¡Hola! ¿Ha pasado mucho tiempo, verdad? Con este fic podría estar meses sin actualizar (y lo estoy, de hecho xD soy mala ficker), pero tranquilas, porque siempre, tarde o temprano, volveré. No voy a abandonar el fic, solo os pido que tengáis paciencia.

Por cierto, estamos en el ecuador justo de la historia. Creí que nunca llegaría este momento, pero sí, Prescindible está a la mitad. He tardado un año y cuatro meses approx. en llegar hasta aquí, así que yo creo que para 2019 habré terminado JAJAJA ay :'(

¡Nos leemos abajo, disfrutad!


PRESCINDIBLE


«Para disipar una duda, cualquiera que sea, se necesita una acción».

Thomas Carlyle

Capítulo 15: ¿Y el objetivo?

Hermione llamó al timbre y una sonrisa se extendió por su rostro cuando la puerta se abrió. Su padre pareció primero sorprendido y luego complacido de verla.

―¡Hermione! ―exclamó mientras se limpiaba las manos en el delantal. La estrechó fuertemente entre sus brazos al mismo tiempo que la arrastraba hacia el interior de casa―. ¡Margaret, mira quién ha venido! ¡La hija pródiga!

La madre de Hermione asomó la cabeza desde el salón y sonrió al ver a su hija.

―¡Hermione! ―Margaret imitó a su marido y se acercó a abrazar a su hija. La joven tuvo que apartar a un lado la bolsa que llevaba con el postre antes de que quedara aplastado entre su cuerpo y el de su madre.

―¡Qué recibimiento, ni que no nos viéramos nunca!

Su madre se llevó las manos a las caderas y la miró con reproche.

―¿Cuándo fue la última vez que te dignaste a venir? ―Hermione se quedó pensando un buen rato antes de responder, lo que le daba la razón completamente a su madre―. Exacto ―señaló la mujer―. Hace mucho. ―Miró la bolsa con suspicacia―. ¿Qué has traído?

Hermione sonrió.

―Tu postre favorito: tiramisú.

Su madre sonrió mientras cogía el postre y lo llevaba a la cocina.

―Esta chica sabe cómo convencerme: ha salido a ti, Adam. Quedas perdonada ―afirmó en tono magnánimo.

―Bueno, ¿qué hay para cenar? ―preguntó, olisqueando el delicioso aroma que le llegaba desde la cocina.

―Mira a tu hija, se cree que por haber traído postre la vamos a alimentar gratis ―bromeó Adam, pasando un brazo por los hombros de Hermione ―. Menos mal que siempre hay comida para un regimiento, que si no… ―Bajó la voz―. Tu madre tiene el congelador lleno de tuppers.

―¡Te he oído, Adam! ¡Mañana cenarás uno de esos tuppers, pero sin descongelar!

Hermione rio mientras meneaba la cabeza. Admiraba la relación de sus padres: treinta años casados y seguían comportándose como si fueran dos tortolitos. Poca gente era capaz de conocer los defectos del otro y aun así conseguir que la magia nunca muriera.

Entró en el salón y justo cuando dejaba el bolso encima del sofá, su móvil vibró. Tenía un mensaje de su novio, el desaparecido.

¿Qué haces? ¿Te apetece hacer Skype luego?

Hermione se mordió el labio inferior en medio de una sonrisa.

Estoy en casa de mis padres, pero no creo que vuelva a casa muy tarde. ¿Te aviso cuando pueda?

Tengo ganas de verte. La respuesta de Will la hizo recordar cuánto lo echaba de menos.

―¡Hermione, a cenar! ―llamó su madre. Se asomó al salón y sonrió cuando vio la expresión de su hija―. Saluda a mi yerno de mi parte. ―Le guiñó un ojo y volvió a la cocina.

Mamá te manda un beso, escribió Hermione antes de guardar el móvil en su bolso con una sonrisa tonta. Tenía un dinerillo ahorrado, así que estaba pensando en que, si las cosas estaban tranquilas en las próximas semanas, podría ir a hacerle una visita a Will. De momento no se lo había planteado, no fuera a tentar a la suerte y pasara algo malo. También tendrían que hablar de su relación, pero era un tema que estaba dispuesta a posponer, al menos durante un tiempo más.

