¡Guess who's back! Sí, increíble, ¿verdad? No me lo creo ni yo, porque normalmente escribía 50 palabras por día (eso el día que escribía), pero hoy la inspiración ha venido a mí y he decidido que era ahora o nunca.
Bueno, no sé si os interesa (pero como soy la autora, voy a daros la lata un poquito), pero ya estoy en Edimburgo. Estaré aquí hasta diciembre. La ciudad es genial, he hecho muchos amigos nuevos de diferentes países y las clases molan bastante. En definitiva, que soy muy feliz.
Ea, a leer.
Por cierto, este también es para ti, Gizz.
(Mención especial a LadyChocolateLover por todas esas charlas feministas).
MIL GRACIAS POR LA PACIENCIA INFINITA QUE TENÉIS CONMIGO, POR LOS FOLLOWS, FAVS Y, SOBRE TODO, POR LOS 118 REVIEWS ¡YAAAAAAY!
PRESCINDIBLE
‹‹La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días››.
Benjamin Franklin
Capítulo 7: Dos mundos
—Aquí tiene, señor Malfoy. —El chófer que había ido a buscarlo al aeropuerto dejó sus maletas en el suelo.
Draco asintió y le dio una generosa propina, tras lo cual se quedó solo.
No fue hasta que entró en el pequeño apartamento propiedad del socio de su padre, cuando se dio cuenta de cuánto había perdido. El señor Hamilton había tenido la deferencia de alquilarle por un precio extraordinariamente bajo uno de los pisos que tenía en uno de los barrios más caros de París.
Draco dejó las maletas en la entrada y atravesó el pasillo blanco hasta el luminoso salón. Miró a su alrededor: todo era de un blanco aséptico, excepto los muebles, que eran de caoba. Blanco, negro y frío. En cierto modo, le recordaba a su casa. No el ático en el que había vivido los últimos años, sino a la Mansión Malfoy.
Recordó la mudanza al apartamento con Hermione.
—¿En serio? ¿Todo eso? —Hermione señaló con incredulidad los tres baúles llenos de ropa que había llevado Draco.
—¿Y tú? —replicó él, señalando la maleta de Hermione—. ¿Solo eso?
—Es lo que la gente normal hace, Malfoy. —Por aquel entonces, aún no había perdido la costumbre de llamarlo por su apellido—. Además, está encantada para que quepan más cosas. Y tú has ido a Hogwarts…
—Ja, ja, ja. Muy graciosa. —Draco la cogió por la cintura y empezó a mordisquear su cuello, sabiendo que la chica tenía cosquillas en esa zona.
—¡Draco, pa… para! —gritó Hermione.
Cuando consiguió soltarse, echó a correr por dentro del piso entre carcajadas mientras Draco la perseguía. Las maletas quedaron olvidadas en la entrada hasta unas cuantas horas después.
Qué diferentes eran las cosas ahora…
No llevaba ni cinco minutos allí y ya se le caían las paredes encima. Dejó las maletas donde estaban y salió a la calle, a respirar un poco de aire fresco. Se llevó las manos a los bolsillos y tocó algo pequeño y frío. Se había acostumbrado a llevarlo encima a todas horas; era una manera de recordarse lo que había perdido.
Entró en una pequeña cafetería que había en una esquina y se sentó en la terraza. Un camarero vestido de negro se acercó al instante.
—Un té verde con leche, s'il vous plaît.
Sacó el anillo y lo hizo rodar entre sus dedos. Era bonito: sencillo, pero elegante, perfecto para Hermione. Bien podría tirarlo por el desagüe, porque dudaba mucho que pudiera servirle para algo más. O alguien más.
Por el rabillo del ojo, vio una figura castaña que se aproximaba por la calle. Durante un segundo, su mente ilusa le hizo creer que era otra persona, una que conocía muy bien. Pero no, solo era una chica que iba mirando el móvil. Tenía el cabello demasiado liso y era demasiado alta para ser Hermione. Y ella nunca iría tan despistada por la calle.
El camarero le trajo el té, pero Draco ni se dio cuenta; estaba demasiado absorto en sus pensamientos. Se masajeó las sienes mientras soltaba un suspiro. A ese paso, se volvería loco antes de un mes.
