¡HE VUELTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Notas de autora:
1. Dije por Facebook que actualizaría Prescindible mañana (técnicamente en España ya es 16 xD), pero en apenas unas horas tengo un tren a Barcelona y estaré todo lo que queda de semana sin tiempo para FF, así que he decidido no prolongar la espera y publicar hoy. ¡Feliz cumpleaños por adelantado, Gizz Malfoy Granger! Te quiero mucho, amor; espero que te guste el regalo :)
2. Tengo un problema grave con este fic: Tengo completamente toda la trama pensada y elaborada en mi mente, pero cuando me propongo escribir, soy incapaz de hacerlo. Aun así, dije que Prescindible volvería, y ha vuelto para quedarse. Como no pretendo ser pretenciosa y prometer cosas que luego no hago, he decidido que habrá una actualización cada dos semanas, los viernes (o los sábados, dependiendo de cómo de ajetreada esté los viernes). Así, la próxima actualización será el 31 de marzo.
3. No sé si sabéis que ya han salido las nominaciones de los Amortentia Awards (página de Facebook y blog con el mismo nombre) y he sido nominada en muchas categorías (Drama, Comedia, Romance, Drabble, Oneshot, Autora, Pareja principal y Pareja secundaria). Aunque sé que es improbable que gane nada (y tampoco lo pretendo), quiero dar las gracias por todo el apoyo recibido. Hay fics muy buenos (véase Y consumir tu cordura de MeriAnne Black) y autoras con muchísimo talento (véase a Meri, Gizz o Cristy), así que pasaos por allí y, si encontráis los fics que más os han gustado, votad, porque eso significa un mundo para las autoras :D
4. He creado una página de escritora en Facebook con el mismo nombre de mi nick en FF, MrsDarfoy, así que si pudierais darle a Like, os estaría muy agradecida. Allí iré avisando de actualizaciones, demoras y nuevos proyectos.
PRESCINDIBLE
«Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante un desafío que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio».
Paulo Coelho
Capítulo 8: Aires de cambio
—¿Puedo pasar?
Hermione levantó la cabeza de la pila de informes que había sobre su mesa y miró con curiosidad a Ollard; normalmente, era ella quien acudía al despacho de su superior cuando esta necesitaba algo de ella.
—Por supuesto. Siéntate, por favor. —Con el tiempo, las dos mujeres habían dejado atrás los formalismos y se tuteaban.
La mujer ocupó la silla enfrente de Hermione y se quedó mirando el montón de trabajo que aún le quedaba, pero al menos el montón de informes redactados era más alto que el de incompletos. Ollard sonrió con satisfacción.
—Tengo una noticia muy importante y quiero que lo sepas tú antes que nadie, querida. —Hermione miró a Mina Ollard sin comprender—. He decidido retirarme. He acumulado bastantes años trabajando aquí y he visto bastantes locuras como para llenar dos vidas.
—Perdona, pero… No eres tan mayor.
Ollard rio.
—Creo que ha llegado el momento de dejar paso a alguien más joven. —Miró significativamente a Hermione—. Alguien que tenga experiencia en todos los campos de la magia y sepa resolver las situaciones más peliagudas. —Hermione abrió la boca para hablar, pero la mujer levantó una mano—. Por supuesto, yo no puedo hacer nada: es el Ministro quien decide quién ocupa el puesto de Jefe de Departamento, pero supongo que Kingsley tendrá en cuenta mi recomendación. Al fin y al cabo, los dos luchasteis en la misma guerra. ―Hizo una pausa ―. Eso si te interesa el cargo, por supuesto.
Hermione no se lo pensó dos veces; era una gran oportunidad y un privilegio ocupar un puesto tan importante con solo veintidós años.
—Me sentiría muy honrada.
Había sido necesario que pasara un año, pero por fin sentía que por fin encontraba el rumbo.
~ · · · ~
Draco tenía la costumbre de leer el periódico cada mañana antes de ir a trabajar. Se sentaba en la mesa de la cocina, con las noticias más recientes del mundo mágico inglés sobre la mesa y un café bien cargado en la mano.
Puede que a partir de aquel día dejara de hacerlo.
En cuanto lo desdobló, un titular y dos imágenes lo asaltaron.
Hermione Granger, de heroína de guerra a jefa del Departamento de Seguridad Mágica.
