¡Hola! Bueno, pues sexto capítulo ya... ¡Hola, Gizz! :)
Antes que nada, quiero hacer dos anuncios importantes:
1. Leed lo que pondré al final. De verdad, es muy importante y os incumbe a todos :)
2. Este (junto con los tres AIs que tengo en proceso y algún reto en el que estoy inscrita) será el único fic que actualizaré en algún tiempo. No tengo ánimos ni inspiración para seguir con Nada verde permanece ni Una rápida sucesión de terribles infortunios. Lo siento, pero estoy bloqueada. Pero volveré, lo prometo.
PRESCINDIBLE
‹‹Desear no es querer. Se desea lo que se sabe que no dura. Se quiere lo que se sabe que es eterno››.
Rousseau
Capítulo 6: Nuevo amanecer
Cuando Draco entró en la Mansión Malfoy, lo hizo a sabiendas de que su dolor de cabeza no haría más que aumentar.
—¡Eres una vergüenza para esta casa!
Su padre llevaba media hora repitiendo la misma perorata y no parecía que fuera a callar en un tiempo cercano. Draco estaba sentado en uno de los caros sillones tapizados y se llevaba dos dedos al puente de la nariz. Ojalá pudiera Silenciar a su padre, así tendría paz de una maldita vez, pero, desgraciadamente, eso solo lo enfurecería más. Y Draco planeaba llegar a los veinticinco sin ninguna lesión auditiva.
—¿Me estás escuchando? —vociferó Lucius.
—Creo que te escuchan hasta en China —masculló Draco, lanzándole una mirada de hastío.
—¡Eres un maldito niñato irresponsable! ¿Sabes que he tenido que ir a ocupar tu lugar en la empresa durante los últimos cuatro meses?
Draco esbozó una sonrisa sardónica.
—Merlín te libre de trabajar un poco, ¿verdad, padre?
—Esto no se trata de mí. —Lucius se llevó las manos a la espalda y cuadró los hombros—. Se trata de que asumas tus responsabilidades. Eres un Malfoy, compórtate como tal.
—Porque todos sabemos que los Malfoy siempre nos hemos comportado de forma irreprochable, ¿verdad? —inquirió el joven, levantándose del sillón. Se acercó a la ventana. Empezaba a cansarse de la altura física y moral desde la que su padre lo juzgaba.
—Draco… —advirtió su madre. Narcissa sabía muy bien que Lucius no estaba de humor para las provocaciones de su hijo.
—¿Y todo por qué? ¿Por una…? —El patriarca de la familia esbozó una mueca de asco.
—No te atrevas a decirlo. —Draco se giró para enfrentarlo. No iba a permitir que insultara a Hermione.
—Qué más te da: ya no estáis juntos. Y que yo recuerde, fue por tu culpa.
Draco apretó la mandíbula. Odiaba cuando su padre tenía razón. Y, desde luego, en aquel caso tenía toda la razón. Había sido un verdadero hijo de puta.
—Lucius, ya basta. —Narcissa, siempre tan diplomática—. No sirve de nada seguir martirizándolo.
‹‹No, pero cómo disfruta el cabrón››, pensó Draco.
—Tienes razón. —La voz de Lucius perdió el matiz cruel. Draco se volvió para mirarlo de nuevo—. Lo que necesita es aclarar las ideas. Volver a recordar cuál es su lugar en el mundo.
Draco enarcó una ceja. Odiaba cuando su padre se burlaba de él, pero temía cuando se ponía filosófico, y más si era de su vida de la que estaban hablando.
—No sé qué pretendes, padre, pero no cuentes conmigo.
—Oh, yo creo que sí. Harás lo que yo te digo si quieres seguir optando a mi herencia.
Draco puso los ojos en blanco. Lucius Malfoy y su herencia. Por él, podía metérsela por el…
—Bien —dijo. Su padre sonrió—. Haré mis maletas en seguida —añadió. Su padre no se esperaba esta respuesta, porque borró la sonrisa de triunfo inmediatamente.
Draco se encaminó hacia la salida, pero el brazo de su madre lo detuvo. Narcissa llevó una mano a la mejilla de su hijo y lo miró con ternura.