Se lo merecía. Se lo merecía mucho.
Había pensado en muchas excusas: podría haber dicho que no sabía por qué lo había hecho, que se había acostado con todas aquellas chicas por culpa del alcohol.
Por supuesto, no haría más que mentir.
La primera vez sí que se había pillado una buena borrachera. Unas horas después, cuando despertó, se sintió la peor mierda del mundo, pero cuando regresó a casa, Hermione lo trató como si no hubiera pasado nada, así que pensó: ‹‹¿Para qué arruinar esto por una noche tonta?››. Al final, lo hacía porque podía, porque le apetecía. Lo habían criado para creer que podía tener lo que se le antojara y había actuado en consecuencia. Todos los cambios que había hecho Hermione en él, echados a perder.
¿En qué momento se le había ocurrido que unos momentos de placer valdrían la pena?
Al principio, realmente había creído que no era para tanto. Hermione lo quería, ¿no? Era normal que se enfadara, pero seguro que después de unas cuantas riñas, lo perdonaría. No contó con que lo que había hecho era de ser un hijo de puta y que Hermione tenía amor propio.
Entendía que no lo perdonara. De haberse dado el caso contrario, él tampoco hubiera podido perdonar la humillación. Y aun así, daría su brazo izquierdo para que volviera con él. Así de hipócrita era.
Y luego estaba el tema del chico aquel. Will. Su reacción instantánea a la noticia de que Hermione estaba viendo a alguien había sido de indignación. ¿No había pasado ni medio año y ya tenía un sustituto? De pensar que ahora podría estar en brazos de otro hombre, se ponía enfermo de celos. Sabía que no tenía derecho: ellos dos ya no eran nada. No podía reclamar que estuviera pasando página.
Pero no podía evitarlo.
Se levantó de golpe, saturado por el dolor que le infligían sus propios pensamientos. Pagó con billete de cinco euros y se marchó de la cafetería sin haber probado el té.
Estaba bien jodido.
~ · · · ~
—He traído comida china —dijo Ginny a modo de saludo cuando entró en casa de Harry.
—¡Genial! ¿Has comprado rollitos de primavera? —interrogó Pansy, lanzando una mirada al interior de las bolsas.
—Sí, pesada. Tú y tus rollitos de primavera… —La pelirroja puso los ojos en blanco.
—Como si a ti no te gustaran —replicó Pansy, arrojándole un palillo a la cabeza.
Hermione y Harry se miraron de reojo.
—Creo que prefería cuando tu novia se escabullía hasta aquí para verte y hacías como que seguías soltero —dijo la castaña.
—Y yo.
—¡Eh, os estoy oyendo! —exclamó Pansy desde la cocina—. ¡¿A que enveneno vuestra comida?!
—Qué Slytherin —dijo Ginny mientras llevaba los platos a la mesa.
—No quiero perder la costumbre. Echo de menos cuando nos insultábamos por los pasillos. Qué tiempos aquellos… —respondió Pansy con aire melancólico.
—Madurar es un asco —dijo Hermione, riendo.
—¡Qué dices, pero si tú estabas deseando crecer para poner en práctica todo ese conocimiento inútil de los libros que leías! —intervino Harry.
Hermione le sacó la lengua con una mueca burlona.
En aquel momento su móvil vibró. Estuvo a punto de apagarlo —seguía a rajatabla la regla de nada de móviles mientras estaba con más gente—, pero vio que era de Will.
Adivina quién tiene Memorias de una geisha en DVD. ¿Sesión de cine mañana?
Hermione sonrió involuntariamente. Había mencionado una vez en una conversación que Memorias de una geisha le había gustado mucho, pero que nunca había tenido la oportunidad de ver la película.
—Uh, uh. Hermione está enamorada… —canturreó Ginny.
Hermione levantó la vista de la pantalla de inmediato y guardó el móvil en el bolsillo. Se encontró con tres pares de ojos clavados en ella. Pansy y Ginny se miraron entre ellas con cara de ‹‹Era evidente››, y Harry observaba la escena ligeramente confundido.
—¿Qué me he perdido? —preguntó.