Uno hasta podría decir que lleva media vida preparándose para ese puesto. Ayer se hizo efectivo el cambio de poderes de Wilhelmina Ollard a Hermione Granger. La que hasta hace dos días fuera jefa del Departamento dijo con orgullo que no podía imaginar a nadie mejor para el puesto. Hasta el Ministro ha dedicado unas palabras en favor de la joven de veintidós años: «He visto a Hermione Granger en acción y puedo asegurarles que no hay nadie mejor preparado para el puesto». La joven, que terminó sus estudios en Hogwarts hace apenas cinco años, ha asegurado que…
Draco sonrió, acariciando la foto de la izquierda. Hermione, vestida con un traje oscuro y una blusa azul claro, respondía a las preguntas de un periodista. Tenía una expresión solemne, pero sus ojos brillaban con la luz que desprendían los nuevos comienzos.
Pero el artículo no terminaba con sus logros profesionales.
Y parece que la suerte le sonríe por partida doble: hemos pillado a nuestra joven protagonista en una actitud bastante romántica con un joven muggle. Al parecer, está volviendo a sus raíces.
Draco apretó los dientes. En la foto de la izquierda, salía Hermione cogida de la mano de Will. Iban por la calle, vestidos con ropa informal; seguramente venían de una cita. Ella gesticulaba mucho, algo que siempre hacía cuando se emocionaba explicando algo. Will la miraba como si estuviera contándole el verdadero sentido de la vida. No lo culpaba: Hermione podía tener ese efecto si se la conocía bastante y se estaba lo bastante enamorado de ella.
Draco se bebió lo que le quedaba de café de un trago y dobló el periódico con rabia. Lo tiró a la basura, pensando seriamente en cancelar su suscripción a El Profeta.
El mundo era un constante recordatorio de que ella lo había amado y él la había perdido.
Se levantó y salió de casa. Al menos en el trabajo las cosas le iban bien. Allí podría olvidarse de ella durante un rato.
Cuando llegó, la secretaria lo recibió con un montón de papeles y una carta. Draco la miró, sorprendido, pero la secretaria se limitó a encogerse de hombros.
―Me la ha dado el señor Hamilton para usted.
―Gracias.
Ella se colocó el pelo detrás de la oreja y le sonrió, pero Draco ya tenía la mente en otro sitio. En cuanto se sentó en su mesa, abrió el sobre. Era una invitación a una fiesta en casa de una tal madame Allamande, e iba acompañada con una nota de su jefe.
Ya es hora de que te diviertas y te abras más puertas. Sé que a tu padre le agradará saber que socializas en las esferas más altas de la sociedad francesa.
P. Hamilton
«Así que de eso se trata», pensó Draco. «Quiere congraciarse más con mi padre». Iría. De todas formas, no tenía nada mejor que hacer y, aunque sabía que el señor Hamilton no lo despediría hiciera lo que hiciera, el hombre le caía bien y quería complacerlo.
Así que cuando llegó el sábado por la noche, se arregló con el esmero que lo caracterizaba y con el color que mejor le sentaba: el negro. Se engominó el pelo hacia atrás, gesto que remarcaba sus rasgos angulosos. Cuando se evaluó frente al espejo, casi podía ver al Draco Malfoy que el mundo conocía.
Un chófer estaba esperándolo abajo; lo llevó a las afueras de París, hasta una villa enorme de estilo rococó.
―Merci ―dijo Draco.
Cuando entró, un mayordomo revisó su invitación antes de abrirle las puertas al salón principal. Aunque más que salón, aquello podría considerarse un bar de alto standing mezclado con una sala de baile del siglo XIX. A la derecha, había una gran barra y cuatro camareros atendían las demandas de los invitados, mientras otros cuatro se paseaban por la sala ofreciendo champagne y canapés.
Sin pensarlo, se fue directamente a la barra y pidió un whisky doble. A la mierda la promesa que le había hecho a su padre. No estaba de humor para aquella fiesta, así que si tenía que fingir ser amable, necesitaba algún incentivo.
―¡Draco, aquí estás!
Un hombre bajito, regordete y de semblante risueño se acercó a él. El señor Hamilton llevaba del brazo a una rubia teñida con aspecto de modelo. Por lo que tenía entendido, el señor Hamilton estaba felizmente casado, pero ya se sabía cómo eran los hombres ricos con las mujeres: nunca se conformaban con una.
―Señor Hamilton ―saludó Draco cortésmente, levantándose del taburete.
Se estrecharon la mano.
―Ya te he dicho que puedes llamarme Pierre ―dijo él. Se giró hacia su acompañante―. Esta es Camille Bellamy, mi hijastra. Acaba de volver a la ciudad después de pasar un año sabático.