—Hijo, por favor. —Vaya, últimamente a su madre le gustaba suplicar—. Piénsalo bien. ¿Dónde irás? No tienes dinero ni contactos. No sabes hacer nada más que ser rico y lo sabes. —Esbozó una sonrisa triste—. No quiero que desperdicies tu vida como en los últimos cuatro meses; escucha a tu padre.
Draco apretó la mandíbula. Cómo odiaba cuando su madre tenía razón.
Inspiró hondo antes de volverse hacia su padre.
—¿Qué propones?
Su padre esbozó una lenta sonrisa de satisfacción.
—Uno de mis socios muggles está planeando ampliar sus fronteras. Necesita empleados en Francia. No es nada lujoso, por supuesto, pero está a la distancia justa como para que dejes atrás el estilo de vida que has llevado últimamente.
Draco leía entre líneas: su padre quería mantenerlo alejado de Hermione, porque creía que ella era la causante de su comportamiento. Bueno, no iba desencaminado: ella era el motivo, pero de Draco era la culpa. Cerró los ojos con frustración; la vida era más sencilla cuando lo único que hacía era beber y maldecirse.
—¿Cuándo me voy?
—La semana que viene. Ah y Draco… —Si el gris de los ojos de su padre fuera acero, Draco sabía que ya lo habría apuñalado— como me entere de que pruebas una gota de alcohol…
—Sí, sí. Lo pillo —cortó Draco—. Nada de beber.
Francia… Sí, ¿por qué no? Necesitaba empezar de cero. Dejar atrás toda la mierda de la que se había rodeado en los últimos meses. Y, por mucho que le pesara, necesitaba dejar a Hermione seguir con su vida.
Debía empezar a asumir las consecuencias de sus actos.
~ · · · ~
Will se abrochó el último botón de la camisa y se miró en el espejo. Inspiró con fuerza y soltó el aire lentamente. Frunció el ceño al observar su pelo. ¿Por qué, de entre todos los días del año, había decidido que aquel día parecería un nido de águilas? Se pasó los dedos, intentando vanamente que el pelo se quedara hacia atrás, pero nada.
Se encogió de hombros con resignación. Tampoco estaba tan mal, ¿no? No era como si Hermione fuera a dejarlo plantado porque no llevara el pelo perfectamente peinado.
Sonrió al pensar en ella. Aún no se creía la suerte que había tenido de que aceptara salir con él en una cita. Una cita de verdad, en un restaurante bonito, cenando a la luz de las velas…
‹‹Contrólate, Will, eres un romántico sin remedio››, se dijo. Era verdad. Su madre siempre se lo decía: ‹‹Will, necesitas atar tu corazón con correa para que no se vaya detrás de la primera chica bonita que te sonría››. La mayoría de las veces, su madre tenía razón, pero Will tenía el presentimiento de que aquella vez saldría bien. Hermione parecía… especial. Sí, sabía que aquello era un cliché y que lo había dicho de muchas chicas, pero sentía que aquella vez era diferente.
Llamaron al timbre. El castaño miró el reloj; aún faltaba un buen rato para la hora a que habían acordado verse. Fue a abrir con una sonrisa en los labios. Estaba impaciente por verla.
Cuando abrió la puerta, no vio los ojos marrones ni los rizos castaños de la chica por la que empezaba a sentir algo especial. Se encontró con unos ojos grises y un pelo rubio platino peinado hacia atrás con pulcra precisión.
Will no tenía ni idea de quien era. Desde luego, no era un vendedor de seguros: la corbata que llevaba costaba más que el sueldo de un mes de cualquier funcionario. ¿Sería del gobierno? Tenía pinta de ser alguien importante, alguien metido en negocios sucios. Will tenía un sexto sentido para esas cosas. Y su intuición le decía que aquel tipo no era alguien en quien se pudiera confiar plenamente.
—¿Qué desea? —preguntó finalmente.
El hombre que tenía delante lo miró de arriba abajo, haciéndolo sentirse incómodo.
—Hablar —respondió el rubio. Will enarcó una ceja—. No nos conocemos, pero tenemos una… amiga en común: Hermione Granger. Mi nombre es Draco Malfoy —dijo con cierta cautela. Al ver que Will no reaccionaba, relajó los hombros.