Entró en la cocina justo cuando su padre terminaba de servir el pollo al horno con puré de patatas. Se le hizo la boca agua: no había comido nada desde mediodía y se moría de hambre.

Hablando de tentar a la suerte…

Cuando tenía la mano apoyada en el respaldo de la mesa y estaba a punto de sentarse, vio un punto luminoso que se acercaba rápidamente. Sus padres soltaron un grito ahogado cuando una figura plateada atravesó la puerta trasera de la cocina y se plantó delante de Hermione.

Era el patronus en forma de ciervo de Harry.

Hermione, ha habido un ataque en Sortilegios Weasley. Ron y George están en San Mungo.

Toda la felicidad de estar en casa de sus padres y las ansias por hacer una vídeollamada con su novio se esfumaron al oír esas palabras. Su mente pasó de una hija que volvía a la casa familiar para cenar a la de una bruja entrenada para enfrentarse a cualquier escenario.

―¿En Sortilegios Weasley? ¿Están bien los Weasley? ―preguntó su madre, levantándose de la silla con preocupación.

Hermione no tenía una respuesta satisfactoria, pero esperaba que fuera afirmativa.

―Me temo que tendremos que cenar en otro momento. Ya me contaréis cómo está el tiramisú.

Casi corrió al salón, cogió sus cosas y se desapareció de casa de sus padres, dejándolos estupefactos.

―Maldita sea, he perdido el apetito ―masculló Adam, lanzando la servilleta sobre la mesa.

Margaret suspiró.

―Lo guardaré en un tupper.

· · ·

Hermione se apareció en la recepción de San Mungo. Una pareja de medimagos que estaban allí plantados dio un salto hacia un lado, sorprendidos por su repentina aparición, pero Hermione ni se fijó. Fue directa al mostrador, donde un hombre de mediana edad leía el periódico con expresión aburrida. Dejó El Profeta a un lado cuando vio acercarse a Hermione y forzó una sonrisa marca «Funcionario público».

―¿En qué puedo ayudarla?

―¿Han ingresado hace poco a algún Weasley? ―«Por favor, que no sea nada grave».

El hombre cogió una carpeta y empezó a pasar el dedo índice derecho por cada línea, buscando el apellido.

―Weasley… Weasley… ―saltaba de una línea a otra con una parsimonia que despertaba ansias asesinas.

Hermione puso los ojos en blanco y empezó a patear el suelo con impaciencia. Cuando más prisa tenías menos te dejaban adelantar.

―Digo yo, señor, que si lo han ingresado hace poco estará en la última página ―señaló, lanzándole una mirada mortal.

El hombre enrojeció ante su estupidez y fue a la última hoja.

―Aquí está: Weasley, Ron. Planta baja, accidente debido a una explosión cercana. ―Señaló un pasillo que se adentraba en el ala este―. Siga recto, lo encontrará en la consulta número siete.

Antes siquiera de que hubiera terminado de darle indicaciones, Hermione ya había echado a correr. Después de la guerra había tenido síndrome postraumático. Lo había superado en pocos meses, pero desde entonces se le formaba una opresión en el pecho al pensar que alguno de sus amigos pudiera estar herido. Nunca había superado realmente ver a Harry «muerto».

La consulta siete estaba detrás de una puerta blanca, y Hermione la abrió sin detenerse a llamar antes. No podía dejar de pensar que «por una explosión cercana» era cómo había muerto Fred.

Cuando entró en la sala, lo primero que oyó fueron los quejidos de Ron. Su amigo estaba sentado en una camilla, pero un medimago situado delante de él impedía a Hermione observar su estado.

―¡Hermione! ―exclamó Ron―. Harry mintió cuando decía que la recolocación de huesos no duele mucho ―bromeó.

Hermione soltó el aire contenido con alivio.

―Bueno, esto ya está. No mueva el brazo en unas horas. ―El medimago se retiró rápidamente, dejándolos solos.

Hermione se acercó a su amigo y le dio un abrazo. Se apartó inmediatamente, fijándose en el brazo en cabestrillo de Ron.

―¿Qué ha pasado? Harry me ha mandado un patronus diciendo que estabas aquí, pero no me ha dado más detalles.

Su amigo levantó el brazo y los hombros al mismo tiempo.