Draco la saludó con una sonrisa y una inclinación de cabeza, pero ella se acercó para darle dos besos en las mejillas. Tenía los ojos marrones perfilados con rímel negro y los labios pintados de un rojo intenso.
―Enchanté ―dijo.
―El placer es mío, señor Malfoy ―respondió ella en un inglés sin apenas acento.
―Como puedes ver, Camille habla tu idioma casi perfectamente. Así te sentirás como en casa ―explicó el señor Hamilton con una sonrisa.
―¿Ha estudiado en Inglaterra, señorita Bellamy? ―preguntó él, más por ser amable que por verdadero interés.
―¡Oh, no! ―replicó ella―. Pero tuve buenos profesores, y cuando era pequeña, tenía unos vecinos ingleses cerca de nuestra casa de veraneo.
―¡Monsieur De la Fontaine! ―exclamó Hamilton, saludando a otro hombre que acababa de entrar. Se giró hacia su hijastra y Draco―. Si me disculpáis… Creo que te dejo en buena compañía. ―Le guiñó un ojo al hombre antes de dejarlos solos.
«Genial, otra cazafortunas». Draco esbozó una sonrisa fría antes de volver a sentarse en la barra. Ella se sentó a su lado.
―¿Qué le parece París, señor Malfoy? ―preguntó.
«Qué original».
―La verdad es que hay pocas cosas que me sorprendan de París: mi padre es de ascendencia francesa, así que me conozco el país bastante bien. Los Malfoy solíamos pasar algunas temporadas en nuestra casa de la campiña francesa cuando yo era pequeño.
―¡Por eso habla tan bien francés! ―respondió ella―. Mis padres y yo también solíamos pasar algunas temporadas en la campiña, pero en la inglesa. Hasta que mi padre enfermó y tuvimos que quedarnos en casa. Luego murió, así que mi madre vendió la propiedad y me quedé confinada en Francia ―suspiró―. Pero siempre he querido volver a Inglaterra.
―Interesante ―se limitó a responder él mientras echaba otro trago a su whisky. Pobrecita, cuántos problemas había afrontado en la vida.
Cayó un silencio espeso entre los dos.
―Mi padrastro me ha dicho que usted… ―volvió a empezar ella.
Draco suspiró y se llevó dos dedos a la sien. Había sido mala idea acudir, ahora lo veía. No estaba de humor para aguantar la charla insustancial de una cara bonita con una sesera vacía.
―Mire, señorita Bellamy, con todos mis respetos, no me apetece hablar. No me interesan lo que usted cree que hayan podido ser las tragedias de su vida. Ni dónde vive o si trabaja en algo más que en lucir siempre tan atractiva con la esperanza de atrapar a algún soltero adinerado. No es nada personal: simplemente creo que no tenemos nada de qué hablar, y no estoy de humor para aguantar una charla intrascendental mientras finjo que me lo estoy pasando bien. Así que si me disculpa…
Hizo amago de levantarse, pero ella lo interrumpió.
―Siempre me ha fascinado la habilidad que tienen los niños ricos para presuponer que todo y todos están a su disposición y para su entretenimiento. ―La joven lo miró con los ojos entornados mientras tomaba un sorbo de su Martini―. En primer lugar, siento mucho molestarlo con mi presencia, pero yo, como usted, también me veo obligada a cumplir con ciertos protocolos y exigencias sociales. No crea ni por un segundo que lo que más quería del mundo hoy era venir aquí a hablar con usted. ―Draco la miró, boquiabierto, pero no dijo nada―. En segundo lugar, no tengo por qué dar explicaciones sobre mi aspecto. En tercer lugar, me gustan las mujeres, así que tranquilo, está a salvo de mis «garras». ― Seguro que más de un hombre se sentía decepcionado―. Y, por último, si cree que mi habilidad conversacional es deficiente y frívola, podemos hablar, no sé, de contabilidad, puesto que eso fue lo que estudié y soy yo quien lleva la de la empresa de mi padrastro. Así que no, no soy ninguna niña rica de cabeza hueca y con grandes aspiraciones económicas.
Draco la miró, sorprendido. No se hubiera esperado ni en un millón de años una réplica semejante. Lo único que pudo hacer fue soltar una carcajada; acababan de darle una lección de humildad en toda regla.
―Mis disculpas, señorita Bellamy. A veces peco de engreído ―dijo.