—Ajá. —El castaño no sabía cómo actuar, pero decidió que si tenía algo que decir sobre Hermione, podía darle una oportunidad—. Pasa.
Se hizo a un lado. El desconocido entró y fue directamente al salón. Will tenía la sensación de que el tal Draco paseaba la mirada por la habitación con cierto aire de criticismo. Un apartamento tan normal debía de parecerle algo muy cutre a alguien con ropa tan cara y pose de aristócrata. Will le indicó que se sentara con un gesto de la mano.
‹‹Rara›› era la única palabra que le venía a la mente para describir aquella situación.
—No pretendo quedarme mucho tiempo, sé que estás ocupado, Will. Puedes llamarme Draco, así nos evitamos los formalismos.
Will puso los ojos como platos. ¿Cómo demonios sabía él que había quedado?
—Perdona, pero ¿quién eres? ¿Qué quieres? —repitió.
—Ya te lo he dicho: hablar.
Ese tono de suficiencia empezaba a cansar a Will. Se cruzó de brazos.
—Bien, habla.
Draco pareció dudar.
—¿Te ha hablado Hermione de mí? —preguntó con cautela.
Will entornó los ojos. ¿A qué venía aquello?
De pronto comprendió: era él.
—Eres el gilipollas por quien lo ha pasado tan mal —sentenció. El rostro del rubio se contrajo en una mueca de dolor, por lo que Will supo que había acertado.
—Sí, últimamente la palabra ‹‹gilipollas›› me describe perfectamente —masculló.
Hermione le había hablado del novio con el que había contado unos meses antes. Se lo había contado todo, excepto el nombre del desgraciado. Bueno, ahora ya sabía quién era. No podía creer que hubiera tenido la osadía de ir a su casa a hablar. Después de todo lo que había hecho… Aún recordaba cómo Hermione apartaba la mirada, avergonzada, mientras le contaba cómo la había engañado repetidas veces. Como si ella tuviera la culpa.
La sangre empezó a hervir en sus venas.
—Será mejor que te vayas. No tengo nada que hablar contigo. Si vienes a decirme que me aleje de ella, has hecho todo el camino para nada.
El rubio soltó una carcajada amarga.
—No vengo a amenazarte. No me mires así, es verdad. Solo quería conocerte.
—Creo que no estás en situación de evaluar a nadie, Draco —dijo su nombre con un ligero tono de desdén, pero el otro no pareció sentirse ofendido.
—Tienes razón. —Se levantó y tiró de la chaqueta negra, quitando cualquier arruga—. Será mejor que me vaya, no quiero arruinaros la cita.
—¿Cómo sabes…?
Draco sonrió.
—Alguien como yo tiene sus contactos.
Will lo siguió hasta la puerta, pero antes de que se fuera lo retuvo por el brazo.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —El rubio asintió, intrigado—. ¿Eres estúpido? Es una chica inteligente, preciosa, divertida. Y te quería, lo sé por cómo me habló de ti. —Entornó los ojos—. He conocido a mucha gente como tú, ¿sabes?: niños ricos que creen que pueden poseer lo que quieran solo porque tienen un par de millones en el banco.
No pudo contenerse. Le molestaba profundamente la actitud de hombre: actuaba como si nada importara. Nada que no fuera él mismo, por supuesto.
—Supongo que tienes razón —admitió el otro con el semblante serio—. Pero estoy aprendiendo.
—Un poco tarde, ¿no crees?
—Supongo que sí —respondió Draco mientras se alejaba con las manos en los bolsillos.
Will se quedó al lado de la puerta para comprobar que ese pelo rubio engominado desaparecía escaleras abajo. Cerró con cuidado y soltó todo el aire que había retenido hasta entonces. Tenía que admitir que aquel Draco era todo un personaje. Un gilipollas, pero un personaje.
Cuando volvieron a llamar al timbre, Will se tensó, pero sonrió al ver a Hermione al otro lado, mirándolo con expectación.
—¿Nos vamos?
Will depositó un beso en la mejilla de la chica antes de cerrar la puerta.
—He reservado en un italiano, espero que te guste.
~ · · · ~
—¿A Francia? ¡Qué locura!
Draco puso los ojos en blanco. Si hubiera sabido que sus amigos hubieran empezado uno a sermonearlo y otro a repetir una y otra vez que irse era una estupidez, no hubiera avisado de que se iba.
