Cuando llegó a su casa Draco comenzó a dubitar si de verdad iría al cumpleaños de Luna, las razones eran muchas, y todas giraban en torno a lo mismo, antes que nada no quería volver a una fiesta después de lo que había pasado en la casa de Nott, y hasta le costaba hablarle a alguien que no sea Pansy luego de eso, aunque Draco ya sabía que una fiesta organizada por gente similar a los Weasley para un cumpleaños de Luna Lovegood nunca estaría a la altura de algo que haya pasado en la casa de uno de sus amigos. Lo más importante, sin embargo, era la idea de tener que enfrentarse a todos allí. En su interior se removía una felicidad gigante ante el hecho de que Harry lo vea como algo tan serio como para mostrarse frente a sus amigos, quizás hasta en calidad de pareja, junto a un mortífago peligroso, lo hacía feliz creer que era un poco apto para ser novio del Héroe del mundo mágico. Nunca iba a tener la valentía para hablar o ver las caras de los Weasleys, Granger, Luna u otros Leones pobres que sufrieron las consecuencias de la ira de Voldemort.
Si sólo lo pensaba ya le dolía la cabeza, y pensaba seriamente que por más que quisiera llevarse bien con Ted ir al cumpleaños de Luna no era opción para él.
A las siete horas de la mañana marcadas en el reloj despertador arriba de la cómoda junto a su cama, el jóven de pelo rubio platino se levantó forzadamente por otro joven de pelo negro con camisa a cuadros y camiseta gris. Antes de debatirse si matar al cuatroojos pidió amablemente que dejara de gritar y que le explicara qué hacía levantándolo tan temprano.
-Si no lo hacía yo lo haría Teddy, debemos ir a la fiesta.
-¿Qué fiesta? –el tono hastiado de Draco invitaría a callar a cualquiera, pero Harry seguía tan sonriente como cuando Malfoy abrió los ojos.
-Hoy Luna cumple años.
-¿Y?
-Vamos a llegar tarde.
Draco tomó el reloj despertador que había vuelto a sonar y lo arrojó en dirección a Potter, que con dudosa puntería atinó a estrellarlo contra la pared, justo encima de la cabeza de Harry.
-¿Puedes explicarme sin ser ridículo qué clase de pobretones gryffindors asquerosos hacen una fiesta de cumpleaños a las siete de la mañana?
Harry sonrió.
-La fiesta comienza a las nueve, y yo que tú me lavaría la baba de la cara y me pondría unos pantalones largos, porque afuera está bastante fresco.
-Te odio, León inmundo.
-Te espero abajo, lagañas.
La casa de Draco no era muy diferente a la de Harry, era más pequeña, pero la entrada, el living y la cocina se parecían bastante, por eso a Teddy se le hizo fácil estar cómodo ahí, a pesar de que los colores eran muy diferentes, y la decoración era mucho menos ostentosa. No habían fotos por todos lados, y la casa de Potter estaba pintada y repleta de puros cachivaches de gryffindor, los colores escarlatas y dorados e imágenes de leones, con un sofá rojo y unos sillones grises y otras cosas que sólo podrían soportar ver gente como los Weasley. La casa de Malfoy parecía mucho más sencilla, pero los colores estaban mejor definidos en ocres y amarillos, con el sofá naranja y los detalles plateados, con alguna que otra mini serpiente, para no olvidar que perteneció a la mejor casa.
Cuando Draco bajó, con una túnica dorada y unos pantalones verde petróleo Teddy ya estaba dormido con un par de juguetes tirados a su lado en el sofá. Harry comenzó a mecerlo para despertarlo, lo trataba con mucha delicadeza, al ver la escena hasta a Draco se le hizo imposible sentir celos de algo tan tierno.
-Tardaste mucho –dijo Harry mientras cargaba a Ted sobre su hombro.
-Me tuve que bañar, no estoy acostumbrado a levantarme tan temprano un día no laboral.
-Lo que digas, ya movámonos.
Antes de meterse a la chimenea, Draco tiró del abrigo de Harry, éste sonrió un poco ante la mueca de preocupación del rubio, y después de bajar a su hijo, lo acompañó hasta las escaleras a hablar de manera un poco más privada.
-No sé si está bien que vaya.
-Claro que sí, todos te esperan.
-No –cortó-. Todos saben que irás conmigo, pero nadie aceptaría felizmente que vaya.
-Escucha bien, Draco –Harry se veía más serio, y tomó con ternura las manos de Malfoy, que temblaban pobremente. Eso hizo que el rubio pudiera sentirse más seguro-, no importa lo que piensen ahora, porque podemos cambiar todo lo que crean. Quiero que vayas, porque están allí ellos, y quiero que conozcan de verdad al Draco Malfoy que tanto me gusta, porque quiero que al igual que ellos, estés a mi lado por mucho tiempo. Si vas a ser parte de mi vida, quiero que sepas cómo es.