―Si te digo la verdad, no lo sé. Estábamos en la tienda. George estaba en la trastienda, inspeccionando la nueva remesa de filtros de Amortentia, y yo estaba en la caja, charlando con Verity. ―Ron fruncía el ceño; Hermione sabía que estaba intentando ser lo más preciso posible, algo que necesitaba si quería reconstruir los hechos―. No había nadie, así que no estaba muy atento a la puerta. De hecho, ni me enteré cuando quien fuera el gracioso que me ha roto el brazo entró ―admitió con cierta vergüenza.

―¿Viste quién era?

Ron lo meditó durante unos segundos, pero finalmente negó con la cabeza.

―Me pareció ver por el rabillo del ojo una figura negra, pero solo recuerdo un grito ininteligible y el chillido de Verity antes de que me cayera encima una estantería ―rio, pero ante la expresión severa de Hermione, carraspeó y adoptó una expresión seria de nuevo―. He despertado en medio de la calle, con Harry encima de mí dándome guantazos para que recobrara la consciencia. ―Se acarició la mejilla―. Es un bruto.

Hermione no pudo evitar esbozar una sonrisilla.

―Mira quién fue a hablar; sois tal para cual. ¿Cómo está George? ¿Le ha pasado algo? ―preguntó, recordando de repente que no solo él había sido ingresado.

El rostro de su amigo se contrajo en una mueca de dolor.

―Tuvieron que sedarlo. Creo que ahora mismo está durmiendo en una cama de una de estas habitaciones; luego iré a buscarlo. ―Bajó la mirada―. Verity dice que le dio un ataque de ansiedad cuando me vio inconsciente.

Hermione le dio un apretón en el brazo bueno. Ya habían perdido a un hermano, y George nunca se había recuperado del todo ―y dudaba mucho que lo hiciera algún día; era imposible superar la muerte de tu gemelo―, y ver a Ron así debía de haber sido un trauma.

―¿Dónde está Harry? ―quiso saber.

―Se ha quedado en la tienda investigando junto a otros aurores. Creo que también había algún Inefable. ―Miró a Hermione con expresión de sospecha―. ¿Por qué vendrían Inefables a investigar esto, Hermione?

Ella se mordió el labio inferior. Si sus sospechas eran ciertas, aquello estaría relacionado con la intrusión en Malfoy Company. No veía qué posible relación podían tener ambos negocios, pero presentía que era mejor guardarse sus cavilaciones para ella, no fuera que la cosa se volviera seria. Y quería mucho a Ron, pero su amigo era incapaz de guardar un secreto durante mucho tiempo. Se le escaparía, aunque fuera inconscientemente.

Hermione lo abrazó brevemente.

―Tengo que irme. No muevas el brazo ―advirtió, sacando su lado más protector―. ¡Y dale un abrazo a George de mi parte!

Esperó a salir de la consulta para desaparecerse. Cuando abrió los ojos, estaba en el Callejón Diagon, con el familiar aroma a magia que desprendía la calle. No tardó en ubicarse: estaba justo delante de Gringotts; tampoco tardó en ubicar Sortilegios Weasley: estaba rodeada de unos curiosos y algunos empleados del Ministerio.

Distinguió el pelo negro rizado de Harry y se dirigió directamente hacia él.

―¡A ver, señores, señoras, aquí no hay nada que ver! ―Una auror que intentaba dispersar a la multitud lanzó a Hermione una sonrisa cansada y un tanto frustrada. Hermione la conocía; llevaba poco tiempo en el cuerpo, pero Harry decía que tenía talento. Y era Slytherin, lo cual era un puntazo para limpiar poco a poco la reputación de la casa.

Harry estaba plantado frente al escaparate, que había quedado roto en mil cristales esparcidos por la calle. El hombre estaba meditabundo, con los brazos cruzados frente al pecho. En cuanto se percató de la presencia de Hermione, la miró con el ceño fruncido.

―Has tardado mucho.

―He ido primero a San Mungo.

Harry asintió y volvió a mirar hacia la tienda. La bruja se le unió.

―¿Qué ha pasado?