—Ya está decidido. Me marcho mañana.
—¿Cuándo volverás? —preguntó Theo.
Draco se encogió de hombros.
—Cuando mi padre decida que ya no soy un peligro para la economía familiar, supongo.
Blaise soltó una carcajada.
—¡Pero si estáis podridos de dinero!
—Díselo a mi padre, que le ha cogido el gusto al dinero muggle. Creo que tenemos más dinero nosotros que todas las generaciones Malfoy anteriores juntas.
—¿Tanto la has cagado? —Theo lo miraba como si estuviera en un juicio y Draco tenía la sensación de que iba a ser declarado culpable.
—Entre que Hermione me odia, mi padre me considera un débil y que hasta yo estoy harto de mí mismo, supongo que sí: la he cagado bastante.
—No me extraña que Hermione no quiera ni verte —soltó Blaise.
—Si tu novia se hubiera quedado quietecita, esto no hubiera pasado —espetó el rubio.
—Si tú hubieras tenido las manos y otras partes quietecitas, esto no hubiera pasado —añadió Theo, cruzándose de brazos—. Lo que hiciste no estuvo nada bien, tío. Ella te quería, eso lo sabemos todos. Y parecía que tú también la querías. No te entiendo, te lo juro.
Draco bufó. Odiaba al castaño cuando se ponía en plan moralista, aunque no podía negar que tenía razón: era inútil intentar buscar culpables. Solo tenía que mirarse en el espejo para encontrar al idiota que la había jodido a base de bien.
Tendría que haberlo comprendido. Aquel chico, Will —no quería pensar en él como el nuevo novio de Hermione— tenía razón: era un niño mimado que no sabía apreciar lo que tenía porque siempre se lo habían dado todo. Hermione siempre había sido un juego para él. Lo había fascinado en el colegio —por eso siempre se metía con ella, para aliviar su frustración por no poder tenerla— y, en cuanto había tenido ocasión, había ido a por ella.
Durante un tiempo, ella había sido suficiente. Pero después, cuando vio que la tenía comiendo de su mano, simplemente se cansó. ¿Qué diversión aportaba un juguete usado? En los últimos meses se había preguntado a menudo por qué no cortó con ella, por qué quería que se casara con él. Ahora sabía la respuesta: porque Hermione era algo seguro. Era su consuelo después de un día largo. Era la que lo escuchaba, lo aconsejaba, discutía con él sobre cosas importantes.
Ahora lo veía: la quería, a su modo cruel y enfermizo.
Pero ya era demasiado tarde.
—Tienes razón —Draco palmeó el hombro de su amigo—. Algún día lo arreglaré.
—Pues buena suerte —Blaise sonaba irónico—. Ginny me ha contado que Hermione está saliendo con…
—Ya, ya —cortó Draco, levantando una mano—. Ya sé que está viendo a alguien. Fui a conocerlo el otro día.
—Que hiciste… ¿¡qué!? —exclamó Blaise, enarcando las cejas—. ¿Te das cuenta de lo acosador y psicópata que acabas de sonar?
—No seas dramático, solo quería saber cómo era.
—¿Para qué? ¿Para comprobar que no es como tú? —inquirió Theo con sarcasmo.
Draco fue a replicar, pero se dio cuenta de que tenía razón.
—Sí.
Al principio, no sabía bien por qué mandaba alguien a investigar con quién salía Hermione. Se dijo que lo hacía por curiosidad, para calmar sus celos. Seguro que no tenían nada importante. Pero cuando vio las fotos de los dos juntos, no pudo evitar el dolor punzante que inundó su pecho. La forma en la que Hermione sonreía cuando él hablaba, el brillo en sus ojos cuando la hacía reír…
Necesitaba enfrentarse a él cara a cara. Ya había asumido que no podía volver a la vida de Hermione, no después de todo lo que le había hecho (como si ella fuera a aceptarlo, ja). Quería asegurarse de que el chico estaba verdaderamente interesado en ella. Que no jugaba con sus sentimientos.
Que nadie volvería a hacer daño a Hermione como Draco había hecho.
Sí, quería comprobar que Will Darcy no era como él.
~ · · · ~
—¿Señorita Granger?