-Pero jamás me preguntaste que si quería salir contigo.
-Con tu edad, pensé que ya te habías dado cuenta –Harry soltó las manos de Draco para acomodar en sus palmas el rostro del rubio, con los pulgares rozó dulcemente sus pómulos, y se acercó lo suficiente para que Draco sintiera el aliento de Harry golpeándole los labios.- ¿Quieres salir conmigo?
Draco asintió, y con la cercanía matándolo de ansiedad, juntó sus labios en un abrazo impulsivo.
Cuando terminaron el beso volvieron a la chimenea y esta vez Draco estaba bastante seguro de querer ir, porque quería demostrar que ya no era un chico confundido y asustado, que no era la mala persona que había sido, que era apto para Harry Potter.
La casa de Scamander y Luna tenía la forma de una caja de zapatos en medio de un bosque, cuando tuvo que salir de la chimenea Draco quiso irse, y esta vez no fue la idea de enfrentarse a un puñado de gente que no valía la pena, o a la que le tuviera mucho miedo, sino el simple hecho de ver las pocas puertas todas abiertas, o las ventanas con plantas enredadas, las huellas de tierra en el piso, los cuadros con animales y libros de magizoología tirados por el suelo, como si no les interesara la idea de tener que invitar personas a su casa hecha un completo desastre. De todas las personas que pasaron frente a ellos tres, ninguna se detuvo a saludar, y la mayoría eran desconocidos. Un hombre alto, canoso, son una gran sonrisa tomó del hombro a Harry, y su gran sonrisa se extinguió un poco al ver sobre el hombro del Héroe del mundo mágico, al no tan alto, y encima encogido Draco Malfoy, con la mirada de alguien intimidado hacia abajo, y apretando un poco fuerte la mano de Teddy, como si se refugiase en ello.
-Ah, veo que Luna te invitó.
-Bueno –Harry con una mano acarició la rubia cabellera-. Espero no seamos una molestia.
Aunque Draco no se atrevía a subir la mirada, hasta con la voz Harry parecía sonreír. Con alivio aflojó el apriete de la mano de Ted.
-Claro que no, siempre hemos recibido al pequeño Teddy, y al gran Harry Potter… -volvió a ensombrecer su rostro-, pero entenderás que los mortífagos se llevaron a mi Luna.
Draco soltó la mano de Teddy, y con la misma tocó su marca, escondida tras la tela de su túnica, como si alguien se atreviese a mostrársela para recordarle lo que seguía significando. Harry alzó a Teddy que desesperado abrazaba a Draco con fuerza, ya que parecía querer llorar.
-Tengo que irme.
Harry estuvo a punto de quitarle la otra mano –con la que no se sostenía la marca-, de la mirada al chico rubio; justo cuando Luna y Ginny aparecieron cantando por una de las múltiples puertas. Ginny dejó caer un masetero con flores naranjas cuando vio a Draco a punto de llorar y a Xenophilius en la misma escena, ambas salieron corriendo hasta ellos, aunque Luna se veía más calmada, dejó el masetero con flores rosas sobre el suelo.
-Veo que ya llegaron.
-El joven Malfoy estaba a punto de irse –la voz del hombre canoso sonaba ruda, y era algo que no iba con su rostro tan amable.
Draco asintió.
-No lo creo, Teddy no parece aceptar eso, y yo tampoco –Luna, en cambio, tenía la voz más melodiosa, lo que hizo sentir a Draco peor.
-Luna, te recuerdo que…
-Padre, te recuerdo que Harry es mi amigo.
Harry soltó a Draco y con una sonrisa se dirigió al señor Lovegood.
-Nunca habría podido salvar a su hija, o al mundo mágico, si Draco no me hubiera salvado a mí.
Un chico rubio se acercó a la ronda que habían formado, y con una risa antes de hablar, estiró sus brazos y alzó a Teddy, que feliz se dejó.
-Veo que es más divertido aquí, se han excluído totalmente de todos.
-Me quiero ir –Esta vez Ted sorprendió a todos. Y el joven lo llevó en dirección afuera.
-Disculpen –Draco sólo se sintió cómodo para hablar cuando Teddy se fue con el joven-. No quiero generar problemas. Feliz cumpleaños Luna.
-Escuchen, nadie quiere arruinar nada. Yo como héroe del mundo mágico quiero venir al cumpleaños de mi amiga acompañado de Draco Malfoy, y mi hijo.
Luna tomó de la mano a Ginny y salieron cantando hasta el jardín.
-Lo lamento, creo en el destino, y a Harry le traerá sólo cosas buenas. Así que –miró a Draco fijo por primera vez- si estás aquí por algo es.