―La versión rápida es que alguien vino, lanzó un hechizo que debía de ser una Bombarda máxima y se marchó. Varios testigos lo vieron huir, pero todavía no hemos averiguado hacia dónde fue ni en qué punto se Desapareció, si es que lo hizo. Llevaba una capa negra con la capucha echada, así que tampoco sabemos si era hombre, mujer o troll de las montañas ―añadió con frustración.

―¿Y Verity? ―preguntó Hermione.

―Adentro; es la única que ha salido indemne, excepto por un par de rasguños, pero ha dicho que estaba bien para interrogarla. En estos momentos una Inefable está sacándole los recuerdos para examinarlos más tarde.

―Iré a hablar con ella ―musitó.

Hermione sorteó los ladrillos y distintos artículos de broma que habían quedado esparcidos y medio destrozados por todas partes y se aproximó adónde tenían a la joven. Verity Walsh era una muchacha de la edad de George que empezó a trabajar en la tienda cuando los gemelos la abrieron, y ahora ya era socia de Sortilegios Weasley. Lo último que sabía de ella es que George y Verity habían estado hablando de ampliar el negocio y abrir otra tienda en Dublín, ciudad de la muchacha.

La Inefable había terminado de embotellar sus recuerdos, así que Hermione aprovechó para aproximarse. Verity la miró con cansancio en sus ojos color miel, pero sonrió levemente, dispuesta a responder a las mismas preguntas una vez más.

Hermione cogió una silla que había en un rincón y la colocó a su lado.

―¿Cómo estás?

Verity se encogió de hombros. Pese a ser varios años mayor, parecía mucho más joven que Hermione, y ahora con varios cortes en la cara y el pelo rubio recogido de cualquier forma en una coleta, parecía una adolescente.

―Bueno, no es mi mejor día. Y estos pantalones eran nuevos ―se quejó medio en broma. Tenía un desgarro en un muslo y varias manchas.

Hermione sonrió.

―¿Has visto algo del atacante?

Verity hizo un gesto indefinido con la cabeza.

―Estaba hablando con Ron, así que no tenía la vista puesta en la puerta. Creo que he oído cómo se abría, pero como no ha sonado la campanilla, no le he prestado atención en un primer momento. ―Frunció el ceño levemente, como había hecho Ron para pensar mejor―. Era alguien encapuchado, todo de negro. ―Miró a Hermione a los ojos con cierto miedo―. Como si fuera un mortífago.

―¿Llevaba algún tipo de máscara? ―En los últimos años, cada vez que había pasado algo, la palabra «mortífago» había regresado como una mala hierba, pero nunca eran ellos. Ya no quedaban mortífagos en Gran Bretaña. Al menos, no tantos como para que pudieran volver a alzarse.

Verity negó con la cabeza con cierta indecisión.

―No pude verle la cara, así que no sé si llevaba algo. Me pareció ver algo de un color claro. Un mechón de pelo, tal vez…

Un mechón de pelo rubio. Bueno, ya sabían más que hacía diez minutos. Inspeccionaría personalmente sus recuerdos, para ver si encontraba algo más analizando las imágenes en frío.

―Gracias. ―Le dio un apretón suave en un hombro antes de levantarse y marcharse.

· · ·

Hermione llegó a casa dos horas después, mentalmente exhausta. Había ayudado a interrogar a los testigos visuales que habían presenciado el ataque desde fuera, pero no habían sido de mucha ayuda. Todos coincidían en que una figura negra había entrado en la tienda, todo había saltado por los aires y luego la misma figura había salido corriendo y había desaparecido por una esquina. Nadie se había atrevido a perseguirle.

Cuando se dejó caer en el sofá, su estómago empezó a echar de menos el delicioso pollo con puré que había abandonado en casa de sus padres. Suspiró y se levantó. Abrió la nevera y se sirvió un vaso de leche.

En ese momento, se acordó de que había dejado una conversación pendiente. Dejó el vaso en la encimera y corrió a buscar su bolso. Sacó el móvil; tenía ocho mensajes de Will preguntando si hacían Skype ya y luego si le había pasado algo. Se mordió el labio con remordimiento.

Lo siento, cariño. Me ha surgido un imprevisto y he tenido que marcharme a trabajar de urgencia.