―Estoy segura de que más que «a veces» ―replicó ella, con una ceja enarcada. Su expresión seria dio paso a una sonrisa de dientes perfectos―, pero acepto sus disculpas. Y llámame Camille.
―Draco. ―Le alargó una mano―. ¿Empezamos de nuevo? ―sugirió.
Ella se la estrechó.
―Empecemos.
~ · · · ~
Hermione se apareció en el jardín de La Madriguera. Los Weasley la habían invitado a una de sus comidas familiares de los domingos. Ya había tenido que declinar la invitación dos veces, por lo que la señora Weasley le había dicho (palabras textuales): «¡Señorita Hermione Granger, o vienes a comer el domingo o escribiré al mismísimo Ministro para que te obligue!».
Se acercó a la casa, pero se detuvo, extrañada, al no oír el característico barullo que caracterizaba el hogar de los Weasley.
―¿Molly? ―llamó, acercándose lentamente.
Se oyeron unos susurros en el interior y la señora Weasley, bastante alterada, respondió:
―¡Pasa, querida, estamos en la cocina!
Hermione frunció el ceño. ¿Qué demonios estaba pasando? En cuanto abrió la puerta, se oyó una pequeña explosión y el aire se llenó de confeti.
―¡ENHORABUENA POR TU ASCENSO! ―gritó una multitud de voces.
Cuando por fin consiguió distinguir algo, vio a Harry, Pansy, Ron, Ginny, Blaise, George, Angelina (y su barriga de embarazada de seis meses), a los señores Weasley y… a sus padres y a Will.
Se cubrió la boca con las manos, emocionada por la sorpresa.
―¿Qué hacéis aquí? ―preguntó.
―Mírala, le celebramos una fiesta sorpresa y no nos dice ni mú ―se quejó George en su habitual tono bromista.
―Nos han traído ―explicó la madre de Hermione. Su padre, que se esforzaba por sonreír, tenía el rostro ligeramente amarillento ―. Algunos nos hemos tomado el viaje mejor que otros… ―insinuó, riendo.
―Es una forma suave de decir que hemos temido por la salud de tu padre ―añadió Harry con una sonrisa.
Molly dio unas cuantas palmadas en el aire.
―¡Moveos, niños, que la mesa no se pone sola!
―En realidad sí lo hace. Magia, ¿recuerdas, madre? ―señaló George, pero se movió rápidamente, sabiendo que, si no lo hacía, recibiría un tirón de orejas de su madre.
En menos de media hora, ya estaban todos sentados a la mesa en el jardín; había que aprovechar el buen día que hacía. Molly había preparado comida para un regimiento, pero, por la cara de hambre de Ginny, Ron y Blaise, no parecía que fuera sobrar comida.
―No hemos desayunado esta mañana ―explicó Ron. Ginny lo corroboró con un asentimiento de cabeza―. Ya sabíamos que mamá prepararía algo así.
―En realidad, a mí me han obligado a no comer ―puntualizó Blaise, fulminando a Ginny con la mirada. Esbozó una sonrisa complaciente rápidamente ―. Pero estoy seguro de que valdrá la pena ―añadió, alzando la copa hacia la señora Weasley. Esta sonrió, complacida.
―Qué bien sabes quedar ―dijo Ginny, poniendo los ojos en blanco.
―Tengo que ganarme a mis suegros ―se excusó él.
―Niños, menos discusiones y más comer. Will, coge patatas, hijo, que estás en los huesos.
La fuente de patatas se acercó levitando hasta Will. Este se quedó mirándola, maravillado, pero sin atreverse a tocarla.
―Adelante ―instó Hermione―, no muerde.
Will se sirvió unas cuantas patatas con expresión de pena.
―Yo también quiero ser un mago ―suspiró.
Hermione rio.
―Créeme, no te hubiera gustado estar en Hogwarts al mismo tiempo que Harry.
El aludido levantó la cabeza y la fulminó con la mirada.
―¿Tengo que recordarte quién le prendió fuego a Snape en primer año? ―dijo.
―¡Eso fue porque pensaba que te estaba atacando! ― exclamó―. ¿Tengo que recordarte yo quién hablaba con serpientes y tenía una parte del señor Tenebroso en su interior? ―contraatacó ella.
―¿¡Puedes hablar con serpientes!? ―exclamó Will.
―Sí, pero no es nada épico de escuchar. Suena como si estuvieras intentando silbar y no supieras.
―¿Quién no sabe silbar? ―preguntó la señora Granger, que se había metido en aquel momento en la conversación.
―Harry ―respondió George.