Después de eso se fue. Harry llevó a Draco hasta el fondo, donde estaba la habitación que le habían preparado al hijo de Luna. Un cuarto gigante del color del cielo despejado, con plantas y una cuna redonda con alas. El sonido de la playa y el olor a bosque. El chico cuatroojos besó los labios de Malfoy, como con permiso tácito y dulzura explícita. Cuando se separaron el más alto despojó de su túnica al rubio, y lo arremangó del brazo izquierdo, con el sonido de la playa, y los aromas mezclados besó su marca tenebrosa. Y antes de salir se abrazaron.
-Quiero enfrentar muchas cosas, si me acompañaras sería más placentero.
Abajo Teddy los esperaba en brazos del joven rubio. Harry se acercó para alzarlo, pero Ted se bajó y corrió hasta Draco. Malfoy se agachó y le besó la frente, después miró a Harry, que incluso de la sorpresa abrió desproporcionalmente los ojos.
-¿Qué? –dijo a Harry, después se dirigió al chico que tenía en brazos al hijo de Potter.- Hola, soy Draco Malfoy.
-Me llamo Rolf, soy esposo de Luna. Ya me hablaron mucho de Draco Malfoy, ¿no?
Ambos, con Potter, rieron en complicidad. Draco se sintió mucho más aliviado, aunque seguramente iba a ser difícil comer en la misma mesa que el hombre que lo llamó mortífago.
Afuera toda la gente que corría dentro de la casa, estaba sentada a lo largo de dos largas mesas. Una mesa donde faltaba un asiento, donde Ted fue corriendo a sentarse, una mesa llena de niños divirtiéndose. Y la otra mesa llena de adultos, donde faltaban tres asientos, y en las caras de todos se reflejaba el saber que uno de ellos sería ocupado por un ex mortífago.
Harry empujó a Draco por la cintura, y se sentó a su lado. Delante de ellos había una hilera de cabezas pelirrojas, y en la punta de la mesa habían sólo dos sillas, una era de Luna, que ya estaba sentada, y la otra había estado vacía hasta que Rolf se sentó. Cuando todas las mesas estuvieron ocupadas el silencio se rompió sólo después de que Luna se parara, tomara su varita y se apuntara al cuello con un sonorus.
-Somos tantos que temo que al fondo no me escuchen. Hoy cumplo veintidós años, y dos de casada. Aparte de festejar todo esto, también queremos tomar esta fiesta como un futuro recibimiento a mi hijo, que dentro de alrededor de dos meses ya va a nacer. Y darles la noticia de que con mi padre hemos escuchado a los Nargles, y dicen que nacerá el 14 de abril. Y una linda criatura de pelo azul me dijo al oído hace unos minutos que serán dos. –Luna guiñó un ojo en dirección a la mesa de los niños-. Rolf y yo agradecemos a todos por venir y por alegrar mucho nuestras vidas, llenarlas de color y risas. Y personalmente estoy muy contenta de cumplir años y poder festejarlo con tanta gente. Cada uno de ustedes tiene una razón para estar acá, ya que de manera directa o indirecta suman una risa necesaria a nuestros días, cada silla en esta mesa es importante –Draco miró el azul en los ojos de Luna, y esta le respondió con una sonrisa encantadora-. El destino los sentó para que yo me sintiera plena este día.
Antes de sentarse la gente aplaudió, Draco lo hizo algo apenado, se sentía muy incómodo pero también contento. Luna se sentó y la comida apareció. Draco y Harry miraron en dirección a la mesa de los chicos, Teddy hablaba muy eufóricamente con una niña rubia, y una bebé pelirroja. Harry le explicó a Draco que eran hermanas del bebé que la veela Fleur tenía en brazos. También estaba jugando con un niño y una niña pelirrojos, Harry le susurró que eran hijos de George, se llamaban Fred, y Roxanne, y Fred era dos años menor que Teddy, Roxanne tres. George se veía muy triste, y Angelina tomaba su mano con un poco de fuerza.
-¿Y Dean, Ginny?
Hermione rompió el hielo.
-Ah, bueno, es que tenía una muestra en España y no podía venir. Aunque ahora que ya estamos saliendo formalmente la próxima vez vendrá seguro.
-Bueno, no todos los que deben venir vienen –dijo Ron, Hermione le susurró al oído algo hastiada, y le tomó el hombro midiendo su fuerza-. Y algunos que no deberían lo hacen.
-Si me estás hablando a mí, Comadreja…
Luna ya empezaba a tocarse la frente en la punta de la mesa, y Angelina abrazaba a George.
Ron tiró un plato contra el suelo hasta romperlo, y corrió hasta tomar a Draco del cuello de su camisa, que estaba tan asustado que sólo atinó a tenerse la manga izquierda. Teddy asustado corrió hasta Draco, pero Ginny lo detuvo y lo alzó, aunque este forcejeaba llorando.