Pansy le dio un beso en la mejilla y dijo:
—Y por esto, querido, es por lo que el Sombrero no te mandó a Ravenclaw. Pero tranquilo, te queremos.
—No os desviéis del tema. —Ginny seguía con la mirada clavada en Hermione y una sonrisa traviesa—. No te librarás de nosotras tan fácilmente. ¿Y bien?
—¿Y bien, qué? —Hermione no estaba dispuesta a admitir nada.
—¿Quién es?
—¿Quién es quién? —Harry seguía sin tener idea del tema.
—El nuevo novio de Hermione.
—No tengo novio —replicó Hermione en tono cortante.
—¡Ah! ¿Es el chico ese que a veces ronda por aquí y…? —Harry no pudo seguir hablando, porque Hermione le había metido un rollito de primavera entero en la boca.
Ginny y Pansy rieron mientras el moreno trataba de no atragantarse con la comida.
—¿Sabe que eres una bruja? —siguió Ginny.
Hermione soltó un gritito exasperado.
—No. Tengo. Novio —repitió, recalcando cada palabra.
—Lo que tú digas —dijo Pansy mientras enrollaba unos tallarines en los palillos chinos—; pero sería interesante ver cómo reacciona…
—Si quieres le digo que venga y se lo cuento aquí, con vosotros delante —respondió ella con sarcasmo—. Podemos cobrar entrada.
—O sea, ¿que reconoces que sí hay alguien? —Ginny no se perdía ni una sola oportunidad de meter baza.
—Puede ser… —admitió finalmente Hermione, fijándose de repente en lo interesante que era la combinación de colores de su plato.
—¿Soy el único que ve que esta conversación está siendo extremadamente incómoda? —inquirió Harry.
—¡Gracias! —exclamó Hermione. Fulminó a las dos chicas con la mirada—. Tema zanjado.
La verdad es que Hermione no quería hablar de Will, porque eso significaría que lo que tenían se haría real. Y eso la asustaba más que nada.
· · ·
Cuando Hermione llegó a casa de Will, lo hizo sabiendo que tendría que arriesgar mucho. No sabía adónde iba aquella relación, pero si de verdad quería que funcionara, tendría que ser sincera con él. Will le gustaba de verdad y no quería que basaran su lo–que–sea en una gran mentira. Bueno, tampoco era mentir, simplemente era maquillar la verdad.
‹‹Venga, Hermione, que tú puedes. No seas cobarde; recuerda que ayudaste a vencer al Señor Tenebroso››.
—¡Hola! —saludó Will a los dos segundos de que ella llamara al timbre.
Se hizo a un lado y Hermione pasó hasta el salón. Encima de la mesa estaba el DVD y un bol con palomitas. Hermione cerró los ojos por un segundo e inspiró hondo. Se sentó en el sofá y esperó a que Will se sentara a su lado para decir:
—Tenemos que hablar.
La sonrisa del chico flaqueó por un segundo.
—Esto se parece demasiado a cuando Laurie cortó conmigo el día después del baile de graduación…
—Tengo que contarte algo importante —prosiguió Hermione. No podía creer lo que estaba a punto de decir a continuación; no se lo pensó mucho, porque si lo hacía, no lo diría nunca—: Soy una bruja.
Will parpadeó; ahora sí que parecía realmente confundido.
—No sé, yo creo que eres buena persona y maravillosa y…
Hermione estuvo tentada a poner los ojos en blanco por la ambigüedad de sus propias palabras, así que intentó ser más concreta:
—Quiero decir que soy una bruja de verdad. De las que hacen magia —añadió.
Como era de esperar, Will estalló en carcajadas, así que Hermione esperó pacientemente a que terminara de reírse. Finalmente, cuando él se secó las lágrimas de risa, se dio cuenta de que Hermione seguía tan seria como al principio. ‹‹No, me temo mucho que no estoy mintiendo››, suspiró Hermione.
—Empiezas a preocuparme —dijo él, desconcertado.
Hermione inspiró hondo de nuevo y sacó su varita del bolso. La sostuvo en alto, como mostrándosela.
—Esta es mi varita; la utilizo para hacer magia. Observa. —Hermione apuntó hacia el bol de palomitas y conjuró un Wingardium Leviosa mudo. Algunas de las palomitas empezaron a flotar en el aire—. ¿Me crees ahora?