La conversación siguió corriendo como el agua de un río, sin impedimentos, hasta que Will se sacó el móvil del bolsillo. Frunció el ceño.
―La señal no llega hasta aquí.
―Es por la magia. Interfiere con todos los aparatos electrónicos ―explicó Hermione.
―Me había parecido sentir una vibración, pero ahora está apagado. ―Volvió a metérselo en el bolsillo―. Luego lo comprobaré. Estoy esperando una llamada de mi jefe.
―Ese aparato era un… ¿cómo lo llamáis? ¡un móvil! ¿verdad? ―preguntó el señor Weasley. Su pasión por los objetos muggles hablaba por él.
―Sí ―respondió Will, mirando de reojo a Hermione. Para él era inconcebible que alguien no supiera lo que era un móvil.
―Y dime… ¿cómo funciona exactamente? ―inquirió Arthur.
―Ya empezamos. ―Su mujer meneó la cabeza.
―Pues verá, las ondas llegan hasta… ―empezó Will.
―Espera, espera. ―El señor Weasley frunció el ceño―. ¿Ondas?
Y así empezaron una charla que hubiera sido infinita de no ser por la intervención del señor Granger, que propuso un brindis en honor de su hija. Todos levantaron los vasos.
―¡Por Hermione, porque al final ha salido más lista de lo que todos pensábamos! ―exclamó George.
―¡Y eso que ya era más lista que todos nosotros juntos cuando estábamos en Hogwarts! ―añadió Ron, sonriendo.
Todos rieron e hicieron chocar los vasos antes de beber.
Cuando terminaron de comer, retiraron los platos y la mesa y se quedaron en el jardín, disfrutando del excepcional buen día que hacía.
―Ahora vuelvo. Voy a comprobar si me ha llamado alguien ―dijo Will. Dio un beso en la mejilla a Hermione y se alejó, moviendo el móvil de aquí allá en busca de cobertura.
―Para ser muggle, es buena persona. Me cae bien ―dijo Blaise. El señor Granger carraspeó―. O sea… ―El moreno intentó disculparse―. No insinuaba que…
―Blaise, cierra ya la boca, anda. ―Pansy puso los ojos en blanco―. Perdónenlo, señores Granger. A veces le sale la vena purista. Es cosa de familia ―lo justificó.
―Habló la amante de los muggles ―replicó él con sorna.
―Este ―la muchacha señaló a Harry― es mestizo, así que, a menos que tengáis un hijo squib, voy ganando yo. ―Se recostó en la silla y cruzó los brazos con gesto triunfal.
Harry y Ginny se miraron con cara de circunstancias mientras los demás reían ante lo absurdo de la conversación.
―¿Ya te has cambiado de despacho, cariño? ―preguntó la señora Granger, cambiando de tema.
―Todavía no he tenido tiempo. Mañana lo haré.
Sus padres se miraron.
―¿Eso significa que nos llenarás el desván de papeleo inútil? ―preguntó Adam.
Hermione soltó un grito ahogado.
―¡No es «papeleo inútil»! ¡Nunca se sabe cuándo podré necesitarlo y ya sabéis que en mi piso no cabe!
―Seguro que sigue guardando los trabajos de primer año ―murmuró Ron. Hermione lo fulminó con la mirada―. ¿Veis? Sabía que tenía razón ―sonrió, complacido.
―Hermione ―la llamó Ginny. Señaló a sus espaldas, completamente seria.
Cuando Hermione se giró, vio que Will por fin volvía. Había perdido completamente el color. La bruja se levantó, preocupada, y se acercó a él.
―¿Estás bien? ―preguntó.
Will la miró con gravedad.
―Tengo que irme. Tengo que volver a casa inmediatamente.
Bueno, ¿qué os ha parecido Camille? Alguien en los reviews me dijo que le gustaría leer un poco más desde la perspectiva de Draco, y he creído oportuno introducir a este personaje sacado de la manga ahora mismo, a ver si Draco asimila ya que si va así de engreído por la vida un día se llevará una paliza.
Parece que Hermione tiene totalmente superado a Draco, pero él no puede pasar página. Personalmente, estoy disfrutando mucho con su sufrimiento; ¿soy la única? Aun así, las cosas están a punto de torcerse ligeramente para ella y Will...
Pues nada más, amores. Muchas gracias por la espera y por todos los reviews; nos vemos en dos semanas. Si os ha gustado y/o me odiáis por tanto sufrimiento, dejadme un review haciéndomelo saber :)
Un beso,
MrsDarfoy