-¡¿Nadie va a decir lo que piensa?! ¡Es un mortífago!
Ya todos se pararon, y George y Angelina metieron a todos los niños dentro, menos a Ted.
-¡Ron, para!
Harry y Arthur Weasley separaron a Ron de Draco, y este último, aún sujetando su manga, se desapareció.
El chico con el pelo incontrolable y las gafas torcidas tomó a Ted, que estaba llorando a gritos, y se despidió de Luna.
-Salió mejor de lo que pensábamos.
-¿Verdad? La próxima va a ser todo un éxito.
-En serio lamento que sea tu fiesta.
-Si no era la mía era otra, todo pasa por algo, yo ya estoy feliz.
Ginny y Hermione llevaron a Ron adentro, y probablemente lo estuvieran retando. Angelina y George acompañaron a Harry hasta la chimenea, junto con Teddy. A parte de quienes conocían a Draco, los familiares de Luna y Xenophilius se sentaron con Rolf, quienes explicaron la situación y pidieron disculpas. Luna fue a agradecer al chico con pelo azul por el regalo y a decirle que todo iba a estar bien. Luego se fue a atender a sus familiares, y otras personas que habían ido.
-Ahora dudo un poco de haber venido con…
-No –George lo cortó-. Si Fred hubiese estado aquí, con él no habríamos sido los primeros en entender la cosa. Pero sé quiénes mataron a mi hermano, y Draco no era parte de ellos. Sigo creyendo que es un idiota mimado, pero también sé que te quería, las personas sólo aman si son buenas, y hasta los buenos toman malas decisiones.
George estaba lagrimeando un poco, Harry asintió y se fue.
Cuando llegaron con Teddy a casa, Ted ya estaba cansado de llorar, pero no quería parar hasta ver a Draco. Acostado junto a Harry no iba a entender nunca que el rubio no podía ir esa tarde.
-Está en su casa, pero te prometo que mañana iremos a verlo.
Después de un rato ya estuvo a punto de cerrar sus ojos.
-Papá…
-¿Sí?
-¿Qué es un mortífago?
Harry dubitó.
-Mañana Draco y yo vamos a contarte todo. Tú descansa, te despertaré en un rato, así te bañas y meriendas.
Harry bajó las escaleras y se apareció en la casa de Malfoy.
Subió hasta el cuarto del rubio y lo encontró como si brillara en medio de la penumbra en su cuarto, en posición fetal, probablemente llorando. Draco se soltó las rodillas y lo miró con los ojos hinchados.
-No debí haber ido –dijo.- No deberías salir con ex mortífagos.
-¿Vas a dejarme por un mal día?
-Voy a dejarte porque siento que mereces algo mejor, algún León pelirrojo como Ginny.
Harry se acostó al lado de Draco, y le quitó la túnica. Le secó las lágrimas y lo besó.
-No quiero que me dejes. A menos que no me ames.
-Pero te amo.
-Entonces no tenemos porqué separarnos otra vez.
Harry abrazó a Draco con fuerza y le besó de nuevo la marca tenebrosa.
Después de un rato, cuando Draco estuvo menos angustiado, y las caricias cesaron un poco Harry se irguió sentado todo lo que pudo y su expresión se hizo más seria.
-Seguro arruiné todo, ¿no?
Draco se reposó en el pecho de Harry.
-Con Luna creímos que sería peor, incluso le dije que era mejor esperar y que no vayas.
-¿Entonces…? –Le costaba hablar con el nudo en la garganta.
-Ella insistió, diciendo que si no era ahora lo más pronto posible se extendería, en dos meses tú estarías en el cumpleaños de Teddy y sería mucho peor. Teddy no aceptaría que no asistieras, y yo menos. –Suspiró y retomó el discurso.- Tenemos que convencer a muchas personas de cómo funcionamos como pareja, pero quiero hacerlo y tengo un porqué. Ron y Xenophilius te verán de verdad, como sé que eres, bueno y parte de mí. Sé que no es lo mismo, pero mi cicatriz no me avergüenza, es algo con lo que tuve que luchar, el sentirme malo, el poder hablar párcel, el tener una parte de Voldemort dentro mío, la vencí y soy héroe del mundo mágico. Tú no tienes una sola célula de maldad que vencer, sólo tenemos que mostrar que es así.
Draco se levantó de la cama, se puso las zapatillas sin mirar a la cara a Harry, pero cuando se volteó, Potter notó cómo le brillaban los ojos y cómo de coloradas tenía las mejillas.
-Creo que ya es hora de que te vayas con Ted –Draco empujó suavemente a Harry hasta tirarlo de la cama-. Eres buen orador. Gracias.
-¿Puedes venir conmigo?
-No, mañana ya estaré mejor, quiero prepararme mentalmente para ser parte de ti.