Miró nerviosa al chico, que se había quedado con los ojos desorbitados. Will abrió y cerró la boca varias veces, pero no articuló ningún sonido. La bruja empezaba a temerse lo peor: que tuviera que lanzarle un Obliviate.
Finalmente, él se levantó del sofá y se dirigió hacia el pasillo.
Volvió.
—Tengo que… Necesito asimilar un par de cosas.
Y volvió a irse, dejando a Hermione sola en su casa.
Miró a su alrededor. ¿En serio se había marchado de su propia casa? Will debió de pensar lo mismo, porque al cabo de un minuto llamó al timbre. Hermione reprimió una pequeña sonrisa —aquello era surrealista— y fue a abrir.
Will empezó a gesticular, pero seguía sin pronunciar dos palabras seguidas.
—Será mejor que me vaya… —dijo Hermione.
—Sí —dijo Will—. Necesito…
—Ya. Pensar —cortó Hermione.
Cogió sus cosas y bajó las escaleras con rapidez, intentando dejar atrás esa frustrante sensación de decepción, pero no lo consiguió. Aun así, lo entendía: para un muggle no era fácil descubrir que en el mundo había mucho más que lo entraba en sus esquemas. No, no se arrepentía; no podía dejarlo en la ignorancia, porque la magia formaba tan parte de la vida de Hermione como el oxígeno que respiraba.
—¡Espera! —Hermione se giró cuando oyó a Will llamándola. El chico corrió hasta ponerse a su altura y se detuvo para coger aire—. Uf, tengo que hacer más deporte… —dijo, resollando—. Vale, vale, perdón. No es un buen momento para hacer bromas. —Clavó en Hermione sus ojos verdes y sonrió—. He estado pensando…
—Han pasado dos minutos. Literalmente dos —añadió Hermione, enarcando una ceja con escepticismo.
—¿Qué son dos minutos cuando tienes las cosas claras? —exclamó él—. Mira, no tengo muy claro si lo que he visto ha sido producto de mi imaginación, si es que sigo soñando o si el par de palomitas que me he comido antes de que llegaras tenían droga, pero me da igual. —El corazón de Hermione se detuvo en ese momento—. Me gustas. Me gustas mucho. De hecho, creo que estoy enamorado de ti. —Una sonrisa apareció en el rostro de Hermione casi sin darse cuenta—. Y sé que nos conocemos desde hace apenas unos meses y sé que no estás buscando nada serio con nadie, pero…
Will no pudo seguir hablando, porque Hermione dio un paso adelante y lo besó. La muchacha sabía que él tenía razón en todo lo que había dicho: no tenía claro qué quería hacer con su vida amorosa y se conocían desde hacía muy poco, pero ¿qué más daba? ¡Le tocaba ser feliz, maldita sea! Y puede que —solo puede que— ella también se estuviera enamorando de aquel loco llamado William Darcy.
Cuando se separaron, Hermione dijo:
—¿Y si volvemos y nos comemos las palomitas? Aún tengo que explicarte muchas cosas…
~ · · · ~
Draco se sorprendió cuando llamaron al timbre de su piso; no esperaba a nadie. Cuando abrió la puerta, se sorprendió aún más cuando vio que era su madre quien llamaba.
—¿Mamá? —preguntó antes de que la mujer le diera un beso en la mejilla y pasara dentro.
—No te sorprendas tanto, cariño; te echaba de menos. Y alguien tiene que asegurarse de que… —Una pequeña pausa que daba a entender muchas cosas— estás bien —terminó por decir.
Narcissa se quitó el abrigo, lo dejó encima de una silla —perfectamente doblado, por supuesto— y se sentó en el sofá. Miró a su hijo con una ceja enarcada, como esperando que se sentara a su lado. Su madre tenía la asombrosa habilidad de parecer la dueña de cualquier lugar que visitara, así que Draco obedeció la orden no dicha y se sentó junto a la mujer.
—Bueno, ¿cómo estás? —preguntó Narcissa.
Draco se encogió de hombros.
—Bien.
Su madre enarcó una ceja.
—Ya, claro.
