Cada luz, cada sombra, cada segundo por el que transitamos en la motocicleta, fueron los momentos de reflexivos de una mente cambiante, mientras cada ventanal, cada luz reflejada en el pavimento mojado, era solo un segundo más.
El aire frío pegaba en las manos de King, en mi chamarra y hasta que llegamos el cruce de Vía de Belle y El Consulado, cuando en cuestión de segundos, alcance a distinguir a una fémina con cabello negro y largo, con un atuendo viejo y maltratado cruzo la cebra de paso, al mismo tiempo que el semáforo cambio su color a verde y que pude apreciar, rápidamente trate de salir de entre dos buses, y pisar a el acelerador para poder llegar a pasar en ese cruce.
–Ten cuidado, probablemente no lleguemos a cruzar–
–Yo digo que si–
Grave error, el ruido atrayente del derrape de la moto que llego a todos oídos, ver el esfuerzo que se requirió para evitar golpear a aquella chica tan misteriosa, fue un acto suicida, solo alcance a empujar a King a la jardinera cercana para que evitará golpear en el pavimento, haciendo que la motocicleta cayera encima de mi brazo y el pavimento, ahora tengo un inmenso dolor en mi brazo derecho y un frío en la misma área.
–¡Por favor! !Ayudenlo! ¡Llamen a la ambulancia!– –¡SU CLAVÍCULA!
–¡Tiene el brazo roto! ¡Esta roto!–
–Ash! ¿¡Estás bien!? ¡Contéstame!–
Demasiada gente de acerco a verme y quitarme la máquina de encima, pero solo podía ver a King, que, con unos pequeños raspones en los brazos y piernas solo me hizo no quejarme del agudo dolor, mientras en mi poca y casi débil panorama óptico, buscaba a la chica.
–King... ¿dónde esta... la chica?–
–¿La chica? ¿Cuál chica?
En ese momento la sirena de a una ambulancia ensordecedora y se hace presente en este accidente.
–Joven, no se trate de levantar, nosotros nos encargaremos de esto, por favor, quedese despierto conmigo–
De sentir los guantes fríos de ellos, descubriendo mi herida me hizo sentir el erizo de mi piel, por lo menos sabía que no estaba muerto aún.
Mi boca esta llena de un sabor a hierro, era mi sangre, sentí el asco por si mismo de mi propia sangre, la sangre de un cretino con sabor a hierro y deshonor.
Levantaron mi cuerpo moribundo y lo pusieron en una camilla y la subieron en la parte de atrás de la ambulancia.
King debía declarar lo que paso y probablemente no la vería en un buen rato, solo escuché el cerrar de las puertas y el encendido nuevamente de las sirenas y cerré los ojos.
