya se había sentado en la punta de la cama a mirar cómo se desarroyaban las cosas.

-¿Puedes hacer que el dibujo se mueva? Tú estudiaste con papá, ¿no?

Draco volvió a asentir.

-Claro. Tengo más talento que él para esto.

Draco sacó la varita de su bolsillo e intentó arremangarse las mangas de la camiseta, aunque la manga izquierda aún seguía abajo, y Potter lo notó. Con un hechizo no verbal el dibujo ya brillaba como árbol de navidad y tanto la princesa que seguramente sería Luna como su novio se movían en una singularidad semejante a un baile, y los bebés pestañeaban al compás de una música que quedaba en la imaginación de uno al verlos bailar.

-Muchas gracias, es mejor que lo que intentó hacer la tía.

Sonriendo con suficiencia, el rubio volvió a erguirse y volvió a su lugar tras el marco de la puerta de entrada.

-Buenas noches, Draco.

-Buenas noches, Ted. Sueña con cosas bonitas.

Harry volvió a apagar las luces y salió hasta el sillón cerca de la chimenea junto a Draco.

-¿En verano seguirás ocultando esa tonta marca?

-Sí. –Contestó hastiado.

-¿Nunca usarás remeras o camisetas de mangas cortas?

-No. –El tono monótono con el que hablaba hacía del ambiente algo tenso.

-¿Nunca vas a mostrarme tu cuerpo desnudo?

-¡Harry Potter! –La cara que puso Malfoy fue toda una exageración de un espanto. Harry tuvo ganas de reírse pero era cierto que llegando el momento la relación avanzaría hasta ese punto. Y no iba a esperar que Draco usara vendas en su brazo para tener sexo.- ¿Cómo se te ocurre decir algo así? Podría bajar Ted o aparecer alguien, no sé.

Harry tomó el rostro del mago de cabellos de plata entre sus manos con delicadeza, lo miró muy serio, esperando con sus ojos poder trasmitirle todas las cosas que quería hacerle, todo el deseo que cargaba desde que lo había visto, sin querer sonar obseno. Pero algo dentro de Draco se agitó, quería besarlo pero no quería hacerlo sin sentirse seguro de decirle cuánto lo amaba, sin poder decirle a Harry que lo quería como un novio.

-No… ya tengo que irme.

-Puedes quedarte, podemos dormir juntos, va a ser más interesante ahora que la primera vez.

Draco ya se había levantado y se metió dentro de la chimenea.

-Nos vemos mañana, señor Potter. En la fiesta.

-Lleva tu mejor vestido, Malfoy.