—¿Cómo está padre? —preguntó Draco en un intento por desviar la atención de él mismo.
—Ocupado, como siempre.
—Si alguien me hubiera dicho antes de la guerra que padre se hubiera asociado con muggles, me hubiera reído en su cara.
—Tu padre también. Pero el dinero es dinero, venga de donde venga —repuso Narcissa—. He oído que tu amigo Theodore se ha ido de viaje por Europa.
Draco levantó las cejas, sorprendido.
—¿Ah, sí? —preguntó—. Es la primera noticia que tengo; no he hablado con él desde antes de venir aquí.
Aunque tampoco era ninguna sorpresa: Theo no era el mismo desde que la guerra había terminado, pero no en el mal sentido. Era como si, con el encarcelamiento de su padre, se hubiera quitado un peso de encima. Desde que quedó a cargo de la herencia de los Nott, Theodore se había dedicado a vivir modestamente e irse de viaje de vez en cuando. Desaparecía unos meses y luego volvía con un brillo diferente en la mirada. Al parecer, ese era otro de esos viajes de auto–descubrimiento.
Narcissa se quedó todo el día con él y obligó a su hijo a llevarla de visita por la ciudad —aunque él estaba seguro de que su madre se conocía perfectamente París. A media tarde, decidieron tomar un té enfrente del Sena y Draco aprovechó el momento para preguntar por el verdadero motivo de su visita.
—¿Es que una madre no puede venir a ver a su hijo?
—Madre…
Narcissa frunció los labios.
—¡Está bien! Prefiero que te enteres por mí que por cualquier otro. —Miró a su hijo con seriedad antes de añadir—: Hermione está saliendo con alguien.
Draco se quedó helado durante un segundo, pero se recompuso rápidamente. No es que lo sorprendiera: aquel chico parecía realmente enamorado de Hermione; solo era cuestión de tiempo que ella se olvidara de él —aunque Draco preferiría que no lo hiciera.
Dio un sorbo a su té y puso su mejor cara de ‹‹No me importa››.
—Me alegro por ella —dijo finalmente.
Narcissa suspiró.
—No puedo decir que apruebe lo que hiciste y entiendo perfectamente que Hermione no quiera saber nada de ti. De hecho, la tengo en mejor concepto por haberte dejado que si te hubiera perdonado. —Su madre, siempre tan directa, maldijo Draco para sus adentros—. Pero eres mi hijo y no quiero que sufras. —Depositó una de sus perfectas y blancas manos en la de Draco y le dio un apretón suave—. Sigue adelante.
—Estoy bien, mamá, de verdad. No había ninguna necesidad de venir hasta aquí para contarme eso.
Casi se sintió culpable por mirar a los ojos a su madre y mentir tan vilmente.
Un par de cosas (o tres):
1. En realidad, este capítulo no entraba en mis planes cuando actualicé el capítulo anterior, pero me dije que Hermione merecía ser feliz. Sí, sé que a todas nos gusta el dramione, pero MI WILL NO SE TOCA. Podéis tener mejor o peor opinión de su relación con Hermione, pero es lo que hay y lo que habrá por un tiempo xDD.
2. Narcissa Malfoy for the win.
3. ¿Habéis leído Memorias de una geisha? ¿No? ¿Y a qué esperáis?
Y nada, esto es todo por el momento. El reencuentro entre estos dos aún tardará un par de capítulos en producirse, pero creo que al menos Hermione está muy a gusto sin Draco xDDD.
Si queréis leer mucho dramione, os recomiendo que paséis por la Dramione Week organizada por El Mapa del Mortífago; allí encontraréis de todo sobre esta OTP. Y ya que estoy, promociono mis tres OS que participan en la DW, recopilados bajo el título Y vivieron infelices (pero no siempre).
Un beso enorme,
MrsDarfoy
P.D.: Como siempre, cualquier opinión, fangirleo y/o queja son bien recibidos en forma de review.
P.D.2: He puesto una frase en francés; espero que esté bien, porque no tengo ni idea del idioma. Si alguien sabe francés y quiere corregirme, tendrá mi gratitud infinita.
P.D.3: FF vuelve a funcionar raro con los reviews, así que los leeré todos y responderé cuando esto vuelva a ir bien :(