Hermione apartó la vista de los papeles que tenía que rellenar aquella mañana para observar a un hombre que traía un sobre en la mano.
—¿Sí?
—Han dejado esto para usted.
Hermione frunció el ceño.
—¿Quién?
El hombre se encogió de hombros.
—Ya estaba allí cuando he llegado esta mañana. Solo dice: ‹‹Entregar a Hermione Granger››.
La castaña se levantó y cogió el paquete.
—Gracias.
Levantó el sobre e inspeccionó las letras garabateadas encima. No tenía ni idea de quién podía haberle mandado aquello. Apoyándose en el escritorio, abrió el sobre y sacó un papel doblado.
No he escrito yo tu nombre en el sobre porque sabía que no lo abrirías, pero…
Hermione apretó los labios. Aquella letra sí sabía a quién pertenecía. Se negaba a leer lo él que tuviera que decir, así que volvió a meter la carta en el sobre y lo tiró a la papelera. Había algo duro dentro, pero no se paró a comprobar qué era.
La mañana pasó muy lenta para Hermione. Tenía la mitad de su cerebro ocupado en el trabajo, pero la otra mitad no paraba de preguntarse qué querría Draco esta vez. Al final, después del enésimo suspiro, se levantó y cogió la carta. Sus ojos vagaron por las líneas con impaciente expectación.
No he escrito yo tu nombre en el sobre porque sabía que no lo abrirías, pero ahora que has llegado hasta aquí, te suplico que leas lo que quiero decirte.
Draco Malfoy suplicando, debía de estar enfermo o algo.
Sé que me equivoqué. Te he hecho mucho daño y ahora, viéndolo en perspectiva, me doy cuenta de que he cometido el gran error de mi vida. No sabes cuánto lamento todo por lo que te he hecho pasar, pero te conozco y sé que no sirve de nada pedirte perdón. Solo te escribo esto para decirte que no tendrás que volver a preocuparte por mí.
Hermione contuvo el aliento. ¿Qué quería decir?
Me marcho a Francia a trabajar. No sé cuándo volveré, pero espero que cuando lo haga, me odies un poco menos y podamos sentarnos a hablar tranquilamente. Hay muchas cosas que quiero decirte, pero no es buen momento para ninguno de los dos.
Espero que seas muy feliz y que la vida te dé todo lo que realmente mereces.
Draco Malfoy
P.D.: He metido el anillo de compromiso que te compré en el sobre. A mí ya no me hace falta. Tíralo, véndelo o guárdalo; haz lo que quieras con él: al fin y al cabo, es tuyo.
Cuando Hermione terminó de leer la carta, cogió el sobre y lo giró, dejando caer el anillo de diamantes sobre la palma de su mano.
Nunca contaría a nadie que destruyó la carta, pero guardó el anillo en un cajón de su escritorio.
No comentaré nada del fic, porque prefiero que cada cuál analice e interprete el capítulo como quiera :) Gizz, sé que te habrá gustado el apellido de Will, jeje. No pude resistirme.
Ahora sí, quería deciros dos cosas:
El foro La Noble y Ancestral Casa de los Black ha empezado dos iniciativas. La primera se llama #UnReviewUnDía. Consiste en, como bien indica su nombre, en dejar un review a una historia por día. Así compensamos un poco la avalancha de favs y follows en comparación con los pocos reviews que a veces se reciben. Animaos, un simple review puede hacer muy feliz a un ficker :)
La segunda iniciativa se llama FICTEO'16. A finales de año, he decidido sortear entre todas las personas que me han dejado alguna vez un review en Nada verde permanece, Una rápida sucesión de terribles infortunios y Prescindible, básicamente porque creo que son los tres fics que seguiré actualizando cuando llegue enero (aunque si por aquel entonces tengo algún fic más en proceso, también contará para esto). Pero no cualquiera entrará en el sorteo: he decidido poner dos filtros: nada de personas que dejan sus reviews en guest (porque sería casi imposible encontrarlas) y nada de reviews de "Me gusta" o "Conti, está genial". Aprecio estos reviews, pero no me parecería justo que una persona con un review de dos palabras reciba un regalo y una persona que escribe diez líneas, no. Bueno, pues ya está. Iré informando de cualquier novedad que se me ocurra para este sorteo.