Volvió a por el vaso de leche y se sentó en el sofá. Se quitó los zapatos y suspiró cuando subió los pies a la mesita. Estaba tan cansada… Estuvo a punto de dormirse, pero en ese momento vibró su móvil.

¡¿Estás bien?!

Hermione sonrió.

Sí, tranquilo. No era nada importante, pero ya sabes que el país se derrumbaría sin mí. ¿Te parece si hacemos Skype mañana? Estoy muy cansada.

Odiaba mentirle respecto a la gravedad del asunto, pero no quería preocuparlo.

Claro, no te preocupes. Descansa. Te quiero.

Yo también te quiero.

· · ·

Lo primero que la recibió nada más llegar al Ministerio fue una notificación de Shacklebolt para ir a su despacho. Hermione se dirigió allí y entró después de dos breves golpes en la puerta. Shacklebolt la recibió con una sonrisa, pero sus ojos denotaban preocupación y estrés.

―¿Cómo están los Weasley? ―se interesó.

Hermione había mandado una lechuza a Ron aquella mañana antes de ir a trabajar, y Ron le había informado de que ya habían salido del hospital. Su brazo ya estaba entero y George ya estaba recuperado, lo cual era buena señal. También se quejaba de todos los daños a la tienda; así era Ron, tan tonto que no pensaba que podría haberle pasado algo más grave.

―Bien. Creo que en estos momentos sufre más Molly que ellos. ―Si conocía a la mujer un poco, y la conocía bien, tendría a sus hijos sin hacer nada, colmándolos con lo que mejor se le daba: cocinar.

Kingsley asintió.

―Me alegro.

―¿Por qué me habías hecho llamar? ―preguntó Hermione.

El hombre se recostó en su silla y se acarició la barbilla, pensativo.

―¿No encuentras nada raro en todo esto? Primero el ataque a los Malfoy, aunque no hicieron nada, y ahora Sortilegios Weasley.

―Bueno ―Hermione sacó su lado más analítico―, en Malfoy Company es evidente que buscaban algo; puede que no lo encontraran y se fueran. En Sortilegios quizá su intención fuera matar ―tragó saliva con fuerza ― a alguien, pero el atacante vio que había demasiada gente y no lograría su objetivo, así que desistió y se fue.

Shacklebolt juntó las yemas de los dedos de ambas manos. Era un gesto que Hermione le había visto hacer muchas veces a lo largo de los últimos años, cuando más metido estaba en su papel de Ministro.

―He estado pensando tanto en este asunto que creo que el cerebro se me ha licuado, y lo único que he sacado en claro es que no sabemos quién ha sido ni qué quiere ni por qué lo ha hecho. ―Miró a Hermione fijamente―. ¿Por qué? ¿Para qué? Eso es lo que nos falta.

Hermione abrió y cerró la boca varias veces, pero no encontraba ni la más remota respuesta satisfactoria a las preocupaciones de su jefe.

El hombre suspiró.

―Hasta que no encontremos alguna pista o alguien reclame la autoría, creo que estaremos dando palos de ciego. ―Se irguió―. Los Inefables han conseguido reconstruir el suceso a partir de los recuerdos de varias personas. Quiero que estés presente cuando pase. Busca respuestas, Hermione.

«¿Cómo, si no sé las preguntas?» estuvo tentada de decir, pero se limitó a asentir con la cabeza y marcharse. Tenía trabajo que hacer.


¿Qué os ha parecido? ¿Alguna teoría digna de mención o estáis igual de perdidas que lo estaría yo si no fuera la autora? Tranquilas, que todo sucede por un motivo y con el tiempo sabremos el porqué de todo. No sé si alguien habrá echado de menos a Draco, pero no worries, porque en el capítulo 16 aparecerá.

Off-topic: Prescindible ha sido nominado en los Premios People Choice Dramione 2017 en las categorías de Best Original Character (con Will) y Best Drama. Me ayudaríais mucho con un voto, y aunque no me elijáis a mí, hay muchos fics de calidad, así que mostrad vuestro apoyo a las maravillosas escritoras que nos brindan su talento cada día *corazones*. ¡Daos prisa, porque el plazo cierra mañana! (Podéis encontrar el link en la página de Facebook de People Choice Dramione).

¡También he actualizado Diario de un romance accidentado, no os lo perdáis!

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MrsDarfoy